Bitácora de Héctor Acebo, poeta, periodista cultural y doctor en Periodismo

Bitácora de Héctor Acebo, poeta, periodista cultural y doctor en Periodismo.
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miércoles, 19 de enero de 2022

ENCUENTRO EN EL LABERINTO

Cada año, cuando viajo de Bolivia a Galicia (y viceversa), hago escala en Madrid. En esos periodos de espera, siempre que pueden, vienen a verme a Barajas dos buenos amigos —el periodista Abel España y el economista José Manuel Muñoz— con los que viví en la capital. Con casi 940.000 metros cuadrados y cinco terminales, el mencionado aeropuerto es uno de los más grandes del mundo. El viajero, que arrastra cansancio físico y mental, tiene que armarse de paciencia para atravesar terminales y poder salir de la zona exclusiva de pasajeros, tras haber realizado el debido control policial. En Barajas, por mor de la pandemia, se cerraron algunos accesos, con lo que el caos alcanza ahora su máxima expresión. La pasada semana Abel España y yo estuvimos tratando de vernos, durante más de una hora, en el laberinto de Barajas. A través de WhatsApp, nos llamábamos, nos escribíamos, nos enviábamos fotos, yo le compartía mi ‘ubicación en tiempo real’… Siendo honestos, en el accidentado encuentro influyó también el hecho de que yo, solo unas horas antes, me hubiese despedido de mis padres; la melancolía minaba mi concentración. Pero, finalmente, pude fundirme en un abrazo con mi querido Abel, después de un año sin vernos.

Al día siguiente, nos reímos bastante relatándole a nuestro amigo José Manuel Muñoz —con quien me reencontré en el viaje de ida— la patética peripecia de Barajas. “21.000 pasos di ayer, cuando lo habitual suelen ser 10.000, no más de 12.000”, confesaba Abel. “Lo gracioso”, añadía, “es que, según el GPS, en varios momentos estuvimos bien cerca el uno del otro, ¡pero, claro, tú te encontrabas al otro lado, en la zona de pasajeros!”. Con zumba melancólica, le contesté: “Yo siempre estoy al otro lado. Al otro lado del charco, ahora mismo. Tal vez me iría bien aquello que Valente dijo sobre su maestro Cernuda: ‘Señor de la distancia y lo imposible”.

(Publicado en El Progreso de Lugo, 18/01/2022).

miércoles, 22 de diciembre de 2021

UN ALMA ENCADENADA A UNA CHALINA

El más ambicioso de mis proyectos profesionales es, sin duda, ‘Alma desnuda’, una serie sociojuvenil que denuncia la violencia de género y que emitió la red televisiva nacional ‘ATB’ durante las últimas semanas. Armar una obra de 75 minutos requiere esfuerzo y pasión a partes iguales; pero tuve la fortuna de rodearme de un estupendo equipo, Univalle Films, y todo salió adelante. El grueso de Univalle Films lo componen estudiantes y recién titulados de Comunicación y Medios Digitales; y Comunicación y Periodismo, carreras pertenecientes a la Universidad Privada del Valle. Me siento orgulloso del talento y el compromiso de mis discípulos veinteañeros; durante los rodajes, fue hermoso comprobar que todos navegábamos en la misma dirección, buscando un equilibrio entre la denuncia social y la belleza estética inherente al cine.



‘Alma desnuda’ es una serie dramática, no documental, que, sin embargo, está muy documentada. En el cochabambino colegio San Rafael, Sergio Céspedes (mi compañero en las labores de guionización y dirección) trabajó con dos grupos focales en aula —40 alumnos—, mediante un modelo de estructura participativa. El análisis de datos reflejó lo arraigada que está la discriminación de género en la juventud boliviana. La violencia sexual muestra a la mujer como víctima, pues los varones adolescentes (70%) tienden a exigir tener relaciones sexuales como prueba de amor con sus novias; y si estas no aceptan, ellos se enojan (80%). Este trabajo investigativo nos sirvió de base para elaborar el guion de la serie.


