Stevie Nicks: a forza da delicadeza, a delicadeza da forza. Como me gusta a súa voz! Que envexa me da Lindsey Buckingham (integrante tamén de Fleetwood Mac) por seducir á muller e á artista cando os dous tiñan máis ou menos a miña idade! Gran parella. Eterna (pra min polo menos).
Bitácora de Héctor Acebo, poeta, periodista cultural y doctor en Periodismo
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-Correo: acebobello@gmail.com
-Instagram: @hectoracebo
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viernes, 17 de julio de 2015
sábado, 19 de julio de 2014
Un delicioso sueño
Recientemente tuve un delicioso sueño: Una esbelta muchacha me cantaba (el ukelele en ristre) "Blue Letter", tema de The Curtis Brothers popularizado por Fleetwood Mac. Ahora que estoy experimentando el lenguaje cinematográfico, siento la necesidad de integrar en un guión aquella interpretación fantástica: el dulce sonido del ukelele, la alada voz, la mirada presta, las manos de nácar, las piernas tensas, el short vaquero, los pies descalzos, la cintura que uno querría ceñir de laurel... Como escribiera JRJ,
Venía sólo a no acabar,
a perseguir en sí toda la luz,
a iluminar en sí toda la vida
con forma verdadera y suficiente.
Versión de "Blue letter" a cargo de Fleetwood Mac. Se incluyó en el homónimo disco del grupo, de 1975. La voz principal es la del guitarrista Lindsey Buckingham.
Rick Curtis interpreta (en clave acústica) "Blue letter", tema que compuso junto a su hermano Michael.
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miércoles, 14 de mayo de 2014
Un baile
Le debo muchas horas de inspiración a "Telegraph", canción del grupo ochentero O.M.D. (o, lo que es lo mismo, Maniobras Orquestales en la Oscuridad). Una tarde vi cómo una bella muchacha bailaba este tema tan entusiasta, y desde entonces no ha habido un solo día en que no sintiese la obligación de escucharlo... Me propuse recrear, en cada escucha, todos los movimientos de la muchacha. La elástica voz de McCluskey (cantante de O.M.D.) casa muy bien con aquellas piernas femeninas. Ya no sé si la vi o la imaginé... ¡Fue una visión extática! Ya no sé...
viernes, 24 de enero de 2014
Para a rapaza edénica
O videoclip de "I Sing, I Swim", fermosa canción do grupo islandés Seabear. Espero que a rapaza edénica saiba apreciar a peza...
domingo, 15 de diciembre de 2013
Rodrigo: el hombre que ama a las mujeres
En su último disco, V. Curiosas fijaciones en la vocación irremediable y otros conflictos, el legendario Rodrigo García (fundador de Solera y de Cánovas, Rodrigo, Adolfo y Guzmán) hace gala de su exquisita sensibilidad para retratar la geografía femenina. Las nuevas canciones de Rodrigo son tan sólidas, que se imponen a una producción modesta.
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| El cantautor Rodrigo García. Fotografía de Emilio Acebes. |
Un antiguo amor tenía piernas “de joven y gentil esquiadora”. Una actriz, tenaz conquistadora, parece, en el lecho, una “niña desvelada”. La voz de aquella parisina es “como un rumor de tibio palomar”. Cierta modelo, a través de sus ojos, manda mensajes “a sus feligreses”. Una enredadora ponía en sus labios “una frontera”, a fin de “impedir el amor”… En su nuevo disco, V. Curiosas fijaciones en la vocación irremediable y otros conflictos, Rodrigo García Blanca —fundador de los míticos grupos Solera y CRAG (Cánovas, Rodrigo, Adolfo y Guzmán), autor de himnos como “Sólo pienso en ti”, “Señora azul” o “Linda prima”…— vuelve a demostrar que su mirada es tan sinuosa como la anhelada geografía femenina. Con razón el periodista Darío Vico, recordando a Ana, a Victoria y a otros personajes de la ópera prima del sevillano (Canciones de amor y sátira, 1975), escribió: “Parafraseando a aquella deliciosa película, Rodrigo era, en el pop español, El hombre que amaba a las mujeres [L'homme qui aimait les femmes, François Truffaut, 1977]”. Creo que la comparación con ese título fílmico puede extenderse a toda la obra rodriguiana, plagada de tributos a furtivas jovencitas y a elegantes señores: así pues, el melenudo y apuesto músico es, en tiempo presente, El hombre que ama a las mujeres.
