Bitácora de Héctor Acebo, poeta, periodista cultural y doctor en Periodismo

Bitácora de Héctor Acebo, poeta, periodista cultural y doctor en Periodismo.
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sábado, 14 de junio de 2008

Ruido

Demasiado ruido. Demasiados chismes. Demasiada prensa rosa. Demasiados automóviles. Demasiada falsedad. Los que vivimos en una ciudad sabemos de lo que hablamos. En un artículo de Ramón Irigoyen publicado en El País de hoy (edición de Madrid) hallo unos maravillosos versos de Eugenio Montejo: "Tan altos son los edificios / que ya no se ve nada de mi infancia". Comparto con todos vosotros el poema completo:

Tan altos son los edificios
que ya no se ve nada de mi infancia.
Perdí mi patio con sus lentas nubes
donde la luz dejó plumas de ibis,
egipcias claridades,
perdí mi nombre y el sueño de mi casa.
Rectos andamios, torre sobre torre,
nos ocultan ahora la montaña.
El ruido crece a mil motores por oído,
a mil autos por pie, todos mortales.
Los hombres corren detrás de sus voces
pero las voces van a la deriva
detrás de los taxis.
Más lejana que Tebas, Troya, Nínive
y los fragmentos de sus sueños,
Caracas, ¿dónde estuvo?
Perdí mi sombra y el tacto de sus piedras,
ya no se ve nada de mi infancia.
Puedo pasearme ahora por sus calles
a tientas, cada vez más solitario;
su espacio es real, impávido, concreto,
sólo mi historia es falsa.
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Poemas Selectos.
Eugenio Montejo
Colección Poesis. Bid & Co Editor. Caracas, 2005.

domingo, 1 de junio de 2008

Cantos que cuentan



HÉCTOR ACEBO - "S. XXI" (La Nueva España), 01/05/08

En Anywhere I lay my head (un disco de versiones de Tom Waits que presenta como cantante a Scarlett Johansson), sustituye el sintetizador al violín, las programaciones al “piano borracho” (como definió el genio de California a su piano de madera sucio y con las teclas desencajadas) y, en suma, lo delicado a lo grotesco. Menos mal que se mantiene ese lirismo cinematográfico que retrata la desdicha del sueño americano.
Paradójicamente, la voz de la diva de Hollywood es amena y discreta. Claro que el peso recae en el productor Dave Sitek (guitarrista del grupo indie TV on the Radio), con quien Johansson firma un tema. El disco sufre tantos contrastes como altibajos. Ejemplo, “Town with no cheer” (que en la versión original nos sitúa en el Oeste crepuscular de Peckinpah) suena demasiado espesa. Al contrario, en “Fannin’ street” el vacío musical se llena con unos coros (mal aprovechados) del camaleónico Bowie. Creo que la idea inicial (modernizar –¿o suavizar, para mi daño?– la estética abrasiva) se consigue con un jugoso primer single (“Falling down”) y con el himno que da título al disco. Pero dejemos de citar al gran cronista de hoy: ¿por qué no soñamos, despiertos, con sus cantos que tanto cuentan?

martes, 27 de mayo de 2008

¡Válgame Dios!



Por HÉCTOR ACEBO

“No, a la gente no gusta que / uno tenga su propia fe”. Aquellos versos de George Brassens que Paco Ibáñez popularizó en nuestro país a finales de los 70 no han perdido fuerza alguna. Sólo así se explica el rechazo del PP frente a la Ley de Libertad Religiosa que está gestándose en el Gobierno. Federico Trillo (portavoz de los conservadores –y nunca mejor dicho: son una anacronía en nuestro país–) cree que esta reforma es un pretexto para hacer una ley “contra determinadas creencias”, pues su religión “es la de la mayoría de los españoles”. Habrá que recomendarle a este hombre La lista de Schindler, de Spielberg. O la queja de Rilke: “Allí donde muere un hombre, muere la humanidad”. Esto viene a cuento porque Trillo fue el responsable, al frente del Ministerio de Defensa, de la catástrofe del Yak-42 (62 militares fallecidos tras haber contratado 42 vuelos, la mayoría en aviones prácticamente obsoletos que pertenecieron en su día a la URSS, para el transporte de las tropas españolas desplegadas en el exterior). Pero no nos desviemos del tema. Lo que esta reforma pretende no es “ir contra nadie”, como apunta De la Vega, sino dar cobijo al resto de ideas y religiones que han estado, de una manera u otra, marginadas durante tantas décadas. Independientemente de si son mayoría o minoría. ¿Acaso no merece las mismas oportunidades IU que el PSOE?

