
No proclaméis la libertad de volar, sino dad alas;
no la de pensar, sino dad pensamiento.

No proclaméis la libertad de volar, sino dad alas;
no la de pensar, sino dad pensamiento.



"El escritor reinventa unas significaciones que nos son comunes", dijo José
Batlló. Esto quiere decir que no creamos a partir de la nada, sino que, para
representar los sentimientos que desprende la humanidad, nos basamos en nuestra
historia: en la vida urbana y en la propia literatura (la representación más
pura de nuestra vida), lo cual exige que estemos constantemente reinterpretando,
reescribiendo unos códigos que son comunes. No debemos tener miedo a citar a los
grandes hacedores o a los mejores amigos: todo lo que hemos absorbido, como dijo
Félix Rebollo, nos pertenece. Sólo queda bucear e intentar encontrar lo oculto,
es decir, impregnarnos de palabras y más palabras, tratando, eso sí, de ser
nosotros mismos. Porque la poesía, como dijo Leopoldo María Panero parafraseando
a Ezra Pound, no tiene más fuente que la lectura y la imaginación del lector.
También estos días mi querida Conchi y yo hemos estado hablando de la poca importancia que se da a la palabra, a los sentimientos, a la esperanza... en esta sociedad tan proclive a las apariencias, al culto de la imagen. Conchi se hacía la siguiente pregunta: dónde quedan aquellos corazones que, emocionados, recitaban las palabras de José Hierro: "Abre tus ojos verdes, Marta, que quiero oír el mar"... Yo respondía a Conchi con el siguiente texto:Gracias por habernos recordado esos versos maravillosos, Conchi. Ojalá todos
recitásemos los sentimientos de Pepe Hierro, uno de los grandes hacedores de
palabras de nuestra lengua. Yo os copiaré uno de mis -digo "mis", claro está,
porque ya lo he absorbido, forma parte de mi pensamiento- poemas favoritos del
mismo autor, "Una tarde cualquiera", incluido en Quinta del 42. En este poema
José Hierro deja clara la oposición yo-tú (como veremos, el poeta juega con su
"yo", esa identidad que, luego, cuando nos cuente o finja su experiencia se
diluirá, la haremos nuestra) para proporcionarnos una identidad, como
receptores, del mensaje comunicativo. Aquí veremos claramente la duplicidad
enunciativa, que debe ser el objetivo que trabajaremos, como hacedores, a lo
largo de nuestra vida:

Conclusión: "La poesía no es de quien la escribe, sino de quien la necesita", dice el cartero de Neruda en el libro de Skármeta. En efecto, la obra literaria ya nos pertenece después de haber interpretado el pensamiento que moldea el autor ("fingidor", en expresión de Pessoa). En el papel, su pluma representa los sentimientos que desprende la especie humana. No debemos tener miedo a opinar, a compartir sentimientos, a equivocarnos, a comprender la locura, a reír, a llorar, a soñar o a criticar: la literatura debe conducirnos a la disidencia porque cada lector sueña mundos distintos. Ya lo dijo Borges: "el arte debe ser como ese espejo / que nos revela nuestra propia cara".

Si el amor que me tenéis,
Dios mío, es como el que os tengo,
decidme: ¿en qué me detengo?
O Vos, ¿en qué os detenéis?
Sea mi gozo en el llanto,
sobresalto mi reposo,
mi sosiego
doloroso,
y mi bonanza el quebranto.
Entre borrascas mi amor,
y mi regalo en la herida,
esté en la
muerte mi vida,
y en
desprecios mi favor.
Mis tesoros en pobreza,
y mi triunfo en pelear,
mi descanso en
trabajar,
y mi contento en tristeza.
En la
oscuridad mi luz,
mi grandeza en puesto bajo.
De mi camino
el atajo
y mi gloria sea la cruz.
Mi honra el abatimiento,
y mi palma
padecer,
en las menguas mi
crecer,
y en menoscabo mi aumento.
En el hambre mi hartura,
mi esperanza en el temor,
mis regalos
en
pavor,
mis gustos en amargura.
En olvido mi memoria,
mi
alteza en humillación,
en bajeza mi
opinión,
en afrenta mi victoria.
Mi lauro esté en el desprecio,
en las penas mi afición,
mi
dignidad sea el rincón,
y la soledad mi aprecio.
En Cristo mi
confianza,
y de Él sólo mi asimiento,
en sus
cansancios mi aliento,
y en su imitación mi holganza.
Aquí estriba mi firmeza,
aquí mi
seguridad,
la prueba de mi verdad,
la muestra de mi firmeza.(SANTA TERESA)
Que el pensamiento de Teresa nos alumbre.


