Bitácora de Héctor Acebo, poeta, periodista cultural y doctor en Periodismo

Bitácora de Héctor Acebo, poeta, periodista cultural y doctor en Periodismo.
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sábado, 18 de diciembre de 2010

Las cartas de Molina Foix


Escribía, en buena lógica, Molina Foix (novelista, cineasta y uno de mis críticos de cine de cabecera) en la edición madrileña de El País de ayer:

La carta real sigue existiendo en cualquier caso, pues cartas son a mi juicio los correos electrónicos que nos cruzamos, sobre todo si se pone un poco de esmero en su redacción; hay que reconocer, sin embargo, que personas cultas que se cartean de tal forma no corrigen su ortografía cibernética, como si el modo de comunicarse a través de la Red diera bula a los usuarios para descuidar el idioma, cometiendo faltas garrafales.

Lean el artículo completo, que lleva por título "La carta robada" (como el relato de Poe), pinchando aquí: no tiene desperdicio.

martes, 7 de diciembre de 2010

Un 'twist' para la musa de Godard



Apreciado Godard: Te olvidaste de incluir este twist de Sam Cooke en alguno de tus primeros filmes (tan dinámicos), cuando todavía no hacías cine intelectual. Tengo para mí que Anna Karina (a la sazón tu esposa y musa) se hubiese deleitado bailando la canción. Las nacaradas piernas desnudas, el sombrero borsalino, la mirada entre desvaída y penetrante...


***

El fotograma corresponde a Lemmy contra Alphaville (1965), del propio Godard.

Karina. La alienada muchedumbre, en blanco y negro. Los dolorosos vacíos de la poesía de Paul Éluard: "Tus ojos han vuelto de un país arbitrario / en el que nadie supo lo que es una mirada". Godard. Llegar tan lejos por la Belleza...

sábado, 4 de diciembre de 2010

Rajoy, al lado de los controladores

Rajoy (el hombre que pretende gobernarnos) se pone al lado de los controladores aréreos. Él hubiera cedido al chantaje, faltaría más: todavía no se ha dado cuenta de que gobernar no consiste en esconderse debajo de la cama ni en llevar la contraria a Zapatero. Aquí tienen toda una alternativa al Gobierno.

Bardem, un creador de personajes

Por si alguien aún tenía dudas, Javier Bardem deja claro en Biutiful que no es un actor, sino un autor: es decir, el creador de sus complejos personajes. En esta ocasión, Bardem, premiado en el pasado Festival de Cannes, da vida a Uxbal, un antiguo camello que carga a cuestas con sus dos niños y con su bipolar esposa. El personaje, extraña mezcla, es etéreo (posee poderes para hablar con los muertos), pragmático y piadoso. Estas dos últimas actitudes se avienen en Uxbal cuando éste siente compasión por decenas de inmigrantes ilegales hacinados en una planta baja. Unas criaturas que consiguen por medio del propio Uxbal –el cual recibe la debida comisión– sus trabajos inhumanos. Jornadas maratonianas en condiciones insalubres…

Tras esta introducción, considero conveniente profundizar, sin salirme de los contornos de la película, en la capacidad compositiva de Javier Bardem. Desprovisto de esos ademanes y de esos tics con los que suelen adornarse los actores principales (vanos intentos de pasar a la posteridad), Bardem se apoya en su cuerpo, en su presencia desvanecida –la metástasis está devorando a Uxbal–, para expresar, con una precisión de cirujano o de heroinómano (maravillosa la escena en que encuentra rápidamente su vena, tras los intentos fallidos de la enfermera), las frustraciones, los arrepentimientos y los miedos de su personaje. Es un placer contemplar el minado mapa de su rostro, es un goce oír sus quejidos y sus gruñidos (contenidos, para que sus hijos no sufran la verdad) cuando orina sangre. Ese realismo, esa humanidad tan alejada de lo que entendemos comúnmente por declamación, emparenta a Bardem con los mejores actores argentinos (mi tocayo Héctor Alterio, Ricardo Darín, Cecilia Roth…).


Dicho lo cual, uno no sabe cómo trabaja habitualmente el protagonista de Mar adentro. Desconozco si acumula –a la manera de Marlon Brando, Jack Nicholson, Robert de Niro y demás actores metódicos– la máxima información de su personaje (está claro que eso hizo con el tetrapléjico Ramón Sampedro en el citado filme de Amenábar), para componerlo con seguridad. También es posible que Bardem, como el pasional Gérard Depardieu –por poner un ejemplo opuesto a Brando y compañía–, se encuentre con el personaje al interiorizar las emociones que desprenden los diálogos... Probablemente este Bardem no descarte ninguno de los citados métodos de trabajo. Lo fundamental, en cualquier caso, es que el cuerpo y la mente de este autor son lo suficientemente amplios como para dotar de credibilidad a los más complejos personajes (víctimas y al tiempo sanguijuelas), ofreciendo una inmensa gama de recursos, de detalles, de miradas, de respiraciones, de fraseos…

