Bitácora de Héctor Acebo, poeta, periodista cultural y doctor en Periodismo

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viernes, 16 de marzo de 2012

Claudio Rodríguez Fer: “La auténtica poesía es el último bastión de resistencia al capitalismo y a la deshumanización”

La crítica coincide en señalar a Claudio Rodríguez Fer (Lugo, 1956) como el padre de la poesía erótica escrita en nuestro idioma vernáculo, el gallego. Ciertamente, hasta que el vate lucense publicó su ópera prima, Poemas de amor sen morte (Poemas de amor sin muerte, 1979), la lírica galaica parecía reacia a la voluptuosidad y al espíritu libertario. Esto se debe a que la cadenciosa lengua no había sido agitada por un vendaval de vanguardia. Claudio asume con total naturalidad esa experiencia doblemente pionera y fundacional (por la forma, por el contenido), y me confiesa que la sensación de explorar una utopía erótica “no ha pasado con los años ni en lo personal ni en lo poético”. En la asunción de este eminente papel, más que modestia, hay una clarísima coherencia lírica. Pues el autor lucense —enemigo del engolamiento— concibe la poesía como un ejercicio cognitivo pero placentero. Un ejercicio lúdico que nos cualifica, que nos incita a rebelarnos contra un entorno miserable y a dilatar (o, mejor dicho, a consagrar) los instantes más esplendentes.


—¿Crees que tu ópera prima entroncaba de alguna forma con la poesía de juventud de Álvaro Cunqueiro? En Mar ao Norde (Mar al Norte, 1932) el maestro mindoniense exuda sensualidad, por ejemplo, al metaforizar un muslo tibio y entreabierto en una lancha.
—Mi primera poesía erótica entroncaba más bien con la lírica gallego-portuguesa medieval, temática y musicalmente erótica, de la que también bebió Cunqueiro. Pensemos, respectivamente, en el ménage à trois de Fernando Esqyo —que invita a una amiga a “dormir” y “folgar” con su amigo— o en las fluyentes sibilantes de los amores cérvidos de Pero Meogo: “Enas verdes ervas, / vi andalas cervas…” [“Y en las verdes hierbas, / vi andar las ciervas…”].

—Retrocedamos unos años atrás. ¿Cuál fue el primer poeta que despertó en el niño Claudio la necesidad de escribir en verso?
—Comencé a hacer poesía oral siendo muy pequeño, antes incluso de empezar a escribirla, porque mi madre era maestra de escuela unitaria, a la que yo asistía con niños de todas las edades y en la que oía habitualmente poemas en clase, que incluso llegué a saber de memoria sin haber aprendido a leer. La motivación de aquellos primeros poemas solía ser humorística, pero también erótica, porque ya me gustaban las niñas, como puede comprobarse en este caso que resultó inolvidable: “Quisiera cantar tu pelo / como lo hacen los poetas / y más acariciarte el pecho / cuando te salgan las tetas.” Mis versos escritos más antiguos, que conservo manuscritos y fechados, datan de cuando tenía ocho o nueve años y están influidos por la épica que se leía en la escuela, por los grandes clásicos de referencia y por los viajes extraordinarios de Verne que yo leía por entonces, como se puede ver en este ejemplo conservado: “Dante con sus demonios, / Cervantes con sus locuras, / Shakespeare con sus tragedias, / Verne y sus aventuras.”


—¿La poesía es, como sostenía Octavio Paz, la erotización del lenguaje?
—Paz postuló en La llama doble que si el erotismo es “lenguaje corporal”, la poesía es “erótica verbal”, pero yo no creo que este principio sea general, aunque, desde luego, mucha poesía conlleva la erotización del lenguaje en la medida en que Eros es el principio de la vida y la poesía verbal consiste, precisamente, en dar vida al lenguaje.

—Leo en tu segunda obra, Tigres de ternura (1981), este dístico maravilloso: “e danme gañas de berrar ao verte tan espida / que te quero independente como se foses Galicia” (“y me dan ganas de gritar al verte tan desnuda / que te quiero independiente como si fueses Galicia”). Y en Cebra (1988) me topo con esta reveladora sentencia: “nada que non sexas subversión ou muller” (“nada que no seas subversión o mujer”). Siempre has considerado el erotismo como un fenómeno sensual y, al mismo tiempo, subversivo.
—Lo más subversivo es la vida, pues contraviene a cada momento toda regulación política, religiosa, estética o moral. Para mí el erotismo es el impulso más auténtico de la vida, como pensaban los surrealistas, y, por tanto, no reconoce ningún poder. De hecho, lo mejor del surrealismo y del amour fou de Breton se basa, justamente, en el amor como subversión sin límites, producto del instinto y del deseo carnal, que son resortes verdaderamente vitales del mundo. Y, como escribí en el poema “Como un leopardo”, “Quen non está coa vida está coa morte” [“Quien no está con la vida está con la muerte”].

Uno siempre ha sentido debilidad por el título Tigres de ternura (Premio Nacional de la Crítica de 1982). En esa fulgorosa imagen, se cifra la poesía de Claudio Rodríguez Fer, que es refinada y carnal. Que humaniza, gracias a la imaginación, la sexualidad. No en vano, la profesora Milagros Polo habló, para referirse al citado libro Cebra, de una “voracidad tiernísima”. Algo de exotismo hay también, por qué no decirlo, en el aspecto del propio Rodríguez Fer. Me refiero a sus ojos —azules, brillantes, ligeramente rasgados— y a esa barba de varios días, canosa pero lucida, bravía… Como su melena. Sin embargo, en el trato humano este Claudio destila ternura. Mucho me acuerdo de cuando nos conocimos en su despacho de la Facultad de Humanidades de Lugo; tras la obligada presentación, el poeta-profesor me regaló un generoso abrazo.

