La dedicatoria de un libro es,
según Borges, “(…) el modo más grato y más sensible de pronunciar un nombre”. No le falta razón al maestro. En mi obra poética, desgraciadamente, ciertas mujeres que ejercieron de musas no valoraron,
en última instancia, mi intención: salvarlas de las garras del tiempo. Fue ésa la razón por la cual no incluí a alguna antigua musa en la apertura de
mi ópera prima, donde figuran tres personas. No sé qué ocurrirá con la dedicatoria
de mi próxima obra (aún en preparación)... Tal vez siga el ejemplo de Pound,
quien abrió Personae. Los poemas breves de un modo triste pero honesto: “Dedico
este libro a Mary Moore de Trenton, si quiere aceptarlo”.
Las mozas y el cántaro (1791-1792), de Francisco de Goya. Museo del Prado.
