Bitácora de Héctor Acebo, poeta, periodista cultural y doctor en Periodismo

Bitácora de Héctor Acebo, poeta, periodista cultural y doctor en Periodismo.
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martes, 13 de septiembre de 2022

JAVIER MARÍAS, EL NOVELISTA PENSADOR

El teatro de Shakespeare; la prosa de Faulkner; la traducción, que practicó con esmero; la poesía de Eliot; el fútbol, que definía como «la recuperación semanal de la infancia»… Todas las pasiones de Javier Marías —fallecido el pasado domingo a los 70 años— atraviesan su portentosa escritura. Pero acaso sean la filosofía y el cine los ingredientes que dejan un sabor más intenso en sus libros. Lógico: su padre era el filósofo Julián Marías, discípulo de Ortega y Gasset; y su tío materno, el cineasta Jesús Franco. Además, su hermano mayor, Miguel Marías, es crítico de cine; y su primo Ricardo Franco dirigió ‘Pascual Duarte’ (1976) o ‘La buena estrella’ (1997).


Vayamos por partes. Sería justo definir a Javier Marías, que aprendió tanto de su amigo Juan Benet, como «el novelista pensador» de las últimas cuatro décadas. La mayor parte de sus protagonistas necesita encajar las piezas del puzle de su pasado. Eso les lleva a afrontar diversos dilemas morales: la verdad y la mentira, la fidelidad y la traición, el secreto y lo que se saca a la luz… Los personajes reflejan esas dudas a través de abundantes pero fragmentadas digresiones. Narran y reflexionan a un tiempo.

Por otro lado, el cine negro de los años 40 (Fritz Lang, Otto Preminger…) deja su marca en los potentes arranques de las novelas de Marías. Es ahí cuando las palabras y la puesta en escena —lo que equivale a la mirada del cineasta— crecen de consuno. Así comienza ‘Corazón tan blanco’ (1992): «No he querido saber, pero he sabido que una de las niñas, cuando ya no era niña y no hacía mucho que había regresado de su viaje de bodas, entró en el cuarto de baño, se puso frente al espejo, se abrió la blusa, se quitó el sostén y se buscó el corazón con la punta de la pistola...». 

Hubo una época (no tan lejana) en que las series televisivas juveniles incluían referencias a literatos de fuste. Digo esto porque yo descubrí a Marías en una de las últimas temporadas de ‘Compañeros’ (Antena 3). Si mal no recuerdo, dos de los personajes leían, a través del recurso de la voz en off, unos fragmentos de ‘Corazón tan blanco’. A mis 13 años, quedé prendado del ‘estilo Marías’: esas oraciones que, siendo largas y ricas en matices, resultan de una fluidez asombrosa…

El literato madrileño era alérgico a las florituras; jamás buscaba el halago del lector, pese a poseer una cultura tan fecunda. En su obra, sientes el nervio e, incluso, el hueso. Palpas algo esencial que no lograrían disolver toneladas de ácido. En una entrevista, Marías confesó que, a veces, prefería tumbarse en el suelo a recostarse en el sofá, del mismo modo que escribía a máquina —no a ordenador— todos sus textos. Estas imágenes, propias de alguien que odiaba las convenciones, se adaptan perfectamente al tono de su prosa.

El columnista

Desde hace casi dos décadas, Marías era el columnista estrella de El País. En el periodismo, empleaba un estilo casi conversacional, sin que se resintiese la calidad de sus argumentaciones. Unas veces expresaba sutilmente ternura y melancolía, como en la semblanza ‘Mayor que Lolita’, que dedicó a su madre, la traductora y profesora Dolores Franco. Otras veces Marías lanzaba dardos contra los pusilánimes, los hipócritas o los políticos arribistas; una recopilación de sus columnas se titula significativamente ‘Cuando los tontos mandan’ (2018).

Nuestro protagonista también era muy crítico con el infantilismo y la consecuente irresponsabilidad social; por ejemplo, el año pasado, a propósito del paso de la borrasca ‘Filomena’ por Madrid, escribió estas líneas tan elocuentes: «…saltaba a la vista que había peligros, y fueron advertidos: pueden caer árboles enteros, cornisas, bloques de hielo, las aceras son pistas de patinaje (centenares de fracturas por hacer caso omiso). A demasiadas personas les dio igual: había que salir; no a verla, sino a fotografiarla para enviar las imágenes a las amistades o a las cretinas redes de las que tantos son esclavos (recuérdense los muertos por selfies al borde de un precipicio o corriendo ante un toro o en coche a 200 por hora)».

