En Madrid, junto a los admirables actores Lola Baldrich y José Navar, hablando de la obra teatral El tesorero. Se trata de una sátira dirigida y escrita por José Ignacio Tofé (buen pulso en ambas facetas) e interpretada de forma magnética por el propio Navar y Mario Tardón. El tesorero abarca, con lucidez, la corrupción política española; ¡era más que necesaria una obra de este calado! Servidor disfrutó de la última función de dicha comedia, en La Pensión de las Pulgas, el pasado domingo (cuando fue tomada la foto). Un día maravilloso, en fin, que aunó amistad, crítica social, teatro, poesía...
Bitácora de Héctor Acebo, poeta, periodista cultural y doctor en Periodismo
Bitácora de Héctor Acebo, poeta, periodista cultural y doctor en Periodismo.
-Correo: acebobello@gmail.com
-Instagram: @hectoracebo
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viernes, 4 de julio de 2014
sábado, 19 de abril de 2014
Buenos Aires es teatro
Muchas felicidades
La pasada semana, en el Centro Cultural de la Cooperación (Corrientes 1543), disfruté de Muchas felicidades, obra escrita por Paco Urondo y dirigida por Analía Fedra García. En este cuadro costumbrista trazado con corrosión, sobresalen dos figuras: Stella Galazzi y Yanina Gruden. La primera destila carisma; la segunda, frescura y sensualidad.
Escenas de la vida conyugal
El día 3, en el teatro Maipo (Esmeralda 443), disfruté la bergmaniana obra Escenas de la vida conyugal, dirigida con tino por Norma Aleandro. Me sorprendió gratamente Valeria Bertuccelli; desprende frescura y administra magníficamente las emociones fuertes. El otro protagonista de la obra, Ricardo Darín (a quien he seguido con atención en el cine), es la ductilidad personificada: un portento.
jueves, 13 de marzo de 2014
Con el maestro Rellán
Siempre es un goce ver en escena a mi querido y admirado Miguel Rellán; no dejan de impresionarme su mirada (que integra sabiamente humor y nostalgia), su dicción (elegante y fluida), sus andares (tan envolventes)... Aquí estoy junto al maestro en el teatro Valle-Inclán, donde actualmente representa la riquísima obra El viaje a ninguna parte:
sábado, 25 de mayo de 2013
Mercè Pons: una voz alada
Siempre es un gozo escuchar a Mercè Pons, sobre todo cuando habla en su lengua catalana. Dije de esta actriz una vez que está tocada por la brisa del Mediterráneo, y es cierto: ¿de dónde viene, si no, esa voz alada?
miércoles, 27 de febrero de 2013
En la muerte de María Asquerino
Ha muerto María Asquerino, una gran dama de nuestro cine y nuestro teatro. Tenía 85 años. Mucho me impresionó su papel en Surcos (J. A. Nieves Conde, 1951): una mirada retadora, unos andares sensuales, modernos, que contrastaban con la moral de sacristía franquista...
Un fotograma de Surcos, obra maestra de Nieves Conde, cuyo guión llevaba la firma de Torrente Ballester.
sábado, 17 de noviembre de 2012
De un (loco) cuento
Con la joven y talentosa Carlota Mourelos, una de las protagonistas de El loco cuento de todos los cuentos, obra de José María Plaza que dirige David Colorado. La foto nos la tomaron hace unas horas en Madrid, en el teatro Fígaro.
viernes, 19 de octubre de 2012
Por una mirada
Mi compañera Sandra Aylagas,
mirando a cámara, me recuerda a la hermosa y voluble muchacha que
encarnaba Harriet Andersson en Un verano con Mónica (uno de los
mejores filmes del maestro Bergman).
Es ésta una imagen promocional
de Treats, obra teatral dirigida por Juanma Gómez y protagonizada por
la propia Sandra, que se (re)estrena mañana, sábado, en la
madrileña sala Arte & Desmayo (C/ Baleares, 14 - Metro Marqués de
Vadillo). Yo vi la obra cuando se estrenó por vez primera, hace casi
cuatro años, y guardo un buen recuerdo de la experiencia… Os animo a que
descubráis la bergmaniana mirada de Sandra. La bella Sandra…
Un verano con Mónica (Ingmar Bergman, 1952).
domingo, 26 de agosto de 2012
Mercè Pons
Me he acordado últimamente de Mercè Pons, esa actriz tocada por la brisa del Mediterráneo. ¡Dulce Mercè!
viernes, 16 de marzo de 2012
Marcos Ordóñez escribe sobre la tiranía del cine
En su estupenda columna de ayer (El País), escribía el crítico Marcos Ordóñez: "El cine, tirano y esclavo de lo concreto, se ata y nos ata a lo real, por muy maravilloso que lo real sea, mientras que el teatro permite, con una extrema economía, los más altos vuelos de la imaginación: quizás a esto se deba su eterna y actual preeminencia."
martes, 15 de noviembre de 2011
En la muerte de la actriz María Jesús Valdés
Se ha ido una actriz de enorme fuste: María Jesús Valdés, "la tejedora de sueños".
