Duna, Marina, Mariña, Alba, Aida, Nidia, Laura... A veces, me entretengo seleccionando nombres fulgorosos para una hipotética hija.
Un momento de Las vírgenes suicidas (1999), filme de Sofia Coppola.
"Fuimos a ver Duelo en la alta sierra en un preestreno, y cuando terminó, yo fui al baño de señoras y me puse a llorar sin parar, porque el personaje que interpreta Joel McCrea me recordaba mucho a mi padre (...). A mi padre le gustaba citar pasajes de la Biblia, y podía hacerlo. La frase de 'Lo único que quiero es sentirme con derecho a entrar en mi casa' era algo que mi padre decía muy a menudo."
No en pocas ocasiones le vacilé con el asunto de la poesía y el flirteo. Ay, si quisieras, le decía: cada semana estarías con una. Se reía, el cabrón. Y seguía escribiendo, atendiendo entrevistas. Con una normalidad impropia, una transparencia tozuda.
Pepe o Barbas demora su mirada nostálgica sobre el río
que da forma al valle que lo vio nacer: “Cuando yo empecé, éramos unos 15 gancheros
en San Tirso, ¡y ahora sólo quedo yo!”. A
este protagonista de la vida ribereña le encantaría transmitir sus conocimientos,
como Cigarrán hiciera con él, a algún muchacho de su pueblo, para mantener vivo
el oficio: “No tendría ningún problema en enseñar a poner nudos, a montar
aparejos…”. Pero Barbas sabe que en San Tirso “no hay mucha afición a la pesca
del salmón”. Lo cual le resulta triste y, al mismo tiempo, paradójico, pues el pez
teleósteo es el tesoro más preciado del río astur-galaico.