Era Marías contra el mundo. Y, por mucho que le llamasen «gruñón», ganaba Marías.

(Publicado en El Progreso de Lugo, 13/09/2022).

miércoles, 1 de marzo de 2017

Viaxando a Parmuide

Hai 30 anos Vidal Bolaño dirixiu, pra unha incipiente TVG, o primeiro telefilme en galego. Trátase de «Novo de Parmuide», adaptación da belísima prosa homónima (un perfil ficticio) que Cunqueiro incluíu no seu libro Xente de aquí e de acolá. 


«Novo de Parmuide» foi o capítulo piloto da serie Os outros feirantes, baseada en textos do mago mindoniense, e gravouse na súa cidade nativa —sobre todo na parroquia de Lindín—, Vilanova de Lourenzá e Vidán (Santiago). 

A historia trata sobre un labrego que curaba doenzas varias (catarros, dores de cabeza, calor do fígado, raquitismo infantil...) cunhas doses de carriola: ou sexa, con viaxiños polo aire. 

O lindo topónimo «Parmuide» é invención —seica— de Cunqueiro. Eu nunca dei con el na realidade, mais incluíno nun poema inédito... 

Pra ler o relato de Cunqueiro (son só dúas páxinas), pica aquí.

martes, 14 de febrero de 2017

Doctor en Periodismo

Desde ayer, soy doctor en Periodismo, por la Universidad Complutense de Madrid, con la calificación de "Sobresaliente".

Me acompañan en la foto -obra de José María Plaza- de esta entrada los miembros del tribunal académico, los doctores Ana Calvo, Eduardo de Bustos, Antonio Dueñas (presidente del Tribunal), Ángel L. Prieto de Paula y Pilar Vega (secretaria del Tribunal). 







He recibido muchos ánimos (por las vías física y virtual) estos días, los cuales me han hecho ilusión y me han dado fuerzas; os los agradezco enormemente.

Y, por supuesto, mil gracias, también, a los familiares, amigos y colegas que me acompañaron ayer presencialmente en un día tan especial para mí.

Antonio Ubach -mi tutor- merece una mención aparte por su gran compromiso a lo largo de más de tres años de andadura académica junto a él.

También mis padres (que estuvieron presentes en la defensa) merecen un párrafo aparte; como digo en mi tesis, "gracias a su confianza y paciencia he podido progresar en el estudio de la poesía, el ámbito referencial que más me apasiona".

Ahora sí, "Finis coronat opus". O sea, "El fin corona la obra" (que, en este caso, es Lametáfora en la poesía de Antonio Martínez Sarrión). 

sábado, 19 de marzo de 2016

Mi colaboración en un monográfico borgeano

Portada del número 26 de Evohé.
En el monográfico “Borges Caleidoscópico”, coordinado por la poetisa Cristina Fiaño en Evohé. Revista Cultural do Campus de Lugo (Universidade de Santiago de Compostela), colaboro con una dilatada entrevista al poeta y ensayista Claudio Rodríguez Fer. Hablamos sobre su libro Borges y todo y sobre diversos aspectos de la literatura del genio argentino, de la que el propio Rodríguez Fer —director de la Cátedra Valente (USC)— es experto. 

El monográfico, que acaba de ver la luz y que constituye el número 26 de Evohé, es una belleza por el contenido y la forma. Podéis descargarlo gratuitamente pinchando aquí. Mi entrevista —versión ampliada de una conversación aparecida originalmente en La Huella Digital (20/9/2013)— está en las páginas 14-25 de la publicación lucense. 

Aprovecho para decir que el crítico Armando Requeixo, en El Ideal Gallego y Diario de Ferrol (13/3/2016), escribió sobre el monográfico borgeano. Mi agradecimiento a Requeixo, que se refirió a un servidor en términos muy generosos. Para leer el artículo del autor mindoniense, pinchad aquí (página 5). 

El comienzo de mi entrevista borgeana con Rodríguez Fer, publicada en el último número de Evohé.

lunes, 26 de octubre de 2015

Madrid: la lividez


"Madrid es la ciudad de los atardeceres y del amanecer. Velázquez, Goya, que supieron verlo y pintarlo, han inmortalizado esas livideces magistrales. Madrid es, mejor que nada, lívido, y lo lívido es el aspecto más delicado y más tierno de la belleza" 
César González Ruano 

Servidor, en Madrid, acompañado por las letras de González Ruano.

viernes, 27 de junio de 2014

Camino de Madrid

En autobús, camino de Madrid. Mientras leo la esbelta prosa de Borges, la radio reproduce los vómitos de Rajoy (sí, como siempre, pero hoy el contraste es fortísimo). 

