Bitácora de Héctor Acebo, poeta, periodista cultural y doctor en Periodismo

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domingo, 19 de septiembre de 2021

LAS ENSEÑANZAS DE SARRIÓN

El pasado martes falleció, víctima de un infarto, el gran poeta Antonio Martínez Sarrión (Albacete, 1939), maestro y amigo de quien escribe estas líneas. Nos veíamos cada semana cuando yo vivía en Madrid. Hombre generoso, Martínez Sarrión me abrió las puertas de su casa, me dio valiosos consejos e, incluso, corrigió los poemas que acabarían formando parte de mi primer poemario, ‘Camas de hierba’ (2011); por todas estas razones y por el cariño que le tenía, Antonio figura en la dedicatoria del libro, junto a mis padres.  


De Martínez Sarrión aprendí, entre otras muchas cosas, que en la poesía las pausas deben ser más elocuentes incluso que las palabras, pues la naturaleza de este género es fragmentaria (se basa en el ritmo y la métrica, elementos que desplazan a la lógica, a la sintaxis). Como el erotismo, la lírica sugiere, no muestra, y eso estimula la imaginación del lector. Aún conservo algunas hojas con las correcciones que Antonio hacía a mis vetustos poemas: “Debes aumentar la tensión verbal por vía de la elipsis…”. Todo escrito a mano, por supuesto, con aquella letra de trazos alargados: una letra arborescente, tan propia de un hombre temperamental que, asimismo, atesoraba argumentos muy hondos.  


Como explicó sagazmente el crítico Prieto de Paula, la lírica de Martínez Sarrión se caracteriza por su sincretismo. En 1970, el creador albaceteño fue incluido por Castellet (prestigioso teórico) en su antología ‘Nueve novísimos poetas españoles’, la cual dio nombre a una generación, la de los Novísimos, que se opuso a la estética socialrealista, imperante hasta entonces en España. El joven Sarrión, muy influido por el surrealismo, aspiraba a romper el discurso lógico mediante procedimientos como el ‘collage’ o la desarticulación tipográfica. Fue en esa época cuando algunos de sus maestros —Benet, García Hortelano, Barral…— comenzaron a llamarle “el Moderno”. Fue también por aquellas calendas cuando Gil de Biedma, después de leer sus poemas, sorprendido, le preguntó: “¿Cómo coño puedes ser tan decadente, habiendo nacido en Albacete?”. En 1981, con la publicación de ‘El centro inaccesible’, se produce un punto de inflexión en la obra sarrioniana; a partir de ahí, nuestro protagonista empleará una dicción más transitiva y convertirá al amor en uno de sus ejes temáticos fundamentales. No obstante, los dos polos —modernidad y tradición— se complementan a lo largo de toda su trayectoria. Aunque los expresase de forma hermética, ya había sarcasmo y crítica social en su etapa juvenil, del mismo modo que no eliminó el culturalismo (solo lo atenuó) en su producción de madurez. Debido a ese sincretismo tan rico en matices, Sarrión me parece un autor esencial en la poesía española de las últimas cinco décadas. Es por eso que —amistad aparte— estudié su estilo en mi tesis doctoral.


Mi maestro también incursionó en la traducción (suya es una de las mejores adaptaciones al castellano de ‘Las flores del mal’, de Baudelaire), el memorialismo o el ensayismo. Yo tengo especial debilidad por sus diarios, que están llenos de aforismos clarividentes; citaré uno perteneciente a ‘Esquirlas’ (2000): “Es preferible tomarse la política relativamente en serio, si no queremos que ella nos tome, a la gente del común, absolutamente en broma”.  


Claro que la contundencia y la precisión verbal de Sarrión ya se reflejan magníficamente en los títulos de sus libros: ‘Una tromba mortal para los balleneros’ (1975), ‘La cera que arde’ (1990), ‘Infancia y corrupciones’ (1993), ‘Jazz y días de lluvia’ (2002)… Afinaba muchísimo. Y si no encontraba el título apropiado, se dejaba aconsejar por colegas queridos; a Molina Foix le debe el hallazgo de ‘Teatro de operaciones’ (1967).


