Bitácora de Héctor Acebo, poeta, periodista cultural y doctor en Periodismo

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viernes, 17 de julio de 2015

Stevie Nicks

Stevie Nicks: a forza da delicadeza, a delicadeza da forza. Como me gusta a súa voz! Que envexa me da Lindsey Buckingham (integrante tamén de Fleetwood Mac) por seducir á muller e á artista cando os dous tiñan máis ou menos a miña idade! Gran parella. Eterna (pra min polo menos). 


sábado, 19 de julio de 2014

Un delicioso sueño

Recientemente tuve un delicioso sueño: Una esbelta muchacha me cantaba (el ukelele en ristre) "Blue Letter", tema de The Curtis Brothers popularizado por Fleetwood Mac. Ahora que estoy experimentando el lenguaje cinematográfico, siento la necesidad de integrar en un guión aquella interpretación fantástica: el dulce sonido del ukelele, la alada voz, la mirada presta, las manos de nácar, las piernas tensas, el short vaquero, los pies descalzos, la cintura que uno querría ceñir de laurel... Como escribiera JRJ, 

Venía sólo a no acabar,
a perseguir en sí toda la luz,
a iluminar en sí toda la vida
con forma verdadera y suficiente. 


Versión de "Blue letter" a cargo de Fleetwood Mac. Se incluyó en el homónimo disco del grupo, de 1975. La voz principal es la del guitarrista Lindsey Buckingham. 


Rick Curtis interpreta (en clave acústica) "Blue letter", tema que compuso junto a su hermano Michael. 

miércoles, 25 de abril de 2012

domingo, 26 de febrero de 2012

Un sueño musical

En uno de mis últimos sueños, cierta muchacha interpretó, con un ukelele, "Blue Letter", la desenfadada canción de Lindsey Buckingham (Fleetwood Mac). Sin aliento, desperté, y, en el intento de recrear aquellos tres minutos luminosos, apoyé la mejilla contra la almohada. No fue una mañana perdida: fue una tentativa de salvación, una manera de trascender los límites impuestos por el espacio y el tiempo, nuestra gran maldición.


La versión original de "Blue Letter", de Fleetwood Mac.


Una versión casera, con ukelele, de "Blue Letter".

jueves, 16 de junio de 2011

El colmillo de Lindsey Buckingham



Magnífica canción del Buckingham más experimental. Un curioso y excitante cruce entre la delicadeza melódica del country y el atrevimiento interpretativo del punk. Esa tensión artística deriva en la creación de nuevas formas. "The Ledge" es la segunda pista del Tusk, uno de los mejores discos de la última etapa de los Fleetwood Mac.

domingo, 17 de octubre de 2010

Cummings y el cine



Recostada en la cama, la actriz Barbara Hershey recitó dulcemente, en el filme Hannah y sus hermanas (Woody Allen, 1986), dos estrofas de un poema de e.e. cummings. Mucho me acuerdo de aquella dulce mañana en que el también poeta Martínez Sarrión y yo tratábamos de recordar, mientras paseábamos por El Retiro, la citada composición del escritor estadounidense. Sorprendentemente, tanto Sarrión como servidor recitamos al unísono el mismo verso. El cual siempre suena delicioso al oído, pese a que nuestras voces –tan graves– están desprovistas de la dulzura de Hershey:

nadie,ni siquiera la lluvia,tiene unas manos tan pequeñas


Dicho lo cual, podría el lector suponer que la poesía de cummings es cinematográfica. Desde luego que lo es, pero no tanto por la temática:

de repente-las Luces se!encienden,a la hora justa


como por la manera en que brota –nerviosa y lúdicamente– todo su imaginario:

tío Frank no ha hecho nada durante muchos
años salvo volar cometas y
cuando la
cuerda se rompe(o algo)mi tío Frank rompe a
llorar. mi tío Tom

hace punto y es una kewpie¹ por encima de las orejas(pero

mi tío Ed
que está muerto de cuello

para arriba es conducido a lo largo de toda
Battle Street por un perrillo castrado


Los versos de cummings parecen encuadrados y montados, más que escritos: acotan una escena o una imagen a través de la mirada. Se diría que la realidad palpable –al igual que el lenguaje representativo– es insuficiente. De ahí que la oscilación entre la jerga callejera, el refinamiento de la propia poesía y el ritmo de una canción rock provoque jadeos métricos, intencionados y fortísimos quiebros sintácticos que abrazan la agramaticalidad. Como el cineasta que parpadea al encadenar una escena con otra.

Del inconformismo tipográfico de e.e. cummings no se salva, en efecto, ni su propio nombre, que él escribía en minúsculas y sin el debido espacio entre sus dos iniciales. "Era tan libre que su curiosidad parecía indecente", dijo el filólogo y poeta Antonio M. Figueras (ABC, 21/10/2006), uno de los responsables de la selección y edición de Buffalo Bill ha muerto (1996), la estupenda antología que Hiperión dedicó al poeta estadounidense. Y tiene razón Figueras: el atrevimiento de cummings es propio del curioso niño que está aprendiendo a escribir.