miércoles, 22 de agosto de 2012

Esther Prieto: "La literatura del Eo-Navia se ha hecho mayor de edad en los últimos 10 años"

"Hay bastante referentes de escritores en fala, pero al primero que habría que nombrar es a Manuel Galano"


Vegadeo, Héctor ACEBO

La poetisa Esther Prieto (Pamplona, 1960) se encarga, desde hace casi un lustro, de las tareas de dirección de la conocida editorial ovetense Trabe. Este verano Prieto ha visitado dos veces la comarca del Eo-Navia  para presentar, en San Tirso de Abres y en Vegadeo, Algunhas maos, el primer poemario de la maestra veigueña Belén Rico Prieto.

-Trabe se dedica esencialmente a la edición de libros en asturiano. Sin embargo, desde hace unos años, apuesta también por el gallego escrito en el Eo-Navia.
-Creo que sensibilidad hacia la fala, gallego-asturiano o gallego a secas, la hubo siempre… Pero antes no había originales. Ya en 2006 se editó “Unde letras falan”, una antología de la poesía en gallego-asturiano que recoge textos de 1891 a 2006 y que corrió a cargo de Xosé Miguel Suárez Fernandez, “Tapia”. Después ya nos empezaron a llegar autores jóvenes con sus manuscritos y comenzamos a sacar con cierta regularidad libros escritos en gallego.

-¿El nuevo rumbo editorial les ayuda a expandir sus libros por la comunidad gallega?
-Aún no hay nada en concreto, pero sí que estamos mirando la posibilidad de trabajar conjuntamente con algunas distribuidoras vecinas, para que los libros escritos en el Eo-Navia tengan entrada también en Galicia. Creemos que es lo normal, ya que los cambios gráficos o, incluso, léxicos que puede haber son tan pequeños que cualquier gallego los entiende. Además, el potencial público lector allí es mayor.

-Ha dicho que tienen pensado modificar las bases de sus concursos literarios, los cuales hasta ahora sólo están abiertos a quienes emplean el bable como vehículo expresivo.
-Sí, este año no pudo ser: ya está convocado el Montesín de Lliteratura Xuvenil. Pero de cara al próximo año, que toca el Narraciones Trabe, sí que pensamos en sumar el gallego al asturiano.

-¿Cuál es la salud de la literatura del Eo-Navia?
-Nos parece que en estos últimos ocho o diez años la literatura del Eo-Navia ha alcanzado la mayoría de edad: hay más autores y éstos tienen una calidad incuestionable, es decir, escriben, en la fala, literatura universal. Y eso es lo que importa; la lengua en la que se escriba es lo de menos.

-¿Quiénes cree que son los principales referentes literarios del extremo occidental asturiano?
-Hay bastantes, pero quizás por su trabajo prolongado durante tantos años y en tiempos difíciles, al primero que habría que nombrar es a Galano, padre literario y maestro de muchos escritores, que supo llevar la fala con dignidad a la literatura con mayúsculas, aunque posiblemente no entraba en sus cálculos alargar su sombra sobre nuevas generaciones. Está también “Tapia”, que siempre luchó por el reconocimiento del gallego-asturiano como una lengua más de Asturias. Después están aquellos escritores más nuevos (no necesariamente por edad, sino por sus inicios tardíos en la publicación): Aurora García Rivas, Marisa López Diz, María Xosé Fraga, Belén Rico Prieto, Miguel Rodríguez Monteavaro (éste sí que más nuevo por ser muy joven)…

-¿Qué recuerdos guarda de sus visitas a Vegadeo y a San Tirso?
-Hacía varios años que no venía por esta zona. Hace dos décadas anduve mucho por estas tierras, y, la verdad, el recuerdo que tengo de entonces y de ahora es de sentir envidia. Envidia por ver cómo conserváis vuestra lengua sin complejos, no como los que somos hablantes de asturiano, que aún estamos debatiéndonos entre la “modernidad y la madreña”.

-Aparte de su labor como editora, ha cultivado la narración, pero se le conoce principalmente como poetisa. ¿Es la lírica su principal vocación?
-Bueno, ahora mismo no sé muy bien cuál es mi vocación… Estoy volcada en la editorial y resulta difícil conjugar el trabajo en ella con la escritura. En cualquier caso, siempre me sentí más poeta que narradora.

-¿Prepara algún libro propio?
-Como digo, resulta difícil crear poemas o narrativa propia cuando te pasas el día escribiendo informes sobre otras obras, creando solapas para obras de otra gente… No, no preparo ningún libro; algún poema va cayendo, pero pocos. Tengo la cabeza llena de palabras, pero ninguna es mía. Además, yo siempre he sido de creación muy lenta.

