Bitácora de Héctor Acebo, poeta, periodista cultural y doctor en Periodismo

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domingo, 14 de febrero de 2016

Menéndez Pidal e o galego de Asturias

En Asturias, junto al mar, el dialecto leonés no empieza sino á la derecha del río Navia; á la izquierda del río se habla hoy una variedad del gallego de Lugo, y aun en algunos pueblos inmediatos á la orilla derecha. Así, en Armental, que está a la derecha, se dice corpo, terra, morto, tempo. (...) el gallego se extiende por una faja de ocho kilómetros al Oriente del Navia. Probablemente este límite estará determinado por razones históricas tan antiguas, que tendrá algo que ver con el límite de los conventos jurídicos Asturicense y Lucense: el río Navia, según Plinio, separaba á los astures pésicos de los gallegos lucenses. 
(Ramón Menéndez Pidal) 

lunes, 25 de mayo de 2015

El vuelo de Alba María

Alba María ha irrumpido con fuerza en el panorama musical gallego. La novísima cantautora viguesa viene de publicar Aínda, donde impregna de imaginación poética y rebeldía diversos géneros populares, como la habanera, el jazz o la bossa nova. Un debut espléndido. 

La cantautora Alba María.



Dentro de mi generación, Alba María —sagaz cantautora viguesa de 20 primaveras— es una de las artistas con la que más conecto ética y estéticamente. En abril del pasado año, Alba resultó vencedora del “I Certame de Canción de Autor en Galego ‘Concello de Teo’”. Dicho premio le permitió publicar, en diciembre, su preciosa ópera prima, Aínda (aCentral Folque), compuesta por ocho piezas. Es un disco enérgico y, al mismo tiempo, delicado, situado en ese punto crucial donde la sugerencia y la afirmación no sólo confluyen, sino que se retroalimentan. Hace falta un notable dominio del lenguaje escrito y musical para transitar sin titubeos —como es el caso— por tan resbaladizo punto. Sí, estamos asistiendo a las primeras e inspiradas manifestaciones de una creadora de fuste.


La temática de Aínda es, en gran medida, realista; desde una perspectiva crítica, Alba María toca problemas de actualidad como la emigración juvenil (“Habaneira de Berlín”) o el paro (“Levando a lúa na saia”), además de reflejar su conciencia de género (“Cabaleira”, “Pretéritas perfectas”). Pero aunque parta de la realidad, esta cantautora no descuida la dimensión imaginativa, dándoles así a los textos un marchamo poético: “’Onde é que vai cabaleira? / Non sabe que é a primeira / En perder?’ // Vencer vencer perdendo a guerra / Vencer contando as infeccións / Botando pus coiraza-costra / Vencer comprendendo que loitamos / Por terra mar e papel / Vencer vencer l’amour est un oiseau rebelle”. 
En esas representativas estrofas, Alba María, al cambiar de género un sustantivo originalmente masculino (“cabaleira”), al emplear una valiosa paradoja (“Vencer vencer perdendo a guerra”) y al intertextualizar con pericia a Georges Bizet (“L’amour est un oiseau rebelle”), nos ofrece un universo tirante, complejo, pleno de matices. No podía ser de otra forma: la viguesa sabe que renunciar al vuelo imaginativo significaría empobrecer la realidad recreada. Desde luego, la mirada de esta chica —combativa y soñadora— arroja esperanza sobre una generación (la nuestra) desencantada ante la usura imperante: “Aínda non se vestiron de loito todas as teclas dos pianos, e súan tinta aínda as páxinas dos cadernos”, leemos en el libreto del álbum de la propia Alba María.

La portada de Aínda, el primer disco de Alba María.
Me parecen indudables, en fin, el talento y la eficacia de la escritora. Por supuesto, dentro de la integralidad compositiva de Alba María, cabe señalar también su elevado sentido melódico —es significativo el hecho de que a veces componga antes las músicas que las letras: algo infrecuente en los cantautores al uso, para quienes las melodías suelen ser elementos más bien funcionales—, así como su gran versatilidad —en Aínda nos encontramos con una irónica habanera (“Habaneira de Berlín”), una envolvente morna (“Albas perdidas”), un penetrante blues (“Rúa vella”), una magnética bossa nova (“Levando a lúa na saia”), etcétera—.
Debido a esa versatilidad, al cultivo de nuestra lengua vernácula, a sus dosis de elegante irreverencia y a su predilección por una base rítmica de aires jazz, Alba María entronca claramente con el grupo Marful. La influencia es absolutamente directa: Alba recibió, en aCentral Folque (centro musical gallego responsable de la edición de Aínda), el magisterio de Ugia Pedreira, la carismática vocalista de Marful. Pero no acaba ahí la conexión: otro de los miembros de la soberbia banda galaica, el acordeonista Pedro Pascual, deja su impronta en el primer corte de Aínda, “Bandadas de horas”. Asimismo, dos colaboradores de Marful —el contrabajista José Manuel Díaz y el pianista Alejandro Vargas, cubanos ambos— son, en calidad de precisos instrumentistas e ingeniosos arreglistas, piezas fundamentales del disco de Alba María. Díaz se encarga, además, de la exquisita producción.

