Bitácora de Héctor Acebo, poeta, periodista cultural y doctor en Periodismo

Bitácora de Héctor Acebo, poeta, periodista cultural y doctor en Periodismo.
-Correo: acebobello@gmail.com
-Instagram: @hectoracebo
-Twitter: @HectorAcebo
Mostrando entradas con la etiqueta Poesía. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Poesía. Mostrar todas las entradas

domingo, 19 de septiembre de 2021

LAS ENSEÑANZAS DE SARRIÓN

El pasado martes falleció, víctima de un infarto, el gran poeta Antonio Martínez Sarrión (Albacete, 1939), maestro y amigo de quien escribe estas líneas. Nos veíamos cada semana cuando yo vivía en Madrid. Hombre generoso, Martínez Sarrión me abrió las puertas de su casa, me dio valiosos consejos e, incluso, corrigió los poemas que acabarían formando parte de mi primer poemario, ‘Camas de hierba’ (2011); por todas estas razones y por el cariño que le tenía, Antonio figura en la dedicatoria del libro, junto a mis padres.  


De Martínez Sarrión aprendí, entre otras muchas cosas, que en la poesía las pausas deben ser más elocuentes incluso que las palabras, pues la naturaleza de este género es fragmentaria (se basa en el ritmo y la métrica, elementos que desplazan a la lógica, a la sintaxis). Como el erotismo, la lírica sugiere, no muestra, y eso estimula la imaginación del lector. Aún conservo algunas hojas con las correcciones que Antonio hacía a mis vetustos poemas: “Debes aumentar la tensión verbal por vía de la elipsis…”. Todo escrito a mano, por supuesto, con aquella letra de trazos alargados: una letra arborescente, tan propia de un hombre temperamental que, asimismo, atesoraba argumentos muy hondos.  


Como explicó sagazmente el crítico Prieto de Paula, la lírica de Martínez Sarrión se caracteriza por su sincretismo. En 1970, el creador albaceteño fue incluido por Castellet (prestigioso teórico) en su antología ‘Nueve novísimos poetas españoles’, la cual dio nombre a una generación, la de los Novísimos, que se opuso a la estética socialrealista, imperante hasta entonces en España. El joven Sarrión, muy influido por el surrealismo, aspiraba a romper el discurso lógico mediante procedimientos como el ‘collage’ o la desarticulación tipográfica. Fue en esa época cuando algunos de sus maestros —Benet, García Hortelano, Barral…— comenzaron a llamarle “el Moderno”. Fue también por aquellas calendas cuando Gil de Biedma, después de leer sus poemas, sorprendido, le preguntó: “¿Cómo coño puedes ser tan decadente, habiendo nacido en Albacete?”. En 1981, con la publicación de ‘El centro inaccesible’, se produce un punto de inflexión en la obra sarrioniana; a partir de ahí, nuestro protagonista empleará una dicción más transitiva y convertirá al amor en uno de sus ejes temáticos fundamentales. No obstante, los dos polos —modernidad y tradición— se complementan a lo largo de toda su trayectoria. Aunque los expresase de forma hermética, ya había sarcasmo y crítica social en su etapa juvenil, del mismo modo que no eliminó el culturalismo (solo lo atenuó) en su producción de madurez. Debido a ese sincretismo tan rico en matices, Sarrión me parece un autor esencial en la poesía española de las últimas cinco décadas. Es por eso que —amistad aparte— estudié su estilo en mi tesis doctoral.


Mi maestro también incursionó en la traducción (suya es una de las mejores adaptaciones al castellano de ‘Las flores del mal’, de Baudelaire), el memorialismo o el ensayismo. Yo tengo especial debilidad por sus diarios, que están llenos de aforismos clarividentes; citaré uno perteneciente a ‘Esquirlas’ (2000): “Es preferible tomarse la política relativamente en serio, si no queremos que ella nos tome, a la gente del común, absolutamente en broma”.  


Claro que la contundencia y la precisión verbal de Sarrión ya se reflejan magníficamente en los títulos de sus libros: ‘Una tromba mortal para los balleneros’ (1975), ‘La cera que arde’ (1990), ‘Infancia y corrupciones’ (1993), ‘Jazz y días de lluvia’ (2002)… Afinaba muchísimo. Y si no encontraba el título apropiado, se dejaba aconsejar por colegas queridos; a Molina Foix le debe el hallazgo de ‘Teatro de operaciones’ (1967).


Hoy me acuerdo de las participaciones del Moderno en ‘Qué grande es el cine’ —el programa televisivo de Garci—, donde, con porte de senador romano, descodificaba obras maestras del séptimo arte, como ‘Juntos hasta la muerte’ (Walsh), ‘Te querré siempre’ (Rossellini) o ‘Lawrence de Arabia’ (Lean). Pero, sobre todo, recuerdo cuando me recibía en su piso de la calle Alfonso XII; yo lo saludaba de este modo: “¡El novísimo!”, y él me respondía: “¡No, no, ahora ya soy arqueológico!”. Tras las risas, nos fundíamos en un cálido abrazo. Me acuerdo también de nuestros paseos por El Retiro, como cuando me confesó que le parecía deleznable la actitud de ciertos intelectuales que, autodefiniéndose de izquierdas, se enorgullecían de no hacer uso del voto. “Así siempre ganará la derecha”. Me lo decía con aquella voz cavernosa que no dejaba indiferente a nadie.


