Bitácora de Héctor Acebo, poeta, periodista cultural y doctor en Periodismo

Bitácora de Héctor Acebo, poeta, periodista cultural y doctor en Periodismo.
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martes, 31 de diciembre de 2013

Feliz 2014

Ojalá 2014 venga cargado de salud y de sueños, que son necesarios para soportar esta realidad áspera. ¡Feliz Año Nuevo!


Imagen de Mondoñedo (Lugo). Pertenece a la web www.mondonedo.net.

lunes, 30 de diciembre de 2013

Caricias

Tus caricias están desnudas, las mías llevan guante. 

Un momento de Como en un espejo, filme del maestro Ingmar Bergman. 

lunes, 23 de diciembre de 2013

O pelo ó 'garçon'

Levaba o pelo ó garçon, coma Jean Seberg, pro nunca oíra falar da actriz.


Jean Seberg, fermosa, en À bout de souffle (1960), de Jean-Luc Godard.

viernes, 20 de diciembre de 2013

Rodrigo García me convierte en personaje de un relato

Qué honor: Rodrigo García —fundador de los míticos grupos Solera y CRAG (Cánovas, Rodrigo, Adolfo y Guzmán)— me convierte en personaje de un sardónico microrelato. Reproduzco el hermoso texto, que el maestro publicó anteayer en su propia bitácora

CASO SIN RESOLVER

Entre las confidencias, entre las caricias del amor, el hombre repetidamente ya la había advertido:

Un día, te comeré.

Andando el tiempo, cuando las autoridades diligentes rastreaban cualquier indicio, cualquier pista que ayudar pudiera al esclarecimiento de la misteriosa desaparición de la mujer, no faltó algún vecino curioso y oficioso que comentase cómo le había llamado la atención, de siempre, la misantropía del, por el momento, único sospechoso; de sus costumbres reservadas, introvertidas, de su silencio, su inusual bata blanca de cirujano (que podría ser también la de un descuartizador carnicero).

En los anales de la apacible y pequeña ciudad ha quedado relatado el extraño caso, que los más conspicuos investigadores imposiblemente desentrañarán, jamás, ni siquiera cuando hayan recabado el apoyo del minucioso, aunque lírico, H. Acebo, de acendrado origen medio céltico y rapsoda a sus horas. 

Rodrigo García Blanca, Reflexiones del Hipocampo, 17/12/2013  


Junto al admirable músico Rodrigo, que ha publicado ya tres libros de misceláneas: Verde Veronés, El sello de la casa Armis et Litteris. La imagen nos la tomó Emilio Acebes en Madrid el paso mes de octubre.

jueves, 19 de diciembre de 2013

Mundos perdidos

—¿Por qué casi siempre ensalzas mundos perdidos? 
—Para que este mundo no me lleve a la perdición. 


(Una ocurrencia para el posible guión de un corto)



Un momento de Seven Men From Now, hermoso western de Budd Boetticher.

domingo, 15 de diciembre de 2013

Rodrigo: el hombre que ama a las mujeres

En su último disco, V. Curiosas fijaciones en la vocación irremediable y otros conflictos, el legendario Rodrigo García (fundador de Solera y de Cánovas, Rodrigo, Adolfo y Guzmán) hace gala de su exquisita sensibilidad para retratar la geografía femenina. Las nuevas canciones de Rodrigo son tan sólidas, que se imponen a una producción modesta. 
El cantautor Rodrigo García. Fotografía de Emilio Acebes.

Un antiguo amor tenía piernas “de joven y gentil esquiadora”. Una actriz, tenaz conquistadora, parece, en el lecho, una “niña desvelada”. La voz de aquella parisina es “como un rumor de tibio palomar”. Cierta modelo, a través de sus ojos, manda mensajes “a sus feligreses”. Una enredadora ponía en sus labios “una frontera”, a fin de “impedir el amor”… En su nuevo disco, V. Curiosas fijaciones en la vocación irremediable y otros conflictosRodrigo García Blanca —fundador de los míticos grupos Solera y CRAG (Cánovas, Rodrigo, Adolfo y Guzmán), autor de himnos como “Sólo pienso en ti”, “Señora azul” o “Linda prima”…— vuelve a demostrar que su mirada es tan sinuosa como la anhelada geografía femenina. Con razón el periodista Darío Vico, recordando a Ana, a Victoria y a otros personajes de la ópera prima del sevillano (Canciones de amor y sátira, 1975), escribió: “Parafraseando a aquella deliciosa película, Rodrigo era, en el pop español, El hombre que amaba a las mujeres [L'homme qui aimait les femmes, François Truffaut, 1977]”. Creo que la comparación con ese título fílmico puede extenderse a toda la obra rodriguiana, plagada de tributos a furtivas jovencitas y a elegantes señores: así pues, el melenudo y apuesto músico es, en tiempo presente, El hombre que ama a las mujeres.
Portada del quinto álbum de Rodrigo
Portada del ultimo disco de Rodrigo García,
V. Curiosas fijaciones en la vocación
irremediable y otros conflictos.
Por supuesto, el amor (frecuentemente tornado erotismo) es la temática que más se repite en el último trabajo de Rodrigo, compuesto por veinte canciones inéditas. Pero el sexagenario compositor también desliza su mirada sinuosa sobre las hazañas de un pirata y sobre la muerte. Una canción de Rodrigo, lleve o no su heterodoxa voz —Karina, Manolo Galván, Fernando Márquez, Bulldog, Amistades Peligrosas, Enrique Urquijo, Miguel Bosé, Javier Bergia, Alejo Stivel, Los Brujos…, han interpretado baladas o medios tiempos suyos—, es fácilmente discernible al primer golpe de escucha. Guste o no, el estilo del exSolera posee unas peculiaridades acusadísimas (y pondré sólo ejemplos tomados de su último álbum, el quinto como solista): la habilidad para retratar el paisanaje a través del paisaje (“No viene en los mapas la isla en que vive / Morgan, con su tropa de filibusteros”), el empleo de poderosas imágenes (“tu mirada profunda, / desconocida y grave, / danzará en las candelas / de todos mis altares”), la socarronería (“Yo no sé si esta noche de calor / el bochorno se extiende a Andalucía, / que es posible que el clima esté mejor / con la cosa de las autonomías”)… y, algo tremendamente complejo, el sincretismo. Porque Rodrigo es un creador de atmósferas y cadencias que integran sabiamente serenidad y tristeza, júbilo y nostalgia, cotidianeidad y gotas de fantasía… Valga como muestra “Mi rincón”, la composición más añeja del disco —data, me confiesa el autor, de 1976— y una de las más hermosas, en donde un finado habla desde su tumba: “Para mi rincón cesaron las visitas / de amigos, enemigos, neutrales y familia: / un siglo es un momento para nadie / y nadie queda al fin en mi rincón”. La ausencia de una segunda voz aporta, si cabe, mayor credibilidad al texto, cuyo tono es mágico, sí, pero, al mismo tiempo, confesional (a mí me recuerda a la integral narrativa de Borges, quien es, por cierto, uno de los literatos predilectos de Rodrigo). Además, el sonido del acordeón —sobresale al inicio y al término de la pieza— agrava la plácida tristeza, sensación implícita tanto en la letra como en la (lenta) melodía. En fin, éstos son algunos de los rasgos que conforman el sinuoso estilo de Rodrigo.