| Portada del ultimo disco de Rodrigo García, V. Curiosas fijaciones en la vocación irremediable y otros conflictos. |
Por supuesto, el amor (frecuentemente tornado erotismo) es la temática que más se repite en el último trabajo de Rodrigo, compuesto por veinte canciones inéditas. Pero el sexagenario compositor también desliza su mirada sinuosa sobre las hazañas de un pirata y sobre la muerte. Una canción de Rodrigo, lleve o no su heterodoxa voz —Karina, Manolo Galván, Fernando Márquez, Bulldog, Amistades Peligrosas, Enrique Urquijo, Miguel Bosé, Javier Bergia, Alejo Stivel, Los Brujos…, han interpretado baladas o medios tiempos suyos—, es fácilmente discernible al primer golpe de escucha. Guste o no, el estilo del exSolera posee unas peculiaridades acusadísimas (y pondré sólo ejemplos tomados de su último álbum, el quinto como solista): la habilidad para retratar el paisanaje a través del paisaje (“No viene en los mapas la isla en que vive / Morgan, con su tropa de filibusteros”), el empleo de poderosas imágenes (“tu mirada profunda, / desconocida y grave, / danzará en las candelas / de todos mis altares”), la socarronería (“Yo no sé si esta noche de calor / el bochorno se extiende a Andalucía, / que es posible que el clima esté mejor / con la cosa de las autonomías”)… y, algo tremendamente complejo, el sincretismo. Porque Rodrigo es un creador de atmósferas y cadencias que integran sabiamente serenidad y tristeza, júbilo y nostalgia, cotidianeidad y gotas de fantasía… Valga como muestra “Mi rincón”, la composición más añeja del disco —data, me confiesa el autor, de 1976— y una de las más hermosas, en donde un finado habla desde su tumba: “Para mi rincón cesaron las visitas / de amigos, enemigos, neutrales y familia: / un siglo es un momento para nadie / y nadie queda al fin en mi rincón”. La ausencia de una segunda voz aporta, si cabe, mayor credibilidad al texto, cuyo tono es mágico, sí, pero, al mismo tiempo, confesional (a mí me recuerda a la integral narrativa de Borges, quien es, por cierto, uno de los literatos predilectos de Rodrigo). Además, el sonido del acordeón —sobresale al inicio y al término de la pieza— agrava la plácida tristeza, sensación implícita tanto en la letra como en la (lenta) melodía. En fin, éstos son algunos de los rasgos que conforman el sinuoso estilo de Rodrigo.
Rodrigo gesta sus últimos trabajos con escasos medios materiales; V. Curiosas fijaciones en la vocación irremediable y otros conflictos es un CD autoeditado y autodistribuido (aquellos que deseen adquirirlo, deberán escribir a esta dirección: irenegbueno@hotmail.com). En el despegable que acompaña al disco, el legendario autor aborda sin miramientos esa realidad áspera:
La ceguera, cuando no la mediocridad o incluso la envidia, de muchos ‘ejecutivos’ y similares, me vienen trayendo a la tesitura de ser yo mi propio mecenas y correr los descalabros ciertos de la autofinanciación. El dinero que, con temeridad y de manera incomodísima, se pierde en estos trances no es sino el precio de una muy especial satisfacción que esos miserables desconocen; y el de un tributo que mi gratitud quiere deber a las personas que, con fina atención, han sabido apreciar y comprender mi labor a través de estos años. Con esmerada cortesía, mando a la mierda a tantos ceporros que pudren las iniciativas (de toda clase) en este país llamado España y muy merecedor de mejor suerte.
Esas limitaciones materiales explican que Rodrigo sea el único instrumentista de su quinto disco. Claro que la decisión de tocar casi exclusivamente el (camaleónico) teclado responde a una limitación física, de la que hablaré hacia el final de este artículo. El caso es que el exCRAG sólo cuenta con las sabrosas armonías vocales de Esmeralda Grao y, ya en el apartado de sonido, con la colaboración del curtido Joaquín Torres, en cuyo estudio grabó Rodrigo parte del CD. Pues bien, V. Curiosas fijaciones en la vocación irremediable y otros conflictos suena bastante convincente, aunque carezca del fulgoroso acabado de algunas otras obras rodriguianas —en los antípodas, estaría el segundo LP del artista, Rodrigo (1980), con unos arreglos sugestivos, ensoñadores…, por no hablar del único y homónimo álbum de Solera (1973) o del debut de CRAG, Señora azul (1974)—. Afortunadamente, aquí Rodrigo apenas recurre a las enlatadas trompetas (a mí siempre me resultan chillonas) que prorrumpían en varias piezas de su anterior y escueto disco, El jefe (2006). En efecto, en una balada romántica el peso instrumental recae cómodamente sobre el piano (impulso genésico del dramatismo), y precisamente este estilo, la balada, predomina en el actual trabajo de Rodrigo, con lo que el sonido —al emanar de otro instrumento de teclas, al no tener que camuflarse en demasía— resulta, en conjunto, menos desnaturalizado. Confieso que las trompetas sólo me resultan demasiado afectadas en “Seguir adelante”, despechado tema que parece, por su tratamiento, una especie de marcha procesional. En “El capitán Morgan”, también hay simulacros de viento, pero éstos son suavizados, armónica y melódicamente, por el sonido del teclado: sabia decisión.
El último repertorio de Rodrigo, al poseer un envoltorio mínimo —blanca lencería—, muestra de forma muy evidente sus atributos, que son tersos y esbeltos: como piernas de muchacha. Obviamente, no podemos afirmar que Rodrigo convierte la necesidad en virtud, ni maldita falta que le hace. Y es que sus regustos latinos (“Besos con sordina” y “El capitán Morgan”), su lúdico country (“Mensaje en clave”), su entregado folk galaico (“Mientras quede Ribeiro”), su tenso rock and roll (“La miel en los labios”), su aproximación jazzística (“Ajedrez”), sus carnales baladas (“De Madrid”, “En mi propio nido”, “Amor gitano”, etcétera)…, son composiciones tan sólidas que mantendrían la eficacia expresiva aunque estuvieran interpretadas únicamente con una guitarra, del mismo modo que mantienen la eficacia aun estando cercanas, por sus arreglos, a una maqueta. Esas armonías imaginativas, esas melodías intensas, esas letras con coloración lírica o satírica…, suponen un golpe mortal contra muchas producciones que pretenden ocultar la mediocridad bajo ropajes fastuosos. Mal que les pese a algunos, el basamento de un disco es el repertorio. Aunque no es menos cierto que una obra generalmente gana en matices cuando está grabada con los medios necesarios…
| Señora azul, la ópera prima de Cánovas, Rodrigo, Adolfo y Guzmán, grupo mítico del pop español. |
“De Madrid” representa magníficamente la peculiar manera que Rodrigo tiene de entender la música popular. En esa preciosa canción, al igual que en otras muchas, el autor opta por prescindir de la secuencia del estribillo: de ese modo, resuelve con mano firme la dramática historia y perfila los rasgos de los personajes —Rodrigo es un maestro del retrato— en cuatro minutos y medio, sin traicionar, por tanto, el espíritu inmediato del pop. Y no echamos en falta el estribillo, pues la parte más rítmica de la melodía (aquélla que se repite llegando al último minuto de la balada) acentúa el imperante desgarro.
