Bitácora de Héctor Acebo, poeta, periodista cultural y doctor en Periodismo

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domingo, 6 de marzo de 2016

En la nueva publicación de la Cátedra Valente

Es un honor para mí aparecer citado y fotografiado en la última publicación de la Cátedra de Poesía y Estética José Ángel Valente (Universidade de Santiago de Compostela):



El libro cuya aparición anuncié anteayer en mi bitácora se titula significativamente Cátedra Valente. 15 años de poesía y estética (2000-2015), pues sirve de memoria divulgativa del gran trabajo llevado a cabo por la citada cátedra en sus tres primeros lustros de vida

Las palabras mías que aparecen citadas en la obra pertenecen a una crítica que hice, para Revista de Letras (La Vanguardia, 9/2/2015), de Valente vital (Ginebra, Saboya, París). Este volumen, debido a Claudio Rodríguez Fer, Tera Blanco de Saracho y María Lopo, fue editado por la Cátedra Valente. 

La fotografía me la hizo el amigo Rodríguez Fer (escritor y profesor lucense) en mi primera visita a la Cátedra Valente, que él mismo dirige.

Valente es, desde luego, uno de los poetas que más admiro. En mi tesis, La metáfora en la poesía de Antonio Martínez Sarrión, que estoy concluyendo, el universal literato ourensano aparece citado (como lírico y teórico) varias veces.

viernes, 4 de marzo de 2016

Quince años de la Cátedra Valente de Poesía y Estética

José Ángel Valente y Claudio Rodríguez Fer.
La Cátedra de Poesía y Estética José Ángel Valente se creó en el año 2000 tras la donación hecha por el universal poeta gallego a la Universidade de Santiago de Compostela de su archivo y biblioteca personales. La última publicación de la citada cátedra, titulada significativamente Cátedra Valente. 15 años de poesía y estética (2000-2015), sirve de memoria divulgativa de su creación, inauguración, biblioteca y archivo, con especial atención a la correspondencia, a las dedicatorias, a los libros editados (tanto por creadores como por filósofos y ensayistas) y a las investigaciones acometidas (ediciones diversas, tesis doctorales, ensayos interpretativos), sin olvidar conferencias y seminarios impartidos. En definitiva, la nueva obra permite obtener una idea del incesante e ingente trabajo realizado por la Cátedra Valente en su primer quincenio de vida.

La primera función de la Cátedra Valente es la custodia, catalogación y estudio del importante material donado, así como la organización de actos y la publicación de obras relacionadas con el legado recibido. No obstante, la actuación de la Cátedra, denominada “de Poesía y Estética” por deseo del propio escritor, está abierta a las múltiples conexiones interdisciplinares e interartísticas que la proteica obra de Valente establece con la poesía y con la estética en general.

En sus primeros quince años, la Cátedra Valente ha desarrollado las colecciones Biblioteca de la Cátedra Valente y Serie Punto Cero, ha participado en coediciones, ha aportado material para numerosas recopilaciones y exposiciones sobre Valente y otros autores con él relacionados y ha documentado las obras de no menos numerosos investigadores de todo el mundo. 

Dirigida por el poeta Claudio Rodríguez Fer, gran amigo de Valente y estudioso y editor de su obra, la Cátedra Valente se ha convertido en un centro de documentación indispensable para el conocimiento de Valente y de sus múltiples relaciones con la cultura y con la sociedad contemporáneas.

La cubierta de la nueva publicación de la Cátedra Valente contiene un poema del universal creador ourensano, "Centro", manuscrito por el propio autor: "ALREDEDOR de la hembra solar sigue girando oscuro el universo".

martes, 10 de febrero de 2015

Valente en primer plano

José Ángel Valente (Ourense, 1929­-Ginebra, 2000) es, además de un clarividente ensayista, de un exquisito traductor y de un original narrador, uno de los más grandes poetas de la segunda mitad del siglo pasado. Autor integral, en su lírica se alían envidiablemente la fuerza epigramática, el misterio oriental, el simbolismo contenido, el pensamiento más agudo o la mística (materializada con frecuencia en clave erótica).
José Ángel Valente y Claudio Rodríguez Fer.






