Bitácora de Héctor Acebo, poeta, periodista cultural y doctor en Periodismo

Bitácora de Héctor Acebo, poeta, periodista cultural y doctor en Periodismo.
-Correo: acebobello@gmail.com
-Instagram: @hectoracebo
-Twitter: @HectorAcebo
Mostrando entradas con la etiqueta Lenguas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Lenguas. Mostrar todas las entradas

lunes, 5 de octubre de 2015

Santiago acogerá mañana el recital multilingüe de un poema de Claudio Rodríguez Fer

Mañana Santiago de Compostela acogerá un recital colectivo de A cabeleira (Poema en 35 idiomas), de Claudio Rodríguez Fer, obra políglota ilustrada con un dibujo y con un caligrama de Carmen Blanco en cubierta y con varios dibujos de Sara Lamas en el interior. El acto tendrá lugar, a partir de las 8 de la tarde, en la Fundación Granell (Praza do Toural) y contará con la participación del propio autor. 
Claudio Rodríguez Fer, en el río Miño.

El poema de Rodríguez Fer, reputado literato lucense, se ofrece en veintidós lenguas procedentes de Europa (gallego, portugués, asturiano, vasco, castellano, catalán, occitano, francés, italiano, inglés, alemán, danés, neerlandés, finés, griego, gaélico irlandés, gaélico escocés, galés, bretón, ruso, polaco, checo), seis de Asia (armenio, hebreo, árabe, chinés, japonés, hindi), tres de África (swahili, yoruba, wolof), dos de América (quechua, guaraní) y una de Oceanía (rapanui), así como en el internacional esperanto. Las versiones son debidas a poetas, profesores y traductores de los cinco continentes de la Tierra. 
A cabeleira (Poema en 35 idiomas) se presentó por primera vez el pasado 12 de junio en la Librería Ghato Negro de Lugo con un recital multilingüe que contó con la poeta Olga Novo, traductora de la versión castellana, y un internacional conjunto de personas relacionadas con la literatura y la enseñanza de idiomas, de las cuales las escritoras María Lopo y Cris Fiaño repetirán mañana en Santiago. El próximo 30 de octubre la obra se presentará en Manhattan, concretamente en el Hunter College de la City University of New York (donde ejerció y disertó el propio Rodríguez Fer desde los años noventa), con un recital todavía más políglota, facilitado por el multiculturalismo de la ciudad. 
La portada de A cabeleira, obra de Claudio Rodríguez Fer ilustrada con un dibujo de Carmen Blanco.
Éste es el programa del acto de mañana en Santiago, que se desarrollará en diecisiete idiomas:

Varsoviana para Granell:

  • por Claudio Rodríguez Fer, escritor y director de la Cátedra de Poesía y Estética José Ángel Valente de la Universidad de Santiago de Compostela,
  • y Carmen Blanco, escritora y profesora de Literatura Gallega de la Universidad de Santiago de Compostela.

Lectura políglota de “A cabeleira” en 17 idiomas:

  • En gallego, por el propio autor del poema.
  • En portugués, Vivian Torres de Mello Rangel, licenciada en Literatura Brasileira por la Universidad del Estado de Río de Janeiro y máster en Literatura Comparada por la Universidad de Santiago de Compostela (Traducción de Claudia Murici).
  • En castellano, Cris Fiaño, escritora, diseñadora gráfica y directora de la revista cultural Evohé de la Universidad de Santiago de Compostela (Traducción de Olga Novo).
  • En catalán y occitano, María Mercè López Casas, profesora de Lengua y Literatura Catalanas en la Universidad de Santiago de Compostela (Traducción de Marta Pessarrodona y Eric Fraj, respectivamente).
  • En francés, María Lopo, ensayista, investigadora, profesora de Francés y doctora en Literatura Francesa por la Universidad de la Alta Bretaña (Traducción de ella misma).
  • En italiano, Annachiara Pavesi, comparatista de la Universidad de Trento e investigadora en la Cátedra Valente (Traducción de Ana Rosso).
  • En rumano, Adina Ioana Vladu, filóloga, traductora y doctora por la Universidad de Bucarest (Traducción de Ion Deaconescu).
  • En inglés, Natalia Fernández Segarra, directora de la Fundación Granell e hija de Eugenio Granell y Amparo Segarra (Traducción de Diana Conchado).
  • En alemán, Rosa Marta Gómez Pato, profesora de Literatura Alemana en la Universidad de Santiago de Compostela (Traducción de Regina Goerger).
  • En griego, Margarita Olivar Roldán, profesora de griego en el Instituto de Ames (Traducción de Theodora Grigoriadou).
  • En ruso, polaco y checo, Katerina Vlasakova, licenciada en Enseñanza de Francés y Checo por la Universidad Carolina de Praga y directora del Centro de Lenguas Modernas de la Universidad de Santiago de Compostela (Traducción de Serguey Stepanov, Marlena Zinma y ella misma, respectivamente). 
  • En chino, Zhao Bing, alumna de Filología de la Universidad de Heilongjiang y de la Universidad de Santiago de Compostela (Traducción de Zhou Wei).
  • En japonés, Noriko Fukushima, hispanista licenciada por la Universidad Seisen de Tokyo y máster en Edición por la Universidad de Santiago de Compostela (Traducción de Asaka Takekazu). 
  • En esperanto, Xosé Lourenzo Vidal, docente y presidente de la Asociación Gallega de Esperanto (Traducción de Diana Conchado). 
El poema "A cabeleira", de Claudio Rodríguez Fer, en caligrama de Carmen Blanco.

