"Finis coronat opus", decía aquel hermoso proverbio latino. O sea: "El fin corona la obra". Valió la pena tanto esfuerzo, no sólo por haber obtenido, el 13 de febrero de este mes, el título de Doctor —máximo grado académico universitario— en Periodismo, sino también (y esto es lo más importante) por lo que uno aprendió durante el camino. Conocimientos de retórica, de teoría literaria, de lingüística y, desde luego, de poesía, el ámbito referencial de mi estudio, así como mi principal prurito creativo.
Cómo no recordar a Lázaro Carreter, a quien cito en mi tesis, La metáfora en la poesía de Antonio Martínez Sarrión, dirigida por el doctor Antonio Ubach:
¿Vale la pena tanto esfuerzo? Los que hemos hecho algunos progresos como lectores, sabemos que la empresa de la lírica es extraordinariamente remunerativa. La poesía impide ser más inhumano. En unos casos, permite descubrir lo que, estando en nosotros, ignorábamos. En otros, es una incitación a vivir experiencias nuevas y más valiosas que las nuestras. Pero para sentirla actuante en nosotros, hemos de vencer su lenguaje.
Gracias a todos los que, de un modo u otro, me habéis acompañado en este camino.
Para escuchar una entrevista que me hicieron recientemente desde la Cadena Ser asturiana —delegación de Occidente—, pincha aquí.
Para leer una fotonoticia que publicó El Progreso de Lugo (edición de A Mariña) sobre mi Doctorado, pincha aquí.
También el diario asturiano La Nueva España se hizo eco de mi defensa, como puedes leer desde aquí.
He aquí el turno de la intervención del tribunal académico, tras mi exposición. Pueden verse en la foto a tres de los miembros del mismo, los doctores Antonio Dueñas, Ángel L. Prieto de Paula y Pilar Vega. A modo de curiosidad: el 'Fin' de la diapositiva de mi tesis está extraído de un filme de Godard: Una mujer casada. Y, más allá de ese detalle, creo que la fotografía del momento académico —realizada por el amigo y colega José María Plaza— tiene algo godardiano; quizás la presencia de una nuca (mía, en este caso)...
Servidor, durante la exposición de su tesis.
Panorámica de la defensa de mi tesis doctoral, que tuvo lugar en la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid.
Junto al tribunal de la defensa de mi tesis —constituido por los doctores Ana Calvo, Eduardo de Bustos, Antonio Dueñas (presidente), Ángel L. Prieto de Paula y Pilar Vega (secretaria)—, que me otorgó la calificación de "Sobresaliente".
Tras haber obtenido mi Doctorado, con los buenos amigos José Manuel Muñoz Puigcerver (Doctor en Economía, profesor) y Abel España (periodista, diseñador gráfico).
Junto a mi tutor, Antonio Ubach, Doctor en Filología Hispánica y profesor de la Facultad de Ciencias de la Información de la UCM.
Con mis padres —los mejores padres del mundo—, tras la comida de celebración de mi Doctorado, en la madrileña Plaza Mayor.
Desde ayer, soy doctor en Periodismo, por la Universidad Complutense de Madrid, con la calificación de "Sobresaliente".
Me acompañan en la foto -obra de José María Plaza- de esta entrada los miembros del tribunal académico, los doctores Ana Calvo, Eduardo de Bustos, Antonio Dueñas (presidente del Tribunal), Ángel L. Prieto de Paula y Pilar Vega (secretaria del Tribunal).
He recibido muchos ánimos (por las vías física y virtual) estos días, los cuales me han hecho ilusión y me han dado fuerzas; os los agradezco enormemente. Y, por supuesto, mil gracias, también, a
los familiares, amigos y colegas que me acompañaron ayer presencialmente en un
día tan especial para mí.
Antonio Ubach -mi tutor- merece una
mención aparte por su gran compromiso a lo largo de más de tres años de
andadura académica junto a él.
También mis padres (que estuvieron
presentes en la defensa) merecen un párrafo aparte; como digo en mi tesis,
"gracias a su confianza y paciencia he podido progresar en el estudio de
la poesía, el ámbito referencial que más me apasiona".
El próximo lunes (día 13) defenderé, en la Universidad Complutense de Madrid, mi tesis doctoral, La metáfora en la poesía de Antonio Martínez Sarrión, que dirigió Antonio Ubach y que es fruto de más de tres años de investigación. Dicho acto académico (abierto al público) tendrá lugar, a partir de las 11.00 horas, en el Salón de Grados de la Facultad de Ciencias de la Información.