Inaugurada en 2000, la Cátedra Valente que dirige el escritor y profesor Claudio Rodríguez Fer en la Universidade de Santiago está llevando a cabo una encomiable labor de investigación en la vida y obra del universal poeta ourensano. La última publicación de la citada cátedra, Valente vital (Ginebra, Saboya, París), es la segunda parte de la biografía del lírico y corresponde a su periodo de madurez, prosiguiendo la senda iniciada en Valente vital (Galicia, Madrid, Oxford), donde se trataban los años de formación del autor en cuestión. En el segundo volumen, el propio Rodríguez Fer y Tera Blanco de Saracho se ocupan conjuntamente de la época pasada por Valente en Ginebra y en la Alta Saboya francesa (1958-1982), cuando ejerció como funcionario internacional en la OMS; por su parte, María Lopo investiga la etapa del vate en París (1982-1984), donde dirigió servicios de traducción de la UNESCO. La obra es el resultado del minucioso estudio del archivo (decenas de dosieres, cientos de manuscritos, más de diez mil cartas) y de la biblioteca de Valente, así como de numerosas entrevistas a parientes y amigos del protagonista. Rodríguez Fer —editor de la monografía—, Blanco de Saracho y Lopo son reconocidos expertos en la literatura valenteana.

Portada del segundo tomo del proyecto Valente vital.
Valente vital (Ginebra, Saboya, París) es una extensa biografía documental —más de 500 páginas— que yo recomendaría a todo amante de la poesía contemporánea europea. Y no lo digo pensando sólo en las interesantes andanzas del genio. Son determinantes las virtudes debidas expresamente a los tres investigadores, como la elocución tersa. Merece la pena acentuar dicho aspecto, porque lo frecuente, en un trabajo académico de estas características, es chocar con la pedantería y con farragosas notas a pie de página. Me parece ejemplar el capítulo desarrollado por Rodríguez Fer y Blanco de Saracho: en él encontramos pasajes que, debido a su amenidad y a su poder evocador (nunca reñidos con el rigor científico), parecen traídos de una narración contenida o de una efectiva columna periodística. Ilustran dicha maestría las siguientes líneas, que versan sobre uno de los más entrañables protagonistas de la poesía de Valente:

“Durante los primeros años sesenta, en los que repiensa poéticamente su infancia, como pone en evidencia sobre todo en el libro La memoria y los signos, Valente adquirió en Ginebra, para sí mismo y no para sus hijos, un muñeco de trapo, al que llamará Pancho y que habría de acompañarlo hasta el final de su vida. Su aspecto vulnerable de pobre con remiendos, su oscura tez de paria y sus brazos abiertos en cruz le transmitieron una sensación de soledad, extranjería y desposesión con los que el poeta se sintió identificado.”

No es difícil hallar en la lírica de Valente ecos de diversos ámbitos referenciales, como la pintura, la filosofía o la mística. Claro que la palabra poética es autónoma, y, dada la organización rítmica del género, el creador debe sugerir, más que explicar; lo expresó de forma soberbia el propio Valente: “Un poema no existe si no se oye, antes que su palabra, su silencio”. Era necesario, pues, un estudio que mostrase meridianamente el rico universo interdisciplinar valenteano; y, sin duda, el magnífico libro de Rodríguez Fer, Blanco de Saracho y Lopo llena ese vacío. Porque dichos autores, además de biógrafos minuciosos, ejercen de sagaces ensayistas culturales, como merece una figura de la talla de Valente. Resulta revelador, por ejemplo, profundizar en la intensísima relación amistosa e intelectual que el autor de A modo de esperanza mantuvo, durante su estancia en Ginebra y en Saboya, con la filósofa María Zambrano, quien vivía, cuando ambos se conocieron, en los Alpes franceses. En justas palabras de Rodríguez Fer y Blanco de Saracho, “Zambrano y Valente comparten poética y metapoética porque comparten concepción heideggeriana de la palabra originaria como morada del ser”. Bajo ese prisma, el vate dedicaría expresamente a la filósofa un subyugante poema que concluye así: “Luz, / donde aún no forma / su innumerable rostro lo visible”. Las apasionadas referencias a lo originario, al enigma, a lo invisible…, son constantes en la relación entre ambos intelectuales. Una fascinante relación que se deterioraría en los 80, con Valente viviendo ya en París.

