Bitácora de Héctor Acebo, poeta, periodista cultural y doctor en Periodismo

Bitácora de Héctor Acebo, poeta, periodista cultural y doctor en Periodismo.
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viernes, 1 de enero de 2016

Ano Novo

FELIZ 2016, xente! 

Saúde, traballo... e, por suposto, beleza e rebeldía. Hai que cambiar esta realidade tan áspera! 

Unha preciosa fotografía de Hamilton.

domingo, 17 de mayo de 2015

Cernuda

Cernuda y su alto ideal de Belleza: "y sus ojos son rubios lo mismo que el amor / rubio es también, igual que son sus ojos. // La alegría vivaz que vierten en las venas / rubia es también, / idéntica a la piel que asoman (...)". ¡Cuánto fulgor, cuánta voluptuosidad desprenden esas palabras juveniles extraídas de Los placeres prohibidos (1931)! Claro que ese tono hímnico es una isla en medio de la elegíaca expresión, derivada del total desajuste (que acompañaría siempre al genio sevillano) entre la hostil realidad y el deseo: "les doy mi cuerpo para que lo pisen, / aunque les lleve a una ambición o a una nube, / sin que ninguno comprenda / que ambiciones o nubes / no valen un amor que se entrega". ¡Inmenso Cernuda en cualquiera de sus tonos! 

El poeta Luis Cernuda.

jueves, 1 de enero de 2015

Feliz 2015

Que 2015 venga cargado de Belleza. Que esa Belleza exalte vuestro ánimo. 

¡Feliz año! 


Las tres gracias (1504-1505), de Rafael. Museo Condé, Chantilly, Francia.

domingo, 10 de agosto de 2014

Chicas Godard


Esta pizpireta canción hubiera encajado muy bien en un filme del joven Godard, cuyo máximo empeño era celebrar la lúdica belleza de sus musas, rompiendo así corsés narrativos. Anna Karina, Jean Seberg, Chantal Goya, las Ronettes... ¡Fascinante feminidad!

sábado, 19 de julio de 2014

Un delicioso sueño

Recientemente tuve un delicioso sueño: Una esbelta muchacha me cantaba (el ukelele en ristre) "Blue Letter", tema de The Curtis Brothers popularizado por Fleetwood Mac. Ahora que estoy experimentando el lenguaje cinematográfico, siento la necesidad de integrar en un guión aquella interpretación fantástica: el dulce sonido del ukelele, la alada voz, la mirada presta, las manos de nácar, las piernas tensas, el short vaquero, los pies descalzos, la cintura que uno querría ceñir de laurel... Como escribiera JRJ, 

Venía sólo a no acabar,
a perseguir en sí toda la luz,
a iluminar en sí toda la vida
con forma verdadera y suficiente. 


Versión de "Blue letter" a cargo de Fleetwood Mac. Se incluyó en el homónimo disco del grupo, de 1975. La voz principal es la del guitarrista Lindsey Buckingham. 


Rick Curtis interpreta (en clave acústica) "Blue letter", tema que compuso junto a su hermano Michael. 

sábado, 17 de mayo de 2014

sábado, 26 de abril de 2014

Cunqueiro: fantasía y feminidad

A don Álvaro Cunqueiro debían de fascinarle las jóvenes rubias, pues las describía con auténtico fervor, transmutándolas a menudo en hadas y ninfas. El autor de Las historias gallegas (1981) no puede precisar el lugar de nacimiento (¿Noia? ¿Betanzos?) de la relojera Rosa Martiño, pero recuerda perfectamente, cómo no, que a los doce años era "una mocita rubia, espigada, muy lucida de piernas y de sonrisas". Es la misma Rosa que, siendo ya toda una moza, tarareaba —dulcemente— cantigas gallegas, hechizando a sus compañeros de trabajo. Por cierto, Cunqueiro dejó escrito, en Faro de Vigo, que sus primeros versos —"doloridos cantos de amor"— fueron para una niña rubia de Palas de Rei. Quizás aquellos ojos celestes fueron el mito y el daño fecundante de su obra... ¡Fantástico Cunqueiro! 

viernes, 28 de febrero de 2014

Reivindicación de una hermosura



He aquí la sensual y esbelta Bernadette Lafont (1938-2013) en Les mistons (François Truffaut, 1957). Con el plano contrapicado, Truffaut ensalzó estupendamente la sinuosa belleza de Bernadette (en el cortometraje, personaje y persona compartieron el mismo nombre), que tenía unos 19 añitos. ¡Bernadette Lafont! ¡Qué fascinante feminidad la tuya! ¡Eterna y soñadora (eterna por ser soñadora)!

domingo, 2 de febrero de 2014

Maquillaxe e xuventude

Por que te maquillas tanto, amiga? Por que escondes a xuventude? A túa mirada traspasa a pantalla: non necesitas ningún aderezo pra facerte notar. 

jueves, 13 de junio de 2013

JRJ y su poesía inédita

La reciente publicación de 52 poemas inéditos de un vate de la talla de Juan Ramón Jiménez debería ser todo un acontecimiento cultural. Sin embargo, como me acaba de decir, vía Twitter, la filóloga Ana Parrilla, "el mundo ni se entera". Son tiempos de vacuidad y chabacanería; el propio JRJ lo expresó estupendamente en un poema de Belleza (1917-1923): 

¡Necio yo, sí; y felices ellos  
en su mudez, en su sordera pura!

¡Grande Juan Ramón, maestro de maestros, incansable rastreador de la Belleza!