Descubrí a esta encantadora y bellísima intérprete en una conocida serie televisiva de mi infancia. Pese a que su personaje era secundario, todas sus apariciones eran un placer para los sentidos. Dueña de un magnetismo envidiable y de una dulzura contagiosa, la señora María Jesús, como todas las grandes actrices forjadas en el teatro, se movía con gracia y naturalidad. En el escenario, en la calle o en el plató.
¡Hasta siempre, maestra!
Descubrí a esta encantadora y bellísima intérprete en una conocida serie televisiva de mi infancia. Pese a que su personaje era secundario, todas sus apariciones eran un placer para los sentidos. Dueña de un magnetismo envidiable y de una dulzura contagiosa, la señora María Jesús, como todas las grandes actrices forjadas en el teatro, se movía con gracia y naturalidad. En el escenario, en la calle o en el plató.
¡Hasta siempre, maestra!
viernes, 26 de agosto de 2011
El grupo teatral «San Tirso del Eo» representa «Un mal día» en la Casa de Cultura
El montaje de la obra, del argentino Hugo Daniel Marcos, comienza a las 21.30 horas
San Tirso de Abres,
Héctor ACEBO
El grupo teatral santirseño «San Tirso del Eo» representa hoy, en el salón de actos de la Casa de Cultura municipal, la comedia «Un mal día», del escritor argentino Hugo Daniel Marcos. La actuación comenzará a partir de las 21,30 horas.
Será la segunda vez que «San Tirso del Eo» -gestionado, desde su fundación, en 1987, por la asociación cultural homónima del concejo- lleve a escena en San Tirso de Abres «Un mal día».
En los últimos meses, este grupo teatral también representó la obra de Hugo Daniel Marcos en otros puntos de la geografía asturiana (Vegadeo, Navia y Castropol), así como en Foz (Lugo).
Según afirman los integrantes del grupo teatral «San Tirso del Eo», «Un mal día» es «un torbellino de disparatadas situaciones» en donde no faltan «los enredos y las mentiras». Los intérpretes santirseños esperan, una vez más, que la obra «sea del agrado del público».
(La Nueva España, 26/08/2011)
San Tirso de Abres,
Héctor ACEBO
El grupo teatral santirseño «San Tirso del Eo» representa hoy, en el salón de actos de la Casa de Cultura municipal, la comedia «Un mal día», del escritor argentino Hugo Daniel Marcos. La actuación comenzará a partir de las 21,30 horas.
Será la segunda vez que «San Tirso del Eo» -gestionado, desde su fundación, en 1987, por la asociación cultural homónima del concejo- lleve a escena en San Tirso de Abres «Un mal día».
En los últimos meses, este grupo teatral también representó la obra de Hugo Daniel Marcos en otros puntos de la geografía asturiana (Vegadeo, Navia y Castropol), así como en Foz (Lugo).
Según afirman los integrantes del grupo teatral «San Tirso del Eo», «Un mal día» es «un torbellino de disparatadas situaciones» en donde no faltan «los enredos y las mentiras». Los intérpretes santirseños esperan, una vez más, que la obra «sea del agrado del público».
(La Nueva España, 26/08/2011)
miércoles, 24 de agosto de 2011
Éxito teatral en San Tirso de Abres
Los vecinos de San Tirso abarrotaron la Casa de Cultura local con motivo de la reciente representación de «Dous páxaros dun tiro», una comedia costumbrista de Manuel García Galano, puesta en escena por el grupo tapiego «Pico de Faro» (en la imagen, dos de sus integrantes). La obra formaba parte de la XXIII Semana cultural del concejo, organizada por la asociación «San Tirso del Eo», informa Héctor ACEBO.
(La Nueva España, 24/08/2011)
viernes, 15 de julio de 2011
«San Tirso del Eo» pone en escena «Un mal día», del argentino Hugo Daniel Marcos
Castropol / San Tirso de Abres, Héctor ACEBO
El grupo de teatro «San Tirso del Eo», de San Tirso de Abres, representará hoy, en Castropol, la obra «Un mal día», del escritor argentino Hugo Daniel Marcos. La actuación tendrá lugar en la Casa de Cultura local a las 21 horas.
El precio de la entrada es de dos euros, salvo para los menores de 14 años, quienes no tendrán que abonar ninguna cantidad para asistir a la función.
En los últimos meses, el grupo teatral santirseño, gestionado, desde su fundación, por la asociación cultural «San Tirso del Eo», representó la obra «Un mal día» en Vegadeo, en Foz (Lugo) y en Navia.
Los integrantes del grupo teatral afirman que se trata de «una comedia muy divertida» y esperan que la misma «sea del agrado de la gente» que acuda a las funciones.
La representación prevista para esta noche en Castropol se enmarca en los actos que conmemoran el centenario del parque local Vicente Loriente. Este parque debe su nombre al pensador e indiano castropolense, político de principios del siglo XX y uno de los referentes de la emigración.