Hoy el diario asturiano La Nueva España se ha hecho eco de mi defensa; puedes leer la noticia pinchando aquí.
Éste es el resumen de mi tesis doctoral, integrado en el propio trabajo:
El poeta
albaceteño Antonio Martínez Sarrión (miembro destacado de la neovanguardista
generación de los Novísimos) ha creado, a lo largo de las últimas cinco
décadas, una obra integral, donde se funden el culturalismo y la experiencia
vital. La metáfora (tropo o recurso semántico que establece una semejanza entre
dos elementos, uno real y otro imaginario) es una herramienta fundamental en la
expresión del autor manchego. Martínez Sarrión emplea las dos modalidades
metafóricas existentes, la cotidiana (cuyas bases están en la experiencia) y la
poética (que pertenece al ámbito creativo). Si bien las metáforas cotidianas
poseen un carácter instrumental, al funcionar dentro del artefacto lírico,
transmiten —como las metáforas poéticas— valores estéticos y, en consecuencia,
indudables dosis de ambigüedad. Efectivamente, como reveló el formalista ruso
Jakobson de acuerdo con la semántica literaria (Richards, Empson,
Wheelwright…), en la función poética el mensaje está orientado hacia sí mismo,
lo que se traduce en la plurisignificación. Así, muchas metáforas de Sarrión
apuntan visiblemente a varias denotaciones, además de expresar alguna
connotación. La ambigüedad también queda manifiesta cuando Martínez Sarrión
formula alguno de los elementos de esos tropos de forma tácita o vaga, o cuando
el enunciado correspondiente carece (total o parcialmente) de signos de
puntuación. Además de ser un vehículo idóneo para embellecer el texto y para
transmitir —de una sola vez— diversas ideas, la metáfora permite al autor
de Teatro de operaciones expresar la
sensorialidad (algo apreciable, verbigracia, en las connotaciones, que son los
significados individuales y variables) e, incluso, estructurar cada texto.
Esta tarde soou en Radio 3 unha perla semioculta de Dylan, "Boots of Spanish Leather" ("Botas de coiro español"), na delicada versión country —que non coñecía— de Nanci Griffith.
Non son amante do Nadal, pois nesas festividades, polo
menos en Occidente, acabamos levando ó extremo o consumismo que,
desgraciadamente, xa nos define. Non obstante, gusto das reunións íntimas que
propician esas datas ó amor do lume ou do café. Nas últimas festas, botei en
falta a varios finados queridos. É o caso do chairego Elías Ferreiro, o meu
primeiro mestre xornalístico, a quen coñecín precisamente cando fixen as
prácticas neste periódico, no verán de 2010. Aterrei nas seccións que el
coordinaba (‘España’ e ‘Mundo’), e decontado collimos confianza, compartindo
dende aquela gratas viaxes pola xeografía galega con outro prezado compañeiro, o
mariñán Javier Rivera. Intelixente, fiel, incorruptible, lacónico —mais sempre coa verba xusta, por iso titulaba tan ben—, Ferreiro parecía tirado dun ‘western’ crepuscular, deses que coñece
magnificamente o noso colega Paco Abraldes. Súa podería ser, por exemplo, esta frase
que pronuncia Billy o Neno no filme de Peckinpah: “Os tempos cambiarían, pero
eu non”.
Elías Ferreiro e un servidor, en Cabo Ortegal (Cariño, A Coruña).
Realmente son
poucos os días nos que non me lembro de Elías durante algún intre. E
cando quedo con Rivera, da igual o tema que toquemos, sempre acabamos citándoo
ou imaxinando que pensaría el sobre tal acontecemento.En outubro, un mes
despois da súa morte, dediqueille un poema. Deixeino repousar, como fago con
todas as miñas creacións líricas; e agora, na súa honra, quero que vexa a luz
aquí, onde se non, neste xornal que conectou as nosas vidas para sempre e onde
o mestre deixou un baleiro inmenso. Titúlase ‘Amigos: Elías Ferreiro’ e di así:
“Un xersei, un feixe de folios/ en branco, un póster do Celta,/ o diploma dun
cursiño/ e caramelos de eucalipto./ Foi todo o que atopamos/ baleirando os
caixóns/ da mesa na que traballabas./Pareceunos
inxusto/ que tantas horas lúcidas/ puideran coller nunha caixiña;/ pero a
sobriedade foi a túa marca,/ esa que admiramos sempre.// Ti sentenciabas: ‘O
fútbol sala/ substituíu ó boxeo no corazón/ dos macarras’. Ti sentenciabas/
audaz, afiado e sorrindo./ Ti endexamais/ usaches crema antiolleiras;/
preferías que a pureza de Paula/ vernizase os teus sedimentos”.