He puesto un ejemplo representativo pero no excluyente. Quiero decir que otros muchos hermosos temas de Rodrigo sí se benefician de la fórmula del estribillo. Sirva como muestra “En mi propio nido”, en donde un timorato pianista vive una aventura con una pizpireta actriz: “Cómo puedo sentirme solo, / cómo puedo estar aburrido / si este hermoso animal insiste / en cazarme en mi propio nido”. Ese estribillo, verdaderamente rico, no sólo encierra la esencia del tema —fogosidad teñida de turbación—, sino que también cumple una importante función narrativa. Me explico. Las primeras estrofas de la pieza relatan, en pasado, los inaugurales acercamientos entre los amantes, y la reiterada cláusula —cantada en presente— revela que la relación se mantiene en el tiempo. Además, durante esa parte de la canción, el ritmo se acelera notablemente, surgiendo el necesario contrapunto a unas estrofas y a unas armonías extremadamente descriptivas. Por todo esto, Rodrigo semeja al poliédrico cineasta que concentra varios planos en un travelling.
En puridad, Rodrigo —mago del lenguaje, melodista de alzada— no se ciñe por inercia a una estructura: dependiendo de las ideas y de los sentimientos que pretende transmitir, busca soluciones formales de largo alcance. Y por supuesto, adoptando cualquiera de sus papeles —romántico feroz, retratista en celo, galán desde la distancia, dulce presa, poeta despechado…—, consigue que un estilo como la balada, sin dejar de ser popular, adquiera una pátina de refinamiento. Quizás debido a ese carácter renovador, aun sabiendo de la ductilidad musical del autor, me he detenido en dos baladas suyas…
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| Rodrigo García, en un concierto que ofreció como solista en la madrileña Sala Clamores. |
La última aventura de los guadianescos CRAG duró unos tres años, concluyendo allá por 2008 (es decir, poco después de la publicación de El jefe), pero hacía ya tiempo que Rodrigo, por voluntad propia, permanecía alejado de la escena musical. Conviene recordar que el andaluz es multiinstrumentista y que su singular guitarra fue una de las más solicitadas del pop ibérico de los 70 y los 80 —colaboró, en directos y/o sesiones de estudio, con su expareja Karina, con José y Manuel (quienes luego serían, junto a Guzmán, sus compañeros en Solera), con Mari Trini, con Juan Pardo, con Mocedades, con Rocío Jurado, con el Dúo Dinámico…—. Por mor de la artrosis, Rodrigo ha tenido que ir abandonando las cuerdas; aun así, en los dos temas más rítmicos de V. Curiosas fijaciones…, nos regala provechosos pasajes eléctricos; a mí me encantan los entrecortados acordes de “La miel en los labios”: tengo la impresión de que en ese rock su amado instrumento desprende esquirlas de deseo, igual que en “Rondar de madrugada” (memorable momento de su homónimo LP).
Sin obviar las comentadas limitaciones físicas y materiales, uno, inevitablemente, imagina cómo sonaría la lúbrica guitarra de Rodrigo en canciones tan redondas como “Besos con sordina” (cuyos arreglos son verdaderamente urgentes) o “Amor gitano” (su final, conquistado a través de un ritmo progresivo, pide que un instrumento se desmelene tanto como los amantes protagonistas).
Como muchos de sus versos, el título del quinto trabajo de Rodrigo parece apuntar a más de una dirección (la irremediable vocación de amar, la de componer…), pero, en cualquier caso, nos revela a un hombre ilustrado, inquieto e hipersensible. Un hombre que ha nacido para adorar, más que para querer; para admirar, más que para mirar; para acariciar, más que para tocar al uso… Ninguna amante manipuladora, ningún locutor manipulable, ningún ejecutivo todopoderoso…, es capaz de diluir tanta belleza. Y el maestro —creo yo— lo sabe. Quizás por eso se atreve a mostrarnos, sin ropajes ni accesorios, su repertorio.
Este artículo mío se publicó originalmente en La Huella Digital, 14/12/2013.
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| El músico Rodrigo García y un servidor, en Madrid. Fotografía de Emilio Acebes. |
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sábado, 23 de noviembre de 2013
Buckingham y el verano
Si el verano tuviera voz, seguro que sería tan elástica y nerviosa como la de Lindsey Buckingham.
