Bitácora de Héctor Acebo, poeta, periodista cultural y doctor en Periodismo

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miércoles, 25 de marzo de 2015

Os heroes de Van Morrison

Van Morrison gravou recentemente (xunto a Michael Bublé) esta enérxica versión de Real Real Gone, homenaxe aos heroes da súa xuventude: 


Polo fermoso rhythm and blues morrisoniano desfilan Sam Cooke, Curtis Mayfield (vía Gene Chandler), Wilson Pickett, James Brown e Solomon Burke. Resúltame especialmente emotivo este momento da nova versión: «Gene Chandler said: "There's a rainbow in my soul"» (Gene Chandler dixo: Hai un arco iris na miña alma). Teño pra min que esa frase tamén podería aplicarse ao propio Van Morrison pola pureza da súa arte, pola súa capacidade pra manterse alleo a tanta pose, a tanto ruído mediático, a tanta hipocrisía... Inmenso Morrison. Coruscante e independente. 

jueves, 23 de octubre de 2014

Van Morrison e Sam Cooke


Sempre se lembra que é áspero coa prensa e coa industria musical. Non escoito con tanta frecuencia que é unha das estrelas máis agradecidas cos seus mestres. Van Morrison, nas poucas entrevistas que concede, aproveita pra reivindicar a aqueles artistas dos que aprendeu, entre outras cousas, que a música pode ser un rito de purificación: Sam Cooke, Ray Charles, Solomon Burke, John Lee Hocker, B.B. King, Jelly Roll Morton… Por suposto, os tributos de Morrison tamén son apreciables nas súas composicións. Por exemplo, o título desta fermosa canción de seu, “Hey, Mr. DJ!”, igual que un dos versos que contén (“…me and my baby”), vén de “Having a party”, emblema de Cooke: 

viernes, 30 de agosto de 2013

Como el amor

Si yo tuviera novia, haría lo posible para mejorar mi inglés y poder así cantarle (sin caer en el sonrojo) esta canción de Van Morrison. Es una balada que oscila entre la suave brisa y el impetuoso vendaval: como el amor. 

sábado, 10 de agosto de 2013

Van Morrison y ella

Le escribí una sentida carta a mano, y me contestó con un sucinto mensaje de texto:

—Feliz Navidad, Héctor. Gracias por el detalle. Qué bien escribes.

Pasaron más de cuatro años, y sigo sin saber si elogió mi letra o mi estilo literario.

No hemos vuelto a vernos. A veces, aún me acuerdo de ella cuando pincho el Moondance, en esas noches mirandesas en que necesito calentar el alma...

—No sé por qué ese disco te recuerda a mí: Van Morrison no me gusta.

sábado, 6 de abril de 2013

Fuerte vendaval


Si algún día me caso, quiero que en la boda un grupo vocal cante a capela —como en el vídeo— "Full Force Gale", el deslumbrante gospel de Van Morrison. Será un magnífico modo de rendir culto a la amada. Dice la letra: "Estaba destinado al fracaso; / entonces alcé la vista y vi que era un aviso del cielo. / Como un fuerte vendaval, / fui elevado de nuevo, / fui elevado de nuevo por el Señor".  

jueves, 3 de enero de 2013

A carta


Escribinlle unha sentida carta a man, e contestoume cunha sucinta mensaxe de texto: 

—Feliz Navidad, H. Gracias por el detalle. Qué bien escribes. 

Pasaron máis de catro anos, e sigo sen saber se eloxiou a miña letra ou o meu estilo literario. Non volvemos vernos. Ás vegadas, aínda me acordo dela cando pincho o Moondance, nesas noites santiseiras en que necesito quentar a i-alma... 

—No sé por qué ese disco te recuerda a mí: Van Morrison no me gusta.



"These Dreams Of You", unha das cancións do disco Moondance (1970), de Morrison. 

sábado, 21 de enero de 2012

Contra el brillo opulento



Me hubiera encantado escribir, en la dulzura de una tarde norteña, esta hermosa canción. Es un elogio de lo pequeño, del recogimiento, de la claridad... Absténgase de escuchar la pieza aquéllos que gustan del brillo opulento, aquéllos que disfrutan del circo mediático.

viernes, 30 de septiembre de 2011

Una voz incomparable



"Tenía una voz incomparable. Sam Cooke podía cantar cualquier cosa y hacer que funcionara. Pero si se trata de hablar de su fortaleza como cantante, lo relevante no es el registro. Lo relevante era su capacidad de ofrecer resultados, su fraseo, su manera de cantar en su totalidad", dijo Van Morrison.