En la última década nos alejamos. Un día, telefónicamente, me dijo que daba por clausurada nuestra amistad, sin más explicaciones. Desconozco si la causa fue algún malentendido o si su salud (entonces ya maltrecha) tuvo algo que ver en ese distanciamiento, que para mí fue doloroso. En cualquier caso, siempre le estaré agradecido; son muchas las enseñanzas que le debo.


¡Hasta siempre, querido Antonio! De todos mis amigos, tú siempre serás —vital e intelectualmente— el más inconformista. 



(Publicado en El Progreso de Lugo, 18/09/2021)

lunes, 13 de septiembre de 2021

SAFO, LA INSUPERABLE

        Leo en un fragmento de Safo, la primera poetisa del mundo occidental: “No está permitido quejarse en la Casa / de las Servidoras de las Musas; / las quejas no son dignas de nosotras”. La Casa de las Servidoras de las Musas era el nombre de la academia femenina donde Safo instruía, en oratoria, canto, baile, literatura, costura o protocolo, a selectas muchachas de la isla griega de Lesbos. También les enseñaba a confeccionar coronas y colgantes de flores, objetos que en la lírica sáfica adquieren valores simbólicos (léase el poema ‘Dones de la memoria’). Y todas ellas, maestra y discípulas, rendían tributo a Afrodita, la diosa de la belleza, la sensualidad y el amor.

        Así, en aquel contexto de la Antigua Grecia, Safo refinaba a sus pupilas y las convertía en mujeres activas, con voz propia. Como explica la poeta y filóloga clásica Aurora Luque, que tradujo con tino la poesía de Safo, los vínculos entre la maestra y sus discípulas “presentan una gran riqueza de matices”; no solo son vínculos pedagógicos, culturales y religiosos, sino también amistosos y, en algunas ocasiones, hasta eróticos y amorosos, como queda reflejado en su lírica. Atis, Gónguila, Mica, Gurina, Albantis o Iranna son los radiantes nombres de algunas de las musas y amadas de Safo. A ellas les dedicó versos memorables, desde los sabores de la plenitud, la melancolía o los celos, como en este ejemplo: “No es justo, Mica, de tu parte. / Pero a ti yo no voy a renunciar. / Has elegido el amor de las Pentílidas, / niña de mal carácter. / Mas nosotras / ...un dulce canto... / ...de sonido de miel... / ...silbadores vientos... / ...húmeda de rocío...”. Algunas de aquellas muchachas —hoy podríamos llamarles ladies, debido a su refinamiento— terminarían casándose en la ciudad de Sardes, desde donde enviarían cariñosas palabras a sus compañeras y a la maestra, añorando las intensas experiencias vividas en la academia. Por cierto, tan famosa fue Safo en la antigüedad, que el término ‘lesbianismo’ se debe a su lugar de procedencia. Safo de Lesbos.

        Pero Safo no fue solamente una mujer tierna y propensa a enamorarse; de fuerte carácter, se implicó en las luchas contra el dictador Pitaco, lo que le obligó a exiliarse en Sicilia, cuna de la oratoria. Más de un lustro después, volvería a Lesbos y fundaría la prestigiosa Casa de las Servidoras de las Musas.

        Esas convicciones firmes dejan en su poesía un poso de ética que admiró Aristóteles, quien cita en su ‘Retórica’ uno de los más rotundos fragmentos sáficos, explicando que todas las cosas que son nobles deben expresarse con valentía, mientras que las palabras y acciones que nos dan vergüenza son, en el fondo, vergonzosas: “Quiero decirte algo, / pero la vergüenza me lo impide… // Si desearas algo bueno o bello / y no tuvieras nada malo / en la punta de la lengua, / la vergüenza no te haría bajar los ojos / y hablarías con justicia”.

        Safo escribía poesía para ser cantada con el acompañamiento de la lira. Pero de su intensa obra no se conserva casi ningún texto completo, por eso he hablado de “fragmentos”. Lo poco que queda ha llegado a nosotros gracias a las citas de autores tardíos que la admiraban (como el propio Aristóteles, Horacio o Séneca) y a deteriorados papiros. Su obra —nueve libros— estaba compilada en la biblioteca de Alejandría y se utilizaba en la enseñanza, pero el papa Gregorio VII, en 1073, ordenó quemar los manuscritos, al considerarlos obscenos y pecaminosos. El cristianismo medieval, summum de la intolerancia, no podía consentir que una mujer cantase al amor entre iguales… Pero el legado de la “décima musa” —como la denominó Platón— es inmarcesible. Su belleza podría compararse a la de la Venus de Milo: incluso amputada, te estremece, te corta el aliento…