La Nueva España, 15/07/2011
El grupo de teatro «San Tirso del Eo», de San Tirso de Abres, representará hoy, en Castropol, la obra «Un mal día», del escritor argentino Hugo Daniel Marcos. La actuación tendrá lugar en la Casa de Cultura local a las 21 horas.
El precio de la entrada es de dos euros, salvo para los menores de 14 años, quienes no tendrán que abonar ninguna cantidad para asistir a la función.
En los últimos meses, el grupo teatral santirseño, gestionado, desde su fundación, por la asociación cultural «San Tirso del Eo», representó la obra «Un mal día» en Vegadeo, en Foz (Lugo) y en Navia.
Los integrantes del grupo teatral afirman que se trata de «una comedia muy divertida» y esperan que la misma «sea del agrado de la gente» que acuda a las funciones.
La representación prevista para esta noche en Castropol se enmarca en los actos que conmemoran el centenario del parque local Vicente Loriente. Este parque debe su nombre al pensador e indiano castropolense, político de principios del siglo XX y uno de los referentes de la emigración.
La Nueva España, 15/07/2011
martes, 29 de marzo de 2011
Más sobre los actores
En un estupendo artículo (El País, edición madrileña, 25/03/2011) dedicado al actor José Luis Gómez, escribe Molina Foix:
No le falta a razón a Molina Foix: en España apenas reconocemos a nuestros grandes intérpretes. Qué vergüenza.
"Gran Bretaña, que tantísimas clases no-académicas tiene que darnos en materia teatral, distingue con frecuencia a sus grandes actores, les ennoblece, les aplaude en ocasiones solo con que aparezcan sobre las tablas, apaga en señal de duelo las luces de la capital cuando alguno eminente muere, como hizo con Laurence Olivier."
No le falta a razón a Molina Foix: en España apenas reconocemos a nuestros grandes intérpretes. Qué vergüenza.
viernes, 12 de noviembre de 2010
Los actores
Falta interés en muchos de nuestros actores jóvenes. Sin entrar en la dicción, en las voces atropelladas y opacas, a veces uno tiene la sensación de que esos intérpretes están ausentes –como si hubieran concluido sus trabajos– cuando sus compañeros de reparto hablan. Y saber escuchar es tan importante como dar la réplica. ¿Quiénes relevarán algún día a Ángela Molina, a José Sacristán, a Miguel Rellán, a Tina Sainz, a Carlos Hipólito, a Emilio y a Julia Gutiérrez Caba, a Manuel Galiana…?
Rellán es uno de nuestros mejores actores, una presencia que humaniza los mitos (ahí está el alma en pena de Fiz de Cotovelo, en El bosque animado) y que contiene como nadie a los personajes excéntricos (locos, humanistas maniáticos, sacerdotes impetuosos...). En el vídeo que adjunto, falta, eso sí, una de las mejores interpretaciones del actor: el falangista de la Tata mía de Borau. El primer Goya para un intérprete.
Rellán es uno de nuestros mejores actores, una presencia que humaniza los mitos (ahí está el alma en pena de Fiz de Cotovelo, en El bosque animado) y que contiene como nadie a los personajes excéntricos (locos, humanistas maniáticos, sacerdotes impetuosos...). En el vídeo que adjunto, falta, eso sí, una de las mejores interpretaciones del actor: el falangista de la Tata mía de Borau. El primer Goya para un intérprete.
sábado, 2 de octubre de 2010
La abuela Remedios

Mi bisabuela Remedios de Rochiña, fallecida hace casi siete años en el concejo vecino de Vegadeo, se cuela últimamente en mis sueños (y en los de mi madre). Muy saludadora, de mirada limpia, cabello centelleante y piel ligeramente dorada, era la abuela Remedios –como le decíamos la mayoría de familiares– toda una señora. Sí, una señora, esa es la palabra adecuada. Pues, aunque no tenía estudios y había nacido en una humilde casa de labriegos –en Pacios, parroquia de Sante (Trabada)–, destacaba por su educación, por su elegancia innata y por su verbo fluido, pudiendo charlar de un modo natural con las gentes más cultas y estudiadas. Incluso, se dio el caso, con políticos regionales.
Es recordada, entre los familiares de mi San Tirso natal, la réplica que dio la abuela Remedios a un doctor del Principado de Andorra (donde viven, todavía hoy, dos de sus cinco hijos). En su consulta, el médico, asombrado por la estupenda salud física y mental de la octogenaria señora, quiso advertir a ésta de los males de la senectud:
–De todas formas, vaya con cuidado, que tampoco tiene edad para hacer ciertas cosas…
Y mi bisabuela rápidamente, con mucha propiedad, sentenció la conversación:
–Doctor, usted también llegará, quiera Dios, a mis años. Y se dará cuenta de cómo funciona el cuerpo: no va a hacer falta que nadie, ni siquiera ninguno de sus compañeros de profesión, se lo recuerde.