—En varios de tus poemarios, percibo el influjo del celuloide. Pienso, por ejemplo, en la disposición espacial de algunas de las poesías de Tigres de ternura y de Historia da lúa (Historia de la luna, 1984). O en el texto “París, Texas”, incluido en Lugo Blues (1987), que hace referencia al homónimo filme de Wim Wenders. Mención aparte merece el libro conceptual Cinepoemas (1983), que no recogiste, por cierto, en tu poesía completa, Amores e clamores (Amores y clamores, Ediciós do Castro, 2011).
—No recogí Cinepoemas ni poemas visuales en Amores e clamores por razones técnicas, ya que se trata de composiciones que necesitan una edición especial, la cual espero realizar no tardando. Por lo demás, el cine tiene que estar tan presente en mi obra como lo estuvo y está siempre en mi vida, así que soy consciente de la influencia del celuloide, no solo temática, sino también formal, en toda mi producción creativa.

—Volviendo a la disposición espacial de tu primera poesía, me gustaría saber si te interesa e. e. cummings. El vate estadounidense componía versos-secuencias arrebatadores y frenéticos, en donde la palabra, el sonido y la imagen fluían libres, como si acabaran de inventarse.
—Siempre me interesó la libertad dispositiva y, por tanto, Mallarmé, Calder, el concretismo, cummings… pero no solo la busqué en el microespacio poético, sino también en el macroespacio. De hecho, he publicado todo un libro de poesía móvil, Extrema Europa, conformado por cuadernillos y poemas sueltos en formatos diversos, al estilo de las maletas o de las cajas de Duchamp o de Cornell, que contiene material de deshecho. Pero, a diferencia de los casos precedentes, aquí se trataba de renunciar al aura de la obra de arte fetichista para producir un libro-caja fabricado del más modesto cartón, porque pensaba y pienso que es un contrasentido hacer arte povera para ricos.

—Con Lugo Blues comenzaste a cultivar una poesía que reivindica la memoria histórica. En ese libro, se manifiesta no sólo un cambio de temática, sino el abandono de la tensión rupturista, consustancial a tus primeros poemarios.
—Lugo Blues es una obra de estilo más bien impresionista, pero creo que conecta con la tensión rupturista que volvió con los siguientes libros, más expresionistas, de mi trilogía de la memoria, A loita continúa [La lucha continúa, 2004] y Ámote vermella [Te amo roja], que tienen un planteamiento también experimental en relación con la poesía como acción, con el poema en prosa y con la incorporación de elementos narrativos y ensayísticos a la lírica. “A poesía é acción ou non é nada” [“La poesía es acción o no es nada”] es su verso divisa.

—En tus últimos poemarios —Viaxes a ti (Viajes a ti, 2006); Ámote vermella, 2009; y Unha tempada no paraíso (Una temporada en el paraíso, 2010)— te acercas, formalmente, al haiku. El siguiente poema, “Anfiteatro”, ejemplifica esa reducción del significante, esa depuración lingüística: “Eu enchería / todos os anfiteatros / para verte ver.” (“Yo llenaría / todos los anfiteatros / para verte ver.”)
—En efecto, aunque teniendo como antecedente “Traza de muller” [“Traza de mujer”], de A unha muller descoñecida [A una mujer desconocida, 1997], todo el libro Viaxes a ti está formado por poemas minimalistas y también hay series de micropoemas en Ámote vermella y en Unha tempada no paraíso. Pero mi modelo no fue el siempre atractivo y admirable haiku oriental, sino más bien mi muy occidental estilo de vida, porque se trata de poemas escritos en viajes por Europa adelante o en el torbellino de mis actividades más ajetreadas y no en el reposo tópicamente asiático de la meditación prolongada que suele preceder al haiku. De hecho, al principio los concebí más bien como apuntes líricos que pensaba ampliar o desarrollar, pero, andando el tiempo, me di cuenta de que eran así, de que no precisaban más palabras porque habían florecido por completo en un instante, como una epifanía.

—Algunos de tus poemarios, especialmente aquéllos que pertenecen a las marcadas etapas del erotismo galaico y de la memoria, tienen un nexo común: la mujer amada, en Historia da lúa; tu ciudad nativa, en Lugo Blues; las féminas gallegas que fueron víctimas de la barbarie del 36, en Ámote vermella… ¿Cómo surgen tus libros de poemas? ¿Escribes los textos pensando en la futura obra? ¿O, pasado un tiempo, reúnes los poemas que presentan un tono o una temática similar?
—Primero surgen los poemas espontáneamente y luego los voy agrupando en ciclos temáticos hasta que acaban por configurar obras coherentes, pues casi siempre escribí varios libros al mismo tiempo. Como mi poesía es indisociable de mi vida, cada ciclo vital se identifica inevitablemente con el poético, y por eso los libros se van haciendo solos a la manera en que voy viviendo su contenido. Ámote vermella, por ejemplo, se fue haciendo al tiempo que conocí la memoria silenciada de las víctimas del fascismo y compartí fraternalmente con sus descendientes su dolor y su necesaria dignificación.

—En algunos de tus poemas, haces explícitos guiños a textos que publicaste con anterioridad. Así, en A boca violeta (La boca violeta, 1987), revisas tu segundo poemario: “O que queda dos tigres é o conxuro / para que os meus versos te apreixen verba a verba / cal brazos que te abracen como tigres de tenrura” (“Lo que queda de los tigres es el conjuro / para que mis versos te aprieten verba a verba / cual brazos que te abracen como tigres de ternura”). Del mismo modo, en uno de los poemas de Extrema Europa (1996), “Born In Lugo”, conectas los títulos de varios de tus libros. ¿A qué se debe esa práctica lúdica? ¿Es un intento de entroncar toda tu obra?
—Mi obra es mi vida, y, por tanto, mi poesía reaparece en mi poesía del mismo modo que mi vida reaparece en mi vida a través del recuerdo, de la revisión, de la autocrítica, de la reaparición… La poesía es una energía que no se crea ni se destruye, no aparece ni desaparece, solamente es, está y se transforma.