       Tras la apertura moral que trajo consigo el Renacimiento, Safo fue reivindicada por poetas como Petrarca, Ronsard, Lord Byron, Leopardi, Gertrudis Gómez de Avellaneda, Carolina Coronado, Rilke, mi admiradísimo Ezra Pound —quien la consideraba dentro del “meollo” de la poesía, al lado de Catulo o Villón—, Alfonsina Storni, etcétera. En la actualidad, la huella de Safo puede percibirse claramente en Clara Janés o Luis Alberto de Cuenca. Además, hoy Safo es celebrada incluso por un público que no ha profundizado en el ámbito lírico. Su estilo llega porque es directo y, a la vez, delicado: como un beso en la frente. Yo recomendaría las versiones al español de la ya mencionada Aurora Luque (‘Poemas y testimonios’, Acantilado, 2020) y de Pau Sabaté (‘No creo poder tocar el cielo con las manos’, Penguin Random House, 2017). El primer libro reúne la poesía completa conservada de Safo; el segundo es una pequeña antología muy sugerente. El pasado año le descubrí a una veinteañera amiga la obra de la genia griega; y hace unos días, parafraseando el título que Luque puso a un fragmento sáfico, me confesó: “Safo es mi insuperable”. De haber coincidido en tiempo y espacio, esta lady boliviana —extremadamente sensible— hubiera sido una de las aventajadas discípulas de la fundadora de la Casa de las Servidoras de las Musas. No me cabe duda.


(Publicado en El Progreso de Lugo, 13/09/2021)

martes, 12 de febrero de 2019

Carta a Míriam Ferradáns


QUERIDA MÍRIAM: O pasado verán, cando ti e mais eu aínda non nos coñeciamos, Tamara Andrés falárame magnificamente, en Pontevedra, de ‘Nomes de fume’. Abofé que a nosa amiga acertou coa recomendación, pois ese poemario teu paréceme conciso, valente e moi potente: vaian por diante os meus parabéns.

Con Dores Tembrás como excelente guía, cheguei ata a casa familiar (o “lugar escuro”) do teu ‘eu’ poético, que me involucrou nun vibrante tributo á memoria; así, imaxinei, por exemplo, como sería “morrer perforado polo pau dunha ervella”. Precisamente nese intre estremecinme e collín da man á cantora. Ela aloumiñoume decontado; lóxico en alguén que alberga moita tenrura e que reivindica o tacto como método para achegarse plenamente á realidade (e mesmo á memoria). Así mesmo, neste espiñoso pero necesario ritual, loitei contra a mediocridade da institución familiar clásica. Porque a “tribo” xeralmente tenta esquecer as perdas para evitar o sofrimento, traizoando tanto agarimo recibido e erixindo —sobre a base do tabú— un ambiente asfixiante. Pero o teu suxeito lírico non cansa de pronunciar un “nome de fume e pedra”; cunha cantora tan leal —e rebelde— na familia, a referida persoa morta sempre estará a salvo.



Míriam, posúes esa gran intuición que é inherente a todo poeta xenuíno (tirando do fío, ‘vate’ comparte etimoloxía con ‘vaticinar’). A dita ollada reflíctese —con alcance telúrico— no tratamento dos paus das ervellas ou neste belísimo micropoema: “As mulleres de negro ofrecen o seu corpo á terra / é o xeito escollido para defenderse do infortunio / entregándose a el definitivamente”. 


En ‘Nomes de fume’, a litúrxica meditación adopta —mediante o diálogo— unha fasquía polifónica; e, nese senso, quixera salientar o teu excelente emprego do ton interrogativo, que me lembra ó de Pizarnik e que destila moita sinceridade: “Temos prohibido o tacto: // Sabes ti a diferenza entre corazón e peito?”. Velaquí un fraseo duro en aparencia, mais lene por dentro, coma algunhas froitas. Hai máis exemplos deste tipo no teu libro; o dominio da dicción permite acadar conquistas tan trascendentes.

Isto é todo por hoxe, Míriam. Querías saber as miñas impresións —que honra!— tras a lectura do teu debut editorial, e decidín enviarche esta carta, seguindo o costume dos nosos referentes inmarcesibles. Agardo que nos vexamos pronto no teu Bon nativo ou en Lugo. Pedireiche que me dediques o fermoso libro… E se nos entra a fame durante a conversa, podemos comer unhas galletiñas ‘Dinosaurus’ (eu tamén devezo por elas, e o binomio poesía/nenez é moi vizoso). Mándoche unha aperta fonda. Héctor. 


P.D.: Se ves á marabillosa Tamara, dálle recordos da miña parte. 


(Publicado en El Progreso de Lugo, Diario de Pontevedra e Galiciaé, 12/02/2018.)