Rodrigo gesta sus últimos trabajos con escasos medios materiales; V. Curiosas fijaciones en la vocación irremediable y otros conflictos es un CD autoeditado y autodistribuido (aquellos que deseen adquirirlo, deberán escribir a esta dirección: irenegbueno@hotmail.com). En el despegable que acompaña al disco, el legendario autor aborda sin miramientos esa realidad áspera:
La ceguera, cuando no la mediocridad o incluso la envidia, de muchos ‘ejecutivos’ y similares, me vienen trayendo a la tesitura de ser yo mi propio mecenas y correr los descalabros ciertos de la autofinanciación. El dinero que, con temeridad y de manera incomodísima, se pierde en estos trances no es sino el precio de una muy especial satisfacción que esos miserables desconocen; y el de un tributo que mi gratitud quiere deber a las personas que, con fina atención, han sabido apreciar y comprender mi labor a través de estos años. Con esmerada cortesía, mando a la mierda a tantos ceporros que pudren las iniciativas (de toda clase) en este país llamado España y muy merecedor de mejor suerte.
Esas limitaciones materiales explican que Rodrigo sea el único instrumentista de su quinto disco. Claro que la decisión de tocar casi exclusivamente el (camaleónico) teclado responde a una limitación física, de la que hablaré hacia el final de este artículo. El caso es que el exCRAG sólo cuenta con las sabrosas armonías vocales de Esmeralda Grao y, ya en el apartado de sonido, con la colaboración del curtido Joaquín Torres, en cuyo estudio grabó Rodrigo parte del CD. Pues bien, V. Curiosas fijaciones en la vocación irremediable y otros conflictos suena bastante convincente, aunque carezca del fulgoroso acabado de algunas otras obras rodriguianas —en los antípodas, estaría el segundo LP del artista, Rodrigo (1980), con unos arreglos sugestivos, ensoñadores…, por no hablar del único y homónimo álbum de Solera (1973) o del debut de CRAG, Señora azul (1974)—. Afortunadamente, aquí Rodrigo apenas recurre a las enlatadas trompetas (a mí siempre me resultan chillonas) que prorrumpían en varias piezas de su anterior y escueto disco, El jefe (2006). En efecto, en una balada romántica el peso instrumental recae cómodamente sobre el piano (impulso genésico del dramatismo), y precisamente este estilo, la balada, predomina en el actual trabajo de Rodrigo, con lo que el sonido —al emanar de otro instrumento de teclas, al no tener que camuflarse en demasía— resulta, en conjunto, menos desnaturalizado. Confieso que las trompetas sólo me resultan demasiado afectadas en “Seguir adelante”, despechado tema que parece, por su tratamiento, una especie de marcha procesional. En “El capitán Morgan”, también hay simulacros de viento, pero éstos son suavizados, armónica y melódicamente, por el sonido del teclado: sabia decisión.
El último repertorio de Rodrigo, al poseer un envoltorio mínimo —blanca lencería—, muestra de forma muy evidente sus atributos, que son tersos y esbeltos: como piernas de muchacha. Obviamente, no podemos afirmar que Rodrigo convierte la necesidad en virtud, ni maldita falta que le hace. Y es que sus regustos latinos (“Besos con sordina” y “El capitán Morgan”), su lúdico country (“Mensaje en clave”), su entregado folk galaico (“Mientras quede Ribeiro”), su tenso rock and roll (“La miel en los labios”), su aproximación jazzística (“Ajedrez”), sus carnales baladas (“De Madrid”, “En mi propio nido”, “Amor gitano”, etcétera)…, son composiciones tan sólidas que mantendrían la eficacia expresiva aunque estuvieran interpretadas únicamente con una guitarra, del mismo modo que mantienen la eficacia aun estando cercanas, por sus arreglos, a una maqueta. Esas armonías imaginativas, esas melodías intensas, esas letras con coloración lírica o satírica…, suponen un golpe mortal contra muchas producciones que pretenden ocultar la mediocridad bajo ropajes fastuosos. Mal que les pese a algunos, el basamento de un disco es el repertorio. Aunque no es menos cierto que una obra generalmente gana en matices cuando está grabada con los medios necesarios…
CRAG
Señora azul, la ópera prima de Cánovas,
Rodrigo, Adolfo y Guzmán,
grupo mítico del pop español.
En España, Rodrigo ocupa un espacio casi inédito a medio camino entre los sutiles trovadores y los poperos de alto vuelo. En los 70, la crítica encuadró a Solera y a CRAG —junto a Vainica Doble o a Cecilia— en la “tercera vía”, corriente del pop español nutrida de letras elaboradas, de melodías sugerentes pero accesibles (otra cosa bien distinta es que, por ejemplo, Hispavox no promocionara lo suficiente LPs como Solera Señora azul) y de arreglos inspirados, las más de las veces, en el folk norteamericano. El Rodrigo solista, sin perder de vista ese equilibrio literario-musical, emplea diversos moldes —rockreggae, vals, pasodoble, salsa, bolero…— y bucea en los hontanares de sus pasiones, sacando a la superficie composiciones descriptivas y voluptuosas, de manera que resulta difícil etiquetar su obra…
