Bitácora de Héctor Acebo, poeta, periodista cultural y doctor en Periodismo

Bitácora de Héctor Acebo, poeta, periodista cultural y doctor en Periodismo.
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miércoles, 1 de abril de 2009

70 años después... (I)

"Muero tranquilo y orgulloso..."

Hijos y nietos de 'rojos' fusilados responden a las cartas que escribieron antes de morir

Por NATALIA JUNQUERA (El País, 28/03/2009)


En sus últimos instantes, pendientes sólo ya de escuchar a los asesinos cargar sus fusiles, decenas de hombres se agarraron a la vida, a los que les sobrevivirían, con un papel y un lápiz. "Queridos hijos, estoy viviendo las últimas horas de mi vida y pienso en la vuestra", escribió Germán Paredes; "Abel, hijo mío, cuando escribo estos renglones delante de tu foto...", se despedía Ricardo Zabalza. Con serenidad desarmante manifestaron sus últimos deseos -"No le des a mi nena un padre que sea malo"- e incluso se acordaron de lo de menos -"Te mando el monedero con seis pesetas"-. Sus esposas no pudieron ir a recoger sus cuerpos, escribir su nombre en una lápida o en muchos casos, y durante mucho tiempo, recordarles en voz alta. Pero guardaron como un tesoro aquellas cartas, que llegado el momento, leyeron a los hijos y después a los nietos. Aquellos últimos mensajes defendieron el hueco dejado por sus dueños y alimentaron durante años su recuerdo. Hasta hoy.
Los mensajes se leerán en la tapia donde fueron ejecutados
Hoy se cumplen 70 años de la entrada de las tropas de Franco en Madrid
Si no comulgaban antes, no les dejaban escribir su despedida
Antes de matarla, le dijeron que habían fusilado a sus hijos. Era mentira
En el 70 aniversario de la entrada de las tropas franquistas en Madrid, los destinatarios de aquellas cartas y los que las heredaron llevarán su respuesta a la tapia del cementerio donde sus padres y abuelos fueron ejecutados, La Almudena.
"Recuerdo como si fuera ahora mismo la última vez que te vi en la cárcel, sentado sobre tus rodillas, jugando con la cadena de tu llavero, que al final me diste", escribe hoy Pepe Carrizo, de 78 años, a su padre. Entonces tenía ocho y aquel día no sabía que estaba en una prisión. Pensaba que había ido a ver a su padre, el alcalde socialista de El Escorial Vicente Carrizo, a un castillo, porque ese era el lugar donde estaban datadas todas las cartas que le había enviado desde que dejó de verlo en casa.
"Queridos hijos Pepe, Felisín y Vicentín. Estoy en un castillo muy precioso. Por la noche pasean las princesitas por el patio. Cuando duermo se aparece mamá Pilar vestida de hada con el pelo suelto y muy guapa. Me cuenta todo lo que hacéis. Cuando sois buenos y aplicados me pongo muy contento. Cuando la hacéis rabiar, lloro mucho", escribía Carrizo, ya condenado a muerte. Pepe tenía 8 años, Felisín, 7 y Vicentín era un bebé de meses.
"Las he leído mil veces. Para mí son algo sagrado", explica Pepe. "Los niños no saben lo que es la cárcel, ni la muerte. Yo me fui enterando de lo que había pasado poco a poco, escuchando conversaciones en voz baja. Entrábamos en un sitio y alguien decía 'pobres niños'... Venían a casa, a hacer registros y se lo llevaban todo. Un falangista quiso darme un día aceite de ricino. Yo pensaba que aquella gente quería que nos muriésemos. Poco a poco fui comprendiendo", recuerda Pepe. "Mis padres se iban a ir a México, lo tenían todo preparado, pero en el último momento, mi madre le dijo: '¿Pero por qué nos vamos a ir si tú no has hecho nada?' Y él le dijo: 'Pues tienes razón'. Y nos quedamos". Vicente Carrizo fue fusilado el 17 de noviembre de 1939.
Isabel Huelgas no escribió carta de despedida porque el día antes de ejecutarla le aseguraron que no tenía a quién enviárselas. "Dos mujeres de la prisión cometieron la crueldad de decirle que sus dos hijos, también presos, habían sido fusilados. Isabel murió aquel día, aunque al día siguiente la ejecutaran", relata Teófila Herreruela, de 89 años, su nuera. Se casó con Antonio, uno de los hijos de Isabel Huelgas, seis años después de que aquellas dos mujeres le mintieran diciéndole que había muerto. Joaquín, su otro hijo, tampoco había sido fusilado. Murió en libertad aunque por una enfermedad contraída en prisión. 70 años después, Teófila ha ayudado a sus hijos, los nietos de Isabel, a escribirle una carta a aquella mujer que no conocieron aclarándole lo sucedido.