Hoy me acuerdo de las participaciones del Moderno en ‘Qué grande es el cine’ —el programa televisivo de Garci—, donde, con porte de senador romano, descodificaba obras maestras del séptimo arte, como ‘Juntos hasta la muerte’ (Walsh), ‘Te querré siempre’ (Rossellini) o ‘Lawrence de Arabia’ (Lean). Pero, sobre todo, recuerdo cuando me recibía en su piso de la calle Alfonso XII; yo lo saludaba de este modo: “¡El novísimo!”, y él me respondía: “¡No, no, ahora ya soy arqueológico!”. Tras las risas, nos fundíamos en un cálido abrazo. Me acuerdo también de nuestros paseos por El Retiro, como cuando me confesó que le parecía deleznable la actitud de ciertos intelectuales que, autodefiniéndose de izquierdas, se enorgullecían de no hacer uso del voto. “Así siempre ganará la derecha”. Me lo decía con aquella voz cavernosa que no dejaba indiferente a nadie.


En la última década nos alejamos. Un día, telefónicamente, me dijo que daba por clausurada nuestra amistad, sin más explicaciones. Desconozco si la causa fue algún malentendido o si su salud (entonces ya maltrecha) tuvo algo que ver en ese distanciamiento, que para mí fue doloroso. En cualquier caso, siempre le estaré agradecido; son muchas las enseñanzas que le debo.


¡Hasta siempre, querido Antonio! De todos mis amigos, tú siempre serás —vital e intelectualmente— el más inconformista. 



(Publicado en El Progreso de Lugo, 18/09/2021)

jueves, 23 de febrero de 2017

Una semana después de haberme doctorado

"Finis coronat opus", decía aquel hermoso proverbio latino. O sea: "El fin corona la obra". 

Valió la pena tanto esfuerzo, no sólo por haber obtenido, el 13 de febrero de este mes, el título de Doctor —máximo grado académico universitario— en Periodismo, sino también (y esto es lo más importante) por lo que uno aprendió durante el camino. Conocimientos de retórica, de teoría literaria, de lingüística y, desde luego, de poesía, el ámbito referencial de mi estudio, así como mi principal prurito creativo. 



Cómo no recordar a Lázaro Carreter, a quien cito en mi tesis, La metáfora en la poesía de Antonio Martínez Sarrión, dirigida por el doctor Antonio Ubach: 

¿Vale la pena tanto esfuerzo? Los que hemos hecho algunos progresos como lectores, sabemos que la empresa de la lírica es extraordinariamente remunerativa. La poesía impide ser más inhumano. En unos casos, permite descubrir lo que, estando en nosotros, ignorábamos. En otros, es una incitación a vivir experiencias nuevas y más valiosas que las nuestras. Pero para sentirla actuante en nosotros, hemos de vencer su lenguaje.





Gracias a todos los que, de un modo u otro, me habéis acompañado en este camino. 

Para escuchar una entrevista que me hicieron recientemente desde la Cadena Ser asturiana —delegación de Occidente—, pincha aquí.

Para leer una fotonoticia que publicó El Progreso de Lugo (edición de A Mariña) sobre mi Doctorado, pincha aquí.

También el diario asturiano La Nueva España se hizo eco de mi defensa, como puedes leer desde aquí. 


He aquí el turno de la intervención del tribunal académico, tras mi exposición. Pueden verse en la foto a tres de los miembros del mismo, los doctores Antonio Dueñas, Ángel L. Prieto de Paula y Pilar Vega. A modo de curiosidad: el 'Fin' de la diapositiva de mi tesis está extraído de un filme de Godard: Una mujer casada. Y, más allá de ese detalle, creo que la fotografía del momento académico —realizada por el amigo y colega José María Plaza— tiene algo godardiano; quizás la presencia de una nuca (mía, en este caso)...