(La Nueva España, 22/08/2012)

Mi entrevista con la poetisa y editora Esther Prieto

Hoy, en el diario La Nueva España (edición de Occidente), se ha publicado mi entrevista con Esther Prieto, poetisa y directora de la editorial ovetense Trabe. La entrevista aparece impresa, no en la edición digital del periódico.

martes, 12 de junio de 2012

Cuando escribo

Cuando escribo, me digo a mí mismo: No huyas de los tópicos: reasúmelos, renuévalos, adáptalos a las circunstancias... Intenta poner la hermosa tradición al servicio de la modernidad. Inténtalo al menos. Y recuerda siempre lo que dijo tu admirado cineasta Jean-Luc Godard: “Lo importante no es de dónde sacas las cosas, sino a dónde las llevas.”


La actriz Anna Karina, que fuera musa y esposa de Godard en los 60.

martes, 24 de abril de 2012

El placer del texto

"La lectura es conocimiento pero es, por encima, ese 'placer del texto' de que habló Roland Barthes, que nos hace de la prosa gustada hasta un placer lingual, físico. Leer nos hace más personas, nos acrece como individuos y es un gozo insustituible. ¿Se puede pedir más? Pero eso sí, hay que dar un paso al frente porque no es un placer para sestear en el sillón, sino para el arte, el conocimiento y la delicia... Que ustedes lo disfruten."
Luis Antonio de Villena (El Mundo, 24/04/2012)

lunes, 23 de abril de 2012

¡Feliz Día del Libro!

“Pienso en bisontes y ángeles, en el secreto de los pigmentos perdurables, en los sonetos proféticos, en el refugio del arte. Y ésta es la única inmortalidad que tú y yo podemos compartir, Lolita.” (Vladimir Nabokov)

¡Feliz Día del Libro!

martes, 28 de febrero de 2012

En la muerte de Cunqueiro

Hoy se cumplen 31 años del fallecimiento de don Álvaro Cunqueiro, el literato de la visión poliédrica y la sonrisa sardónica. Hace unos meses dediqué al maestro un artículo que pueden leer pinchando aquí. Decía uno en ese texto:
"Sólo alguien que se regodea en el lenguaje, que se vale del realismo como contrapunto para sostener la fantasía, que utiliza dos miradas en un mismo argumento, es capaz de narrar con tanta entonación hímnica, aun no estando presente en el momento de los hechos evocados. Así obraba Cunqueiro, el soñador que pasó toda la infancia 'a la escucha', el venerable mago que encontró una fórmula intermedia entre los diversos niveles lingüísticos, deleitándose tanto en los cultismos como en el rápido —pero a menudo gracioso— decir rural…".

martes, 1 de noviembre de 2011

La intimidad

"Ya no tienes intimidad. Mejor, tu intimidad es objetiva, es el trabajo (pruebas, cartas, capítulos, sesiones) que haces. Eso es pavoroso. Ya no tienes dudas, temores, estupores existenciales. Te vas desaguando. ¿Dónde están las angustias, los gritos, los amores de los 18-30 años? Todos tus materiales fueron acumulados entonces. ¿Y después? ¿Qué haremos?"
Cesare Pavese

miércoles, 12 de octubre de 2011

Una admirable demostración de verdad y de dignidad

He aquí una admirable demostración de dignidad y de verdad por parte de mi querido Martínez Sarrión. "Es lastimoso que hombres de tal valía intelectual y artística caigan en tamaños despropósitos", dice el autor de Teatro de operaciones acerca del maestro Valente, quien, enrabietado, insulta al propio Sarrión en un pequeño texto de su diario póstumo.

Puntualización de Martínez Sarrión

Por ANTONIO MARTÍNEZ SARRIÓN (El País, 04/10/2011)


Escribo a propósito de la crítica aparecida en Babelia el 1 de octubre pasado en que Benjamín Prado, con sagacidad, se ocupaba del excelente diario póstumo del poeta José Ángel Valente, recientemente publicado. Prado señala, con nombres propios, las discutibles fobias del escritor orensano en ese dietario y otros escritos en verso y prosa. Se deja fuera, precisamente, en el diario la referencia a un insulto directo, que me concierne. El pequeño texto dice así: "7 de diciembre de 1991. Retener el nombre de estas dos personas -Ramos Gascón y Martínez Sarrión- que no recuerdo haber conocido, como símbolo de la estupidez".

