Bitácora de Héctor Acebo, poeta, periodista cultural y doctor en Periodismo

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domingo, 6 de marzo de 2016

En la nueva publicación de la Cátedra Valente

Es un honor para mí aparecer citado y fotografiado en la última publicación de la Cátedra de Poesía y Estética José Ángel Valente (Universidade de Santiago de Compostela):



El libro cuya aparición anuncié anteayer en mi bitácora se titula significativamente Cátedra Valente. 15 años de poesía y estética (2000-2015), pues sirve de memoria divulgativa del gran trabajo llevado a cabo por la citada cátedra en sus tres primeros lustros de vida

Las palabras mías que aparecen citadas en la obra pertenecen a una crítica que hice, para Revista de Letras (La Vanguardia, 9/2/2015), de Valente vital (Ginebra, Saboya, París). Este volumen, debido a Claudio Rodríguez Fer, Tera Blanco de Saracho y María Lopo, fue editado por la Cátedra Valente. 

La fotografía me la hizo el amigo Rodríguez Fer (escritor y profesor lucense) en mi primera visita a la Cátedra Valente, que él mismo dirige.

Valente es, desde luego, uno de los poetas que más admiro. En mi tesis, La metáfora en la poesía de Antonio Martínez Sarrión, que estoy concluyendo, el universal literato ourensano aparece citado (como lírico y teórico) varias veces.

viernes, 4 de marzo de 2016

Quince años de la Cátedra Valente de Poesía y Estética

José Ángel Valente y Claudio Rodríguez Fer.
La Cátedra de Poesía y Estética José Ángel Valente se creó en el año 2000 tras la donación hecha por el universal poeta gallego a la Universidade de Santiago de Compostela de su archivo y biblioteca personales. La última publicación de la citada cátedra, titulada significativamente Cátedra Valente. 15 años de poesía y estética (2000-2015), sirve de memoria divulgativa de su creación, inauguración, biblioteca y archivo, con especial atención a la correspondencia, a las dedicatorias, a los libros editados (tanto por creadores como por filósofos y ensayistas) y a las investigaciones acometidas (ediciones diversas, tesis doctorales, ensayos interpretativos), sin olvidar conferencias y seminarios impartidos. En definitiva, la nueva obra permite obtener una idea del incesante e ingente trabajo realizado por la Cátedra Valente en su primer quincenio de vida.

La primera función de la Cátedra Valente es la custodia, catalogación y estudio del importante material donado, así como la organización de actos y la publicación de obras relacionadas con el legado recibido. No obstante, la actuación de la Cátedra, denominada “de Poesía y Estética” por deseo del propio escritor, está abierta a las múltiples conexiones interdisciplinares e interartísticas que la proteica obra de Valente establece con la poesía y con la estética en general.

En sus primeros quince años, la Cátedra Valente ha desarrollado las colecciones Biblioteca de la Cátedra Valente y Serie Punto Cero, ha participado en coediciones, ha aportado material para numerosas recopilaciones y exposiciones sobre Valente y otros autores con él relacionados y ha documentado las obras de no menos numerosos investigadores de todo el mundo. 

Dirigida por el poeta Claudio Rodríguez Fer, gran amigo de Valente y estudioso y editor de su obra, la Cátedra Valente se ha convertido en un centro de documentación indispensable para el conocimiento de Valente y de sus múltiples relaciones con la cultura y con la sociedad contemporáneas.

La cubierta de la nueva publicación de la Cátedra Valente contiene un poema del universal creador ourensano, "Centro", manuscrito por el propio autor: "ALREDEDOR de la hembra solar sigue girando oscuro el universo".

miércoles, 11 de noviembre de 2015

El pájaro y la poesía

El canto del pájaro es líquido. También la palabra poética sólo se reconoce en su fluir. 
José Ángel Valente 



martes, 16 de junio de 2015

Poesía y polisemia

Pope, hablando de la alianza entre forma y contenido, dijo que en la poesía "el sonido tiene que parecer un Eco del sentido". Me gusta la sentencia del lingüista ruso, pero yo, más que de "sentido", hablaría de "sentidos", pues la poesía, debido a su organización rítmica (culpable de las radicales elipsis o de la sincopación fónica y sintáctica), deja muchos vocablos abiertos a varias direcciones semánticas. En esa línea, Octavio Paz (a quien cito constantemente en mi tesis doctoral) escribió que la imagen “recoge y exalta todos los valores de las palabras, sin excluir los significados primarios y secundarios”. De este modo, toda imagen (sea ésta una metáfora, una sinestesia, una alegoría...) manifiesta, según Paz, "la pluralidad de lo real como unidad última". Son también reveladoras estas palabras de Valente: "Multiplicador de sentidos, el poema es superior a todos sus sentidos posibles. Y aunque todos ellos nos hubieran sido dados, el poema ha de retener de su naturaleza lo que en rigor lo constituye, la fascinación del enigma”. 

El hermoso poema que reproduzco a continuación es del propio Valente: 

ESTA IMAGEN DE TI 
Estabas a mi lado
y más próxima a mí que mis sentidos. 
Hablabas desde dentro del amor,
armada de su luz.
Nunca palabras
de amor más puras respirara. 
Estaba tu cabeza suavemente
inclinada hacia mí.
Tu largo pelo
y tu alegre cintura.
Hablabas desde el centro del amor,
armada de su luz,
en una tarde gris de cualquier día. 
Memoria de tu voz y de tu cuerpo
mi juventud y mis palabras sean
y esta imagen de ti me sobreviva.

