Bitácora de Héctor Acebo, poeta, periodista cultural y doctor en Periodismo

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sábado, 11 de mayo de 2024

MENOTTI: EL FÚTBOL SINFÓNICO

    Algunos futboleros le llamaban, despectivamente, «el filósofo», y eran ellos los que quedaban a la altura del betún con esas palabras. En un ámbito donde nunca ha abundado la lucidez, el entrenador argentino César Luis Menotti —recientemente fallecido— nos enseñó a distinguir los matices del juego, yendo a contrapelo del fanatismo. Incluso aunque no siguieses el fútbol, te subyugaba con su riquísima retórica. Melómano absoluto, más de una vez lo escuché comparar un equipo con una orquesta sinfónica. Ciertamente, la selección argentina que ganó el Mundial ‘78 se movía al son que marcaba su director, el propio Menotti, pero jamás sacrificaba la improvisación. El entrenador rosarino siempre tuvo claro que los jugadores excelsos —los solistas— necesitan libertad para marcar la diferencia, pero cuando terminan de elaborar una jugada, deben ajustarse al ritmo de la orquesta. Menotti, parafraseando a Borges, definía el fútbol como «orden y aventura».



    En una ocasión, un periodista le preguntó si su sistema de juego era el 4-4-2. «¡Esos son números de teléfono!», respondió Menotti con una sonrisa maliciosa. Esa réplica puede parecer una boutade, pero lo cierto es que, para nuestro protagonista, la única verdad futbolística estaba en el campo y en el balón. Por eso no se enfocaba en la pizarra, sino en acciones concretas que ensayaba mucho durante los entrenamientos.

  En 1983, Menotti fue contratado por el Barcelona, donde descollaba su compatriota Maradona, que ya había estado a sus órdenes en la selección y que se lesionaría gravemente aquella temporada. El técnico rosarino siempre se refería a él como Diego, en un tono muy afectivo. Un año después, el Flaco renunciaría a su cargo por problemas personales. No logró conquistar la Liga, pero sumó a la vitrina culé tres títulos (una Copa del Rey, una Supercopa de España y una Copa de la Liga). Sin embargo, su mayor aportación a Can Barça fue el rescate del estilo preciosista de ataque, que hoy es innegociable en el club. En ese sentido, Menotti ejerció de gozne entre otros dos tótems del juego posicional: Michels (1971-1975 y 1976-1978) y Cruyff (1988-1996). El argentino solo creía en el contragolpe como un recurso, como un efecto sorpresa, no como algo planificado. No es de extrañar que el máximo exponente del fútbol ofensivo de este siglo, Guardiola, lo admirase tanto. De acuerdo con el entrenador del Manchester City, «César era todo: ingenio, educación, inteligencia. Hacía de su palabra poesía y siempre fue fiel a sus convicciones».

    Menotti le otorgaba mucha importancia al factor psicológico y empoderaba a sus jugadores. En el marco del Mundial Juvenil de Toulón (1975), el entonces seleccionador de Argentina llevó a sus muchachos a ver un partido en el que Alemania Occidental se salió. Al término del encuentro, uno de los jugadores más humildes y enjutos del conjunto albiceleste exclamó con preocupación: «¡César, los alemanes son fortísimos!». Menotti, con una agilidad mental admirable, le respondió: «¿Fuertes? ¡No diga bobadas! Si a cualquiera de esos rubios lo llevamos a la casa donde usted creció, a los tres días lo sacan en camilla. Fuerte es usted, que sobrevivió a toda esa pobreza y juega al fútbol diez mil veces mejor que estos tipos». Conocemos esa brillante anécdota gracias a Valdano, quien fue convocado por el Flaco para disputar aquel Mundial Juvenil que Argentina terminaría ganando.

    De Menotti hasta resultaba atractivo su aspecto. A mí siempre me pareció un dandy revolucionario. Vestía de traje y corbata, pero a la vez tenía un toque callejero, con aquella media melena y aquella delgadez que acentuaban sus más de 190 centímetros de estatura. Algún necio lo criticó por ser un izquierdista que conducía grandes cupés. ¡Como si fuesen incompatibles la sensibilidad social y el buen gusto…! Resulta fácil imaginar al Flaco en un restaurante sofisticado de Buenos Aires, tomando whisky y lanzando diatribas contra los «poderes infames». Brindamos a tu memoria, maestro Menotti.

jueves, 5 de junio de 2014

En la final del concurso de micropoemas de "El Cultural"

He llegado, por cuarta vez, a la final de "Cuenta 140", el concurso semanal de micropoemas de "El Cultural" (revista del diario El Mundo). El tema poético de esta semana ha sido el Mundial. Éste es mi poema finalista:

Entender la poesía
como entiende Xavi el fútbol:
ver espacios en vez de piernas. 