Mis relaciones epistolares y personales con Valente, escasas, fueron correctas, y en alguna ocasión no solo cordiales, sino confidenciales. Ocurrió que, finalizando 1991, debió caer en sus manos un libro colectivo, en dos volúmenes, España, hoy, el segundo dedicado a un sucinto chequeo de nuestra cultura, en aquellas fechas. Consentí en que, para el apartado de poesía, se utilizase como base un trabajo sobre el mismo asunto e igual extensión, que había salido, meses antes, en Una cultura portátil (editorial Temas de Hoy). El profesor Ramos Gascón, que firmaría conmigo el texto, incorporó algún nombre que yo había dejado fuera y suprimió otros. Entre ellos, la mención y un par de líneas -elogiosas- que yo dedicara a Valente. La rabieta vanidosa y pueril del eludido, sobre estar nombrado o no en un censo sin pretensión ni posibilidad de sentar doctrina, originó el infantil berrinche y la coz subsiguiente. Es lastimoso que hombres de tal valía intelectual y artística caigan en tamaños despropósitos.


Al literato Sarrión, de quien he aprendido tantas cosas, le dediqué –al igual que a mis padres– mi primer poemario, Camas de hierba. Él fue precisamente el encargado de presentar oficialmente, en Madrid, mi ópera prima.

jueves, 18 de agosto de 2011

En el 75 aniversario de la muerte de Lorca


Hace exactamente 75 años Federico García Lorca (el literato universal) murió ejecutado. Eran los albores de la Guerra Civil. Hoy huelga decir que la obra del granadino sigue viva, más viva que nunca. Su teatro es de una fuerza incomparable (¡qué sentido tenía Lorca de la muerte y de las fuerzas de la naturaleza!). Y su poesía –mezcla de diferentes niveles lingüísticos– puede definirse como la búsqueda de la palabra fulgorosa y exacta. El poema que sigue, "La casada infiel", está extraído de su Romancero gitano:

Y yo que me la llevé al río
creyendo que era mozuela,
pero tenía marido.

Fue la noche de Santiago
y casi por compromiso.
Se apagaron los faroles
y se encendieron los grillos.
En las últimas esquinas
toqué sus pechos dormidos,
y se me abrieron de pronto
como ramos de jacintos.
El almidón de su enagua
me sonaba en el oído
como una pieza de seda
rasgada por diez cuchillos.
Sin luz de plata en sus copas
los árboles han crecido
y un horizonte de perros
ladra muy lejos del río.

*

Pasadas las zarzamoras,
los juncos y los espinos,
bajo su mata de pelo
hice un hoyo sobre el limo.
Yo me quité la corbata.
Ella se quitó el vestido.
Yo, el cinturón con revólver.
Ella, sus cuatro corpiños.
Ni nardos ni caracolas
tienen el cutis tan fino,
ni los cristales con luna
relumbran con ese brillo.
Sus muslos se me escapaban
como peces sorprendidos,
la mitad llenos de lumbre,
la mitad llenos de frío.
Aquella noche corrí
el mejor de los caminos,
montado en potra de nácar
sin bridas y sin estribos.
No quiero decir, por hombre,
las cosas que ella me dijo.
La luz del entendimiento
me hace ser muy comedido.
Sucia de besos y arena,
yo me la llevé del río.
Con el aire se batían
las espadas de los lirios.

Me porté como quien soy.
Como un gitano legítimo.
Le regalé un costurero
grande de raso pajizo,
y no quise enamorarme
porque teniendo marido
me dijo que era mozuela
cuando la llevaba al río.


Setenta y cinco años después, la pregunta parece obligada: ¿Por qué ejecutó el bando franquista a Lorca? Por ser abiertamente homosexual y por su cercanía ideológica al Frente Popular. Sí, por ser "rojo" y "maricón", como dirían los propios asesinos. Así de claro. Rescato un artículo que Villena (un lorquiano declarado) publicó cuando yo era un niño:

¿Rojo y maricón?

Por LUIS ANTONIO DE VILLENA (El Mundo, 23/07/98)


Parece que Cela tiene mando en plaza en nuestro mundo cultural. Como no le gusta que los gays apoyen a Lorca -«que era gay», Vicente Aleixandre me dijo una vez, «lo sabían hasta las piedras»- la exposición del Reina Sofía presenta una vez más (haciendo caso a Cela, a una parte de la familia del poeta -tan puritana- y hasta a José María Aznar, que declaró que «la poesía carece de ideología») la imagen, archisabida -y verdadera, desde luego- del Lorca poeta mágico, amigo de sus amigos, tocado por el duende, gran dramaturgo pero también un poquito populista o folclórico...