[Artigo meu publicado onte na edición da Mariña de El Progreso de Lugo]
Este miércoles, a las siete de la tarde, en el Salón de Actos de la
Facultad de Filosofía de la Universidad de Santiago de Compostela (Plaza de
Mazarelos), tendrá lugar la presentación de A
cabeleira (Poema en 60 idiomas) en un recital multilingüe de la obra en
cuestión, debida a Claudio Rodríguez Fer. Este recital tiene como antecedentes los realizados el pasado año en
Galicia y Nueva York y tendrá como consecuentes otros el año próximo en Galicia
y París.
Cubierta de A cabeleira (Poema en 60 idiomas), de Claudio Rodríguez Fer.
El poema "A cabeleira" ("La
cabellera"), del lucense Rodríguez Fer, fue traducido inicialmente al
inglés, por Diana Conchado; al castellano, por Olga Novo, y al francés, por
María Lopo, versiones con las que se realizó su primera edición políglota en
1995. Desde esta fecha fue traduciéndose a otras lenguas en antologías
diversas, por ejemplo al ruso y al bretón, quizás por tratarse de una
composición antropológica e históricamente representativa de los orígenes de su
autor y de su cultura galaica, pero también por su apertura nómada, erótica y
libertaria, en la que lo local se convierte en universal y viceversa. Es por
ello que en 2015 se editó en 35 idiomas de los cinco continentes de la Tierra,
reeditándose en 2016 en un total de 60 lenguas procedentes de Europa (Gallego,
Portugués, Asturiano, Vasco, Castellano, Catalán, Occitano, Francés, Italiano,
Rumano, Judío-español, Latín, Inglés, Alemán, Danés, Neerlandés, Sueco,
Noruego, Islandés, Manés, Gaélico Irlandés, Gaélico Escocés, Galés, Bretón,
Lituano, Estoniano, Húngaro, Finés, Griego Clásico, Griego Moderno, Ruso,
Polaco, Checo, Eslovaco, Serbio, Croata, Búlgaro, Albanés), de Asia (Turco,
Curdo, Armenio, Sánscrito, Hindi, Bengalí, Malayalam, Oriya, Árabe, Hebreo,
Coreano, Chino, Japonés, Indonesio), de América (Quechua, Guaraní,
Groenlandés), de África (Swahili, Ioruba, Wolof), de Oceanía (Rapanui o
pascuense); y el internacional idioma auxiliar Esperanto. La cubierta fue
ilustrada por un dibujo y un caligrama de Carmen Blanco y el interior por
dibujos de Sara Lamas.
He aquí el programa del acto del miércoles en Santiago:
Salutación
de Nieves Herrero, vicedecana de la
Facultad de Filosofía, doctora y profesora de Antropología en la Universidad de
Santiago de Compostela.
Presentación
de Belén Quinteiro, poeta, promotora
de la revista Cicloxénese Expresiva y
estudiante en la Facultad de Filología de la Universidad de Santiago de
Compostela.
Introducción de Claudio Rodríguez Fer, escritor y director de la Cátedra Valente de
Poesía y Estética de la Universidad de Santiago de Compostela.
Ilustración
de Carmen Blanco, escritora, doctora
y profesora de Literatura Gallega en la Universidad de Santiago de Compostela.
Lectura
políglota de “A cabeleira”:
En gallego, el
autor.
En portugués, Felipe
Eleutério, alumno brasileño de la Facultad de Filosofía de la Universidad
de Santiago de Compostela (Traducción de Claudia Murici).
En asturiano, David Redruello, enfermero y fotógrafo
(Traducción de Xuan Bello).
En eusquera, Larraitz Urruzola, actriz y titiritera (Traducción de Ane Marcellán
Arantzamendi y Antton Juaristi).
En castellano, Cris
Fiaño, poeta, investigadora, diseñadora gráfica y ex-directora de la
revista cultural Evohé de la
Universidad de Santiago de Compostela (Traducción de Olga Novo).
En catalán,Maria Mercè López Casas, doctora y profesora de Lengua y Literatura Catalanas
en la Universidad de Santiago de Compostela (Traducción de Marta Pessarrodona).