Aun sabiendo de su madurez y perspicacia, no deja de asombrarme que, en sus primeras composiciones editadas, Alba María ya haya casado plenamente músicas y mensajes. El ejemplo máximo de ese matrimonio es, para mí, “Pretéritas perfectas”. Desde luego, la forma decididamente jazzística —estamos ante un género popular y a la vez experimental— resulta ideal para dialogar de forma abierta e inteligente con la tradición gallega, concretamente con las cantigas “A Carolina” y “Ven bailar, Carmiña”. Alba María parte de esos famosos temas para agitar los estereotipos femeninos contenidos en ellos, a la par que celebra, en efecto, la independencia de la mujer galaica. Canta la viguesa refiriéndose a las Carolinas: “Din que aínda lles preguntan con que andan a bailar / Din que xa non son Penélopes mirando para o mar / Din que xa quedaron fartas de pintar lagartos / Que non teñen corazón / Din que aínda seguen bailando… / Si señor!”.

En “Pretéritas perfectas”, Alba María, catapultada por una melodía ondulante, despliega todos los poderes de su tersa y resonante voz. Me entusiasman sus fraseos; apasionados pero también deconstructores (gracias al uso del falsete), clavan magníficamente el ritmo del jazz. Merece la pena detenerse en el broche final del espléndido tema: un monólogo. Aquí Alba María extrae la heterodoxia de los maestros del blues y del soul, que, al recitar en determinados momentos, liberan a la canción de corsés melódicos. Pero la novísima cantautora no se limita a mimetizar ese espíritu, sino que lo hace suyo. Tengamos en cuenta que las partes habladas de B.B. King o Solomon Burke son inflexiones tensas, declamaciones, por decirlo así; Alba María, sin embargo, en su monólogo de “Pretéritas perfectas”, emplea una dicción que rezuma toda la espontaneidad de la juventud. Por supuesto, ambos modos vocales, bien tratados —como sucede en los ejemplos que he puesto—, cumplen idénticas funciones: revitalizar un género popular, sorprender al oyente y profundizar en los perfiles de los personajes o en unas sensaciones. 

Alba María junto a su magnífica banda, formada por el contrabajista José Manuel Díaz, el batería Carlos Freire y el guitarrista Felipe Villar.


Otra gema de Aínda es “Albas perdidas”. Se trata de una composición subyugante, cuya melodía nos trae —al igual que el rajão de José Luis do Pico— el aroma del Atlántico. La letra probablemente sea la más sensorial y abierta de todo el álbum: “Empurro os teitos da risa / Vólvome corda pulsada ata fartar / Quero convertirte en onda / Que te mergulles toda enteira no meu son”. 

No quisiera concluir este artículo sin volver a la excelsa producción de José Manuel Díaz. Este cubano ha encontrado un sonido nítido y cálido, y ha logrado capturar el refinamiento —alejado de la afectación— que Alba María imprime a la música popular. En Aínda, todo está en su sitio. Sirva como ejemplo el tratamiento de las armonías vocales de la artista gallega en “Retellando o ceo”. Esas voces parecen el eco de un acordeón; dejan huella por su sutileza, sin necesidad de restar peso a la estupenda guitarra de Felipe Villar, pujante a lo largo de todo el tema. 
Servidor, junto a Alba María, al término del concierto que ella ofreció en Lugo el mes pasado. 

[Artículo mío publicado ayer en La Huella Digital] 

miércoles, 16 de julio de 2014

Mi poema "Desafío", convertido en un 'blues' por Os Folkgazais

Estoy verdaderamente satisfecho con la adaptación musical que el amigo Abel Pérez (A Veiga, Asturias, 1976) ha hecho de mi poema "Desafío"; creo que al texto (muy crítico) le sienta estupendamente el arrastrado traje del blues. 




La canción forma parte del nuevo EP (titulado Alorias) de Os Folkgazais, dinámica banda astur-galaica que Abel dirige desde su concejo natal. He aquí un fragmento del videoclip del tema:


En "Desafío" (primera canción promocional de Alorias), colabora como vocalista Gustavo Álvarez.

Evidentemente, el texto adaptado, al fundirse con la melodía y con el marcado ritmo del blues, presenta algunas variaciones (aparición de la rima, aumento de las repeticiones, eliminación de algunos versos comparativos...). Variaciones que no afectan (creo) al contenido social-erótico del texto original, que reproduzco aquí:

DESAFÍO (II) 


Quéixanse os críticos cítricos 
porque abuso do grao superlativo. 
Eles dicen que aquel corpo era pequeno,  
pois non saben que na cama medraba. 
Non, ningún deles sería capaz de levar,  
coma meu abolo, os mismos calzois  
de lunes a domingo. 