“De Madrid” representa magníficamente la peculiar manera que Rodrigo tiene de entender la música popular. En esa preciosa canción, al igual que en otras muchas, el autor opta por prescindir de la secuencia del estribillo: de ese modo, resuelve con mano firme la dramática historia y perfila los rasgos de los personajes —Rodrigo es un maestro del retrato— en cuatro minutos y medio, sin traicionar, por tanto, el espíritu inmediato del pop. Y no echamos en falta el estribillo, pues la parte más rítmica de la melodía (aquélla que se repite llegando al último minuto de la balada) acentúa el imperante desgarro.
He puesto un ejemplo representativo pero no excluyente. Quiero decir que otros muchos hermosos temas de Rodrigo sí se benefician de la fórmula del estribillo. Sirva como muestra “En mi propio nido”, en donde un timorato pianista vive una aventura con una pizpireta actriz: “Cómo puedo sentirme solo, / cómo puedo estar aburrido / si este hermoso animal insiste / en cazarme en mi propio nido”. Ese estribillo, verdaderamente rico, no sólo encierra la esencia del tema —fogosidad teñida de turbación—, sino que también cumple una importante función narrativa. Me explico. Las primeras estrofas de la pieza relatan, en pasado, los inaugurales acercamientos entre los amantes, y la reiterada cláusula —cantada en presente— revela que la relación se mantiene en el tiempo. Además, durante esa parte de la canción, el ritmo se acelera notablemente, surgiendo el necesario contrapunto a unas estrofas y a unas armonías extremadamente descriptivas. Por todo esto, Rodrigo semeja al poliédrico cineasta que concentra varios planos en un travelling.
En puridad, Rodrigo —mago del lenguaje, melodista de alzada— no se ciñe por inercia a una estructura: dependiendo de las ideas y de los sentimientos que pretende transmitir, busca soluciones formales de largo alcance. Y por supuesto, adoptando cualquiera de sus papeles —romántico feroz, retratista en celo, galán desde la distancia, dulce presa, poeta despechado…—, consigue que un estilo como la balada, sin dejar de ser popular, adquiera una pátina de refinamiento. Quizás debido a ese carácter renovador, aun sabiendo de la ductilidad musical del autor, me he detenido en dos baladas suyas…
Rodrigo García, en un concierto que ofreció
como solista en la madrileña Sala Clamores.
La última aventura de los guadianescos CRAG duró unos tres años, concluyendo allá por 2008 (es decir, poco después de la publicación de El jefe), pero hacía ya tiempo que Rodrigo, por voluntad propia, permanecía alejado de la escena musical. Conviene recordar que el andaluz es multiinstrumentista y que su singular guitarra fue una de las más solicitadas del pop ibérico de los 70 y los 80 —colaboró, en directos y/o sesiones de estudio, con su expareja Karina, con José y Manuel (quienes luego serían, junto a Guzmán, sus compañeros en Solera), con Mari Trini, con Juan Pardo, con Mocedades, con Rocío Jurado, con el Dúo Dinámico…—. Por mor de la artrosis, Rodrigo ha tenido que ir abandonando las cuerdas; aun así, en los dos temas más rítmicos de V. Curiosas fijaciones…, nos regala provechosos pasajes eléctricos; a mí me encantan los entrecortados acordes de “La miel en los labios”: tengo la impresión de que en ese rock su amado instrumento desprende esquirlas de deseo, igual que en “Rondar de madrugada” (memorable momento de su homónimo LP).
Sin obviar las comentadas limitaciones físicas y materiales, uno, inevitablemente, imagina cómo sonaría la lúbrica guitarra de Rodrigo en canciones tan redondas como “Besos con sordina” (cuyos arreglos son verdaderamente urgentes) o “Amor gitano” (su final, conquistado a través de un ritmo progresivo, pide que un instrumento se desmelene tanto como los amantes protagonistas).
Como muchos de sus versos, el título del quinto trabajo de Rodrigo parece apuntar a más de una dirección (la irremediable vocación de amar, la de componer…), pero, en cualquier caso, nos revela a un hombre ilustrado, inquieto e hipersensible. Un hombre que ha nacido para adorar, más que para querer; para admirar, más que para mirar; para acariciar, más que para tocar al uso… Ninguna amante manipuladora, ningún locutor manipulable, ningún ejecutivo todopoderoso…, es capaz de diluir tanta belleza. Y el maestro —creo yo— lo sabe. Quizás por eso se atreve a mostrarnos, sin ropajes ni accesorios, su repertorio.
Este artículo mío se publicó originalmente en La Huella Digital, 14/12/2013.

