Bitácora de Héctor Acebo, poeta, periodista cultural y doctor en Periodismo

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sábado, 11 de mayo de 2024

MENOTTI: EL FÚTBOL SINFÓNICO

    Algunos futboleros le llamaban, despectivamente, «el filósofo», y eran ellos los que quedaban a la altura del betún con esas palabras. En un ámbito donde nunca ha abundado la lucidez, el entrenador argentino César Luis Menotti —recientemente fallecido— nos enseñó a distinguir los matices del juego, yendo a contrapelo del fanatismo. Incluso aunque no siguieses el fútbol, te subyugaba con su riquísima retórica. Melómano absoluto, más de una vez lo escuché comparar un equipo con una orquesta sinfónica. Ciertamente, la selección argentina que ganó el Mundial ‘78 se movía al son que marcaba su director, el propio Menotti, pero jamás sacrificaba la improvisación. El entrenador rosarino siempre tuvo claro que los jugadores excelsos —los solistas— necesitan libertad para marcar la diferencia, pero cuando terminan de elaborar una jugada, deben ajustarse al ritmo de la orquesta. Menotti, parafraseando a Borges, definía el fútbol como «orden y aventura».



    En una ocasión, un periodista le preguntó si su sistema de juego era el 4-4-2. «¡Esos son números de teléfono!», respondió Menotti con una sonrisa maliciosa. Esa réplica puede parecer una boutade, pero lo cierto es que, para nuestro protagonista, la única verdad futbolística estaba en el campo y en el balón. Por eso no se enfocaba en la pizarra, sino en acciones concretas que ensayaba mucho durante los entrenamientos.

  En 1983, Menotti fue contratado por el Barcelona, donde descollaba su compatriota Maradona, que ya había estado a sus órdenes en la selección y que se lesionaría gravemente aquella temporada. El técnico rosarino siempre se refería a él como Diego, en un tono muy afectivo. Un año después, el Flaco renunciaría a su cargo por problemas personales. No logró conquistar la Liga, pero sumó a la vitrina culé tres títulos (una Copa del Rey, una Supercopa de España y una Copa de la Liga). Sin embargo, su mayor aportación a Can Barça fue el rescate del estilo preciosista de ataque, que hoy es innegociable en el club. En ese sentido, Menotti ejerció de gozne entre otros dos tótems del juego posicional: Michels (1971-1975 y 1976-1978) y Cruyff (1988-1996). El argentino solo creía en el contragolpe como un recurso, como un efecto sorpresa, no como algo planificado. No es de extrañar que el máximo exponente del fútbol ofensivo de este siglo, Guardiola, lo admirase tanto. De acuerdo con el entrenador del Manchester City, «César era todo: ingenio, educación, inteligencia. Hacía de su palabra poesía y siempre fue fiel a sus convicciones».

    Menotti le otorgaba mucha importancia al factor psicológico y empoderaba a sus jugadores. En el marco del Mundial Juvenil de Toulón (1975), el entonces seleccionador de Argentina llevó a sus muchachos a ver un partido en el que Alemania Occidental se salió. Al término del encuentro, uno de los jugadores más humildes y enjutos del conjunto albiceleste exclamó con preocupación: «¡César, los alemanes son fortísimos!». Menotti, con una agilidad mental admirable, le respondió: «¿Fuertes? ¡No diga bobadas! Si a cualquiera de esos rubios lo llevamos a la casa donde usted creció, a los tres días lo sacan en camilla. Fuerte es usted, que sobrevivió a toda esa pobreza y juega al fútbol diez mil veces mejor que estos tipos». Conocemos esa brillante anécdota gracias a Valdano, quien fue convocado por el Flaco para disputar aquel Mundial Juvenil que Argentina terminaría ganando.

    De Menotti hasta resultaba atractivo su aspecto. A mí siempre me pareció un dandy revolucionario. Vestía de traje y corbata, pero a la vez tenía un toque callejero, con aquella media melena y aquella delgadez que acentuaban sus más de 190 centímetros de estatura. Algún necio lo criticó por ser un izquierdista que conducía grandes cupés. ¡Como si fuesen incompatibles la sensibilidad social y el buen gusto…! Resulta fácil imaginar al Flaco en un restaurante sofisticado de Buenos Aires, tomando whisky y lanzando diatribas contra los «poderes infames». Brindamos a tu memoria, maestro Menotti.

martes, 19 de abril de 2022

FACULTADES DEL ALMA

Es lamentable constatar que cada vez más personas con estudios escriben y hablan de manera atropellada. No estructuran sus oraciones de acuerdo a la sintaxis, porque sus ideas carecen de lógica. Asimismo, les es indiferente emplear el término justo, la metáfora más clarificadora… Cómo no pensar en el “hombre-masa” sobre el que escribió, con tanto acierto, Ortega y Gasset. El filósofo madrileño incluía en esa categoría social a todas las personas que no tienen afán de superación y que, carentes de criterio propio, se sienten orgullosas de saberse idénticas a los demás: mediocridad al cuadrado.