El médico, sonrojado, esbozó una sonrisa forzada y se quedó sin saber qué decir ante la lúcida contestación de la abuela Remedios, quien modulaba la voz en los momentos de euforia o dolor, enfatizando las frases más significativas y guardando los silencios. En sus sosegadas caminatas santirseñas, nunca necesitó levantar el bastón o pararse en seco, que yo recuerde, para dramatizar una conversación: siempre resultaba cadenciosa. ¿Dónde aprendió esta señora a declamar de un modo tan efectivo y elegante? Nunca lo he sabido: ella –repito– no pudo estudiar una carrera, y su hogar no era precisamente una mansión, estando en la mocedad a punto de fallecer a causa del tifus, según me contó en más de una ocasión. ¡Pero ya podían seguir su ejemplo muchos locutores televisivos, licenciados y con maestrías, de voz campanuda y atropellada dicción, que confunden el énfasis con el exceso, el ritmo con la retahíla, la sentencia con el panfleto…!
Porque conocía bien a mi bisabuela, pude (re)crearla en un fastuoso sueño. La abuela Remedios, a sus 80 años, convertida en una tardía pero carismática actriz de teatro, regresaba a su hogar de Robaín (San Tirso), una vez concluida la gira de su tercera obra.
–Vénche cargada coma unha abella, meu fillo: ben sei que ven pra quedarse! (¡Viene cargada como una abeja, hijo mío: seguro que viene para quedarse!) –me decía la reidora abuela Aida, es decir, su hija.
Y lo cierto es que la señora Remedios traía varias maletas repletas de vestimentas (en la realidad, era muy coqueta) y de libros (Lorca, Machado, Valle-Inclán, Cunqueiro…). Tanto es así que mi abuela Aida contó con la ayuda de la prima Edelmira (de O Castro de Abaixo, el pueblo más cercano al caserío de Robaín) para subir el equipaje al desván.
Sé que a la abuela Remedios le hubiera gustado saber de aquel sueño, donde todo concordaba. Su espíritu aventurero. El don de gentes. Su camisón blanco impoluto. Su profundo sentido –absolutamente lorquiano– de la muerte, de las fuerzas de la vida y de la naturaleza. El intenso suspiro a altas horas de la madrugada, anunciando el fin de un sueño. Su admirable poder de síntesis y su facultad natural para captar una gran suma de anécdotas, noticias, canciones, historias con resonancias mitológicas y poéticas… La naturalidad de quien desconoce sus dones. ¡Todo concordaba en aquel sueño! Incluso su voz casi grave, que creaba silencios a su alrededor, al decir:
–Que un hijo vea morir al padre es ley de vida: hay que aceptarlo. Pero un padre jamás debería ver morir a su hijo.
Ya que no pudo representar ninguna obra teatral en vida, a la abuela Remedios habría que recordarla, en fin, de ese modo: siendo la protagonista de un maravilloso sueño cuyos diálogos eran –como toda la trama– verdaderos, pues estaban previamente interiorizados por este soñador. Su vida, como la de tantas otras personas que sufrieron gran parte de los horrores del siglo pasado (ella nació en 1911), estaba incompleta y desordenada. Algo de esto queda plasmado en un poema escrito por ella misma, que concluye de esta forma:
Se a min me quitaran anos
ou eu volvera a nacer,
xúroche polo meu nome
que a Galicia había volver.
(Si a mí me quitaran años
o yo volviera a nacer,
te juro por mi nombre
que a Galicia iba a volver.)
La vida de Remedios –decía– estaba desordenada e incompleta. Y mi magín, en el sueño, se limitó a ordenar el riquísimo legado de la señora, salpicando las conversaciones de gracejos, puliendo incluso el humor –a veces demasiado recalcitrante– de sus paisanos gallegos. Como ella misma hacía al renovar (a la manera de un literato moderno) la tradición oral de un pueblo, reasumiendo –sin esfuerzo aparente– muchos tópicos, trayéndolos de nuevo, combinándolos, adaptándolos a las circunstancias de la charla, con lo que, sin perder su añejo sabor, los refranes, las moralejas, los romances…, se volvían nuevos al oído.
¡Que la literatura escrita esté a la altura: y certifique, ahora, la verdad del expresivo gesto de la abuela Remedios en aquellas dulces tardes de septiembre, cuando paseábamos juntos, en compañía del can de palleiro, por las veredas sentirseñas! ¡Que el Señor tenga su alma!
Por HÉCTOR ACEBO (La Comarca del Eo, 2/10/2010)
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sábado, 17 de julio de 2010
Alba Alonso: la verdad del detalle
Esta Alba Alonso (Madrid, 1980) de la que cuento, se crió –literalmente– entre bambalinas: siendo una tierna chiquilla, su madre (la carismática intérprete Pilar Bayona) la llevaba a todas sus giras.–Muy pronto tuve claro que lo mío era el escenario. Primero, empecé con la danza; y luego, en la adolescencia, me puse a estudiar interpretación... Sí, mi verdadera vocación era el baile, y lo acabé abandonando... Pero en esto del teatro el haber bailado me ayuda mucho. En cualquier caso, yo siempre tuve claro que mi medio era el arte –me confiesa Alba, menuda, de ojos felinos y cabello oscurísimo e indomable.