El premio Nobel Juan Ramón Jiménez. La imagen, de EFE, está extraída de la web de El País.

jueves, 1 de diciembre de 2011

Lo que pudo haber sido

Para un niño sensible del occidente asturiano o del noroeste lucense, para un rapaz que sabe apreciar la belleza del paisaje y que escucha atentamente —en boca de su abuelo— las noticias de pretéritas muchedumbres prodigiosas, lo difícil es no guardar rincones de nostalgia por un mundo mágico, gozoso y desaparecido. Es más, estoy en condiciones de afirmar que la circunstancia de haber nacido en un apartado pueblo del noroeste peninsular aviva una nostalgia muy extraña y esplendente, una tristeza originada por el recuerdo no ya de lo que fue, sino de lo que pudo haber sido. Me explico. Después de haber pasado toda la infancia reconstruyendo —con amoroso cuidado— tantas ilusiones sistemáticamente pisoteadas, uno irrumpió en el instituto con el corazón henchido de deseos volcánicos… Pero, por culpa de mi timidez o de aquel ambiente opresivo y malsano que reprimía tanto los sentimientos como las pasiones, sólo pude acariciar en sueños a algunas muchachas extremadamente refinadas y sensibles. Recuerdo que también soñaba continuamente, en aquellas calendas, con suaves amigos —no sólo con novias— de la música, del cine y de la literatura. Pero no pudo ser. Por una u otra razón, no pude conocer, en su cenital esplendor, a los adolescentes de mi generación, y la extraña nostalgia norteña ha ido acrecentándose con el paso de los años…

Gracias a mi amiga M., una talentosa actriz adolescente, estoy exorcizando gustosamente mi etapa de estudiante de secundaria. Muy pocas veces conocí una muchacha tan dulce, tan expresiva, tan sutil, tan inteligente y tan sensible como M. Esa extraordinaria sensibilidad enciende constantemente sus grandes y soñadores ojos oscuros, que no necesita resaltar con ningún aderezo. Y es que M., en contraste con esas manipulables chicas que, empeñadas en desdecir el preciado don de la juventud, se parapetan tras un maquillaje circense, M. —digo— forja su belleza en el embelesamiento, en el detalle de la mirada, en la voracidad tiernísima, en la naturalidad de la sonrisa más contagiosa, en el vuelo de la voz, en el suave acento, en la pasión por el diálogo… No exageraré, pues, al afirmar que esta expresiva muchacha morena hace suya, sin saberlo, la irreemplazable tesis estética de Baudelaire:

Aquello que no está ligeramente distorsionado adolece de una falta de atractivo considerable, de lo que se deduce que la irregularidad, o sea, lo inesperado, la sorpresa, el asombro, es una parte esencial y una característica de la belleza.

Y no hablo de poses ni de bagatelas: M. gusta de embriagarse, en sus ratos libres, con las palabras y con la música: así, a veces, comenta, con mucha agudeza, alguno de mis poemas amatorios, y en otras ocasiones trae a colación, imprevisiblemente, un desgarrador estribillo de Los Secretos o una espontánea frase salida —sabe Dios cuándo— de mi boca.

—Es que me encanta cómo te expresas —me dice M., apartando, con una dulzura inusitada, un mechón castaño que le cae sobre los hermosos ojos, llenos de destellos tremulantes. Y, acto seguido, exclama con un leve suspiro:

—¡Ay, Héctor, a mí aún me faltan muchos libros por leer!

La franqueza y la extrema sensibilidad de esta muchacha me reconcilian con la primera mocedad, es cierto, pero también me llevan a desear no tanto lo que he perdido como lo que podría haber sido. ¿Por qué diablos no irrumpió M., de voz melodiosa y delgada, en mis tediosos años adolescentes? Una vez vencida mi timidez, estoy seguro de que hubiéramos conectado. Nos imagino a los dos, quinceañeros cargados de sueños y estudios, charlando y cantando hasta altas horas de la madrugada. Tendría que ser muy hermoso el sentarse en una solana a ver demorar la mirada de M. sobre mi ancho y silente país de montes. Sé que esa mirada —luz de prodigiosa hondura— convertiría en milagros únicos, recién estrenados, las manchas de oro que el otoño pone en los esbeltos chopos de la orilla del Eo, los dilatados horizontes vestidos de azul o las montañas coronadas por la niebla, tan invisibles por tan a la vista. Al imaginar este llamear de instantes, se le encoge a uno el corazón, como al cinéfilo se le encoge el corazón al comprobar que el abismo de una cruenta dictadura alcanza, en la mirada de mi amiguita, un luminoso recorrido hasta el fondo de su negrura.

Pensándolo bien, quizás sea mejor que M. y servidor no hayamos nacido en el mismo año, que no nos hayamos encontrado en el instituto, por el derecho a seguir soñando con lo que podría haber sido.

Además, modestia aparte, es muy grato saber que hoy, gracias a esta encantadora muchacha, estoy llevando a la práctica la citada tesis estética del maestro Baudelaire. Digo esto porque, mientras M. me cuenta —dulcemente— sus lances de estudio y deporte, una noche más, mi grave y solemne voz se quiebra, se acelera, se hace más libre… ¿Verdad que ahora perciben mi natural acento gallego?




(La Huella Digital, 01/12/2011)

domingo, 27 de noviembre de 2011

miércoles, 16 de noviembre de 2011

lunes, 14 de noviembre de 2011

Maquillaje

¿Por qué te maquillas tanto, amiga? ¿Por qué escondes tu juventud? Tu mirada traspasa la pantalla. No necesitas ningún aderezo para hacerte notar.

lunes, 10 de octubre de 2011

Un solo minuto de lirismo


«Sin embargo, un solo minuto de lirismo, el detalle de una cara, la sorpresa de un gesto, siempre han sido y serán capaces de hacernos olvidar todo tipo de historias infelices»
(René Crevel)