La España de siempre: el muerto enterrado y pulido. Lavado (por la moral de sacristía) y vuelto mármol de Paros. Pero no sólo la exposición evita cualquier alusión a la homosexualidad de Lorca (que estuvo en su vida y está en sus libros), sino que, incluso, silencia su asesinato. Ya que la franquista partida de defunción sólo dice: «Muerto por heridas de guerra». ¿Se llama así a un fusilamiento? Ian Gibson para escribir su definitiva y reciente -no la anterior biografía- «Vida, pasión y muerte de Federico García Lorca» debió distanciarse de los familiares. Lo de rojo y maricón -que al parecer dijo Queipo de Llano y tantos iguales- aún les ofende. Pero Gibson escribe que, en Granada, tras el fusilamiento, se corría ya una cortina de silencio sobre el poeta e incluso era peligroso poseer sus libros. Lorca era un maldito. Bueno, señores, pues nada ha cambiado. Para poder hablar oficialmente de Lorca hay que vestirlo de primera comunión. Lo de rojo y maricón, ya saben, es cosa de degenerados. Y, como en algún libro de texto franquista, la «Canción del mariquita» se volverá a llamar «Canción de la mariquita», ilustrada -por si la duda- con el simpático insecto coleóptero, suborden de los trímeros. Ahí estamos. ¿Cultura del PP o cultura del Pa-pa?


¡Larga vida a don Federico García Lorca, uno de los más grandes literatos del siglo pasado!

sábado, 30 de julio de 2011

Cunqueiro en su Mondoñedo nativo

Tengo para mí que algunos lectores no valoran suficientemente el hecho de que don Álvaro Cunqueiro (el literato de la visión poliédrica y la sonrisa sardónica) naciese –hace casi un siglo– en Mondoñedo y no en otro concejo de la provincia de Lugo. En esta ciudad episcopal “rica en pan, en aguas y en latín” (parafraseando al propio autor) y situada al norte de la capital provincial, toma forma el natural sincretismo de elementos –la fantasía y la realidad, la vasta cultura humanista y la fluida narración oral, la Iglesia y las meigas…– que define toda la producción narrativa de Cunqueiro.

Vayamos por partes. En el hermoso valle de Mondoñedo, el autor de “Merlín e familia” (“Merlín y familia”, 1955) pasó toda su infancia “a la escucha”, como él mismo confesaría. No podía ser de otra forma. Me imagino al sensible niño Cunqueiro anotando –ensimismado– las mágicas recetas de sus vecinos curanderos: a saber, polvos de regaliz para secar la mordedura de una nutria, “siete palabras” para asentar la hiel y para quitar las verrugas, benéficos columpios que, en sus justas dosis de balanceo, curan las más misteriosas patologías, como el calor del hígado… Me imagino, en las tertulias de las anochecidas invernales, al talentoso infante admirando la facilidad con que los labriegos mindonienses cargaban sus recios labios de ironía. Me imagino, también, al joven poeta inventando o renovando, con regocijo, coloridos vocablos, pues el gallego –una lengua que, durante siglos, fue hablada y no escrita– admite muchas licencias (síncopas, apócopes, paragoges…), especialmente en el norte de la provincia lucense, ya cerca de Asturias, cuando el acento de los hablantes es más suave, más reposado…

Tantas noticias de muchedumbres prodigiosas sazonaron, desde luego, las novelas, los cuentos, los libros de viaje, los artículos, las semblanzas e, incluso, los poemas de este Cunqueiro. Claro que sería injusto obviar la inmensa cultura humanista y cristiana que, en comparanza con los restantes municipios de la provincia lucense, ha concentrado, desde tiempos inmemoriables, Mondoñedo, uno de los puntos por donde pasa el Camino de Santiago. De su importancia histórica cabe destacar que esta pequeña ciudad medieval llegó a ser la capital de una de las siete provincias en las que estuvo dividida Galicia (a la sazón el Reino de Galicia) durante la Edad Moderna. Mondoñedo –que es sede episcopal desde 1112– posee una hermosa catedral construida en el s. XIII, yuxtaposición de varios estilos (la puerta principal románica, el rosetón gótico de la fachada occidental, las imponentes torres barrocas…), hacia donde confluyen todas las calles de la villa. De escasa altura pero perfectas proporciones, este Monumento Nacional es conocido, en buena lógica, como “la catedral arrodillada”. También testimonian la riqueza artística e histórica de Mondoñedo el hospital de San Pablo, del s. XVIII; el santuario de Nuestra Señora de Os Remedios, cuyo aspecto actual es el resultado de una obra de la misma época; el pazo del regidor Luaces, de estilo gótico isabelino; o uno de los primeros seminarios erigidos en España, Santa Catalina, de finales del s. XVI, el edificio de mayor tamaño de la ciudad. ¡Cuánto poder llegó a concentrar, de la mano de la Iglesia, un centro eminentemente agropecuario como Mondoñedo! No en vano, estamos ante una de las primeras villas gallegas en las que se evidencia la presencia de la imprenta.