viernes, 31 de octubre de 2014

O galego oriental

O programa "Ben falado!" (TVG) emitiu esta pequena e acertada reportaxe sobre o galego que falamos no Eo-Navia: 


O galego —coas súas variantes— ten a encantadora harmonía da i-auga dun rego.

viernes, 16 de mayo de 2014

Lenguas melódicas

Estoy incorporando en mi tesis doctoral a Juan Luis Vives, lúcido retórico del s. XVI, quien escribió: "algunas lenguas son más coloridas que otras, así como la griega es más amorosa que la latina". Concuerdo con Vives. También podría decirse que, en comparanza con el castellano (tan solemne), el portugués, el gallego, el catalán o el francés son idiomas con enormes potencialidades líricas (y, sin duda, musicales), pues se hablan con entonación melódica.

sábado, 7 de septiembre de 2013

Su mundo

Aprendí a hablar la lengua vernácula de una chica amada. Nos entendíamos perfectamente en castellano, pero sentí la necesidad de explorar todo su mundo. 


El cumpleaños, de Marc Chagall. 

viernes, 4 de febrero de 2011

José Mediante, la flor del tojo

Quizás mejor que decirlo fuera cantarlo. Se llamaba José Antonio Mediante Pereiro, y en nuestro Santiso nativo (donde ejercía de zapatero) todos lo conocían por su primer apellido, Mediante, pero para mí siempre fue (y será) José. Como mis padres y mis abuelos trabajaban, él y Elisa –su mujer, su bienamada Lisa– me cuidaron cuando yo era un chiquillo. En su zapatería, José (quien, al igual que Lisa, no tenía hijos) me enseñó a caminar, de lo cual se vanagloriaba. Sí, oyéndole contar el relato de mis primeros pasos, cualquiera diría que hubiese obrado un milagro. Y lo cierto es que a muchos de nuestros vecinos les parecía milagroso que un tipo borracho y malhablado se volviese, en un repente, manso, vulnerable y tierno frente a una criatura desconocida.

Nacido en la aldea de A Antigua, José tampoco fue comprendido por su labriega familia, ni siquiera en sus últimos días: los tipos pintorescos y de extraños perfiles, ya se sabe, van siendo cada vez menos en esta sociedad lela y ridículamente uniforme. Si bien es cierto que blasfemaba tanto o más que los otros hombres del pueblo, la mirada de José era vivaz y limpísima, y, si le decías una frase amiga, la luz de la mañana parecía posarse en sus mejillas. A pesar de sus querencias viajeras, José era, fundamentalmente, una persona hogareña: uno podía verlo cada noche en su sofá, tapado con el cobertor (así llamaba él siempre a la manta) y leyendo el Marca o El Progreso de Lugo. Además, sólo bebía en las cantinas. Imagino que el ambiente machista de un pueblo alejado de las ciudades (Lugo, Avilés, Gijón, Oviedo…) acabó por conferirle un aspecto espartano, que en realidad cumplía las funciones de una coraza, de un disfraz. José era, en fin, como la amarilla flor que, en nuestros montes, brota de una planta tan espinosa como el tojo: difícil de asir y de estimar. ¡El tojo, que atraviesa guantes y todo tipo de telas, y, al mismo tiempo, enciende, en las friísimas anochecidas invernales, los ojos del caminante sensible!