En occitano, Andratx
Badia Escolà, escritor en catalán y lector de lengua, literatura y cultura
catalanas en la Universidad de Santiago de Compostela (Traducción de Eric Fraj).
En francés, María
Lopo, ensayista, investigadora, profesora de Francés y doctora en
Literatura Francesa por la Universidad de la Alta Bretaña (Traducción de ella misma).
En italiano, Cristina
Marchisio, doctora y profesora de Literatura Italiana en la Universidad de
la Santiago de Compostela (Traducción de Ana Rosso).
En rumano, Adina
Ioana Vladu, filóloga, traductora y doctora por la Universidad de Bucarest
(Traducción de Ion Deaconescu).
En
latín, Cecilia Criado, doctora y profesora de
Literatura Latina en la Universidad de la Santiago de Compostela (Traducción de
Aurora López y Andrés Pociña).
En inglés, Jorge
Sacido Romero, doctor y profesor de Literatura Inglesa en la Universidad de
Santiago de Compostela (Traducción de Diana Conchado).
En alemán, Rosa
Marta Gómez Pato, doctora y profesora de Literatura Alemana en la Universidad
de Santiago de Compostela (Traducción de Regina Goerger).
En danés, Pia Sloth Poulsen, profesora de danés del Centro de Linguas Modernas de
la Universidad
de Santiago de Compostela (Traducción de Ana Bundgaard).
En húngaro, Veronika
Gergely, licenciada en Filología Húngara y Portuguesa, bailarina, cantante
y traductora (Traducción de Szabina Ughy).
En griego clásico, Amelia Pereiro, doctora y profesora de Filología Griega en la Universidad
de Santiago de Compostela (Traducción deStathis Papakonstantinou).
En griego moderno, Irene Doval Reija,doctora
y profesora de Filología Alemana en la Universidad de Santiago de Compostela (Traducción
de Theodora Grigoriadou).
En ruso,Sofiya Lykhohray, estudiante de Filología Hispánica de la Universidad de Santiago de
Compostela (Traducción de Serguey Stepanov).
En checo, Lenka
Mikuličková, becaria en el Centro de Lenguas
Modernas de la
Universidad de Santiago de Compostela y estudiante de Filología Hispánica de la
Universidad Masaryk de Brno (Traducción de
Katerina Vlasakova).
En curdo, Arazu
Hassani, estudiante en la Facultad de Filología en la Universidad de
Santiago de Compostela (Traducción de Urfan Kenî y Remziye Alparslan).
En turco, Pepa
Baamonde, traductora, ex-docente y primera represaliada por la Consejería
de Educación de Galicia por utilizar o galeno como lengua vehicular en las
aulas (Traducción de Írfan Güler y Pepa Baamonde).
En
armenio y sánscrito, José Virgilio García Trabazo,
doctor y profesor de Lingüística Indoeuropea de la Universidad de Santiago de
Compostela (Traducción deSarkis
Mahserejian y deDilip
Jaiswal, respectivamente).
En hindi y bengalí, Anik
Nandi, sociolingüista y doctorando de la Universidad Heriot-Watt de Edimburgo (Traducción de Vikash
Kumar Singh y de Sonali Datta, respectivamente).
En árabe, Imane Boulfarah,estudiante de Comunicación
Audiovisual y Filología Francesa en la Universidad de Santiago de Compostela (Traducción
de Fatiha Benlabbah).
En coreano, Heemo
Do, alumno coreano del Curso Internacional de la Universidad de Santiago de
Compostela (Traducción de Sujin Lee).
En chino, Shen
Chong, alumna china del Curso Internacional de la Universidad de Santiago
de Compostela (Traducción de Zhou Wei).
En japonés,Yu Hiata, alumna japonesa de la Facultad
de Filosofía de la Universidad de Santiago de Compostela (Traducción de Asaka
Takekazu).
En esperanto, Xosé
Lourenzo Vidal, ex-docente y presidente de la Asociación Gallega de
Esperanto (Traducción de Diana Conchado).
É unha vergoña a decisión adoptada pola burocracia do PSOE de facilitar, coa abstención, a investidura de Rajoy. Nin 'sentido de Estado' nin gaitas: hai que falar dunha traizón aos militantes (e mesmo aos votantes) desa formación, dunha sumisión pura ante os poderes fácticos e dun premio outorgado ao partido estruturalmente corrupto (PP). Como non ía molestarlle a coherencia de Sánchez ao sector reaccionario do PSOE!