Servidor, durante la exposición de su tesis.

Panorámica de la defensa de mi tesis doctoral, que tuvo lugar en la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid.




Junto al tribunal de la defensa de mi tesis —constituido por los doctores Ana Calvo, Eduardo de Bustos, Antonio Dueñas (presidente), Ángel L. Prieto de Paula y Pilar Vega (secretaria)—, que me otorgó la calificación de "Sobresaliente". 
Tras haber obtenido mi Doctorado, con los buenos amigos José Manuel Muñoz Puigcerver (Doctor en Economía, profesor) y Abel España (periodista, diseñador gráfico).

Junto a mi tutor, Antonio Ubach, Doctor en Filología Hispánica y profesor de la Facultad de Ciencias de la Información de la UCM.
Con mis padres —los mejores padres del mundo—, tras la comida de celebración de mi Doctorado, en la madrileña Plaza Mayor.

martes, 14 de febrero de 2017

Doctor en Periodismo

Desde ayer, soy doctor en Periodismo, por la Universidad Complutense de Madrid, con la calificación de "Sobresaliente".

Me acompañan en la foto -obra de José María Plaza- de esta entrada los miembros del tribunal académico, los doctores Ana Calvo, Eduardo de Bustos, Antonio Dueñas (presidente del Tribunal), Ángel L. Prieto de Paula y Pilar Vega (secretaria del Tribunal). 







He recibido muchos ánimos (por las vías física y virtual) estos días, los cuales me han hecho ilusión y me han dado fuerzas; os los agradezco enormemente.

Y, por supuesto, mil gracias, también, a los familiares, amigos y colegas que me acompañaron ayer presencialmente en un día tan especial para mí.

Antonio Ubach -mi tutor- merece una mención aparte por su gran compromiso a lo largo de más de tres años de andadura académica junto a él.

También mis padres (que estuvieron presentes en la defensa) merecen un párrafo aparte; como digo en mi tesis, "gracias a su confianza y paciencia he podido progresar en el estudio de la poesía, el ámbito referencial que más me apasiona".

Ahora sí, "Finis coronat opus". O sea, "El fin corona la obra" (que, en este caso, es Lametáfora en la poesía de Antonio Martínez Sarrión). 

sábado, 11 de febrero de 2017

El lunes defenderé mi tesis sobre la metáfora en la poesía de Martínez Sarrión

El próximo lunes (día 13) defenderé, en la Universidad Complutense de Madrid, mi tesis doctoral, La metáfora en la poesía de Antonio Martínez Sarrión, que dirigió Antonio Ubach y que es fruto de más de tres años de investigación. Dicho acto académico (abierto al público) tendrá lugar, a partir de las 11.00 horas, en el Salón de Grados de la Facultad de Ciencias de la Información. 

Hoy el diario asturiano La Nueva España se ha hecho eco de mi defensa; puedes leer la noticia pinchando aquí. 

Éste es el resumen de mi tesis doctoral, integrado en el propio trabajo: 