La gramática es mucho más que un envoltorio; no se puede reducir a una cuestión superficial. Escribir correctamente significa que eres detallista, exigente, “ubicado” (como dicen aquí, en Bolivia, cuando alguien tiene buen juicio) y respetuoso con el lector, que, a fin de cuentas, te entrega su tiempo.

Si encontramos la expresión precisa, no nos engañamos a nosotros mismos. Y si no nos engañamos a nosotros mismos, existe menos riesgo de que engañemos a los demás. El poeta francés Paul Valéry sostenía que la sintaxis “es una facultad del alma”; yo también aplicaría esa magnífica frase a la retórica, el arte de escribir y hablar con elocuencia.

(Publicado en El Progreso de Lugo, 13/04/2022)

miércoles, 19 de enero de 2022

ENCUENTRO EN EL LABERINTO

Cada año, cuando viajo de Bolivia a Galicia (y viceversa), hago escala en Madrid. En esos periodos de espera, siempre que pueden, vienen a verme a Barajas dos buenos amigos —el periodista Abel España y el economista José Manuel Muñoz— con los que viví en la capital. Con casi 940.000 metros cuadrados y cinco terminales, el mencionado aeropuerto es uno de los más grandes del mundo. El viajero, que arrastra cansancio físico y mental, tiene que armarse de paciencia para atravesar terminales y poder salir de la zona exclusiva de pasajeros, tras haber realizado el debido control policial. En Barajas, por mor de la pandemia, se cerraron algunos accesos, con lo que el caos alcanza ahora su máxima expresión. La pasada semana Abel España y yo estuvimos tratando de vernos, durante más de una hora, en el laberinto de Barajas. A través de WhatsApp, nos llamábamos, nos escribíamos, nos enviábamos fotos, yo le compartía mi ‘ubicación en tiempo real’… Siendo honestos, en el accidentado encuentro influyó también el hecho de que yo, solo unas horas antes, me hubiese despedido de mis padres; la melancolía minaba mi concentración. Pero, finalmente, pude fundirme en un abrazo con mi querido Abel, después de un año sin vernos.

Al día siguiente, nos reímos bastante relatándole a nuestro amigo José Manuel Muñoz —con quien me reencontré en el viaje de ida— la patética peripecia de Barajas. “21.000 pasos di ayer, cuando lo habitual suelen ser 10.000, no más de 12.000”, confesaba Abel. “Lo gracioso”, añadía, “es que, según el GPS, en varios momentos estuvimos bien cerca el uno del otro, ¡pero, claro, tú te encontrabas al otro lado, en la zona de pasajeros!”. Con zumba melancólica, le contesté: “Yo siempre estoy al otro lado. Al otro lado del charco, ahora mismo. Tal vez me iría bien aquello que Valente dijo sobre su maestro Cernuda: ‘Señor de la distancia y lo imposible”.

(Publicado en El Progreso de Lugo, 18/01/2022).

miércoles, 22 de diciembre de 2021

UN ALMA ENCADENADA A UNA CHALINA

El más ambicioso de mis proyectos profesionales es, sin duda, ‘Alma desnuda’, una serie sociojuvenil que denuncia la violencia de género y que emitió la red televisiva nacional ‘ATB’ durante las últimas semanas. Armar una obra de 75 minutos requiere esfuerzo y pasión a partes iguales; pero tuve la fortuna de rodearme de un estupendo equipo, Univalle Films, y todo salió adelante. El grueso de Univalle Films lo componen estudiantes y recién titulados de Comunicación y Medios Digitales; y Comunicación y Periodismo, carreras pertenecientes a la Universidad Privada del Valle. Me siento orgulloso del talento y el compromiso de mis discípulos veinteañeros; durante los rodajes, fue hermoso comprobar que todos navegábamos en la misma dirección, buscando un equilibrio entre la denuncia social y la belleza estética inherente al cine.