Alba Alonso es muy calmosa al hablar, y ese sosiego contrasta con la viveza casi infantil de sus ojos verdes. Yo la descubrí allá por 2001, cuando ella trabajaba en "Compañeros" (Antena 3). Recuerdo perfectamente un capítulo de esa exitosa serie en que Leonor, "Leo" (el personaje adolescente que interpretaba Alba), se había propuesto organizar un botellón sin alcohol, a fin de demostrar a sus profesores que algunos jóvenes eran capaces de disfrutar en la calle –de noche– con el único aliciente de una compañía adecuada. Tan original era la propuesta que Leo concedió, finalmente, una entrevista a una cadena televisiva; éstas eran algunas de sus declaraciones:
–Todo en la sociedad (la familia, los medios de comunicación, los anuncios…) nos invita a beber, a salir, a divertirnos... ¡Pero luego se nos prohíbe beber porque somos menores! ¿No hay algo contradictorio en todo esto? (Risas).
Traigo a colación este diálogo para dar cuenta del abanico interpretativo de Alba Alonso. En lugar de enfurecerse, tras haber puesto patas arriba –con razón– esta sociedad consumista, Alba otorgó a su personaje Leo (que era pobre de espíritu: no en vano, le costó sudor –y alguna lágrima– superarse a sí misma, actuar de acuerdo con sus ideas, organizar, en fin, una movilización de semejante trascendencia) un matiz: la risa. Cuando Leo lanza aquella pregunta al aire ("¿No hay algo contradictorio en todo esto?"), sonríe levemente, con una mezcla de pudor, picardía y confusión. Y, de este modo, no quita hierro al asunto, todo lo contrario: enfatiza –midiendo muy bien sus fuerzas– la frase.
Han pasado casi diez años desde entonces, y esta Alba (que ya cuenta con una dilatada trayectoria teatral: ha trabajado a las órdenes del mismo Miguel Narros en El burlador de Sevilla, en Romeo y Julieta o en La abeja reina, obra que representa en la actualidad al lado de mi querido Miguel Rellán y Verónica Forqué) reconoce que la pequeña pantalla ha sido su mejor escuela:–La tele, pese a no ser artísticamente tan gratificante como el teatro o el cine, me ha dado muchos reflejos y muchos refuerzos, me ha ayudado a desenvolverme delante de una cámara...
Ha pasado casi una década –decía–, y Alba Alonso no ha cejado en su empeño por trabajar el detalle, que es la única verdad interpretativa. Esta meticulosa actriz, más que acercarse a sus personajes, se encuentra con ellos, tras el obligado estudio. Valle-Inclán (autor que sé muy querido por Alba) explicó en una entrevista para el diario ABC (1928) que el creador ha tenido distintas posiciones a lo largo de la historia: De rodillas (cuando el autor es inferior al personaje: ahí está la épica), de pie (si se igualan los personajes al creador: pensemos en Shakespeare) y desde el cielo (el autor está por encima de los personajes: la posición natural del esperpento, consecuencia del enajenamiento y del distanciamiento artístico). Alba Alonso, sinónimo de naturalidad, estaría –según la teoría de Valle, aplicable, a mi juicio, al intérprete– de pie.
Las encarnaciones de Alba son un fiel reflejo de su personalidad. Revelaré, para que el lector se haga una idea de cómo es la actriz, el siguiente detalle: cuando ella y yo nos conocimos, le recomendé algunas películas de Ingmar Bergman (santo de su devoción), y ella apuntó los títulos pausadamente, con mucho cuidado, marcando el trazo, sin dejar de escucharme, sin dejar de saciar su infinita curiosidad… Así da vida Alba a sus personajes, llegando a sufrir las consecuencias de éstos:
–Ahora estoy interpretando –me confiesa Alba, con los ojos de mirar inquieta– a una yonqui para una película (aún en fase de grabación) de Maggi Peren, junto a Natalie Poza, Álex González, Hubert Koundé... Ese pequeño papel tan extremo me ha atormentado, me ha producido un gran desasosiego...
A esta joven actriz le reprocharon en algún casting su "excesiva" vocalización. Cuando me enteré de tal dislate (al contrario que la mayor parte de los actores de nuestra generación, opacos y atropellados, Alba es dueña de una dicción fluida y cadenciosa), sentí ganas de fraguar un escrito incendiario contra algunos mangantes magnates de la industria audiovisual. Pero es más provechoso seguir el ejemplo –el detalle– de la propia actriz: dibujar, en el público inteligente y sensible, sutiles sonrisas que no eluden la melancolía o la crítica. A eso aspira uno.
Alba Alonso en La aventura de Rosa (2008), un cortometraje de Ángela Armero.
