Bitácora de Héctor Acebo, poeta, periodista cultural y doctor en Periodismo

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jueves, 23 de febrero de 2017

Una semana después de haberme doctorado

"Finis coronat opus", decía aquel hermoso proverbio latino. O sea: "El fin corona la obra". 

Valió la pena tanto esfuerzo, no sólo por haber obtenido, el 13 de febrero de este mes, el título de Doctor —máximo grado académico universitario— en Periodismo, sino también (y esto es lo más importante) por lo que uno aprendió durante el camino. Conocimientos de retórica, de teoría literaria, de lingüística y, desde luego, de poesía, el ámbito referencial de mi estudio, así como mi principal prurito creativo. 



Cómo no recordar a Lázaro Carreter, a quien cito en mi tesis, La metáfora en la poesía de Antonio Martínez Sarrión, dirigida por el doctor Antonio Ubach: 

¿Vale la pena tanto esfuerzo? Los que hemos hecho algunos progresos como lectores, sabemos que la empresa de la lírica es extraordinariamente remunerativa. La poesía impide ser más inhumano. En unos casos, permite descubrir lo que, estando en nosotros, ignorábamos. En otros, es una incitación a vivir experiencias nuevas y más valiosas que las nuestras. Pero para sentirla actuante en nosotros, hemos de vencer su lenguaje.





Gracias a todos los que, de un modo u otro, me habéis acompañado en este camino. 

Para escuchar una entrevista que me hicieron recientemente desde la Cadena Ser asturiana —delegación de Occidente—, pincha aquí.

Para leer una fotonoticia que publicó El Progreso de Lugo (edición de A Mariña) sobre mi Doctorado, pincha aquí.

También el diario asturiano La Nueva España se hizo eco de mi defensa, como puedes leer desde aquí


He aquí el turno de la intervención del tribunal académico, tras mi exposición. Pueden verse en la foto a tres de los miembros del mismo, los doctores Antonio Dueñas, Ángel L. Prieto de Paula y Pilar Vega. A modo de curiosidad: el 'Fin' de la diapositiva de mi tesis está extraído de un filme de Godard: Una mujer casada. Y, más allá de ese detalle, creo que la fotografía del momento académico realizada por el amigo y colega José María Plaza tiene algo godardiano; quizás la presencia de una nuca (mía, en este caso)...

Servidor, durante la exposición de su tesis.

Panorámica de la defensa de mi tesis doctoral, que tuvo lugar en la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid.




Junto al tribunal de la defensa de mi tesis —constituido por los doctores Ana Calvo, Eduardo de Bustos, Antonio Dueñas (presidente), Ángel L. Prieto de Paula y Pilar Vega (secretaria)—, que me otorgó la calificación de "Sobresaliente". 
Tras haber obtenido mi Doctorado, con los buenos amigos José Manuel Muñoz Puigcerver (Doctor en Economía, profesor) y Abel España (periodista, diseñador gráfico).

Junto a mi tutor, Antonio Ubach, Doctor en Filología Hispánica y profesor de la Facultad de Ciencias de la Información de la UCM.
Con mis padres —los mejores padres del mundo—, tras la comida de celebración de mi Doctorado, en la madrileña Plaza Mayor.

martes, 14 de febrero de 2017

Doctor en Periodismo

Desde ayer, soy doctor en Periodismo, por la Universidad Complutense de Madrid, con la calificación de "Sobresaliente".

Me acompañan en la foto -obra de José María Plaza- de esta entrada los miembros del tribunal académico, los doctores Ana Calvo, Eduardo de Bustos, Antonio Dueñas (presidente del Tribunal), Ángel L. Prieto de Paula y Pilar Vega (secretaria del Tribunal). 







He recibido muchos ánimos (por las vías física y virtual) estos días, los cuales me han hecho ilusión y me han dado fuerzas; os los agradezco enormemente.

Y, por supuesto, mil gracias, también, a los familiares, amigos y colegas que me acompañaron ayer presencialmente en un día tan especial para mí.

Antonio Ubach -mi tutor- merece una mención aparte por su gran compromiso a lo largo de más de tres años de andadura académica junto a él.

También mis padres (que estuvieron presentes en la defensa) merecen un párrafo aparte; como digo en mi tesis, "gracias a su confianza y paciencia he podido progresar en el estudio de la poesía, el ámbito referencial que más me apasiona".