En efecto, los investigadores demuestran mucha pericia a la hora de complementar las andanzas e inquietudes de Valente con significativos textos literarios y periodísticos del propio protagonista, los cuales justifican la pureza del escritor (jamás dejó de experimentar lingüísticamente, mientras otros colegas parecían vivir pendientes de los resortes del poder gremial) o el compromiso del ciudadano con su tiempo (participó en actividades antifascistas, criticó la represiva Cuba castrista, se solidarizó con los pueblos indígenas masacrados en el planeta…). Por supuesto, también contribuye a dibujar esos perfiles la correspondencia —muy bien seleccionada— que mantuvo Valente con reputados intelectuales; además de María Zambrano, desfilan por la biografía Emilio Adolfo Westphalen (uno de los principales maestros de Valente), Juan Gelman, Mario Vargas Llosa, Calvert Casey, Alberto Jiménez Fraud, Juan Goytisolo, José-Miguel Ullán, Bernard Noël, Edmond Amran El Maleh

La autenticidad de la monografía valenteana es tal, que servirá para desmontar el estereotipo. Efectivamente, en el imaginario colectivo permanece un Valente arisco; este retrato se extendió a través de las controversias generadas por algunos de sus artículos (recordemos aquél que publicó en ABC con motivo de la muerte de Zambrano), fraguados desde la radical independencia que caracterizaba al autor. Pues bien, leyendo el documentadísimo capítulo de Rodríguez Fer y Blanco de Saracho, más de uno se sorprenderá —creo yo— al descubrir la extrema generosidad de Valente. Pondré un ejemplo relativo a su activismo político antifranquista: en los 60, incentivado por militantes del FELIPE (el Frente de Liberación Popular, al que Valente terminaría perteneciendo), el literato ofreció clases para obreros españoles residentes en Ginebra, volcándose plenamente en la tarea. Valente, junto a otros funcionarios internacionales, formaba a aquellos emigrantes no sólo en el francés, sino también en la crítica social y la conciencia de clase. Son bien reveladoras estas palabras del sindicalista gallego Suso Baamonde (quien por aquellas calendas emigró a la República Helvética, donde trabó amistad con el poeta): “Pocos intelectuales como Valente se acercaron verdaderamente al mundo de los obreros, intentando educarlos”.

A propósito, Valente —que llevó una vida tan cosmopolita— fue un firme defensor del galleguismo. Constantemente preocupado por las condiciones sociales y culturales de la comunidad gallega residente en Ginebra, el escritor promovió el asociacionismo solidario, participando así en la fundación del Centro Gallego de Ginebra (que daría paso a la Sociedade Emigrante A Nosa Galiza). Esa intensa colaboración con el contingente inmigrante fue, sin duda, decisiva para que el propio genio recuperase el cultivo literario de su lengua vernácula —que es también la mía—. Ahí está la vibrante serie poética Cántigas de alén (Cantigas de más allá).  

Por supuesto, Valente conjugó la generosidad y la solidaridad con un indudable temperamento crítico. Expondré otro significativo ejemplo referido a su activismo político: nuestro protagonista colaboraba con el Partido Comunista de España (al igual que con toda la restante oposición a la dictadura de Franco), pero esto no fue óbice para que denunciase, en un poema publicado en 1966, la utilización propagandística que el citado partido hacía de su militante Marcos Ana:

“Mas él se limitaba al aprendido oficio
de dar fe ante los otros, decir lo consabido,
consolidar de prisa el argumento
(por lo demás de todos ya aceptado)
que a su causa servía.”

Marcos Ana, poeta proletario, llegó en 1961 a Ginebra (donde conoció a Valente), siendo entonces el preso político español que había pasado más tiempo —veintitrés años— en la cárcel.