Me satisface la atinada lectura que Joaquín Pérez Azaústre (escritor y conductor de "Cuenta 140") ha hecho de mi texto: 

De todas las variantes que ha utilizado el autor para esta idea, esta es la que prefiero. Quizá porque concibo a Johan Cruyff [el otro protagonista de las variantes mías a las que se refiere Pérez Azaústre] como un jugador más de desborde en el regate y la velocidad, y sin embargo Xavi, desde el centro del campo, tiene que "ver espacios en lugar de piernas". Ese paralelismo con los espacios en blanco en la poesía, con su referencia remota a Mallarmé, es muy interesante, y está lograda con pocos elementos. 

Aprovecho para decir que el tercer verso de mi poema está inspirado, además de en Mallarmé, en el comienzo de una columna de Manuel Vicent (El País, 31/05/2009): 

Existen dos clases de futbolistas: los que en el campo sólo ven piernas y los que sólo ven espacios. En su tiempo, Guardiola fue un futbolista sintético, que ahorraba tres jugadas con un solo pase. Su balón cruzaba el césped entre cuatro jugadores contrarios y el espacio se contraía en un punto donde lo recibía el delantero al que iba destinado. Ese lance sólo lo consiguen los futbolistas que tienen el swing de la geometría en los pies. Guardiola era uno de ellos y lo ejecutaba con el don de los deportistas superdotados, en los que la acción equivale al pensamiento. 

Pinchando aquí, puedes leer los veinte micropoemas finalistas (incluyendo el mío) de la actual edición del concurso. El próximo lunes conoceremos el poema ganador. 





Xavi Hernández heredó la clarividencia de Pep Guardiola. 

lunes, 17 de diciembre de 2012

Cruyff: un mago del balón

Ayer, en El País Semanal, Jesús Ruiz Mantilla publicó un interesante reportaje sobre ese mago del balón llamado Johan Cruyff. Destaco las siguientes líneas del texto: 
"Llegó como entrenador a un club con mentalidad perdedora. Y lo transformó. ¿Cómo? Diseñando un equipo distinto en base a una filosofía tan audaz como literalmente fantástica. 'Un equipo es un equilibrio entre las virtudes y los defectos de quienes lo componen'. Con esa pócima de brujo avispado encaró su concepción. 'En aquellos años se quejaban de que hacía tiempo que no ganábamos una Liga. Elegí a cuatro o cinco vascos, de esos que se entregan a luchar sin miedo, entre ellos metí a Txiki Beguiristain, el más listo. Luego añadí un danés, Michael Laudrup. Los daneses son el pueblo que más rápido aprende idiomas del mundo; además, este vestía bien, era elegante, un señor. Al lado le pusimos a Stoichkov, más atrevido, más descarado…'. Un poco de esto, un tanto de aquello: la firmeza de Koeman atrás, la fantasía que aportaba Romario, la presencia de la cantera con Guardiola como cerebro. Un equipo ejemplar."
Pinchando aquí, puedes leer el reportaje completo, titulado "El cuaderno de Cruyff". 

Cruyff, en su primera temporada como jugador del Barça (1973-74).


Así jugaba el "Dream Team", es decir, el Barça entrenado por Cruyff en los primeros 90. 

domingo, 24 de junio de 2012

El fútbol

Que no nos adormezcan con cantos de sirena: ningún triunfo deportivo traerá consigo la salvación de un país regido por incompetentes políticos que arrinconan la educación y la cultura. Valoremos el fútbol como lo que es: un deporte. Sólo eso. Dicho lo cual, nos alegramos de la hazaña de Iniesta (¡qué clase, qué delicadeza!) y compañía.

sábado, 9 de junio de 2012

El náufrago Rajoy finge normalidad

Con la que está cayendo, Rajoy no ha dado la cara, pero mañana reaparecerá para animar a la selección. Sí, reaparecerá mañana, cuando el ciudadano, evadido, temple su ira... ¡La España "de charanga y pandereta", que decía don Antonio Machado!