«Y llegó Pedro de Miranda con treinta de
a caballo, que eran de tierra brava», escribiu Vasco da Ponte na Idade Media. O
xenealoxista referíase á lucense Terra de Miranda, que debe precisamente o
topónimo á fidalga estirpe da que descende o citado Pedro, alcumado O Ruín.
O sintagma «terra brava» —que despois o
escritor Ánxel Fole aplicou ao Courel e ao Incio— dá unha idea fidedigna da
escarpada xeografía mirandesa, pouco amable. Poboada de moito monte, esta
comarca remánsase violentamente en ribeiras de augas cantoras, que intentan
engalanar á saudable tropa de amieiros, bidueiros, chopos, salgueiros...
Historicamente vencellada aos bispados
de Mondoñedo e Oviedo e ao mosteiro de Meira, a Terra de Miranda comunica o
interior coa costa ribadense e o occidente asturiano. Un dos ramais do Camiño
de Santiago ía ao son da serpeante fisionomía mirandesa. A ruta —tomada polos
galegos do norte que chegaban ao porto de Ribadeo— aínda pode seguirse nalgúns
tramos. O emblema do Apóstol —a concha de vieira— cobre a parte inferior de
cada unha das cinco doncelas que presenta o prodixioso escudo de armas dunha
das casas solares dos Miranda, no lugar pontenovés de Goios.
A Terra de Miranda semella a eses
imperios esvaídos dos que saltan faíscas. Malia que se siga empregando con
frecuencia, o topónimo perdeuse, a efectos administrativos, na zona. Unha
mágoa, porque en latín a palabra ‘miranda’ denota «o que debe ser admirado», e
a comarca luguesa, igual cá personaxe homónima de ‘A tempestade’ (Shakespeare),
faille xustiza a esa definición, por ser rica en salmóns, ferro ou fantasía.
A xente da provincia asocia
acertadamente a Riotorto coa Terra de Miranda, pero as lindes aproximadas da
bisbarra nin sequera as coñecen moitos nativos. Nos últimos anos, por
influencia dunha serie da TVG e da prensa, foi calando en toda Galicia a idea
de que Mondoñedo non só forma parte da «terra brava», senón que ademais é a súa
capital. Trátase dun equívoco, porque á cidade episcopal régana o Masma, o
Valiñadares e o Tronceda, mentres que, como xa se aprecia nos mapas medievais,
a bisbarra mirandesa é definida polo curso medio do Eo. De feito, durante
varios séculos, o pai dos salmóns más vizosos, que marca a fronteira entre
Galicia e Asturias, tamén foi coñecido como ‘río de Miranda’.
Xulio Pardo de Neyra, cuxa familia
paterna é riotortega, publicou en agosto o ensaio ‘Eloxio da Terra de Miranda’.
Segundo o estudoso lucense, na vella comarca non só entrarían os actuais
territorios de Riotorto e da Pontenova —o concello chamouse Miranda outrora—,
senón tamén os da Ribeira de Piquín e algúns lugares da Fonsagrada, como
Llacín.
O prodixioso escritor mindoniense Álvaro Cunqueiro viviu unha tempada, de neno,
en Riotorto. Fuxindo do tifo, instalouse no pazo de Cachán, o berce da súa nai.
A Cunqueiro marcouno aquela experiencia, de aí que literaturizase a bisbarra de
ladeiras peñascosas en varios relatos pertencentes a ‘Xente de aquí e de acolá’
(1971) ou a ‘Os outros feirantes’ (1979), así como na súa primeira novela,
‘Merlín e familia’ (1955). Grazas ao narrador Felipe de Amancia, antigo paxe de
Merlín, sabemos que o famoso mago chegara herdado a Miranda por unha tía
segunda materna.
Como reflicten o mencionado libro de
Pardo de Neyra e o documental ‘Miranda, mítica e real’ (realizado en 2013 por
alumnos da Escola de Imaxe e Son de Lugo), Cunqueiro partiu en gran medida de
Riotorto para fundar o universo de ‘Merlín e familia’. O autor foi un pioneiro
do realismo máxico en España, e en ‘Merlín e familia’ transmuta a contorna,
igual có propio Merlín, quen, ao botar ao aire auga mesturada con «dúas ou tres
gotas do licor que il chamaba ‘dos países’», conseguía que un vira o mundo da
cor que quixera.