¡Mágico, tierno, arañante, vibrante, sugerente..., Sam Cooke!

viernes, 23 de septiembre de 2011

Van Morrison y sus ensoñaciones

Sólo por haber grabado dos joyas, Astral Weeks (1968) y Moondance (1970), tengo para mí que Van Morrison siempre estará por encima del 90% de sus compañeros de generación. ¿Por qué? Porque dinamitó el canon de la música contemporánea, fundiendo el jazz, el blues, el soul, el rock, el pop y la poesía. Porque detuvo las ensoñaciones más fulgorosas, las visiones más extáticas... Hay notables músicos de oficio (Springsteen, Morrissey...) y magos que acarician o rasgan el instrumento, que sueltan esquirlas de emoción... Morrison, cómo no, está en la segunda categoría. En lo alto. Rozando la eternidad.


"And It Stoned Me", una de las mejores canciones de Moondance. Aquí el León de Belfast recuerda un salvífico pasaje de la infancia.


"Astral Weeks", del álbum homónimo de Morrison.

martes, 12 de julio de 2011

Sueños de leyenda



Mucho me gusta escuchar esta canción a la vera del norteño río de Miranda. Mientras otros gastan su preciado tiempo propagando insidia, el huraño Van Morrison, con sus contagiosos fraseos y sus salvíficos ritos, siempre consigue que uno repose marinado en sueños de leyenda, en nostalgias fulgorosas...

martes, 5 de julio de 2011

Otra canción de Morrison para mi musa

Para que la baile la musa de la mirada entre desvaída y penetrante:



Uno pretende, en cierto modo, que sus musas se asemejen a las mejores actrices: a aquellas sensitivas mujeres que, sin descuidar la composición de sus personajes (fantásticos, dramáticos, humorísticos…), inspiran constantemente al creador. En "Camas de hierba", uno, para expresar su hastío, su melancolía infinita, sus salvíficas ensoñaciones, sus soledades, sus relaciones con el sexo opuesto…, se apoyó en la belleza hipnótica de la mirada de Alba. ¡Ay, si hubierais divisado aquella mirada entre desvaída y penetrante! Cuando conversábamos, esta muchacha a veces parecía ausente, pero, en un repente, sus ojos –grandes, fijos, profundos– me exploraban, me increpaban, del mismo modo que un niño, en su deseo de regresar al hogar, adopta el silencio como una reacción, como una súplica… Tengo para mí que algunas noches los ojos de Alba eran como “dos nostálgicas panteras”, parafraseando a Antonio Colinas. ¡Ojalá volvieran tiempos idos!

sábado, 4 de junio de 2011

Otro rito de Van Morrison



Van Morrison. Gruñidos melancólicos. Resentimientos contra los valores del triunfo. Excitantes rituales de purificación. Belfast.

viernes, 31 de diciembre de 2010

Llega la noche...



¡Ah, el estallido incontrolable de Morrison en It's too late to stop now, admirable fusión –y confusión– de géneros (no se puede hablar como tal de rock, de blues, de soul o de gospel, sino de MÚSICA)! Una versión muy parecida de la canción del vídeo está incluida en el citado álbum. A uno le gusta escucharla para cerrar el año, para demostrar a las altas esferas que no todos actuamos al dictado de las modas y de la fama.

Here comes the night! La noche, los sueños, el viaje...

domingo, 25 de abril de 2010

La frontera

«And it stoned me» es el sugestivo tema que abre Moondance (1970), el segundo disco en solitario de Van Morrison. El cantante irlandés cuenta que a la hora de componer esta canción se inspiró en una experiencia de su infancia: «Creo que tenía sobre doce años. Solíamos ir a un sitio llamado Ballystockart a pescar. Parábamos en el pueblo cuando íbamos de camino a este lugar e iba a una pequeña casa de piedra, y había un hombre viejo, y le preguntamos si tenía agua. Nos dio agua que dijo era del arroyo. Bebimos un poco y todo pareció pararse. El tiempo parecía estar parado. Durante cinco minutos todo estuvo tranquilo y yo estaba como en otra dimensión. Eso es de lo que trata la canción».