En capilla, esperando a ser ejecutados, los condenados todavía tenían que someterse a una última condición: para poder escribir a su familia debían comulgar antes. Sin comunión, no había carta. Probablemente porque se negó, Tomás Montero no pudo escribir la suya, aunque se las apañó para esconder una pequeña nota, un papel doblado en cuatro, en las rendijas de los muros de la cárcel, confiando en que otros presos que conocían el escondrijo la recuperaran y, cosida en el forro de la ropa que se llevaban para lavar las visitas, llegara finalmente a su destino. Y llegó. A Tomás Montero apenas le dio tiempo de escribir: "Adiós para siempre, que tengáis suerte todos, adiós".
Su mujer nunca reunió las fuerzas para contarle a su nieto la historia. "Cuando murió ella, encontré la carta y dos fotos de él en su armario. Y empecé a investigar", explica Tomás Montero. "Me llamo así por él, como muchos nietos de fusilados". Le ha escrito dos cartas a su abuelo. La primera arranca: "Dios murió antes de que yo naciera...".
"Este año, y sabiendo la esperanza de vida de quienes padecen la escasez de todo menos de ideales, cumplirías 100 años (...) hace más de cuatro años que rescatamos vuestros nombres de un listado casi perdido y los enganchamos al viento (así se llamaba la calle donde vivías en el pueblo) para lanzarlos al mundo entero y escribir vuestra noble historia arrebatada... Hoy puedo decirte que buscándote, me conozco más...".
También cumpliría 100 años el abuelo de Eva Bes, Felipe Sánchez. Tomás y Eva, coordinadores de Memoria y Libertad, son los promotores de este homenaje. Juntos han ayudado a muchos nietos a saber más de los autores de aquellas cartas-tesoro que habían heredado. Como Ana Elisa, que después de leer las últimas palabras de Germán Paredes -"Muero tranquilo y orgulloso de morir por lo que muero"- y desde Perú, comenzó a buscarle. O como Norma, que le escribe a su abuelo, Federico Pérez Díaz: "Eras un rostro joven en una foto antigua y el recuerdo impreciso de algunas cosas que mi padre contaba...".
Dicen que no les ha resultado extraño escribirles. No son cartas tristes. Maribel utiliza la suya para hablarle a su abuelo, Esteban Castelló, de su madre, Concepción: "No la llegaste a conocer, pero yo puedo hablarte de ella. Es una mujer noble y justa". Josué Lillo, para tratar de reconfortar a su padre, Pedro: "Siempre recordaré que unos días antes de asesinarte, cogiéndome en brazos, me dijiste: 'Hijo, lleva con orgullo mis apellidos porque yo no he hecho daño ni mal a nadie"; y Abel para confesarle a su padre, Ricardo Zabalza, que no se hizo maestro como le había aconsejado, sino ingeniero.
La despedida de los ejecutados y la contestación de sus familias 70 años después
- "Queridos hijos: estoy en un castillo precioso...". En prisión, condenado a muerte, Vicente Carrizo escribió a sus hijos, de ocho, siete y menos de un año, cartas como ésta: "Estoy en un castillo precioso (...) Cuando duermo se aparece mamá Pilar vestida de hada con el pelo suelto y me cuenta todo lo que hacéis...". 70 años después, Pepe (en la imagen con su padre, en un carrito) le responde: "He procurado que todos mis actos te hubieran hecho haber estado orgulloso de mí. Tú fuiste el último alcalde de la República [del Real Sitio de El Escorial, Madrid]. Yo concejal de la recién instaurada democracia".
- Sus hijos seguían vivos. Isabel Huelgas terminó sus días en la misma prisión donde había trabajado como funcionaria durante la República, Ventas. Fue ejecutada el 31 de julio de 1939 a los 62 años. La víspera, le dijeron que sus dos hijos habían sido fusilados. Su nuera y sus nietos le han escrito una carta aclarándole la mentira.
- "Dios murió antes de que yo naciera". Tomás Montero no pudo escribir una última carta, pero se las apañó para esconder en las rendijas de los muros de la prisión una pequeña nota en la que aprisionó su último pensamiento: "Adiós para siempre, que tengáis suerte todos, adiós". Su nieto, que se llama como él, le responde ahora: "Dios murió antes de que yo naciera...".
- "Me quedan dos horas escasas. ¡Adiós, hijos míos!". Estas líneas pertenecen a la última carta que Germán Paredes escribió antes de ser fusilado en Madrid, el 3 de julio de 1941. En ella le pedía a sus hijos: "Estudiar mucho y me honraréis con vuestra vida como yo os honré con mi muerte (...) muero tranquilo y orgulloso de morir por lo que muero". Sus nietos y sobrinos la leyeron muchos años después en Perú, país donde la familia se refugió de Franco y quisieron averiguar todo cuanto pudieran del autor de aquella carta serena y valiente. Hoy participan en un homenaje a Germán Paredes, respondiendo a su última carta: "Tu hija, mi tía Tilita, no habla mucho de aquellos días...", escribe su sobrina Ana Elisa. "Tu nieto, mi hermano, lleva tu nombre", le contesta su nieta Cecilia. "Hace unos meses me leyeron esa carta tan hermosa y tierna de despedida que nos dejaste horas antes de morir (...) Las vueltas que da la vida... ahora el nieto de un republicano es presidente del Gobierno...".