Esta imagen está extraída de la página Ladronas de libros.

martes, 10 de febrero de 2015

Valente en primer plano

José Ángel Valente (Ourense, 1929­-Ginebra, 2000) es, además de un clarividente ensayista, de un exquisito traductor y de un original narrador, uno de los más grandes poetas de la segunda mitad del siglo pasado. Autor integral, en su lírica se alían envidiablemente la fuerza epigramática, el misterio oriental, el simbolismo contenido, el pensamiento más agudo o la mística (materializada con frecuencia en clave erótica).
José Ángel Valente y Claudio Rodríguez Fer.






Inaugurada en 2000, la Cátedra Valente que dirige el escritor y profesor Claudio Rodríguez Fer en la Universidade de Santiago está llevando a cabo una encomiable labor de investigación en la vida y obra del universal poeta ourensano. La última publicación de la citada cátedra, Valente vital (Ginebra, Saboya, París), es la segunda parte de la biografía del lírico y corresponde a su periodo de madurez, prosiguiendo la senda iniciada en Valente vital (Galicia, Madrid, Oxford), donde se trataban los años de formación del autor en cuestión. En el segundo volumen, el propio Rodríguez Fer y Tera Blanco de Saracho se ocupan conjuntamente de la época pasada por Valente en Ginebra y en la Alta Saboya francesa (1958-1982), cuando ejerció como funcionario internacional en la OMS; por su parte, María Lopo investiga la etapa del vate en París (1982-1984), donde dirigió servicios de traducción de la UNESCO. La obra es el resultado del minucioso estudio del archivo (decenas de dosieres, cientos de manuscritos, más de diez mil cartas) y de la biblioteca de Valente, así como de numerosas entrevistas a parientes y amigos del protagonista. Rodríguez Fer —editor de la monografía—, Blanco de Saracho y Lopo son reconocidos expertos en la literatura valenteana.

Portada del segundo tomo del proyecto Valente vital.
Valente vital (Ginebra, Saboya, París) es una extensa biografía documental —más de 500 páginas— que yo recomendaría a todo amante de la poesía contemporánea europea. Y no lo digo pensando sólo en las interesantes andanzas del genio. Son determinantes las virtudes debidas expresamente a los tres investigadores, como la elocución tersa. Merece la pena acentuar dicho aspecto, porque lo frecuente, en un trabajo académico de estas características, es chocar con la pedantería y con farragosas notas a pie de página. Me parece ejemplar el capítulo desarrollado por Rodríguez Fer y Blanco de Saracho: en él encontramos pasajes que, debido a su amenidad y a su poder evocador (nunca reñidos con el rigor científico), parecen traídos de una narración contenida o de una efectiva columna periodística. Ilustran dicha maestría las siguientes líneas, que versan sobre uno de los más entrañables protagonistas de la poesía de Valente:

“Durante los primeros años sesenta, en los que repiensa poéticamente su infancia, como pone en evidencia sobre todo en el libro La memoria y los signos, Valente adquirió en Ginebra, para sí mismo y no para sus hijos, un muñeco de trapo, al que llamará Pancho y que habría de acompañarlo hasta el final de su vida. Su aspecto vulnerable de pobre con remiendos, su oscura tez de paria y sus brazos abiertos en cruz le transmitieron una sensación de soledad, extranjería y desposesión con los que el poeta se sintió identificado.”

No es difícil hallar en la lírica de Valente ecos de diversos ámbitos referenciales, como la pintura, la filosofía o la mística. Claro que la palabra poética es autónoma, y, dada la organización rítmica del género, el creador debe sugerir, más que explicar; lo expresó de forma soberbia el propio Valente: “Un poema no existe si no se oye, antes que su palabra, su silencio”. Era necesario, pues, un estudio que mostrase meridianamente el rico universo interdisciplinar valenteano; y, sin duda, el magnífico libro de Rodríguez Fer, Blanco de Saracho y Lopo llena ese vacío. Porque dichos autores, además de biógrafos minuciosos, ejercen de sagaces ensayistas culturales, como merece una figura de la talla de Valente. Resulta revelador, por ejemplo, profundizar en la intensísima relación amistosa e intelectual que el autor de A modo de esperanza mantuvo, durante su estancia en Ginebra y en Saboya, con la filósofa María Zambrano, quien vivía, cuando ambos se conocieron, en los Alpes franceses. En justas palabras de Rodríguez Fer y Blanco de Saracho, “Zambrano y Valente comparten poética y metapoética porque comparten concepción heideggeriana de la palabra originaria como morada del ser”. Bajo ese prisma, el vate dedicaría expresamente a la filósofa un subyugante poema que concluye así: “Luz, / donde aún no forma / su innumerable rostro lo visible”. Las apasionadas referencias a lo originario, al enigma, a lo invisible…, son constantes en la relación entre ambos intelectuales. Una fascinante relación que se deterioraría en los 80, con Valente viviendo ya en París.