Lindsey Buckingham, con Stevie Nicks, que entonces (1973) era su compañera artística y sentimental, a los coros.
lunes, 21 de octubre de 2013
De un antiguo amor
"Sólo pienso en ti" es una canción que siempre me recuerda a un antiguo amor, a una inmarchitable musa. La balada, que lleva la refinada firma de mi apreciado Rodrigo García —ex integrante de Solera y de CRAG (Cánovas, Rodrigo, Adolfo y Guzmán)—, cuenta la historia de un pintor hechizado por su modelo: "Me pongo a pintarte y no lo consigo; / después de estudiarte lentamente, / termino pensando / que faltan sobre mi paleta / colores intensos que reflejen tu rara belleza. / No puedo captar tu sonrisa, / plasmar tu mirada, / pero, poco a poco, / sólo pienso en ti...". Miguel Bosé, Amistades Peligrosas, Enrique Urquijo, Manolo Galván..., son algunos de los conocidos artistas que versionaron este tema, pero ninguna de esas interpretaciones se acerca —creo— a la original, a la del legendario grupo CRAG.
Aprovecho para recordar que Rodrigo publicó hace escasos meses su disco V. Curiosas fijaciones en la vocación irremediable y otros conflictos, que él mismo distribuye. Yo estoy escuchando estos días este interesante trabajo, donde el ex CRAG saca a relucir, una vez más, su alquimia verbal y su envidiable sentido de la melodía. Si deseas hacerte con el citado álbum, escribe a este correo electrónico: irenegbueno@hotmail.com.
Para entrar en la bitácora de Rodrigo, Reflexiones del Hipocampo, pincha aquí.
Aprovecho para recordar que Rodrigo publicó hace escasos meses su disco V. Curiosas fijaciones en la vocación irremediable y otros conflictos, que él mismo distribuye. Yo estoy escuchando estos días este interesante trabajo, donde el ex CRAG saca a relucir, una vez más, su alquimia verbal y su envidiable sentido de la melodía. Si deseas hacerte con el citado álbum, escribe a este correo electrónico: irenegbueno@hotmail.com.
Para entrar en la bitácora de Rodrigo, Reflexiones del Hipocampo, pincha aquí.
domingo, 8 de septiembre de 2013
Una malicia seductora e inocente
Una usuaria de Youtube dedica este comentario a Fernando Márquez, El Zurdo, exlíder del mítico grupo Paraíso: "Él guarda mis 15 años". Es lo mejor que se puede decir de alguien que cantó a la adolescencia de un modo mágico: "Para ti, que vas a caballo del fin del mundo. / Para ti, que ves las Cortes como cine mudo".
En la versión del vídeo, El Zurdo cambia sustancialmente la letra original del citado tema, titulado "Para ti" (1980), hablando ahora de una "malicia seductora e inocente / incapaz de sospechar esta canción". Según el periodista musical Miguel Ángel Bargueño, la hermosa balada está inspirada en una persona (un muchacho, a juzgar por la letra) que el propio Márquez conoció durante unas vacaciones en Benidorm. Un muchacho que, gracias al talento del exlíder de Paraíso, es eterno: como la canción.
miércoles, 19 de junio de 2013
Rodrigo: el regreso de una leyenda
Los amantes de las letras refinadas y de las melodías vibrantes están de enhorabuena. Tras siete años de silencio discográfico, Rodrigo, leyenda de la música popular española, publica un nuevo trabajo: V. Curiosas fijaciones en la vocación irremediable y otros conflictos. Este disco está compuesto por una veintena de canciones propias e inéditas.
Rodrigo, en Madrid.
Rodrigo García Blanca (Sevilla, 1947) fue fundador, al albor de los 70, de dos grupos míticos del pop español, hoy inactivos: Solera y CRAG (Cánovas, Rodrigo, Adolfo y Guzmán). En la alabada ópera prima de esta última formación, Señora azul (1974), se incluyó la composición más emblemática del músico sevillano: “Sólo pienso en ti”. Con el paso de los años, este tema sería popularizado, a un lado y a otro del charco, por intérpretes tan dispares como Manolo Galván, Guillermo Dávila, Amistades Peligrosas, Miguel Bosé, Enrique Urquijo y Los Problemas o Jerry Rivera.
“Sólo pienso en ti”, una de las canciones bandera de Cánovas, Rodrigo, Adolfo y Guzmán.
De forma paralela a sus trabajos con CRAG (Solera sólo grabó, en 1973, un LP), Rodrigo ha ido cimentando una carrera solista rica y coherente. Suyos son los siguientes discos, desconocidos para el gran público, pero muy apreciados por la crítica: Canciones de amor y sátira (CBS, 1975), Rodrigo (Movieplay, 1980), Solera reservada (Fonomusic, 1987) y El jefe (Sargo, 2006).
Rodrigo, además de ser un fino rastreador de la melodía, siempre ha sido dueño de una pluma sensual y romántica. Sus sempiternos homenajes a la mujer adoptan, al margen de CRAG y Solera, un tono más confesional y poliédrico. No en vano, varias de sus canciones solistas llevan nombres de féminas: “Ana”, “Victoria”, “Laura”, “Niña Luisa”, “¿A dónde vas, Pilar?”, “Doña Josefina”, “Fiona”… Como dijera el crítico Diego A. Manrique, estamos ante “joyas lúbricas o melancólicas que constituyen uno de los tesoros secretos de la canción de autor en castellano”.
“Laura” es el tema que abre el homónimo LP de Rodrigo (1980).