El instituto de Vegadeo celebrará mañana una jornada de escuela y sociedad

San Tirso de Abres,
Héctor ACEBO

El Grupo de Portadores de la Tradición Oral de San Tirso de Abres celebrará mañana, jueves, una jornada de convivencia con los alumnos del Instituto Elisa y Luis Villamil de Vegadeo. En el encuentro, los santirseños llevarán a cabo una representación de sus oficios tradicionales desde las 11 hasta las 14 horas.

El acto, organizado por la asociación cultural «San Tirso del Eo», se enmarca dentro de las III Jornadas de escuela y sociedad del instituto veigueño. El presidente del colectivo santirseño, Ángel Prieto Souto, considera que el conocimiento popular debe expandirse «para que las nuevas generaciones sean conscientes de dónde vienen y de lo mucho que se sacrificaron sus abuelos en tiempos de penuria: de esta forma, construiremos un futuro más justo».

El portavoz del colectivo explica que, a su juicio, «una formación adecuada debe combinar las nuevas tecnologías con la intrahistoria, que siempre servirá de fondo a la vida cambiante». San Tirso del Eo organiza diferentes actividades encaminadas a recuperar y transmitir la cultura del noroeste peninsular.

(La Nueva España -edición de Occidente-, 01/04/2009)

viernes, 27 de marzo de 2009

Honor de los vencidos

Luis Antonio de Villena (gran poeta, novelista, ensayista, columnista y crítico literario) suele colgar en su web los artículos más logrados, personales o representativos (no todos; si no, la página sería extensísima) que tratan su obra. Autores tan reconocidos como Fernando Savater, J. M. Caballero Bonald, Felipe Benítez Reyes, Víctor García de la Concha, Luis García Montero o Antonio Colinas desfilan por este apartado de la web de Villena.
¡Albricias! El autor de La prosa del mundo también ha colgado (gracias, Luis) mi artículo "Villena, un suicida que ama la vida" (publicado en su día en la revista La Huella Digital) en su web. Para leerlo de manera directa, pulse aquí. Si prefiere ver mi artículo ordenado alfabéticamente, junto al de otros autores, pulse aquí. (Esta sección de la página de Villena consta de dos partes. Primera: Trabajos ordenados cronológicamente de más a menos reciente. Segunda: Referencias a artículos ordenados alfabéticamente. Precisamente en la segunda parte, OTROS ARTÍCULOS SOBRE EL AUTOR Y SU OBRA. Por orden alfabético, figura mi artículo: -Acebo, Héctor. "Villena, un suicida que ama la vida". La Huella Digital, 06/03/09.)

sábado, 14 de marzo de 2009

Conoce a… Valentí Morató, de Los Negativos: “Sólo utilizamos los iconos de la cultura pop para expresar sentimientos”


Han vuelto Los Negativos, el grupo más sesentero y culturalista de los ochenta. En pleno siglo XXI, se identifican con el título de su nuevo disco, Dandies entre basura, que acaba de editar Bittersweet Recordings. Echan de menos a Brian Jones, es cierto, pero suenan bastante más frescos y coloridos que muchos conjuntos del pop actual patrio. He hablado con Valentí Morató, el sempiterno batería de la banda mod barcelonesa.

Pregunta. Dandies entre basura se grabó entre 1986 y 2008, según rezan los créditos del libreto. ¿A qué se debe un intermedio tan prolongado?
Respuesta. Nuestro productor habitual, Enrique Lindo, solía grabar temas sueltos o jams cuando volvíamos de los bolos; mientras remasterizábamos el Piknik caleidoscópico [el primer álbum de Los Negativos, de 1986, reeditado por Mushroom Pillow en LP el año pasado], nos hizo escuchar el master… y aquellas grabaciones –que recordábamos como neblinosas– resultaron estar llenas de luz. Tomando esas grabaciones como punto de partida, incluimos algunas aportaciones nuevas. Así es como nació el Dandies.

P. Sin embargo, ¡el sonido no presenta altibajos!
R. Esa ha sido, sin duda, la parte más difícil. Nos planteamos el disco como un collage sonoro: los sonidos de una canción pasaban a otra, y cualquier añadido nos servía para redondear el concepto del álbum.

P. Precisamente le iba a decir que, a pesar de la variedad de registros cultivados en el disco, he percibido una especie de hilo conductor…
R. El hilo conductor ha sido precisamente el collage, estando presente no sólo en la parte sonora, sino también en la gráfica (desde el mandala-pop de la portada a cada página del libreto). Toda esa basura que nos rodea representa tanto lo positivo como lo negativo.

P. Y da la impresión de que, a veces, el presente se confunde con el pasado…
R. El disco pretende ser una imitación de la vida en su vertiente cotidiana y POPular.