Valente dijo, en un artículo, sobre su malogrado amigo y colega Alfonso Costafreda: “Su aventura fue, ciertamente, distinta”. Pues bien, esas palabras también podrían aplicarse al propio Valente; no en vano, estamos ante el único escritor que fue sometido a un consejo de guerra en la España de Franco por un texto literario. El subversivo escrito un relato se titula “El uniforme del General” y está inspirado en un suceso acontecido durante la Guerra Civil. Su autor, “declarado en rebeldía” en 1972 por no presentarse al juicio correspondiente, fue privado de pasaporte y amenazado de detención si pisaba suelo español: así pues, Valente pasó a tener durante tres años categoría de exiliado, como tantos de sus amigos y maestros.

Al igual que Ginebra (Saboya también pero en menor medida), París dejará su influjo en la escritura de Valente, lo cual no es de extrañar: el autor de El fulgor formó parte del ambiente cultural de ambas ciudades. Como explica la investigadora Lopo, París fue una ciudad mitificada por el gallego en su deslumbramiento juvenil; sin embargo, al poeta maduro se le hizo cuesta arriba su estancia en la capital francesa, pese a que entonces vivía con su amada Coral Gutiérrez (quien terminaría siendo su segunda y última esposa). Culpables de esa fatiga vital fueron el frío y la falta de luz, así como los parsimoniosos trámites judiciales del divorcio con su primera mujer (Emilia Palomo), que le obligaban a desplazarse continuamente a Ginebra. Tal estado de ánimo queda reflejado en la valenteana obra en prosa Palais de Justice, que trata precisamente sobre el citado proceso de divorcio: “Aquí no existe nada ni nadie más que el sumergido rumor de la mierda de los siglos surcada por ejércitos de ratas”. (En esos términos se refiere Valente a París.) Las palabras de Lopo son fundamentales, desde luego, para adentrarse de lleno en la lacerante realidad de Palais de Justice, texto que no se publicó íntegro, por cierto, hasta el pasado año.

La cuidadísima edición de
Valente vital (Ginebra, Saboya, París), en tapa dura y con diáfana letra románica, viene presidida por dos obras de sendos pintores, colaboradores y amigos del protagonista: un dibujo del cubano Baruj Salinas y el logotipo que el catalán Antoni Tàpies cedió a la Cátedra Valente. Qué mejor manera de representar el carácter interdisciplinar de Valente, su condición de poeta universal. 

miércoles, 10 de diciembre de 2014

Rodríguez Fer presenta mañana en Madrid una obra sobre la madurez de Valente

Mañana, en el madrileño Centro de Arte Moderno (C/ Galileo, 52), a partir de las 19 horas, se presentará la nueva publicación de la Cátedra José Ángel Valente (Universidade de Santiago). Me refiero a la interesantísima biografía Valente vital (Ginebra, Saboya, París). La obra, debida a Claudio Rodríguez Fer, Tera Blanco de Saracho y María Lopo, abarca el periodo de madurez del gran poeta ourensano. En el acto intervendrá mi querido Rodríguez Fer, quien, además de ser el editor del libro, dirige la Cátedra Valente.


jueves, 30 de octubre de 2014

La Cátedra Valente publica una obra sobre la madurez del gran poeta ourensano

           
La Cátedra José Ángel Valente de Poesía y Estética de la Universidad de Santiago, dirigida por el poeta y estudioso valentista Claudio Rodríguez Fer, acaba de publicar, en cuidada edición de este último, Valente vital (Ginebra, Saboya, París). Se trata del resultado de una larga investigación en la vida y en la obra del escritor ourensano, para la que se dispuso de la importante biblioteca y del riquísimo archivo del autor estudiado, consistente en decenas de dosieres, cientos de manuscritos y más de diez mil cartas, aparte de numerosas entrevistas con parientes y amigos.