Contaré una anécdota ligada al proceso creativo de ‘Alma desnuda’. Una tarde Céspedes y yo estábamos trabajando en mi oficina. Convencidos de que nuestra serie debía trascender el lenguaje denotativo, nos propusimos buscar un objeto que simbolizase la posesión de Roberto hacia Alma. Yo traje a colación un símbolo que siempre me ha parecido muy expresivo: la camisa que el filósofo José Ortega y Gasset le regaló, en 1949, al actor Gary Cooper. Ambos se admiraban, y, en una carta, el autor de ‘La rebelión de las masas’ le explicaba al protagonista de ‘Bola de fuego’: “Mi vida ha sido muy dura, pero a despecho de eso he sido capaz de convivir con lo que podríamos llamar una felicidad permanente. Que esa camisa sea como un amuleto que le quite la melancolía si alguna vez ésta se apodera de usted”. Después de haberle leído esas líneas al codirector, ambos comenzamos a reparar en nuestras vestimentas. Aquella tarde hacía frío y yo llevaba puesta una chalina; nos concentramos en ella y nos preguntamos qué podría simbolizar en el contexto de la serie; entonces, imaginamos al chico maltratador (Roberto, interpretado por Jhoseph Elías) poniéndole esa prenda a su novia (Alma, encarnada por Luana Arce): fue ahí cuando encontramos el ansiado símbolo de la opresión, eje vertebrador de la serie. Inmediatamente, nacieron estas líneas de diálogo: “Quiero que esta chalina sea tu amuleto, que te quite el miedo a volar cuando viajes a Buenos Aires, y que, cuando la pongas, te acuerdes de mí”. En efecto, la anécdota de Ortega y Cooper nos inspiró harto. Paradójicamente, aquella camisa expresaba un significado positivo —la felicidad—, mientras que nuestra chalina presenta connotaciones negativas, pero necesitábamos un referente simbólico de gran alcance.


De ese modo, utilizando los recursos expresivos del cine y alejándonos del tono panfletario, pretendimos conectar de un modo más ameno con la juventud.

(Gracias, Raize, por el título de este artículo).

[Publicado en Opinión, 22/12/2021].

viernes, 22 de octubre de 2021

AS SUTILEZAS DE CUNQUEIRO

Toda a gran literatura concrétase nos detalles. Sutilezas que poden pasar desapercibidas nunha primeira lectura, pero que, semántica e fonoloxicamente, enriquecen o texto. Así sucede na obra de Álvaro Cunqueiro, onde se reconcilian a realidade e a fantasía. Hoxe quixera salientar a riqueza de matices coa que o mindoniense describía as súas personaxes —sobre todo, as de cabelos loiros—, provocando no lector un intenso placer que disolve as rutinas. Poñerei dous exemplos ben elocuentes. En ‘Melle de Loboso’, semblanza incluída en ‘Escola de menciñeiros’ (1960), achamos esta metafórica frase: «A xente de Loboso é alta e roiba, e o pelo dourado das mozas é a única flor en toda aquela soidade». En ‘Rosa Martiño’, retrato pertencente a ‘Os outros feirantes’ (1979), o narrador omnisciente non pode precisar se a reloxeira protagonista naceu en Noia ou en Betanzos, pero lembra perfectamente, como non, que ós 12 anos era «unha mociña roiba, espigada, mui lucida de pernas, e sempre sorrindo». É a mesma Rosa que un tempo despois, en Bos Aires, xa feita toda unha muller, entoaría cantigas galegas, enfeitizando ós seus compañeiros de traballo.

Por certo, nun artigo recompilado en ‘Por el camino de las peregrinaciones’ (2004), Cunqueiro contou que os seus primeiros versos —«doloridos cantos de amor»— foron inspirados por unha nena roiba de Palas de Rei. Quizabes esa cativa de ollos celestes só existise na ficción, ou quizabes sexa en verdade o dano fecundante da obra de Cunqueiro… En calquera caso, a verba do mindoniense expande o noso maxín e acaríñanos o ouvido.

domingo, 19 de septiembre de 2021

LAS ENSEÑANZAS DE SARRIÓN

El pasado martes falleció, víctima de un infarto, el gran poeta Antonio Martínez Sarrión (Albacete, 1939), maestro y amigo de quien escribe estas líneas. Nos veíamos cada semana cuando yo vivía en Madrid. Hombre generoso, Martínez Sarrión me abrió las puertas de su casa, me dio valiosos consejos e, incluso, corrigió los poemas que acabarían formando parte de mi primer poemario, ‘Camas de hierba’ (2011); por todas estas razones y por el cariño que le tenía, Antonio figura en la dedicatoria del libro, junto a mis padres.  


De Martínez Sarrión aprendí, entre otras muchas cosas, que en la poesía las pausas deben ser más elocuentes incluso que las palabras, pues la naturaleza de este género es fragmentaria (se basa en el ritmo y la métrica, elementos que desplazan a la lógica, a la sintaxis). Como el erotismo, la lírica sugiere, no muestra, y eso estimula la imaginación del lector. Aún conservo algunas hojas con las correcciones que Antonio hacía a mis vetustos poemas: “Debes aumentar la tensión verbal por vía de la elipsis…”. Todo escrito a mano, por supuesto, con aquella letra de trazos alargados: una letra arborescente, tan propia de un hombre temperamental que, asimismo, atesoraba argumentos muy hondos.  


