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Bitácora de Héctor Acebo, poeta, periodista cultural y doctor en Periodismo
lunes, 21 de mayo de 2007
Estallido
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domingo, 20 de mayo de 2007
El oficio de poeta

que el hombre es triste, tose y, sin embargo,
se complace en su pecho colorado;
que lo único que hace es componerse
de días;
que es lóbrego mamífero y se peina...
Considerando
que el hombre procede suavemente del trabajo
y repercute jefe, suena subordinado;
que el diagrama del tiempo
es constante diorama en sus medallas
y, a medio abrir, sus ojos estudiaron,
desde lejanos tiempos,
su fórmula famélica de masa...
Comprendiendo sin esfuerzo
que el hombre se queda, a veces, pensando,
como queriendo llorar,
y, sujeto a tenderse como objeto,
se hace buen carpintero, suda, mata
y luego canta, almuerza, se abotona...
Considerando también
que el hombre es en verdad un animal
y, no obstante, al voltear, me da con su tristeza en la cabeza...
Examinando, en fin,
sus encontradas piezas, su retrete,
su desesperación, al terminar su día atroz, borrándolo...
Comprendiendo
que él sabe que le quiero,
que le odio con afecto y me es, en suma, indiferente...
Considerando sus documentos generales
y mirando con lentes aquel certificado
que prueba que nació muy pequeñito...
le hago una seña,
viene,
y le doy un abrazo, emocionado.
¡Qué más da! Emocionado... Emocionado...
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Imagen: CONRAD FELIXMÜLLER, La muerte del poeta Walter Rheiner, 1925
viernes, 18 de mayo de 2007
Long way home

martes, 15 de mayo de 2007
Erotización

Hija eres de los Lágidas
Lo proclaman la submarina definición de tu rostro,
tu piel salpicada por el mar en las escolleras,
tu andar por la alcoba
llevando la desnudez como un manto que te fuera debido.
En tus manos también está esa señal de poder,
ese aire que las sirve y obedece
cuando defines las cosas
y les indicas su lugar en el mundo.
En un recodo de los años,
de nuevo, intacto,
sin haber rozado siquiera
las arenas del tiempo,
ese aroma que escoltaba tu juventud
y te señalaba ya como auténtica heredera
del linaje de los Lágidas.
Me pregunto cómo has hecho
para vencer el cotidiano uso
del tiempo y de la muerte.
Tal vez éste sea el signo cierto
de tu origen, de tu condición de heredera
del fugaz Reino del Delta.
Cuando mis brazos se alcen
para recibir a la muerte
tú estarás allí, de nuevo, intacta,
haciendo más fácil el tránsito,
porque así serás siempre,
porque hija eres del linaje de los Lágidas.
lunes, 14 de mayo de 2007
Opiniónamos

JUAN GOYTISOLO,
Opiniónamos
EL PAÍS - 9/4/1996
La endeblez real de la literatura se disfraza a menudo entre nosotros, como en Francia, con el ajetreo y oropeles de la vida literaria. El ritmo vertiginoso de las presentaciones, coloquios y charlas justifica en verdad el madrileñísimo nombre de Movida. El público puede disfrutar a diario de la presencia de ídolos mediáticos, ganadores de premios, promotores histriónicos de sus propios productos e incluso, más espaciadamente, de autores aislados, retraídos y ariscos como es el caso de José Angel Valente o el mío. Entrada gratuita, lleno asegurado. Una pregunta quema no obstante los labios: ¿aumenta esto el nivel de la literatura?
Los fuegos fatuos del pantano o camposanto no se reducen a ínsulas tan exquisitas. Quienes no pueden correr de acto en acto, presentar y ser presentados, acaparar espacios televisivos, reiterar discursos fiambres, apuntarse a todas, cultivar obsesivamente su imagen retocada e invertir en ello unos dones artísticos de los que adolecen desdichadamente sus libros, disponen además de la posibilidad de dispersar a través de las ondas el rocío odorante de su palabra. En el recogimiento y sosiego de unos estudios insonorizados, propicios al rigor conceptual y la germinación de ideas, los tertulianos opinan a sus anchas de lo divino y humano, piropean o atacan, lanzan sus flechas o cubren de flores a amigos y enemigos. Estrategias de matrero jugador de ajedrez se combinan con mañas de florentino arribismo y rústica visceralidad. Hay Catedráticos de Tertulia, Críticos de Tertulia, Filósofos de Tertulia, Poetas de Tertulia y Tertulianos químicamente puros, cuya razón de ser, elevada a imperativo categórico, es la opinionitis. Los opiniónamos gozan de la portentosa facultad de poder ensalzar o destruir una obra sin haberla leído: cuanto tocan se convierte en materia opinable en virtud de una mirífica ciencia infusa. Las ondas radiales nos ponen así en contacto con una asamblea de doctos, expertos en todas las ciencias y artes que, desde los rubores del alba a los dudosos términos del día - e incluso de sobrecena -, nos deslumbran con su sabiduría y conocimientos, hondura de análisis y argumentación florida.