Ya dije en otro lugar que uno empezó a desconfiar del lenguaje estándar (estupendamente reflejado en los manuales de instrucciones y en el discurso de algunos docentes) a partir de los cuatro años: el colegio fue el principal culpable de que comenzase a desarrollar paralelamente mi faceta poética, primero componiendo canciones satíricas y luego –ya en la adolescencia– poemas líricos. Quería soñar, huir de un artefacto aséptico y fútil, ofrecer una respuesta alternativa, explorar (sin saber muy bien cómo hacerlo) expresivos caminos que me permitieran contemplar las piedras y pensar, al tiempo, en las estrellas... A cummings probablemente le ocurriese algo parecido, y por eso siempre he creído que le iría como anillo al dedo aquella frase atribuida –creo– a Picasso: "Tardé cuatro años en pintar como un maestro y toda una vida para pintar como un niño".

El atrevimiento de e.e. cummings está justificado, de la misma manera que está justificada la propia poesía, que es, a fin de cuentas, una rotura lingüística (ahí están las metáforas, las metonimias, el ritmo, las hipérboles, la rima y otros recursos más cercanos al habla que al lenguaje académico). La justificación, decía, es sencilla: cummings atiende al contenido de las palabras, no al continente:

como el sentimiento es lo primero
quien presta atención
a la sintaxis de las cosas
nunca te besará completamente;




Y ya se ha dicho que la fuerza del autor de Buffalo Bill ha muerto sobrepasa a veces el lenguaje. Sus poemas, no cabe duda, nacieron para ser leídos en voz alta: cantan el gozo de una piel como pradera libre. Así, a través de la declamación, las medidas dosis de cinismo, de ironía, de ingenuo lirismo y de romanticismo forman un cóctel explosivo: y el contenido emocional del poema cobra vida. Del mismo modo, no exagero al decir que algunas de sus oraciones –escritas sin respeto a los renglones, entrecortadas por puntos y comas...– no parecen tener sentido hasta que son leídas en voz alta:

(...) mientras tanto yo

mismo etcétera estaba tranquilamente tumbado
en el profundo barro et

cétera
(soñando,
et
cétera,con
Tu sonrisa
ojos rodillas y con tu Etcétera)


Para terminar, he de confesar que me encanta el dibujo de la portada de la antología de Hiperión: el público de una sala cinematográfica contemplando, en un primer plano, un hermoso y clásico rostro femenino. Es esa una buena forma de reflejar la concepción visual de su obra. No obstante, creo que la mejor imagen correlativa para ilustrar la poesía de cummings sería una muchacha jugando –indiferente y magnífica– en el río, a la caída de una tarde de verano. El bañador rosa –un tanto cursi, más bien propio de una niña– apretaría casi violentamente su cintura joven (a la que uno querría enzarzarse), su trasero de cera virgen, sus agudos pezones... En su teléfono móvil de última generación, la nerviosa y elástica voz de Lindsey Buckingham (líder del grupo Fleetwood Mac en la segunda mitad de los 70) cantaría "What Makes You Think You're The One?" (¿Qué te hace pensar que eres tú?) o "Never Going Back Again" (Nunca volveré). No busquen razones: la coherencia de la poesía está hecha de ritmos, como diría Octavio Paz. Ritmos y emociones.



¹“Pequeña muñeca de grandes mofletes y con un moño en la cabeza”.

Por H. ACEBO (La Noche Americana, 17/10/2010)

domingo, 26 de septiembre de 2010

Fleetwood Mac

Me gustan las armonías vocales de Fleetwood Mac. Qué distintas eran las voces de los tres cantantes y qué bien se complementaban. Stevie Nicks era áspera y rebelde, sonaba cascada y sensual. La elegante Christine McVie cantaba como un hombre en frágil falsete, pero su dicción no resultaba forzada. Y Lindsey Buckingham aportaba, con su timbre agudo y elástico, el punto más colorido, experimental e inocente. Comprueben el resultado en el estribillo de esta canción de McVie:



Así sonaba la voz de Nicks:



Ésta es la nerviosa voz de Buckingham, quien aportó al grupo un sólido sonido de guitarra y pulió muchas de las piezas de McVie y Nicks, trabajando las voces hasta lograr ligar a dos mentalidades tan distintas como las de esas dos solistas:



La gente estaba acostumbrada a un Buckingham convencional (a un artesano del pop, como suele decirse), y cuando el bueno de Lindsey irrumpió con esta canción, "Tusk", y con el disco homónimo (en el que puso tanto empeño), algunos sólo vieron atrevimiento. Tengo para mí que aquí sigue habiendo sentido de la melodía (el inicio de la canción, cantada a dos voces, marca de la casa) y, al mismo tiempo, fuerza y renovación.