Sempre dicen 
que hei de buscar, cando acabe a carreira,  
unha nena que me cuide e me comprenda: 
que atrevemento! Pro solo  
eu sei que naquel cu nace o Eo.  
Que pasa pola Pontenova, que se para  
en Santiso e que desemboca  
no Mar dos Seus Peitos, formando  
a ría de Ribadeo. 


Quéixanse os críticos cítricos 
porque abuso do grao superlativo.  
Pretenden que volva ó franquismo:  
sería xusto dicir que aquelas pernas  
solo eran “claras”?  
Cando as miocas  
papen as súas cachas,  
quizabes entenda ese empeño.  
Mentras tanto... 

ai, mentras... 


TANTO!



El texto está escrito en la variante oriental del gallego (aquélla que hablamos, por ejemplo, en mi Santiso nativo o en A Veiga). El poema fue incluido, en castellano, en mi libro Camas de hierba (Ediciones Vitruvio, 2011); puedes leer esa primera versión de la poesía pinchando aquí. 

Infinitas gracias a Abel y a sus compañeros de fatigas musicales. Les doy mi más sincera enhorabuena por su nuevo y cuidado EP. 


La portada de mi ópera prima.

sábado, 17 de mayo de 2014

Feliz Día das Letras Galegas (II)

A beleza feriume para sempre. 
(Xosé María Díaz Castro, o autor homenaxeado este ano no Día das Letras Galegas)

Xosé María Díaz Castro, xunto ós meus queridos Claudio Rodríguez Fer e Carmen Blanco, que foron amigos do poeta chairego e que son estudosos da súa obra.

Feliz Día das Letras Galegas

Feliz Día das Letras Galegas! Longa vida a esta lingua melodiosa, a miña lingua vernácula, a lingua na que falo con algúns dos meus seres máis queridos, a lingua que sempre trato de reivindicar cando estou lonxe da terra (e aproveito pra dicir que, nas miñas recentes viaxes á Arxentina e ó Uruguai, encontreime con lectores, mestres e colegas moi interesados nela). O galego é rumor de ribeira. 


jueves, 16 de mayo de 2013

No Día das Letras Galegas

Feliz Día das Letras Galegas! 

O galego é unha das linguas máis afectivas e melodiosas que coñezo. É unha ledicia poder dicir maxín, esmelgar, beizo, tardiña ou namorar. Só podo falar marabillas do meu idioma vernáculo. O galego é coma unha rapariga que acaricia os meus oídos... 

jueves, 15 de noviembre de 2012

Unha nena maga

O meu Santiso nativo, á tardiña

Eu era un rapaz nostálxico; ti, unha nena maga. Eu non sabía se o pixama modelaba as túas coxas ou se as túas coxas modelaban o pixama. Eu falaba galego; ti, catalán. E cando dicías “la meva terra”, xúroche que me derretía… Nena maga!

(Yo era un muchacho nostálgico; tú, una niña maga. Yo no sabía si el pijama modelaba tus muslos o si tus muslos modelaban el pijama. Yo hablaba gallego; tú, catalán. Y cuando decías “la meva terra” [“mi tierra”], te juro que me derretía… ¡Niña maga!)

miércoles, 31 de octubre de 2012

Fermosas palabras galegas

Esmelgar,
namorar,
pombal,
esquío,
quizaves,
meniño,
rapariga,
meirande,
morriña,
fraga,
mariña,
brétema,
baleiro,
amencer,
tardiña,
eiquí,
acolá,
caluga,
cantiga,
agarimo,
abeiro,
beizo...

Mondoñedo, na Terra de Miranda.

lunes, 27 de agosto de 2012

Fino, mi cartero

Hace unos días conocí a dos lectores de mi obra periodística: Rogelio y Araceli. Este matrimonio tan agradable quiso que un amigo en común nos presentase en Santiso, de donde somos nativos Araceli y yo. Esta señora, una de las sobrinas de Fino Valea —quien fuera cartero de nuestro pueblo durante muchos años—, me preguntó si recordaba a su tío.

—Como non me vou acordar de el! Eu tiña muito trato con Fino![1] —le dije a Araceli.

Y volviendo a casa, a la hora de los murciélagos, me invadió una memoria melancólica…


Fino es, sin duda alguna, uno de los personajes más entrañables de mi infancia. Lacónico, poco amigo de los bullicios y de las prisas, recorría medio Santiso con una bicicleta Orbea, por eso su estampa, en mi magín, está en movimiento. Sí, quizás haya olvidado algunos de los gestos de Fino, que enfermó siendo yo un rapacete y murió hace ya unos años, pero puedo recordar perfectamente su templada cadencia viajando… Aquel bondadoso hombre andaba del mismo modo que hablaba.