A casa de Merlín —«grande e ben tallada,
con un balcón sober do camiño de Meira e solana á cara do sol»— lembra ao pazo
de Cachán. Dende ela, Felipe de Amancia ouvía, cando corría o vendaval, «as
badeladas do mazo dos ferreiros» do Vilar. Cunqueiro evoca aí o enxeño
hidráulico do homónimo núcleo, na freguesía riotortega de Galegos.
Convén subliñar que en Riotorto existe
unha magna tradición ferreira. Aquí fabricáronse moitas fouces para as segas de
cereais en Castela; e, coma en Taramunde, o oficio aínda segue vivo.
A forxa riotortega con máis sona é a de Ferreiravella, que, despois duns
corenta anos en desuso, volveu abrirse en 2007, con vistas cara ao turismo.
Na primeira novela cunqueiriá, o «toxo da coroa do castro» remite ao riotortego
Castro da Croa, que é o alimento máis proteico para o insaciable maxín dos
nativos. Cunqueiro, no seu discurso de ingreso na RAG, falou sobre o mouro da
pucha colorada que coida o tesouro (dous bois de ouro) desa fortificación
celta. Aquí atopouse un brazal datado entre os séculos III e I a.C. que hoxe
pode verse no Museo Provincial de Lugo.
Así mesmo, ‘Merlín e familia’ recende a faragullos, unha das sobremesas máis
típicas de Riotorto. O mestre Flute (frautista da cámara de Lord Sweet) devecía
por este manxar cuxa protagonista é á fariña de trigo, e ao que se lle pode
meter polo medio anaquiños de torrezos; así llo preparaba ao músico Marcelina,
cociñeira maior da casa de Merlín.
A cultura mirandesa do ferro alcanzou o seu máximo esplendor coa inauguración,
en 1903, do ferrocarril Vilaoudriz-Ribadeo, coñecido popularmente como A Chocolateira.
No corazón da actual Pontenova, os restaurados fornos de limonita testemuñan a
industrialización, impulsada por unha sociedade vasca. Dende aquí, o tren —de
vía estreita— percorría 34 quilómetros para transportar o devandito mineral,
que, unha vez no porto ribadense, destinábase a Alemaña, Francia, Bélxica ou
Inglaterra. Rentable nun primeiro momento —existiu o plan de prolongar a liña
ata o Bierzo leonés ou Lugo—, o ferrocarril comezou a languidecer tras a
Primeira Guerra Mundial, que cambiou o mercado dos minerais. A partir dese
momento, A Chocolateira centraríase máis no transporte de mercancías, gando e
madeira. Con todo, a explotación de limonita permaneceu aberta ata 1950.
Catorce anos despois, o tren deixaría de funcionar; pero xa lle dera tempo a
transformar a bisbarra dun xeito rotundo, traendo a brisa esperanzadora da
costa e creando moitos postos de traballo, frenando así a emigración.
Aínda hoxe non poucos mirandeses lembran o penetrante pitido das locomotoras
Borsing, fabricadas en Alemaña, así como aquel olor a fume de carbón e a graxa
industrial requentada ao vapor. Os mozos e os turistas poden imaxinar esas
sensacións percorrendo parte da ruta (o tramo entre A Pontenova e o concello
asturiano de Santiso de Abres), pertencente ás Vías Verdes.
[Reportaxe miña publicada o 7 de outubro no suplemento 'D_finde' de 'El Progreso' de Lugo. As fotos que acompañaron ao texto son de Cristina Arias, J. Vázquez e M. Abraira.]
Esta noche Loquillo actúa en Lugo (21.00 horas, Praza Horta do Seminario) en el marco de las fiestas patronales. Reproduzco aquí el perfil que tracé del rockero para el suplemento del San Froilán publicado anteayer en El Progreso:
EL DANDI QUE VIAJA EN CADILLAC
Loquillo viene de triunfar en Las Ventas. Ofreció un show de tres horas que se enmarcó en la gira ‘Salud y rock & roll’ y cuyas entradas ya se habían agotado tres meses antes.
El llenazo absoluto en el emblemático escenario madrileño —donde caben 15.000 almas— era quizás la única prueba de fuego que le faltaba por cumplir, al menos en España, a Loquillo. Pueden contarse con los dedos de una mano los rockeros hispanos —Bunbury, Leiva, Andrés Calamaro...— que tienen hoy semejante poder de convocatoria. Con esas credenciales, Loquillo aterriza hoy en nuestra ciudad, donde actuará a partir de las 21.30 horas. El barcelonés destilará su último disco —‘Viento del Este’, cuya primera canción da título a la gira— y sacará a pasear algunos de sus himnos, como ‘Feo, fuerte y formal’ (homenaje a John Wayne) o ‘Cuando fuimos los mejores’.
