Bitácora de Héctor Acebo, poeta, periodista cultural y doctor en Periodismo

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miércoles, 22 de diciembre de 2021

UN ALMA ENCADENADA A UNA CHALINA

El más ambicioso de mis proyectos profesionales es, sin duda, ‘Alma desnuda’, una serie sociojuvenil que denuncia la violencia de género y que emitió la red televisiva nacional ‘ATB’ durante las últimas semanas. Armar una obra de 75 minutos requiere esfuerzo y pasión a partes iguales; pero tuve la fortuna de rodearme de un estupendo equipo, Univalle Films, y todo salió adelante. El grueso de Univalle Films lo componen estudiantes y recién titulados de Comunicación y Medios Digitales; y Comunicación y Periodismo, carreras pertenecientes a la Universidad Privada del Valle. Me siento orgulloso del talento y el compromiso de mis discípulos veinteañeros; durante los rodajes, fue hermoso comprobar que todos navegábamos en la misma dirección, buscando un equilibrio entre la denuncia social y la belleza estética inherente al cine.



‘Alma desnuda’ es una serie dramática, no documental, que, sin embargo, está muy documentada. En el cochabambino colegio San Rafael, Sergio Céspedes (mi compañero en las labores de guionización y dirección) trabajó con dos grupos focales en aula —40 alumnos—, mediante un modelo de estructura participativa. El análisis de datos reflejó lo arraigada que está la discriminación de género en la juventud boliviana. La violencia sexual muestra a la mujer como víctima, pues los varones adolescentes (70%) tienden a exigir tener relaciones sexuales como prueba de amor con sus novias; y si estas no aceptan, ellos se enojan (80%). Este trabajo investigativo nos sirvió de base para elaborar el guion de la serie.


Contaré una anécdota ligada al proceso creativo de ‘Alma desnuda’. Una tarde Céspedes y yo estábamos trabajando en mi oficina. Convencidos de que nuestra serie debía trascender el lenguaje denotativo, nos propusimos buscar un objeto que simbolizase la posesión de Roberto hacia Alma. Yo traje a colación un símbolo que siempre me ha parecido muy expresivo: la camisa que el filósofo José Ortega y Gasset le regaló, en 1949, al actor Gary Cooper. Ambos se admiraban, y, en una carta, el autor de ‘La rebelión de las masas’ le explicaba al protagonista de ‘Bola de fuego’: “Mi vida ha sido muy dura, pero a despecho de eso he sido capaz de convivir con lo que podríamos llamar una felicidad permanente. Que esa camisa sea como un amuleto que le quite la melancolía si alguna vez ésta se apodera de usted”. Después de haberle leído esas líneas al codirector, ambos comenzamos a reparar en nuestras vestimentas. Aquella tarde hacía frío y yo llevaba puesta una chalina; nos concentramos en ella y nos preguntamos qué podría simbolizar en el contexto de la serie; entonces, imaginamos al chico maltratador (Roberto, interpretado por Jhoseph Elías) poniéndole esa prenda a su novia (Alma, encarnada por Luana Arce): fue ahí cuando encontramos el ansiado símbolo de la opresión, eje vertebrador de la serie. Inmediatamente, nacieron estas líneas de diálogo: “Quiero que esta chalina sea tu amuleto, que te quite el miedo a volar cuando viajes a Buenos Aires, y que, cuando la pongas, te acuerdes de mí”. En efecto, la anécdota de Ortega y Cooper nos inspiró harto. Paradójicamente, aquella camisa expresaba un significado positivo —la felicidad—, mientras que nuestra chalina presenta connotaciones negativas, pero necesitábamos un referente simbólico de gran alcance.


De ese modo, utilizando los recursos expresivos del cine y alejándonos del tono panfletario, pretendimos conectar de un modo más ameno con la juventud.

(Gracias, Raize, por el título de este artículo).