En las fechas navideñas, su oficio de cartero le permitía cumplir los caprichos de sus nueve o diez niños más queridos, entre los cuales yo me contaba. Efectivamente, por aquellas calendas aún creíamos en los Reyes Magos, y, con sumo cuidado, depositábamos nuestras cartas en el buzón de la oficina de correos municipal. En su oficina. Nunca se lo pregunté a Fino —que en paz descanse—, ni tampoco a su hija Amparín —amiga mía—, pero doy por hecho que él leía con atención nuestras cartas dirigidas a los Magos de Oriente. Sólo así se explica su acierto en la elección de los juguetes. Pues aunque el gusto de los pequeñuelos no difiere en demasía, uno siempre tuvo —créanme— sus rarezas… Como el propio Fino.

Ver a mi amigo Fino ejerciendo de mensajero de los Reyes Magos era como adentrarse en un cuento. Emprendía su mágico itinerario —que le llevaba desde As Veigas de Riba hasta O Chao, pasando por A Torre y Regada— con un saco al hombro. Un gran saco lleno de juguetes. Al final del trayecto, sin dejar de tomarse en serio su trabajo, Fino irrumpía en mi casa gritando:

—A ver, onde vai ese neno?[2]

Entonces, yo, alborozado, acudía a su llamada, y me olvidaba de las fronteras que sólo unos pocos —los más brutos— conquistaban en el campo del colegio.

¡Cómo no voy a recordar con cariño los selectos regalos de mi cartero! Sólo una vez este Fino me decepcionó un poquito. Debía de tener yo unos 7 años, que a esa edad empecé a alimentar mi afición musical… Resulta que había pedido a los Reyes Magos una compilación, en forma de casete, de mis canciones preferidas. De hecho, si mal no recuerdo, en la carta anoté los títulos de todos aquellos temas. Es comprensible que Fino no llegara a satisfacer mi deseo: dudo mucho que alguna discográfica recopilase, en un mismo volumen, las canciones que uno demandaba. Quizás esa obra se podría haber elaborado artesanalmente, partiendo, por ejemplo, de grabaciones radiofónicas, pero el tiempo apremiaba… Estoy hablando de principios de los 90, cuando Internet aún estaba en pañales.

Me gustaría tener aquí a mi amigo Fino para preguntarle si recuerda aquella anécdota musical… Yo recuerdo con nitidez una petición musical suya que no me resisto a dejar en el tintero. Mi madre, cuando era la locutora de la radio local, ponía mucho empeño en potenciar la interacción con el público, que podía solicitar —en directo y vía telefónica— la escucha de algún tema. Una tarde primaveral mi amigo Fino marcó, entusiasmado, el número de Radio San Tirso y pidió “Eres tú”, la emblemática canción de Mocedades. Se despidió rápidamente, no sólo porque fuera parco en palabras, sino porque quería escuchar lo más pronto posible —creo yo— aquella pieza que le fascinaba. Curiosamente, estoy hablando de la misma época —año arriba, año abajo— en que yo pedí a Sus Majestades de Oriente la utópica cinta musical. Por cierto, uno no llegó a incluir “Eres tú” en aquella lista de canciones. Me gustaría tener aquí al cartero —repito— para preguntarle si recuerda mis deseos musicales… Apuesto a que este Fino —ajeno a las modas, fiel a sus pasiones— me diría:

—Como che iban regalar os Reis de Oriente, sendo magos, unha cinta que non incluíse aquela máxica canción? Tería sido pouco serio…[3]




H. A.

[1] —¡Cómo no me voy a acordar de él! ¡Yo tenía mucho trato con Fino!
[2] —A ver, ¿dónde va ese niño?
[3] —¿Cómo te iban a regalar los Reyes de Oriente, siendo magos, una cinta que no incluyese aquella mágica canción? Hubiera sido poco serio…

miércoles, 22 de agosto de 2012

Esther Prieto: "La literatura del Eo-Navia se ha hecho mayor de edad en los últimos 10 años"

"Hay bastante referentes de escritores en fala, pero al primero que habría que nombrar es a Manuel Galano"


Vegadeo, Héctor ACEBO

La poetisa Esther Prieto (Pamplona, 1960) se encarga, desde hace casi un lustro, de las tareas de dirección de la conocida editorial ovetense Trabe. Este verano Prieto ha visitado dos veces la comarca del Eo-Navia  para presentar, en San Tirso de Abres y en Vegadeo, Algunhas maos, el primer poemario de la maestra veigueña Belén Rico Prieto.

-Trabe se dedica esencialmente a la edición de libros en asturiano. Sin embargo, desde hace unos años, apuesta también por el gallego escrito en el Eo-Navia.
-Creo que sensibilidad hacia la fala, gallego-asturiano o gallego a secas, la hubo siempre… Pero antes no había originales. Ya en 2006 se editó “Unde letras falan”, una antología de la poesía en gallego-asturiano que recoge textos de 1891 a 2006 y que corrió a cargo de Xosé Miguel Suárez Fernandez, “Tapia”. Después ya nos empezaron a llegar autores jóvenes con sus manuscritos y comenzamos a sacar con cierta regularidad libros escritos en gallego.