viernes, 11 de enero de 2019

A poesía é semente


GOETHE, YEATS, Kavafis, Pound, Lorca… Conservo varias antoloxías da colección ‘Mitos Poesía’ que Mondadori publicara a finais dos 90 —na miña nenez— e que me regalara, cando eu xa era mocete, un primo algo máis maior ca min, o querido Jose do Castro. “Queda con elas”, dixérame, “que eu xa as teño moi lidas”. Aquelas edicións de peto estaban especialmente dirixidas á xuventude, de aí o baixo prezo (350 pesetas), a distribución en quioscos, os textos escollidos con delicadeza e as presentacións, que lembraban ás dos cedés, non só polas vistosas portadas, senón tamén polo tamaño. Todo iso propiciou que un fato de adolescentes e xoves adultos penetrase na mellor poesía sen medo, lonxe das pompas, ata comprender que a beleza deste xénero é purificadora: por unha banda, nun arrastre sensitivo, troca —amplifica— a percepción do lector, incitándoo a que ache a súa verdadeira identidade (ou a que se reconcilie con ela); e, por outra, ó conxugar (por vía do estético ritmo) referencias culturalistas, coloquialismos e vulgarismos, fomenta a querenza pola diversidade. Pouco lle debeu de importar iso a Iberia, que daquela rexeitou a proposta de Mondadori, consistente en agasallar con libriños de ‘Mitos Poesía’ ós pasaxeiros da Ponte Aérea entre Madrid e Barcelona. A compañía aduciu que esa lectura “podía ser demasiado arriscada e forte” para os seus clientes. O arriscado é ser cidadáns dunha sociedade na que o egoísmo leva décadas medrando mentres moitos poderosos nos ocultan os lenitivos… Dito o cal, ‘Mitos Poesía’ tivo unha recepción sorprendente, chegando a vender un millón de exemplares.

Dende o pasado verán, Penguin Random House distribúe a colección ‘Poesía Portátil’, coa que retoma precisamente o bo labor de ‘Mitos Poesía’. O xigantesco grupo editorial, no cal está integrada a antiga Mondadori, xa leva publicados —cun prezo de 4,90 euros— oito números; a escolma de Pizarnik (‘En esta noche, en este mundo’) paréceme exquisita. Terá ‘Poesía Portátil’, con Safo ou Neruda, unha influencia minimamente considerable entre os raparigos, coma a que tivera a colección pioneira? Nas redes sociais (onde os mociños fedellan tanto) só un público adulto está a saudar o proxecto lírico de Penguin Random House; non me estraña a indiferenza, pois, en termos artísticos —vou alén da literatura, que os referentes neste eido son residuais—, o gusto adolescente dexenerou abondo. Hoxe a maioría —alienada— escoita decote o monocorde e basto reguetón, e segue con fervor ‘Operación Triunfo’, un dos programas que máis ten contribuído a desdeñar a cultura do esforzo e a identidade dos artistas xenuínos. En efecto, a sutileza inherente á poesía atópase nos antípodas deses patróns dominantes tan banais. De todos os xeitos, a lírica é semente antes que froito; pode permanecer —e sempre permanece, til máis, til menos— allea ás modas, pero, finalmente, acabará pousándose nela unha criatura soñadora, a cal endexamais esquecerá o consecuente estouro emocional (o primeiro de tantos). Como sentenciara Octavio Paz, “A poesía consagra o instante”.

jueves, 7 de diciembre de 2017

Tamara de Antioquía


Este sábado presentarei o último poemario de Tamara Andrés, 'Corpo de Antiochia' (Galaxia), en Lugo. O acto, organizado polo Clube Cultural Valle-Inclán, terá lugar na libraría Trama (Avenida da Coruña, 21) a partir das 12 da mañá. Reproduzo un artigo meu que versa precisamente sobre Tamara e mais o seu libro e que se publicou en 'El Progreso' e 'Diario de Pontevedra' 0 21 de novembro:


RELEO ESTA nota que escribín o ano pasado: “Jean Seberg, Anna Karina, Jeanne Moreau e Claude Jade, coas súas correspondentes personaxes cinematográficas —semellantes a elas— para Godard ou Truffaut. Case sería inxusto afirmar que as rapazas da Nouvelle Vague son doutra época, malia que se enmarquen nos 60; hoxe, coa frivolidade e a usura imperantes, diría que esas criaturas tan apaixonadas son doutra dimensión”. Así de grande é a distancia, pensaba eu, sabedor, iso si, de que en Occidente aínda queda unha minoría —falo tanto de mulleres como de homes— que valora a combinación de delicadeza e rebeldía, unha das peculiaridades da citada corrente cinematográfica. Pois ben, entre esa minoría exquisita atópase a miña amiga xeracional Tamara Andrés. Nunha ocasión, tras ler un poema de meu, a escritora combarrense díxome esta sutileza: “Cada vez que pronuncias un nome de muller, vexo unha musa de Truffaut”. E eu téñolle comentado a Tamara que ela é a última moza da Nouvelle Vague…





Galaxia vén de publicar —na colección Dombate— o segundo poemario en solitario de Tamara Andrés, Corpo de Antiochia, un océano de beleza crítica e introspectiva. Aquí a autora das Rías Baixas construíu múltiples significados dende unha expresión concisa, chegando así á medula da lírica. Como dixen no limiar do libro, Antioquía non só é contexto, senón tamén símbolo ideal da devastación (e da reconstrucción) emocional; lembremos que, ó longo da Historia, a cidade turca —esplendorosa no mundo grecolatino— rexurdiu en diversas ocasións, vítima dos terremotos e mesmo de terribles asedios. 