Otra particularidad nuestra: en ningún país del mundo existen tantos y tan bien dotados premios como en el Estado de las Autonomías (al extremo de que resulta difícil dar con un autor hábil y de reiterativo discurso que no acumule media docena de ellos). Dejando de lado los privados y sus naturales y distintos criterios de rentabilidad, advertiremos que la intervención del Estado en tal lotería, en vez de paliar las inevitables desigualdades creadas por las leyes del mercado entre el texto literario y el producto editorial -por ceñirnos ahora al caso de la novela-, actúa en función de criterios gremiales y se somete al "fiero sufragio universal" (Menéndez Pelayo dixit) de los defensores de lo establecido.
En lo que toca a los autores españoles, cualquiera que fuere su especialidad, el valor de la obra no cuenta sino a medias: importa más la fidelidad del galardonado a la escala de valores consensuada por los jefes de la tribu, la "destreza social externa" de la que habla Cernuda, el nadar conforme a la dirección de la corriente, el halago a las figuras y figurones que tienen la sartén por el mango a la hora de distribuir lauros y larguezas.
¿Por qué fue olvidado hasta su postrimería la "excéntrica" pero admirable labor de Julio Caro Baroja y se coronó la obra de críticos, poetas y novelistas menores o anodinos? La ingente empresa, solitaria y tenaz de un Márquez Villanueva, ¿no merece cervantes aun desvalorizados por su frecuente mal uso?
Releamos a Blanco White, Clarín y Cernuda y encontraremos la llave de muchos enigmas. Como decía Larra a la España de su tiempo, "¡para usted no pasan días!". Para la nuestra, tampoco. Resignémonos pues: somos nosotros los que pasamos.
Expresionismo

Despliégate, marchítate, oh, desangra
tu blando arríate de grandes heridas.
Mira: Venus con sus palomas se hace un cinturón
de rosas en torno a la puerta de amor de las caderas.
Mira el último hálito azul de este verano
sobre mares de amelos corriendo hacia las lejanas
márgenes, pardas como árboles. Mira
amaneciendo esta última hora de dicha y de mentiras
de nuestra condición meridional
arqueada hacia lo alto.
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Imagen: OTTO MUELLER, Tres desnudos en el bosque, 1911
domingo, 13 de mayo de 2007
La novela inacabada de Austen
La novela inacabada
que mi sueño terminó
no era de un rey ni de un hada,
que era de quién no soy yo.
Fuera de lo que decía,
decía yo quién no era…
Primavera florecía
sin que hubiese primavera.
Del sueño que vivo es mito,
perdido para salvarlo…
¿Quién me arrancó aquel escrito
que quise sin acabarlo?
Estos versos del primer Pessoa podrían resumir el valor de las grandes obras literarias. Y es que, como se apuntaba en otra parte del debate, la literatura es arte, y, por ende, debe ser algo más que un simple entretenimiento. Así pues, las “fábulas de fuentes” –en expresión de Jorge Guillén– deben mostrar al lector nuevos mundos, sueños inalcanzables que nos conduzcan a la libertad. Sólo de esta manera estaremos en condiciones de explorar –si es que de veras existe– nuestro propio “yo”.
Jane Austen consigue, con su obra capital, todas estas premisas. La lucha continua entre el Orgullo, que representa Darcy, y el Prejuicio (es decir, Elizabeth) nos conduce “al río del discurso”, en palabras de Gottfried Benn. Y es que, en el momento en que reine la disidencia –el principal objetivo de la literatura–, estaremos en condiciones de abordar cualquier tema desde diversos puntos de vista, lo cual nos enriquece a la hora de conformar nuestra propia opinión. En la obra de Austen, los dos protagonistas nos confirman, beso a verso, que no existe una única verdad: así pues, el orgullo y el prejuicio se diluyen a favor del amor.
Por otra parte, Orgullo y prejuicio también nos dice el “quién no era” de Pessoa: individuos que, como Wickham, no creen en los sueños ni aprenden de sus fallos porque sólo aceptan su propia “verdad”. Como dijo Leopoldo María Panero: “Dios me proteja de pensar como esos / hombres que piensan solos y / viven por ello de olvidar lo / que pensaron –porque / la mente no está sola y / Aquel /que canta la canción perdurable /demasiado la siente, demasiado.”