-¿El nuevo rumbo editorial les ayuda a expandir sus libros por la comunidad gallega?
-Aún no hay nada en concreto, pero sí que estamos mirando la posibilidad de trabajar conjuntamente con algunas distribuidoras vecinas, para que los libros escritos en el Eo-Navia tengan entrada también en Galicia. Creemos que es lo normal, ya que los cambios gráficos o, incluso, léxicos que puede haber son tan pequeños que cualquier gallego los entiende. Además, el potencial público lector allí es mayor.

-Ha dicho que tienen pensado modificar las bases de sus concursos literarios, los cuales hasta ahora sólo están abiertos a quienes emplean el bable como vehículo expresivo.
-Sí, este año no pudo ser: ya está convocado el Montesín de Lliteratura Xuvenil. Pero de cara al próximo año, que toca el Narraciones Trabe, sí que pensamos en sumar el gallego al asturiano.

-¿Cuál es la salud de la literatura del Eo-Navia?
-Nos parece que en estos últimos ocho o diez años la literatura del Eo-Navia ha alcanzado la mayoría de edad: hay más autores y éstos tienen una calidad incuestionable, es decir, escriben, en la fala, literatura universal. Y eso es lo que importa; la lengua en la que se escriba es lo de menos.

-¿Quiénes cree que son los principales referentes literarios del extremo occidental asturiano?
-Hay bastantes, pero quizás por su trabajo prolongado durante tantos años y en tiempos difíciles, al primero que habría que nombrar es a Galano, padre literario y maestro de muchos escritores, que supo llevar la fala con dignidad a la literatura con mayúsculas, aunque posiblemente no entraba en sus cálculos alargar su sombra sobre nuevas generaciones. Está también “Tapia”, que siempre luchó por el reconocimiento del gallego-asturiano como una lengua más de Asturias. Después están aquellos escritores más nuevos (no necesariamente por edad, sino por sus inicios tardíos en la publicación): Aurora García Rivas, Marisa López Diz, María Xosé Fraga, Belén Rico Prieto, Miguel Rodríguez Monteavaro (éste sí que más nuevo por ser muy joven)…

-¿Qué recuerdos guarda de sus visitas a Vegadeo y a San Tirso?
-Hacía varios años que no venía por esta zona. Hace dos décadas anduve mucho por estas tierras, y, la verdad, el recuerdo que tengo de entonces y de ahora es de sentir envidia. Envidia por ver cómo conserváis vuestra lengua sin complejos, no como los que somos hablantes de asturiano, que aún estamos debatiéndonos entre la “modernidad y la madreña”.

-Aparte de su labor como editora, ha cultivado la narración, pero se le conoce principalmente como poetisa. ¿Es la lírica su principal vocación?
-Bueno, ahora mismo no sé muy bien cuál es mi vocación… Estoy volcada en la editorial y resulta difícil conjugar el trabajo en ella con la escritura. En cualquier caso, siempre me sentí más poeta que narradora.

-¿Prepara algún libro propio?
-Como digo, resulta difícil crear poemas o narrativa propia cuando te pasas el día escribiendo informes sobre otras obras, creando solapas para obras de otra gente… No, no preparo ningún libro; algún poema va cayendo, pero pocos. Tengo la cabeza llena de palabras, pero ninguna es mía. Además, yo siempre he sido de creación muy lenta.

(La Nueva España, 22/08/2012)

viernes, 16 de marzo de 2012

Claudio Rodríguez Fer: “La auténtica poesía es el último bastión de resistencia al capitalismo y a la deshumanización”

La crítica coincide en señalar a Claudio Rodríguez Fer (Lugo, 1956) como el padre de la poesía erótica escrita en nuestro idioma vernáculo, el gallego. Ciertamente, hasta que el vate lucense publicó su ópera prima, Poemas de amor sen morte (Poemas de amor sin muerte, 1979), la lírica galaica parecía reacia a la voluptuosidad y al espíritu libertario. Esto se debe a que la cadenciosa lengua no había sido agitada por un vendaval de vanguardia. Claudio asume con total naturalidad esa experiencia doblemente pionera y fundacional (por la forma, por el contenido), y me confiesa que la sensación de explorar una utopía erótica “no ha pasado con los años ni en lo personal ni en lo poético”. En la asunción de este eminente papel, más que modestia, hay una clarísima coherencia lírica. Pues el autor lucense —enemigo del engolamiento— concibe la poesía como un ejercicio cognitivo pero placentero. Un ejercicio lúdico que nos cualifica, que nos incita a rebelarnos contra un entorno miserable y a dilatar (o, mejor dicho, a consagrar) los instantes más esplendentes.