Como explicó sagazmente el crítico Prieto de Paula, la lírica de Martínez Sarrión se caracteriza por su sincretismo. En 1970, el creador albaceteño fue incluido por Castellet (prestigioso teórico) en su antología ‘Nueve novísimos poetas españoles’, la cual dio nombre a una generación, la de los Novísimos, que se opuso a la estética socialrealista, imperante hasta entonces en España. El joven Sarrión, muy influido por el surrealismo, aspiraba a romper el discurso lógico mediante procedimientos como el ‘collage’ o la desarticulación tipográfica. Fue en esa época cuando algunos de sus maestros —Benet, García Hortelano, Barral…— comenzaron a llamarle “el Moderno”. Fue también por aquellas calendas cuando Gil de Biedma, después de leer sus poemas, sorprendido, le preguntó: “¿Cómo coño puedes ser tan decadente, habiendo nacido en Albacete?”. En 1981, con la publicación de ‘El centro inaccesible’, se produce un punto de inflexión en la obra sarrioniana; a partir de ahí, nuestro protagonista empleará una dicción más transitiva y convertirá al amor en uno de sus ejes temáticos fundamentales. No obstante, los dos polos —modernidad y tradición— se complementan a lo largo de toda su trayectoria. Aunque los expresase de forma hermética, ya había sarcasmo y crítica social en su etapa juvenil, del mismo modo que no eliminó el culturalismo (solo lo atenuó) en su producción de madurez. Debido a ese sincretismo tan rico en matices, Sarrión me parece un autor esencial en la poesía española de las últimas cinco décadas. Es por eso que —amistad aparte— estudié su estilo en mi tesis doctoral.


Mi maestro también incursionó en la traducción (suya es una de las mejores adaptaciones al castellano de ‘Las flores del mal’, de Baudelaire), el memorialismo o el ensayismo. Yo tengo especial debilidad por sus diarios, que están llenos de aforismos clarividentes; citaré uno perteneciente a ‘Esquirlas’ (2000): “Es preferible tomarse la política relativamente en serio, si no queremos que ella nos tome, a la gente del común, absolutamente en broma”.  


Claro que la contundencia y la precisión verbal de Sarrión ya se reflejan magníficamente en los títulos de sus libros: ‘Una tromba mortal para los balleneros’ (1975), ‘La cera que arde’ (1990), ‘Infancia y corrupciones’ (1993), ‘Jazz y días de lluvia’ (2002)… Afinaba muchísimo. Y si no encontraba el título apropiado, se dejaba aconsejar por colegas queridos; a Molina Foix le debe el hallazgo de ‘Teatro de operaciones’ (1967).


Hoy me acuerdo de las participaciones del Moderno en ‘Qué grande es el cine’ —el programa televisivo de Garci—, donde, con porte de senador romano, descodificaba obras maestras del séptimo arte, como ‘Juntos hasta la muerte’ (Walsh), ‘Te querré siempre’ (Rossellini) o ‘Lawrence de Arabia’ (Lean). Pero, sobre todo, recuerdo cuando me recibía en su piso de la calle Alfonso XII; yo lo saludaba de este modo: “¡El novísimo!”, y él me respondía: “¡No, no, ahora ya soy arqueológico!”. Tras las risas, nos fundíamos en un cálido abrazo. Me acuerdo también de nuestros paseos por El Retiro, como cuando me confesó que le parecía deleznable la actitud de ciertos intelectuales que, autodefiniéndose de izquierdas, se enorgullecían de no hacer uso del voto. “Así siempre ganará la derecha”. Me lo decía con aquella voz cavernosa que no dejaba indiferente a nadie.


En la última década nos alejamos. Un día, telefónicamente, me dijo que daba por clausurada nuestra amistad, sin más explicaciones. Desconozco si la causa fue algún malentendido o si su salud (entonces ya maltrecha) tuvo algo que ver en ese distanciamiento, que para mí fue doloroso. En cualquier caso, siempre le estaré agradecido; son muchas las enseñanzas que le debo.


¡Hasta siempre, querido Antonio! De todos mis amigos, tú siempre serás —vital e intelectualmente— el más inconformista. 