P. ¿Cualquier tiempo pasado –como los 80– fue mejor?
R. Sonará raro en un grupo como Los Negativos, pero no somos nada nostálgicos…

P. ¿Grupo de culto? ¿Clásico? ¿O del presente?
R. ¿Pueden ser las tres cosas?

P. Claro que sí. ¿Cómo ve nuestro panorama musical?
R. El nivel técnico ha mejorado, por suerte, mucho. Las ideas dependen de cada caso en concreto…

P. ¿Y qué me dice de los hits actuales que atiborran las emisoras?
R. Que adolecen, por lo general, de producciones muy similares.

P. A pesar de que muchos de los chavales de mi generación (yo nací en el 87) ni siquiera han oído hablar de la elegantísima Catherine Deneuve o del cine de autor de la Nouvelle vague, ¿llegarán fácilmente a ellos? ¿Con qué público se encontrarán?
R. Nosotros hacemos un esfuerzo para descubrir la música que amamos, y no pedimos mucho más de lo que damos. De todos modos, sólo utilizamos esos iconos de la cultura pop (que en muchos casos son sustituibles por los iconos personales de cada oyente) para expresar sentimientos.

P. Hay, bajo mi punto de vista (o de mi oído, mejor dicho), un par de temas muy emocionantes que justifican por sí mismos la grabación del disco: “Parque portugués” y “La buhardilla del Lirón”…
R. En ambos casos se prescindió de la batería para crear ritmos aleatorios con sonidos, gotas de agua, cucharillas de café, el teclado de una maquina de escribir, etcétera. La idea no era otra que acentuar, en la parte final del disco, esa sensación de ensoñamiento e irrealidad.

P. En los 80 experimentaron con instrumentos impropios del pop estatal, como el clavicordio. Y ahora, cuando muchos artistas viven de las rentas y exprimen la misma fórmula de siempre, ustedes sientan un precedente con ese mágico ukelele…
R. No nos gustan las fórmulas. Y el ukelele, además, nos parece la máxima expresión de la modestia y sencillez.

P. También noto, en comparación con sus canciones editadas en los 80, un mayor trabajo de las letras…
R. Creo que siempre nos hemos preocupado por ofrecer buenas historias que se complementen con la música. Aquí también.

Los Negativos actuarán este mes en A Estrada (A Coruña) –día 20–, Valencia –sala Wah-Wah, día 27– y Pedreguer (Alicante) –día 28–, y el 3 de abril estarán en La Casa del Loco de Zaragoza, entre los bolos ya confirmados.

Por HÉCTOR ACEBO (La Huella Digital, 14/03/09)

viernes, 6 de marzo de 2009

Villena, un suicida que ama la vida


“¡Tú eres más joven que cualquier universitario de mi pandilla!”. Se lo dije a mi amigo el poeta Luis Antonio de Villena (Madrid, 1951) en una ocasión nocturna. Recuerdo que él, después de haber bebido un trago, se río y me dijo: “Bueno, querido, yo ya tengo una edad…”. Sin embargo, en los asuntos literarios, para mí un joven es alguien que no deja de cuestionarse todo lo que le rodea, incluso sus propias ideas o convicciones. Eso es precisamente en lo que ahonda más que nunca Villena: háganse con La prosa del mundo (Visor), cuya segunda edición (que incluye no pocos poemas inéditos) acaba de publicarse.

Estamos ante un libro hondo, sabio, ameno, coral, compuesto por poemas en prosa que dan voz a personajes de todas las raleas y tendencias: parados, adolescentes, archiviejos (el “Cementerio de elefantes”, que reivindica la eutanasia como un derecho de todo ser humano, es bellísimo), padres de familia, indigentes, homosexuales… A mí me emociona, sobre todo, el Villena acaso más realista (evidentemente, a lo largo del poemario hay mucha ficción, como suele ser habitual en todas sus obras): ese humanista que, vencido por las circunstancias históricas (“Familia”, “Pilar”…), recupera la memoria como un refugio honorable y justo: la mejor manera de oponerse a esos gobernantes que propagan el olvido. ¿Olvidar qué? ¿Que venimos del fascismo? ¿Para volver a cometer errores tan vergonzosos? ¿Para absolver a los culpables? ¡Ni en broma, señores! Estos sentidos versos de La prosa del mundo están dedicados a la figura materna:

(…) No has conocido otra derrota que el tiempo, tan común. Yo dudo (y siempre dudé) de cualquier victoria. No valgo. Soy menesteroso, donde tú abundante. Soy noche, donde tú alba. Gato donde águila tú. Mis palacios son ocaso, los tuyos eran fulgor de cabalgadas en coraje. No llegaré a tu orilla. Desvalido, no sé ayudarte. Roca mía, ola gigante, raíz de alegría. No te alarme saber que sólo poseo cuando me es ofrecido. Amo el fulgor. Y me da miedo alcanzarlo. Miedo es mi voz. Vuelo la tuya. No aguantaré tanto. Saber caer quizá valga (de otro modo) tu temple, tu amor, tu valentía. Saber caer: ya sé, no lo has oído.