Morrison -que venía de fraguar una obra tan experimental como Astral weeks, 1968- se valió de una clásica formación soul (dos vientos y una sección de ritmos) para transformar los temas de Moondance en ensoñaciones lúcidas, directas (no elementales) y extáticas. Su voz, un tanto mascullada, se deslizaba -cual lancha- con tanta soltura como congoja: «Oh, the water!»… y el avisado público entraba en otra dimensión.

Me gusta pensar que descubrí «And it stoned me» en las últimas horas de mi infancia: las cosas -decía Valle-Inclán- no son como son, sino como las recordamos. Las sensaciones que me sigue produciendo aquel tema se asemejan mucho a las declaraciones del propio cantante. También yo, en aquellas legendarias tardes dominicales, solía ir de pesca con mi padre a un arroyo (a la sazón, zona de recreo de la raposa o de la comadreja). Es la mía una tierra fronteriza regada por el Eo y por las leyendas de los ancianos labriegos. De aquel escenario de mi niñez sólo permanece el agua y el eco (aún me gusta cantar y que mi voz se pierda entre las inmensas montañas). ¡Qué difícil resulta ahora pescar en medio de tanta maleza! La mano del hombre, ocupada en menesteres muy materiales, ha descuidado tanto sus veredas, su intrahistoria, que a este paso terminará por desaparecer (ojalá me equivoque) la toponimia, el alimento de tantos viajes imaginarios y reales. Rego do Lobo (Arroyo del Lobo, traduzco directamente del gallego): así se llama el rincón mítico que he traído hoy a estas páginas… y que recuerdo siempre al escuchar la citada canción de Morrison.

Resulta triste comprobar cómo a algunos habitantes de mi fronteriza comarca, Eo-Navia (Asturias), les da vergüenza hablar en público la lengua que mamaron. Uno no es menos suizo o menos austriaco por hablar en alemán. Nuestro idioma natural es (como en los orientales pueblos lucenses y en las comarcas limítrofes de León -hasta Ponferrada- y Zamora -hasta Padornelo-) el gallego, concretamente su dialecto oriental, cuya marca del plural es -is: aviois (aviones). De este asunto escribió con mucha sabiduría el filólogo y poeta Dámaso Alonso: «Baste hoy decir que la afirmación ya antigua de que el gallego llega, dentro de Asturias, hasta el río Navia, es justísima, si bien, como es sabido, algunos fenómenos típicamente asturianos penetran al Oeste de esa línea. Esas hablas de entre el Navia y el Eo, fundamentalmente gallegas, pero con algunos rasgos asturianos, las designo con el nombre de gallego-asturiano» (1945).

En efecto, nuestra situación lingüística es, como estudiamos en el Bachiller, el resultado de la colonización romana y de la evolución de los primitivos dialectos romances surgidos de la fragmentación del latín. Cada una de estas lenguas que configuran nuestro mapa lingüístico tiene su propia historia, mas la convivencia durante siglos ha permitido ciertas coincidencias y elementos comunes. (Ningún filólogo de fuste obvia que las tierras fronterizas son riquísimas en tradiciones y en cultura, pues permanecen abiertas a cualquier transfusión). Huelga decir que no ha habido ningún tipo de galleguización del Navia-Eo: es tan autóctono el gallego de este territorio (habitado a la llegada de los romanos por tribus galaicas) como el bable en el resto de Asturias (a partir de la orilla derecha del río Navia). Dejen, vecinos míos, de confundir la política con la lengua: los idiomas son un patrimonio de la humanidad, no de la Administración. Lo diré, por enésima vez, con orgullo: Yo soy asturiano y mi lengua materna es -por su fonética, por su morfología y por su sintaxis- la gallega. El que escucha, descubre; quien es escuchado, se descubre a sí mismo. Hai corvos no carballo?