(Publicado en El Progreso de Lugo, 18/09/2021)

lunes, 13 de septiembre de 2021

SAFO, LA INSUPERABLE

        Leo en un fragmento de Safo, la primera poetisa del mundo occidental: “No está permitido quejarse en la Casa / de las Servidoras de las Musas; / las quejas no son dignas de nosotras”. La Casa de las Servidoras de las Musas era el nombre de la academia femenina donde Safo instruía, en oratoria, canto, baile, literatura, costura o protocolo, a selectas muchachas de la isla griega de Lesbos. También les enseñaba a confeccionar coronas y colgantes de flores, objetos que en la lírica sáfica adquieren valores simbólicos (léase el poema ‘Dones de la memoria’). Y todas ellas, maestra y discípulas, rendían tributo a Afrodita, la diosa de la belleza, la sensualidad y el amor.

        Así, en aquel contexto de la Antigua Grecia, Safo refinaba a sus pupilas y las convertía en mujeres activas, con voz propia. Como explica la poeta y filóloga clásica Aurora Luque, que tradujo con tino la poesía de Safo, los vínculos entre la maestra y sus discípulas “presentan una gran riqueza de matices”; no solo son vínculos pedagógicos, culturales y religiosos, sino también amistosos y, en algunas ocasiones, hasta eróticos y amorosos, como queda reflejado en su lírica. Atis, Gónguila, Mica, Gurina, Albantis o Iranna son los radiantes nombres de algunas de las musas y amadas de Safo. A ellas les dedicó versos memorables, desde los sabores de la plenitud, la melancolía o los celos, como en este ejemplo: “No es justo, Mica, de tu parte. / Pero a ti yo no voy a renunciar. / Has elegido el amor de las Pentílidas, / niña de mal carácter. / Mas nosotras / ...un dulce canto... / ...de sonido de miel... / ...silbadores vientos... / ...húmeda de rocío...”. Algunas de aquellas muchachas —hoy podríamos llamarles ladies, debido a su refinamiento— terminarían casándose en la ciudad de Sardes, desde donde enviarían cariñosas palabras a sus compañeras y a la maestra, añorando las intensas experiencias vividas en la academia. Por cierto, tan famosa fue Safo en la antigüedad, que el término ‘lesbianismo’ se debe a su lugar de procedencia. Safo de Lesbos.

        Pero Safo no fue solamente una mujer tierna y propensa a enamorarse; de fuerte carácter, se implicó en las luchas contra el dictador Pitaco, lo que le obligó a exiliarse en Sicilia, cuna de la oratoria. Más de un lustro después, volvería a Lesbos y fundaría la prestigiosa Casa de las Servidoras de las Musas.

        Esas convicciones firmes dejan en su poesía un poso de ética que admiró Aristóteles, quien cita en su ‘Retórica’ uno de los más rotundos fragmentos sáficos, explicando que todas las cosas que son nobles deben expresarse con valentía, mientras que las palabras y acciones que nos dan vergüenza son, en el fondo, vergonzosas: “Quiero decirte algo, / pero la vergüenza me lo impide… // Si desearas algo bueno o bello / y no tuvieras nada malo / en la punta de la lengua, / la vergüenza no te haría bajar los ojos / y hablarías con justicia”.

        Safo escribía poesía para ser cantada con el acompañamiento de la lira. Pero de su intensa obra no se conserva casi ningún texto completo, por eso he hablado de “fragmentos”. Lo poco que queda ha llegado a nosotros gracias a las citas de autores tardíos que la admiraban (como el propio Aristóteles, Horacio o Séneca) y a deteriorados papiros. Su obra —nueve libros— estaba compilada en la biblioteca de Alejandría y se utilizaba en la enseñanza, pero el papa Gregorio VII, en 1073, ordenó quemar los manuscritos, al considerarlos obscenos y pecaminosos. El cristianismo medieval, summum de la intolerancia, no podía consentir que una mujer cantase al amor entre iguales… Pero el legado de la “décima musa” —como la denominó Platón— es inmarcesible. Su belleza podría compararse a la de la Venus de Milo: incluso amputada, te estremece, te corta el aliento…