El poeta albaceteño Antonio Martínez Sarrión (miembro destacado de la neovanguardista generación de los Novísimos) ha creado, a lo largo de las últimas cinco décadas, una obra integral, donde se funden el culturalismo y la experiencia vital. La metáfora (tropo o recurso semántico que establece una semejanza entre dos elementos, uno real y otro imaginario) es una herramienta fundamental en la expresión del autor manchego. Martínez Sarrión emplea las dos modalidades metafóricas existentes, la cotidiana (cuyas bases están en la experiencia) y la poética (que pertenece al ámbito creativo). Si bien las metáforas cotidianas poseen un carácter instrumental, al funcionar dentro del artefacto lírico, transmiten —como las metáforas poéticas— valores estéticos y, en consecuencia, indudables dosis de ambigüedad. Efectivamente, como reveló el formalista ruso Jakobson de acuerdo con la semántica literaria (Richards, Empson, Wheelwright…), en la función poética el mensaje está orientado hacia sí mismo, lo que se traduce en la plurisignificación. Así, muchas metáforas de Sarrión apuntan visiblemente a varias denotaciones, además de expresar alguna connotación. La ambigüedad también queda manifiesta cuando Martínez Sarrión formula alguno de los elementos de esos tropos de forma tácita o vaga, o cuando el enunciado correspondiente carece (total o parcialmente) de signos de puntuación. Además de ser un vehículo idóneo para embellecer el texto y para transmitir —de una sola vez— diversas ideas, la metáfora permite al autor de Teatro de operaciones expresar la sensorialidad (algo apreciable, verbigracia, en las connotaciones, que son los significados individuales y variables) e, incluso, estructurar cada texto. 

viernes, 20 de mayo de 2016

Tesis terminada

Tesis doctoral terminada. Ahora queda defenderla. 

Ésta es la portada: 

El trabajo arranca con esta cita del poeta y ensayista Pound: “Cuando a un estudiante japonés que residía en los Estados Unidos se le preguntó por la diferencia entre poesía y prosa, dijo que la poesía consiste en las esencias, en la médula”. 

miércoles, 16 de diciembre de 2015

Cézanne

"¿Qué es lo que me proporciona, qué me ha dado siempre Cézanne? Una intensidad emocional singular que pocos de sus coetáneos me ofrecen, ni tan siquiera Van Gogh o Lautrec. Tiene que ver ese impacto con su esencialidad, su despojamiento, su antisentimentalismo, su rigor constructivo, su rectitud moral frente al lienzo, su gusto seguro y callado, sin exhibicionismos ni desbordamientos. Su ausencia, en fin, de cinismo y autocompasión" (Antonio Martínez Sarrión, Escaramuzas). 

Mont Sainte-Victoire (1895), de Paul Cézanne.

lunes, 14 de diciembre de 2015

Abril

"Tu jadeo, tu espuma, tu sudor, me parece que vienen de otra vida... ¡Ven aquí, ven aquí, caballo mío; abril, abril que vuelves, caballo blanco de mi amor perdido!". Juan Ramón Jiménez, ‪citado recientemente en mi tesis doctoral (La metáfora en la poesía de Martínez Sarrión), hablando de las connotaciones eróticas que a menudo presenta el cuarto mes del año en la tradición y en la modernidad lírica amorosa de Europa.




Betsy Russell en Escuela privada para chicas (1983), largometraje de Noel Black.

jueves, 5 de noviembre de 2015

Desde el arte


"(...) a la búsqueda no de un conocimiento sobre el arte, ni en el arte, sino desde el arte. Es decir, de un conocimiento (que tiene que ver con la cuestión de la verdad) que la ciencia no puede producir ni capitalizar, y que se manifiesta en la capacidad para revelar una forma diferenciada de ver el mundo, de entenderlo, de vivirlo" 
Jenaro Talens, "(Desde) la poesía de Antonio Martínez Sarrión" 


martes, 25 de agosto de 2015

Ser leído

¿Premios? ¿Ventas? No hay mejor reconocimiento para un poeta que ser leído y, por extensión, citado: he aquí las únicas formas de mantener viva la llama de una obra. Es un orgullo saber que uno tiene entregadas lectoras como Érika, la autora del los tuits que reproduzco en la siguiente imagen: 


Las citas pertenecen a las poesías "La erotización del lenguaje" y "Desdoblamientos". Ambos textos están incluidos en mi ópera prima, Camas de hierba (2011). Pueden leerse los dos poemas pinchando aquí, en una selección de mi lírica publicada hace unos meses en Espacio Juan L. Ortiz (revista literaria digital del Centro Cultural de la Cooperación, de Buenos Aires).