—¿Crees que tu ópera prima entroncaba de alguna forma con la poesía de juventud de Álvaro Cunqueiro? En Mar ao Norde (Mar al Norte, 1932) el maestro mindoniense exuda sensualidad, por ejemplo, al metaforizar un muslo tibio y entreabierto en una lancha.
—Mi primera poesía erótica entroncaba más bien con la lírica gallego-portuguesa medieval, temática y musicalmente erótica, de la que también bebió Cunqueiro. Pensemos, respectivamente, en el ménage à trois de Fernando Esqyo —que invita a una amiga a “dormir” y “folgar” con su amigo— o en las fluyentes sibilantes de los amores cérvidos de Pero Meogo: “Enas verdes ervas, / vi andalas cervas…” [“Y en las verdes hierbas, / vi andar las ciervas…”].

—Retrocedamos unos años atrás. ¿Cuál fue el primer poeta que despertó en el niño Claudio la necesidad de escribir en verso?
—Comencé a hacer poesía oral siendo muy pequeño, antes incluso de empezar a escribirla, porque mi madre era maestra de escuela unitaria, a la que yo asistía con niños de todas las edades y en la que oía habitualmente poemas en clase, que incluso llegué a saber de memoria sin haber aprendido a leer. La motivación de aquellos primeros poemas solía ser humorística, pero también erótica, porque ya me gustaban las niñas, como puede comprobarse en este caso que resultó inolvidable: “Quisiera cantar tu pelo / como lo hacen los poetas / y más acariciarte el pecho / cuando te salgan las tetas.” Mis versos escritos más antiguos, que conservo manuscritos y fechados, datan de cuando tenía ocho o nueve años y están influidos por la épica que se leía en la escuela, por los grandes clásicos de referencia y por los viajes extraordinarios de Verne que yo leía por entonces, como se puede ver en este ejemplo conservado: “Dante con sus demonios, / Cervantes con sus locuras, / Shakespeare con sus tragedias, / Verne y sus aventuras.”


—¿La poesía es, como sostenía Octavio Paz, la erotización del lenguaje?
—Paz postuló en La llama doble que si el erotismo es “lenguaje corporal”, la poesía es “erótica verbal”, pero yo no creo que este principio sea general, aunque, desde luego, mucha poesía conlleva la erotización del lenguaje en la medida en que Eros es el principio de la vida y la poesía verbal consiste, precisamente, en dar vida al lenguaje.

—Leo en tu segunda obra, Tigres de ternura (1981), este dístico maravilloso: “e danme gañas de berrar ao verte tan espida / que te quero independente como se foses Galicia” (“y me dan ganas de gritar al verte tan desnuda / que te quiero independiente como si fueses Galicia”). Y en Cebra (1988) me topo con esta reveladora sentencia: “nada que non sexas subversión ou muller” (“nada que no seas subversión o mujer”). Siempre has considerado el erotismo como un fenómeno sensual y, al mismo tiempo, subversivo.
—Lo más subversivo es la vida, pues contraviene a cada momento toda regulación política, religiosa, estética o moral. Para mí el erotismo es el impulso más auténtico de la vida, como pensaban los surrealistas, y, por tanto, no reconoce ningún poder. De hecho, lo mejor del surrealismo y del amour fou de Breton se basa, justamente, en el amor como subversión sin límites, producto del instinto y del deseo carnal, que son resortes verdaderamente vitales del mundo. Y, como escribí en el poema “Como un leopardo”, “Quen non está coa vida está coa morte” [“Quien no está con la vida está con la muerte”].

Uno siempre ha sentido debilidad por el título Tigres de ternura (Premio Nacional de la Crítica de 1982). En esa fulgorosa imagen, se cifra la poesía de Claudio Rodríguez Fer, que es refinada y carnal. Que humaniza, gracias a la imaginación, la sexualidad. No en vano, la profesora Milagros Polo habló, para referirse al citado libro Cebra, de una “voracidad tiernísima”. Algo de exotismo hay también, por qué no decirlo, en el aspecto del propio Rodríguez Fer. Me refiero a sus ojos —azules, brillantes, ligeramente rasgados— y a esa barba de varios días, canosa pero lucida, bravía… Como su melena. Sin embargo, en el trato humano este Claudio destila ternura. Mucho me acuerdo de cuando nos conocimos en su despacho de la Facultad de Humanidades de Lugo; tras la obligada presentación, el poeta-profesor me regaló un generoso abrazo.

—En varios de tus poemarios, percibo el influjo del celuloide. Pienso, por ejemplo, en la disposición espacial de algunas de las poesías de Tigres de ternura y de Historia da lúa (Historia de la luna, 1984). O en el texto “París, Texas”, incluido en Lugo Blues (1987), que hace referencia al homónimo filme de Wim Wenders. Mención aparte merece el libro conceptual Cinepoemas (1983), que no recogiste, por cierto, en tu poesía completa, Amores e clamores (Amores y clamores, Ediciós do Castro, 2011).
—No recogí Cinepoemas ni poemas visuales en Amores e clamores por razones técnicas, ya que se trata de composiciones que necesitan una edición especial, la cual espero realizar no tardando. Por lo demás, el cine tiene que estar tan presente en mi obra como lo estuvo y está siempre en mi vida, así que soy consciente de la influencia del celuloide, no solo temática, sino también formal, en toda mi producción creativa.