Al igual que ocurriera con El jefe (2006), V. Curiosas fijaciones en la vocación irremediable y otros conflictos ha sido editado por el propio Rodrigo. El músico andaluz, en una dilatada entrevista publicada en el pasado año en LA HUELLA DIGITAL, confesaba: “Durante varios años, presenté, en distintos sitios, proyectos que me rechazaron con cortesía, con desdén e, incluso, con grosería. Esas gentes manifestaron una evidente falta de sensibilidad, pues mis proyectos —creo que puedo decirlo— desprendían delicadeza e, incluso, romanticismo. Negativa tras negativa, al cabo de los años, me dije: ‘Hago yo un disco y me lo pago’. Pero, claro, cuando autoeditas un álbum, si no eres millonario, es considerable el dinero que te puedes gastar en la aventura. Y, evidentemente, no puedes plantearte una campaña de lanzamiento ni con minúsculas. ¡Yo mismo distribuyo El jefe! En fin, el disco que tengo entre manos [se refería a V. Curiosas fijaciones en la vocación irremediable y otros conflictos] va a tener un resultado igual de catastrófico que su predecesor: se venderá con cuentagotas. El batacazo económico me obligará a abandonar estas aventuras. Pero puedo presumir, una vez más, de tener la confianza en un repertorio bien trabado”.
V. Curiosas fijaciones en la vocación irremediable y otros conflictos, al igual que el anterior trabajo de Rodrigo, no será distribuido a través de cauces convencionales. Aquellos que deseen adquirir el disco, deberán escribir a esta dirección de correo electrónico: irenegbueno@hotmail.com.
(Este texto mío se ha publicado hoy en La Huella Digital).
martes, 18 de junio de 2013
Sinuoso Rodrigo
La mirada de Rodrigo es tan sinuosa como el cuerpo de Laura, una de sus musas:
Voluptuosa Venus verdadera,
que con sus manos incendió mi vida.
Sutil, salada y sibilina seda,
de madrugada en mi canción dormida.
"Laura", una de las más bellas canciones de Rodrigo.
Por cierto, esta leyenda del pop español acaba de publicar un nuevo disco, V. Curiosas fijaciones en la vocación irremediable y otros conflictos. Qué ganas de escuchar sus nuevas canciones.
Aprovecho para decir que el nuevo disco de Rodrigo no se distribuirá a través de los cauces convencionales; aquellos que deseen adquirir el disco, deberán escribir a esta dirección de correo electrónico: irenegbueno@hotmail.com.
Pude hablar con el exmiembro de CRAG (Cánovas, Rodrigo, Adolfo y Guzmán) hace unos días. Espero entrevistarlo pronto...
Esta foto se la hice a Rodrigo el pasado año en Madrid.
miércoles, 19 de diciembre de 2012
Melendi, vergonzoso
Ayer, en una crítica publicada en El País (edición de Madrid), Fernando Neira puso en su sitio a Melendi, ese cantante y compositor de vuelo gallináceo:
"Voz rasposa y de garrafón, retratos trillados de la canallesca noctámbula, una retahíla monótona y redundante para las melodías. Ramón pretende emular el rock urbano de Extremoduro o Sabina, pero aún no ha superado la etapa de párvulos. La que corresponde intelectualmente a esas letras que pretenden ser confesionales y encallan en el bochorno. Ningún ejemplo mejor que 'Mi primer beso', sonrojante crónica de escozores genitales en la primera cita. Debió sentirse picaruelo y hasta incluyó guiños onanistas ('agítame antes de usarme'), pero solo suscita un sentimiento españolísimo: la vergüenza ajena."
martes, 18 de diciembre de 2012
"Handy Man": Una canción de James Taylor
"Here is the main thing I want to say: / I'm busy 24 hours a day. / I fix broken hearts. / I'm your handy man."
("Esto es lo más importante que quiero decirte: / Estoy ocupado las 24 horas del día. / Reparo corazones rotos. / Soy tu manitas.")
James Taylor
domingo, 2 de diciembre de 2012
"Las tres de la noche": Una canción de Los Íberos
LAS TRES DE LA NOCHE
Las tres de la noche han dado,
corazón, y no dormís.
Mis recaudos os desvelan
viendo que a Dios ofendí.
Si no duerme el agraviado,
que Dios no puede dormir,
mal dormirá quien lo agravie
si no está fuera de sí…
Las tres de la noche han dado,
corazón, y no dormís.
Si no duerme el agraviado,
que Dios no puede dormir,
mal dormirá quien lo agravie
si no está fuera de sí…
Las tres de la noche han dado,
corazón, y no dormís.
Las tres de la noche han dado,
corazón, y no dormís.
(Enrique Lozano)
lunes, 26 de noviembre de 2012
The Smiths, Keats y Yeats
Como en aquella canción de los Smiths, Keats y Yeats están de tu lado. ¿Por cuánto tiempo —dime— vas a seguir ignorando el milagro?
miércoles, 5 de septiembre de 2012
jueves, 23 de agosto de 2012
Otro baile
Algún día relataré la misteriosa relación que tengo con "Telegraph", la canción del grupo ochentero OMD (o, lo que es lo mismo, Maniobras Orquestales en la Oscuridad). Una tarde vi cómo una bella muchacha bailaba este tema tan entusiasta, y desde entonces no ha habido un solo día que no sintiese la obligación de escucharlo... Me propuse recrear, en cada escucha, todos los movimientos de la chica. La pizpireta voz de McCluskey (el cantante de OMD) casa muy bien con aquellas piernas femeninas. Ya no sé si la vi o la imaginé... ¡Fue una visión extática! Ya no sé...
viernes, 20 de abril de 2012
Rodrigo: sutil y sibilino
Para Claudio Rodríguez Fer, poeta con solera
Digámoslo bien alto: Que aún hoy pasen desapercibidas muchas canciones de Rodrigo García Blanca —el alma, junto a José Mari Guzmán, de dos de los más grandes grupos del pop estatal: Solera y CRAG (Cánovas, Rodrigo, Adolfo y Guzmán)— es un síntoma de nuestra preocupante bajura estética. En la parrilla televisiva, nos hemos acostumbrado a tragar repugnantes vísceras, y, al encender la emisora, tarareamos —sin ningún tipo de reservas— melodías pueriles... "Lo que no mata, te hace más fuerte", cacarean algunos habituales consumidores de la carnaza rosa. Recordémosles, por favor, que la insensibilidad es el caldo de cultivo de la violencia y de la misantropía.