En efecto, los investigadores demuestran mucha pericia a la hora de complementar las andanzas e inquietudes de Valente con significativos textos literarios y periodísticos del propio protagonista, los cuales justifican la pureza del escritor (jamás dejó de experimentar lingüísticamente, mientras otros colegas parecían vivir pendientes de los resortes del poder gremial) o el compromiso del ciudadano con su tiempo (participó en actividades antifascistas, criticó la represiva Cuba castrista, se solidarizó con los pueblos indígenas masacrados en el planeta…). Por supuesto, también contribuye a dibujar esos perfiles la correspondencia —muy bien seleccionada— que mantuvo Valente con reputados intelectuales; además de María Zambrano, desfilan por la biografía Emilio Adolfo Westphalen (uno de los principales maestros de Valente), Juan Gelman, Mario Vargas Llosa, Calvert Casey, Alberto Jiménez Fraud, Juan Goytisolo, José-Miguel Ullán, Bernard Noël, Edmond Amran El Maleh

La autenticidad de la monografía valenteana es tal, que servirá para desmontar el estereotipo. Efectivamente, en el imaginario colectivo permanece un Valente arisco; este retrato se extendió a través de las controversias generadas por algunos de sus artículos (recordemos aquél que publicó en ABC con motivo de la muerte de Zambrano), fraguados desde la radical independencia que caracterizaba al autor. Pues bien, leyendo el documentadísimo capítulo de Rodríguez Fer y Blanco de Saracho, más de uno se sorprenderá —creo yo— al descubrir la extrema generosidad de Valente. Pondré un ejemplo relativo a su activismo político antifranquista: en los 60, incentivado por militantes del FELIPE (el Frente de Liberación Popular, al que Valente terminaría perteneciendo), el literato ofreció clases para obreros españoles residentes en Ginebra, volcándose plenamente en la tarea. Valente, junto a otros funcionarios internacionales, formaba a aquellos emigrantes no sólo en el francés, sino también en la crítica social y la conciencia de clase. Son bien reveladoras estas palabras del sindicalista gallego Suso Baamonde (quien por aquellas calendas emigró a la República Helvética, donde trabó amistad con el poeta): “Pocos intelectuales como Valente se acercaron verdaderamente al mundo de los obreros, intentando educarlos”.

A propósito, Valente —que llevó una vida tan cosmopolita— fue un firme defensor del galleguismo. Constantemente preocupado por las condiciones sociales y culturales de la comunidad gallega residente en Ginebra, el escritor promovió el asociacionismo solidario, participando así en la fundación del Centro Gallego de Ginebra (que daría paso a la Sociedade Emigrante A Nosa Galiza). Esa intensa colaboración con el contingente inmigrante fue, sin duda, decisiva para que el propio genio recuperase el cultivo literario de su lengua vernácula —que es también la mía—. Ahí está la vibrante serie poética Cántigas de alén (Cantigas de más allá).  

Por supuesto, Valente conjugó la generosidad y la solidaridad con un indudable temperamento crítico. Expondré otro significativo ejemplo referido a su activismo político: nuestro protagonista colaboraba con el Partido Comunista de España (al igual que con toda la restante oposición a la dictadura de Franco), pero esto no fue óbice para que denunciase, en un poema publicado en 1966, la utilización propagandística que el citado partido hacía de su militante Marcos Ana:

“Mas él se limitaba al aprendido oficio
de dar fe ante los otros, decir lo consabido,
consolidar de prisa el argumento
(por lo demás de todos ya aceptado)
que a su causa servía.”

Marcos Ana, poeta proletario, llegó en 1961 a Ginebra (donde conoció a Valente), siendo entonces el preso político español que había pasado más tiempo —veintitrés años— en la cárcel.

Valente dijo, en un artículo, sobre su malogrado amigo y colega Alfonso Costafreda: “Su aventura fue, ciertamente, distinta”. Pues bien, esas palabras también podrían aplicarse al propio Valente; no en vano, estamos ante el único escritor que fue sometido a un consejo de guerra en la España de Franco por un texto literario. El subversivo escrito un relato se titula “El uniforme del General” y está inspirado en un suceso acontecido durante la Guerra Civil. Su autor, “declarado en rebeldía” en 1972 por no presentarse al juicio correspondiente, fue privado de pasaporte y amenazado de detención si pisaba suelo español: así pues, Valente pasó a tener durante tres años categoría de exiliado, como tantos de sus amigos y maestros.

Al igual que Ginebra (Saboya también pero en menor medida), París dejará su influjo en la escritura de Valente, lo cual no es de extrañar: el autor de El fulgor formó parte del ambiente cultural de ambas ciudades. Como explica la investigadora Lopo, París fue una ciudad mitificada por el gallego en su deslumbramiento juvenil; sin embargo, al poeta maduro se le hizo cuesta arriba su estancia en la capital francesa, pese a que entonces vivía con su amada Coral Gutiérrez (quien terminaría siendo su segunda y última esposa). Culpables de esa fatiga vital fueron el frío y la falta de luz, así como los parsimoniosos trámites judiciales del divorcio con su primera mujer (Emilia Palomo), que le obligaban a desplazarse continuamente a Ginebra. Tal estado de ánimo queda reflejado en la valenteana obra en prosa Palais de Justice, que trata precisamente sobre el citado proceso de divorcio: “Aquí no existe nada ni nadie más que el sumergido rumor de la mierda de los siglos surcada por ejércitos de ratas”. (En esos términos se refiere Valente a París.) Las palabras de Lopo son fundamentales, desde luego, para adentrarse de lleno en la lacerante realidad de Palais de Justice, texto que no se publicó íntegro, por cierto, hasta el pasado año.