       Tras la apertura moral que trajo consigo el Renacimiento, Safo fue reivindicada por poetas como Petrarca, Ronsard, Lord Byron, Leopardi, Gertrudis Gómez de Avellaneda, Carolina Coronado, Rilke, mi admiradísimo Ezra Pound —quien la consideraba dentro del “meollo” de la poesía, al lado de Catulo o Villón—, Alfonsina Storni, etcétera. En la actualidad, la huella de Safo puede percibirse claramente en Clara Janés o Luis Alberto de Cuenca. Además, hoy Safo es celebrada incluso por un público que no ha profundizado en el ámbito lírico. Su estilo llega porque es directo y, a la vez, delicado: como un beso en la frente. Yo recomendaría las versiones al español de la ya mencionada Aurora Luque (‘Poemas y testimonios’, Acantilado, 2020) y de Pau Sabaté (‘No creo poder tocar el cielo con las manos’, Penguin Random House, 2017). El primer libro reúne la poesía completa conservada de Safo; el segundo es una pequeña antología muy sugerente. El pasado año le descubrí a una veinteañera amiga la obra de la genia griega; y hace unos días, parafraseando el título que Luque puso a un fragmento sáfico, me confesó: “Safo es mi insuperable”. De haber coincidido en tiempo y espacio, esta lady boliviana —extremadamente sensible— hubiera sido una de las aventajadas discípulas de la fundadora de la Casa de las Servidoras de las Musas. No me cabe duda.


(Publicado en El Progreso de Lugo, 13/09/2021)

sábado, 2 de enero de 2021

ENTRANDO EN 2021

2020 fue catastrófico. Pero queda un poco de esperanza si tocas mi alma, en un mundo donde ya nadie se besa ni se abraza.

lunes, 30 de noviembre de 2020

A ESQUERDA

O 25 de novembro cumpríronse catro anos da morte de Fidel Castro. Dende a Bolivia na que vivo, o expresidente Evo Morales rendeu homenaxe ó que considera un dos "homes máis solidarios e de gran humanidade", afirmando que o seu legado é un exemplo de "xustiza social". En España, coincidindo coa morte do arxentino máis famoso, Izquierda Unida louvou deste xeito ó líder cubano: "Ata sempre, comandantes. Sempre Maradona. Sempre Fidel". Máis revelador resulta outro chío que publicara Alberto Garzón (coordinador federal do devandito partido e ministro de Consumo) ó morrer Castro, pois falaba dun "referente das causas dos oprimidos".

As afirmacións de Morales ou Garzón son sesgadas, xa que, por exemplo, na primeira etapa da ditadura castrista os homosexuais foron obxecto dunha teimuda persecución: centos deles acabaron en campos de traballo forzado (baixo a acusación de ser "contrarrevolucionarios"), e outros exiliáronse. "A nosa sociedade non pode dar cabida a esa dexeneración", sentenciou Castro, inchado de testosterona, en 1963.

É xusto valorar os froitos da Revolución Cubana (a aposta pola educación e a sanidade pública), e non deberiamos pasar por alto a corrosiva conspiración de EE.UU. contra a illa. Pero presentar a Castro como un garante da liberdade constitúe todo un paradoxo, pois, alén da devandita homofobia, o Estado comunista cubano, por unha banda, aínda hoxe monopoliza os medios de comunicación, aplicando unha férrea censura; e, por outra banda, ten castigado sistematicamente con penas de cárcere a cidadáns que pensaban dun xeito distinto ó establecido. Algúns deses disidentes foron ademais violentamente represaliados. O punto de inflexión da relación entre a intelectualidade mundial e a ditadura castrista marcouno o encarceramento, en 1971, do poeta, catedrático e xornalista Heberto Padilla. Este incidente provocou que máis de setenta figuras internacionais das letras (Cortázar, Sartre, Fuentes…) firmasen unha carta denunciatoria a Castro.

Se a esquerda denota progreso, un seguidor desta ideoloxía debería opoñerse —dende unha óptica comunista ou socialdemócrata— a calquera expresión totalitaria. O poeta portugués Eugénio de Andrade (homosexual, por certo) dixo nunha entrevista: "A esquerda á que pertenzo rexeitará sempre a iniquidade e todas as formas de represión: terá en conta as novas realidades, non só do home co home, senón tamén do home coas cousas; redistribuirá con man xusta non só os bens da terra, senón tamén as verdades e os poderes. A esquerda á que pertenzo saberá que unha desas verdades é o corpo, que un deses poderes é o desexo. E nunca esquecerá que o home ten dereito ó pracer". Que lonxe están desas palabras algúns abanderados da esquerda actual!

(Publicado en El Progreso de Lugo, Diario de Pontevedra e Galiciaé, 29/11/2020).

sábado, 7 de noviembre de 2020

LA POLARIZACIÓN EN BOLIVIA

Según la filósofa alemana y judía Hannah Arendt, “La política se basa en el hecho de la pluralidad de los hombres”. La esencia de la política sería, por ende, resolver las diferencias mediante el diálogo. Me temo que los dos últimos mandatarios de Bolivia no tuvieron en cuenta la enseñanza de la autora de 'La banalidad del mal'. Amparados en retóricas extremadamente polarizantes, el socialista Evo Morales y la ultraconservadora Jeanine Áñez fomentaron la división entre los bolivianos, olvidando que un gobierno representa a todo un país, no sólo a los votantes de un partido político concreto.