El músico Rodrigo García y un servidor, en Madrid. Fotografía de Emilio Acebes.

viernes, 13 de diciembre de 2013

Universo Truffaut

En Besos robados (François Truffaut, 1969), una adorable Cristine Darbon (Claude Jadele brinda esta clase maestra a Antoine Doinel (Jean-Pierre Léaud): 
Yo voy a enseñarte algo que no olvidarás: cómo se unta con mantequilla una tostada sin romperla. Cogemos dos tostadas. Pones una debajo de la otra y luego extiendes la mantequilla. Gracias a la tostada de debajo no se rompe.

La comentada secuencia de Besos robados, en versión original. 

lunes, 9 de diciembre de 2013

Yeats y una ardilla

TO A SQUIRREL AT KYLE-NA-NO

Come play with me;
Why should you run
Through the shaking tree
As though I'd a gun
To strike you dead?
When all I would do
Is to scratch your head
And let you go.

W.B. Yeats


***

A UNA ARDILLA EN KYLE-NA-NO

Ven a jugar conmigo;
¿por qué habrías de correr
por el árbol que tiembla
como si una escopeta
tuviera para matarte?
Todo lo que quisiera
es acariciar tu cabeza
y dejarte escapar.

W.B. Yeats





La imagen está extraída del Twitter de @PaisajeGeo.

martes, 3 de diciembre de 2013

El amor como aventura

"Los conocía a los dos. Estaban enamorados. La chica era muy joven: tenía 17 o 18, creo. Él era bastante mayor, y era un poco salvaje y rebelde. Ella era muy guapa... Juntos todo lo convertían en una especie de aventura." 
(De París, Texas, Wim Wenders, 1984)


Una bella secuencia de París, Texas. 

sábado, 30 de noviembre de 2013

Pola Coruña

Foi pasar pola Coruña e ulir, sen baixarme do coche, o teu claro cabelo mollado… 


Esta imaxe da Coruña pertence á páxina Diario del viajero.

Vanessa analiza mi poesía

Vanessa (una chica muy refinada) analiza, charlando conmigo, mi poesía: 

Es un erotismo oscuro: como si tú fueses la sombra de esas mujeres que ocupan los poemas, como si tú fueses algo radicalmente ajeno (y, a la vez, algo muy íntimo) de ellas... 

Huelga decir que me encanta esta reflexión. 

Un fotograma de Las vírgenes suicidas (1999), filme de Sofia Coppola. 

miércoles, 27 de noviembre de 2013

Belleza etérea


Monica Vitti en La aventura (Michelangelo Antonioni): Belleza etérea, feminidad fascinante... El cineasta la mira, la admira, la sigue, la persigue, la busca, la encuentra sin buscarla, la mima, la arrulla, la desea... Antonioni/Vitti: Un placer para los sentidos.

lunes, 25 de noviembre de 2013

Hyde Park

—Quiero jugar contigo —le dije— en Hyde Park.


Hyde Park, uno de los parques más representativos de Londres. Esta imagen la tomé el pasado mes de septiembre; acababa de llegar a la capital inglesa. 

sábado, 23 de noviembre de 2013

Buckingham y el verano

Si el verano tuviera voz, seguro que sería tan elástica y nerviosa como la de Lindsey Buckingham

Lindsey Buckingham, con Stevie Nicks, que entonces (1973) era su compañera artística y sentimental, a los coros.

jueves, 21 de noviembre de 2013

El único trabajo que dirigieron juntos Truffaut y Godard

"Mi desafortunado compañero dijo que yo no era una muchacha seria. Pero el drama en nuestro tiempo es que todo se hace con seriedad. No silbamos en la calle... Es verdad: todo se ha estropeado porque el arte se ha vuelto serio. (...) Hay (...) palabras que infelizmente desaparecen, como pasta por dinero, o galante por un joven que es agradable. ¡Galante era maravilloso, sí! Pero todo esto está hoy terminado... Valery Larbaud está muerto, Paul Éluard está muerto, Jean Giraudoux está muerto. Todas estas ideas permanecen en mi corazón."
(Del corto Une historie d'eau, 1961, el único trabajo que dirigieron juntos François Truffaut y Jean-Luc Godard) 

Paronomasia

"¡Es la hora, Laura!": Escucho esa hermosa (e involuntaria) paronomasia en la versión doblada de Man In The Saddle (Lucha a muerte, 1951), un western de André de Toth. 


Joan Leslie y Ellen Drew en un momento de Man In The Saddle, de André de Toth. 

miércoles, 20 de noviembre de 2013

martes, 19 de noviembre de 2013

Miradas encendidas

En "Antoine y Colette" (François Truffaut, 1962), la mirada del cineasta se enciende tanto como la de Marie-France Pisier, quien interpreta a la coprotagonista del filme. 


Tres fotogramas de "Antoine y Colette", de François Truffaut. Este hermoso mediometraje del maestro francés pertenece a El amor a los 20 años (1962), obra firmada conjuntamente por Shintarō Ishihara, por Marcel Ophüls, por Renzo Rossellini, por Andrzej Wajda y por el propio Truffaut.

viernes, 15 de noviembre de 2013

Imágenes y palabras

Me encantaría escribir próximamente un guión para un cortometraje. Por el momento disfruto traduciendo, en forma de imágenes, algunas palabras. 

Fuego

—¿Tiene fuego? 
—He viajado 9.000 kilómetros para dárselo. 

(De Alphaville, Jean-Luc Godard, 1965)





Cuatro fotogramas del godardiano filme Alphaville. 

domingo, 10 de noviembre de 2013

Igual que un milagro

Igual que un milagro de la luz: La bellísima catedral de Durham, de origen normando (s. XI), muy de mañana. La imagen la tomé el pasado mes de septiembre durante mi viaje por las islas británicas.

martes, 5 de noviembre de 2013

domingo, 3 de noviembre de 2013

Ternario

Posible ternario de un servidor: la infancia, la mujer, la poesía.