“Poeta cursi”, “proyecto de dandy”, “obsceno”, “demasiado clasicista”… Vapuleado por aquellos que se enfrentan a un poema con las gafas de una tesis doctoral o de un bestseller (de poco sirve la cultura si no va unida al sentimiento), Villena es una de las pocas voces de su generación (la de los Novísimos) que ha sabido reinventarse en cada libro, buscando nuevas formas, recursos y matices en su empeño por imbricar (alejado siempre de lo políticamente correcto, como buen creador) el lenguaje de la calle (no hay más que pensar en ese hito de la poesía neosocial que fue Marginados, 1993) con el propiamente poético: dos roturas lingüísticas que renuevan los significados para acabar dibujando un cuerpo (quizá adolescente, rubio trigueño, desnudo…):

Sería tan hermoso tu irrumpir en mi vida…
Una mezcla muy dulce de fuerza y de ternura.
Esas palabras bruscas que dices a menudo
(muermo, lefa, de bute, toña)
para hablarme luego de mí, pausadamente,
o contarme tus lances de estudio y deporte…


Estos versos tan representativos y embriagadores están extraídos de Huir del Invierno (Premio de la Crítica 1981). Villena leyó precisamente otro poema precioso (“El verano”) de ese libro en el recital que ofreció el pasado 24 de febrero en la Residencia de Estudiantes. El poeta (presentado por su colega Luis Muñoz, quien se refirió también a la unidad que engarza toda la obra de Villena, a pesar del cultivo de tantos registros diversos) estuvo, como siempre, ágil y armonioso. Al principio de cada poema (recitó catorce en total, entre ellos tres de La prosa del mundo) hizo una breve introducción para que el público se colase en su particular universo. Villena dijo, a propósito, que leer su poesía siempre le produce “mucha vergüenza”, porque eso significa, en cierta manera, “hacer un striptease”: he aquí otra razón por la que el poeta (circundados de anillos sus dedos, como esas damas extrañas que tanto aprecia) acostumbra a alargar los comentarios. Ni rastro, en cualquier caso, de pedantería. “No es que yo sepa mucho: es que usted no sabe nada”, cuenta, entre las risas de los presentes (muy atentos todos; el aforo estaba prácticamente lleno), que le espetó a más de un iluminado.

Vivir sin hacer nada

Villena me dijo en otra suerte de cita nocturna que él iba para profesor; sin embargo, al terminar la carrera (Filología Románica), se topó con un porvenir literario (no casualmente: su primer libro, Sublime solarium, lo publicó con 19 añitos) y periodístico jugosísimo al que dedicó todo su tiempo. Indirectamente, al término del recital en la Residencia de Estudiantes reflexionó acerca del tema: “Cuando yo era un universitario, muchos de mis compañeros se dedicaban únicamente a memorizar apuntes: ¡y sacaban, así, matrículas de honor! Hablo de una época (los 70) que ya considerábamos mala, pero desde entonces todo el mundo dice que el ambiente universitario es muchísimo peor... Claro, muchos de esos alumnos horribles habrán sido catedráticos, y serán catedráticos espantosos, porque no tenían ningún conocimiento de su tema: sólo memoria. La Universidad, en fin, es un lugar para gente interesada en el saber, no en la titulitis”. (Tomen nota algunos de mis aburridísimos docentes). ¡Qué estupendo profesor hemos perdido! Pero, ¡qué placer se desprende de la lectura de tantos himnos deliciosos, excitantes, veraniegos, impuros… (¿sigo?)! Mejor, entonces, que se haya dedicado a “vivir sin hacer nada” y a “cuidar de lo que no importa”, como apunta en “Un arte de vida”, de Hymnica (1979):

Dejar de amanecida tan fantásticos lechos,
y olerte las manos mientras buscas taxi, gozando
en la memoria, porque hablan de vellos y delicias
y escondidos lugares, y perfumes sin nombre,
dulces como los cuerpos. ¡Qué frío amanecer entonces,
qué triste es, qué bello! Las sábanas te acogerán
después, un tanto yermas, y esperarás el sueño.


Un poeta libertino y refinadísimo que no admite etiqueta alguna (como tampoco admite un sí o un no su forma de entender el mundo y de escribir: siempre hay que profundizar en los motivos y en las sensaciones que conforman la intrahistoria, pese a quien le pese), pues en él se condensan (y vamos a decirlo de una forma clara) los mejores valores de la poesía clásica y contemporánea. Ética y estética. Sensualidad y sexualidad. Cantos y cuentos. Cavafis y Gil de Biedma. “Suicidas que aman la vida tanto que no deben suicidarse”. ¿Alguien da más?