Yo era un niño pelirrojo, travieso, observador y extremadamente fantástico. Pasaba las horas tirado en el suelo, en apariencia para jugar con los cochecitos, pero en realidad mi fin no debía de ser otro que atisbar los elevados y coruscantes muslos de las muchachas, sus finísimas braguitas de seda… Fue José quien me salvó de la monotonía, atizando mis ensoñaciones viajeras y mi gusto por lo desconocido. Así, cuando lo acompañaba a su exigua huerta, allí donde dicen A Redondela, él me subía a su carretilla y me regalaba un viaje por el vasto campo, que yo tenía por nuestro reino. Sí, se diría que desembocábamos en otro pueblo y en otro tiempo más lento aún que el que gastábamos los santiseiros. En A Redondela, donde el silencio todo lo envolvía, a uno le faltaban ojos para retratar cuantos animales desfilaban al percatarse de nuestra presencia. Recuerdo cómo el aire se colmaba de blancura acariciando mi cara, la única parte de mi cuerpo que sobresalía dentro de aquella carretilla. Nunca un regalo como éste, creo yo, le fue hecho a un niño.

El gallego fue, durante muchos siglos, hablado pero no escrito: de ahí que este idioma se caracterice, todavía hoy, por una sintaxis variable y viva, así como por una natural predisposición para que el hablante y el escritor inventen –o renueven– vocablos. Como demostrara Dámaso Alonso, en la comarca del Eo hablamos, asturianos y gallegos, la variante oriental de la lengua de Rosalía de Castro, cuya marca del plural es –is (verbigracia: pantalóis en vez de pantalóns). Esto viene a cuento porque José se desenvolvía notablemente con el solemne castellano, mas tengo para mí que el gallego alcanzaba, en su boca, considerables cotas expresivas. Tanto es así que, por aquel entonces, mis mayores dudas tenían que ver con la lengua, con la traducción: ¿Sería posible que una palabra tan musical, tan renqueante, como zoqueiro (el artesano de las zocas o madreñas) tuviera su equivalente en otros idiomas? ¿Conservaría toda su oscuridad y angostura el cabozo o cabazo (el típico hórreo gallego, cuya forma es rectangular) si un dulzón francés lo llamase de otro modo? ¡Ay, si oyerais la grave voz con que José hablándome ya cantaba!

Volviendo de A Redondela, la aromada frescura subía de los pastos, y algunos vecinos nos miraban con apatía. Pero José les hacía la higa, y, al llegar a la altura de la iglesia parroquial, cuando se alzaba el viento de la atardecida y nos encontrábamos con la dócil Lisa, me preguntaba con aquella voz de fresca madera:

–¿Verdad que lo pasaste bien, nené? ¿Verdad que tu abuelo Paco nunca te dio un paseo, como yo, en la carretilla?

José falleció a causa de la cirrosis en el verano de 2005, justo antes de que yo emigrase a Madrid para estudiar Periodismo, una carrera de su gusto (¡qué fiesta hubiera montado al saber que uno trabajaría, años más tarde, en la redacción de El Progreso!). En los días previos a su recaída final, yo, que ya andaba con las faldas de la poesía, le dediqué una elegía. Evidentemente, eran versos sufridísimos y oscuros, pues reflejaban el derrumbamiento de los cimientos de un mundo mágico y protector:

Ven, que te daré un vaso
con lágrimas y sangre,
y cocinaré un guiso
con mi hígado para curarte
.

No llegué a mostrarle a José aquellos versos, y aún hoy prefiero no releer el poema completo, que ocupa casi dos páginas: una obra tan triste no podría hacer justicia al hombre que amó a una criatura desconocida sin pedirle nada a cambio, sin tener nada que ganar… Os digo que ni siquiera me pidió nunca un beso, y es una lástima: cuando se agachaba, mucho me gustaba despeinarle el tupido pelo, que, más que grisáceo, era de una tonalidad parda: como la cola de los gatos que merodeaban por nuestro reino, A Redondela.

¡Cuántas enseñanzas le debo a José Mediante, un hombre agreste pero sentimental, que siguió gustosamente su camino, sin importarle lo que pensase la inmensa mayoría! Como al tojo, quizás mejor que decirlo fuera cantarlo.

