Bitácora de Héctor Acebo, poeta, periodista cultural y doctor en Periodismo
sábado, 11 de mayo de 2024
MENOTTI: EL FÚTBOL SINFÓNICO
martes, 19 de abril de 2022
FACULTADES DEL ALMA
Es lamentable constatar que cada vez más
personas con estudios escriben y hablan de manera atropellada. No estructuran
sus oraciones de acuerdo a la sintaxis, porque sus ideas carecen de lógica.
Asimismo, les es indiferente emplear el término justo, la metáfora más
clarificadora… Cómo no pensar en el “hombre-masa” sobre el que escribió, con
tanto acierto, Ortega y Gasset. El filósofo madrileño incluía en esa categoría
social a todas las personas que no tienen afán de superación y que, carentes de
criterio propio, se sienten orgullosas de saberse idénticas a los demás:
mediocridad al cuadrado.
La gramática es mucho más que un envoltorio; no
se puede reducir a una cuestión superficial. Escribir correctamente significa que
eres detallista, exigente, “ubicado” (como dicen aquí, en Bolivia, cuando
alguien tiene buen juicio) y respetuoso con el lector, que, a fin de cuentas, te
entrega su tiempo.
Si encontramos la expresión precisa, no nos engañamos
a nosotros mismos. Y si no nos engañamos a nosotros mismos, existe menos riesgo
de que engañemos a los demás. El poeta francés Paul Valéry sostenía que la
sintaxis “es una facultad del alma”; yo también aplicaría esa magnífica frase a
la retórica, el arte de escribir y hablar con elocuencia.
(Publicado en El Progreso de Lugo, 13/04/2022)
miércoles, 19 de enero de 2022
ENCUENTRO EN EL LABERINTO
Cada año, cuando viajo de Bolivia a Galicia
(y viceversa), hago escala en Madrid. En esos periodos de espera, siempre que
pueden, vienen a verme a Barajas dos buenos amigos —el periodista Abel España y el economista José Manuel Muñoz— con
los que viví en la capital. Con casi 940.000 metros cuadrados y cinco
terminales, el mencionado aeropuerto es uno de los más grandes del mundo. El
viajero, que arrastra cansancio físico y mental, tiene que armarse de paciencia
para atravesar terminales y poder salir de la zona exclusiva de pasajeros, tras
haber realizado el debido control policial. En Barajas, por mor de la pandemia,
se cerraron algunos accesos, con lo que el caos alcanza ahora su máxima
expresión. La pasada semana Abel España y yo estuvimos tratando de vernos, durante
más de una hora, en el laberinto de Barajas. A través de WhatsApp, nos
llamábamos, nos escribíamos, nos enviábamos fotos, yo le compartía mi
‘ubicación en tiempo real’… Siendo honestos, en el accidentado encuentro
influyó también el hecho de que yo, solo unas horas antes, me hubiese despedido
de mis padres; la melancolía minaba mi concentración. Pero, finalmente, pude
fundirme en un abrazo con mi querido Abel, después de un año sin vernos.
Al
día siguiente, nos reímos bastante relatándole a nuestro amigo José Manuel
Muñoz —con quien me reencontré en el
viaje de ida— la patética peripecia de Barajas.
“21.000 pasos di ayer, cuando lo habitual suelen ser 10.000, no más de 12.000”,
confesaba Abel. “Lo gracioso”, añadía, “es que, según el GPS, en varios
momentos estuvimos bien cerca el uno del otro, ¡pero, claro, tú te encontrabas
al otro lado, en la zona de pasajeros!”. Con zumba melancólica, le contesté:
“Yo siempre estoy al otro lado. Al otro lado del charco, ahora mismo. Tal vez
me iría bien aquello que Valente dijo sobre su maestro Cernuda: ‘Señor de la
distancia y lo imposible”.