viernes, 25 de mayo de 2012

El Barça vence y convence

El Barça vence y convence. Hoy el sello de la casa —esa vibrante filosofía cruyffista que Guardiola interpreta como nadie— se ha dejado ver. Demos las gracias a Johan y a Pep por haber hecho del fútbol un rito poético, un sueño en donde los atletas parecen sorprendentes personajes "de dibujos animados", parafraseando a Valdano. Muchos expertos coinciden en señalar que sólo tres equipos han reinventado el fútbol: El Madrid de Di Stéfano, el Ajax de los 70 (con Cruyff como estrella) y el Barça de Guardiola. Creo que no les falta razón.

domingo, 29 de enero de 2012

La falta de ejemplaridad de Mourinho

Escribe John Carlin sobre Mourinho (El País, 28/01/2011): "Puede que vuelva a consagrarse como un ganador sin parangón. Pero la pregunta que se deben de estar haciendo algunos madridistas es si los trofeos —e incluso la posibilidad de sumar victorias contra el Barcelona— tienen más valor que la imagen que proyecta al mundo y el ejemplo que da a los niños un club que tiene como bandera y buque insignia a un personaje como José Mourinho. Por más que quiera a su perro". Según Carlin, la inmadurez de un adolescente y la intolerancia de un dictador militar sacuden la personalidad del entrenador del Real Madrid. "Su cara pública es la de un personaje permanentemente iracundo y resentido que ve enemigos por todos lados".

domingo, 22 de enero de 2012

De dibujos animados

A Messi le sientan estupendamente aquellas palabras que Valdano dedicó, en mi infancia, a Romario: "Es un jugador de dibujos animados".



viernes, 16 de diciembre de 2011

Guardiola y Cruyff

Pep Guardiola —que ejerció de recogepelotas en el Camp Nou y luego se labró una brillantísima carrera como futbolista de equipo— declaró hace poco más de una década que si un día llegaba a entrenar al club de sus amores, aplicaría (y es lo que está haciendo, con retoques adecuados) el modelo que en los 90 implantó el genial Cruyff, al que se le recuerda, aparte de los títulos, “por su estilo, por el toque, con el sello tan especial”. El poeta Luis Cernuda dejó escritos unos versos que me recuerdan mucho a mi querida madre y que a Pep (un hombre culto, elegante y sensible) también le irían estupendamente:

“Creo en mí mismo,
porque yo algún día seré todas las cosas que amo.”

viernes, 29 de abril de 2011

Una definición honesta

Manuel Mañero, un apreciado colega, escribe sobre mí en su Twitter:
"Héctor es sencillamente incomparable. Cuando bebía, en vez de babear sobre borrachas, recitaba versos y hablaba de futbolistas de los 90."

Muy pocas veces me han definido de un modo tan honesto. Sin ambages.

Desde esta humilde tribuna, le agradezco al periodista Mañero (que ha hablado varias veces de mi ópera prima, Camas de hierba) todo su apoyo. Y le recuerdo –él sabe por qué– aquellas atinadas palabras que escribiera Manuel Vicent sobre Pep Guardiola:
"Existen dos clases de futbolistas: los que en el campo sólo ven piernas y los que sólo ven espacios. En su tiempo, Guardiola fue un futbolista sintético, que ahorraba tres jugadas con un solo pase."

miércoles, 3 de febrero de 2010

De la cornamenta a las ideas

El escritor y periodista gallego Manuel Rivas escribió, en la contraportada de El País, unas atinadas líneas que condensan todo el legado que el maestro Cruyff dejó en los banquillos patrios: “La gran revolución futbolística que llevó a España al triunfo en la Eurocopa consistió en la sustitución de la furia por el talento. El centro de gravedad pasó de la cornamenta a las ideas. Y las ideas llegaron a los pies. Se pasaba el balón con estilo, colgado de un hilo”.

Enrique Ortego (periodista de Marca y colaborador de la Ser) corroboró tal aserto el pasado 22 de enero en su ponencia del XXV Curso de Deporte y Comunicación: “Cuando se mira a los ojos al rival, hay muchas posibilidades de ganar, como ahora. Antes, al ponernos la elástica, nos empequeñecíamos (todo lo contrario a lo que hacían Brasil o Italia). El seleccionador Vicente del Bosque ha mantenido todo lo bueno que se hizo en la etapa de Luis Aragonés; además, ha incluido pequeños detalles: y el equipo ha salido reforzado”.