Quienes están instalados en esa cultura del triunfo —del triunfo rápido, para más señas— difícilmente apreciarán la demorada belleza de "Rondar de madrugada". En dicha canción, Rodrigo (Sevilla, 1947) actualiza, con una inocencia abrumadora, la búsqueda de la muchacha amada en noches de ronda: "Tu calle se te parece en lo estrecha y en lo blanca, / tu calle se me parece en lo sola y en lo amarga. / Estoy rondando tu calle, estoy rondando tu casa / por ver si tengo la suerte de verte por la ventana." En estos tiempos de vacuidad y fruslería, ¿se puede ser más romántico?
En efecto, Rodrigo es fiel a unas tradiciones que prácticamente ya han desaparecido. Incluso en el plano fonético este peculiar vocalista deja su impronta al distinguir la b de la v (letra que suele pronunciar como labiodental, no como bilabial, siguiendo las recomendaciones de varias ediciones académicas de la Gramática y de la Ortografía de los siglos XVIII, XIX y comienzos del XX).
Confieso que a mí —siendo, desde hace años, un devoto de las esplendorosas armonías vocales de CRAG— me costó un poquito entrar en las canciones del Rodrigo solista. No es de extrañar: en su escasa (e irregular) obra, este sevillano demanda la participación activa del oyente para seguir un texto pleno de delicados matices, una melodía evocadora de situaciones o sensaciones... De todos modos, el tema que mejor refleja la sinuosa escritura de Rodrigo acaso sea "Volverás", incluido en el único disco de Solera (1973): "Eres dulce como un vino y bella como una flor, / y a mí me gusta embriagarme y a mí me gusta tu olor. / Pero eres joven, voluble… Te conviene madurar. / Y al final, con más solera, yo sé bien que volverás". Muy pocos de nuestros escritores de canciones han rematado circularmente, con esa gracia y ese vigor, una estrofa. Aute, Sabina, Serrat, Llach y Krahe. No se me ocurren ahora mismo otros letristas estatales que hayan aportado, sin salirse de la llaneza, tan altas soluciones literarias… ¡Qué solera!
La adjetivación
Capítulo aparte merece "Niña Luisa", una esplendente canción incluida, al igual que "Rondar de madrugada", en el segundo LP de Rodrigo (1980), conocido, a falta de título y dado su cariz conceptual, como el de las mujeres. En el primer tema, protagonizado por una treceañera cubana, sale a relucir toda la virtuosa alquimia lingüística del sevillano. Hablo, por ejemplo, del acierto de hacer funcionar como un adjetivo a un sustantivo: "Tiene los ojos grandes y poetas". Valiéndose de semejante artimaña, Rodrigo logra acentuar la capacidad contemplativa (o, mejor dicho, visionaria) de la ninfa. Precisamente ese excelso modo de adjetivar emparenta al letrista con los vates, que son los principales renovadores del lenguaje. No me resisto a citar a Luis Rosales, quien, en una de sus mejores Rimas, a fin de recalcar la fragilidad de cierta mujer, también transmuta el más corriente sustantivo en un expresivo calificativo: "(...) de aquella nieve / niña como la sed, de aquella niña / vocación de llorar (...)". Merece la pena detenerse, de vez en cuando, en estos bellísimos hallazgos líricos. ¿Existe una manera mejor de ensanchar la sensibilidad, de eternizar los más fulgorosos instantes…?
Dicho lo cual, a la hora de valorar a un hacedor de canciones pop, la pregunta que nos debemos hacer es ésta: ¿Las soluciones poéticas crecen de consuno con las musicales? En contraposición con muchos cantautores, Rodrigo no ofrece dudas al respecto: es un compositor integral. Pintor del lenguaje, sí, pero también jinete de la melodía. Me viene al magín el revelador estribillo de la citada "Niña Luisa". Las estrofas que lo preceden están envueltas —haciendo justicia a la belleza de la muchacha— por un piano estremecedor, por un lánguido acordeón y por una guitarra sinuosa. "Niña Luisa de melena negra, / sin superar la duda, a su manera, / furtivamente, calma su ansiedad", canta, con amorosa ternura, el ex Solera. Y unos segundos más tarde —ya en el estribillo— adquiere protagonismo un teclado que, golpeado secamente, parece simular la manera de masturbarse de Luisa. Entretanto, Rodrigo pronuncia —con verdadera devoción— el nombre de esa lolita cubana. Parece evidente, en fin, que el autor explora la canción en toda su intensidad emocional. Texto y música.