Tamara Andrés non é a protagonista do seu libro, mais, como sempre ocorre na lírica xenuína, a personaxe contén abondos trazos da persoa creadora: é por iso (tamén polas melodiosas aliteracións) que denominei Tamara de Antioquía, no prólogo, ó ‘eu’ poético. Ambas mozas son lizgairas, tenras, valentes, sensoriais…, e reconcilian a pureza coa memoria. Sempre as verei dispostas para o amor na antiga Antioquía, no París dos 60 ou —como lenitivo— nesta sociedade embrutecida.





domingo, 8 de octubre de 2017

Entre a beleza e o fascismo

Ezra Pound.
SINTO QUE se denomine CasaPound un partido neofascista con opcións de entrar no Parlamento italiano. Pareceríame terrible que o estadounidense Ezra Pound (1885-1972) puidese ser máis influínte hoxe como propagandista dunha ideoloxía perniciosa que como creador dunha poesía excelsa. Durante as primeiras décadas do século pasado, vivindo xa en Europa —cuxa cultura amaba—, Pound alicerzou a estética da lírica moderna; dende a óptica conceptual e fragmentaria do imaxismo, despoxou o poema de todo elemento superfluo, e esa renovación conseguiuna tras estudar algunhas das tradicións máis fondas, como a grecolatina, a chinesa ou a provenzal. Dono dun temperamento demasiado visceral e, así mesmo, produto da confusión da súa época, Pound creu ver no fascismo un sólido modelo alternativo ó capitalismo, cuxa usura detestaba. Deixou Francia por Italia, declarouse seguidor do tirano Mussolini (comparábao con Confucio) e, xa no curso da II Guerra Mundial, dirixiu acendidas arengas radiofónicas contra o seu propio país e mais os xudeus. Nos estertores da contenda, os seus compatriotas pechárono nunha das gaiolas dun centro de prisioneiros de Pisa, onde estivo seis meses exposto ás inclemencias do tempo; e despois, tras ser xulgado por alta traizón, internárono doce anos nun manicomio de Washington. Salvárono de morrer fusilado diversas figuras culturais ó testificar —mentindo— que era un demente. É natural criticar ó home fascista e, simultaneamente, caer rendido ante a beleza do poeta… Como non lembrar, por exemplo, aquela soberana sentenza —tan vixente— dun dos seus Cantos: «Usura é un parasito». A min fascíname o sensitivo micropoema ‘Papiro’, que representa un fragmento (ficticio) de Safo: «Primavera… / Tanto tempo… / Gongula…». Velaí a concentración expresiva e a refinada cultura de Pound, quen —igual que faría con Atis— rescata a Gongula, unha das amadas da gran poetisa grega. Intertextual e visionaria, a lírica poundiana é o sementeiro de Eliot, outro vate esencial. Cómpre reivindicar tamén a clarividencia do Pound crítico; os seus consellos foron cruciais para que a dicción do lendario Yeats gañase en sobriedade.

[Publicado en El Progreso de Lugo, Diario de Pontevedra e Galiciaé, 5/10/2017]

sábado, 8 de julio de 2017

Mestre merlo


Chega xullo, e o merlo —coa tarefa cumprida da crianza— pide descanso. Dende o final do inverno, ningún acontecemento conseguiu deter, nos crepúsculos, o caudal da súa gorxa. Un moitas veces tivo a impresión de que nos momentos acesos, cando a súa parella se atopaba no período de máxima fertilidade, as inflexións do merlo acariciaban outros planetas. Incontables poetas viron no paxaro esa conquista da trascendencia. «Y ensancha con su canto / la hora parada de la estación viva / y nos hace la vida suficiente», escribiu Juan Ramón. E a Cernuda debémoslle esta outra gabanza: «Desde el aire trae a la tierra alguna semilla divina, un poco de luz mojada de rocío, con las cuales parece nutrir su existencia, no de pájaro sino de flor, y a las cuales debe estas notas claras, líquidas, traspasando su garganta».



Ningún merlo canta igual: cada paxariño tece as ricas melodías que interpreta, das cales ofrece variacións con gran sentido harmónico; e, ademais, deixa moito espazo á improvisación. Sen colidir con ese selo persoal, a ave, frautista proteica, representa ás veces sons do seu territorio. Na primavera do ano pasado, cando estaba ultimando a miña tese doutoral, ó facer algún descanso, poñía na cadea as intensas baladas ‘soul’ que interpretou Gene Chandler e que firmou o seu amigo Curtis Mayfield: ‘Just Be True’, ‘What Now?’, ‘Rainbow '65’... Eu abría unha das fiestras que dan ó noso xardín, e alí estaba o merlo que temos por veciño… Mentres admiraba o seu brillante peteiro amarelo —a xogo co anel ocular—, o canoro animal comía, sen espantarse, as migas que meus pais e eu lles deixáramos a el, ós paporrubios, ós pardais… Pois ben, unha tardiña quedei abraiado cando o merlo incorporou ó seu repertorio, con total naturalidade, algunhas das notas do retrouso de ‘What Now?’. Síntome honrado, xaora, de ter influído un chisco a unha criatura exemplar que me regalou a máis pura e suxestiva das diccións.


Aínda non puxeches un dique na túa gorxa, mestre merlo, e xa me tarda que volvas exercer de mensaxeiro da primavera. Quen me reconciliará agora coa realidade?