Otra lucha constante a lo largo de toda la novela sería la Naturaleza (Darcy) contra el Arte (Elizabeth). Para Austen, lo ideal no es otra cosa que un punto intermedio, lo cual se refleja en la unión de ambos caracteres. De aquí se desprende que, en la vida, se necesita una mezcla de inspiración y de trabajo. Quizás Austen concibiera de esta manera su oficio de hacedora de palabras…
En fin, tanta palabra sólo pretendía justificar “la novela inacabada que mi sueño terminó”. Esto quiere decir que, en las grandes obras, se necesita siempre nuestra propia firma, esto es, un ejercicio de reflexión que ordene todos los pasajes explorados. He aquí la gran diferencia entre el cine y la literatura: mientras que, en una película, nuestros sueños están subordinados al “otro”, la dirección de una novela corre a cargo de nuestro “yo”.
Para terminar, la moraleja del cuento, a cargo de Quevedo: “Donde hay soberbia, allí habrá ignominia; mas donde hay humildad, habrá sabiduría”.
sábado, 12 de mayo de 2007
Entender la literatura
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En segundo lugar, me gustaría señalar que Luis Alberto de Cuenca y Luis Antonio de Villena no pertenecen directamente, según J. M. Castellet (el antólogo de Nueve novísimos poetas españoles), a la generación de los "Novísimos".
"Al amanecer, cuando las mujeres comían fresas crudas, alguien llamó a mi puerta
fingiendo ser y llamarse Leopoldo María Panero. Sin embargo, su falta de entereza al representar el papel, sus abundantes silencios, sus equivocaciones al recordar frases célebres, su embarazo cuando le obligué a recitar a Pound, y finalmente lo poco gracioso de sus gracias, me convencieron de que se trataba de un impostor. Inmediatamente, hice venir a los soldados: al amanecer del día siguiente, cuando los hombres comían pescado congelado, y en presencia de todo el regimiento, le fueron arrancados sus galones, su cremallera, y arrojado a la basura su lápiz de labios, para ser fusilado poco después. Así termino el hombre que se fingía Leopoldo María Panero."
(LEOPOLDO MARÍA PANERO, “La llegada del impostor fingiéndose Leopoldo María Panero”, de Tres historias de la vida real, 1981)________
Imagen: KIRCHNER, Marcela (1910)
viernes, 11 de mayo de 2007
Homenaje a la tradición oral

El sabor de las fillogas
Sí, tu niñez ya fábula de fuentes
(JORGE GUILLÉN)
Para Antonio Dueñas
Cuando Ángel Prieto me dio el privilegio de ejercer de maestro de ceremonias de este III Encontro de portadores da tradición oral, pensé en los eucaliptos, en los tojos, en los pinos, en los helechos... Es decir, en los habitantes del frondoso bosque –o monte, como suelen decir mis gentes– de San Tirso. No hay historias de lobos ni de osos: el can de caza persigue a la raposa –así llaman al zorro– en el fallido intento de entrar en el corral. Pero la noche de San Juan es todo un universo mitológico: nunca nos atrevemos a espiar a las xanas –ninfas atrapadas en las fábulas y en las fuentes, que resucitan en esa noche mágica– porque la Santa Compaña –almas en pena– recorren las calles del pueblo cuando se va a morir algún vecino, según cuentan los viejos del lugar.
Gracias a los testimonios de nuestra cultura, es decir, a los portadores de la tradición oral, conocemos todas estas leyendas y recordamos los oficios y las formas de vida que existieron, hasta hace pocos años, en el noreste peninsular. Eso sí, cuando hablamos de tradición no debemos pensar en un retraso, sino más bien en todo lo contrario: esto es, algo cercano, puro, que forma parte de nuestra vida.
¿Acaso alguno de vosotros no reconoce este acento, los consejos de las madres, el sabor de las fillogas, o el canto de los grillos…? Gracias a la Asociación Cultural San Tirso del Eo, recordamos a menudo todos estos valores y bajamos –en justa expresión de Alberti– “al río”.
Alzo la voz, por tanto, para desempolvar el mito y recordaros que es imposible vivir el presente si no conocemos y entendemos el pasado. Seamos fieles a nuestros orígenes, no nos dejemos devorar por el dragón de la posmodernidad y exclamemos con Unamuno: “La libertad que hay que dar al pueblo es la cultura”.HÉCTOR ACEBO BELLO
Madrid, 15/4/07
Venid, hablemos uno con el otro.
No ha muerto quien habla.
Venid, condenemos aquel
que con silenciarnos amenaza.
Venid al río del discurso.
Que la palabra sea nuestra nave.