Comencemos hablando de Morales. Indudablemente, durante su mandato, entre 2006 y 2019, el político del MAS (Movimiento al Socialismo) le dio un giro sociocultural al país andino. Morales no sólo invirtió generosamente en programas sociales, reduciendo la pobreza extrema a la mitad, sino que también brindó un reconocimiento sin parangón a los grupos indígenas de Bolivia, oficializando, verbigracia, 34 lenguas vernáculas. En un tuit publicado el 26 de abril de 2019, Morales citaba a Mandela: “Debemos actuar en conjunto, como un pueblo unido, para lograr la reconciliación nacional y la construcción de la nación, para alentar el nacimiento de un nuevo mundo”. Pero, paradójicamente, en los últimos tiempos, el dirigente del MAS no predicó con el ejemplo del expresidente de Sudáfrica; su retórica excluyente (racismo a la inversa) caldeó el ambiente. Morales habló —y lo sigue haciendo— de “blancos sanos de las ciudades” bolivianas, refiriéndose a los políticos de esa etnia que en algún momento se aliaron con los indígenas. ¿Acaso no es una forma de supremacismo considerar enfermos (moralmente) a aquellos blancones andinos que se alejan de los postulados izquierdistas e indigenistas? En fin, durante el último gobierno de Morales, la gente de la ciudad se sintió desplazada: ‘raleada’ —me encanta el término—, como dicen coloquialmente en Cochabamba, donde vivo, o Tarija.
Por otro lado, Morales, durante su mandato, utilizó despectivamente el calificativo ‘derechista’, asociándolo con los maleantes y los fracasados. Pero el discurso de nuestro protagonista tuvo un efecto boomerang: los habitantes de las urbes protagonizaron las movilizaciones acontecidas el año pasado tras el proceso electoral truncado, en el que, según la OEA (Organización de Estados Americanos), hubo una “manipulación dolosa” e “irregularidades graves”. Como es sabido, dichas movilizaciones trajeron consigo la renuncia y el exilio de Morales.
Con respecto a Jeanine Áñez, recordemos que el 12 de noviembre de 2019, dos días después de la renuncia de Morales, la Asamblea Legislativa Plurinacional eligió por sucesión constitucional a esta presidenta interina, con el fin de ‘pacificar’ el país y administrar la transición hacia unas nuevas elecciones. Dije entonces, en un artículo, que Bolivia no se pacificará plenamente si una parte se impone sobre la otra. Pues bien, Áñez, desde el comienzo de su corto mandato, hizo todo lo contrario a apaciguar los ánimos; alentó al odio contra el MAS y, por extensión, contra muchos bolivianos (indígenas, fundamentalmente) que comparten el ideario de ese partido, al margen de que apoyen o no a Morales. ¿No debería una presidenta transitoria procurar la neutralidad política?
En enero, aprovechando el escaparate que le brindaba la presidencia (y extralimitándose, por consiguiente, en sus funciones), Áñez se posicionó como candidata a las elecciones; pero ocho meses después dio un paso atrás al ver que las encuestas la situaban en un triste cuarto lugar. Su justificación deja a las claras la visión disgregadora y elitista que tiene de Bolivia: “Hoy dejo mi candidatura a la presidencia de Bolivia para cuidar la democracia. No es un sacrificio, es un honor, porque lo hago ante el riesgo de que se divida el voto democrático entre varios candidatos y que a consecuencia de esta división el MAS acabe ganando la elección. Lo hago por la unidad de los que amamos la democracia”. Señora Áñez, la democracia está por encima de las ideologías políticas, precisamente porque, gracias a dicho sistema, podemos expresar nuestros pensamientos, nuestras convicciones, y votar a un partido u otro. Le guste o no, el MAS forma parte del tablero político; y usted utilizó su poder para cercenar la pluralidad y saciar sus intereses personales.