‘Alma desnuda’ es una serie dramática, no documental, que, sin embargo, está muy documentada. En el cochabambino colegio San Rafael, Sergio Céspedes (mi compañero en las labores de guionización y dirección) trabajó con dos grupos focales en aula —40 alumnos—, mediante un modelo de estructura participativa. El análisis de datos reflejó lo arraigada que está la discriminación de género en la juventud boliviana. La violencia sexual muestra a la mujer como víctima, pues los varones adolescentes (70%) tienden a exigir tener relaciones sexuales como prueba de amor con sus novias; y si estas no aceptan, ellos se enojan (80%). Este trabajo investigativo nos sirvió de base para elaborar el guion de la serie.


Contaré una anécdota ligada al proceso creativo de ‘Alma desnuda’. Una tarde Céspedes y yo estábamos trabajando en mi oficina. Convencidos de que nuestra serie debía trascender el lenguaje denotativo, nos propusimos buscar un objeto que simbolizase la posesión de Roberto hacia Alma. Yo traje a colación un símbolo que siempre me ha parecido muy expresivo: la camisa que el filósofo José Ortega y Gasset le regaló, en 1949, al actor Gary Cooper. Ambos se admiraban, y, en una carta, el autor de ‘La rebelión de las masas’ le explicaba al protagonista de ‘Bola de fuego’: “Mi vida ha sido muy dura, pero a despecho de eso he sido capaz de convivir con lo que podríamos llamar una felicidad permanente. Que esa camisa sea como un amuleto que le quite la melancolía si alguna vez ésta se apodera de usted”. Después de haberle leído esas líneas al codirector, ambos comenzamos a reparar en nuestras vestimentas. Aquella tarde hacía frío y yo llevaba puesta una chalina; nos concentramos en ella y nos preguntamos qué podría simbolizar en el contexto de la serie; entonces, imaginamos al chico maltratador (Roberto, interpretado por Jhoseph Elías) poniéndole esa prenda a su novia (Alma, encarnada por Luana Arce): fue ahí cuando encontramos el ansiado símbolo de la opresión, eje vertebrador de la serie. Inmediatamente, nacieron estas líneas de diálogo: “Quiero que esta chalina sea tu amuleto, que te quite el miedo a volar cuando viajes a Buenos Aires, y que, cuando la pongas, te acuerdes de mí”. En efecto, la anécdota de Ortega y Cooper nos inspiró harto. Paradójicamente, aquella camisa expresaba un significado positivo —la felicidad—, mientras que nuestra chalina presenta connotaciones negativas, pero necesitábamos un referente simbólico de gran alcance.


De ese modo, utilizando los recursos expresivos del cine y alejándonos del tono panfletario, pretendimos conectar de un modo más ameno con la juventud.

(Gracias, Raize, por el título de este artículo).

[Publicado en Opinión, 22/12/2021].

viernes, 22 de octubre de 2021

AS SUTILEZAS DE CUNQUEIRO

Toda a gran literatura concrétase nos detalles. Sutilezas que poden pasar desapercibidas nunha primeira lectura, pero que, semántica e fonoloxicamente, enriquecen o texto. Así sucede na obra de Álvaro Cunqueiro, onde se reconcilian a realidade e a fantasía. Hoxe quixera salientar a riqueza de matices coa que o mindoniense describía as súas personaxes —sobre todo, as de cabelos loiros—, provocando no lector un intenso placer que disolve as rutinas. Poñerei dous exemplos ben elocuentes. En ‘Melle de Loboso’, semblanza incluída en ‘Escola de menciñeiros’ (1960), achamos esta metafórica frase: «A xente de Loboso é alta e roiba, e o pelo dourado das mozas é a única flor en toda aquela soidade». En ‘Rosa Martiño’, retrato pertencente a ‘Os outros feirantes’ (1979), o narrador omnisciente non pode precisar se a reloxeira protagonista naceu en Noia ou en Betanzos, pero lembra perfectamente, como non, que ós 12 anos era «unha mociña roiba, espigada, mui lucida de pernas, e sempre sorrindo». É a mesma Rosa que un tempo despois, en Bos Aires, xa feita toda unha muller, entoaría cantigas galegas, enfeitizando ós seus compañeiros de traballo.

Por certo, nun artigo recompilado en ‘Por el camino de las peregrinaciones’ (2004), Cunqueiro contou que os seus primeiros versos —«doloridos cantos de amor»— foron inspirados por unha nena roiba de Palas de Rei. Quizabes esa cativa de ollos celestes só existise na ficción, ou quizabes sexa en verdade o dano fecundante da obra de Cunqueiro… En calquera caso, a verba do mindoniense expande o noso maxín e acaríñanos o ouvido.