Asumo, por supuesto, que el público de la lírica (como el de otras artes que no conducen al mero entretenimiento y exigen ser paladeadas, no consumidas) es muy minoritario, y recuerdo aquello que comentó, en una entrevista reciente, mi maestro Martínez Sarrión: "Un gran poeta como es Brines me dijo una vez que no se trata tanto de tener muchos lectores sino de tener a los mejores. Parece presuntuoso, pero tenía razón". En efecto. A eso aspira uno.

miércoles, 24 de junio de 2015

Mi tesis, en la recta final

En el último tramo de mi tesis doctoral, La metáfora en la poesía de Antonio Martínez Sarrión.

"Que en este arte del verso 
la primacía de la emoción es norma, 
siendo el entendimiento un añadido 
bueno para que ingrese el vate en Academia, 
como en convento o arma 
los viejos segundones" 
(A. M. S.) 


martes, 21 de octubre de 2014

Una nota que queda en el aire

"Los poemas terminan donde deben terminar, pero sin cerrarse, como una nota —mágica o burlona— que queda en el aire". Hermosísimo comentario del crítico Lorenzo Gomis (La Vanguardia, 01/02/1968) sobre el primer poemario de Martínez Sarrión, Teatro de operaciones. Puedes leer el artículo completo de Gomis pinchado aquí.

El poeta Antonio Martínez Sarrión, a quien estudio en mi tesis.

martes, 6 de mayo de 2014

lunes, 14 de abril de 2014

Mi visita al taller literario Ruben D'Alba, de Montevideo

El pasado miércoles, en Montevideo, visité el taller literario Ruben D'Alba, que coordina admirablemente el vate y profesor universitario Lauro Marauda. El encuentro, que tuvo lugar en la Casa Bertolt Brecht, fue entrañable. Yo llegué al local acompañado de mi querido tío Federico Legaspi y del maestro Jorge Arbeleche, que el día anterior había presentado mi libro, Camas de hierba, en la Casa de los Escritores del Uruguay. Los talleristas uruguayos analizaron magníficamente mi poesía, interpretando las metáforas con inteligencia y sensibilidad; además, me hicieron preguntas muy interesantes. Encuentros como el que relato, justifican tantas horas de creación artística.

He aquí algunas fotos de mi paso por el citado taller: 







Hablando sobre mi poesía.

Junto a Jorge Arbeleche.


Junto a Lauro Marauda, a Jorge Arbeleche y a los talleristas que se reúnen semanalmente en la Casa Bertolt Brecht.

jueves, 6 de marzo de 2014

En la muerte de Panero, poeta subversivo


Leopoldo María Panero ha muerto, y ahora, como en aquel poema suyo, "está en venta el jardín de los cerezos". Panero fue, junto a Neruda, el poeta que más leí en mi adolescencia; del chileno, me impresionó su erotismo sutil; del español, admiré su palabra desgarrada: cariz que atrae, creo yo, a todo rapacete contrario a la cursilería, al discurso manido...

Andando el tiempo, tuve la dicha de conocer al autor de Teoría (1973), y terminé estudiando (en mi tesina y, ahora, en mi tesis) la lírica de Martínez Sarrión, autor incluido, como Panero, en la mítica antología de Castellet, Nueve novísimos poetas españoles (1970).

Panero fue un vate irregular y, en las dos últimas décadas, repetitivo y muy poco exigente, pero su primera poesía (la mejor) está llena de hallazgos verbales. Poeta del extrañamiento (como diría su admirado Shklovski, formalista ruso), esto es, poeta subversivo, capaz de transmutar la oscuridad en luz, de ver la vida como un accidente, de acercarse al peligro con nostalgia, como en aquel esbelto poema:

A FRANCISCO

Suave como el peligro atravesaste un día
con tu mano imposible la frágil medianoche
y tu mano valía mi vida, y muchas vidas
y tus labios casi mudos decían lo que era el pensamiento.
Pasé una noche a ti pegado como a un árbol de vida
porque eras suave como el peligro,
como el peligro de vivir de nuevo.