Cualquier idioma nos es útil.
No ha muerto quien habla.
¡Venid! Ya tan cerca de los escollos
del silencio se requiere una cosa:
que abráis vuestros labios.
No ha muerto quien habla.(GOTTFRIED BENN)
miércoles, 11 de abril de 2007
Un artículo de Antonio Elorza
A fines de los años ochenta, el gran historiador e hispanista francés Pierre Vilar me hacía una reflexión cuya validez se mantiene. En torno al 68, señalaba, la evolución del mundo se presentaba cargada de acentos positivos, y sin embargo se registró una eclosión del pensamiento revolucionario. Veinte años más tarde, las contradicciones del capitalismo, el fracaso del desarrollo económico en el Tercer Mundo, apuntan a la necesidad de una transformación radical, y sin embargo nadie habla de revolución.
Tal vez en la explicación de esa paradoja resida el núcleo duro de la actual crisis de la izquierda, que no puede ser interpretada como simple efecto de la traición a unos ideales todavía vigentes ni como resultado de la hegemonía del pensamiento conservador. Resulta curioso ver cómo supuestos marxistas tienden a adoptar este enfoque cargado de idealismo que, eso sí, les permite cargarse de buena conciencia y apuntalar la consiguiente división maniquea del mundo entre los puros (ellos y quienes son como ellos) y los impuros, todos los que han renunciado al objetivo revolucionario. Tal pureza además es fácil de mantener, ya que en ausencia de perspectivas revolucionarias la profesión de fe tiene ante sí un chivo expiatorio fácil, el antiamericanismo, y carece de riesgos personales. Y como suele ocurrir con las construcciones maniqueas, libera a sus portadores de la incómoda tarea de pensar la realidad. Con ser verbalmente antisistema, casi todo vale, e incluso puede producir ganancias, si nuestro revolucionario (o revolucionaria) trasnochado/a se apunta a la Alianza de las Civilizaciones o, en estos últimos tiempos, a respaldar ciegamente al Gobierno esgrimiendo el espantajo del PP "fascista".
Algunos ejemplos. Para tales personajes, sólo desde la tradicional incomprensión propia de Occidente puede ser puesto en cuestión el acceso del país de los ayatolás y de Ahmadineyad a la condición de potencia nuclear. O por citar un caso más concreto y reciente, las declaraciones de la marinera británica capturada serán la prueba de la agresividad británica y no la muestra repugnante de un tipo de presión totalitaria sobre el cautivo, vista 1.000 veces para quien quiera verlo en Irán desde 1979. Mirando hacia casa, no falta quien acepte como colegas a los defensores directos o indirectos del crimen político en Euskadi: santa autodeterminación obliga. Así que a "dialogar" como sea, marginando a las reaccionarias víctimas del terrorismo. Y como los maniqueos vienen bien para la versión simplificada de la política preferida por Zapatero, nada tiene de extraño su presencia y ascenso en medios estatales y allegados.
Es la conclusión de un camino hacia ninguna parte iniciado para la izquierda radical hace casi cuatro décadas, cuando en torno al 68 tuvieron lugar las últimas grandes movilizaciones obreras de la historia europea y con el aplastamiento de la "primavera de Praga" quedó de manifiesto la imposibilidad de reformar el sistema soviético. Además, la crisis de los 70 abrió un proceso en el curso del cual la reestructuración capitalista invalidó las políticas de redistribución al uso en la socialdemocracia. Hubo que abandonar la utopía y repensar la reforma. Sólo que muchos intelectuales de izquierda fueron incapaces de asumir que el fracaso de los comunismos no era sólo técnico, sino que supuso el feliz desplome de unos regímenes tiránicos, con un grado de inhumanidad a veces incomparablemente superior al de la "opresión capitalista". Pensemos en Mao o Pol Pot, o veamos La vida de los otros. Pero el sectario tiene la piel dura. Incluso desde el 89, muchos siguieron y siguen aferrados al clavo ardiendo de Cuba, e incluso sueñan hoy con el modelo de Chávez. A más de uno le convendría la etiqueta de "fascismo rojo". De este modo conservan su cuota en el mercado de las ideas.
La responsabilidad no es, pues, sólo del capitalismo, aun cuando éste en su grado de evolución actual haga más necesaria que nunca la existencia de un pensamiento crítico que tenga su referencia en los que son hoy sus portadores viables, los partidos socialdemócratas y los movimientos ecologistas. Sin servilismo, reconociendo la complejidad de lo real, la frecuente necesidad de criticar a dos bandas, y la exigencia de distanciarse de quienes siguen exhibiendo un rentable radicalismo verbal.
El País - 31/3/07