—¿Cuál será tu próximo proyecto poético? ¿Continuarás ahondando en el ciclo “Nómade” (“Nómada”), compuesto por libros escritos fuera de Galicia?
—Mi próximo libro está ya muy avanzado y, aunque trata temas muy variados, como el vitalismo, el erotismo, la memoria o el viaje, tiene como nexo común la referencia a la música, una de mis grandes pasiones. Por su carácter heterogéneo y por razones cronológicas y espaciales, pues también contiene muchos poemas escritos en diversos lugares de Europa y de América, formará parte del ciclo “Nómade”, que quizá cerrará. Se iba a llamar Baladas do amor imposible [Baladas del amor imposible], porque, como decía María Zambrano, no se pasa de lo posible a lo real, sino de lo imposible a lo verdadero, pero la misma vida encarnada me ha revelado que lo verdadero es también real y ya es imposible que se llame así.

—¿Nunca te has planteado la posibilidad de escribir en nuestro otro idioma, el castellano, algún libro de poemas?
—En poesía, la lengua no se elige, sino que es ella la que elige a quien poetiza y a mí me eligió el gallego, así que nunca he escrito un poemario en otra lengua, aunque sí algunas composiciones lúdicas o de ocasión en inglés, francés o castellano en contextos lingüísticos correspondientes a estos idiomas, pues he vivido dando clase en Nueva York y en Bretaña, además de frecuentar todos los países celtas, Londres, París, Madrid…

—José Ángel Valente fue uno de tus grandes amigos y maestros. Hoy tienes el privilegio de dirigir su Cátedra de Poesía y Estética en la Universidad de Santiago de Compostela. ¿Hasta qué punto influyó en tu concepción de la lírica el autor de Mandorla?
—Yo me especialicé en la obra de Valente e intimé con él cuando ya estaba formado y ya había publicado varios libros, de manera que al adoptarlo como tema de estudio fui consciente de que debía evitar su posible influencia. Dicho esto, es obvio que tuvo que enriquecerme mucho el contacto con una personalidad y una obra tan extraordinarias, por ejemplo en relación con la concepción de la poesía como conocimiento y como revelación.

—Hace unos cinco años, cuando yo estudiaba Periodismo, un compañero de clase me dijo: “¿Para qué escribes poesía? ¡La poesía no sirve para nada!”. Desgraciadamente, no es una anécdota aislada. ¿También crees que los jóvenes humanistas enaltecen cada vez menos el sentimiento? Te lo pregunto porque sé que, debido a tus tareas docentes, estás en contacto directo con las nuevas generaciones.
—Como decía Lautréamont, la poesía tiene por fin la verdad práctica, así que precisamente es lo más útil y por eso no se valora en la sociedad filistea, ya que no tiene precio. Los jóvenes universitarios casi no tienen contacto con la poesía, que apenas se explica, sino con sucedáneos deformadores de la poesía: cánones jerarquizados, antologías castrantes, certámenes falsificadores, sistematizaciones reduccionistas… Rara vez se enfrenta al alumnado a un libro orgánico o a un autor inefable al completo para poder descubrir verdaderamente la poesía y las sensaciones vitales que puede provocar y que nunca son más de lo mismo, ya que conllevan la extralimitación integral. La auténtica poesía es el último bastión de resistencia al capitalismo y a la deshumanización, porque, precisamente, ni se compra ni se vende.

Rodríguez Fer ni siquiera pierde la finura al lanzar soflamas a aquéllos que gustan del brillo opulento, que disfrutan del circo mediático… Acaso el privilegiado lugar del poeta —ese campus universitario lucense que se extiende en torno al río Miño— ayude a templar la furia… y a sensualizar nuestra lengua materna: “ámame cara á esquerda / cara a cara / cara á noite / cara a ti / sempre cara a ti mesma” (“ámame hacia la izquierda / cara a cara / hacia la noche / hacia a ti / siempre hacia ti misma”). Son los salvíficos ritos del tigre de ternura.


La Huella Digital, 16/03/2011

miércoles, 19 de agosto de 2009

«La avaricia personal y desmesurada de las altas esferas nos ha llevado a esta crisis»

«No es contradictorio ser economista y ser de izquierdas: queremos el máximo crecimiento y una distribución justa»

JOSÉ MANUEL MUÑOZ PUIGCERVER, ECONOMISTA EXPERTO EN RELACIONES INTERNACIONALES


San Tirso de Abres,
Héctor ACEBO

No es ningún óbice la juventud en el caso de José Manuel Muñoz Puigcerver (Tarragona, 1982), pues en su pensamiento se ensamblan, a la manera de los grandes investigadores, la precisión analítica y el humanismo más cálido. Este economista visitó recientemente el entorno de la ría del Eo (su primer contacto con el Principado) a propósito de la XXI Semana cultural celebrada por la asociación San Tirso del Eo en el concejo.

-Se define como un economista de izquierdas, ¿no es ésa una contradicción en sus términos?

-¡Todo lo contrario! Un economista de izquierdas da un paso más allá que el resto: se preocupa de que la economía crezca lo máximo posible en aras de que la distribución de esos beneficios sea absolutamente justa. Además, damos prioridad a las políticas de desarrollo sostenible, un asunto descuidado por la economía tradicional.

-¿La izquierda juega hoy el papel que le corresponde frente a la crisis o aplica más bien las medidas propias de la derecha?