Ahora sí, "Finis coronat opus". O sea, "El fin corona la obra" (que, en este caso, es Lametáfora en la poesía de Antonio Martínez Sarrión). 

sábado, 11 de febrero de 2017

El lunes defenderé mi tesis sobre la metáfora en la poesía de Martínez Sarrión

El próximo lunes (día 13) defenderé, en la Universidad Complutense de Madrid, mi tesis doctoral, La metáfora en la poesía de Antonio Martínez Sarrión, que dirigió Antonio Ubach y que es fruto de más de tres años de investigación. Dicho acto académico (abierto al público) tendrá lugar, a partir de las 11.00 horas, en el Salón de Grados de la Facultad de Ciencias de la Información. 

Hoy el diario asturiano La Nueva España se ha hecho eco de mi defensa; puedes leer la noticia pinchando aquí

Éste es el resumen de mi tesis doctoral, integrado en el propio trabajo: 

El poeta albaceteño Antonio Martínez Sarrión (miembro destacado de la neovanguardista generación de los Novísimos) ha creado, a lo largo de las últimas cinco décadas, una obra integral, donde se funden el culturalismo y la experiencia vital. La metáfora (tropo o recurso semántico que establece una semejanza entre dos elementos, uno real y otro imaginario) es una herramienta fundamental en la expresión del autor manchego. Martínez Sarrión emplea las dos modalidades metafóricas existentes, la cotidiana (cuyas bases están en la experiencia) y la poética (que pertenece al ámbito creativo). Si bien las metáforas cotidianas poseen un carácter instrumental, al funcionar dentro del artefacto lírico, transmiten —como las metáforas poéticas valores estéticos y, en consecuencia, indudables dosis de ambigüedad. Efectivamente, como reveló el formalista ruso Jakobson de acuerdo con la semántica literaria (Richards, Empson, Wheelwright…), en la función poética el mensaje está orientado hacia sí mismo, lo que se traduce en la plurisignificación. Así, muchas metáforas de Sarrión apuntan visiblemente a varias denotaciones, además de expresar alguna connotación. La ambigüedad también queda manifiesta cuando Martínez Sarrión formula alguno de los elementos de esos tropos de forma tácita o vaga, o cuando el enunciado correspondiente carece (total o parcialmente) de signos de puntuación. Además de ser un vehículo idóneo para embellecer el texto y para transmitir de una sola vez diversas ideas, la metáfora permite al autor de Teatro de operaciones expresar la sensorialidad (algo apreciable, verbigracia, en las connotaciones, que son los significados individuales y variables) e, incluso, estructurar cada texto. 

viernes, 20 de mayo de 2016

Tesis terminada

Tesis doctoral terminada. Ahora queda defenderla. 

Ésta es la portada: 

El trabajo arranca con esta cita del poeta y ensayista Pound: “Cuando a un estudiante japonés que residía en los Estados Unidos se le preguntó por la diferencia entre poesía y prosa, dijo que la poesía consiste en las esencias, en la médula”. 

lunes, 5 de octubre de 2015

Mi primer día en la Universidad

El amigo y colega David Briz, extremeño, me recuerda que anteayer se cumplieron diez años de nuestra entrada en la Universidad. Verdad que yo también esperaba más de ciertas asignaturas y de algunos profesores, pero el balance que hago es, desde luego, positivo. Además del necesario aprendizaje (teórico, mucho más que práctico, eso sí) adquirido en las aulas durante ese lustro, puedo decir —orgulloso— que conservo grandes amigos (alumnos y docentes) de entonces. Gente —como el propio Briz, tan íntegro— que, sin duda, me ha marcado, que me ha ayudado a ser mejor persona... Espero que ese influjo sea imborrable.

Me acuerdo de las sensaciones que tuve al pisar, ya como alumno de Periodismo, la Facultad de Ciencias de la Información de la Complutense: esa combinación de nervios y de satisfacción al constatar que un sueño forjado en la niñez se empezaba a cumplir... Hay algo que recuerdo especialmente del primer día: a mi lado, en el aula, se sentó un muchacho extraño (como todos los seres de visión poliédrica, y la suya es así) que acabaría siendo otro buen amigo mío: el madrileño Javier Viedma. Lo recuerdo dibujando, abstraído y a la vez dinámico, fluido, en clase de Sociología, mientras yo (un poco fuera de lugar, apenas conocía Madrid) me esforzaba por seguir el caótico guión de la profesora...
Madrid, 3 de octubre de 2005: la urgencia de aprender, de conocer gente nueva, de escuchar muchas historias; la sed de belleza y libertad, de viajar física y mentalmente; el deseo de vivir en una ciudad grande (¡ah, Madrid!), de dinamitar dogmas y estereotipos... Huelga decir que ya no somos aquellos adolescentes, pero me consta que a algunos de nosotros nos siguen moviendo las pulsiones citadas, igual que otras de naturaleza parecida.
Gracias a todos los que me habéis enseñado algo en este viaje que, efectivamente, continúa. Gracias, también, por entenderme (o por intentarlo al menos). 