[Artigo meu publicado onte na edición impresa de El Progreso de Lugo, e hoxe nas webs do Grupo El Progreso]

sábado, 3 de junio de 2017

Paco de Robaín

[Artigo meu publicado onte en El Progreso de Lugo]

O que amas permanece,
o demais é lixo.
(Ezra Pound)

        O santiseiro Paco de Robaín (meu avó materno) era agricultor, gandeiro e albeite vocacional. Curaba eficazmente, sen ánimo de lucro, as principais fracturas do gando —e, por extensión, dos veciños— mediante o entalizado, é dicir, embutindo a extremidade lesionada entre dúas táboas. Robaín, que tamén era hábil corrixindo os espiñazos, tomou nota das leccións do seu avó e da súa nai, e foi un paso máis aló axudando o sepultureiro da parroquia a exhumar cadáveres; esas experiencias permitíronlle coñecer ben as unións dos ósos. Ó morrer meu avó, languidece unha filosofía en contacto pleno coa natureza, na que non teñen lugar a usura e o egocentrismo, as maiores pragas do noso tempo. A xenerosidade de Paco non se limitaba ás colaboracións como curandeiro; case lle parecía mal que alguén marchase do seu casarío sen probar os chourizos ou o licor de guindas elaborados por el e pola miña avoa.
Paco de Robaín.


        Sendo ben distintos en moitos aspectos, o avó Paco implicábase tanto na miña travesía, que, cando estudaba en Madrid, ata chamaba por teléfono ó meu mellor amigo, o economista Muñoz Puigcerver, con quen compartía teito; bastáralle ver dúas veces a este mozo catalán para collerlle cariño. Sirva como homenaxe a Paco de Robaín —grande no meu corazón— o seguinte poema do trinque: “Nunca saíches do pobo,/ nunca tiveches a cobiza/ de coñecer mundo,/ mais fuches dono dun mundo/ ó que nunca terá acceso/ a caterva de modernos./ Nunca.// Ti ensináchesme/ o que ninguén me ensinara:/ os pulos do monte Sartán,/ o camiño a Trasdacorda,/ o vello carballo da Granda…/ Ti ensináchesme a botar en falta/ ós que aínda non emigraron./ Ti ensináchesme a dicir/ a i-auga, a i-alma, e xamais/ esquecerei de que maneira:/ co merlo na mirada.// Avó, fagamos un pacto/ —xa é hora de podar/ o alpendre do inverno—;/ avó, se ti soñas comigo/ e eu soño contigo,/ hemos de atoparnos/ no mesmo soño:/ ti falando/ de aceites esenciais/ e asistindo á miña festa/ de bicos e brincas…// E cando alguén me pregunte/ onde queda Robaín,/ direille que se lle dá a volta ó mapa,/ atopará o casarío/ no centro do mundo”.
O casarío de Robaín (en Santiso de Abres), onde servidor se criou.

jueves, 23 de febrero de 2017

Claudio Rodríguez Fer presenta 'Cinepoemas' en Madrid

Este sábado, a las 19:00 horas, tendrá lugar en el Centro de Arte Moderno de Madrid (Galileo, 52) la presentación del libro Cinepoemas, del lucense Claudio Rodríguez Fer, a cargo del autor (poeta y director de la Cátedra Valente de Poesía y Estética), de Cristina Fiaño (poeta y diseñadora gráfica de la obra), de Francisco Rodríguez Pastoriza (profesor universitario y periodista cultural) y de Claudio Pérez Míguez (coordinador del CAM).

Cristina Fiaño y Claudio Rodríguez Fer, en el Centro de Arte Moderno de Madrid.


El libro 

Cinepoemas, publicado por la editorial Ouvirmos, es un paseo poético por la historia del cine desde Charlot a Woody Allen, una revisión de los mitos del séptimo arte desde Frankenstein a Marilyn Monroe, una evocación de las obras maestras del arte más contemporáneo desde el cine mudo al cine de autor, una reflexión al tiempo emotiva y crítica sobre la educación sentimental de la sociedad actual y un proyecto interartístico vanguardista que ensambla texto y fotograma en una fusión creativa tan vital como original.

El autor

Claudio Rodríguez Fer es p
oeta, narrador, autor teatral y ensayista en gallego e hispanista en castellano. Fue traducido a numerosos idiomas y recibió, entre otros reconocimientos, el Premio de la Crítica Española por el poemario juvenil Tigres de ternura (1981). Su obra poética fue reunida en el libro Amores e clamores (2011); y su obra narrativa, en Contos e descontos (2011). Cultivó la poesía visual desde la primera edición de Cinepoemas (1983) y colaboró con numerosos artistas, entre los que se encuentra Eugenio Granell, con obras del cual publicó los libros Rastros de vida e poesía (2000) e Icebergs (Micropoemas reunidos) (2015), este último en el Centro de Arte Moderno, donde también editó sus ensayos Borges y todo. Es director de la Cátedra Valente de Poesía y Estética de la Universidad de Santiago de Compostela, donde también codirige la revista Moenia, y fue profesor visitante de las Universidades de la Ciudad de Nueva York, de la Alta Bretaña (por donde es Doctor Honoris Causa) y de Bretaña Sur. Coordina los cuadernos Unión Libre y publicó, disertó y recitó en numerosos lugares de Europa, América y África.