En su ponencia del mentado Curso, el propio Del Bosque, a quien el moderador Ramón Cobo (ex futbolista del Real Madrid, curtido periodista y profesor de Información Deportiva en la mentada Facultad) definió como “un ganador”, auguró un gran éxito al próximo Mundial de Sudáfrica, destacando la “gran organización” y el “entusiasmo” de la pasada Copa de Confederaciones. Asimismo, el seleccionador nacional solicitó solidaridad y proximidad de cara a la organización del Mundial de Sudáfrica, un joven país a años luz –en lo que a materia económica se refiere– de los estados europeos.

Otro ponente, el archiconocido J. J. Santos (periodista deportivo de Telecinco), puso el contrapunto al optimista discurso de Del Bosque: “En la pasada Copa Confederaciones, hubo una serie de limitaciones (hoteleras, deportivas…) inéditas hasta entonces en el anfitrión de un Mundial. La gente europea –retraída por la policía– no se desplazará masivamente hacia Sudáfrica por culpa de la inseguridad y de la distancia”. No obstante, Santos aseguró confiar plenamente en la selección y en su seleccionador.

A medio camino entre las reflexiones de Del Bosque y de J. J. Santos, intervino Alfredo Relaño (director de AS), vaticinando que Sudáfrica, pese al escaso público que albergará, va a dejar un lazo de proximidad (“África pensará que no somos tan malos”) entre los dos continentes. Acerca de los posibles incidentes que mencionaba Santos, trajo a colación un optimista Relaño el Mundial de España 82: “A pesar de que teníamos la lacra de ETA, no sucedió nada”.

En su ponencia, Ángel Rodríguez (director de “Al primer toque”, el programa deportivo de Onda Cero) hizo un exhaustivo arqueo de los últimos tres mundiales, recordando que en Francia 98 el entonces seleccionador tenía conflictos continuos con los periodistas: “Javier Clemente creía que el aislamiento mediático quitaba presión a sus futbolistas, lo cual es un error”.

Tras haber alabado la tarea de José Antonio Camacho, que en Corea y Japón 02 “mostró a los medios de comunicación la convivencia de los futbolistas”, Rodríguez fue menos condescendiente con Aragonés (seleccionador de España en el Mundial de Alemania 06), quien “intentaba enfrentar a los medios con los futbolistas, de quienes rajaba en conversaciones privadas (luego trascenderían a la luz) con los periodistas”. No obstante, Rodríguez reconoció que, en la Eurocopa 08, Aragonés aprendió de los errores cometidos en el Mundial de Alemania. Lo ideal, según el periodista de Onda Cero, quien puso como ejemplo a Del Bosque, es que ningún seleccionador pierda la naturalidad a la hora de comunicarse con los medios.

En las revoluciones futbolísticas, el centro de la gravedad pasa –ya se dijo– de la cornamenta a las ideas.

Por HÉCTOR ACEBO (La Huella Digital, 01/02/2010)

domingo, 26 de julio de 2009

¿Reivindicar lo evidente?


Sí, ya sé que la temporada 2008-09 ha tocado a su fin. Pero da la impresión de que los fichajes multimillonarios de los ahora madridistas Cristiano Ronaldo, Benzema y Kaká son equiparables al éxito cosechado en el terreno de juego hace apenas dos meses por el equipo de ese fascinante tipo que ve espacios en vez de piernas (qué razón tiene el colorido prosista Manuel Vicent), Pep Guardiola. Y no me refiero exclusivamente a los más de 75000 aficionados que llenaron recientemente el Bernabéu (eso es hasta cierto punto comprensible, en tiempos de sequía) para recibir al gran fichaje blanco: sin levantarme de la cama reproduzco, adecentando un poco la puntuación, el nick del Messenger de un contacto conocido: “Nosotros ya tenemos nuestro triplete: Cristiano, Kaká y Benzema. ¡Gracias, tío Florito!”. Vamos, que para algunos todo (incluso la pasión o el sentimiento) se consigue con dinero…

También sé que hoy esa temible dictadura de la imagen –que camuflamos bajo el selecto extranjerismo marketing– lo hace todo. Que si Cristiano Ronaldo (envanecido, apuesto, alhajado, presuntuoso…) gustaba a unas cuantas, ahora –que lo vemos marcando sus atributos en los telediarios, y esto sólo es el prefacio– será el sueño platónico de las otras. Como escribí en verso hace uno mucho, “(…) cuando crecimos, comprobé (para mi daño) / que a la mayoría, más que ver lo que les gustaba, / les gustaba lo que veían, fuese lo que fuese.” ¡Amiguitas fastuosas e ignaras!