Por HÉCTOR ACEBO (La Noche Americana, 17/07/2010)
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lunes, 28 de septiembre de 2009
Rellán, una presencia sobria y emocionante
Resulta injusto que no celebremos más a menudo el magisterio de nuestros eminentes actores secundarios
Hay en el cine patrio una prodigiosa raza de actores (los más jóvenes rozan hoy la cincuentena) que, gracias a sus infinitos recursos de naturalidad, parecen haber interpretado toda la vida un papel concreto. José Luis Garci prolongó esta tesis en su extinto programa ¡Qué grande es el cine! (La 2): “No hay un actor americano que pueda hacer lo de Miguel Rellán en El bosque animado (J. L. Cuerda, 1987)”. El personaje al que se refiere Garci es, en efecto, el benévolo fantasma de Fiz de Cotovelo, que vaga en pena por la gallega fraga de Cecebre, donde un buen día se topa con Fendetestas. Este bandido afable (encarnado soberanamente por Alfredo Landa) y el ánima entablan una de las amistades más entrañables de nuestro cine. Paradójicamente, el elogiado Rellán –tan modesto como exigente– siente “una especie de respetuoso desprecio por ese personaje unilateral que tan poco trabajo me costó interpretar”.

Humanizar el mito
“No hice de fantasma –me confiesa Rellán, de 65 años–, sino de un hombre que se cree un fantasma”. Tal vez ahí esté la clave. El talento del actor para humanizar (a través del humor, de la melancolía y de la desesperación) un personaje mitológico, sorteando la astracanada. El talento, en fin, para preservar (de la mano del magnífico guionista Rafael Azcona) ese característico sincretismo gallego (los miedos más ancestrales se mezclan con la descarnada realidad) que revolotea por la obra de Wenceslao Fernández Flórez (el autor de El bosque animado). Por otra parte, el inteligente Rellán no interpretó exactamente a un fantasma, sabedor de que, como defendiera Fernán-Gómez, el empeño del actor es metafísicamente imposible, porque no puede ser otro (y mucho menos un ánima): “Inevitablemente actúas. O, mejor dicho, haces de ti fingiendo”.

Tomar en serio la comedia
Este Rellán es –como el que escribe– un partidario absoluto de la austeridad: “En la comedia, la gracia está en la situación, como dijo Billy Wilder. No hace falta, por tanto, que hagas el payaso o pongas una cara rara. Es más preferible que te tomes en serio el desastre que está sucediendo, pongamos, en la mesa”. En ese sentido, el homérico trabajo realizado por el actor tetuaní en Tata mía (J. L. Borau, 1986), que le valió un Goya (convirtiéndose en el primer actor en ganar tal premio), debería ser visionado obligatoriamente por cualquier aprendiz de fingidor. Rellán (que interpreta, sin caer en la caricatura, a un falangista receloso) no irrumpe en el cuento de hadas: lo rompe. Este espigado actor secundario impregna la casa familiar con emanaciones de un impetuoso carácter (que es el de otra época, ya concluida), poniendo al servicio de Borau (quien no duda en exprimir los planos generales) la práctica totalidad de su cuerpo.

El milagro interpretativo
Poco importa que el rostro de Rellán no sea demasiado expresivo o donoso. De la misma forma que su presencia desprende en la pantalla un magnetismo envidiable, sus silencios y sus fraseos (el efecto de formar, enunciar y entonar las oraciones) son tan emocionantes, convincentes y sobrios que llegan a superar las deficiencias de algunos guiones parcos. “Toda mi aspiración –afirma el cómico tetuaní– pasa por conectar con uno de los espectadores”. Unas veces de forma soterrada (cuando la gracia y la ironía se aúnan bajo un poso de amargura: tomemos como ejemplos la serie de TV Compañeros; El bosque animado; las dos entregas de El crack, 1981 y 1983, de Garci; Sangre de mayo, 2008, también del mismo cineasta...) y otras con risotadas más o menos abiertas (Amanece, que no es poco, 1988, de Cuerda; El vuelo de la paloma, 1989, de García Sánchez; La vida alegre, 1987, y Bajarse al moro, 1988, ambas de Colomo...), ese “milagro interpretativo” se da en la mayor parte de sus trabajos. Qué duda cabe.

Una metodología teatral para el cine y la televisión
“¿No resulta injusto que no celebremos su magisterio, que no les convoquemos para nuestras reuniones de sociedad, que no les llamemos para nuestras películas, que no premiemos su experiencia?”, escribió hace un tiempo en El Mundo Méndez-Leite. El realizador y crítico se refería a nuestros eminentes actores maduros, secundarios en su mayoría, como Emilio Gutiérrez Caba o el propio Rellán. Si bien es cierto que en el celuloide la carrera del tetuaní es vasta (unas setenta películas alumbran su currículum), siendo dirigido por algunos de los más grandes cineastas españoles (Fernán-Gómez, Saura, García Berlanga…), a mí también me indigna verlo haciendo algunos papeles insignificantes (y pienso, por ejemplo, en Tasio, 1984, de Armendáriz; en Sé infiel y no mires con quién, 1985, de Trueba; o en Cómo ser mujer y no morir en el intento, 1991, de Ana Belén…), muy por debajo de sus posibilidades. Lo cual demuestra, en su reverso, la asombrosa capacidad de este intérprete para (re)crear un personaje, al cual otorga –en un tiempo muy reducido– infinitud de matices. Y es ahí donde interviene la metodología aprendida en el teatro, ese noble arte que ensalza el estudio interior (“La dificultad radica en saber cómo es tu personaje; si bosteza, si llora, si se ríe, si se cabrea…, es secundario”, confiesa Rellán), el perfil, la réplica, la escucha… ¿El resultado de tanto trabajo? Los actores protagonistas se sienten escoltados: y la historia avanza.