Una entrañable fotografía de Édouard Boubat.

viernes, 1 de noviembre de 2013

O meu poema "Desafío", convertido en blues

Os meus amigos do grupo Os Folkgazais, da Veiga (Asturias), tiveron a xentileza de adaptar musicalmente un poema meu, "Desafío", que formará parte dun EP e que estou impaciente por escoitar. Abel Pérez, líder do conxunto, cóntame que se trata dun blues e que haberá un videoclip da peza; e faime chegar esta imaxe da composición: 


Infinitas grazas ós músicos e a Carlos Aenlle, que, en calidade de lingüista, revisou magnificamente o poema, escrito na variante oriental do galego, aquela que falamos, por exemplo, no meu Santiso nativo ou na Veiga. A poesía realmente é unha versión doutro texto do mesmo título que incluín no meu primeiro libro, Camas de hierba (2011), escrito en castelán e de contido erótico. Deixo eiquí o poema en galego: 

DESAFÍO (II)

Quéixanse os críticos cítricos
porque abuso do grao superlativo.
Eles dicen que aquel corpo era pequeno,
pois non saben que na cama medraba.
Non, ningún deles sería capaz de levar,
coma meu abolo, os mismos calzois
de lunes a domingo.

Sempre dicen
que hei de buscar, cando acabe a carreira,
unha nena que me cuide e me comprenda:
que atrevemento! Pro solo
eu sei que naquel cu nace o Eo.
Que pasa pola Pontenova, que se para
en Santiso e que desemboca
no Mar dos Seus Peitos, formando
a ría de Ribadeo.

Quéixanse os críticos cítricos
porque abuso do grao superlativo.
Pretenden que volva ó franquismo:
sería xusto dicir que aquelas pernas
solo eran “claras”?
Cando as miocas
papen as súas cachas,
quizabes entenda ese empeño.
Mentras tanto...

ai, mentras...

TANTO!

miércoles, 30 de octubre de 2013

De verbena

Hoy parezco un teclista de verbena: cuando se me ocurre una idea, vengo al despacho a escribirla en el ordenador, y ni siquiera me siento.

martes, 29 de octubre de 2013

O príncipe

Dicíasme que era coma un príncipe desvalido. Referíaste á miña ambivalencia? Ou quizabes encarnabas na miña figura a decadencia da Monarquía? 


Timothy Bottoms, en The Last Picture Show, fermosa obra de Peter Bogdanovich. 

sábado, 26 de octubre de 2013

Un recuerdo en catalán

Perquè els amants hem d'arrasar-nos 
L'amor tot fet d'esgarrapades 
amb la claror de gat mesquer 
damunt les cornises del fòsfor

(Porque tenemos que arrasarnos 
entre arañazos los amantes
con la luz de un gato montés 
sobre las cornisas del fósforo)

Pere Gimferrer


La traducción (o, mejor dicho, la versión) de esta visionaria poesía es obra del propio autor, Gimferrer. En mi primer año de la carrera, recién llegado a Madrid, le descubrí el poema a una pizpireta muchacha barcelonesa, y ella me lo leyó en la versión original; aún recuerdo aquella voz alada, casi niña, que parecía haber nacido para hablar el catalán (idioma que amo). Música para el recuerdo... 

Barcelona. Diciembre de 2012. 

viernes, 25 de octubre de 2013

Mallarmé y las ojeras

Como he dicho en más de una ocasión, algunas ojeras me parecen muy expresivas; pues bien, anteayer, leyendo a Mallarmé, me topé con estos hermosos versos que me emocionaron: 
Besaré los afeites que lloran tus ojeras  
a ver si saben dar, al corazón que hieras,  
la insensibilidad del cielo y de la roca.
 Chantal Goya, bellísima, en Masculino femenino (1966), filme de Jean-Luc Godard. Con este fotograma, ilustré hace unos meses mi poema "La chica de las ojeras". 

jueves, 24 de octubre de 2013

En la muerte de Manolo Escobar

Ya sé, está mal visto no elogiar a un artista que acaba de fallecer, pero Manolo Escobar (que en paz descanse) me parecía un símbolo de la España más casposa. 

Descubriendo a Bogdanovich



Cybill Shepherd y Timothy Bottoms, en un momento erótico de La última película (The Last Picture Show, 1971). Ambientada en una ciudad de Texas (años 50), esta obra de Bogdanovich es una tremenda exploración del hastío generacional. La vi por vez primera hace dos noches. Volveré a verla pronto: estoy seguro.

lunes, 21 de octubre de 2013

La zozobra


Bellísima secuencia de Los juncos salvajes (André Téchiné), uno de mis filmes preferidos de los 90. La zozobra, la fogosidad, el rubor, el asombro...

De un antiguo amor


"Sólo pienso en ti" es una canción que siempre me recuerda a un antiguo amor, a una inmarchitable musa. La balada, que lleva la refinada firma de mi apreciado Rodrigo García —ex integrante de Solera y de CRAG (Cánovas, Rodrigo, Adolfo y Guzmán)—, cuenta la historia de un pintor hechizado por su modelo: "Me pongo a pintarte y no lo consigo; / después de estudiarte lentamente, / termino pensando / que faltan sobre mi paleta / colores intensos que reflejen tu rara belleza. / No puedo captar tu sonrisa, / plasmar tu mirada, / pero, poco a poco, / sólo pienso en ti...". Miguel Bosé, Amistades Peligrosas, Enrique Urquijo, Manolo Galván..., son algunos de los conocidos artistas que versionaron este tema, pero ninguna de esas interpretaciones se acerca —creo— a la original, a la del legendario grupo CRAG.

Aprovecho para recordar que Rodrigo publicó hace escasos meses su disco V. Curiosas fijaciones en la vocación irremediable y otros conflictos, que él mismo distribuye. Yo estoy escuchando estos días este interesante trabajo, donde el ex CRAG saca a relucir, una vez más, su alquimia verbal y su envidiable sentido de la melodía. Si deseas hacerte con el citado álbum, escribe a este correo electrónico: irenegbueno@hotmail.com

Para entrar en la bitácora de Rodrigo, Reflexiones del Hipocampo, pincha aquí


domingo, 20 de octubre de 2013

Un título mágico

Entre los títulos de la bibliografía de mi tesis, hay uno verdaderamente bello: Discurso sobre la magia en defensa propia, de Apuleyo, escritor romano del s. II. 


jueves, 17 de octubre de 2013

Verán

Aínda recordo os teus bicos de azucre e xuño... 