La diseñadora

Cristina Fiaño se graduó como ingeniera en Diseño Industrial en la Universidad de A Coruña y, tras estudiar un curso en la Universidad Nacional de San Martín de Buenos Aires, en Ciencias de la Cultura y Difusión Cultural en la Universidad de Santiago de Compostela. Poeta en lengua gallega, fue traducida, al igual que Claudio Rodríguez Fer, en las antologías en castellano Amour fou (2016) e Inmortal amor mortal (2017), elaboradas por Antonino Nieto. Comenzó realizando entrevistas, dirigió cuatro años la revista cultural Evohé (2012-2015) y ejerció la crítica literaria en diversos medios en relación con la obra de Borges, Cortázar y Valente. Publicó el estudio interdisciplinar O vello cárcere de Lugo (2015) en Unión Libre. Trabaja en gestión cultural y realizó la edición gráfica de Cinepoemas (2016).

El presentador

Rodríguez Pastoriza, en una imagen extraída
de la web http://www.fundacioncumlaude.com.
Francisco Rodríguez Pastoriza tiene una larga trayectoria como periodista cultural en muy numerosos medios audiovisuales y escritos, además de como profesor de su especialidad en la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid. Publicó libros de referencia en su área, como Periodismo cultural (2006) o ¿Qué es la fotografía? Breve historia de los géneros, de los movimientos y de los grandes autores del arte fotográfico (2014). Fue redactor y adjunto a la Jefatura del Área de Cultura de los Servicios Informativos de Televisión Española (1997-2007), así como autor de los libros sobre televisión Perversiones televisivas. Una aproximación a los nuevos géneros audiovisuales (1997), Cultura y televisión. Una relación de conflicto (2003) y La mirada en el cristal. La información en televisión (2003), entre otros muchos trabajos.

Para leer la reseña de Cinepoemas que Rodríguez Pastoriza escribió recientemente, pincha aquí.

Una semana después de haberme doctorado

"Finis coronat opus", decía aquel hermoso proverbio latino. O sea: "El fin corona la obra". 

Valió la pena tanto esfuerzo, no sólo por haber obtenido, el 13 de febrero de este mes, el título de Doctor —máximo grado académico universitario— en Periodismo, sino también (y esto es lo más importante) por lo que uno aprendió durante el camino. Conocimientos de retórica, de teoría literaria, de lingüística y, desde luego, de poesía, el ámbito referencial de mi estudio, así como mi principal prurito creativo. 



Cómo no recordar a Lázaro Carreter, a quien cito en mi tesis, La metáfora en la poesía de Antonio Martínez Sarrión, dirigida por el doctor Antonio Ubach: 

¿Vale la pena tanto esfuerzo? Los que hemos hecho algunos progresos como lectores, sabemos que la empresa de la lírica es extraordinariamente remunerativa. La poesía impide ser más inhumano. En unos casos, permite descubrir lo que, estando en nosotros, ignorábamos. En otros, es una incitación a vivir experiencias nuevas y más valiosas que las nuestras. Pero para sentirla actuante en nosotros, hemos de vencer su lenguaje.





Gracias a todos los que, de un modo u otro, me habéis acompañado en este camino. 

Para escuchar una entrevista que me hicieron recientemente desde la Cadena Ser asturiana —delegación de Occidente—, pincha aquí.

Para leer una fotonoticia que publicó El Progreso de Lugo (edición de A Mariña) sobre mi Doctorado, pincha aquí.

También el diario asturiano La Nueva España se hizo eco de mi defensa, como puedes leer desde aquí. 


He aquí el turno de la intervención del tribunal académico, tras mi exposición. Pueden verse en la foto a tres de los miembros del mismo, los doctores Antonio Dueñas, Ángel L. Prieto de Paula y Pilar Vega. A modo de curiosidad: el 'Fin' de la diapositiva de mi tesis está extraído de un filme de Godard: Una mujer casada. Y, más allá de ese detalle, creo que la fotografía del momento académico —realizada por el amigo y colega José María Plaza— tiene algo godardiano; quizás la presencia de una nuca (mía, en este caso)...

Servidor, durante la exposición de su tesis.

Panorámica de la defensa de mi tesis doctoral, que tuvo lugar en la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid.




Junto al tribunal de la defensa de mi tesis —constituido por los doctores Ana Calvo, Eduardo de Bustos, Antonio Dueñas (presidente), Ángel L. Prieto de Paula y Pilar Vega (secretaria)—, que me otorgó la calificación de "Sobresaliente". 
Tras haber obtenido mi Doctorado, con los buenos amigos José Manuel Muñoz Puigcerver (Doctor en Economía, profesor) y Abel España (periodista, diseñador gráfico).