La cuidadísima edición de
Valente vital (Ginebra, Saboya, París), en tapa dura y con diáfana letra románica, viene presidida por dos obras de sendos pintores, colaboradores y amigos del protagonista: un dibujo del cubano Baruj Salinas y el logotipo que el catalán Antoni Tàpies cedió a la Cátedra Valente. Qué mejor manera de representar el carácter interdisciplinar de Valente, su condición de poeta universal. 

miércoles, 10 de diciembre de 2014

Rodríguez Fer presenta mañana en Madrid una obra sobre la madurez de Valente

Mañana, en el madrileño Centro de Arte Moderno (C/ Galileo, 52), a partir de las 19 horas, se presentará la nueva publicación de la Cátedra José Ángel Valente (Universidade de Santiago). Me refiero a la interesantísima biografía Valente vital (Ginebra, Saboya, París). La obra, debida a Claudio Rodríguez Fer, Tera Blanco de Saracho y María Lopo, abarca el periodo de madurez del gran poeta ourensano. En el acto intervendrá mi querido Rodríguez Fer, quien, además de ser el editor del libro, dirige la Cátedra Valente.


jueves, 6 de noviembre de 2014

Galaxia Gutenberg reedita la poesía completa de Valente

Galaxia Gutenberg reeditará el día 12 la poesía completa de mi admirado Valente. Autor integral (epigramático, místico en la carnalidad, reflexivo, simbolista..., y, en suma, poliédrico), escribió: "Daría todo el aire por un grito, la posesión del reino por un solo gemido". ¡Estremecedor Valente! Su poesía (castellana y gallega) es de alzada; sus traducciones, finísimas. 

jueves, 30 de octubre de 2014

La Cátedra Valente publica una obra sobre la madurez del gran poeta ourensano

           
La Cátedra José Ángel Valente de Poesía y Estética de la Universidad de Santiago, dirigida por el poeta y estudioso valentista Claudio Rodríguez Fer, acaba de publicar, en cuidada edición de este último, Valente vital (Ginebra, Saboya, París). Se trata del resultado de una larga investigación en la vida y en la obra del escritor ourensano, para la que se dispuso de la importante biblioteca y del riquísimo archivo del autor estudiado, consistente en decenas de dosieres, cientos de manuscritos y más de diez mil cartas, aparte de numerosas entrevistas con parientes y amigos.

Valente vital (Ginebra, Saboya, París), debido a Claudio Rodríguez Fer, Tera Blanco de Saracho y María Lopo, aborda el período de madurez del poeta prosiguiendo el camino iniciado, también con la dirección del primero, por Valente vital (Galicia, Madrid, Oxford), elaborado por el propio Rodríguez Fer, Marta Agudo y Manuel Fernández Rodríguez, que trataba de la infancia y juventud del autor en cuestión. La nueva obra se compone de más de quinientas páginas presididas por el logotipo cedido por Antoni Tàpies a la Cátedra Valente y por un dibujo de Baruj Salinas, pintores ambos amigos y colaboradores del poeta.

Claudio Rodríguez Fer y Tera Blanco de Saracho (poetas, ensayistas y profesores de Literatura Española) se ocuparon del más de un cuarto de siglo pasado por Valente en Ginebra y en la Alta Saboya francesa mientras ejerció como funcionario internacional de la OMS. Por su parte, María Lopo (doctora en Literatura Francesa, además de profesora y ensayista) investigó la época pasada por Valente en París, donde el poeta dirigió servicios de traducción de la UNESCO.

Consecuentemente, en la parte dedicada a Ginebra se trata de la participación de Valente en los organismos internacionales y en la vida cultural y artística de Suiza, pero también de importantes relaciones personales con decenas de escritores españoles e hispanoamericanos tan significativos como Cortázar, Costafreda, Calvert Casey o Westphalen. Además de dar detallada cuenta del magisterio ejercido sobre él por el exiliado Alberto Jiménez Fraud (fundador de la Residencia de Estudiantes) y por la filósofa también exiliada María Zambrano, cuya relación fue decisiva para ambos. Asimismo, se tratan asuntos sociales y políticos de especial trascendencia, como su relación con la oposición antifranquista, tanto a través de la memoria histórica (maquis español, brigadismo internacional) como de la participación directa (exilio y solidaridad política antifascista, colaboración con los emigrantes gallegos), contexto en el que se documenta con material de primera mano el consejo de guerra al que fue sometido por la dictadura franquista, único causado por un escrito literario.

En la parte dedicada a París se comienza por el intenso impacto producido por la primera visita del poeta a dicha capital cultural europea en su juventud, para luego relatarse los contactos que mantuvo en ella durante décadas con el editor José Martínez y las Ediciones de Ruedo Ibérico y con amigos escritores tan íntimos como Juan Goytisolo o José-Miguel Ullán. Especial atención se dedica a la instalación y relaciones de Valente en París como funcionario de la UNESCO, donde conoció al poeta argentino y permanente amigo Juan Gelman. Y, por supuesto, se trata de la presencia de la cultura francesa en su obra y viceversa, incluyendo sus traducciones del judío Edmond Jabès, sus colaboraciones con Bernard Noël o las versiones al francés de su obra realizadas por Jacques Ancet.