 Unha luminosa fotografía de D. Hamilton. Os versos de Shakespeare que aparecen citados na mesma páxina do retrato feminino, poden traducirse deste modo: "Ou, marabillosa, marabillosa, e máis marabillosa / marabillosa! E unha vez máis marabillosa (...)".

miércoles, 16 de octubre de 2013

A rapaza do tempo

Que cidade está a tapar, coa súa maquillada caluga, a rapaza do tempo? 

Por que foxe da trama se é incapaz de sosterse na súa propia linguaxe? 

Crerase unha actriz da Nouvelle vague esta humorista de parroquia? 


Un delicioso descaro: O baile de Bande à part (Jean-Luc Godard, 1964), unha das películas máis representativas da Nouvelle vague

martes, 8 de octubre de 2013

Por tierras escocesas

vi en Inverness a una mujer que no olvidaré, vi la violenta cabellera, el altivo cuerpo, vi un cáncer de pecho, vi un círculo de tierra seca en una vereda, donde antes hubo un árbol (...) 
Jorge Luis Borges 

Servidor, navegando por el lago Ness, en Inverness. Esta imagen, al igual que todas las siguientes, fue tomada el mes pasado. 




Imponentes ruinas del medieval castillo de Urquhart, que domina el lago Ness. 





Servidor, en Edimburgo, la capital escocesa. 

Servidor, en Royal Mile, avenida del bellísimo casco antiguo de Edimburgo. 

La hermosa catedral de Saint Giles, en Edimburgo. Este monumento se construyó a partir del siglo XII. 

lunes, 7 de octubre de 2013

Pasión

LA BAÑERA 

Como una bañera enlucida con porcelana blanca, 
cuando el agua caliente se sale o se va entibiando, 
así es el lento enfriarse de nuestra pasión caballeresca, 
oh mi muy alabada pero-no-del-todo-satisfactoria dama. 

Ezra Pound, Poemas de Lustra, 1913-1915 


Un sutil y erótico autorretrato de Alba García

viernes, 4 de octubre de 2013

jueves, 3 de octubre de 2013

Pound y el mestizaje cultural

Me encanta la entrada que el Diccionario Larousse Ilustrado (1998) dedica a Pound, autor de versos tan memorables como éstos: "Cassandra, tus ojos son como tigres, / en ellos no hay nada escrito". He aquí la entrada a la que me refiero:


miércoles, 2 de octubre de 2013

martes, 1 de octubre de 2013

Borges para Rodríguez Fer: sin fronteras

Claudio Rodríguez Fer, ante la tumba de Jorge Luis Borges, en Ginebra. 
No sé cuál de los dos escribe esta página. 
Jorge Luis Borges

Resulta difícil retratar a Claudio Rodríguez Fer (Lugo, 1956) en una entradilla, pues sus actividades creativas y científicas, que no son pocas, se entreveran constantemente con su vida. Padre de la lírica erótica galaica (Tigres de ternura, A boca violeta [La boca violeta], Cebra…) y galán dulce pero voluptuoso. Insaciable viajero y especialista en la obra del más universal de los vates gallegos (dirige la Cátedra de Poesía y Estética José Ángel Valente). Hombre comprometido con las víctimas del fascismo y autor de una trilogía poética sobre la memoria histórica (Lugo Blues, Amóte vermella [Te amo roja] y A loita continúa [La lucha continúa]). Fiel amante del cine y autor de textos (poemas, narraciones, artículos, ensayos) que ahondan en los universos de Orson Welles, de Woody Allen o de Jean-Luc Godard…
Rodríguez Fer ha publicado recientemente Borges y todo (Escepticismo y otros laberintos) (Del Centro Editores); en este poliédrico libro, el lucense ha reunido cuatro ensayos sobre las cuestiones que más ha investigado en el genial Jorge Luis Borges (Buenos Aires, 1899-Ginebra, 1986) a lo largo de más de tres décadas: “Su concepción de la literatura fantástica, su relación con Galicia y con la cultura gallega, sus encuentros con Valente y su capacidad caleidoscópica para disfrutar del universo en toda su diversidad, de ahí que se titule Borges y todo”.

P.- En el primero de los ensayos reunidos en Borges y todo, explicas que la enjundia literaria del argentino nace en su radical escepticismo.
R.- El propio Borges dejó claro en Otras inquisiciones que su tendencia “a estimar las ideas religiosas o filosóficas por su valor estético y aun por lo que encierran de singular y maravilloso” es indicio de su “escepticismo esencial”. Por eso toda clase de manifestación del pensamiento humano se muestra relativa y meramente conjetural en su obra, pues, como él mismo declaró, “yo no tengo ninguna certidumbre, ni siquiera la certidumbre de la incertidumbre”.

P.- En Borges, como también explicas, casan perfectamente escepticismo y fantasía… 
R.- Desde luego, porque lo fantástico, a diferencia de lo extraño —que es lo aparentemente imposible de explicar— y de lo maravilloso —que es lo fehacientemente imposible de explicar—, no implica confianza en la razón ni requiere fe en lo sobrenatural, sino que es al mismo tiempo extraño y maravilloso, porque no se explica ni se deja de explicar por la razón ni por la fe, como postula el escepticismo.

P.- En sintonía con ese radical escepticismo, recoges una cita de Borges que me parece muy reveladora por su mezcla de desmitificación y asombro: Dios es “la máxima creación de la literatura fantástica”. Dicho lo cual, conviene recordar que el argentino siempre se sintió atraído por la teología.
R.- La teología le parecía a Borges una fuente inagotable de fantasía y consideraba que sus creaciones superaban en imaginación a las de los propios escritores fantásticos: el dios creador y todopoderoso de los monoteísmos, los multiplicadores de Budhas de la tradición Mahayana, la infinita sustancia de infinitos atributos postulada por Spinoza, etc.