Junto a mi tutor, Antonio Ubach, Doctor en Filología Hispánica y profesor de la Facultad de Ciencias de la Información de la UCM.
Con mis padres —los mejores padres del mundo—, tras la comida de celebración de mi Doctorado, en la madrileña Plaza Mayor.

sábado, 11 de febrero de 2017

El lunes defenderé mi tesis sobre la metáfora en la poesía de Martínez Sarrión

El próximo lunes (día 13) defenderé, en la Universidad Complutense de Madrid, mi tesis doctoral, La metáfora en la poesía de Antonio Martínez Sarrión, que dirigió Antonio Ubach y que es fruto de más de tres años de investigación. Dicho acto académico (abierto al público) tendrá lugar, a partir de las 11.00 horas, en el Salón de Grados de la Facultad de Ciencias de la Información. 

Hoy el diario asturiano La Nueva España se ha hecho eco de mi defensa; puedes leer la noticia pinchando aquí. 

Éste es el resumen de mi tesis doctoral, integrado en el propio trabajo: 

El poeta albaceteño Antonio Martínez Sarrión (miembro destacado de la neovanguardista generación de los Novísimos) ha creado, a lo largo de las últimas cinco décadas, una obra integral, donde se funden el culturalismo y la experiencia vital. La metáfora (tropo o recurso semántico que establece una semejanza entre dos elementos, uno real y otro imaginario) es una herramienta fundamental en la expresión del autor manchego. Martínez Sarrión emplea las dos modalidades metafóricas existentes, la cotidiana (cuyas bases están en la experiencia) y la poética (que pertenece al ámbito creativo). Si bien las metáforas cotidianas poseen un carácter instrumental, al funcionar dentro del artefacto lírico, transmiten —como las metáforas poéticas— valores estéticos y, en consecuencia, indudables dosis de ambigüedad. Efectivamente, como reveló el formalista ruso Jakobson de acuerdo con la semántica literaria (Richards, Empson, Wheelwright…), en la función poética el mensaje está orientado hacia sí mismo, lo que se traduce en la plurisignificación. Así, muchas metáforas de Sarrión apuntan visiblemente a varias denotaciones, además de expresar alguna connotación. La ambigüedad también queda manifiesta cuando Martínez Sarrión formula alguno de los elementos de esos tropos de forma tácita o vaga, o cuando el enunciado correspondiente carece (total o parcialmente) de signos de puntuación. Además de ser un vehículo idóneo para embellecer el texto y para transmitir —de una sola vez— diversas ideas, la metáfora permite al autor de Teatro de operaciones expresar la sensorialidad (algo apreciable, verbigracia, en las connotaciones, que son los significados individuales y variables) e, incluso, estructurar cada texto. 

sábado, 14 de enero de 2017

Elías Ferreiro

Non son amante do Nadal, pois nesas festividades, polo menos en Occidente, acabamos levando ó extremo o consumismo que, desgraciadamente, xa nos define. Non obstante, gusto das reunións íntimas que propician esas datas ó amor do lume ou do café. Nas últimas festas, botei en falta a varios finados queridos. É o caso do chairego Elías Ferreiro, o meu primeiro mestre xornalístico, a quen coñecín precisamente cando fixen as prácticas neste periódico, no verán de 2010. Aterrei nas seccións que el coordinaba (‘España’ e ‘Mundo’), e decontado collimos confianza, compartindo dende aquela gratas viaxes pola xeografía galega con outro prezado compañeiro, o mariñán Javier Rivera. Intelixente, fiel, incorruptible, lacónico —mais sempre coa verba xusta, por iso titulaba tan ben—, Ferreiro parecía tirado dun ‘western’ crepuscular, deses que coñece magnificamente o noso colega Paco Abraldes. Súa podería ser, por exemplo, esta frase que pronuncia Billy o Neno no filme de Peckinpah: “Os tempos cambiarían, pero eu non”.

Elías Ferreiro e un servidor, en Cabo Ortegal (Cariño, A Coruña).


Realmente son poucos os días nos que non me lembro de Elías durante algún intre. E cando quedo con Rivera, da igual o tema que toquemos, sempre acabamos citándoo ou imaxinando que pensaría el sobre tal acontecemento. En outubro, un mes despois da súa morte, dediqueille un poema. Deixeino repousar, como fago con todas as miñas creacións líricas; e agora, na súa honra, quero que vexa a luz aquí, onde se non, neste xornal que conectou as nosas vidas para sempre e onde o mestre deixou un baleiro inmenso. Titúlase ‘Amigos: Elías Ferreiro’ e di así: “Un xersei, un feixe de folios/ en branco, un póster do Celta,/ o diploma dun cursiño/ e caramelos de eucalipto./ Foi todo o que atopamos/ baleirando os caixóns/ da mesa na que traballabas./ Pareceunos inxusto/ que tantas horas lúcidas/ puideran coller nunha caixiña;/ pero a sobriedade foi a túa marca,/ esa que admiramos sempre.// Ti sentenciabas: ‘O fútbol sala/ substituíu ó boxeo no corazón/ dos macarras’. Ti sentenciabas/ audaz, afiado e sorrindo./ Ti endexamais/ usaches crema antiolleiras;/ preferías que a pureza de Paula/ vernizase os teus sedimentos”. 

[Artigo meu publicado onte na edición da Mariña de El Progreso de Lugo]