Frente al alienado hombre-masa, Ortega y Gasset hablaba del hombre selecto, que no es "el petulante que se cree superior, sino el que se exige más que los demás". En mis clases de Contexto Internacional y Comunicación, estudiamos al gran filósofo español.
Bitácora de Héctor Acebo, poeta, periodista cultural y doctor en Periodismo
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miércoles, 25 de diciembre de 2019
sábado, 9 de julio de 2011
Un extraordinario artículo educativo de Félix de Azúa

Rescato el siguiente artículo educativo del escritor Félix de Azúa. Recomiendo especialmente su lectura a los docentes de los institutos. Desgraciadamente, hoy en las aulas hay terror y silencio: "Puro fascismo", en palabras de Azúa.
La letra no entra ni con sangre
Por FÉLIX DE AZÚA (El Periódico, 13/12/2008)
Un amigo que tiene el infortunio de ser profesor de instituto advirtió la hoja de informes internos sobre la mesa del director. Cada día, un profesor de guardia anota lo que en la jerga burocrática suele llamarse "incidencias". Estos informes son secretos y ni siquiera sabemos si los realizan todos los centros de enseñanza media. El informe era tan escalofriante que, sin pensarlo dos veces, sacó una fotocopia y me la envió para que me percatase de la vida normal de un instituto en la España actual. Parecía un serial de adolescentes. Otra prueba de que la tele es el único centro pedagógico del país.
Un muchacho abofetea a una chica y cuando el profesor le sujeta por el brazo otros chavales gritan "¡Ahora, ahora!" y el profesor recibe una tunda de patadas. Una profesora expulsa de clase a un alumno y su compinche grita: "¡Dale una hostia, que no puede hacerte nada!". Hay escenas de sexo en los retretes, de violencia con padres de alumnos, porros por todas partes, amenazas, humillaciones, hurtos, y así durante tres folios. Es desolador porque ese instituto ni está en un barrio duro, ni es particularmente difícil.
Llamo a mi amigo y le digo que sería interesante publicar el informe tal cual está, sin añadir ni una coma, y que le pida permiso al colega que lo firma. Por supuesto, borrando los nombres y ocultando la ciudad del instituto. Así lo hace mi amigo, pero la respuesta es un grito de espanto. "¡Tú quieres que me maten! Como se enteren de que he divulgado ese informe, me trituran". ¿Quién? Sus propios jefes.
La ocultación de lo que está sucediendo en la enseñanza (la peor de Europa) se diría pactada por los funcionarios políticos y los sindicatos. Se sabe que solo en Catalunya el año pasado 163 profesores denunciaron agresiones de alumnos (ANP). ¡Cómo debió de ser cada uno de esos ataques para ponerlos en manos de nuestra adorable Administración! ¡Y cuántos deben de producirse para que aflore esa punta de iceberg!
Si así se conducen con los profesores, ¿cómo serán las relaciones entre los alumnos? Pues puro fascismo: terror y silencio.
domingo, 17 de enero de 2010
Un conocimiento emocionado
Ensimismados en su oficio, los poetas escuchan el silencio (incluso antes que las palabras, como quería Valente, para incentivar el misterio y la sugestión), acentúan la tensión existente entre la voz y el texto, y rompen, en suma, el lenguaje. O, mejor dicho, lo erotizan –Octavio Paz dixit– a través del ritmo, de las metonimias o de las metáforas.Paradójicamente, como es sabido, esos altos poetas son incluidos, con el paso del tiempo, en los planes de estudio (y, por extensión, en los libros de texto). Habría que felicitar, de entrada, a los sesudos docentes: pocas más cosas ansiamos los poetas –creo– que llegar a ser leídos por una muchacha ágil y pasional (o por un garzón, si están pensando en una poetisa o en uno de tantos delicados hacedores homosexuales). Pocas cosas…
Lamentablemente, hoy los alumnos de secundaria y bachillerato apenas olisquean la generación del 50 –tras haber visto por encima la del 27–, y, en lugar de leer (de sentir) cualquier suerte de texto, memorizan –aleccionados por el docto profesor y por todos los jerifaltes de éste– las características que –en forma de viñetas– ilustran (nunca mejor dicho) las páginas del libro académico. Y ahí se consume la magia, si es que ha llegado alguna vez a encenderse…
¡Cómo le duele al poeta que las personas eruditas conviertan su obra en esa escabrosa antítesis llamada panfleto! Que repitan, cual papagayo, vidas y títulos: no el eco crítico que el propio creador, al desbrozar (tras la previa exploración) la selva del lenguaje, engendró en una página paralela. ¡Cómo le duele al poeta que su personaje (real, supongamos) no se emocione con el conocimiento (el gran Claudio Rodríguez dijo, acertadamente, que la poesía es un conocimiento emocionado) artístico y vital! Si no vislumbra su reflejo (el poema), si no se pone a la altura de sus propias piernas, aquella niña morena y ágil nunca llegará a saber quién es: la compadezco.
Si algún día, en fin, publico el poemario que estoy preparando, si a algún profesor tedioso se le ocurre incluirlo (por amistad, por cercanía, por ideología, por nacionalidad…: no hablo de intensidad y altura) en los planes de estudio, sufragaré –si es preciso– una segunda edición que incluya (a modo de prefacio) estos versos del mentado Octavio Paz: “hazlas, poeta, / haz que se traguen todas sus palabras”. Confío en que alguna de mis melifluas protagonistas le pregunte al docente el significado de la cita. De esta forma, si no surge la magia, por lo menos sí lo hará el ridículo. Y el profesor se conocerá, por fin, a sí mismo.
No quisiera concluir esta suerte de columna sin citar, por enésima vez, a Claudio Rodríguez, quien en una sesuda jornada del Congreso de Las Palmas de 1978 se refirió (él, que era tan lúcido como candoroso) a los otros ponentes de la siguiente forma:
“Vosotros, hablando y hablando de literatura, pero de la vida de la gente ni sabéis ni os interesa. Porque, vamos a ver, ¿hay alguien que me pueda decir cómo se llama y qué piensa el municipal que ha estado sentado a la puerta de este edificio y a nuestro servicio, desde hace dos días?”.
El público y los conferenciantes aplaudieron espontáneamente al autor de El vuelo de la celebración. También se escucharon risas. ¿Vergüenza ajena? ¿O reivindicación de un comportamiento injustamente vedado? Ah, se me olvidaba: Claudio ejerció la enseñanza universitaria.
Claudio Rodríguez recita uno de sus poemas. “El soñar es sencillo, pero no el contemplar”.
Octavio Paz lee un fragmento de su obra Piedra de sol: “voy por tu cuerpo como por el mundo, / tu vientre es una plaza soleada, / tus pechos dos iglesias donde oficia / la sangre sus misterios paralelos (…)”.
Por HÉCTOR ACEBO (La Huella Digital, 17/01/2010)
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