-En nuestro país se puede discutir si el Gobierno aplica las medidas correctas. Pero por lo menos está llevando la iniciativa para salir de esta crisis a través de políticas de intervención, algo que jamás harían los derechistas, quienes basan sus acciones en la privatización.

-Si bien es cierto que la globalización trajo muchos beneficios, se habla de que los países más beneficiados fueron aquéllos que se hicieron cargo de su propio destino y no creyeron en el mercado autorregulado.

-El FMI (Fondo Monetario Internacional) siempre recetaba lo mismo a todos los países, obviando las peculiaridades de cada uno. Así, si tenían que presentar informes de países varios, solamente cambiaban (y no siempre) el nombre, ofreciendo exactamente el mismo análisis en ambos casos. En efecto, les fue bastante mal a aquellos países que hicieron caso al FMI y liberalizaron sus mercados.

-¿Transformar la calidad de vida del Tercer Mundo sigue siendo una utopía?

-Está en nuestras manos que no lo sea. Me satisface que en el ámbito académico se esté reconociendo en los últimos años a economistas progresistas como los Nobel Stiglitz o Krugman, quienes se preocupan mucho por el desarrollo de los países menos avanzados del planeta. Tanto uno como otro defienden que la globalización y el comercio exterior no son ni buenos ni malos por sí mismos: ambos son potencialmente beneficiosos. El problema es que pueden ser muy beneficiosos para unos y muy perjudiciales para otros. Todo depende de la gestión. Querer es poder.

-¿Cree, como su admirado Joseph Stiglitz (economista estadounidense), que no falla tanto el sistema como aquéllos que lo manejan?

-La avaricia personal y desmesurada de las altas esferas nos ha llevado a una crisis como la actual. Pues la economía depende casi en su totalidad del comportamiento de personas concretas. De todas formas, un sistema que permite que sus propios dirigentes lo perviertan es, cuando menos, mejorable.

-¿Qué baza juegan hoy en la globalización los pequeños pueblos apartados de la urbe como San Tirso de Abres?

-Pueden beneficiarse de dicho proceso si sus dirigentes son competentes y luchan por progresar y traspasar las fronteras. Especificando más en San Tirso, este pueblo tiene todos los elementos turísticos (paisaje fabuloso, río Eo, clima suave...) para poder crear una infraestructura turística relativamente importante. Sin embargo, muchos visitantes sólo pernoctan en el pueblo, sintiendo la necesidad de pasar la mayor parte de las horas en otros concejos limítrofes (pienso en Taramundi, conocido incluso en Madrid). Pido una reflexión a empresarios y gobernantes locales. Algo no se hace bien del todo.

Formación
Licenciado en Economía y máster en Relaciones Internacionales por la Universidad CEU San Pablo, de Madrid, donde actualmente realiza sus estudios de doctorado e imparte clases ocasionales.

Trayectoria
Consultor en la oficina madrileña de la empresa Capgemini Consulting, también trabajó como orientador laboral para la UPTA-Madrid. Actualmente colabora en la secretaría de economía, comercio y turismo del PSM-PSOE.

(La Nueva España, 19/8/09)

lunes, 20 de octubre de 2008

Pocas letras

Ayer salió publicado en El País un reportaje que plasma la idea que vengo anunciando desde hace mucho tiempo: mi generación (y todas las que vienen detrás, y alguna que hay por arriba) no cuida el lenguaje. En un tiempo globalizado, los Fotologs, el Tuenti y demás inventos nacidos en la Red absorben a personas sin intereses, sin valores morales, sin capacidad crítica... Una representación (en miniatura, que es como mejor se representan las sociedades) del sueño americano. Copio el artículo entero, pues no tiene desperdicio:

Mucho título y pocas letras

Las carencias gramaticales de los universitarios son un obstáculo para encontrar trabajo - Bastantes no pasarían el examen de ingreso al bachillerato de hace varias décadas

JOSÉ LUIS BARBERÍA (El País, 19/10/2008)

Buena parte de los universitarios no superaría hoy el listón gramatical (dos faltas de ortografía o tres de puntuación acarreaban el suspenso) que se aplicaba décadas atrás a los alumnos de nueve años en el examen de ingreso al bachillerato. Nuestros estudiantes hablan, por lo general, un castellano pobre y, a menudo, impostado, porque el sistema educativo ha descuidado en los últimos tiempos la enseñanza de la lengua, y porque tampoco la sociedad cree que hablar y escribir bien sea fundamental para el desarrollo intelectual y el éxito social y profesional. Ésa es al menos la opinión de una amplia mayoría de docentes convencidos de que asistimos a un proceso de deterioro en el buen uso de la lengua.

El hecho de que muchos universitarios acaben la carrera con graves carencias gramaticales empieza a suponer ya un obstáculo a la hora de acceder a trabajos en los que la capacidad de expresión y persuasión son imprescindibles. Así, para mejorar la calidad comunicativa de sus empleados, grandes despachos de abogados, como Garrigues o Gómez Acebo y Pombo, han adoptado en su ámbito interno libros de estilo elaborados por la Fundación del Español Urgente (Fundéu). El propio Colegio de Abogados y empresas como Red Eléctrica Española van a seguir ese ejemplo, mientras la Facultad de Derecho de la Universidad Pompeu Fabra imita a las estadounidenses e implanta la asignatura de Redacción Judicial y Documental.