P.- Entre los grandes autores que cultivaron la fantasía, ¿Borges, debido a su radical escepticismo, es quizás el que más se interesó por el misterio, en detrimento de la solución?
R.- Puede ser, porque, para Borges, el misterio es abierta e inaprensiblemente rico, complejo y fascinante, y la solución resulta a menudo empobrecedora, simple y decepcionante. Como escribió en “Abenjacán el Bojarí, muerto en su laberinto”: “El misterio participa de lo sobrenatural y aun de lo divino; la solución, del juego de manos”.

P.- La actitud de Borges es estética no sólo hacia la teología, la metafísica, la fantasía…, sino también hacia otras realidades, digamos, más tangibles (la política, la Historia…). En ese sentido, me parece muy oportuno un ejemplo que traes a colación en tu libro: el creador americano, en el cuento “Deutsches Requiem”, llega a homenajear al nazismo, una ideología que él tenía por enemiga.
R.- Borges fue comprometidamente antinazi durante la Segunda Guerra Mundial y, de hecho, suscribió varios manifiestos antifascistas publicados en la revista argentina inequívocamente llamada Antinazi. Pero, al mismo tiempo, era muy amante de la gran cultura alemana, lo que contribuyó a que en “Deutsches Requiem” llegase a homenajear con nobleza la estética del enemigo en el momento de su derrota.

“Deutsches Requiem” (“Réquiem alemán”, en la lengua de Nietzsche) es uno de los memorables relatos de El Aleph. Difícilmente el lector sensible no caerá rendido ante líneas tan expresivas como éstas: “Poco diré de mis años de aprendizaje. Fueron más duros para mí que para muchos otros, ya que a pesar de no carecer de valor, me falta toda vocación de violencia. Comprendí, sin embargo, que estábamos al borde de un tiempo nuevo y que ese tiempo, comparable a las épocas iniciales del islam o del Cristianismo, exigía hombres nuevos. Individualmente, mis camaradas me eran odiosos; en vano procuré razonar que para el alto fin que nos congregaba, no éramos individuos”. Conviene recordar que el narrador del cuento, personaje verdaderamente complejo e incluso paradójico (exsubdirector de un campo de concentración, amante de la poesía, de la filosofía y de la música clásica…), está a un día de ser fusilado “por torturador y asesino”.

P.- Aun sabiendo de la mirada poliédrica de Borges, considero que Enrique Anderson Imbert exagera al decir del autor de El Aleph: “(…) cree en la belleza de todas las teorías”. (La cita la extraigo de tu ensayo.) Considero exagerada esa tesis, pues, como tú mismo recuerdas con tino en otro pasaje del mismo ensayo, para el genio era horrendo y disparatado el dogma de la Santísima Trinidad.
R.- Supongo que Enrique Anderson Imbert se refería a las grandes teorías en general y no a fenómenos concretos como el de la Santísima Trinidad, que, en efecto, a Borges le parecía un engendro de pesadilla, tal como escribió en Historia de la eternidad: “Imaginada de golpe, su concepción de un padre, un hijo y un espectro, articulados en un solo organismo, parece un caso de teratología intelectual”.

P.- Hablemos ahora de la relación del fantástico escritor con Galicia y con la literatura galaica, tema del que te ocupas en el segundo de los ensayos reunidos en Borges y todo. Además de su tendencia a actitudes escépticas y al cultivo del género fantástico —explicas—, existe otro trazo que parece aproximar el universal arte de Borges al trazo atribuido frecuentemente a Galicia y al ser gallego: “simbólicamente, la concepción de la vida y del mundo como laberinto”. Esa atinada observación, unida a la ascendencia portuguesa del propio Borges, es fundamental, creo yo, para acercarnos a la pasión que el maestro sentía por Galicia.
R.- El símbolo más emblemático de la obra de Borges es, sin duda, el del laberinto y, de hecho, Labyrinths fue el título escogido para presentarla en inglés cuando en 1962 se tradujo en Estados Unidos una selección de cuentos de Ficciones yEl Aleph. Pero aunque la base del símbolo asiente en el mito griego, que Borges recreó en el relato “La casa de Asterión”, el mismo autor lo buscó en muchas otras culturas y lo llevó a muchos otros lugares, por ejemplo a Babilonia y a Arabia en “Los dos reyes y los dos laberintos” o al Nilo en “Abenjacán el Bojarí, muerto en su laberinto”. Pero algunos de los más importantes cuentos de Borges, como el enciclopédico “Tlön, Uqbar, Orbis Tertius” o los policíacos “El jardín de los senderos que se bifurcan” y “La muerte y la brújula” son también desarrollos del mito del laberinto, aparte de que su poesía está también absolutamente llena de recreaciones del dédalo. El propio Borges aludió con admiración a los angustiosos laberintos contemporáneos de Kafka, pero creo que su propia concepción del laberinto está más próxima a la lúdica de Poe en “El escarabajo de oro” o en general a la del escocés Stevenson y a la del irlandés Joyce, tres de sus maestros narrativos, los dos últimos de raíces celtas. Análogamente, podríamos conectar el dédalo borgeano con el laberinto más cósmico que caótico y, por tanto, más bien consolador y esperanzador, que encontramos en Galicia, desde los petroglifos rupestres de la Antigüedad hasta el pensamiento, la literatura y el arte contemporáneos.