Leopoldo María Panero, Last River Together, 1980
Leopoldo María Panero. Esta imagen de Luis Magán se publicó originalmente en el diario El País.

martes, 12 de marzo de 2013

Trabajando en mi tesis doctoral



Voy avanzando con mi tesis doctoral, que lleva por título La metáfora en la poesía de Antonio Martínez Sarrión. Este trabajo es una continuación de mi tesina, la cual mereció la calificación de "Matrícula de Honor".  

*

"Mi amor fuerte, mi amor loco y profético
con vestidos que el puro azar cosía
y que eran desflecados por la bruma
entre las carcajadas reprimidas
de una Europa siniestra y satisfecha."
(A.M.S.)

martes, 18 de septiembre de 2012

He defendido mi tesina

Vengo de la Facultad de Ciencias de la Información de la Complutense. He llegado, satisfecho, al final del trayecto. El tribunal elogió esta mañana mi tesina, La metáfora en la poesía de Antonio Martínez Sarrión, antesala de mi tesis doctoral (que comenzaré a fraguar el próximo mes). Antonio Dueñas, miembro de dicho tribunal y director de mi tesina, recordó —emocionado— a aquel soñador muchacho del valle del Eo, a aquel incipiente poeta que él tuvo como alumno, en la licenciatura de Periodismo, hace siete años... El profesor dijo que se sentía orgulloso de que uno hubiera progresado tanto en el plano poético y académico. Yo —huelga decirlo— me siento orgulloso de tener a mi lado a personas tan generosas, tan comprensivas, tan sensibles y tan cultivadas como el doctor Antonio. ¡Mi querido Dueñas! ¡Cuántas enseñanzas te debo!

lunes, 17 de septiembre de 2012

La defensa de mi tesina

Estoy llegando al final del trayecto: mañana, martes, a las 11, presentaré mi tesina («La metáfora en la poesía de Antonio Martínez Sarrión») en la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense. Esta tesina, dirigida por Antonio Dueñas, es el trabajo final del «Máster en Investigación en Periodismo: discurso y comunicación».

sábado, 8 de septiembre de 2012

Mi tesina

Ayer rematé, por fin, mi tesina, que lleva por título La metáfora en la poesía de Antonio Martínez Sarrión. Mi director, el querido Antonio Dueñas, ya ha revisado la versión final del documento y me ha dado (¡albricias!) el visto bueno. El próximo lunes entregaré el trabajo, impreso, en la Facultad; mañana, con ese motivo, partiré hacia Madrid. Me ha sentado estupendamente este verano: una mezcla muy dulce de sosiego y de escritura (aparte de fraguar mi trabajo de investigación, he colaborado en la prensa regional y he continuado con mis tareas de edición en La Huella Digital). Cuando regrese de Madrid, espero retomar la creación de algunos poemas que, por falta de tiempo, he dejado a medias. Algunos poemas que cantan los pequeños placeres: el olor de un bizcocho casero, la lectura a media voz, el estremecimiento de un cuerpo joven...
 

martes, 14 de febrero de 2012

Antonio Lucas entrevista a Martínez Sarrión

El pasado 5 de febrero, en El Mundo, Antonio Lucas entrevistó a mi querido Martínez Sarrión, que acaba de publicar dos libros: el poemario Farol de Saturno (Tusquets) y el dietario Escaramuzas (Alfaguara). Reproducimos a continuación la lúcida entrevista:

«ASOMBRA CUÁNTA LITERATURA DECORATIVA SE GENERA»