Este integral universo de sensaciones alcanza su clímax en "Sólo pienso en ti" (el tema más versionado del autor y el más colorido de la obra maestra de CRAG: Señora azul, 1974), en "Linda prima" (la retranca y el despecho de Solera), en "El gato" (la pieza baudelairiana de la ópera prima del sevillano: Canciones de amor y sátira, 1975), en "Laura" y "En el sofá" (dos eróticos momentos del disco de las mujeres). Escuchando unos temas tan poliédricos y elegantes, no es difícil colegir lo siguiente: mientras otros compositores contemporáneos aducen razones, este Rodrigo desliza —a la manera de los líricos— insinuaciones. Incluso sus descripciones más profundas poseen ese cariz sugerente. Tomemos como ejemplo estos versos dedicados a la citada "Laura": "Sutil, salada y sibilina seda, / de madrugada, en mi canción dormida". En este precioso tema —que tantas veces he cantado últimamente— hasta el teclado garabatea formas ondulantes.
Es evidente: a este apasionado de la sensualidad (fue, si mal no recuerdo, el primer español en cantar deliberadamente al amor entre iguales, en "María y Amaranta", 1974), a este mago de la adjetivación, a este trovador de inspiración folk pop formado en el conservatorio, a este superdotado músico de sesión y de directo (domina la guitarra, el piano, el violín, la flauta…) le han fallado las circunstancias. En la vecina Francia, un autor tan refinado como Rodrigo probablemente sería más escuchado, más leído, más reivindicado (aquí uno tiene la impresión de que sólo lo elogia la crítica)… Da pena decirlo, pero me imagino que el ex CRAG se habrá sentido más de una vez como ese melódico cantante que, en las ferias, debe competir con el estruendo de la tómbola y de los coches de choque… El propio Rodrigo confesaba al crítico musical Diego A. Manrique en 2005: "Sigo componiendo, aunque más por satisfacción personal que por necesidad profesional. Si me piden canciones, me ofrecen tratos muy raros: que firme otro artista como coautor, que su editorial gestione mis derechos. Me niego por dignidad. Eso sí, me desahogo publicando libros como El sello de la casa y Armis et litteris". ¡Este tiempo mediocre no te merece, Rodrigo! ¡Sutil, salado y sibilino!
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DISCOGRAFÍA DE RODRIGO
Con The Speakers
Con Cánovas, Rodrigo, Adolfo y Guzmán
Con Rodrigo, Adolfo y Guzmán
En solitario
(Este artículo mío se publicó originalmente en La Noche Americana, 19/04/2012)
Digámoslo bien alto: Que aún hoy pasen desapercibidas muchas canciones de Rodrigo García Blanca —el alma, junto a José Mari Guzmán, de dos de los más grandes grupos del pop estatal: Solera y CRAG (Cánovas, Rodrigo, Adolfo y Guzmán)— es un síntoma de nuestra preocupante bajura estética. En la parrilla televisiva, nos hemos acostumbrado a tragar repugnantes vísceras, y, al encender la emisora, tarareamos —sin ningún tipo de reservas— melodías pueriles... "Lo que no mata, te hace más fuerte", cacarean algunos habituales consumidores de la carnaza rosa. Recordémosles, por favor, que la insensibilidad es el caldo de cultivo de la violencia y de la misantropía.
Quienes están instalados en esa cultura del triunfo —del triunfo rápido, para más señas— difícilmente apreciarán la demorada belleza de "Rondar de madrugada". En dicha canción, Rodrigo (Sevilla, 1947) actualiza, con una inocencia abrumadora, la búsqueda de la muchacha amada en noches de ronda: "Tu calle se te parece en lo estrecha y en lo blanca, / tu calle se me parece en lo sola y en lo amarga. / Estoy rondando tu calle, estoy rondando tu casa / por ver si tengo la suerte de verte por la ventana." En estos tiempos de vacuidad y fruslería, ¿se puede ser más romántico?
En efecto, Rodrigo es fiel a unas tradiciones que prácticamente ya han desaparecido. Incluso en el plano fonético este peculiar vocalista deja su impronta al distinguir la b de la v (letra que suele pronunciar como labiodental, no como bilabial, siguiendo las recomendaciones de varias ediciones académicas de la Gramática y de la Ortografía de los siglos XVIII, XIX y comienzos del XX).
Confieso que a mí —siendo, desde hace años, un devoto de las esplendorosas armonías vocales de CRAG— me costó un poquito entrar en las canciones del Rodrigo solista. No es de extrañar: en su escasa (e irregular) obra, este sevillano demanda la participación activa del oyente para seguir un texto pleno de delicados matices, una melodía evocadora de situaciones o sensaciones... De todos modos, el tema que mejor refleja la sinuosa escritura de Rodrigo acaso sea "Volverás", incluido en el único disco de Solera (1973): "Eres dulce como un vino y bella como una flor, / y a mí me gusta embriagarme y a mí me gusta tu olor. / Pero eres joven, voluble… Te conviene madurar. / Y al final, con más solera, yo sé bien que volverás". Muy pocos de nuestros escritores de canciones han rematado circularmente, con esa gracia y ese vigor, una estrofa. Aute, Sabina, Serrat, Llach y Krahe. No se me ocurren ahora mismo otros letristas estatales que hayan aportado, sin salirse de la llaneza, tan altas soluciones literarias… ¡Qué solera!