jueves, 7 de agosto de 2014

José Luis Dader y su demostración de verdad y dignidad

El pasado 7 de julio, en el diario digital La Voz Libre, apareció un artículo firmado por la redacción y plagado de distorsiones e inexactitudes relacionadas con José Luis Dader (admirable catedrático de Periodismo en la Universidad Complutense). El mismo diario publicó el 24 de julio una réplica de Dader al distorsionado texto. Y esa réplica es una demostración de verdad y dignidad por parte del catedrático; para leerla, pincha aquí.


José Luis Dader.


Dader cuenta con todo mi reconocimiento. Él fue mi profesor en el Máster en "Investigación en Periodismo: Discurso y Comunicación" que oferta la Complutense, y desde entonces, como periodista e investigador, admiro su extrema rigurosidad y su carácter didáctico. 

jueves, 25 de abril de 2013

Dader, gran catedrático de Periodismo

He aquí una buena noticia para todos aquellos que creemos en un periodismo riguroso: no en las mentiras. El catedrático José Luis Dader (que fue mi profesor el pasado año en el "Máster en Investagación en Periodismo: Discurso y Comunicación" de la Universidad Complutense) cuenta con todo mi reconocimiento. Siempre he valorado sus clases, extremadamente didácticas y rigurosas. Pues bien, Dader, desde hace tiempo, ha venido sufriendo constantes descalificaciones y tergiversaciones (relacionadas, por supuesto, con su trabajo) por parte de otro catedrático de la Complutense, Felicísimo Valbuena. Afortunadamente, la FAPE (Federación de Asociaciones de Periodistas de España) se ha pronunciado con plena condena de las distorsiones y menosprecios divulgadas por este Valbuena. 

Pueden leer la noticia original, publicada recientemente por la FAPE, pinchando aquí

martes, 18 de septiembre de 2012

He defendido mi tesina

Vengo de la Facultad de Ciencias de la Información de la Complutense. He llegado, satisfecho, al final del trayecto. El tribunal elogió esta mañana mi tesina, La metáfora en la poesía de Antonio Martínez Sarrión, antesala de mi tesis doctoral (que comenzaré a fraguar el próximo mes). Antonio Dueñas, miembro de dicho tribunal y director de mi tesina, recordó —emocionado— a aquel soñador muchacho del valle del Eo, a aquel incipiente poeta que él tuvo como alumno, en la licenciatura de Periodismo, hace siete años... El profesor dijo que se sentía orgulloso de que uno hubiera progresado tanto en el plano poético y académico. Yo —huelga decirlo— me siento orgulloso de tener a mi lado a personas tan generosas, tan comprensivas, tan sensibles y tan cultivadas como el doctor Antonio. ¡Mi querido Dueñas! ¡Cuántas enseñanzas te debo!

lunes, 17 de septiembre de 2012

La defensa de mi tesina

Estoy llegando al final del trayecto: mañana, martes, a las 11, presentaré mi tesina («La metáfora en la poesía de Antonio Martínez Sarrión») en la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense. Esta tesina, dirigida por Antonio Dueñas, es el trabajo final del «Máster en Investigación en Periodismo: discurso y comunicación».

lunes, 25 de junio de 2012

Mañana recitaré mis poemas en la Universidad Complutense

Mañana, martes, ofreceré un pequeño recital poético en la Sala de Conferencias del Nuevo Edificio de la Facultad de Ciencias de la Información (UCM). La lectura se enmarca dentro del Acto de Clausura y Graduación de la II Promoción del Máster Universitario en Investigación en Periodismo: Discurso y Comunicación. Esta ceremonia comenzará a partir de las 6 de la tarde. Estáis invitados. Pinchando aquí, encontraréis toda la información.