—Volviendo a la disposición espacial de tu primera poesía, me gustaría saber si te interesa e. e. cummings. El vate estadounidense componía versos-secuencias arrebatadores y frenéticos, en donde la palabra, el sonido y la imagen fluían libres, como si acabaran de inventarse.
—Siempre me interesó la libertad dispositiva y, por tanto, Mallarmé, Calder, el concretismo, cummings… pero no solo la busqué en el microespacio poético, sino también en el macroespacio. De hecho, he publicado todo un libro de poesía móvil, Extrema Europa, conformado por cuadernillos y poemas sueltos en formatos diversos, al estilo de las maletas o de las cajas de Duchamp o de Cornell, que contiene material de deshecho. Pero, a diferencia de los casos precedentes, aquí se trataba de renunciar al aura de la obra de arte fetichista para producir un libro-caja fabricado del más modesto cartón, porque pensaba y pienso que es un contrasentido hacer arte povera para ricos.

—Con Lugo Blues comenzaste a cultivar una poesía que reivindica la memoria histórica. En ese libro, se manifiesta no sólo un cambio de temática, sino el abandono de la tensión rupturista, consustancial a tus primeros poemarios.
—Lugo Blues es una obra de estilo más bien impresionista, pero creo que conecta con la tensión rupturista que volvió con los siguientes libros, más expresionistas, de mi trilogía de la memoria, A loita continúa [La lucha continúa, 2004] y Ámote vermella [Te amo roja], que tienen un planteamiento también experimental en relación con la poesía como acción, con el poema en prosa y con la incorporación de elementos narrativos y ensayísticos a la lírica. “A poesía é acción ou non é nada” [“La poesía es acción o no es nada”] es su verso divisa.

—En tus últimos poemarios —Viaxes a ti (Viajes a ti, 2006); Ámote vermella, 2009; y Unha tempada no paraíso (Una temporada en el paraíso, 2010)— te acercas, formalmente, al haiku. El siguiente poema, “Anfiteatro”, ejemplifica esa reducción del significante, esa depuración lingüística: “Eu enchería / todos os anfiteatros / para verte ver.” (“Yo llenaría / todos los anfiteatros / para verte ver.”)
—En efecto, aunque teniendo como antecedente “Traza de muller” [“Traza de mujer”], de A unha muller descoñecida [A una mujer desconocida, 1997], todo el libro Viaxes a ti está formado por poemas minimalistas y también hay series de micropoemas en Ámote vermella y en Unha tempada no paraíso. Pero mi modelo no fue el siempre atractivo y admirable haiku oriental, sino más bien mi muy occidental estilo de vida, porque se trata de poemas escritos en viajes por Europa adelante o en el torbellino de mis actividades más ajetreadas y no en el reposo tópicamente asiático de la meditación prolongada que suele preceder al haiku. De hecho, al principio los concebí más bien como apuntes líricos que pensaba ampliar o desarrollar, pero, andando el tiempo, me di cuenta de que eran así, de que no precisaban más palabras porque habían florecido por completo en un instante, como una epifanía.

—Algunos de tus poemarios, especialmente aquéllos que pertenecen a las marcadas etapas del erotismo galaico y de la memoria, tienen un nexo común: la mujer amada, en Historia da lúa; tu ciudad nativa, en Lugo Blues; las féminas gallegas que fueron víctimas de la barbarie del 36, en Ámote vermella… ¿Cómo surgen tus libros de poemas? ¿Escribes los textos pensando en la futura obra? ¿O, pasado un tiempo, reúnes los poemas que presentan un tono o una temática similar?
—Primero surgen los poemas espontáneamente y luego los voy agrupando en ciclos temáticos hasta que acaban por configurar obras coherentes, pues casi siempre escribí varios libros al mismo tiempo. Como mi poesía es indisociable de mi vida, cada ciclo vital se identifica inevitablemente con el poético, y por eso los libros se van haciendo solos a la manera en que voy viviendo su contenido. Ámote vermella, por ejemplo, se fue haciendo al tiempo que conocí la memoria silenciada de las víctimas del fascismo y compartí fraternalmente con sus descendientes su dolor y su necesaria dignificación.