Vivimos en una sociedad desmemoriada (¿alguna de las de antes se acuerda, por no salirnos del campo, del exquisito Julen Guerrero, antaño laureado cual atleta griego?), ya lo sé. No está de más recordar que la mayoría de futboleros que conozco, merengues o no, hace apenas dos meses loaban la inteligencia de Guardiola, el juego en equipo, el toque, el formidable trabajo de la cantera (¡siete jugadores habituales en el once titular del Barça se criaron en La Masia!), y, por extensión, la combinación entre el talento, la humildad y el esfuerzo. ¿No llegaron algunos empresarios a afirmar que los triunfos de los chicos de Pep deberían extrapolarse a cualquier ámbito colectivo de la sociedad con afán de progresar? Será que los maravillosos Xavi, Iniesta y Messi (ahora tan injustamente eclipsados) no son muy glamurosos: más bien bajitos, educados, comprometidos, nunca nos sorprenden con peinados estrafalarios ni declaraciones pretenciosas… Clases medias, en fin, que, a base de sacrificio y aptitud, están consiguiendo (sin extranjerizar el nombre) en su terreno todo lo que se proponen.


Guardiola –que ejerció de recogepelotas en el Camp Nou y luego se labró una de las carreras más brillantes como futbolista de equipo en los últimos tiempos– declaró hace una década que, si un día llegaba a entrenar al club de sus amores, aplicaría (y es lo que está haciendo, con retoques adecuados: digamos, mejor, reinventaría) el modelo que en los 90 implantó el genial Cruyff, al que se le recuerda, aparte de los títulos, “por su estilo, por el toque, con el sello tan especial”. El poeta Luis Cernuda dejó escritos unos versos que me recuerdan mucho a mi querida madre y que a Pep (un hombre culto, elegante y sensible) también le irían estupendamente: “Creo en mí mismo, / porque yo algún día seré todas las cosas que amo.” Doy desde aquí las gracias a todos ellos por preservar un estilo, un sello tan especial e intransferible, una mirada que me alumbra y me calienta en estos días cual hoguera del Oeste. Unos días en que vuelve a ser necesario (todo cambia para volver a ser lo mismo… o peor) reivindicar lo evidente, no lo hipotético, utópico o metafórico. Así están las cosas, chico…

Por HÉCTOR ACEBO (La Huella Digital, 26/07/09)

lunes, 4 de mayo de 2009

¡Todo un equipo!

El Barça de Guardiola –o el impresionante remake del Dream Team– es, hoy por hoy, el conjunto que más valores éticos y estéticos encarna (sin perder de vista la victoria) de Europa.


Practican un monólogo futbolístico de tanta altura que, a veces, se olvidan de disparar a puerta. Viven para el toque. Se permiten el lujo de ralentizar el regate, como si el equipo de enfrente disputase la Tercera División. No, perdón, eso suena a descalificación; recapitulemos: Son tan generosos que no se reservan ningún cartucho. Desean hacernos partícipes de su manera de trabajar (o, mejor, de divertirse trabajando) en equipo. Porque no podemos hablar por separado, para referirnos al Barça actual, de Iniesta, de Xavi, de Messi o de Eto’o (a pesar de todas y cada una de sus intervenciones o definiciones magistrales), sino de un estilo, de una manera de ver el fútbol.

Un entrenador en el césped
Por mucho que así lo atestigüe su trayectoria, el actual técnico culé no tiene ni un pelo de novel: cuando era un jugador profesional (y de esto no hace mucho) ya leía los partidos dentro del césped. Pep Guardiola era (y es), en efecto, la prolongación del más preciosista –y efectivo– de los maestros: Johan Cruyff. El entrenador más atractivo de la Liga gesticula ahora –fuera del terreno de juego– igual que entonces: arquea las cejas, se rasca la cabeza, levanta el brazo… y mide todos los espacios que aún no existen. Nunca poseyó una técnica exquisita este centrocampista organizador (en la Masía, Cruyff introdujo, personificándola primero en Milla y luego en Pep, esa posición eje con características diferentes al pivote defensivo y al mediapunta, a fin de garantizar una ordenada transición defensa-ataque), apenas llegaba a puerta, no era rápido con el balón en los pies, y, sin embargo, fue probablemente, durante no pocos años, el jugador más inteligente de Europa. Con el permiso de Redondo, nadie como él distribuía el esférico. ¡Y cómo corregía a sus compañeros sin perder de vista los futuros movimientos del rival!