La Huella Digital, 5/2/2011

domingo, 25 de abril de 2010

La frontera

«And it stoned me» es el sugestivo tema que abre Moondance (1970), el segundo disco en solitario de Van Morrison. El cantante irlandés cuenta que a la hora de componer esta canción se inspiró en una experiencia de su infancia: «Creo que tenía sobre doce años. Solíamos ir a un sitio llamado Ballystockart a pescar. Parábamos en el pueblo cuando íbamos de camino a este lugar e iba a una pequeña casa de piedra, y había un hombre viejo, y le preguntamos si tenía agua. Nos dio agua que dijo era del arroyo. Bebimos un poco y todo pareció pararse. El tiempo parecía estar parado. Durante cinco minutos todo estuvo tranquilo y yo estaba como en otra dimensión. Eso es de lo que trata la canción».

Morrison -que venía de fraguar una obra tan experimental como Astral weeks, 1968- se valió de una clásica formación soul (dos vientos y una sección de ritmos) para transformar los temas de Moondance en ensoñaciones lúcidas, directas (no elementales) y extáticas. Su voz, un tanto mascullada, se deslizaba -cual lancha- con tanta soltura como congoja: «Oh, the water!»… y el avisado público entraba en otra dimensión.

Me gusta pensar que descubrí «And it stoned me» en las últimas horas de mi infancia: las cosas -decía Valle-Inclán- no son como son, sino como las recordamos. Las sensaciones que me sigue produciendo aquel tema se asemejan mucho a las declaraciones del propio cantante. También yo, en aquellas legendarias tardes dominicales, solía ir de pesca con mi padre a un arroyo (a la sazón, zona de recreo de la raposa o de la comadreja). Es la mía una tierra fronteriza regada por el Eo y por las leyendas de los ancianos labriegos. De aquel escenario de mi niñez sólo permanece el agua y el eco (aún me gusta cantar y que mi voz se pierda entre las inmensas montañas). ¡Qué difícil resulta ahora pescar en medio de tanta maleza! La mano del hombre, ocupada en menesteres muy materiales, ha descuidado tanto sus veredas, su intrahistoria, que a este paso terminará por desaparecer (ojalá me equivoque) la toponimia, el alimento de tantos viajes imaginarios y reales. Rego do Lobo (Arroyo del Lobo, traduzco directamente del gallego): así se llama el rincón mítico que he traído hoy a estas páginas… y que recuerdo siempre al escuchar la citada canción de Morrison.

Resulta triste comprobar cómo a algunos habitantes de mi fronteriza comarca, Eo-Navia (Asturias), les da vergüenza hablar en público la lengua que mamaron. Uno no es menos suizo o menos austriaco por hablar en alemán. Nuestro idioma natural es (como en los orientales pueblos lucenses y en las comarcas limítrofes de León -hasta Ponferrada- y Zamora -hasta Padornelo-) el gallego, concretamente su dialecto oriental, cuya marca del plural es -is: aviois (aviones). De este asunto escribió con mucha sabiduría el filólogo y poeta Dámaso Alonso: «Baste hoy decir que la afirmación ya antigua de que el gallego llega, dentro de Asturias, hasta el río Navia, es justísima, si bien, como es sabido, algunos fenómenos típicamente asturianos penetran al Oeste de esa línea. Esas hablas de entre el Navia y el Eo, fundamentalmente gallegas, pero con algunos rasgos asturianos, las designo con el nombre de gallego-asturiano» (1945).

En efecto, nuestra situación lingüística es, como estudiamos en el Bachiller, el resultado de la colonización romana y de la evolución de los primitivos dialectos romances surgidos de la fragmentación del latín. Cada una de estas lenguas que configuran nuestro mapa lingüístico tiene su propia historia, mas la convivencia durante siglos ha permitido ciertas coincidencias y elementos comunes. (Ningún filólogo de fuste obvia que las tierras fronterizas son riquísimas en tradiciones y en cultura, pues permanecen abiertas a cualquier transfusión). Huelga decir que no ha habido ningún tipo de galleguización del Navia-Eo: es tan autóctono el gallego de este territorio (habitado a la llegada de los romanos por tribus galaicas) como el bable en el resto de Asturias (a partir de la orilla derecha del río Navia). Dejen, vecinos míos, de confundir la política con la lengua: los idiomas son un patrimonio de la humanidad, no de la Administración. Lo diré, por enésima vez, con orgullo: Yo soy asturiano y mi lengua materna es -por su fonética, por su morfología y por su sintaxis- la gallega. El que escucha, descubre; quien es escuchado, se descubre a sí mismo. Hai corvos no carballo?



Por HÉCTOR ACEBO (Diario de Ávila, 25/04/2010)