"Mi percepción personal es que, en cuestión de ortografía y sintaxis, el nivel universitario es desolador", sentencia Leonardo Gómez Torrego, investigador del Instituto de Filología del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). Es un juicio que corrobora espontáneamente una legión de profesores con amplia experiencia docente. "Doy fe del deterioro progresivo en el uso correcto de la lengua", subraya Dolores Azorín, de la Universidad de Alicante. "Hay una diferencia abismal entre los escritos de los chavales de hace 15 años y los de ahora. Creo que la pérdida de vocabulario es la punta del iceberg de un mal endémico, estructural, de nuestro sistema de enseñanza", destaca Víctor Moreno, doctor en Filología Hispánica y autor de numerosos trabajos sobre la materia. "La mayoría, y hablamos precisamente de alumnos de Filología, no sabe expresarse bien, no domina el lenguaje y, en consecuencia, tampoco el pensamiento", apunta Manuel Alvar Ezquerra, catedrático de Lengua Española de la Universidad Complutense de Madrid.

Lo que dispara las alarmas no son las faltas de ortografía, por garrafales que sean; tampoco las confusiones léxicas del tipo "a la muerte del monarca, empezaron las guerras intestinales". Lo que preocupa verdaderamente es la incompetencia expresiva de muchos universitarios que les imposibilita comunicarse con un mínimo de sentido, coherencia y criterio. "El género sirve para designar el sexo de la palabra, sustantivo, adjetivo, artículo, pronombre...", escribió, por ejemplo, un alumno de Filología Hispánica en los pasados exámenes de septiembre. "Desde Aristóteles, se tiene conciencia de la palabra, aunque no se sabe si existe realmente", apuntó otro.

Aceptado que toda promoción estudiantil está llamada a engordar la Antología del disparate, el problema adquiere un fondo inquietante cuando se comprueba que alcanza también a los niveles teóricamente más selectos del mundo universitario. "Observo un deterioro muy grande, y no sólo ortográfico. Hay licenciados que tienen dificultades para ordenar una frase con su sujeto, verbo y complementos", asegura la directora de convocatorias de becas de La Caixa, Rosa María Molins. Los licenciados de los que habla son los aspirantes a becas de posgrado, por lo general, alumnos de elevada nota media de carrera, a quienes se les pide que expliquen en dos o tres folios las razones que les llevan a solicitar la ayuda económica, el proyecto que pretenden hacer, y dónde y cómo les gustaría desarrollarlo.

¿Cómo es posible que estos universitarios de brillante currículo presenten textos pobres y deficientes al jurado que tiene que decidir si les concede las becas (74.000 euros en 18 meses) y la oportunidad de formarse en centros internacionales del máximo nivel? ¿No se esmeraría cualquiera en su lugar para que su tarjeta de presentación estuviera exenta de faltas y, en caso de dificultad, no recabaría el asesoramiento de alguien más ducho en la materia, todo menos quedar en evidencia? La explicación no es sólo la desidia, ni las dificultades derivadas de la naturaleza ortográfica del español (en realidad, la ortografía de nuestra lengua es de las más fáciles, además de muy fonética), sino el nivel de expansión actual del problema. "El mal uso de la lengua alcanza igualmente a los propios profesores de Ciencias de la Educación. Cuando les corrijo los textos, les añado el comentario de que no pueden enseñar a nadie si cometen semejantes faltas", indica Mercedes Vico Monteolivo, defensora de la Comunidad Universitaria en Málaga.

"La lengua ha dejado de ser clave en la formación del profesorado. En Magisterio, la materia Didáctica de la Lengua es una asignatura de 6 créditos y 60 horas de clase en un cuatrimestre, así que puede que las últimas promociones de maestros no estén muy preparadas en este terreno. Hay un cierto abandono de las humanidades en la formación del profesorado, y también la literatura ha dejado de ser importante", dice el decano de Ciencias de la Información de la Universidad de La Laguna, Humberto Hernández.

Aunque, al parecer, no hay estudios que lo certifiquen, algunos entendidos opinan que el proceso de deterioro se inició en 1990 con la entrada en vigor de la LOGSE, que amplió hasta los 16 años la edad de la enseñanza obligatoria. Piensan que, en la práctica, estos cambios trajeron consigo cierto abandono de la enseñanza de la ortografía en un sector muy amplio de la ESO, y que ese hueco no ha sido bien cubierto en la posterior etapa de los dos años de bachillerato. Pese a las sospechas de algunos expertos, no está demostrado que el bilingüismo incida en el problema, aunque se sabe que algunas becas de periodismo han sido declaradas desiertas porque los aspirantes -en este caso, alumnos formados exclusivamente en catalán y con poco uso diario del español- no alcanzaban el nivel gramatical mínimo exigido. "Los catalanes manejan el español mejor que el catalán e igual que los del resto de España", afirma Alberto Gómez Font, vicesecretario de la Fundéu y profesor de Periodismo Científico en la Universidad Pompeu Fabra. "Damos redacción en catalán y en castellano, y no vemos que haya diferencias significativas", indica Salvador Alsius, decano de Ciencias de la Información en esa misma universidad.

La cultura globalizadora uniformadora y pasiva del ocio audiovisual, el lenguaje coloquial de los medios de comunicación y la economía lingüística que acompaña la comunicación por teléfono móvil e Internet sí estarían contribuyendo a la pérdida de la riqueza expresiva del idioma. Y, sin embargo, tampoco cabe achacar todo el problema a la invocada nefasta influencia de las nuevas tecnologías que, a cambio de actualizar el género epistolar, fomentan una comunicación sustentada en abreviaturas y en un léxico elemental en el que la h ha quedado proscrita y la q es suplantada por la k. Ésta es la opinión de Alberto Gómez Font: "Las abreviaturas se utilizan desde la Edad Media, y, además, eso de que la gente lee cada vez menos es un tópico falso. Pero si se pasan todo el día en el ordenador".