Y yo, tras haber besado a Villena, salí de la Residencia de Estudiantes oliéndome las manos…

Por HÉCTOR ACEBO (La Huella Digital, 06/03/09)

viernes, 27 de febrero de 2009

Dos poemas de LUIS ANTONIO DE VILLENA

Luis Antonio de Villena (Madrid, 1951):

UN ARTE DE VIDA
Vivir sin hacer nada. Cuidar lo que no importa,
tu corbata de tarde, la carta que le escribes
a un amigo, la opinión sobre un lienzo, que dirás
en la charla, pero que no tendrás el torpe gusto
de pretender escrita. Beber, que es un placer efímero.
Amar el sol y desear veranos, y el invierno
lentísimo que invita a la nostalgia (¿de dónde
esa nostalgia?). Salir todas las noches, arreglarte
el foulard con cariño esmerado ante el espejo,
embriagarte en belleza cuanto puedas, perseguir
y anhelar jóvenes cuerpos, llanuras prodigiosas,
todo el mundo que cabe en tantas euritmia.
Dejar de amanecida tan fantásticos lechos,
y olerte las manos mientras buscas taxi, gozando
en la memoria, porque hablan de vellos y delicias
y escondidos lugares, y perfumes sin nombre,
dulces como los cuerpos. ¡Qué frío amanecer entonces,
qué triste es, qué bello! Las sábanas te acogerán
después, un tanto yermas, y esperarás el sueño.
Del día que vendrá no sabes nada. (No consultas
oráculos.) Te quemarán hastíos y emociones,
tertulias y bellezas, las rosas de un banquete
suntuario, y las viejas callejas, donde se siente
todo, en el verano, como un aroma intenso.
Vivir sin hacer nada. Cuidar lo que no importa.
Y si todo va mal, si al final todo es duro,
como Verlaine, saber ser el rey de un palacio de invierno.

(De Hymnica, 1979)

***

SALAI
Sería tan hermoso tu irrumpir en mi vida…
Una mezcla muy dulce de fuerza y de ternura.
Esas palabras bruscas que dices a menudo
("muermo", "lefa", "de bute", "toña")
para hablarme luego de mí, pausadamente,
o contarme tus lances de estudio y deporte…
Podría alguna vez exagerar contigo,
y en íntimos momentos, cuando tu pelo baila
y tu cintura en la caliente sábana, decirte:
"No pareces real, y te brillan los ojos como una joya
antigua. Y tú me callarías, sonriente, en la penumbra.
No entiendes, a veces, por qué hago o digo algunas
cosas. Y lo que leo, otras, te parece tedioso...
Y yo tampoco sé por qué te gusta fingirte duro,
a ratos, tosco (que no lo eres) y hacer chanzas
obscenas con amigas, en noches imposibles...
Ocasiones te encuentro enfrascado en los libros,
y me dices que lees Las hazañas de Arturo y de sus
nobles pares
. Eres una mezcla de rubíes y lodo,
de pasión y dulzura, y te amo sobre todo en esos
días claros, calurosos, en que tu cuerpo brilla como
un regalo soberbio junto al agua, y a tu andar
tienen sed los que bañan y mis ojos te tejen azoras
sin saberlo...
Joven rey en un país de muertos,
que vendrás a salvar, rudo y bello, mi vida.

(De Huir del invierno, 1981)

martes, 17 de febrero de 2009

Tan frágil que podrías romperlo


El pasado 4 de febrero, durante el concierto que Nacho Vegas (Gijón, 1974) ofreció en la sala Joy (llenazo absoluto), me alegré de no ser un fan de ninguna celebridad humana (y eso que admiro a unas cuantas). Los que seguimos a Vegas desde tiempos remotos (bueno, no quiero exagerar: al menos desde antes de que hubiese saltado a la palestra con El tiempo de las cerezas, el disco que hizo a medias con Bunbury en 2006) solemos asistir a la escucha de historias (y me refiero, más allá del gusto por la narración, al sentido sistémico, porque juntar palabras rimadas puede hacerlo cualquier hijo de vecino: así vamos) sobre tipos atormentados con un silencio sepulcral. Un silencio que en la lírica (donde estamos obligados a rellenar tantos vacíos), como apuntara José Ángel Valente, debe escucharse antes que las palabras. Sin embargo, en la sala madrileña, no pocos novatos en asuntos poéticos ofrecían coreografías absurdas («¡La de Katy Jurado!», no paraba de gritar un grupillo con los brazos en alto, refiriéndose a «La pena y la nada», una de las más aburridas composiciones del asturiano) que impedían concentrarse en el placer del texto. Miedo me da el morbo de esas chicas que gritan «¡tío bueno!» y saltan al escenario antes de los bises a abrazar a su ídolo más decadente. Miedo me da el heavy de turno (a mi lado había uno) que se queja («¡Esto no es un karaoke!»)… cuando, paradójicamente, a él se le escucha en la primera fila tanto como al propio cantante. Miedo me da, en suma, que semejante griterío pueda romper a ese chaval (algunos le dicen caballero) tímido y enjuto que extrae virtud de la duda… Y eso, ¡ay!, no se paga con achuchones ni euros.