Valente vital (Ginebra, Saboya, París), debido a Claudio Rodríguez Fer, Tera Blanco de Saracho y María Lopo, aborda el período de madurez del poeta prosiguiendo el camino iniciado, también con la dirección del primero, por Valente vital (Galicia, Madrid, Oxford), elaborado por el propio Rodríguez Fer, Marta Agudo y Manuel Fernández Rodríguez, que trataba de la infancia y juventud del autor en cuestión. La nueva obra se compone de más de quinientas páginas presididas por el logotipo cedido por Antoni Tàpies a la Cátedra Valente y por un dibujo de Baruj Salinas, pintores ambos amigos y colaboradores del poeta.

Claudio Rodríguez Fer y Tera Blanco de Saracho (poetas, ensayistas y profesores de Literatura Española) se ocuparon del más de un cuarto de siglo pasado por Valente en Ginebra y en la Alta Saboya francesa mientras ejerció como funcionario internacional de la OMS. Por su parte, María Lopo (doctora en Literatura Francesa, además de profesora y ensayista) investigó la época pasada por Valente en París, donde el poeta dirigió servicios de traducción de la UNESCO.

Consecuentemente, en la parte dedicada a Ginebra se trata de la participación de Valente en los organismos internacionales y en la vida cultural y artística de Suiza, pero también de importantes relaciones personales con decenas de escritores españoles e hispanoamericanos tan significativos como Cortázar, Costafreda, Calvert Casey o Westphalen. Además de dar detallada cuenta del magisterio ejercido sobre él por el exiliado Alberto Jiménez Fraud (fundador de la Residencia de Estudiantes) y por la filósofa también exiliada María Zambrano, cuya relación fue decisiva para ambos. Asimismo, se tratan asuntos sociales y políticos de especial trascendencia, como su relación con la oposición antifranquista, tanto a través de la memoria histórica (maquis español, brigadismo internacional) como de la participación directa (exilio y solidaridad política antifascista, colaboración con los emigrantes gallegos), contexto en el que se documenta con material de primera mano el consejo de guerra al que fue sometido por la dictadura franquista, único causado por un escrito literario.

En la parte dedicada a París se comienza por el intenso impacto producido por la primera visita del poeta a dicha capital cultural europea en su juventud, para luego relatarse los contactos que mantuvo en ella durante décadas con el editor José Martínez y las Ediciones de Ruedo Ibérico y con amigos escritores tan íntimos como Juan Goytisolo o José-Miguel Ullán. Especial atención se dedica a la instalación y relaciones de Valente en París como funcionario de la UNESCO, donde conoció al poeta argentino y permanente amigo Juan Gelman. Y, por supuesto, se trata de la presencia de la cultura francesa en su obra y viceversa, incluyendo sus traducciones del judío Edmond Jabès, sus colaboraciones con Bernard Noël o las versiones al francés de su obra realizadas por Jacques Ancet.

Valente vital (Ginebra, Saboya, París) sucede a un nutrido conjunto de obras de referencia publicadas por la Cátedra Valente, debidas a especialistas de Europa, América y África, algunos muy amigos del poeta, como Antonio Gamoneda, Juan Goytisolo, Andrés Sánchez Robayna o Claudio Rodríguez Fer.

José Ángel Valente y Claudio Rodríguez Fer.

miércoles, 7 de mayo de 2014

En la Cátedra Valente

En la imagen de abajo, estoy en la Cátedra de Poesía y Estética José Ángel Valente (Universidad de Santiago de Compostela) releyendo al propio autor de Fragmentos de un libro futuro. La foto fue tomada por nuestro amigo Claudio Rodríguez Fer, poeta y director de la citada cátedra, el 28 de noviembre del pasado año. En ese momento gozoso, uno probablemente estaría ahondando en el siguiente poema de Valente, tan delicado y tan carnal: 

A las niñas les crecen largas piernas, delicadas orejas, incandescentes vellos, moluscos sumergidos, muslos húmedos, cabelleras doradas por el viento de otoño, insondables ojeras, párpados y pétalos, cinturas inasibles, precipitados limites del cuerpo hacia la lenta noche del amor, su infinita mirada.

¡Mágico Valente!