Valente vital (Ginebra, Saboya, París) sucede a un nutrido conjunto de obras de referencia publicadas por la Cátedra Valente, debidas a especialistas de Europa, América y África, algunos muy amigos del poeta, como Antonio Gamoneda, Juan Goytisolo, Andrés Sánchez Robayna o Claudio Rodríguez Fer.

José Ángel Valente y Claudio Rodríguez Fer.

martes, 20 de mayo de 2014

El lugar

"El lugar no tiene representación porque su realidad y su representación no se diferencian. El lugar es el punto o el centro sobre el que se circunscribe el universo. La patria tiene límites o limita; el lugar, no. Por eso tal vez fuera necesario ser más lugareño y menos patriota para fomentar la universalidad."

José Ángel Valente, Las palabras de la tribu

Robaín, donde me crié y donde viven mis abuelos maternos. Para mí, ése es "el lugar".

miércoles, 7 de mayo de 2014

En la Cátedra Valente

En la imagen de abajo, estoy en la Cátedra de Poesía y Estética José Ángel Valente (Universidad de Santiago de Compostela) releyendo al propio autor de Fragmentos de un libro futuro. La foto fue tomada por nuestro amigo Claudio Rodríguez Fer, poeta y director de la citada cátedra, el 28 de noviembre del pasado año. En ese momento gozoso, uno probablemente estaría ahondando en el siguiente poema de Valente, tan delicado y tan carnal: 

A las niñas les crecen largas piernas, delicadas orejas, incandescentes vellos, moluscos sumergidos, muslos húmedos, cabelleras doradas por el viento de otoño, insondables ojeras, párpados y pétalos, cinturas inasibles, precipitados limites del cuerpo hacia la lenta noche del amor, su infinita mirada.

¡Mágico Valente! 

martes, 4 de febrero de 2014

Maravilloso Valente



Muchas veces releo esta poesía del maestro José Ángel ValenteEn un texto tan sucinto, se dan cita las que acaso son las principales preocupaciones de toda persona hipersensible: los sueños, la muerte y, por supuesto, el amor, motor del poema. Además, Valente emplea magníficamente las alegorías de la luz y de la oscuridad (heredadas de la mística). Maravilloso Valente, maravilloso...

lunes, 13 de enero de 2014

La poesía es un diamante


EDITH CHECA: José Ángel, (...) algunos estudiosos de su obra han comentado que usted es un poco frío escribiendo, pero detrás de esa frialdad yo creo que hay una ternura tremenda... ¿Qué opina usted al respecto? 

JOSÉ ÁNGEL VALENTE: (...) Machado dice: "El diamante es frío, pero es fruto del fuego". Yo creo que la poesía es eso: es fría y bella como el diamante, pero es fruto del fuego. Si no nace de ese fuego, no hay poesía, no hay diamante. 


En el minuto 6:24 de esta entrevista periodística, tiene lugar el diálogo arriba reproducido. Es un momento profundamente cinematográfico; parece, por su mezcla de espontaneidad, emoción, inteligencia, culturalismo y precisión, una secuencia del joven Godard. 

domingo, 28 de julio de 2013

Cernuda: recio y propicio

La clave de la poesía de Cernuda quizás está —dijo Valente— en estos versos: 
(...) recio afuera, 
más propicio y jugoso en lo escondido.
 Luis Cernuda, uno de los grandes autores de la Generación del 27. 

miércoles, 19 de junio de 2013

Un poema en prosa de Valente

He aquí una hermosa poesía erótica de José Ángel Valente. La extraigo de su poemario póstumo: Fragmentos de un libro futuro (2001).







A partir del minuto 18:45 de este vídeo. Valente lee el poema de la imagen de arriba. 

viernes, 17 de mayo de 2013

Unha cántiga do mestre Valente




III

Escoita, mai, voltei.

Estou no adro
onde aquel día o grande corpo
de meu avó ficou.
Inda oio o pranto.

Voltei. Nunca partira.

Alongarme somente foi o xeito
de ficar para sempre.

José Ángel Valente, Cántigas de Alén

*

III
 
Escucha, madre, he vuelto.
 
Estoy en el atrio
donde aquel día el gran cuerpo
de mi abuelo quedó.
Aún oigo el llanto.
 
Volví. Nunca había partido.
 
Alejarme tan sólo fue el modo
de quedar para siempre.
 
José Ángel Valente, Cántigas de Alén

martes, 2 de abril de 2013

"Por debajo del agua": Un poema de Valente

POR DEBAJO DEL AGUA

Por debajo del agua
te busco el pelo,
por debajo del agua,
pero no llego.

Por debajo del agua
de tu cintura:
tú me llamas arriba
para que suba.

Para que suba al aire
de tu mirada;
mi corazón me enciende,
luego se apaga.

Te busco el pelo
por debajo del agua,
pero no llego.