(Publicado en El Progreso de Lugo, 18/01/2022).
miércoles, 22 de diciembre de 2021
UN ALMA ENCADENADA A UNA CHALINA
El más ambicioso de mis proyectos profesionales es, sin
duda, ‘Alma desnuda’, una serie sociojuvenil que denuncia la violencia de
género y que emitió la red televisiva nacional ‘ATB’ durante las últimas
semanas. Armar una obra de 75 minutos requiere esfuerzo y pasión a partes
iguales; pero tuve la fortuna de rodearme de un estupendo equipo, Univalle
Films, y todo salió adelante. El grueso de Univalle Films lo componen estudiantes
y recién titulados de Comunicación
y Medios Digitales; y Comunicación y Periodismo, carreras pertenecientes a la Universidad Privada del Valle. Me siento orgulloso del
talento y el compromiso de mis discípulos veinteañeros; durante los rodajes,
fue hermoso comprobar que todos navegábamos en la misma dirección, buscando un
equilibrio entre la denuncia social y la belleza estética inherente al cine.
‘Alma desnuda’ es una serie dramática, no documental, que,
sin embargo, está muy documentada. En el cochabambino colegio
San Rafael, Sergio Céspedes (mi compañero en las labores de guionización y
dirección) trabajó con dos grupos focales en aula —40
alumnos—, mediante un modelo de estructura participativa. El análisis de
datos reflejó lo arraigada que está la discriminación de género en la juventud
boliviana. La violencia sexual muestra a la mujer como víctima, pues los
varones adolescentes (70%) tienden a exigir tener relaciones sexuales como
prueba de amor con sus novias; y si estas no aceptan, ellos se enojan (80%).
Este trabajo investigativo nos sirvió de base para elaborar el guion de la
serie.
Contaré una anécdota ligada al proceso creativo de ‘Alma
desnuda’. Una tarde Céspedes y yo estábamos trabajando en mi oficina.
Convencidos de que nuestra serie debía trascender el lenguaje denotativo, nos
propusimos buscar un objeto que simbolizase la posesión de Roberto hacia Alma. Yo
traje a colación un símbolo que siempre me ha parecido muy expresivo: la camisa
que el filósofo José Ortega y Gasset le regaló, en 1949, al actor Gary Cooper.
Ambos se admiraban, y, en una carta, el autor de ‘La rebelión de las masas’ le explicaba
al protagonista de ‘Bola de fuego’: “Mi vida ha sido muy dura, pero a despecho
de eso he sido capaz de convivir con lo que podríamos llamar una felicidad
permanente. Que esa camisa sea como un amuleto que le quite la melancolía si
alguna vez ésta se apodera de usted”. Después de haberle leído esas líneas al
codirector, ambos comenzamos a reparar en nuestras vestimentas. Aquella tarde
hacía frío y yo llevaba puesta una chalina; nos concentramos en ella y nos
preguntamos qué podría simbolizar en el contexto de la serie; entonces, imaginamos
al chico maltratador (Roberto, interpretado por Jhoseph Elías) poniéndole esa
prenda a su novia (Alma, encarnada por Luana Arce): fue ahí cuando encontramos
el ansiado símbolo de la opresión, eje vertebrador de la serie. Inmediatamente,
nacieron estas líneas de diálogo: “Quiero que esta
chalina sea tu amuleto, que te quite el miedo a volar cuando viajes a Buenos
Aires, y que, cuando la pongas, te acuerdes de mí”. En efecto, la anécdota de Ortega y Cooper nos inspiró
harto. Paradójicamente, aquella camisa expresaba un significado positivo —la felicidad—, mientras que nuestra
chalina presenta connotaciones negativas, pero necesitábamos un referente
simbólico de gran alcance.
De ese modo, utilizando los recursos expresivos del cine
y alejándonos del tono panfletario,
pretendimos conectar de un modo más ameno con la juventud.
(Gracias, Raize, por el título de este artículo).
[Publicado en Opinión, 22/12/2021].