También habrá espacio para el repertorio de la época dorada de los Trogloditas, la emblemática banda que lo acompañó desde los primeros 80 y de la que se separó hace casi una década. ‘Cadillac solitario’, ‘Carne para Linda’, ‘La mataré’, ‘Todo el mundo ama a Isabel’, ‘Piratas’, ‘Rock ‘n’ roll star’, ‘Rock suave’... Pocos vocalistas de rock estatal pueden presumir de haber estrenado canciones de tamaña magnitud, todas compuestas por Sabino Méndez —otrora guitarrista de los Trogloditas, con quien Loquillo ha vuelto a colaborar en los últimos discos, tras bastantes años de distanciamiento—.
Aquellas obras ochenteras emanan una belleza extraña y vigorosa. De haberse dedicado a la música y no al celuloide, podría haberlas firmado Sam Peckinpah. Descarnadas pero sutiles, chulescas y tiernas, sensuales y directas, épicas y líricas, hoy logran provocar escalofríos entre veinteañeros y cincuentones. Si los adolescentes lucenses más sensibles se liberan de prejuicios y no tienen reparos en compartir espacio con señores que peinan canas («Tupés galácticos», canta Loquillo), probablemente encuentren hoy las hormas de sus zapatos, especialmente si suenan piezas frescas como ‘María’ o ‘El ritmo del garage’, que cuestionan el puritanismo de ciertos padres.
Aunque el primer repertorio ‘troglodita’ sea difícil de igualar, a Loquillo hay que reconocerle una notable evolución, nada habitual en sus coetáneos. Guste más o menos, dé o no en la diana —su limitada voz se adapta mejor al tono afilado que al melódico—, el barcelonés ha dado saltos de vértigo en su carrera. Y no sólo porque desde 1991, con el disco ‘Hombres’, pasase a firmar —dignamente— la mayor parte de las letras que vinieron luego.
Por ejemplo, él, que se había doctorado en la universidad stoniana, grabó en 1994 su primer disco de poemas —‘La vida por delante’—, lo cual irritó a algunos de sus seguidores más alicortos. En efecto, entonces aún existía la creencia generalizada de que la dureza residía únicamente en un sonido eléctrico, no en cantar, pongamos, estos versos de Jaime Gil de Biedma musicados por el profesor Gabriel Sopeña: «Pero ha pasado el tiempo / y la verdad desagradable asoma: / envejecer, morir, / es el único argumento de la obra».
Loquillo, además, dio el paso de abandonar a los Trogloditas justo después de haber teloneado con ellos a los Rolling Stones y a los Woo. En un momento tan dulce, el catalán de nuevo apostó por el riesgo, retomando la carrera en solitario que precisamente había inaugurado con ‘La vida por delante’, unas veces apelando al cuero y otras luciendo etiqueta de ‘crooner’, pero siempre desde la madurez que se le presupone a alguien de su edad —hoy tiene 55 años—. «Si no me hubiera ido de los ‘troglos’, ahora estaría tocando en festivales de revival de los años 80. Y lo que estoy haciendo ahora es llenar Las Ventas. Aprendí el negocio, la industria», reconoció recientemente el ‘Loco’.
Ese afán de experimentación le llevó el pasado año a interpretar algunos de sus éxitos junto a una banda de rockabilly, The Nu Niles. El trabajo, ‘Código rocker’, concentra casi todos sus perfiles —el muchacho de barrio que escucha rockabilly, sí, pero también ‘doo wop’ o surf, el deudor de Cash, el amante de la lírica, el cinéfilo...—, hilvanados por la actitud de la ‘rock and roll star’ que es. En el CD está la clave de por qué Loquillo atrae a un público tan diverso en edades.
Su última producción, ‘Viento del Este’, donde firman Sabino Méndez o Leiva, conjuga como nunca el combate y la distensión evocadora. Ese difícil maridaje prueba que, voluntaria o involuntariamente, el ‘Loco’ homenajea siempre a John Wayne.
Como cada meridiano de agosto, Italia acolleu a celebración do Ferragosto. Esta tradición foi instituida polo emperador Augusto no ano XVIII a. C. e sinalaba o fin dos labores agrícolas. Con ela, o Imperio Romano honraba á deusa Diana e ao ciclo da fertilidade e a madurez.