jueves, 21 de junio de 2012

Una ceremonia poética

El próximo martes, a las 18 horas, se celebrará, en la Facultad de Ciencias de la Información (UCM), la ceremonia de graduación del Máster oficial “Investigación en Periodismo: Discurso y Comunicación”. Ese día tendré el privilegio de ofrecer, en calidad de poeta-alumno, un pequeño recital. Precisamente hoy he estado seleccionando —con mimo— algunos de mis poemas más representativos: “La residencia”, “A una hermosa quinceañera”, “Un amor de fantasía”... ¡Albricias!: Será la primera vez que lea en público textos posteriores al proceso creativo de Camas de hierba (2008-2010), mi ópera prima. Lo mejor de todo es que estaré rodeado de seres admirados y apreciados: profesores y alumnos. Será una jornada especial. Ojalá mis novísimas criaturas —mis muchachas— vuelen, ojalá la ternura y la sensualidad se den la mano... Ojalá, en fin, pueda rendir homenaje a mis maestros. ¡Cuántas sensaciones les debo a Pound, a Yeats, a Pessoa, a Neruda, a Blas de Otero...! “Piñas / en azúcar, almibaradas niñas / ñoñas, / yemitas tiernas, / botón de primavera, botoncito / jugando a ser ojal entre las piernas”, escribió el poeta vasco en Ancia

lunes, 23 de mayo de 2011

El doctor Félix Rebollo escribe sobre la presentación de mi primer libro

Félix Rebollo (doctor en Filología Hispánica y en Ciencias de la Información) publicó el pasado sábado, en su página web, Cantando sobre el atril, un artículo de opinión que versa sobre la presentación oficial de mi primer libro, Camas de hierba. En el segundo curso de la licenciatura de Periodismo, Rebollo fue mi profesor de Movimientos Literarios y Análisis de Textos en Prensa. Este Félix siempre ha considerado la poesía como el género más salvífico de la literatura. Reproduzco su artículo (que lleva por título "Ópera prima de Héctor Acebo, ex alumno") a continuación:
"Vamos caminando en este mundo salvífico de la poesía; pero, en este caso, Héctor se apoya en otro poeta grande, ya curtido en todas las batallas, como es Martínez Sarrión. No está solo; se sirve de una pléyade irrepetible como Octavio Paz, Pere Gimferrer, Valente y Panero. Con estos nombres nos envuelve de tal manera que al construir y rematar lo poético resulte más fácil el conocimiento que es a donde quiere aupar, con ritmo, emoción, sentimiento, erotismo para dar sentido a las palabras de la tribu en expresión mallarmiana.

En la presentación del libro Camas de hierba, ayer, faltó debate, pero Héctor estuvo sublime con las palabras adecuadas, rítmicas, sonoras en las que la poesía que leyó hizo que la libertad se derramara sobre los asistentes, hizo que sobre nuestras cabezas se aposentara el espíritu vivificante, nutriente. Lógicamente, como se dijo, no supera, ni lo pretende, a Don de la ebriedad de Claudio Rodríguez, pero es el libro inicial, el sustento del porvenir poético.

No pude preguntar, aunque en mi mente revoloteó por qué el poeta, casi siempre, cuando se inicia en la poesía, alude a la poética corporal inmersa en erotismo, pensamiento que ya Octavio Paz se encargó de ventear; mas, en Camas de hierba se va más allá al incrustarse en el sexo. Héctor juega con las palabras, más con el silencio para detener el tiempo. Una vez leído el libro, quizá no me equivoque, el dístico preferido es: 'Que descanses. Llámame / por la noche, si te destapas: no vayas a coger frío'. Todo un mundo en el que el simbolismo se hace carne, pasión, entrega, necesidad".

Félix Rebollo, Cantando sobre el atril, 21/05/2011

viernes, 6 de noviembre de 2009

Godard, el creador que nunca dejó de ser crítico

Un eminente profesor de la Facultad de Ciencias de la Información me recriminó en cierta ocasión los “saltos abruptos de plano” y los “consecuentes cambios de sonido” derivados de la humilde grabación (tan sólo poseía mi cámara digital –de fotos con opción para grabar vídeo, entiéndase– y alguna que otra idea formal y pasional) de un espontáneo cortometraje. Yo, como admirador de ese cineasta antiacadémico –y deudor de la mejor serie “B”– llamado Jean-Luc Godard (París, 1930) que soy, me tomé, evidentemente, aquel reproche como un halago. Cuarenta y nueve años han pasado (quién lo diría) desde el estreno del asombroso filme godardiano Al final de la escapada (À bout de souffle)… Y, como ven, a ciertos sectores de la crítica más académica todavía les cuesta reconocer la valía innovadora de un cineasta tan poco respetuoso (sería injusto obviarlo) con los ilustres modelos de prestigio.