Todo comenzó un cuarto de hora más tarde de lo previsto (a las 21:15 h.) con «La plaza de la Soledá». Un cuarteto eléctrico conducido por ese obrero del folk-rock que es Xel Pereda, quien tuvo algún problemilla con la afinación y el volumen de su guitarra a lo largo del concierto, sonó desde el primer momento punzante, crepuscular…, sin necesidad de utilizar ningún tipo de procedimiento onanista. Por su parte, Nacho (guitarra en mano) se dedicó a estrujar las palabras y a medrar en los coros (ese registro agudo tan característico), resultando, como viene siendo habitual, menos afectado que en algunas grabaciones. Si bien es cierto que hubo momentos de todos sus LP’s en solitario, el cantautor se concentró en su actual Manifiesto desastre (Limbo Starr, 2008). Así, llegó «Dry Martini, S. A.»… y, a pesar del maldito bullicio, no pude ocultar mi estado de excitación. Es ésta una canción larga (sin embargo, no resulta nada pesada: hay mucho colorido en la parte vocal y en el piano de Abraham Boba) con la que nos sentiremos identificados todos aquellos seres solitarios que vivimos sólo a ratos en un mundo dominado por la podredumbre sentimental. Hay quien ha hablado de ida de olla para referirse al mentado sexo anal (S. A.), cuando yo veo ahí la metáfora perfecta del deseo brutal hacia una deliciosa persona que tal vez sólo existe en nuestra cabeza. Un juego que terminará, para nuestro daño, siendo real.


A mí es ese Nacho sarcástico («…y me pregunto si esto será lo más profundo que te voy a conocer jamás», dice refiriéndose a la práctica anal) el que más me atrae últimamente. Como el de «Lole y Bolan (un amor teórico)», otra canción del último disco en clave glam que, desgraciadamente, no interpretó. O como el de «Secretos y mentiras» (de El tiempo de las cerezas), en donde escupe un verso tallado a imagen y semejanza de tantos fans alienados: «Por favor, decídame la eternidad». También me gusta (volviendo al último disco) el Nacho sureño y pegadizo de «Crujidos» (magnífico, por cierto, el cajón flamenco de Manu Molina): «Es jodido, ya lo sé, pero no es dramático»: ¡qué mensaje neorrealista! Por el contrario, me resultan pesadas algunas canciones como «Mondúber» o «El tercer día». E incluso «Morir o matar», que es un tema bien narrado, con mayor altura que los dos anteriores, pero tal vez demasiado predicado en el cancionero del asturiano… El equilibrio se encuentra, bajo mi punto de vista, en «Detener el tiempo», que define la obra de Dylan, acaso el mejor parapeto contra la tormenta.

Sirvan, en fin, estos apuntes para constatar que la evolución del asturiano desde aquellos prometedores Actos inexplicables (2001) es de Perogrullo. Y en la mejor línea actual que he comentado (economía verbal, concisión, tensión, ironía, estribillos llamativos y punzantes…, sin perder la capacidad de contar cantando) debe seguir ahondando en sus próximos proyectos Vegas. El hombre que obra milagros cuando nosotros le entregamos el silencio.













Por HÉCTOR ACEBO (La Huella Digital, 16/02/09)
Fotos: Daniel Carretero (heineken.es)

viernes, 13 de febrero de 2009

La Guarida del Lobo


Por HÉCTOR ACEBO (La Huella Digital, 13/02/09)

¡Matar a Hitler: salvar al pueblo alemán (y al mundo) de un prolongado genocidio! Si el atentado llevado a cabo por el coronel Stauffenberg (un nazi arrepentido encarnado por Tom Cruise en Valkiria, 2008, de Bryan Singer) en 1944 contra el dictador por antonomasia hubiese fructificado, estaríamos hablando de un cambio inevitable en el curso de la Historia (¿el fin anticipado de la Segunda Guerra Mundial?) que no debe obviar la gran pantalla, generosa divulgadora de conocimientos. Claro que, según afirma Carlos Boyero (crítico de cine y televisión de El País), el suspense de Valkiria (éste es el nombre, por cierto, del complot) es «absurdo», porque «Hitler sobrevivió». No comparto esa teoría. Es más: no consigo imaginar qué sería de mi educación sentimental sin haber degustado decenas de películas maravillosas basadas en hechos reales (¡tantos westerns salvíficos!) cuyo final ya sabía de antemano. Unas películas en donde importa la representación tanto como el propio acontecimiento. Y a mí me parece que el gran acierto de Singer se encuentra precisamente en el empleo de ese clásico montaje nervioso (vivo reflejo del estado de ánimo que vivía el mundo durante la Segunda Guerra Mundial) que permite sostener con decencia, durante 120 minutos, una verdad histórica que es de dominio público.

Y tal vez por eso Singer obvia un análisis concienzudo del momento, dando por hecho que el espectador es consciente de las vejaciones que padecieron los judíos o de la lucha antinazi que promovieron algunos obreros. De todas formas, hay bastante fidelidad histórica en la recreación del atentado fallido: la asfixiante sala de reuniones del búnker de Hitler (llamada la Guarida del Lobo, nunca mejor dicho), el punto de mala suerte (y el agobio) en la preparación chapucera del explosivo (un Stauffenberg mutilado es interrumpido en la praxis por los enemigos de su propio barco: de ahí que finalmente sólo pudiese emplear la mitad del explosivo)… Lástima que el director estadounidense haya intentado lavar cualquier mancha histórica (ejemplo: la muerte real, omitida en el filme, de cuatro personas en el atentado fallido contra Hitler) que ensucie la efigie del héroe (¿o la del todopoderoso actor y productor Cruise?)…