Nadie niega, sin embargo, que el chateo juvenil, salpicado a menudo de ostentosas faltas de ortografía -no se sabe si fruto de la incuria, de la búsqueda del caos o del intento de asesinar a la lengua-, conlleva el apresuramiento y la precipitación, y, en esa medida, la renuncia a corregir el texto y a tratarlo con esmero. "Es normal que la jerga juvenil se renueve y resulte transgresora. La cuestión no son las abreviaturas de los SMS o los coloquialismos, sino el empobrecimiento extremo que a veces se refleja en cierta dificultad para razonar en abstracto y en la falta de adecuación al interlocutor", subraya Concepción Martínez Pasamar, directora del Instituto de Lengua y Cultura españolas de la Universidad de Navarra.

"Nada, pues aquí vengo, a que me expliques este 3, porque el examen me salió de puta madre", sería un ejemplo de esa falta de adecuación que hace que muchos universitarios españoles sólo se sirvan de una manera de expresarse, sea quien sea su interlocutor o las circunstancias de la charla. Y con demasiada frecuencia, la forma de expresión escrita es la pura oralidad vertida directamente sobre el folio en blanco: "Una breve consulta: voy a intentar presentarme al examen del día 1, si no, me presentaré al día 7. ¿Podría decirme cual es el temario que entra para examen?, la verdad es que con tanto parcial no se que entra en este examen, quisiera saber si entra de nuevo el temario del que nos hemos examinado o no. A su vez sería interesante saber los puntos del temario que entran. Espero que esta vez me entienda, saludos".

El proclamado objetivo de que, al finalizar la enseñanza obligatoria, el estudiante debe escribir sin faltas y estar gramaticalmente capacitado para cubrir sus necesidades de expresión futuras chirría enormemente al contacto con las cifras disponibles. Según el estudio del Instituto Nacional de Calidad y Evaluación, en 2001 sólo el 11% de los alumnos del último curso de ESO no cometía ninguna falta de ortografía en las letras, el 6% en las tildes y el 1% en los signos de puntuación. Pese a que en buena lógica, un universitario de fin de carrera tiene menos errores que un alumno de ESO, escribir correctamente es una habilidad que debe adquirirse con anterioridad.

En su intento de superar el empobrecimiento léxico, parte de la comunidad estudiantil busca refugio en el lenguaje administrativo y se adorna con un empalagamiento, un rebuscamiento postizo, un cultismo mal utilizado e inducido, en buena medida, por el mundo de la política y los medios de comunicación. "Lo que me preocupa es que detecto un lenguaje cada vez más alambicado, retórico y cursi. En eso, los alumnos coinciden con las gentes de la tele que quieren aparecer sofisticadas. Se ha extendido el hábito del eufemismo. El problema es más la oscuridad que la incorrección, y puede que su origen haya que buscarlo sobre todo entre los políticos y los medios", indica Ángel González, profesor de Historia del Arte de la Universidad Complutense de Madrid.

Un ejemplo de esa oscuridad impostada, de ese deleznable español que se nutre a menudo de muletillas y comodines, la aportaría el siguiente fragmento de un examen universitario: "Es obvia la existencia de dos tipos de registro en este texto. (...) Céntrome un momento en el texto culto. De la mano del redactor. Cabe resaltar la intervención, más allá de los hechos objetivamente concurridos en el evento; además de oraciones explicativas a modo de epíteto, como si se tratase un público al que todo hay que aclarárselo, también se denota la compadecida visión del propio autor hacia el mismo asunto".

Empobrecimiento del léxico y rebuscamiento impostado vienen a ser las dos caras de un mismo problema que muestra que el sistema no garantiza el aprendizaje del buen uso de la lengua.

El empleo abusivo del gerundio y de las comas -"muchos textos parecen salpicados de cagaditas de mosca", dice Alberto Gómez Font-; el uso errático de las tildes y los signos de puntuación; el desconocimiento de la ortografía; los vicios del laísmo, leísmo, yeísmo y dequeísmo; la sustitución del imperativo por el infinitivo ("comer" en lugar de "comed"), y la utilización del infinitivo como verbo principal ("decir que"... en lugar de "quiero decir que"...) compondrían algunos de los defectos más frecuentes. A eso hay que sumar la utilización de expresiones que los entendidos juzgan aberrantes, como "a nivel de...", introducidas desde la política y el periodismo.

En este panorama poco reconfortante reverdece la idea de que cualquier tiempo pasado fue mejor, mientras se asienta la convicción de que, contra lo que ocurre en otros países, a nuestros estudiantes no se les forma adecuadamente en la lectura, la escritura y la oratoria; no se les enseña a exponer sus conocimientos. Los estudios internacionales de evaluación Pirls (2006) y PISA (2003) demuestran que el nivel de comprensión lectora de nuestros estudiantes de primaria y secundaria está a la cola europea y se sitúa sólo ligeramente por encima de la media de los 40 países de la OCDE.

Un dato altamente significativo es que únicamente el 40% de los alumnos españoles tiene profesores con formación específica en didáctica de la lectura, mientras que en el plano internacional, ese porcentaje asciende al 57%. Muchos docentes echan en falta la actividad escolar de la lectura en voz alta, la exposición pública oral de un tema, y la profusión de redacciones y notas escritas que se mantienen en países anglosajones, y en Italia y Francia. "Aquí no se ha prestado atención hasta hace poco a la retórica, como ocurre, por ejemplo, en EE UU con las ligas de debate universitarias", apunta Concepción Martínez. "Los ingleses cuidan mucho más la presentación", sostiene Rosa María Molins.

Sin necesidad de avalar la vieja teoría, más mito que realidad, de que hasta el más iletrado de los franceses puede expresarse con soltura y precisión, parece establecido que la competencia lingüística general (claridad, coherencia, no reiteración) en un país como Francia es superior a la de España. La razón no habría que buscarla en la naturaleza pretendidamente más lógica y diáfana de la lengua francesa, sino en el hecho, constatado por lingüistas como Eugenio Coseriu, de que se expresan de manera más lógica y diáfana. Por tanto, se trata de una cuestión de educación en su sentido más amplio.