[Publicado en Opinión, 22/12/2021].

miércoles, 18 de diciembre de 2019

ANNA KARINA: DULCE REBELDÍA

LA RECIENTE muerte de la actriz Anna Karina —emblema del celuloide francés— me sorprendió durante el viaje de Bolivia a España. Su pérdida, a los 79 años, se produjo sólo once días después del 89 aniversario de su expareja y descubridor artístico, el magistral director Jean-Luc Godard. Si la memoria no me falla, él es hoy el único superviviente de la Nouvelle Vague, movimiento experimental que, en las postrimerías de los 50, constituyó el pórtico de entrada al cine moderno, teniendo como claros precursores a Bresson y a Bergman. Por supuesto, Karina —mucho más que una musa— fue decisiva en ese punto de inflexión expresivo; la actriz franco-danesa, junto a otras colegas como Jean Seberg, Jeanne Moreau o Bernadette Lafont, inventó un modo de actuar que rompía definitivamente con el engolamiento, y a través del cual los detalles íntimos se cargaban de lirismo. En esa manera de actuar, la espontaneidad —visible en algunos diálogos improvisados— casaba perfectamente con la frase precisa —los guiones de la Nouvelle Vague contenían abundantes intertextualizaciones— y el descaro se reconciliaba con la elegancia. Me parece muy representativo el rupturista baile de ‘Banda aparte’ (Godard, 1964), en donde el trío protagonista bailaba el ‘Madison’ y hacía chasquidos con gran sentido del ritmo, incluso cuando la música se cortaba y una voz en off describía los pensamientos de esos personajes. Ahí estaba el magnetismo de Karina iluminándolo todo… Y cómo olvidar aquella escena de otro filme godardiano, ‘Alphaville’ (1965), en donde la chica encarnada por la franco-danesa, con un cigarrillo en la mano, le preguntaba al maduro agente secreto interpretado por Eddie Constantine: “¿Tiene fuego?”. Y él le respondía: “He viajado 9.000 kilómetros para dárselo”. El doble sentido de ese diálogo elevaba la temperatura sin necesidad de derramar una gota de sudor. 
Anna Karina, en El soldadito, largometraje de Jean-Luc Godard.

Durante el rodaje de ‘Alma desnuda’, la webserie sociojuvenil que dirijo junto a Sergio Céspedes y que produce Univalle (el boliviano centro de superiores en el cual trabajo), hemos tenido muy presentes a Anna Karina y a Jean Seberg, sobre todo para otorgarle matices a nuestro personaje ‘Mila’. Esta chica sensible, rebelde y carismática —a la que da vida Alexandra Rocha— no oculta su lesbianismo en medio de un entorno radicalmente machista y homofóbico. Pues bien, al poner sobre la mesa los mencionados referentes interpretativos, Céspedes y yo no sólo buscábamos el punto de equilibrio entre el temperamento y la sobriedad, entre la sofisticación y la frescura; también queríamos aprovechar la fisicidad para proyectar las ideas y los sentimientos, y, en ese sentido, la Nouvelle Vague (que entronca con el cine mudo) es una fuente de posibilidades. Algunos planos de Alexandra Rocha fumando al aire libre conectan claramente con la lírica presentación de Karina en el largometraje godardiano ‘El soldadito’ (1960). Recuerdo cuando le envié, vía WhatsApp, un fotograma de esa secuencia a la intérprete boliviana, y le encantó la referencia: “¿¡Cuándo hacemos algo así con Mila!?”.
Alexandra Rocha, en nuestra webserie Alma desnuda, que se encuentra en fase de postproducción. Foto: Univalle Films.



Entre 1961 y 1967, Karina vivió con Godard una historia de amor apasionada pero tormentosa, y, paralelamente, protagonizó siete de los filmes del ‘enfant terrible’ de la Nouvelle Vague. «Era capaz de decir que se iba a por tabaco y no aparecía en tres semanas», confesó la intérprete en una entrevista. No obstante, aunque criticase el comportamiento errático de su exmarido, la actriz hacía un balance positivo de aquel matrimonio: «Fue una historia muy bonita, pero era agotadora para una chica tan joven». 


Después de muchos años sin hablarse, Godard y Karina volvieron a coincidir en un programa televisivo francés, ‘Lunettes noires pour nuits blanches’ (‘Gafas oscuras para noches blancas’), en 1987. Ninguno de los dos sabía que iba a ver al otro. El presentador, Thierry Ardisson, les preguntó: “¿Se puede volver a amar después de un amor tan intenso?”. La actriz respondió: “De manera diferente”; y el cineasta: “Mucho más”. Rota por la emoción, Karina abandonó repentinamente el plató, tras haber confesado: “Me voy a llorar a casa”. Ni siquiera el gesto de la mano de su exmarido consiguió reconfortarla… Ese doloroso momento televisivo concentra dos de las señas de identidad de Karina como mujer: la intensidad y la ausencia de rencor. Acaso su belleza física (ojos galácticos, piel de nácar, piernas infinitas…) era un reflejo de su alma pura.