El desvergonzado Godard (a quien es capital enmarcar en la Nouvelle vague –Nueva ola–, ese movimiento surgido entre grupos de jóvenes y descontentos cineastas –Truffaut, Rohmer, Chabrol…– en Francia hacia 1960: todo un preludio de la Revolución de 1968) comenzó su carrera cinéfila dedicándose a la crítica en la prestigiosa revista francesa Cahiers du cinéma. En sus escritos, en sus miradas encendidas, tomaba (a fin de dinamitar la estructura formal más anquilosada y aséptica del cine francés de entonces) como referentes a Nicholas Ray, a Bergman o al Siegel de La invasión de los ladrones de cuerpos. Artesanos elegantes e inquietos que dominaban el montaje.

A Godard le debemos algunas de las técnicas hoy consideradas estándares (pero que en aquella época destilaron, en efecto, heterodoxia), como el rodaje de secuencias cámara en mano, sin iluminación especial, con planos acrobáticos (que derivaban no pocas veces en los temidos saltos), así como el uso de diálogos tan espontáneos y reales que parecían improvisados. Un rodaje tan personal, ligero y económico (en Al final de la escapada, el director de fotografía forjó los bulliciosos travellings valiéndose de una silla de ruedas que reemplazaba los clásicos raíles) venía a demostrar algo obvio: las ideas están por encima de cualquier efecto afectado. De eso también sabían mucho el propio Siegel o mi amado Boetticher.

De Godard lo mejor que puede decirse (para suscitar la curiosidad en el joven espectador) es su autodefinición: “Como crítico, ya me consideraba un cineasta. Hoy sigo considerándome un crítico y, en cierto sentido, lo soy aún más que antes” (Cahiers du cinéma, nº 138, diciembre de 1962). Ciertamente el articulista Godard, aun cuando no había rodado ningún filme, era un auténtico cineasta, porque, como diría Octavio Paz refiriéndose al poeta, al enfrentarse con el lenguaje, se enfrentaba con los fundamentos mismos del mundo. Asimismo, Godard, cámara en mano, siguió siendo un crítico, pues rodaba ensayos con forma de novela o novelas con forma de ensayo: “Simplemente –precisaba el propio Godard–, los ruedo en vez de escribirlos”.

Analítico y emocionante, elegante e irreverente, inocente (un artista jamás debe perder la capacidad de asombro) y sesudo, vitalista y melancólico, este paradójico creador-crítico jamás tuvo reparos en combinar la ficción con algunas partes prácticamente documentales (irrumpiendo, a veces, en la historia mediante sus propios comentarios), en revitalizar las facultades del collage y de la cita, en pasar de un concierto de Bach a un concierto de cláxones, en celebrar deliberadamente los más extremos cambios de tonalidad en una misma secuencia (dinamitando la tradicional concepción del raccord), en liberar a sus personajes para entregarlos –detenida la acción– al juego, a la charla, al baile, a la voluptuosidad… ¿El resultado? Un inquietante “híbrido entre el retrato íntimo de la pareja en su trabajo y la elaboración de un pensamiento sobre la historia”, escribe acertadamente Jacques Mandelbaum, crítico cinematográfico de Le Monde.

Y es que Godard fue ante todo un romántico plenamente consciente de su anacronismo. Al final de la escapada expresa magníficamente (incluso de manera más explícita que la fundacional Los cuatrocientos golpes, 1959, de Truffaut: estoy de acuerdo con Mandelbaum) ese sentimiento tan melancólico de haber llegado demasiado tarde a su labor. Una labor creadora y crítica que, de emplearse el montaje adecuado, podría haber cambiado –según él– el curso de la Historia. Así concebía el cine Godard, llevando hasta el extremo sus tesis a partir de la segunda mitad de los 60, cuando forjó (aun a costa de sacrificar buena parte de su público) una serie de películas con pronunciados tintes maoístas y marxistas-leninistas (pese a la indiscutible calidad y a la premonición acertada que auguraban, confieso que me resultan un tanto pedantes, al igual que Pierrot, el loco, filme de transición), ideologías muy en boga de la juventud e intelectualidad parisina en aquellos años.

Utopías aparte, este controvertido cineasta cambió para siempre nuestra manera de mirar. Lo cual no es moco de pavo, si aquel eminente profesor me permite la espontaneidad.

Filmografía recomendada: Al final de la escapada (1960); Vivir su vida (1962); Banda aparte (1964); Lemmy contra Alphaville (1965); Pierrot, el loco (1965) y Week-end (1967).







Por HÉCTOR ACEBO (La Huella Digital, 6/11/09)