Llamas al timbre y alguien que no ves abre la puerta mientras Antonio Martínez Sarrión aparece de frente con la mano tendida y la voz de caverna dispuesta a la parla. Hay algo de falsa magia elemental en este gesto de las puertas que se abren sin presencia exacta. Una prestidigitación inesperada que deriva en aceptar lo sobrenatural como parte primera de toda entrevista. Al fondo, un saloncito trepado de libros y el ventanal orientado al Retiro (como una Meca laica y arborescente), donde Martínez Sarrión ofrece asiento y se atusa el pelo hacia delante. Examinado a ojo, se trata de un pelo difícil, cortado a línea sobre el frontón carnoso de la testa, de ligero rumor patricio. El anfitrión gasta pupilas azules. Órbitas casi fuera del rostro, donde se acumulan arrugas barrocas que le dan a la cabeza un rumor de lírica destruida. Cuando mira con fijeza tiene algo de saxofonista negro en pleno trance o de muchacho malo y tierno.

Es un poeta de la vieja escudería novísima que decidió después jugar a solas en el proceloso camino de las letras. Ensayó tres volúmenes de memorias que están entre los más sugerentes de aquella generación. Tradujo a Baudelaire y esa lectura se considera hoy una de las mejores en lengua española. También a Rimbaud. Acaba de publicar en Hiperión una versión de Poemas saturnianos y Fiestas galantes de Verlaine. Y anda enredado con nuevas interpretaciones de Mallarmé. En su dietario combina la pólvora y la lucidez de quien ya no tiene edad para callarse. El último volumen, Escaramuza, es un recuento de vida vivida intensamente y lecturas leídas con pasión feroz, daños y olvidos, recuerdos y citas.

Es probable que Martínez Sarrión, de pronto, se ponga a reír. O lance una soflama directa a la aorta del capitalismo. O a esos ricos color sobrasada que ha dado de sí el abuso indiscriminado del dinero. Uno nunca sabe.

Ha cumplido 73 años y la voz se le ha vuelto aún más de oso. Es una mezcla de escritor moderno, estepario, desafiante, clásico, mordaz, lúdico... Un náufrago de la Mancha del boniato, la sardina de bota y el piojo verde. Se acercó a París cuando el 68 y cambió a Marifé de Triana por John Coltrane. Lo parieron en casa. En aquel Albacete de 1937.

-Los de mi infancia manchega fueron años duros, de tibetización de la oscura provincia. Hasta los 15 o 16 años no me di cuenta de que no tenía mucho que ver con el ambiente eclesial de mi pueblo ni con la mentalidad derechil de mis padres. La primera gran revelación de mi vida llegó gracias a un profesor valenciano. El día en que murió Ortega y Gasset nos leyó un fragmento de La rebelión de las masas y fue un impacto. Descubrí una forma de pensar y sentir el mundo que me hizo dudar de todo lo que hasta entonces me habían enseñado en lo político, religioso, moral, social... Comencé la larga operación de quitarme de encima la roña nacionalcatólica. Y aún a ratos creo seguir en ello.

-¿Qué importancia le das a tu infancia?
-Rilke dijo que el paraíso perdido es la infancia. Y me parece exacto. Incluso cuando se trata de infancias duras... La mía no lo fue. Mis padres eran funcionarios modestos. Vivimos sin angustias, aunque con ascetismo. De entonces me quedó la idea de que todo lo importante ocurre hasta los 10 años; es el tiempo en que se dan las epifanías que te marcan.

-La literatura.
-Tengo conciencia de ser algo llanero solitario. Nunca he intrigado en cenáculos ni he incordiado para recibir reconocimientos o premios. Voy a lo mío. Leo y escribo. Mis raíces se dividen entre el entusiasmo por la vanguardia y el carácter peleón (sobre todo en política). Y mantengo un gusto irrenunciable por lo clásico... Me asombra la cantidad de literatura decorativa que se genera.

