Bitácora de Héctor Acebo, poeta, periodista cultural y doctor en Periodismo
Bitácora de Héctor Acebo, poeta, periodista cultural y doctor en Periodismo.
-Correo: acebobello@gmail.com
-Instagram: @hectoracebo
miércoles, 29 de febrero de 2012
La seducción
Minuto 49:10 de La caza (Carlos Saura, 1965): El joven Emilio Gutiérrez Caba baila un twist con una adolescente. Revisando esta hermosa escena, constato que la seducción, en una atmósfera belicosa, es es el acto más subversivo.
martes, 28 de febrero de 2012
En la muerte de Cunqueiro
Hoy se cumplen 31 años del fallecimiento de don Álvaro Cunqueiro, el literato de la visión poliédrica y la sonrisa sardónica. Hace unos meses dediqué al maestro un artículo que pueden leer pinchando aquí. Decía uno en ese texto:
"Sólo alguien que se regodea en el lenguaje, que se vale del realismo como contrapunto para sostener la fantasía, que utiliza dos miradas en un mismo argumento, es capaz de narrar con tanta entonación hímnica, aun no estando presente en el momento de los hechos evocados. Así obraba Cunqueiro, el soñador que pasó toda la infancia 'a la escucha', el venerable mago que encontró una fórmula intermedia entre los diversos niveles lingüísticos, deleitándose tanto en los cultismos como en el rápido —pero a menudo gracioso— decir rural…".
lunes, 27 de febrero de 2012
"La cabeza de Bouso", un relato de Cunqueiro
LA CABEZA DE BOUSO
En el Times de Nueva York leí que a un hombre de Chicago, por más señas hijo de italianos, lo operaron en la cabeza, y le encontraron un hueso raro y suplementario. Esto ya le pasara en mi provincia de Mondoñedo a un tal Bouso de Prado. El hueso del de Chicago era una especie de haba, fijada entre el frontal y un parietal. El de Bouso no se sabía de dónde procedía, porque lo expulsó por la nariz. Pero hay que contar la historia desde el principio. Voici des détails exacis. Bouso estaba en Villalba, en la feria, comiendo pulpo, y no tuvo más remedio que entrar en discusión con un vecino de mesa, que no era del país, alto, flaco, moreno. Después se supo que era un valenciano que había viajado a Galicia para comprar unas mulas, que ya tuviera otras del país y le salieran muy pacificas. Discutieron Bouso y el forastero la calidad del pulpo, y el valenciano, irritándose, dijo que los gallegos comían mierda, dispensando, y tiró su plato al suelo, y escupió en el de Bouso. Éste se levantó y requirió su cachaba, pero el valenciano, rápido, le echó las manos al pescuezo y le sacudió violentamente la cabeza. Bouso sintió que dentro se le soltaban todos los huesos, que al desprenderse cantaron como cucharillas que hicieran fiesta dentro de un vaso de cristal. A Bouso se le nubló la vista y cayó en tierra. Tardó un cuarto de hora en volver en sí, y logró llegar hasta su casa. Pero tenía los huesos sueltos dentro de la cabeza. Los oía. Sacudía la cabeza, y también los oían los vecinos. La mujer lo llevó a que lo viese un curandero llamado Primo de Baltar. Tuvo que ir la mujer con él, porque a veces alguno de los huesos sueltos se le bajaba hasta un ojo y le estorbaba la visión. Bastaba, eso sí, con que le sacudieran la cabeza para que el hueso cambiase de lugar, pero se corría el riesgo de que otros huesos se echasen hacia delante, y lo dejaban ciego, hasta que la mujer lograba una sacudida propicia.
Primo de Baltar, que como componedor de huesos era muy estimado, le dijo a Bouso que lo primero era sacudirle la cabeza de manera que los huesos se fueran hacia atrás, donde estarían más cómodos. Seguidamente, y durante dos días seguidos, estando ambos sin comer, el científico y el enfermo, y sin beber, y descalzos, Primo le puso en la parte trasera de la cabeza parches de cera caliente, con lo cual, pasando el espíritu de la cera al interior, pegaba los huesos unos contra otros, y todos a lo que Primo llamaba “la bóveda de la campana”, que la hay en algunas cabezas, y Bouso era de estos singulares. Los que soñando dormidos escuchan correr el viento, la tienen. Terminado el pegamento, Bouso y Primo comieron un cabrito y bebieron media cántara de vino. Primo cobró ciento veintisiete pesetas por la operación: las veintisiete pesetas eran de la cera virgen gastada. Bouso puso el cabrito, el vino, un queso, el pan, los cafés y el coñac. También le regaló a Primo una corbata con el retrato de Machado, que se la mandara un sobrino que vivía en La Habana.