Ya con Áñez en el poder, durante los conflictos sociopolíticos del pasado año, en Sacaba (Cochabamba) y Senkata (La Paz), se produjeron episodios de cruenta violencia entre los seguidores del MAS y las fuerzas del orden, cuyas actuaciones represivas ya fueron tildadas entonces de “desproporcionadas” por la ONU, causando 20 muertos. La comisión legislativa que ha investigado esos hechos, acaba de desvelar que las muertes fueron ocasionadas por armas de las fuerzas del orden. Un capítulo negro que involucra al Gobierno interino. Esas actuaciones encierran, a mi modo de ver, un odio enconado a las etnias indígenas (el racismo en Bolivia sigue siendo estructural). No parece casual que, durante la primera de esas fortísimas represiones —la sucedida en Sacaba—, las Fuerzas Armadas y la Policía actuaran amparadas por un decreto presidencial que los eximía de responsabilidades penales.
Cabe resaltar también que el Gobierno de México les otorgó el derecho de asilo a siete dirigentes del MAS que, desde la renuncia de Morales, se encuentran refugiados en la embajada del país nortemaricano ubicada en La Paz. Sin embargo, el Gobierno de Áñez se negó en rotundo a conceder salvoconductos a esas autoridades masistas: una actitud, tristemente, revanchista.
El MAS ganó de forma rotunda —y sin ningún atisbo de fraude— las últimas elecciones de Bolivia. Luis Arce (ministro de Economía durante 12 de los casi 14 años que gobernó el mencionado partido político) tomará posesión de su cargo de presidente el 8 de noviembre. Su mayor reto, además de levantar económicamente a un país vapuleado por los efectos de la pandemia, es, sin duda, tender puentes entre los bolivianos, derribando prejuicios y contemplando la diversidad —Bolivia es muy plural— como una fuente de riqueza. Arce debe tratar de superar los discursos dogmáticos imperantes hasta la fecha, promovidos desde un bando u otro. Pero el MAS no ha comenzado con buen pie su nueva etapa; pese a las protestas de los senadores de otros grupos, el 27 de octubre modificó a su favor el reglamento de la Asamblea Legislativa Plurinacional, eliminando el requisito de los dos tercios para la aprobación de ciertas competencias. Así, los socialistas no necesitarán hacer consenso con las otras fuerzas políticas en once decisiones, incluyendo la ratificación de ascensos militares y policiales. Esa muestra de autoritarismo no transmite confianza, y ha provocado que algunos ciudadanos bloqueen las calles de diferentes ciudades como medida de protesta.
Para lograr la reconciliación nacional, creo que Arce debería distanciarse lo máximo posible de Morales, quien ha anunciado que retornará a Bolivia el 9 de noviembre —se encuentra exiliado en la Argentina—, después de que la justicia de su país haya anulado una orden de aprehensión en su contra por motivos de sedición y terrorismo, la cual había sido interpuesta por el Gobierno de Áñez. El discurso del expresidente —aún hoy radicalmente polarizante y revanchista— no ayuda a que cicatricen las heridas. Buena parte del pueblo boliviano no olvida el personalismo, la borrachera de poder de sus últimos años como mandatario. De hecho, la crisis sociopolítica del país andino surge cuando el entonces presidente boliviano modificó la Constitución para postularse por cuarta vez consecutiva a unos comicios, pasando por alto los resultados del referéndum del 21 de febrero de 2016, cuando un 51,30% de bolivianos rechazó que se tocase la Carta Magna. Parafraseando al Woody Allen de ‘Annie Hall’, Morales es ya un tiburón incapaz de nadar. Pero un tiburón, a fin de cuentas, que en la distancia corta podría devorar a Arce, su delfín. Tengamos en cuenta que Morales, aunque no vaya a cumplir ningún papel en el Gobierno, sigue siendo el presidente del MAS.

