Bitácora de Héctor Acebo, poeta, periodista cultural y doctor en Periodismo

Bitácora de Héctor Acebo, poeta, periodista cultural y doctor en Periodismo.
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martes, 3 de mayo de 2016

As cancións dos meus soños

Os meus soños conteñen a miúdo secuencias musicais. Esta entrada recompila algunhas das cancións coas que soñei nos últimos tempos (obviamente, non as lembro todas). Cando as escoito, vexo con maior nitidez o contexto das escenas nas que apareceron; dese xeito, atopo material para futuras poesías e prosas. Xa o dicía Cunqueiro: "Na aspereza da vida cotiá soñar é necesario, e perder o tesouro dos ensoños é perder o meirande dos tesouros do mundo". 

Composición de Sam Cooke.


Composición de Del Shannon.

Composición de Curtis Mayfield.

Composición de Solomon Burke, Burt Berns e Jerry Wexler.

Composición de Del Shannon.

Composición de Van Morrison.

Composición de Curtis Mayfield.

Composición de Pablo Milanés.

Composición de Michael Curtis e Richard Curtis.

Composición de Rodrigo García.

Composición de José María Granados.

Composición de Van Morrison.

Composición de Curtis Mayfield.

Composición de Stevie Nicks.

Composición de Andy McCluskey e Paul Humphreys.


Composición de Cooper, Spencer e Zolas.


Composición de Rodrigo García.

O poeta estadounidense e.e. cummings escribiu: "Dos soños as miñas cancións". Eu podería dicir: "Das cancións, os meus soños".

Para escoitar en Spotify todos os temas desta entrada, pica aquí.

martes, 28 de enero de 2014

Un sueño de cine


Bajo los techos de París. Anoche me soñé dentro de este hermoso filme de René Clair. En el sueño, mi mirada trataba de imitar el prodigioso travelling inicial de la película: aquél que se acerca, desde los tejados parisinos, a Pola Illéry.

domingo, 26 de febrero de 2012

Un sueño musical

En uno de mis últimos sueños, cierta muchacha interpretó, con un ukelele, "Blue Letter", la desenfadada canción de Lindsey Buckingham (Fleetwood Mac). Sin aliento, desperté, y, en el intento de recrear aquellos tres minutos luminosos, apoyé la mejilla contra la almohada. No fue una mañana perdida: fue una tentativa de salvación, una manera de trascender los límites impuestos por el espacio y el tiempo, nuestra gran maldición.


La versión original de "Blue Letter", de Fleetwood Mac.


Una versión casera, con ukelele, de "Blue Letter".

domingo, 1 de enero de 2012

Feliz 2012

Ojalá 2012 venga cargado de salud y de sueños, que son necesarios para soportar esta realidad tan tusígena. ¡Feliz año!

sábado, 2 de octubre de 2010

La abuela Remedios


Mi bisabuela Remedios de Rochiña, fallecida hace casi siete años en el concejo vecino de Vegadeo, se cuela últimamente en mis sueños (y en los de mi madre). Muy saludadora, de mirada limpia, cabello centelleante y piel ligeramente dorada, era la abuela Remedios –como le decíamos la mayoría de familiares– toda una señora. Sí, una señora, esa es la palabra adecuada. Pues, aunque no tenía estudios y había nacido en una humilde casa de labriegos –en Pacios, parroquia de Sante (Trabada)–, destacaba por su educación, por su elegancia innata y por su verbo fluido, pudiendo charlar de un modo natural con las gentes más cultas y estudiadas. Incluso, se dio el caso, con políticos regionales.

Es recordada, entre los familiares de mi San Tirso natal, la réplica que dio la abuela Remedios a un doctor del Principado de Andorra (donde viven, todavía hoy, dos de sus cinco hijos). En su consulta, el médico, asombrado por la estupenda salud física y mental de la octogenaria señora, quiso advertir a ésta de los males de la senectud:

–De todas formas, vaya con cuidado, que tampoco tiene edad para hacer ciertas cosas…

Y mi bisabuela rápidamente, con mucha propiedad, sentenció la conversación:

–Doctor, usted también llegará, quiera Dios, a mis años. Y se dará cuenta de cómo funciona el cuerpo: no va a hacer falta que nadie, ni siquiera ninguno de sus compañeros de profesión, se lo recuerde.