Habiendo nacido en esta ciudad episcopal, y casi resulta una tautología apuntarlo, los libros que leyó el joven Cunqueiro no cayeron en sus manos por un raro azar. Pienso, por ejemplo, en las didácticas pero sabrosas “Epístolas familiares” (1539-1542) de Antonio de Guevara, cronista de Carlos V y obispo de la diócesis de Mondoñedo, quien ejercería una influencia decisiva en el Cunqueiro que se decide a utilizar como vehículo literario, además del gallego, el idioma de Cervantes. “Una lengua es buena cuando sabe a pan, a pan fresco que se mete en la boca. Ese es el castellano de Guevara que yo aprendí”, llegó a decir Cunqueiro en una entrevista.

Una ciudad episcopal y, a la vez, rural explica –al menos en parte– el natural sincretismo de elementos culturales tan diversos en la obra cunqueiriana. Narrativamente, don Álvaro dosificó, de una manera siempre amena e ingeniosa, su conocimiento enciclopédico. “Yo no soy un erudito, por eso pido perdón si alguna vez me encuentran como tal; a mí lo que me gusta es contar llano y seguido, fantástico y sentimental a la vez; lo que pasa es que a veces está uno distraído”, escribió –con zumba melancólica– el autor gallego en uno de sus sápidos artículos publicados en Faro de Vigo. Esa capacidad para sortear la pedantería no deja de parecerle a uno milagrosa, máxime teniendo en cuenta que don Álvaro amaba las digresiones, dando, a veces, más relevancia a la lúdica anécdota que al motor de la trama. (¿Habrían leído Godard o Truffaut, los principales representantes de la “Nouvelle vague” –la revolucionaria y lírica corriente cinematográfica francesa de los 60–, a Cunqueiro?). Sólo alguien que se regodea en el lenguaje, que se vale del realismo como contrapunto para sostener la fantasía, que utiliza dos miradas en un mismo argumento, es capaz de narrar con tanta entonación hímnica, aun no estando presente en el momento de los hechos evocados. Así obraba Cunqueiro, el soñador que pasó toda la infancia “a la escucha”, el venerable mago que encontró una fórmula intermedia entre los diversos niveles lingüísticos, deleitándose tanto en los cultismos como en el rápido –pero a menudo gracioso– decir rural…

Evidentemente, de la depuración del lenguaje deriva la admirable capacidad cunqueiriana para trasmutar los iconos cotidianos en efigies totémicas. Ese léxico elegante, ajustado –como una banda de seda al talle de una hermosa doncella–, fresco, imaginativo, cadencioso…, reverbera especialmente en los retratos de los aldeanos gallegos. Son hipnóticos, pintorescos y complejos personajes (supersticiosos y escépticos, tan apegados a la tierra como soñadores, lentos de raciocinio pero, en cambio, muy vivaces cuando tienen que ponerse a la defensiva…) que Cunqueiro arrancó, en gran medida, de sus propias vivencias y de la fantástica tradición oral de su valle natal. Tras haber leído por vez primera estas deslumbrantes semblanzas –incluidas en “Escola de menciñeiros” (“Escuela de curanderos”, 1960), en “Xente de aquí e de acolá” (traducido al castellano como “La otra gente”, 1971) y en “Os outros feirantes” (“Los otros feriantes”, 1979)–, tras haber leído estas semblanzas, digo, uno reposó marinado en esplendentes nostalgias, en sueños de leyenda, en deseos de una sociedad menos lela y menos uniforme…

Del mismo modo, en la narrativa de don Álvaro, también es sorprendente la humanidad que exudan los personajes del mito: Orestes, Simbad o el citado Merlín no funcionan en claves de fatalidad: se integran en la melancolía y en los fervores de la cotidianidad. Así, Cunqueiro describe (o, mejor dicho, reinventa) de este modo tan naturalista al famoso mago:

Por don Merlín no pasaban años, y de esto se quejaba como de un maleficio, pero pocas veces, que el ser de él era aparentar muy franco y abierto, contento del mundo y hablador, y sonreía muy fácil; le ayudaban a ser franco los ojos claros, y aquella su frente levantada y señora, y hasta aquel gesto que tenía de acariciarla con la mano derecha cuando te hablaba. Era de pocas carnes, pero muy puesto en sus anchos y gentil, y muy andador.