Bouso quedó bien. La mujer, todos los sábados de Dios, le ponía un parche de cera en la cabeza, para asegurarle más los huesos. Pero, con todo, uno se soltó. No hacía falta verlo, que no se veía en las profundidades de la cabeza, para saber que era como un cigarrillo alargado y redondo. Bastaba con escuchar cómo se desplazaba. Bouso estaba podando distraído, y sentía venir el hueso desde atrás a golpearle en la frente. ¡Tac! Tuvo que volver a Baltar a que lo estudiase de nuevo Primo.
—¡Ese hueso te sobra! —afirmó el componedor.
—¿Cómo va a sobrarme un hueso? —se admiraba Bouso.
—Será el hueso del azogue, Bousiño. ¡Ese hueso les sobra a todos los que lo tienen!
Y Primo, en un cedazo pequeño, cernió tabaco de picadura mezclado con el de los pitillos que llamaban mataquintos, y le hizo sorber el rapé a Bouso. Le vinieron a éste unos estornudos fuertes, muy de arriba, y al tercero salió el hueso; parecía de ala de pollo, muy limpio, blanquito.
—¡Parece que no es un hueso de hombre! —comentó Bouso.
—¡Por eso te sobra!
Primo dijo que lo mejor era enterrar el hueso, no fuese a haber epidemia, que los huesos del azogue, en ciertas épocas, son contagiosos. Bouso quedó curado. Le pesa la cabeza, atrás. Pero es natural, que tiene allí pegados los huesos todos.
Álvaro Cunqueiro, Xente de aquí e de acolá (traducido al castellano como La otra gente)
domingo, 26 de febrero de 2012
Un sueño musical
En uno de mis últimos sueños, cierta muchacha interpretó, con un ukelele, "Blue Letter", la desenfadada canción de Lindsey Buckingham (Fleetwood Mac). Sin aliento, desperté, y, en el intento de recrear aquellos tres minutos luminosos, apoyé la mejilla contra la almohada. No fue una mañana perdida: fue una tentativa de salvación, una manera de trascender los límites impuestos por el espacio y el tiempo, nuestra gran maldición.
La versión original de "Blue Letter", de Fleetwood Mac.
Una versión casera, con ukelele, de "Blue Letter".
La versión original de "Blue Letter", de Fleetwood Mac.
Una versión casera, con ukelele, de "Blue Letter".
sábado, 25 de febrero de 2012
'Público': una triste despedida
Ayer se publicó el último ejemplar del diario Público en su edición de papel. Es una triste noticia para el periodismo, para la memoria histórica, para la pluralidad de pensamiento que necesita cualquier democracia...
Todo mi apoyo y reconocimiento para los compañeros del periódico, especialmente para Marco Schwartz y Vicente Clavero.
Todo mi apoyo y reconocimiento para los compañeros del periódico, especialmente para Marco Schwartz y Vicente Clavero.
viernes, 24 de febrero de 2012
Javier Marías y la derecha
En su último artículo publicado en El País Semanal, Javier Marías habla, con finura, sobre la hipocresía y las contradicciones de la derecha. Reproducimos aquí el siguiente párrafo, muy ilustrativo:
"Esa derecha que aboga por el 'Sálvese quien pueda, y el que no púdrase'; que se opone a la intervención del Estado para ayudar a la gente en apuros; que detesta la sanidad pública y la educación universales; que considera meros parásitos a quienes no se pueden valer por sí mismos o ya han nacido casi abocados a la marginación y la indigencia; que culpa a quienes enferman o se ven arruinados por el motivo que sea; esa derecha, digo, se reclama 'cristiana' invariablemente. Y, o yo he olvidado mi catecismo, o el cristianismo predica con énfasis lo que sus supuestos representantes hoy repudian: la compasión, la piedad, la caridad y la misericordia."