El médico, sonrojado, esbozó una sonrisa forzada y se quedó sin saber qué decir ante la lúcida contestación de la abuela Remedios, quien modulaba la voz en los momentos de euforia o dolor, enfatizando las frases más significativas y guardando los silencios. En sus sosegadas caminatas santirseñas, nunca necesitó levantar el bastón o pararse en seco, que yo recuerde, para dramatizar una conversación: siempre resultaba cadenciosa. ¿Dónde aprendió esta señora a declamar de un modo tan efectivo y elegante? Nunca lo he sabido: ella –repito– no pudo estudiar una carrera, y su hogar no era precisamente una mansión, estando en la mocedad a punto de fallecer a causa del tifus, según me contó en más de una ocasión. ¡Pero ya podían seguir su ejemplo muchos locutores televisivos, licenciados y con maestrías, de voz campanuda y atropellada dicción, que confunden el énfasis con el exceso, el ritmo con la retahíla, la sentencia con el panfleto…!

Porque conocía bien a mi bisabuela, pude (re)crearla en un fastuoso sueño. La abuela Remedios, a sus 80 años, convertida en una tardía pero carismática actriz de teatro, regresaba a su hogar de Robaín (San Tirso), una vez concluida la gira de su tercera obra.

–Vénche cargada coma unha abella, meu fillo: ben sei que ven pra quedarse! (¡Viene cargada como una abeja, hijo mío: seguro que viene para quedarse!) –me decía la reidora abuela Aida, es decir, su hija.

Y lo cierto es que la señora Remedios traía varias maletas repletas de vestimentas (en la realidad, era muy coqueta) y de libros (Lorca, Machado, Valle-Inclán, Cunqueiro…). Tanto es así que mi abuela Aida contó con la ayuda de la prima Edelmira (de O Castro de Abaixo, el pueblo más cercano al caserío de Robaín) para subir el equipaje al desván.

Sé que a la abuela Remedios le hubiera gustado saber de aquel sueño, donde todo concordaba. Su espíritu aventurero. El don de gentes. Su camisón blanco impoluto. Su profundo sentido –absolutamente lorquiano– de la muerte, de las fuerzas de la vida y de la naturaleza. El intenso suspiro a altas horas de la madrugada, anunciando el fin de un sueño. Su admirable poder de síntesis y su facultad natural para captar una gran suma de anécdotas, noticias, canciones, historias con resonancias mitológicas y poéticas… La naturalidad de quien desconoce sus dones. ¡Todo concordaba en aquel sueño! Incluso su voz casi grave, que creaba silencios a su alrededor, al decir:

–Que un hijo vea morir al padre es ley de vida: hay que aceptarlo. Pero un padre jamás debería ver morir a su hijo.

Ya que no pudo representar ninguna obra teatral en vida, a la abuela Remedios habría que recordarla, en fin, de ese modo: siendo la protagonista de un maravilloso sueño cuyos diálogos eran –como toda la trama– verdaderos, pues estaban previamente interiorizados por este soñador. Su vida, como la de tantas otras personas que sufrieron gran parte de los horrores del siglo pasado (ella nació en 1911), estaba incompleta y desordenada. Algo de esto queda plasmado en un poema escrito por ella misma, que concluye de esta forma:

Se a min me quitaran anos
ou eu volvera a nacer,
xúroche polo meu nome
que a Galicia había volver.


(Si a mí me quitaran años
o yo volviera a nacer,
te juro por mi nombre
que a Galicia iba a volver.)


La vida de Remedios –decía– estaba desordenada e incompleta. Y mi magín, en el sueño, se limitó a ordenar el riquísimo legado de la señora, salpicando las conversaciones de gracejos, puliendo incluso el humor –a veces demasiado recalcitrante– de sus paisanos gallegos. Como ella misma hacía al renovar (a la manera de un literato moderno) la tradición oral de un pueblo, reasumiendo –sin esfuerzo aparente– muchos tópicos, trayéndolos de nuevo, combinándolos, adaptándolos a las circunstancias de la charla, con lo que, sin perder su añejo sabor, los refranes, las moralejas, los romances…, se volvían nuevos al oído.

¡Que la literatura escrita esté a la altura: y certifique, ahora, la verdad del expresivo gesto de la abuela Remedios en aquellas dulces tardes de septiembre, cuando paseábamos juntos, en compañía del can de palleiro, por las veredas sentirseñas! ¡Que el Señor tenga su alma!

Por HÉCTOR ACEBO (La Comarca del Eo, 2/10/2010)