José Ángel Valente


La playa de Arealonga, en San Miguel de Reinante (Barreiros, Lugo).

lunes, 11 de marzo de 2013

El lugar de Valente


"El lugar no tiene representación porque su realidad y su representación no se diferencian. El lugar es el punto o el centro sobre el que se circunscribe el universo. La patria tiene límites o limita; el lugar, no. Por eso tal vez fuera necesario ser más lugareño y menos patriota para fomentar la universalidad."
José Ángel Valente, Las palabras de la tribu


El escritor ourensano José Ángel Valente. 

viernes, 16 de marzo de 2012

Claudio Rodríguez Fer: “La auténtica poesía es el último bastión de resistencia al capitalismo y a la deshumanización”

La crítica coincide en señalar a Claudio Rodríguez Fer (Lugo, 1956) como el padre de la poesía erótica escrita en nuestro idioma vernáculo, el gallego. Ciertamente, hasta que el vate lucense publicó su ópera prima, Poemas de amor sen morte (Poemas de amor sin muerte, 1979), la lírica galaica parecía reacia a la voluptuosidad y al espíritu libertario. Esto se debe a que la cadenciosa lengua no había sido agitada por un vendaval de vanguardia. Claudio asume con total naturalidad esa experiencia doblemente pionera y fundacional (por la forma, por el contenido), y me confiesa que la sensación de explorar una utopía erótica “no ha pasado con los años ni en lo personal ni en lo poético”. En la asunción de este eminente papel, más que modestia, hay una clarísima coherencia lírica. Pues el autor lucense —enemigo del engolamiento— concibe la poesía como un ejercicio cognitivo pero placentero. Un ejercicio lúdico que nos cualifica, que nos incita a rebelarnos contra un entorno miserable y a dilatar (o, mejor dicho, a consagrar) los instantes más esplendentes.


—¿Crees que tu ópera prima entroncaba de alguna forma con la poesía de juventud de Álvaro Cunqueiro? En Mar ao Norde (Mar al Norte, 1932) el maestro mindoniense exuda sensualidad, por ejemplo, al metaforizar un muslo tibio y entreabierto en una lancha.
—Mi primera poesía erótica entroncaba más bien con la lírica gallego-portuguesa medieval, temática y musicalmente erótica, de la que también bebió Cunqueiro. Pensemos, respectivamente, en el ménage à trois de Fernando Esqyo —que invita a una amiga a “dormir” y “folgar” con su amigo— o en las fluyentes sibilantes de los amores cérvidos de Pero Meogo: “Enas verdes ervas, / vi andalas cervas…” [“Y en las verdes hierbas, / vi andar las ciervas…”].

—Retrocedamos unos años atrás. ¿Cuál fue el primer poeta que despertó en el niño Claudio la necesidad de escribir en verso?
—Comencé a hacer poesía oral siendo muy pequeño, antes incluso de empezar a escribirla, porque mi madre era maestra de escuela unitaria, a la que yo asistía con niños de todas las edades y en la que oía habitualmente poemas en clase, que incluso llegué a saber de memoria sin haber aprendido a leer. La motivación de aquellos primeros poemas solía ser humorística, pero también erótica, porque ya me gustaban las niñas, como puede comprobarse en este caso que resultó inolvidable: “Quisiera cantar tu pelo / como lo hacen los poetas / y más acariciarte el pecho / cuando te salgan las tetas.” Mis versos escritos más antiguos, que conservo manuscritos y fechados, datan de cuando tenía ocho o nueve años y están influidos por la épica que se leía en la escuela, por los grandes clásicos de referencia y por los viajes extraordinarios de Verne que yo leía por entonces, como se puede ver en este ejemplo conservado: “Dante con sus demonios, / Cervantes con sus locuras, / Shakespeare con sus tragedias, / Verne y sus aventuras.”


—¿La poesía es, como sostenía Octavio Paz, la erotización del lenguaje?
—Paz postuló en La llama doble que si el erotismo es “lenguaje corporal”, la poesía es “erótica verbal”, pero yo no creo que este principio sea general, aunque, desde luego, mucha poesía conlleva la erotización del lenguaje en la medida en que Eros es el principio de la vida y la poesía verbal consiste, precisamente, en dar vida al lenguaje.

—Leo en tu segunda obra, Tigres de ternura (1981), este dístico maravilloso: “e danme gañas de berrar ao verte tan espida / que te quero independente como se foses Galicia” (“y me dan ganas de gritar al verte tan desnuda / que te quiero independiente como si fueses Galicia”). Y en Cebra (1988) me topo con esta reveladora sentencia: “nada que non sexas subversión ou muller” (“nada que no seas subversión o mujer”). Siempre has considerado el erotismo como un fenómeno sensual y, al mismo tiempo, subversivo.
—Lo más subversivo es la vida, pues contraviene a cada momento toda regulación política, religiosa, estética o moral. Para mí el erotismo es el impulso más auténtico de la vida, como pensaban los surrealistas, y, por tanto, no reconoce ningún poder. De hecho, lo mejor del surrealismo y del amour fou de Breton se basa, justamente, en el amor como subversión sin límites, producto del instinto y del deseo carnal, que son resortes verdaderamente vitales del mundo. Y, como escribí en el poema “Como un leopardo”, “Quen non está coa vida está coa morte” [“Quien no está con la vida está con la muerte”].