martes, 21 de febrero de 2012
martes, 14 de febrero de 2012
Antonio Lucas entrevista a Martínez Sarrión
El pasado 5 de febrero, en El Mundo, Antonio Lucas entrevistó a mi querido Martínez Sarrión, que acaba de publicar dos libros: el poemario Farol de Saturno (Tusquets) y el dietario Escaramuzas (Alfaguara). Reproducimos a continuación la lúcida entrevista:
«ASOMBRA CUÁNTA LITERATURA DECORATIVA SE GENERA»
Llamas al timbre y alguien que no ves abre la puerta mientras Antonio Martínez Sarrión aparece de frente con la mano tendida y la voz de caverna dispuesta a la parla. Hay algo de falsa magia elemental en este gesto de las puertas que se abren sin presencia exacta. Una prestidigitación inesperada que deriva en aceptar lo sobrenatural como parte primera de toda entrevista. Al fondo, un saloncito trepado de libros y el ventanal orientado al Retiro (como una Meca laica y arborescente), donde Martínez Sarrión ofrece asiento y se atusa el pelo hacia delante. Examinado a ojo, se trata de un pelo difícil, cortado a línea sobre el frontón carnoso de la testa, de ligero rumor patricio. El anfitrión gasta pupilas azules. Órbitas casi fuera del rostro, donde se acumulan arrugas barrocas que le dan a la cabeza un rumor de lírica destruida. Cuando mira con fijeza tiene algo de saxofonista negro en pleno trance o de muchacho malo y tierno.
Es un poeta de la vieja escudería novísima que decidió después jugar a solas en el proceloso camino de las letras. Ensayó tres volúmenes de memorias que están entre los más sugerentes de aquella generación. Tradujo a Baudelaire y esa lectura se considera hoy una de las mejores en lengua española. También a Rimbaud. Acaba de publicar en Hiperión una versión de Poemas saturnianos y Fiestas galantes de Verlaine. Y anda enredado con nuevas interpretaciones de Mallarmé. En su dietario combina la pólvora y la lucidez de quien ya no tiene edad para callarse. El último volumen, Escaramuza, es un recuento de vida vivida intensamente y lecturas leídas con pasión feroz, daños y olvidos, recuerdos y citas.
Es probable que Martínez Sarrión, de pronto, se ponga a reír. O lance una soflama directa a la aorta del capitalismo. O a esos ricos color sobrasada que ha dado de sí el abuso indiscriminado del dinero. Uno nunca sabe.
Ha cumplido 73 años y la voz se le ha vuelto aún más de oso. Es una mezcla de escritor moderno, estepario, desafiante, clásico, mordaz, lúdico... Un náufrago de la Mancha del boniato, la sardina de bota y el piojo verde. Se acercó a París cuando el 68 y cambió a Marifé de Triana por John Coltrane. Lo parieron en casa. En aquel Albacete de 1937.
-Los de mi infancia manchega fueron años duros, de tibetización de la oscura provincia. Hasta los 15 o 16 años no me di cuenta de que no tenía mucho que ver con el ambiente eclesial de mi pueblo ni con la mentalidad derechil de mis padres. La primera gran revelación de mi vida llegó gracias a un profesor valenciano. El día en que murió Ortega y Gasset nos leyó un fragmento de La rebelión de las masas y fue un impacto. Descubrí una forma de pensar y sentir el mundo que me hizo dudar de todo lo que hasta entonces me habían enseñado en lo político, religioso, moral, social... Comencé la larga operación de quitarme de encima la roña nacionalcatólica. Y aún a ratos creo seguir en ello.
-¿Qué importancia le das a tu infancia?
-Rilke dijo que el paraíso perdido es la infancia. Y me parece exacto. Incluso cuando se trata de infancias duras... La mía no lo fue. Mis padres eran funcionarios modestos. Vivimos sin angustias, aunque con ascetismo. De entonces me quedó la idea de que todo lo importante ocurre hasta los 10 años; es el tiempo en que se dan las epifanías que te marcan.
-La literatura.
-Tengo conciencia de ser algo llanero solitario. Nunca he intrigado en cenáculos ni he incordiado para recibir reconocimientos o premios. Voy a lo mío. Leo y escribo. Mis raíces se dividen entre el entusiasmo por la vanguardia y el carácter peleón (sobre todo en política). Y mantengo un gusto irrenunciable por lo clásico... Me asombra la cantidad de literatura decorativa que se genera.
-¿Por ejemplo?
-Desde hace mucho tiempo, las editoriales de tonelaje comercial han optado por la literatura fácil, por lo cómodo. La cosa viene de atrás, de cuando algunos autores comenzaron una cruzada contra la literatura experimental que representaban Benet, Juan Goytisolo, Julián Ríos y algún otro. Entonces decretaron manu militari que todo aquello debía de acabar en beneficio de una escritura de legibilidad absoluta.
-¿Quiénes fueron los autores de esa cruzada?
-El que entonces llamaban El joven Marías (Javier), Savater, Dragó...
-Y el resultado fue...
-Una narrativa facilona, primer peldaño de la literatura de usar y tirar que abunda hoy. Algunas editoriales grandes mantienen en sus catálogos alguna perla suelta como estrategia, quizá para aliviar sus malas conciencias, pero es igual que los bancos con sus fundaciones culturales. La mejor literatura de hoy la ofrecen las pequeñas editoriales.