(Publicado en El Progreso de Lugo, 06/11/2020)

lunes, 15 de junio de 2020

UN ACTO DE FE

Según Álex Beard, experto en educación, los profesores deberían no sólo dominar su materia, sino también la ciencia del proceso cognitivo, donde la psicología de la motivación ocupa un lugar determinante. Y es que un alumno estimulado no se queda en la superficie; observa todos los matices de un problema, reflexiona e interviene.
Existen muchas dinámicas para motivar a los estudiantes. En mis clases de Expresión Oral y Corporal (materia de la licenciatura de Comunicación y Medios Digitales, que oferta Univalle), suelo proyectar varias secuencias del filme Spiderman: un nuevo universo. Un ejemplo sería aquel momento en que un timorato Miles Morales, mientras explora sus superpoderes, le pregunta a Peter Parker: “¿Cómo sabré cuando estoy listo?”. Y éste último le responde: “No lo sabrás; es un acto de fe”. Pues bien, si llevamos el agua a nuestro molino, interpretaremos ese diálogo de la siguiente manera: todo es posible si sabemos decirlo o hacerlo… y, en el ámbito de la comunicación, ‘decir’ equivale a ‘hacer’.
El pasado año, mediante esas clases motivacionales, muchos de mis alumnos fueron ganando confianza a la hora de hablar en público. Y el miedo escénico fue vencido definitivamente por bastantes muchachos cuando pusieron en práctica determinadas técnicas, como hacer que sus exposiciones giren en torno a tres o cuatro ideas principales y se concentren en ellas.
Otra técnica decisiva sería relativizar la acción; como afirma David Fischman, si observamos una mosca desde un microscopio puede parecernos un monstruo, pero si la vemos en su tamaño natural, la consideraremos un bicho insignificante. Mediante esa justa analogía, el conferencista peruano nos mentaliza de que a una exposición debemos darle sólo la relevancia que merece, ni más ni menos; ¿para qué tomarse tan a pecho 15 minutos de toda una vida?
Tras haber conseguido que los estudiantes adquiriesen templanza en la oratoria, comencé a canalizar el potencial que vi en ellos. Les hice reparar en la importancia del manejo corporal como complemento de la voz, para que, de ese modo, pudiesen expresar sin barreras las ideas y los sentimientos… y, obviamente, para que combatiesen la monotonía y persuadiesen al público.
Beard subraya que, en la psicología de la motivación, es primordial la práctica de la creación de comunidades, “porque el sentimiento de pertenencia es fundamental en el desarrollo emocional”. En ese sentido, para mí fue muy reconfortante direccionar tantos talentos durante los ensayos de un evento sociomusical, El rock: rebeldía y diversión, que se estrenó hace unos meses en Univalle. Bajo la atenta mirada de más de un centenar de asistentes, mis estudiantes desempeñaron con solvencia diferentes roles: cantante, bailarín, presentador, sonidista, trascendiendo el aula en la carrera del conocimiento. Algunas vocalistas entraron incluso en estado de catarsis.
Mis discípulos valoraron la contribución del rock a la ruptura de estereotipos sexuales; recordemos que, en los 60, las chicas aficionadas a este movimiento contracultural comenzaron a lucir habitualmente pantalones (sobre todo, jeans), una prenda que era de dominio masculino.
Realmente, el tratamiento natural de las emociones (y, en consecuencia, la tolerancia a la diversidad) es un elemento indispensable para que los alumnos se liberen de prejuicios o se sientan integrados; y así, la motivación en grupo resulta mucho más factible. Por eso en mi materia también leemos poesía –homo y heterosexual– en voz alta.
[Artículo publicado en Los Tiempos, 11/02/2020]

domingo, 14 de junio de 2020

MI FLACA

En la última clase de Expresión Oral y Corporal, con motivo de la muerte de Pau Donés, les explicaba a mis jovencísimos estudiantes que ‘La flaca’ —como ‘El lado oscuro’— es un blues-rock que puede bailarse a ritmo de chachachá.

Inevitablemente, durante esa clase virtual, regresé al verano del 97. Me vi conversando con un amiguito durante las fiestas patronales de nuestro Santiso natal: escena nocturna en plano medio. “¿Has escuchado la canción del anuncio del disco ‘Carácter latino’?”. “Sí, es buenísima. ¿Quién la canta?”. “No sé, pero creo que se titula ‘La flaca’… Me recuerda a Juan Perro”.


Lo cierto es que —subyugado— tardé pocos días en comprarme el mencionado recopilatorio colectivo, detrás del cual estaba la marca de cigarrillos Ducados; y, en los estertores del verano, adquirí también el entonces único disco del grupo liderado por Pau Donés, Jarabe de Palo, al que daba título precisamente el tema ‘La flaca’. Con sólo 9 años, yo ya era un enfermo de la música, y este arte me condujo a la poesía. Del primer éxito de Jarabe de Palo, diría que me impresionó la ajustada mezcla de sabores: lo coloquial y lo sofisticado, la punzante añoranza y la tórrida sensualidad…

En ‘La flaca’, Pau Donés cantó —metafóricamente— a un “coral negro de La Habana”, con “dos soles” en la cara “que, sin palabras, hablan”. Más de veinte años después, yo sigo buscando a la Flaca. Pero no hablo de una chica en particular, sino de la belleza en todas sus formas: pasión, misterio, aventura, verdad, conocimiento…

Si no me hubiera adentrado en la poesía y en la música a una edad tan temprana, sería alguien distinto, porque, inevitablemente, las artes modelan nuestro carácter. Tal vez ni siquiera hubiera emigrado a Bolivia… Pero las letras, las melodías, las armonías y los ritmos me impulsaron a escoger siempre el camino menos transitado.


[Artículo publicado en El Progreso de Lugo, 12/06/2020]