Uno siempre ha sentido debilidad por el título Tigres de ternura (Premio Nacional de la Crítica de 1982). En esa fulgorosa imagen, se cifra la poesía de Claudio Rodríguez Fer, que es refinada y carnal. Que humaniza, gracias a la imaginación, la sexualidad. No en vano, la profesora Milagros Polo habló, para referirse al citado libro Cebra, de una “voracidad tiernísima”. Algo de exotismo hay también, por qué no decirlo, en el aspecto del propio Rodríguez Fer. Me refiero a sus ojos —azules, brillantes, ligeramente rasgados— y a esa barba de varios días, canosa pero lucida, bravía… Como su melena. Sin embargo, en el trato humano este Claudio destila ternura. Mucho me acuerdo de cuando nos conocimos en su despacho de la Facultad de Humanidades de Lugo; tras la obligada presentación, el poeta-profesor me regaló un generoso abrazo.

—En varios de tus poemarios, percibo el influjo del celuloide. Pienso, por ejemplo, en la disposición espacial de algunas de las poesías de Tigres de ternura y de Historia da lúa (Historia de la luna, 1984). O en el texto “París, Texas”, incluido en Lugo Blues (1987), que hace referencia al homónimo filme de Wim Wenders. Mención aparte merece el libro conceptual Cinepoemas (1983), que no recogiste, por cierto, en tu poesía completa, Amores e clamores (Amores y clamores, Ediciós do Castro, 2011).
—No recogí Cinepoemas ni poemas visuales en Amores e clamores por razones técnicas, ya que se trata de composiciones que necesitan una edición especial, la cual espero realizar no tardando. Por lo demás, el cine tiene que estar tan presente en mi obra como lo estuvo y está siempre en mi vida, así que soy consciente de la influencia del celuloide, no solo temática, sino también formal, en toda mi producción creativa.

—Volviendo a la disposición espacial de tu primera poesía, me gustaría saber si te interesa e. e. cummings. El vate estadounidense componía versos-secuencias arrebatadores y frenéticos, en donde la palabra, el sonido y la imagen fluían libres, como si acabaran de inventarse.
—Siempre me interesó la libertad dispositiva y, por tanto, Mallarmé, Calder, el concretismo, cummings… pero no solo la busqué en el microespacio poético, sino también en el macroespacio. De hecho, he publicado todo un libro de poesía móvil, Extrema Europa, conformado por cuadernillos y poemas sueltos en formatos diversos, al estilo de las maletas o de las cajas de Duchamp o de Cornell, que contiene material de deshecho. Pero, a diferencia de los casos precedentes, aquí se trataba de renunciar al aura de la obra de arte fetichista para producir un libro-caja fabricado del más modesto cartón, porque pensaba y pienso que es un contrasentido hacer arte povera para ricos.

—Con Lugo Blues comenzaste a cultivar una poesía que reivindica la memoria histórica. En ese libro, se manifiesta no sólo un cambio de temática, sino el abandono de la tensión rupturista, consustancial a tus primeros poemarios.
Lugo Blues es una obra de estilo más bien impresionista, pero creo que conecta con la tensión rupturista que volvió con los siguientes libros, más expresionistas, de mi trilogía de la memoria, A loita continúa [La lucha continúa, 2004] y Ámote vermella [Te amo roja], que tienen un planteamiento también experimental en relación con la poesía como acción, con el poema en prosa y con la incorporación de elementos narrativos y ensayísticos a la lírica. “A poesía é acción ou non é nada” [“La poesía es acción o no es nada”] es su verso divisa.

—En tus últimos poemarios —Viaxes a ti (Viajes a ti, 2006); Ámote vermella, 2009; y Unha tempada no paraíso (Una temporada en el paraíso, 2010)— te acercas, formalmente, al haiku. El siguiente poema, “Anfiteatro”, ejemplifica esa reducción del significante, esa depuración lingüística: “Eu enchería / todos os anfiteatros / para verte ver.” (“Yo llenaría / todos los anfiteatros / para verte ver.”)
—En efecto, aunque teniendo como antecedente “Traza de muller” [“Traza de mujer”], de A unha muller descoñecida [A una mujer desconocida, 1997], todo el libro Viaxes a ti está formado por poemas minimalistas y también hay series de micropoemas en Ámote vermella y en Unha tempada no paraíso. Pero mi modelo no fue el siempre atractivo y admirable haiku oriental, sino más bien mi muy occidental estilo de vida, porque se trata de poemas escritos en viajes por Europa adelante o en el torbellino de mis actividades más ajetreadas y no en el reposo tópicamente asiático de la meditación prolongada que suele preceder al haiku. De hecho, al principio los concebí más bien como apuntes líricos que pensaba ampliar o desarrollar, pero, andando el tiempo, me di cuenta de que eran así, de que no precisaban más palabras porque habían florecido por completo en un instante, como una epifanía.

—Algunos de tus poemarios, especialmente aquéllos que pertenecen a las marcadas etapas del erotismo galaico y de la memoria, tienen un nexo común: la mujer amada, en Historia da lúa; tu ciudad nativa, en Lugo Blues; las féminas gallegas que fueron víctimas de la barbarie del 36, en Ámote vermella… ¿Cómo surgen tus libros de poemas? ¿Escribes los textos pensando en la futura obra? ¿O, pasado un tiempo, reúnes los poemas que presentan un tono o una temática similar?
—Primero surgen los poemas espontáneamente y luego los voy agrupando en ciclos temáticos hasta que acaban por configurar obras coherentes, pues casi siempre escribí varios libros al mismo tiempo. Como mi poesía es indisociable de mi vida, cada ciclo vital se identifica inevitablemente con el poético, y por eso los libros se van haciendo solos a la manera en que voy viviendo su contenido. Ámote vermella, por ejemplo, se fue haciendo al tiempo que conocí la memoria silenciada de las víctimas del fascismo y compartí fraternalmente con sus descendientes su dolor y su necesaria dignificación.