-¿Por ejemplo?
-Desde hace mucho tiempo, las editoriales de tonelaje comercial han optado por la literatura fácil, por lo cómodo. La cosa viene de atrás, de cuando algunos autores comenzaron una cruzada contra la literatura experimental que representaban Benet, Juan Goytisolo, Julián Ríos y algún otro. Entonces decretaron manu militari que todo aquello debía de acabar en beneficio de una escritura de legibilidad absoluta.

-¿Quiénes fueron los autores de esa cruzada?
-El que entonces llamaban El joven Marías (Javier), Savater, Dragó...

-Y el resultado fue...
-Una narrativa facilona, primer peldaño de la literatura de usar y tirar que abunda hoy. Algunas editoriales grandes mantienen en sus catálogos alguna perla suelta como estrategia, quizá para aliviar sus malas conciencias, pero es igual que los bancos con sus fundaciones culturales. La mejor literatura de hoy la ofrecen las pequeñas editoriales.

-La más desobediente...
-Así es. Aquella que para muchos es una «literatura de la sospecha». La única válida en el tiempo.

Martínez Sarrión se quita y se pone las gafas. Se alivia con abluciones de agua mansa. Recuerda los días de militancia novísima, cuando los polluelos líricos se tiraban el rollo con su modernidad incalculable y, cuando les hablabas de ciertos autores españoles, mantenían la respiración como en los pasos de aduana. «Fue muy impactante lo que surgió alrededor de la antología de Castellet. Aunque hubo mucha quincallería de juventud. Eso sí, nos divertimos mucho y todos éramos amigos». Algún fleco de diversión puede quedar aún por ahí. Lo de la amistad entre los del grupo ya es más difícil. Martínez Sarrión mezclaba en sus poemas estelas de jazz, películas viejas, títulos muy cultos, Marilyn Monroe, Bob Dylan, pulgones de época, Cavafis, Palm Beach...

-¿La edad te ha hecho más escéptico?
-No lo sé... Lo cierto es que no tengo ninguna fe en el advenimiento de un hombre nuevo. Aunque sí mantengo cierta esperanza en que un día lleguemos a algo más vivible. Lo que hay que desmontar es el capitalismo. Por nocivo. Cada vez somos más los que nos opongamos a ese desastre comprobado.

-Ya pasó el 15-M, parece...
-Estuvo bien, sí, pero fue insuficiente... Lo que no quiero es que se confunda mi desencanto con nihilismo. El nihilismo acaba siempre en el fascismo. Todos los fanáticos son en último término nihilistas... Respecto a esta gran mentira en que vivimos, a la que llaman crisis, la trampa es difícil de resolver. Algunos de los que nos han conducido al desastre, los responsables de Lehmans Brothers y otras instituciones, todos delincuentes probados, han ocupado con Obama cargos de enorme relevancia en la política económica de EEUU. No se puede con ellos.

-Y la cultura, mientras, en paradero desconocido.
-La cultura seria, querrás decir. Porque el ocio cultural cada vez es mayor. La televisión es su mejor aliado. Ya no hay diferencia entre publicidad, noticia y ficción... Además, todo se vuelca en el deporte. La gente se agarra al fútbol como a la heroína. Estamos en el momento de alienación máximo de una sociedad que ha pasado de ser lugar de consumo a lugar de subsistencia.

-¿Para qué sirve la poesía?
-Seguramente para nada. Pero cuando leo ese intento de acercamiento a su sentido que trazó Borges creo que es el centro de todo: Ver en la muerte el sueño, en el ocaso/ un triste oro, tal es la poesía,/ que es inmortal y pobre».

Para ser invierno, llega hasta el salón un sol chorreante que aún no se ha transformado en frío. Martínez Sarrión tiene esa actualidad de los hombres sin tiempo, de los que han sido excluidos de las modas, de las nomenclaturas, del canon, de los cajones de premios pendientes del ministerio. Y está moderadamente feliz. Con el Retiro a la espalda, esa Meca de ardillas, corredores, brujas del naipe, bujarras y castañas malas.

Por Antonio Lucas (El Mundo, 05/02/2011)