"En Francia hay un orgullo por la lengua que no encuentro en España", constata Ángel González. "Todos los profesores franceses, sea cual sea su asignatura, son antes que nada profesores de francés", subraya Manu Montero. El ex rector de la Universidad del País Vasco piensa, sin embargo, que el problema de la ortografía y del empobrecimiento del idioma no es exclusivo del español. "Tengo noticia de que unos maestros franceses hicieron la prueba de poner unos dictados de hace 60 años y comprobaron que los alumnos de hoy cometen muchas más faltas". En todo caso, además de contar con un sistema educativo tradicionalmente orientado a la búsqueda de la brillantez expositiva, la sociedad francesa valora mucho más el hablar y escribir bien.

"Si ahora se escribe peor, es por un asunto de mentalidad, porque hay mucha gente que cree que expresarse bien no es importante y que la lengua no sirve para nada", reflexiona José Antonio Pascual, lingüista y catedrático de la Universidad Carlos III. "Aunque el dominio de la lengua es fuente de poder y resulta indispensable si se aspira a tener una cabeza bien amueblada, parece que el éxito social se ve en otras cosas, como en el dinero o la fama", indica. "Debe de haber un motivo fuerte para que la lengua, que es sutileza, posibilidad de acuerdo, lo opuesto al mundo de las verdades absolutas del blanco y negro, no esté hoy valorada en nuestra sociedad".

Con todo, José Antonio Pascual tiene un mensaje esperanzador para los universitarios que se pelean con la gramática. "Cuando Fernando Lázaro Carreter (ex director de la Real Academia Española, RAE) leyó mi tesina sobre Pío Baroja, me dijo que no se entendía nada y que, si había decidido presentarla, era exclusivamente por no dejarme sin licenciatura. Bueno, creo que con el tiempo he ido mejorando y que ahora ya no escribo tan mal", apunta con ironía. Lo dice él, que es miembro de la Academia Española.

lunes, 9 de julio de 2007

Acerca de un texto de Castells

KOKOSCHKA, Murderer, Hope of Women (1910)

Es bien sabido que la mayoría de las desigualdades de nuestra sociedad se deben al desarrollo tecnológico de la información (o, mejor dicho, a la incapacidad de adaptación).
Por otra parte, los medios de comunicación de masas y la política se encargan de desarrollar el discurso anti-solidaridad. Se necesita, así pues, más que nunca una actitud crítica ante los estudios informativos.

Desde esta perspectiva, voy a tratar de analizar nuestra sociedad basándome en "Entender nuestro mundo", un artículo de Manuel Castells.

Según Castells, los cambios sociales que revolucionaron los años sesenta y la transformación de las tecnologías de la información nos han conducido a una nueva era basada en una estructura social dominante, la sociedad red; una nueva economía, la economía información-global; y una nueva cultura, la cultura de la virtualidad real.

La revolución de la tecnología trajo consigo la aparición del informacionalismo, un modelo social en donde la generación de riqueza y la creación de códigos culturales dependen de la capacidad tecnológica de la sociedad. Las nuevas tecnologías de la información facilitaron el surgimiento de un capitalismo duro (hablando de fines y valores) y flexible (si nos referimos a medios), que genera una riqueza inimaginable, a la vez que excluye de sus redes a grupos sociales y territorios que no entran dentro de los planes de la dinámica del capitalismo global.

Como es lógico, con el surgimiento de la nueva sociedad, se han transformado estructuralmente las relaciones de producción, las relaciones de poder y las relaciones de experiencia, apareciendo una nueva cultura y la consiguiente modificación de las formas sociales del espacio y el tiempo.

Respecto a las relaciones de producción, Castells distingue entre trabajador genérico (prescindible; convive con máquinas) frente a trabajador autoprogramable (muy productivo); hay una barrera entre ambos: el nivel de educación y, sobre todo, la capacidad de acceder a niveles superiores de educación o, en otras palabras, de “reprogramarse” de cara al cambio constante que exigen las tareas del proceso de producción.

En cuanto a las relaciones de clase, el nuevo sistema se caracteriza por el aumento de desigualdad en cuanto a renta y posición social. Castells achaca la culpabilidad a una serie de factores: la diferenciación fundamental entre un trabajo autoprogramable y un trabajo genérico; la individualización del trabajo, que repercute en la desaparición gradual del Estado de bienestar (aunque otros factores, como la globalización de la economía y la deslegitimación del Estado, que provoca inseguridad en el ciudadano, también tienen su parte de culpa). Por otra parte, las relaciones de clase también acusan la exclusión social; esto es debido a que a la mayoría de trabajadores genéricos se les asigna trabajos temporales (circulan por muchos puestos de trabajo, con discontinuidad). Así pues, la pérdida de una estabilidad laboral conduce a muchos trabajadores, que se ven totalmente inseguros, a crisis personales. Castells ha denominado a esta espiral descendente de exclusión social “los agujeros negros del capitalismo informacional”, que no sólo afecta a los “miserables”, sino también a la clase media.

Hay que tener en cuenta que en esta sociedad la educación es la clave del trabajo; actualmente los generadores de información y conocimiento no son otros que los nuevos productores del capitalismo informacional. Quienes controlan los medios de producción abusan y explotan a los productores individuales y a los trabajadores genéricos. La fragmentación de la mano de obra entre los productores informacionales y los trabajadores genéricos y la exclusión social de trabajadores o consumidores que ya no se consideran válidos conforman las divisiones sociales fundamentales de la era de la información.