¿Cómo puede entender un no creyente (yo el primero) que el Estado financie, con fondos públicos, centros concertados de ideario religioso? ¿Es necesaria la colocación de un crucifijo en la toma de posesión del Gobierno de turno ante el Rey? ¿Qué dirán algunos exiliados, cuyos padres fueron fusilados por haber defendido con uñas la libertad, cuando escuchan el himno nacional en las procesiones de Semana Santa? ¿Acaso pidió alguna vez perdón la Iglesia por haber apoyado un régimen genocida durante casi 40 años? Sólo se es patriota (y esto no va ligado a ningún color ni a ninguna religión, por mucho que el PP y la Iglesia se empeñen en asociar la Ley de Memoria Histórica con la izquierda) cuando se recuerda, con justicia, la gran masacre de nuestra Historia reciente. ¿Por qué no se celebra el Día Internacional de la Mujer, pero sí el de la Inmaculada? ¡Cuántas madres se han quedado sin estudiar por culpa de la vomitiva educación machista que nos ha vendido la derecha! ¿Por qué la Iglesia católica dispone de tres horas y media semanales frente a los cinco minutos que concede a las confesiones minoritarias? ¿Cuánto durará el enfrentamiento entre El Bueno y El Malo? ¿Por qué no ha de pagar la Iglesia católica tributos como el IVA?

Creo que todas estas preguntas relativas a la Iglesia y al catolicisimo (cada uno es libre de creer a su manera, por mucho que le duela a Rouco Varela) ofrecen una única respuesta. En una sociedad avanzada como la nuestra, es urgente una reforma de la Ley Orgánica de Libertad Religiosa (LOLR) de 1980: la separación tajante entre la Iglesia (no más trabas, por favor) y el Estado son el mejor camino para seguir extendiendo los derechos sociales. Con la implantación de la Ley de Libertad Religiosa, viviremos en un régimen laico: esto es (y tiro del diccionario de la RAE para que no haya malentendidos), “independiente de cualquier organización o confesión religiosa”. Tendrán, por ende, los musulmanes y los cristianos (claro que no olvidaremos nuestras raíces: sería un error imperdonable) las mismas oportunidades. Entretanto, Mayor Oreja nos asusta: “¿Por qué tengo yo que condenar el franquismo?”. Y la COPE (qué curioso: al final se ha terminado rompiendo el partido que tanto promocionan, no España) sigue generando odio por doquier… Tranquilos: Paco Ibáñez sigue musicando nuestros sueños: “Yo no pienso hacer ningún daño / queriendo vivir fuera del rebaño”. ¡Válgame Dios!

miércoles, 14 de mayo de 2008

Los niños robados

"Los niños que Hitler robó". Así se titula un interesantísimo reportaje publicado en el suplemento de El País el pasado domingo. Nunca les faltaron las lágrimas a estos héroes de la Historia. "Mamá tenía una chaqueta marrón, lloraba, pero nos separaba la alambrada". Tan sólo las canciones (¡la salvación: el arte!) podían adentrarse en aquella memoria violada por unos energúmenos que no merecen ni la sangre que ha corrido por sus venas. A veces, la Historia es más increíble que cualquier película de terror. La memoria debe servir para ser justos con todos estos afectados. Para que puedan volver, si lo desean, a España (su segunda casa). Y para que toda la gente conozca sus pesadillas, pues el pasado nos sirve para no volver a cometer los mismos errores. Por eso, pese a quien le pese, cualquier escrito sobre la II Guerra Mundial o sobre la Guerra Civil española (que es el inicio, como sostienen los historiadores, de la segunda masacre mundial: el fascismo contra la democracia) nunca es un mero pasatiempo. Como recordaba yo al albor de este mes en la presentación del IV Encontro de Portadores de Tradición Oral (San Tirso de Abres), la Ley de Memoria Histórica sirve para cerrar las heridas, no para abrirlas.

Ojalá todos conozcamos el pasado para no repetir los mismos errores. Lo que me duele es que, a día de hoy, se pueden escuchar declaraciones tan crueles como ésta: "¿Por qué tengo yo que condenar el franquismo?". Lo dijo Mayor Oreja. Amigos: la Ley de Memoria Histórica no es una pérdida de tiempo, ni un "entretenimiento", ni una "ocurrencia", como dijo el señor Rajoy en el primer debate televisivo con Rodríguez Zapatero días antes de las elecciones del 9 de marzo. Éstos son algunos de los políticos que nos representan. ¡Qué pocos estamos en la comprensión y en la justicia!