¿Cuál es el principal fallo de Valkiria? Que resulta, cuando intentamos adentrarnos en la historia, un tanto plana. Y es que Singer explora muy poco (poquísimo, diría yo) la psicología de los héroes. Así, en el caso de Stauffenberg (todo el filme gira en torno a él) las escenas familiares (que en estos casos siempre son un aliado a la hora de conocer tanto los motivos del protagonista como las causas que lo mueven a actuar) chirrían, parecen metidas con calzador, casi por obligación… ¿También dará por hecho el director que la gente del común está al tanto de las contradicciones del coronel manco? Como yo me he documentado un poquito, les contaré que Stauffenberg se formó en el Estado Mayor… ¡y fue tutelado por Stefan George, un poeta homosexual que emigró, avergonzado, a Suiza tras comprobar como los nazis apelaban, para justificar tantas barbaridades, al mundo clásico que él idealizaba en sus poemas!

Resulta imposible ocultar con algún eslogan hollywoodense («El pueblo sabrá que anteponemos nuestros principios al beneficio personal», repite uno de los colegas de Stauffenberg en Valkiria) tantas lagunas. De todas formas, escenas tan acongojantes como la final, con un moribundo Tom Cruise tendido en el suelo (el rostro níveo en medio de tanta penumbra, la boca abierta, tras haber gritado «¡Viva la sagrada Alemania!»…), hablan por sí mismas… Y eso, estimado Boyero, a mí me produce mucho calor o mucho frío (según se mire: ¿de qué color es la impotencia?). Sin la necesidad de separar (ahora) la técnica del sentimiento. Como tiene que ser.

Rajoy resucita la teoría conspirativa para tapar la red de corrupción

Comparto cada una de las líneas y de las comas de este editorial que El País publicó ayer acerca de la teoría conspirativa que ha resucitado (bueno, en realidad... ¿tiene otra estrategia política?) el PP para tapar la red de corrupción:

Rajoy pierde el norte

El PP no puede buscar fuera las culpas y causas de los escándalos originados en su interior

El País, 12/02/2009

El Partido Popular no ha podido resistir el embate de los dos graves casos que afectan a su organización, principalmente en Madrid, y ponen en entredicho la autoridad y el temple como dirigente de su presidente y jefe de la oposición en el Congreso de los Diputados, Mariano Rajoy. La reacción ante la avalancha de ceses y dimisiones en relación con los escándalos cruzados que sufre el PP ha sido una cascada incontrolada de adjetivos: armado de ellos compareció ayer Rajoy, tras la reunión del Comité Ejecutivo Nacional, y ardió Troya.

Obsceno e inaceptable consideró que el juez Garzón y el ministro de Justicia compartieran el pasado domingo una jornada cinegética, hecho que en su opinión debería obligar al instructor a abandonar la investigación. Anunció también que desde ese mismo instante rompía relaciones con el Ministerio de Justicia mientras su titular fuera Bermejo, y que solicitaría una comparecencia parlamentaria del fiscal general para pedirle explicaciones sobre el trato desigual dispensado a los partidos afectados por casos de corrupción.

"No hay una trama del PP, sino una trama contra el PP", dijo para resumir. No es del todo falso: es gente del PP contra el PP. De una parte, fueron miembros de ese partido quienes grabaron conversaciones comprometedoras y denunciaron los hechos que investiga Garzón; y de otra, como dijo el líder popular en el País Vasco, Antonio Basagoiti, mientras algunos afiliados arriesgan su vida por serlo, otros intentan aprovechar su militancia para hacer negocios. Es hacia el interior de su partido donde debe mirar Rajoy, y no hacia quienes desde fuera investigan o piden explicaciones.

Aunque al principio, fiel a su estilo, Rajoy reaccionó con parsimonia a las noticias indicadoras de la profundidad de la trama, ayer perdió los papeles y decidió salir personalmente a marcar la posición, en unos términos que podrían corresponder a un desahogo personal, pero lamentablemente van mucho más lejos y no dejarán de tener consecuencias -malas-, sobre todo para los propios populares. Los hechos no admiten bromas ni malas excusas: ahí están esas prácticas corruptas de ediles del PP que en absoluto pueden quedar dispensadas porque también las haya en otros partidos. Y ahí está también la sensación de impunidad con que esas prácticas se han extendido en los territorios en que el PP tiene mayoría absoluta. Hablar de filtraciones o conspiraciones entre la Fiscalía General del Estado y un juez de la Audiencia Nacional suena a excusas de mal pagador.

Rajoy no va adquirir más credibilidad como líder del partido con mayor número de afiliados de España gracias a sus adjetivos indignados. Tampoco su partido, necesitado de una urgente y drástica limpieza interna: no basta una investigación para exculpar a los dirigentes, como en otras ocasiones, sino que debe romper con la confusión entre intereses públicos y privados enquistada en su seno. La opinión pública no reacciona tanto contra la corrupción como contra la pasividad de los dirigentes a la hora de hacerle frente.