“Nosotros, la generación del teatro independiente y clandestino –me confirma Rellán, parafraseando a su colega Santiago Ramos–, nos promocionamos fatal. Claro que nos metimos en este oficio para cambiar el mundo, no para ser actores famosos. La idea del grupo, del proyecto, de la función, siempre estará en nuestra mente por encima de cualquier individualidad.” Ojalá el presente artículo sirva para poner de una vez por todas en su lugar a este fabuloso guardaespaldas, sobre quien se edifica la solidez de muchos repartos; a este profesor de funámbulos que contiene (y dota de credibilidad) como nadie a los personajes excéntricos; a este Rellán cuyo discurso cadencioso siempre desprende autoridad. Y embelesa. En el escenario o en la cafetería.
Por HÉCTOR ACEBO (La Huella Digital, 28/9/09)
Humanizar el mito
“No hice de fantasma –me confiesa Rellán, de 65 años–, sino de un hombre que se cree un fantasma”. Tal vez ahí esté la clave. El talento del actor para humanizar (a través del humor, de la melancolía y de la desesperación) un personaje mitológico, sorteando la astracanada. El talento, en fin, para preservar (de la mano del magnífico guionista Rafael Azcona) ese característico sincretismo gallego (los miedos más ancestrales se mezclan con la descarnada realidad) que revolotea por la obra de Wenceslao Fernández Flórez (el autor de El bosque animado). Por otra parte, el inteligente Rellán no interpretó exactamente a un fantasma, sabedor de que, como defendiera Fernán-Gómez, el empeño del actor es metafísicamente imposible, porque no puede ser otro (y mucho menos un ánima): “Inevitablemente actúas. O, mejor dicho, haces de ti fingiendo”.
Tomar en serio la comedia
Este Rellán es –como el que escribe– un partidario absoluto de la austeridad: “En la comedia, la gracia está en la situación, como dijo Billy Wilder. No hace falta, por tanto, que hagas el payaso o pongas una cara rara. Es más preferible que te tomes en serio el desastre que está sucediendo, pongamos, en la mesa”. En ese sentido, el homérico trabajo realizado por el actor tetuaní en Tata mía (J. L. Borau, 1986), que le valió un Goya (convirtiéndose en el primer actor en ganar tal premio), debería ser visionado obligatoriamente por cualquier aprendiz de fingidor. Rellán (que interpreta, sin caer en la caricatura, a un falangista receloso) no irrumpe en el cuento de hadas: lo rompe. Este espigado actor secundario impregna la casa familiar con emanaciones de un impetuoso carácter (que es el de otra época, ya concluida), poniendo al servicio de Borau (quien no duda en exprimir los planos generales) la práctica totalidad de su cuerpo.
El milagro interpretativo
Poco importa que el rostro de Rellán no sea demasiado expresivo o donoso. De la misma forma que su presencia desprende en la pantalla un magnetismo envidiable, sus silencios y sus fraseos (el efecto de formar, enunciar y entonar las oraciones) son tan emocionantes, convincentes y sobrios que llegan a superar las deficiencias de algunos guiones parcos. “Toda mi aspiración –afirma el cómico tetuaní– pasa por conectar con uno de los espectadores”. Unas veces de forma soterrada (cuando la gracia y la ironía se aúnan bajo un poso de amargura: tomemos como ejemplos la serie de TV Compañeros; El bosque animado; las dos entregas de El crack, 1981 y 1983, de Garci; Sangre de mayo, 2008, también del mismo cineasta...) y otras con risotadas más o menos abiertas (Amanece, que no es poco, 1988, de Cuerda; El vuelo de la paloma, 1989, de García Sánchez; La vida alegre, 1987, y Bajarse al moro, 1988, ambas de Colomo...), ese “milagro interpretativo” se da en la mayor parte de sus trabajos. Qué duda cabe.

Una metodología teatral para el cine y la televisión
“¿No resulta injusto que no celebremos su magisterio, que no les convoquemos para nuestras reuniones de sociedad, que no les llamemos para nuestras películas, que no premiemos su experiencia?”, escribió hace un tiempo en El Mundo Méndez-Leite. El realizador y crítico se refería a nuestros eminentes actores maduros, secundarios en su mayoría, como Emilio Gutiérrez Caba o el propio Rellán. Si bien es cierto que en el celuloide la carrera del tetuaní es vasta (unas setenta películas alumbran su currículum), siendo dirigido por algunos de los más grandes cineastas españoles (Fernán-Gómez, Saura, García Berlanga…), a mí también me indigna verlo haciendo algunos papeles insignificantes (y pienso, por ejemplo, en Tasio, 1984, de Armendáriz; en Sé infiel y no mires con quién, 1985, de Trueba; o en Cómo ser mujer y no morir en el intento, 1991, de Ana Belén…), muy por debajo de sus posibilidades. Lo cual demuestra, en su reverso, la asombrosa capacidad de este intérprete para (re)crear un personaje, al cual otorga –en un tiempo muy reducido– infinitud de matices. Y es ahí donde interviene la metodología aprendida en el teatro, ese noble arte que ensalza el estudio interior (“La dificultad radica en saber cómo es tu personaje; si bosteza, si llora, si se ríe, si se cabrea…, es secundario”, confiesa Rellán), el perfil, la réplica, la escucha… ¿El resultado de tanto trabajo? Los actores protagonistas se sienten escoltados: y la historia avanza.
