Frente al alienado hombre-masa, Ortega y Gasset hablaba del hombre selecto, que no es "el petulante que se cree superior, sino el que se exige más que los demás". En mis clases de Contexto Internacional y Comunicación, estudiamos al gran filósofo español.
Bitácora de Héctor Acebo, poeta, periodista cultural y doctor en Periodismo
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-Correo: acebobello@gmail.com
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miércoles, 25 de diciembre de 2019
martes, 29 de enero de 2013
Mi Truffaut
Generalmente, me encuentro mucho más cómodo en las películas de Truffaut que en la vida real. El autor de Besos robados (1968) es, junto a Godard, el último romántico: sus películas constituyen sinceros y apasionados homenajes a la mujer. Dicho de otro modo: Truffaut salva al joven individuo moderno (varón o fémina) de su monotonía, de su chabacanería, de su desmedida ambición, entregándolo a una causa espiritual: la celebración de la persona amada. Por eso sus filmes están llenos de miradas, de bailes, de fotografías, de abrazos, de caricias... El cineasta francés, según confesó en alguna ocasión, realizaba filmes para crear universos en donde tuvieran cabida las sensaciones que no encontraba en su día a día. Cuando veo una de sus películas, siempre me acuerdo de aquellas atinadas palabras que Ortega y Gasset escribió en 1928 y que quizás incluya en el prólogo del poemario que preparo desde hace casi tres años:
"Es sorprendente la resolución y la unanimidad con que los jóvenes han decidido no 'servir' a nada ni a nadie, salvo a la idea misma de la mocedad. Nada parecía hoy más obsoleto que el gesto rendido y curvo con que el caballero bravucón de 1890 se acercaba a la mujer para decirle una frase galante, retorcida como una viruta. Las muchachas han perdido el hábito de ser galanteadas, y ese gesto en que hace treinta años rezumaban todas las resinas de la virilidad les olería hoy a afeminamiento."
Bien, Truffaut, en medio de tanta superficialidad, recupera el hábito de la galantería, enalteciendo así el sentimiento de sus personajes y purificando sus miradas: ¡el culto a la amada como única meta vital! En fin, al igual que ocurre con algunas extraordinarias personas (jóvenes o veteranas), las obras de Truffaut me dan ganas de seguir creyendo en el género humano; no en vano, suelo llorar de emoción cuando me adentro en ese universo femenino, cuando siento en la mejilla, ¡ay!, esa candorosa caricia…
Un fotograma de Besos robados (François Truffaut, 1968).
lunes, 21 de enero de 2013
Ortega / Truffaut
"Sólo cuando la mujer es lo que más se estima y encanta tiene sentido apreciar al varón por el servicio y culto que a ésta rinda."
Ortega y Gasset, La rebelión de las masas, 1930
domingo, 20 de enero de 2013
Ortega y Gasset, plenamente vigente
"El amo del mundo
es hoy el muchacho. Y lo es no porque lo haya conquistado, sino a fuerza de
desdén. La mocedad masculina se afirma a sí misma, se entrega a sus gustos y
apetitos, a sus ejercicios y preferencias, sin preocuparse del resto, sin
acatar o rendir culto a nada que no sea su propia juventud. Es sorprendente la
resolución y la unanimidad con que los jóvenes han decidido no 'servir' a nada
ni a nadie, salvo a la idea misma de la mocedad. Nada parecía hoy más obsoleto
que el gesto rendido y curvo con que el caballero bravucón de 1890 se acercaba
a la mujer para decirle una frase galante, retorcida como una viruta. Las
muchachas han perdido el hábito de ser galanteadas, y ese gesto en que hace
treinta años rezumaban todas las resinas de la virilidad les olería hoy a
afeminamiento."
José
Ortega y Gasset, La rebelión de las masas, 1930
El filósofo español Ortega y Gasset (1883-1955).
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