El director de Biutiful, Iñárritu, opta por reducir su mundo, prolongando la mirada de Bardem. Lo cual es arriesgado: sin ir más lejos, aquí uno tiene la impresión de que la narración y el montaje (un tanto atropellado) no crecen de consuno con la interpretación. Hay recursos, como la cámara en mano, que pretenden reflejar con veracidad las desventuras de los marginados, pero a Iñárritu le falta ritmo y nervio. Así, sale mal parado de la combinación de escenas estáticas y dinámicas, utilizando una misma cadencia musical (secos arpegios de guitarra) en momentos tan dispares como una rutinaria caminata del enfermo protagonista o una trascendental intervención policial. Cuando Iñárritu aminora el sonido ambiente en una escena dramática, aísla de la historia al espectador, en lugar de subrayar la tensión.

Aun sin la colaboración de su ex guionista Guillermo Arriaga, Iñárritu no ceja en su empeño de escarbar en las ruinas de nuestra sociedad capitalista (en este caso, una Barcelona corroída por la droga y la explotación), pero sus propuestas resultan planas. Muy lejos parecen haber quedado aquellos complejos y potentes dramas firmados por el citado guionista (21 gramos, Amores perros…), aquellos verdaderos ensayos de las relaciones humanas en donde el tiempo y el espacio retrocedían y avanzaban constantemente, sin que por ello se notasen las costuras de las vestimentas artísticas. Donde se aprecian las costuras es en Biutiful, una historia sencilla, si atendemos a su estructura narrativa, pero mal escrita (como su inocente título), cuyas pretensiones líricas –las referencias constantes, mal dosificadas, al rumor del violento mar– sólo funcionan en el preámbulo, que en realidad es el epílogo: la nieve como metáfora de la muerte, del dudoso alivio…

Biutiful, en fin, me deja la sensación de lo que pudo haber sido. Hay ideas, muchas ideas de calado emocional, que no tienen su correspondencia en las imágenes, en el guión y en los sonidos. Lo cual en el lenguaje cinematográfico es un naufragio.

(La Noche Americana, 4/12/2010)

viernes, 3 de diciembre de 2010

Aznar, el salvador


"Si veo a España desesperada, quizá tendría que volver a la política", dijo Aznar (el hombre que convirtió a nuestro país en objeto del terrorismo islamista) en 2007 al embajador de EE UU. ¿Qué he hecho yo para merecer esto?

jueves, 2 de diciembre de 2010

Un amor de fantasía


A mi madre, que hoy cumple años

Tantas veces recé para convertirme
en una niña, que ahora luzco
–como ella– lunares, sortijas
y un foulard azul celeste

encima de la camisa.

A veces, nos acostábamos juntos,
y lo que más me gustaba era pedirle
(cuando la madrugada arreciaba)
un vaso de leche con cacao.

Bien calentito.

No éramos novios: Yo tenía
–de puntillas– 10 años;
y ella tal vez 30, recostada.
Aida se llamaba

aquel amor de fantasía.

***
(La Huella Digital, 2/12/2010)

lunes, 29 de noviembre de 2010

Benedicto XVI 'se confiesa'


Benedicto XVI se confiesa ante el periodista alemán Peter Seewald: "Si se separan los conceptos de sexualidad y fertilidad, entonces la sexualidad pasa a ser cualquier cosa". ¿Cualquier cosa? ¡Hombre, Santidad, si me permite el arrojo, digo yo que todo dependerá de la intensidad (y de las mañas) de los correspondientes amantes!

domingo, 28 de noviembre de 2010

César Antonio Molina también critica la prevalencia de la información sobre el conocimiento


Me alegra toparme con un artículo de César Antonio Molina (El País, 25/11/2010) que incide en las tesis que yo mantuve en mi texto "Internet, la creencia pararreligiosa", publicado un día antes. Merece la pena resaltar este párrafo escrito por el literato y ex ministro de Cultura:

La cultura humanista está hoy abandonada por jóvenes entregados al becerro de oro de las redes de comunicación. Cualquier respuesta la obtienen -o creen obtenerla- allí, en el poder cada vez mayor de la información sobre el conocimiento. O, si se prefiere, en el poder cada vez mayor de la economía sobre la cultura. Las industrias de lo imaginario, del entretenimiento, se alzan sobre los valores del espíritu, la meditación, la reflexión. Lo útil sobre lo inútil. La cultura se convierte en industria, en la forma de un complejo mediático-comercial que es el motor del crecimiento de las naciones desarrolladas.