Eva_rellan Companeros cap 10
Cargado por miguelrellan. - Todas las temporadas y episodios enteros online.
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Por HÉCTOR ACEBO (La Huella Digital, 28/9/09)
martes, 15 de septiembre de 2009
El grupo «San Tirso del Eo» estrena con éxito «Ruidos en la casa»
«Sala principal de una casa en pleno campo, de construcción ultramodernísima, un capricho de arquitecto con exceso de imaginación. Fue elegida «Casa del año» por la popular revista «Nuestro Hogar». Desgraciadamente, eso ocurrió en 1965 y la casa sigue sin venderse (...)». Así comienza «Ruidos en la casa», la disparatada comedia de Anthony Marriott y Anthony Foot que el grupo de teatro «San Tirso del Eo» llevó a escena por vez primera el pasado viernes en San Tirso de Abres, informa Héctor ACEBO. Unas 150 personas de todas las edades se troncharon de risa esa noche en la reducida Casa de Cultura municipal.
(La Nueva España, 15/9/09)
viernes, 12 de diciembre de 2008
¡Quién pudiera enamorarla!

Por HÉCTOR ACEBO (La Huella Digital, 12/12/08)
No sé por qué, pero la primera vez que vi a Sandra Aylagas (una belleza veinteañera de Madrid que hace sus primeros pinitos como actriz en el teatro alternativo) en una asignatura de libre elección que ofertaba el curso pasado nuestra Facultad, intuí (sin saber, por supuesto, nada de ella) que lo suyo era la interpretación. Tal vez por su elegancia a la hora de expresarse (los actores de teatro, como comentaba en “El profesor Rellán”, son expertos en ritmar sus diálogos y sus gestos) o por su manera de observar cualquier detalle (por mínimo que nos parezca) con una curiosidad fortísima. Porque el teatro (esto es: la interpretación más pura), más que mirar, admira la vida.
Mi hipótesis bergmaniana se hizo carne hace ya unos sábados en el Teatro de las Aguas. Sandra (que es la protagonista de Treats, una obra de Christopher Hampton dirigida por Juanma Gómez, de la Compañía Truco o Trato) empezaba muy fuerte, rozando el clímax, y cuando Antonio Rincón y Pablo Méndez –sus dos compañeros, que también lo hacen estupendamente– entraban en el diálogo, se iba apagando poco a poco, hasta que lo decía todo con gestos e insinuaciones. Precisamente es ahí, en esos (aparentes) descansos, cuando se aprecian los más singulares matices del actor de oficio, que lucha –incluso cuando la parte de su guión está en blanco– para que su identidad no se agote. Saber escuchar: ya sé, eso no está de moda.
Verdad que el guión de Treats es bastante tópico (un triángulo amoroso en busca de un solo yo, como me comentaba mi profesor Antonio Ubach esa misma noche), pero la puesta en escena (a pesar… o, mejor dicho, gracias a la escasez de medios) demuestra la originalidad de Juanma Gómez. Los actores reclaman, a través de alusiones y canciones (sesenteras y setenteras, para mi agrado), la participación del público en la obra: no en vano, nos sentamos en el auténtico escenario, mientras que ellos, en esa búsqueda eterna, deambulan por la sala. Y es que el ser actúa necesariamente por formas, “que son las apariencias que él se crea y a las que nosotros damos valor de realidad”, Pirandello dixit.
Al final, Sandra me pidió que bailase con ella la balada que cerraba (¿o abría?) la obra. No estuve, por los nervios y por la falta de práctica, a la altura de las circunstancias: creo que la pisé (no tengo perdón) en alguna ocasión. Ahora, como forma de agradecimiento (y, al mismo tiempo, de disculpa y de admiración), me veo en la obligación de dedicarle unos versos de don Álvaro Cunqueiro que popularizó en mi querida Galicia el cantautor Luis Emilio Batallán: “Tamén ten sombra de sombra / e andar primeiro de río. / ¡Quen poidera namorala, / meu amigo!”. Quién pudiera enamorar a una chica de otro tiempo. En otro tiempo, que es el teatro. La pasión. Sandra. El asombro. La (eterna) búsqueda. Mi vida.
[Treats, dirigida por Juanma Gómez, de la Compañía Truco o Trato, todos los sábados (hasta el 13 de diciembre) a las 22.00 horas en el Teatro de Las Aguas (C/ Las Aguas, 8; metro La Latina)].
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