-La más desobediente...
-Así es. Aquella que para muchos es una «literatura de la sospecha». La única válida en el tiempo.
Martínez Sarrión se quita y se pone las gafas. Se alivia con abluciones de agua mansa. Recuerda los días de militancia novísima, cuando los polluelos líricos se tiraban el rollo con su modernidad incalculable y, cuando les hablabas de ciertos autores españoles, mantenían la respiración como en los pasos de aduana. «Fue muy impactante lo que surgió alrededor de la antología de Castellet. Aunque hubo mucha quincallería de juventud. Eso sí, nos divertimos mucho y todos éramos amigos». Algún fleco de diversión puede quedar aún por ahí. Lo de la amistad entre los del grupo ya es más difícil. Martínez Sarrión mezclaba en sus poemas estelas de jazz, películas viejas, títulos muy cultos, Marilyn Monroe, Bob Dylan, pulgones de época, Cavafis, Palm Beach...
-¿La edad te ha hecho más escéptico?
-No lo sé... Lo cierto es que no tengo ninguna fe en el advenimiento de un hombre nuevo. Aunque sí mantengo cierta esperanza en que un día lleguemos a algo más vivible. Lo que hay que desmontar es el capitalismo. Por nocivo. Cada vez somos más los que nos opongamos a ese desastre comprobado.
-Ya pasó el 15-M, parece...
-Estuvo bien, sí, pero fue insuficiente... Lo que no quiero es que se confunda mi desencanto con nihilismo. El nihilismo acaba siempre en el fascismo. Todos los fanáticos son en último término nihilistas... Respecto a esta gran mentira en que vivimos, a la que llaman crisis, la trampa es difícil de resolver. Algunos de los que nos han conducido al desastre, los responsables de Lehmans Brothers y otras instituciones, todos delincuentes probados, han ocupado con Obama cargos de enorme relevancia en la política económica de EEUU. No se puede con ellos.
-Y la cultura, mientras, en paradero desconocido.
-La cultura seria, querrás decir. Porque el ocio cultural cada vez es mayor. La televisión es su mejor aliado. Ya no hay diferencia entre publicidad, noticia y ficción... Además, todo se vuelca en el deporte. La gente se agarra al fútbol como a la heroína. Estamos en el momento de alienación máximo de una sociedad que ha pasado de ser lugar de consumo a lugar de subsistencia.
-¿Para qué sirve la poesía?
-Seguramente para nada. Pero cuando leo ese intento de acercamiento a su sentido que trazó Borges creo que es el centro de todo: Ver en la muerte el sueño, en el ocaso/ un triste oro, tal es la poesía,/ que es inmortal y pobre».
Para ser invierno, llega hasta el salón un sol chorreante que aún no se ha transformado en frío. Martínez Sarrión tiene esa actualidad de los hombres sin tiempo, de los que han sido excluidos de las modas, de las nomenclaturas, del canon, de los cajones de premios pendientes del ministerio. Y está moderadamente feliz. Con el Retiro a la espalda, esa Meca de ardillas, corredores, brujas del naipe, bujarras y castañas malas.
Por Antonio Lucas (El Mundo, 05/02/2011)
jueves, 9 de febrero de 2012
La vergüenza
La justicia, del lado de los corruptos: Garzón, condenado; Camps, absuelto. Viviendo en este país, ¿cómo no voy a sentir hoy vergüenza ajena?
Al juez Garzón le dedico, con mucho gusto, dos cuartetos de Miguel Hernández que siempre me han recordado a él:
Al juez Garzón le dedico, con mucho gusto, dos cuartetos de Miguel Hernández que siempre me han recordado a él:
"Si hay hombres que contienen un alma sin fronteras,
una esparcida frente de mundiales cabellos,
cubierta de horizontes, barcos y cordilleras,
con arena y con nieve, tú eres uno de aquellos.
Las patrias te llamaron con todas sus banderas,
que tu aliento llenara de movimientos bellos.
Quisiste apaciguar la sed de las panteras,
y flameaste henchido contra sus atropellos."
miércoles, 8 de febrero de 2012
Un poema invernal de Luis Rosales
Lean, al amor del fuego, el siguiente poema de Luis Rosales:
LA NIEVE NIÑA
Esta madera que es el sueño, acaso
sabe que huele a ti; sabe que creces
hacia tu infancia, y vives
de aquella claridad, de aquella nieve
niña como la sed, de aquella niña
vocación de llorar porque ibas siempre
de traje corto hacia el amor, y aún llevas
la luz que tuvo en el mirar que tienes.
Luis Rosales, Rimas, 1951
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