—En algunos de tus poemas, haces explícitos guiños a textos que publicaste con anterioridad. Así, en A boca violeta (La boca violeta, 1987), revisas tu segundo poemario: “O que queda dos tigres é o conxuro / para que os meus versos te apreixen verba a verba / cal brazos que te abracen como tigres de tenrura” (“Lo que queda de los tigres es el conjuro / para que mis versos te aprieten verba a verba / cual brazos que te abracen como tigres de ternura”). Del mismo modo, en uno de los poemas de Extrema Europa (1996), “Born In Lugo”, conectas los títulos de varios de tus libros. ¿A qué se debe esa práctica lúdica? ¿Es un intento de entroncar toda tu obra?
—Mi obra es mi vida, y, por tanto, mi poesía reaparece en mi poesía del mismo modo que mi vida reaparece en mi vida a través del recuerdo, de la revisión, de la autocrítica, de la reaparición… La poesía es una energía que no se crea ni se destruye, no aparece ni desaparece, solamente es, está y se transforma.

—¿Cuál será tu próximo proyecto poético? ¿Continuarás ahondando en el ciclo “Nómade” (“Nómada”), compuesto por libros escritos fuera de Galicia?
—Mi próximo libro está ya muy avanzado y, aunque trata temas muy variados, como el vitalismo, el erotismo, la memoria o el viaje, tiene como nexo común la referencia a la música, una de mis grandes pasiones. Por su carácter heterogéneo y por razones cronológicas y espaciales, pues también contiene muchos poemas escritos en diversos lugares de Europa y de América, formará parte del ciclo “Nómade”, que quizá cerrará. Se iba a llamar Baladas do amor imposible [Baladas del amor imposible], porque, como decía María Zambrano, no se pasa de lo posible a lo real, sino de lo imposible a lo verdadero, pero la misma vida encarnada me ha revelado que lo verdadero es también real y ya es imposible que se llame así.

—¿Nunca te has planteado la posibilidad de escribir en nuestro otro idioma, el castellano, algún libro de poemas?
—En poesía, la lengua no se elige, sino que es ella la que elige a quien poetiza y a mí me eligió el gallego, así que nunca he escrito un poemario en otra lengua, aunque sí algunas composiciones lúdicas o de ocasión en inglés, francés o castellano en contextos lingüísticos correspondientes a estos idiomas, pues he vivido dando clase en Nueva York y en Bretaña, además de frecuentar todos los países celtas, Londres, París, Madrid…

—José Ángel Valente fue uno de tus grandes amigos y maestros. Hoy tienes el privilegio de dirigir su Cátedra de Poesía y Estética en la Universidad de Santiago de Compostela. ¿Hasta qué punto influyó en tu concepción de la lírica el autor de Mandorla?
—Yo me especialicé en la obra de Valente e intimé con él cuando ya estaba formado y ya había publicado varios libros, de manera que al adoptarlo como tema de estudio fui consciente de que debía evitar su posible influencia. Dicho esto, es obvio que tuvo que enriquecerme mucho el contacto con una personalidad y una obra tan extraordinarias, por ejemplo en relación con la concepción de la poesía como conocimiento y como revelación.

—Hace unos cinco años, cuando yo estudiaba Periodismo, un compañero de clase me dijo: “¿Para qué escribes poesía? ¡La poesía no sirve para nada!”. Desgraciadamente, no es una anécdota aislada. ¿También crees que los jóvenes humanistas enaltecen cada vez menos el sentimiento? Te lo pregunto porque sé que, debido a tus tareas docentes, estás en contacto directo con las nuevas generaciones.
—Como decía Lautréamont, la poesía tiene por fin la verdad práctica, así que precisamente es lo más útil y por eso no se valora en la sociedad filistea, ya que no tiene precio. Los jóvenes universitarios casi no tienen contacto con la poesía, que apenas se explica, sino con sucedáneos deformadores de la poesía: cánones jerarquizados, antologías castrantes, certámenes falsificadores, sistematizaciones reduccionistas… Rara vez se enfrenta al alumnado a un libro orgánico o a un autor inefable al completo para poder descubrir verdaderamente la poesía y las sensaciones vitales que puede provocar y que nunca son más de lo mismo, ya que conllevan la extralimitación integral. La auténtica poesía es el último bastión de resistencia al capitalismo y a la deshumanización, porque, precisamente, ni se compra ni se vende.

Rodríguez Fer ni siquiera pierde la finura al lanzar soflamas a aquéllos que gustan del brillo opulento, que disfrutan del circo mediático… Acaso el privilegiado lugar del poeta —ese campus universitario lucense que se extiende en torno al río Miño— ayude a templar la furia… y a sensualizar nuestra lengua materna: “ámame cara á esquerda / cara a cara / cara á noite / cara a ti / sempre cara a ti mesma” (“ámame hacia la izquierda / cara a cara / hacia la noche / hacia a ti / siempre hacia ti misma”). Son los salvíficos ritos del tigre de ternura.


La Huella Digital, 16/03/2011

martes, 13 de diciembre de 2011

Un fermoso poema do meu amigo Claudio Rodríguez Fer

CONXURO

Que os meus versos
te apreixen verba a verba
cal brazos que te abracen
como tigres de tenrura.

Claudio Rodríguez Fer, Tigres de ternura