Respecto a las relaciones de poder, la principal transformación la acusa el pueblo en su grado de incertidumbre ante la crisis del Estado Nación como entidad soberana y la consiguiente crisis de la democracia política. Esta multilateralización de las instituciones del poder produce una nueva estructura de poder -el Estado red-, en la que las relaciones de poder son siempre específicas para determinados actores o instituciones. En este mundo de constantes cambios de poder, el liderazgo individual substituye a los agrupamientos de clase. El poder como tal se plasma en los medios de comunicación y en la manipulación de símbolos. Hay un paralelismo entre la cultura y el poder: la primera es fuente de poder, y éste, a su vez, constituye la nueva jerarquía social de la era de la información.

En cuanto a las relaciones de experiencia, esta sociedad caracterizada por las relaciones individualizadas del trabajo ha afectado sobre todo a la estructura familiar, en concreto a la autoridad patriarcal, que actualmente sólo puede vivir bajo la tutela de estados religiosos o autoritarios y no en sociedades tan abiertas y tan poco igualitarias. Las redes de personas cada vez substituyen más a la estructura familiar común.

Todos estos cambios en las relaciones de producción, poder y experiencia afectan a las configuraciones espaciotemporales que conforman la cultura de la virtualidad real (sistema en el cual la propia realidad está inmersa en un mundo de símbolos que no sólo son metáforas, sino que constituyen la realidad): el tiempo se ha convertido en el tiempo atemporal de las redes electrónicas y el espacio de flujos sustituye a los lugares de la realidad.

* * *

“Las formas fugaces de asociación son más útiles que las conexiones a largo plazo, y en parte, también que los lazos sociales sólidos –como la lealtad han dejado de ser convincentes”, escribe Richard Sennet en La corrosión del carácter. Y es cierto: el nuevo sistema aboga cada vez más por los trabajadores a corto plazo, lo cual afecta –qué contradicción- a todos los niveles: tanto a los jefes –los obreros no rinden al máximo- como a los trabajadores, que viven un clima de inseguridad y no pueden desarrollar una trayectoria coherente. La estructura piramidal se está substituyendo por una estructura de red en donde nadie asume ningún compromiso, pues todos están sujetos a los posibles recortes de la empresa.

La implicación psicológica con el trabajo es mucho mayor, pero no hay demasiadas críticas hacia el sistema porque, con la estructura de red, nos sentimos partícipes del trabajo, cuando, en realidad, sacrificamos la mayor parte de nuestro preciado tiempo para que el trabajo salga adelante. Y es que, como dijo Karl Marx, “el obrero es un apéndice de la máquina”: se exige al trabajador una rutina extremadamente peligrosa que lo conduce, en muchos casos, a la alienación (Tiempos modernos de Chaplin da fe de ello). La individualización que propaga el capitalismo destruye núcleos familiares, quita las ansias de vivir. Por eso escribió Pablo Neruda: “Sucede que me canso de ser hombre”.

Siguiendo el ejemplo de Sennet, “La rutina pude degradar, pero también puede proteger; puede descomponer el trabajo, pero también componer la vida”. Ante este panorama de incertidumbre, debemos hacernos la siguiente reflexión: ¿Cómo vamos a inculcar ciertos valores a nuestros hijos si las relaciones labores nos destrozan, nos esclavizan, nos individualizan…? De nada sirve vivir en democracia si no tenemos tiempo libre. No hay pecado más grande que arrebatarle al obrero el derecho a amar y a soñar. Sin duda, estamos ante la verdadera dictadura capitalista cuyo único objetivo es el lucro, sin ninguna finalidad moral.

Por otra parte, el texto de Manuel Castells nos da pie a reflexionar acerca de la insumisión que presentamos frente a las leyes del actual paradigma social: que todos tengamos la “obligación” de comulgar con un pensamiento único que no tiene porque ser válido, sino que está ahí posiblemente porque, como dijo Foucault, “la verdad científica no tiene que ver con el conocimiento, sino con el poder”. Y el poder, como todos sabemos, lo representan aquéllos que se dedican a explotar al trabajador, que buscan su máximo beneficio: así pues, yo me pregunto: ¿será apropiada la cultura que recibimos si procede del abuso? ¿Existe ética en el poder? Me avergüenzo al pensar lo evidente: que el conocimiento se considera una mera mercancía, pues la economía de mercado rige las pautas de nuestra cultura. Esto explica la exclusión de seres “no funcionales”: la lamentable brecha que divide al mundo entre los seres válidos o no válidos para trabajar con la información.

En fin, tanta palabra intenta justificar el hallazgo, por cierta, sorpresivo, de que la Verdad es inútil: sólo sirve para al poder. Hay que tener paciencia, observar distintos puntos de vista y aprender a contrastar, ya que, en palabras de Virginia Woolf, “cuando un tema se presta mucho a controversia (…) uno no puede esperar decir la verdad. Sólo puede explicar cómo llegó a profesar tal o cual opinión”. No creo que el poder acepte dudas…

Para terminar, pediré un deseo: espero que los “ricos” tengan la suficiente voluntad, no olvidemos que ellos conocen la Verdad, y expliquen a sus hijos por qué los obreros realizan el mismo trabajo que las máquinas, si es más persona el jefe que el explotado…

Yo, por mi parte, he elegido estos versos de Eugénio de Andrade para acunar a mi futuro hijo –pongamos que se llama Miguel–:

Te miro desde aquí, Miguel, te veo jugar con los cubillos, juntándolos y empujándolos, tren que viaja hacia cualquier parte a donde no se llegue dilacerado o amputado de la alegría de sentirse el hombre nacer para un amor nuevo, una imaginación nueva, distante ya, y vamos a decirlo con las tremendas de palabras de Nietzsche, de este asilo de enajenados que ha sido la tierra.



HÉCTOR ACEBO BELLO

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BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA:


  • CASTELLS, M., "Entender nuestro mundo", en Revista de Occidente, nº 205,1998.

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  • nSENNET, R., La corrosión de carácter, Barcelona, Anagrama, 2001.