La adjetivación
Capítulo aparte merece "Niña Luisa", una esplendente canción incluida, al igual que "Rondar de madrugada", en el segundo LP de Rodrigo (1980), conocido, a falta de título y dado su cariz conceptual, como el de las mujeres. En el primer tema, protagonizado por una treceañera cubana, sale a relucir toda la virtuosa alquimia lingüística del sevillano. Hablo, por ejemplo, del acierto de hacer funcionar como un adjetivo a un sustantivo: "Tiene los ojos grandes y poetas". Valiéndose de semejante artimaña, Rodrigo logra acentuar la capacidad contemplativa (o, mejor dicho, visionaria) de la ninfa. Precisamente ese excelso modo de adjetivar emparenta al letrista con los vates, que son los principales renovadores del lenguaje. No me resisto a citar a Luis Rosales, quien, en una de sus mejores Rimas, a fin de recalcar la fragilidad de cierta mujer, también transmuta el más corriente sustantivo en un expresivo calificativo: "(...) de aquella nieve / niña como la sed, de aquella niña / vocación de llorar (...)". Merece la pena detenerse, de vez en cuando, en estos bellísimos hallazgos líricos. ¿Existe una manera mejor de ensanchar la sensibilidad, de eternizar los más fulgorosos instantes…?
Dicho lo cual, a la hora de valorar a un hacedor de canciones pop, la pregunta que nos debemos hacer es ésta: ¿Las soluciones poéticas crecen de consuno con las musicales? En contraposición con muchos cantautores, Rodrigo no ofrece dudas al respecto: es un compositor integral. Pintor del lenguaje, sí, pero también jinete de la melodía. Me viene al magín el revelador estribillo de la citada "Niña Luisa". Las estrofas que lo preceden están envueltas —haciendo justicia a la belleza de la muchacha— por un piano estremecedor, por un lánguido acordeón y por una guitarra sinuosa. "Niña Luisa de melena negra, / sin superar la duda, a su manera, / furtivamente, calma su ansiedad", canta, con amorosa ternura, el ex Solera. Y unos segundos más tarde —ya en el estribillo— adquiere protagonismo un teclado que, golpeado secamente, parece simular la manera de masturbarse de Luisa. Entretanto, Rodrigo pronuncia —con verdadera devoción— el nombre de esa lolita cubana. Parece evidente, en fin, que el autor explora la canción en toda su intensidad emocional. Texto y música.
Este integral universo de sensaciones alcanza su clímax en "Sólo pienso en ti" (el tema más versionado del autor y el más colorido de la obra maestra de CRAG: Señora azul, 1974), en "Linda prima" (la retranca y el despecho de Solera), en "El gato" (la pieza baudelairiana de la ópera prima del sevillano: Canciones de amor y sátira, 1975), en "Laura" y "En el sofá" (dos eróticos momentos del disco de las mujeres). Escuchando unos temas tan poliédricos y elegantes, no es difícil colegir lo siguiente: mientras otros compositores contemporáneos aducen razones, este Rodrigo desliza —a la manera de los líricos— insinuaciones. Incluso sus descripciones más profundas poseen ese cariz sugerente. Tomemos como ejemplo estos versos dedicados a la citada "Laura": "Sutil, salada y sibilina seda, / de madrugada, en mi canción dormida". En este precioso tema —que tantas veces he cantado últimamente— hasta el teclado garabatea formas ondulantes.
Es evidente: a este apasionado de la sensualidad (fue, si mal no recuerdo, el primer español en cantar deliberadamente al amor entre iguales, en "María y Amaranta", 1974), a este mago de la adjetivación, a este trovador de inspiración folk pop formado en el conservatorio, a este superdotado músico de sesión y de directo (domina la guitarra, el piano, el violín, la flauta…) le han fallado las circunstancias. En la vecina Francia, un autor tan refinado como Rodrigo probablemente sería más escuchado, más leído, más reivindicado (aquí uno tiene la impresión de que sólo lo elogia la crítica)… Da pena decirlo, pero me imagino que el ex CRAG se habrá sentido más de una vez como ese melódico cantante que, en las ferias, debe competir con el estruendo de la tómbola y de los coches de choque… El propio Rodrigo confesaba al crítico musical Diego A. Manrique en 2005: "Sigo componiendo, aunque más por satisfacción personal que por necesidad profesional. Si me piden canciones, me ofrecen tratos muy raros: que firme otro artista como coautor, que su editorial gestione mis derechos. Me niego por dignidad. Eso sí, me desahogo publicando libros como El sello de la casa y Armis et litteris". ¡Este tiempo mediocre no te merece, Rodrigo! ¡Sutil, salado y sibilino!
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DISCOGRAFÍA DE RODRIGO
Con The Speakers
The Speakers (Sello Vergara, 1965).
La casa del sol naciente (Discos Bambuco, 1965).
Tuercas, tornillos y alicates (Discos Bambuco, 1966).
The Speakers (Discos Bambuco, 1967).
En el maravilloso mundo de Ingesón (Producciones Kris, 1968).
Con Cánovas, Rodrigo, Adolfo y Guzmán
Señora azul (Hispavox, 1974).
Queridos compañeros (Polygram, 1984).
C.R.A.G. (Polygram, 1985).
Gran reserva 30 años (EMI, 2005).
Con Rodrigo, Adolfo y Guzmán
Rodrigo, Adolfo y Guzmán (J.J. Record’s, 1994).
En solitario
Canciones de amor y sátira (CBS, 1975).
Rodrigo (MoviePlay, 1980).
Solera reservada (Fonomusic, 1987).
El jefe (sin ánimo de señalar) (autoedición, 2006).
(Este artículo mío se publicó originalmente en La Noche Americana, 19/04/2012)
Etiquetas:
Cánovas Rodrigo Adolfo y Guzmán,
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martes, 13 de marzo de 2012
"Hoop Of Love", una colorida canción
"Hoop Of Love", de Dominant Legs. Una canción joven y colorida.
La versión original del tema.
Una interpretación acústica de "Hoop Of Love".
La versión original del tema.
Una interpretación acústica de "Hoop Of Love".
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