Bitácora de Héctor Acebo, poeta, periodista cultural y doctor en Periodismo

Bitácora de Héctor Acebo, poeta, periodista cultural y doctor en Periodismo.
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miércoles, 4 de noviembre de 2015

Con José María Plaza, amigo y colega

Mi amistad con Jose María Plaza, reciente pero sólida, dimana de la poesía. Y del periodismo cultural. Y de las sesiones de cine (francés, sobre todo). Y de Madrid. Y de la pasión por el universo femenino...






En la instantánea de arriba aparezco junto al propio Plaza, fotógrafo además de escritor y periodista, quien (como puede observarse) inmortalizó el momento con su móvil. En referencia a esa imagen, reproduzco un poético comentario que me dejó ayer, vía Twitter, una seguidora: "¡Qué preciosa foto! Tiene un cruce de tiempo dentro de otro tiempo. Una estampa a lo Nacho Mirás. Cada uno a lo suyo y el reloj con todos. Da para un relato". Plaza tomó la magnífica fotografía, llena de misterio, hace escasos días en una taberna de Lavapiés (Madrid).

viernes, 16 de octubre de 2015

Beleza catalá


Barcelona, 11 de setembro de 1976. Unha encantadora rapaza, cunha cinta da bandeira catalá no cabelo e un caravel á altura dos beizos, participa nas celebracións da "Diada". A excelente imaxe de César Lucas sairía, ó día seguinte, na portada de El País. Esta noite, no reencontro coa foto, lembreime do comezo dun poema do novísimo Gimferrer:
Oscar Wilde llevaba
una gardenia en el pico.
Color gris, color malva en las piedras y el rostro,
más azul pedernal en los ojos, más hiedra
en las uñas patricias, ebonita en las ingles de los faunos.

domingo, 1 de diciembre de 2013

domingo, 3 de noviembre de 2013

Ternario

Posible ternario de un servidor: la infancia, la mujer, la poesía.


Una entrañable fotografía de Édouard Boubat.

lunes, 7 de octubre de 2013

Pasión

LA BAÑERA 

Como una bañera enlucida con porcelana blanca, 
cuando el agua caliente se sale o se va entibiando, 
así es el lento enfriarse de nuestra pasión caballeresca, 
oh mi muy alabada pero-no-del-todo-satisfactoria dama. 

Ezra Pound, Poemas de Lustra, 1913-1915 


Un sutil y erótico autorretrato de Alba García. 

martes, 30 de julio de 2013

Tradución

De rapacete intentei traducir a Marcial. Pro, finalmente, foi el quen me traduciu, deixando ao descuberto o meu desexo e o meu despeito.

Un retrato de David Hamilton. Pertence ó su libro erótico La edad de la inocencia.

lunes, 22 de julio de 2013

Los muslos de Paula


Esta fotografía serviría para ilustrar aquellos versos míos: 

Tus muslos
son camas
de hierba. 

La sensual modelo es mi amiga Paula Palomanes. Para entrar en su bitácora (de donde he extraído la fotografía, obra de Breixo Pérez), pincha aquí. 

domingo, 7 de julio de 2013

Una estampa de verano


Iris y su primita. Una estampa de verano, una mezcla de sensualidad y ternura, un universo femenino... 

viernes, 5 de julio de 2013

Muchacho

Me encanta una sonora palabra que ha caído en cierto desuso: muchacho. Una señora acaba de referirse a mí de ese modo: me ha alegrado la mañana.


Esta hermosa fotografía de Rafael Sanz Lobato está expuesta en el Museo Reina Sofía. 

miércoles, 20 de marzo de 2013

Como una caricia




Me gusta mucho esta imagen, fina y sugestiva como una caricia. Desconozco quién es el autor... 

lunes, 11 de febrero de 2013

Una imagen familiar



Éstos son los míos. Una abuela cuya calma amansa a los lobos. Un abuelo que apenas ha leído un libro y que, sin embargo, conoce todos los misterios del bosque. Una tía cuyo arrugado rostro era el mapa de la emoción... Éstos son los míos. Y yo, en el momento de la fotografía*, no podía hacer otra cosa que admirarlos. Me sentía protegido al lado de ellos. Exactamente igual que ahora.  

*La imagen fue tomada en Robaín (Santiso), en septiembre de 2000. 

miércoles, 19 de septiembre de 2012

sábado, 10 de septiembre de 2011

La dudosa luz del día


«Pisando la dudosa luz del día»
(Góngora)

***

La imagen la tomé recientemente en mi Santiso nativo, el concejo más occidental de Asturias.

sábado, 23 de enero de 2010

Mina, un nombre de mujer

Acaso la principal preocupación del retratista radique (todavía hoy, cuando la tecnología más avanzada deconstruye infinitud de poses y flequillos) en confluir su particular visión del sujeto con la propia realidad de éste. Algo así pienso al ver en la madrileña sala Alcalá 31, dentro de la exposición Tierra de nadie (la entrada es gratuita), los 19 retratos que Pierre Gonnord realizó a algunos mineros asturianos y leoneses. El fotógrafo francés bajó a la mina para inmortalizar (tras una durísima jornada de trabajo) el rostro de los honrados trabajadores. O –como él mismo reconoció– para transmitirnos un “sentimiento de pertenencia a un mundo aparte, un mundo muy distinto al existente seiscientos metros más arriba”.

Esos rostros sucios con la mirada limpia y ensangrentada, esas barbas lasas, esos cabellos prematuramente encanecidos, esos amores rudos, confluyen –en la Tierra de nadie– con Basilia, Teodoro, Filomena o Senén: nombres de otra época, campesinos que exigen reparación, que esconden el incomparable secreto del tiempo (¡con qué mimo eligió Gonnord los rasgos y el carisma!), que contemplan –desafiantes– nuestro andar por el reluciente pasillo. Que no entienden de arte, y, sin embargo, son más expresivos (incluso vestidos de luto riguroso) que el artefacto de muchos literatos…


Un incendio que calienta
Como contrapunto (no como contradicción) a los recovecos de las carnes, Gonnord debió de tener clara desde un principio la creación (inaudita en él, entregado por completo hasta entonces al noble ejercicio del retrato) de un universo paisajístico (que conforma las restantes 18 fotografías) paralelo. Y es admirable la capacidad que ha tenido el pintor francés para fragmentar (acercando, en efecto, bastante el objetivo) desastres naturales o abrasivas rocas. A la manera del pintor Magritte, en estos paisajes surge un manifiesto distanciamiento entre el título o idea y el objeto mismo. La representación ha llegado muy lejos, la mirada se ha encendido tanto que el fuego, las más de las veces, no quema: calienta.

Dicho de otro modo: la idea, al expresarse, sirve no sólo para que nosotros (el público, la crítica) conozcamos el mundo cambiante, sino para que –como en todo el arte perdurable– ese mundo se conozca. Tal proceso surge, claro es, del cuestionamiento de la realidad, del deseo de abrir una inmensa veta de interpretaciones y significados. Un enfoque que podría resumirse perfectamente en la frase que al minero gonnordiano Teo González le dijo un colega polaco: “Mina es nombre de mujer y es tan astuta que enamora”. La dulcificación de las tinieblas. Un mundo aparte…

Por HÉCTOR ACEBO (La Huella Digital, 23/01/2010)