Pese a la inevitable mirada crepuscular hacia el mito, no hay ningún atisbo de idealización literaria en el retrato; si los magos cunqueirianos usan anteojos, es porque tienen –al igual que los paupérrimos albéitares– la vista cansada.

Gracias a la naturalidad de su voz contagiosa, sólo este Cunqueiro puede hacernos creer, por ejemplo, que cierto mocete gallego, Felipe de Amancia, paje de don Merlín en la luguesa y fantástica tierra de Miranda, ayudó a entrar a una sirena griega en una tina perfumada –un improvisado lecho–, no sin antes haberle sacudido del ondulado cabello las últimas algas. Es la atinada utilización del mito literario como vivencia. Es la magia de las palabras. Es la prueba evidente de que quien se adentra en el arte no puede dejar de anhelar cambiar –tilde más, tilde menos– la tusígena realidad. Esa búsqueda de la tensión literaria, esa oposición (y posterior imbricación) entre lo cotidiano y lo imaginario, esa utilización de dos miradas en un mismo argumento, es apreciable en no pocas escenas de “Merlín y familia”. Como cuando el novísimo paje Felipe se asombra –a la manera del propio lector– ante la sensual epifanía de la hermosa sirena griega, quien llega a Miranda en busca de la sabiduría del mago:

(…) y yo no sabía para dónde mirar cuando se quitó la larga falda y la ceñida blusa, y apareció doña sirena tal y como vienen estos hermosos engaños en las historias. Además, que fue la primera mujer que yo vi desnuda, y aunque no quería, mis ojos se iban a aquellos pechos blancos y tan felices, a su alegre botoncito rosa y a las venillas azules que los surcaban. Teófilos ya debía de estar acostumbrado, pero para mí aquello era una fiesta entre alegre y temerosa.


¿Cómo no iba a nacer don Álvaro Cunqueiro (los ojos melancólicos, la sonrisa sardónica) en Mondoñedo, esa pequeña ciudad rica en pan, en aguas, en latín y en noticias de muchedumbres prodigiosas? Su prosa –a la vez moderna y tocada de medieval milenarismo– nos sigue librando de telarañas y damascos.

Héctor Acebo (La Huella Digital, 29/07/2011)

lunes, 25 de julio de 2011

Cunqueiro y los nombres insospechados



"Doña Niebla, doña Sol, doña Soprendida (que debía de ser muy hermosa, claro)...".

En este vídeo, don Álvaro Cunqueiro –el gran fabulador gallego– habla sobre las mujeres judías de "nombres insospechados". La perfección de la anécdota. La magia (y la cadencia) de las palabras.

miércoles, 6 de julio de 2011

Amancio Prada reivindica a Álvaro Cunqueiro y a Blas de Otero



En este documento audiovisual, el cantautor Amancio Prada habla sobre dos de mis grandes pasiones literarias: Álvaro Cunqueiro (no me canso de reivindicarlo: creo que no está lo suficientemente valorado) y Blas de Otero. Prada –que ha musicado muchos poemas– sabe que la lírica es el germen de la literatura, es el canto, es la palabra exacta, es el asombro, es la emoción, es la fulguración del instante, es el milagro...

Recientemente, en un programa cultural de La 2, Amancio Prada también aprovechó la ocasión para reivindicar la literatura del mago Cunqueiro: "No me canso de leerlo (y de releerlo), tanto cuando escribe en gallego como en castellano. Es una verdadera delicia, y en ambos idiomas afina mucho las palabras." Don Álvaro –añadiré yo– es un escritor total que nunca decae, que posee un universo propio, que se regodea en el lenguaje, que metamorfosea todo cuanto toca...

viernes, 22 de abril de 2011

Terra de Miranda


Miranda (la luguesa tierra que va del Miño al Eo), el escenario de muchas de mis creaciones y ensoñaciones.

viernes, 18 de febrero de 2011

Cómo hacer una película (o un poema, o un relato, o una novela)


"Si quieres hacer una película sobre tu novia, haz una película sobre tu novia, pero hazlo del todo: ve a museos y observa cómo pintaron los grandes maestros a las mujeres que amaban; lee libros y observa cómo hablan los autores sobre las mujeres que aman. Entonces, haz una película sobre tu novia. Puedes hacerlo todo en vídeo. ¿Cámaras Panavision, focos y dollies? Ya tendrás tiempo de sobra para preocuparte por eso después”.
Jean-Luc Godard