—En algunos de tus poemas, haces explícitos guiños a textos que publicaste con anterioridad. Así, en A boca violeta (La boca violeta, 1987), revisas tu segundo poemario: “O que queda dos tigres é o conxuro / para que os meus versos te apreixen verba a verba / cal brazos que te abracen como tigres de tenrura” (“Lo que queda de los tigres es el conjuro / para que mis versos te aprieten verba a verba / cual brazos que te abracen como tigres de ternura”). Del mismo modo, en uno de los poemas de Extrema Europa (1996), “Born In Lugo”, conectas los títulos de varios de tus libros. ¿A qué se debe esa práctica lúdica? ¿Es un intento de entroncar toda tu obra?
—Mi obra es mi vida, y, por tanto, mi poesía reaparece en mi poesía del mismo modo que mi vida reaparece en mi vida a través del recuerdo, de la revisión, de la autocrítica, de la reaparición… La poesía es una energía que no se crea ni se destruye, no aparece ni desaparece, solamente es, está y se transforma.

—¿Cuál será tu próximo proyecto poético? ¿Continuarás ahondando en el ciclo “Nómade” (“Nómada”), compuesto por libros escritos fuera de Galicia?
—Mi próximo libro está ya muy avanzado y, aunque trata temas muy variados, como el vitalismo, el erotismo, la memoria o el viaje, tiene como nexo común la referencia a la música, una de mis grandes pasiones. Por su carácter heterogéneo y por razones cronológicas y espaciales, pues también contiene muchos poemas escritos en diversos lugares de Europa y de América, formará parte del ciclo “Nómade”, que quizá cerrará. Se iba a llamar Baladas do amor imposible [Baladas del amor imposible], porque, como decía María Zambrano, no se pasa de lo posible a lo real, sino de lo imposible a lo verdadero, pero la misma vida encarnada me ha revelado que lo verdadero es también real y ya es imposible que se llame así.

—¿Nunca te has planteado la posibilidad de escribir en nuestro otro idioma, el castellano, algún libro de poemas?
—En poesía, la lengua no se elige, sino que es ella la que elige a quien poetiza y a mí me eligió el gallego, así que nunca he escrito un poemario en otra lengua, aunque sí algunas composiciones lúdicas o de ocasión en inglés, francés o castellano en contextos lingüísticos correspondientes a estos idiomas, pues he vivido dando clase en Nueva York y en Bretaña, además de frecuentar todos los países celtas, Londres, París, Madrid…

—José Ángel Valente fue uno de tus grandes amigos y maestros. Hoy tienes el privilegio de dirigir su Cátedra de Poesía y Estética en la Universidad de Santiago de Compostela. ¿Hasta qué punto influyó en tu concepción de la lírica el autor de Mandorla?
—Yo me especialicé en la obra de Valente e intimé con él cuando ya estaba formado y ya había publicado varios libros, de manera que al adoptarlo como tema de estudio fui consciente de que debía evitar su posible influencia. Dicho esto, es obvio que tuvo que enriquecerme mucho el contacto con una personalidad y una obra tan extraordinarias, por ejemplo en relación con la concepción de la poesía como conocimiento y como revelación.

—Hace unos cinco años, cuando yo estudiaba Periodismo, un compañero de clase me dijo: “¿Para qué escribes poesía? ¡La poesía no sirve para nada!”. Desgraciadamente, no es una anécdota aislada. ¿También crees que los jóvenes humanistas enaltecen cada vez menos el sentimiento? Te lo pregunto porque sé que, debido a tus tareas docentes, estás en contacto directo con las nuevas generaciones.
—Como decía Lautréamont, la poesía tiene por fin la verdad práctica, así que precisamente es lo más útil y por eso no se valora en la sociedad filistea, ya que no tiene precio. Los jóvenes universitarios casi no tienen contacto con la poesía, que apenas se explica, sino con sucedáneos deformadores de la poesía: cánones jerarquizados, antologías castrantes, certámenes falsificadores, sistematizaciones reduccionistas… Rara vez se enfrenta al alumnado a un libro orgánico o a un autor inefable al completo para poder descubrir verdaderamente la poesía y las sensaciones vitales que puede provocar y que nunca son más de lo mismo, ya que conllevan la extralimitación integral. La auténtica poesía es el último bastión de resistencia al capitalismo y a la deshumanización, porque, precisamente, ni se compra ni se vende.

Rodríguez Fer ni siquiera pierde la finura al lanzar soflamas a aquéllos que gustan del brillo opulento, que disfrutan del circo mediático… Acaso el privilegiado lugar del poeta —ese campus universitario lucense que se extiende en torno al río Miño— ayude a templar la furia… y a sensualizar nuestra lengua materna: “ámame cara á esquerda / cara a cara / cara á noite / cara a ti / sempre cara a ti mesma” (“ámame hacia la izquierda / cara a cara / hacia la noche / hacia a ti / siempre hacia ti misma”). Son los salvíficos ritos del tigre de ternura.


La Huella Digital, 16/03/2011