Malia á orixe romana de Lugo, aquí o Ferragosto como tal non chegou a instaurarse; o concepto só se utiliza desde os últimos anos como reclamo, e case non saíu da órbita dos mass media e a publicidade. A sinal inequívoca é que moitos camareiros lugueses descoñecen que é o Ferragosto.
Con todo, no Lugo moderno existe un paralelismo evidente coa tradicional celebración italiana: o éxodo cara á praia e á montaña. Desde logo, na nosa cidade, a saída explícase pola festividade da patroa, Santa María, A Nosa Señora dos Ollos Grandes. Non coñezo a outra virxe cun alcume tan poético, do mesmo xeito que non sei dun xentilicio más evocador e sonoro cá ‘lucense’.
Eu vivo en Lugo desde hai pouco —aínda que a coñezo desde neno— e nunca fun a Italia. Pero a compañeira Marta Veiga cóntame que ata hai poucos anos, nesta cidade, durante o ecuador do mes, pechaban boa parte dos establecementos, o mesmo que no país mediterráneo.
Veiga, ao chegar o 15 de agosto, experimentou varios anos a mesma sensación de baleiro que transmite a secuencia máis icónica da película ‘Caro diario’: Moretti (director do filme, ademais de protagonista) percorrendo cunha Vespa as rúas desertas de Roma. A imaxe é moi oportuna, igual có o arranque doutra película italiana, ‘Il sorpasso’, de Risi: «Nunha Roma deserta dun Ferragosto calquera...». É a mesma obra na que Gassman vaga polas rúas da capital italiana en busca dun teléfono e un paquete de cigarros.
Onte, en Lugo, abriron as portas bastantes cafeterías e restaurantes. Pálpabase a tranquilidade no ambiente, pero o fluxo de visitas de turistas e peregrinos paliou a sensación de baleiro que outrora envolvía á Avenida da Milagrosa, á Rúa Nova, ao Campo Castelo ou á Praza Maior. Manolo, do bar de tapas e restaurante A Nosa Terra —sito na Rúa Nova—, acertou plenamente no seu prognóstico: «De Lugo, non vai haber ninguén; só quedamos os escravos! (Risas). A xente de aquí vaise ás praias e ás múltiples festas da provincia».
A Nosa Terra e outros coñecidos locais de comidas deberon de encher considerablemente as súas arcas, posto que moitos turistas irromperon na cidade desexosos de polbo.
Porén, os bares e locais de copas, xeneralizando, notaron a ausencia dos lucenses, da clientela fixa. Por exemplo, o pub Ho! Gruf, na Praza do Campo Castelo, só contou, ante a previsión da pouca afluencia, cun dos seus dous camareiros.
Á tardiña, paseando polo centro, imaxineime conducindo na Vespa de Moretti (ou na do meu avó o albeite Paco de Robaín?). Pero, no maxín, a cidade non era para min o centro de atención. Eu non admiraba o contraste entre o Lugo doutros quinces recentes e o de onte. Era a xente —moitos serían turistas— a que se asombraba da miña soidade. «Onde vas cunha moto pasada de moda?», «Por que non levas unha moza contigo?», «Deberías ir á costa! Sentaríache ben tomar o sol», parecían espetarme coas súas olladas.
Sentirse incomprendido provoca esta clase de fantasías que poderían ter como pano de fondo calquera outra cidade occidental. Como me dixo un día o meu profesor Antonio Dueñas, «Hoy, en EEUU y Europa, ser un joven romántico constituye un estigma».
Voltei á casa, na vella Vespa imaxinaria, pensando no marabilloso xentilicio ‘lucense’. A palabra latina ‘Lucus’ significa ‘bosque sagrado’. Hai quen di tamén que a etimoloxía da verba sería prerromana; apelaría a Lugh, o deus da luz na mitoloxía celta. Charmarlle ‘lucense’ a un ser querido implicaría dicirlle que está cheo de luz.
Eu gozo da luz natural dos corpos, sexan brancos, trigueiros, mouros. E, no seu defecto, admiro, pola resistencia que leva detrás, o auténtico moreno da malla. Falo daquela pel curtida por mor das esixencias dunha infinda posguerra. Aquela pel —a dos meus avós— era un mapa da expresión. Os bronceados das praias —perfectos no seu artificio— significan un total sometemento á tiranía da uniformidade.