Buscas en Roma a Roma, ¡oh peregrino!,
y en Roma misma a Roma no la hallas:
cadáver son las que ostentó murallas,
y tumba de sí propio el Aventino.
Yace, donde reinaba el Palatino;
y limadas del tiempo las medallas,
más se muestran destrozo a las batallas
de las edades, que blasón latino.
Sólo el Tíber quedó, cuya corriente,
si ciudad la regó, ya sepultura
la llora con funesto son doliente.
¡Oh Roma!, en tu grandeza, en tu hermosura
huyó lo que era firme, y solamente
lo fugitivo permanece y dura.
(FRANCISCO DE QUEVEDO)
El profesor F. Rebollo, a través de una cita de Guillermo de Torre, nos recuerda dos versos de uno de los sonetos más logrados de Quevedo: “huyó lo que era firme, y solamente / lo fugitivo permanece y dura.” Esto quiere decir que gracias a la existencia de las revistas literarias, conocemos las diversas generaciones –de hecho, la mayor parte comienzan a gestarse en las páginas deestas revistas–, y, por ende, el conocimiento de la época permanece bautizado, sin temor a que las ráfagas del poder apaguen la llama de la voz y la palabra. (“Los libros arden mal”, escribió Manuel Rivas). Teniendo en cuenta que la mayoría de textos, aunque sean actuales, remiten a otros, si leemos las revistas literarias, estaremos a disposición de imitar a los maestros: así pues, la generación de los Novísimos –encabezada por P. Gimferrer–nos obliga a conocer, por exigencias del guión, a Ezra Pound, a T. S. Eliot, a Charles Baudelaire o a S. Mallarmé. No creo que sea preciso poner más ejemplos… Rafael Osuna lo expresó mejor: “la historia de nuestras revistases la historia de nuestra sociedad”. La revista literaria ha sido, es y será un tratamiento inmediato del
pensamiento –ya no sólo literario, hablamos de todas las esferas culturales– que
impere en un determinado momento: esto es algo actual, por eso hablamos
de “fugacidad”. Para que lo fugitivo permanezca, y se cumplan así los versos quevedescos, necesitaremos esa respuesta inmediata por parte de las revistas. De esta manera, tendremos a nuestra disposición –cuando digo “nuestra”, incluyo, claro está, a todas las generaciones venideras– una guía precisa que nos sirva para desglosar las ideas más importantes del momento. Demos gracias, en expresión de César Vallejo, a los “hacedores de palabras”: mientras existan las revistas literarias*
no morirá el pensamiento.
_______
* Incluyo aquí, aunque se trate de suplementos de diarios, a Babelia ya ABCD Las letras, por su
rigor informativo-.
HÉCTOR ACEBO BELLO
«Para los violentos, para los fascistas, para los cortos de ideas, para los largos de lengua, para los de bigote, para los de las guerras, para los de las torturas en Guantánamo, para los que no encontraron las armas de destrucción masiva, para los que no sabían ni que existían, para los que nos mintieron entonces, para los que nos mienten ahora [...]
»Para los amigos del ex presidente del Gobierno, para los amigos del ex ministro del Interior, para los amigos de Bush, para los que si pierden unas elecciones se enfadan, para los que se enfadan aunque no pierdan las elecciones, para los que bendicen los bombardeos, para los que ladran cuando hablan, para los que hablan cuando rebuznan [...]
»Para los que se tambalean cuando no están en el poder, para los que necesitan estar en el poder para no tambalearse, para todos los que justifican todo con el terrorismo, para todos los que ahora todo lo justifica el terrorismo, para los que me insultan, para los que me injurian, para los que me calumnian, para los que amenazan, para todos ellos, y en mi nombre, mi desprecio más despreciable».
EL PAÍS, 10 de marzo de 2007.