¿Quieren que vaya al grano? Bien. El partido que enfrentó el pasado 2 de mayo al Real Madrid con el Barcelona (¡2-6!) fue un reflejo perfecto de la trayectoria de cada club en este curso que ya toca a su fin. Las individualidades a trompicones frente al trabajo en equipo con magias individuales. El oportunismo frente a la inteligencia. El empuje frente al enfoque… Ustedes, que presenciaron a un Gago eternamente desbordado, a un Messi convirtiendo en virtudes sus supuestos defectos (poca corpulencia), a uno de los mejores porteros del planeta (Casillas) desesperado, a un Xavi leyendo los pensamientos de su técnico –he aquí el remake de Guardiola y Cruyff–, a un Henry tan determinante como en los tiempos del Arsenal, saben de lo que hablo…

Un fútbol ideológico
Ya ven, pese a que no soy el fanático futbolero de mi infancia o adolescencia (cada vez soporto menos partidos completos), me siento orgulloso de seguir al conjunto que más valores éticos y estéticos encarna, sin perder de vista la victoria, de Europa. Cuando tenía unos cinco años (por aquel entonces ya empezaba a hacer mis pinitos periodísticos recomponiendo las características y la trayectoria de mis jugadores más admirados: Baggio, Stoichkov, Overmars…), recuerdo que le dije a mi padre: “¡Voy a ser del Barcelona!”. Y él (que siempre había seguido más a los equipos asturianos, especialmente al Real Oviedo), perplejo ante mi decisión, me dijo: “¡Estupendo!”. A partir de entonces él también se hizo –o se hizo más, si cabe– del Barça. ¡Aquel Dream Team me dejaba con la boca abierta! Laudrup (otro que se sabía de memoria el esquema) pasaba sin mirar la pelota a Romario: y éste se inventaba, con una calma envidiable, jugadas de dibujos animados, como hubiera dicho Valdano. Y si había rotaciones (que las había, y bastante más acusadas que en el Barça de hoy), apenas las notabas: la manera de encuadrar el fútbol se antepone a cualquier excentricidad individual.

“No podemos renunciar a lo que hemos sido”, apuntaba Guardiola en la víspera al exuberante partido. Y Metzelder, por su parte, espetaba: “El buen estilo de jugar al fútbol nos da igual”. Para que luego digan algunos que la ideología (que es un amplio sistema de conceptos y creencias: y, por ende, toda una manera de ver el mundo, no lo olviden) sólo se refleja en la política…

Por HÉCTOR ACEBO (La Huella Digital, 04/05/2009)


domingo, 18 de noviembre de 2007

¿Convivir?


Convivir durante unos minutos en un estadio de fútbol resulta ser algo así como palpar una miniatura de la sociedad. Los gritos que desgarran la garganta de los machos ("¡Oleguer, rojo de mierda, tú a las manifestaciones okupas!") demuestran la escasa cooperación que ofrecen a aquellos que, afortunadamente, no piensan como ellos. "Vale, soy facha, lo reconozco", afirmaba otro, asumiendo, orgulloso, su culpabilidad.
Por otro lado, están los aficionados que disfrutan viendo jugar a las estrellas, que te piden la hora para entablar conversación y que discrepan de los comentarios xenófobos que lanza el proyecto de cerebro que está detrás de nosotros. Qué razón tiene Benjamín Prado cuando nos recuerda aquellos versos de Valéry: "Sólo estoy seguro de haber comprendido una cosa cuando tengo la impresión de que hubiera podido inventarla". Yo tampoco puedo inventar ciertos insultos. Y eso que me pongo, no como ellos, en la carne del otro...

Claro que luego están la magia, la belleza y la precisión que desgranan Xavi Hernández, Cesc Fábregas y Andrés Iniesta. En el partido de clasificación para la Eurocopa que se disputó ayer en el Bernabéu (España 3 - Suecia 0), los alumnos aventajados de Guardiola volvieron a demostrar algo obvio que no parecen entender, como tantas otras cosas, los protagonistas del prefacio: cuando tres jugadores desbordan calidad a raudales, por muy parecidos que parezcan (valga la redundancia), pueden (y deben) jugar juntos. De la Peña tiene las puertas abiertas. Y Xavi debe tirar siempre las faltas (con permiso de Villa, que en los últimos metros no perdona) para demostrar que, a pesar de la sombra de Ronaldinho, sus parábolas destilan sabiduría.
Que aprendan de la selección algunos de sus aficionados.