Por HÉCTOR ACEBO (Diario de Ávila, 25/04/2010)

viernes, 18 de septiembre de 2009

93.- «And it stoned me» (Van Morrison)



«And it stoned me» es el tema que abre el LP Moondance (1970) de Van Morrison. El cantante irlandés cuenta que a la hora de componer esta canción se inspiró en una experiencia de su infancia: «Creo que tenía sobre doce años. Solíamos ir a un sitio llamado Ballystockart a pescar. Parábamos en el pueblo cuando íbamos de camino a este lugar e iba a una pequeña casa de piedra, y había un hombre viejo, y le preguntamos si tenía agua. Nos dio agua que dijo era del arroyo. Bebimos un poco y todo pareció pararse. El tiempo parecía estar parado. Durante cinco minutos todo estuvo tranquilo y yo estaba como en otra dimensión. Eso es de lo que trata la canción.» Uh, the water!

miércoles, 2 de septiembre de 2009

91.- «Help me» (Sonny Boy Williamson)


La versión que hizo Morrison de este tema en It's too late to stop now (y también en A night in San Francisco) es colosal.

martes, 25 de noviembre de 2008

¡Homérico!



Por HÉCTOR ACEBO (La Huella Digital, 25/11/08)
La gama de su voz, poderosamente dramática (y… ¡uf!, tengo que pensar el segundo calificativo: si lo encuentro, os lo digo al final) en la interpretación, pasa del rugido al susurro, del gemido al rezo, del mutis al llanto perturbador, con pasmosa naturalidad… Cualquiera de los mortales que en alguna ocasión haya escrito algo sobre la música de Van Morrison (Belfast, Irlanda, 1943) no tiene perdón. Desorientamos al lector (yo el primero, así que no me voy a extender demasiado), porque, extasiados, siempre se nos escapa alguna palabra en nuestro intento de ordenar una expresión que regurgita infinitud de sentimientos y sensaciones.

En efecto, la belleza de su ópera prima, Astral weeks –que acaba de cumplir cuarenta años (quién lo diría, pues no ha envejecido, sino que parece rejuvenecerse), motivo por el cual el León de Belfast ofreció los días 7 y 8 de este mes en Los Ángeles dos conciertos conmemorativos, que incluirá en un álbum recordatorio– es totalmente inclasificable. Muchos críticos han escrito al respecto algo así como: Las ensoñaciones folk de Morrison son interpretadas soberanamente por un quinteto de jazz. Vamos a ver, los créditos de Astral weeks confirman esa afirmación, pero, ¿qué pasa con la bravura soul de su maestro Ray Charles, con la poesía romántica (me da lástima que este adjetivo haya degenerado tanto con el paso del tiempo) de Yeats o con el singular travestismo de “Madame George”? Y es que la prodigiosa garganta de Van, the Man es capaz de aglutinar a la humanidad entera en menos de 50 minutos.

Harto de tantos manuales que aplastan, a menudo, el sentimiento (hoy sabemos que Astral weeks se grabó en apenas 24 horas y que el León de Belfast nunca dijo a sus músicos, según cuenta Richard Davis –el superdotado bajista del quinteto–, qué quería que hicieran: de ahí que optasen por derramar, en la línea del cantante, sus sentimientos a borbotones), el curso pasado di a conocer a una de mis (poquísimas) compañeras melómanas –o curiosas en cualquier sentido vital, más allá del Tuenti, el botellón y Los 40 Principales: ya no pido tanto– la época grandiosa de Van Morrison. Hablo de Them (el grupo salvaje de ryhthm and blues que lideró el irlandés a mediados de los 60), de la celebración de la vida que es Moondance (1970), del homenaje a los soulmen del otro lado del charco (Saint Dominic’s Preview, 1972), del estallido incontrolable de It’s too late to stop now (uno de los mejores álbumes en directo de la música contemporánea, admirable fusión –y confusión– de géneros, 1974) y, por supuesto, de Astral weeks (1968). “Tiene una voz un tanto aguda, aunque su registro es sobrenatural, como si la rabia y el amor se diesen la mano…”, musitó mi compañera. Se diría que estaba aventurándose “en el torbellino (…) para nacer otra vez”. Esa es la clave que nos da “Astral weeks”, la canción que abre el disco homónimo de un veinteañero, más que enamorado, místico. ¿Se le puede pedir algo más al arte?

Perdonad, en fin, esta pérdida de tiempo. O condenadme, qué más da: el intentar comprender a personajes homéricos como Van Morrison, que hacen de lo complicado algo sencillo cuando expresan –lejos de cualquier frontera cultural– nuestros sentimientos más profundos, nos salva (a veces) de caer en la desidia de este país tan aficionado a los estereotipos.

(…sexy: que tomen nota las demás chicas. Yo, una vez más, he vuelto a nacer).