P.- Borges incluía a Santiago de Compostela entre las ciudades inolvidables en donde había estado.
R.- En efecto, Borges incluyó, en Un ensayo autobiográfico, a Santiago de Compostela entre las ciudades más inolvidables que había visitado, junto a otras cuatro europeas, Ginebra, Edimburgo, Estocolmo y Copenhague, y dos norteamericanas, San Francisco y Nueva York. La razón de esta inclusión la ofreció él mismo cuando explicó que, frente a urbes tan recientes como su natal Buenos Aires, ciudades históricas tan antiguas como la escocesa Edimburgo, la inglesa York o la gallega Santiago de Compostela “pueden mentir eternidad”.


Claudio Rodríguez Fer, en el lago Ness (Inverness, Escocia). 

Rodríguez Fer me confiesa que desde muy joven siente predilección por “autores universales” como Verne o Borges. De hecho,
 se especializó en la literatura del ourensano José Ángel Valente porque éste, como los autores citados, “también estableció en su obra un diálogo con materias y culturas de todas las épocas y de todos los continentes, Borges incluido”. Precisamente en su último libro, Rodríguez Fer —que dirige la Cátedra de Poesía y Estética José Ángel Valente en la Universidad de Santiago, donde además ejerce la docencia y está al frente del anuario filológico Moenia. Revista Lucense de Lingüística & Literatura— ha incluido un ensayo dedicado a los encuentros físicos y literarios que el autor de Fragmentos de un libro futuro mantuvo con su maestro argentino. “Valente, que trató y admiró mucho a Borges, escribió sobre él a la manera borgeana, concretamente en ‘El otro Borges’ y en ‘Borges y yo’, escritos que tienen al mismo tiempo elementos ensayísticos, narrativos y hasta poéticos, como ocurre en numerosos textos del escritor argentino, sobre todo de El hacedor, libro que, desde luego, dinamita la homogeneidad del género literario. Valente siguió este mismo camino en El fin de la edad de plataInterior con figurasNueve enunciaciones y otros muchos lugares”.
Efectivamente, la prosa “El otro Borges” refleja a la perfección ese estilo borgeano (es decir, sinuoso, proteico, pleno de paradójicas imágenes) con que Valente homenajeó al propio genio argentino. Como explica Rodríguez Fer en su ensayo, Valente incluyó en un libro de crítica (Las palabras de la tribu) el citado texto, y, sin dejar de aportar las claves de la literatura del argentino, utilizó procedimientos absolutamente creativos, como el uso de la segunda persona del singular, que, efectivamente, le sirvió para dialogar con el autor de Ficciones: “¿quién es, en efecto, Borges? Sí, Borges, díganos: ¿Quién es usted? ¿Una invención del ya difunto Roger Caillois, como usted ha supuesto? ¿Un bibliotecario bisoño en barrio extremo de la ciudad de Buenos Aires, cuyo nombre coincidía ya, luengos años hace y por curioso azar, con el de un escritor argentino relacionado en el Espasa? ¿O, simplemente, como para la patricia sociedad porteña de otra época, el hijo de Leonorita Acevedo? ¿Será usted la ilustración perfecta de lo que Hegel llama, aunque usted tan poco hegeliano sea, la identidad en la diferencia? ¿Borges y contra-Borges a un tiempo, para cumplirse así en sí mismo como los libros de Tlön, que no eran libros propiamente, sino encerraban a la vez su contralibro? ¿O sería usted anónimo, en rigor? Pues cierto es que no muy útil resultaría en este trance decir que Borges es Borges, si creemos, como quiere un viejo saber, que el nombre que puede ser nombrado no es el verdadero nombre”.
Por supuesto, el homenajeado Borges jugó con el desdoblamiento de forma exquisita, como prueban estas líneas que extraigo de El hacedor: “Yo he de quedar en Borges, no en mí (si es que alguien soy), pero me reconozco menos en sus libros que en muchos otros o que en el laborioso rasgueo de una guitarra. Hace años yo traté de librarme de él y pasé de las mitologías del arrabal a los juegos con el tiempo y con lo infinito, pero esos juegos son de Borges ahora y tendré que idear otras cosas. Así mi vida es una fuga y todo lo pierdo y todo es del olvido, o del otro. No sé cuál de los dos escribe esta página”.

P-. Borges creía que el germen de la narración estaba en el cuento. Para él, una novela incluía, dada su longitud, elementos superfluos, ajenos a la trama: “Yo creo que es imposible escribir una novela sin ripio, pero un buen cuento —de Kipling por ejemplo— puede no contener ningún ripio, que yo sepa. No he escrito novelas porque no soy lector de novelas”. ¿Desmonta esta tesis la vieja creencia popular de que, para ser un buen narrador, hace falta haber leído muchas novelas?
R.- A Valéry le resultaba aburrido leer y más aún escribir trivialidades habituales en las novelas como “La marquesa salió a las cinco”, según recogió Breton en su “Manifiesto del surrealismo” de 1924, y lo mismo le ocurría a Borges. En cambio, en el cuento suele predominar la exigente motivación compositiva de la que hablaba Chejov: si aparece un clavo al principio, alguien se colgará de él al final, porque nada debe ser superfluo nunca. Esta economía de lo imprescindible es la que encontramos en Borges y en sus maestros Poe, Stevenson y Kipling, o en sus verdaderos discípulos, como Julio Cortázar, todos ellos virtuosos del relato breve. En la literatura española se encuentra ese ejemplo en la borgeana narrativa breve de Valente, por cierto lamentablemente oscurecida por la mucho más reconocida producción poética de su autor.

P.- En 2010, se supo de la existencia de un manuscrito borgeano de 4 páginas acerca de los nietos desheredados de un héroe de la Guerra de la Independencia. El relato, identificado como Los Rivero, está inacabado, y su descubridor, Julio Ortega (crítico y profesor de la Universidad de Brown), cree que ésa fue la novela que Borges no quiso escribir. Según Ortega, el autor de Libro de arena abortó la empresa de Los Rivero precisamente porque se dio cuenta de que el texto se trataba de una novela y de que, por tanto, necesitaría extenderse. Pero ésa es sólo una hipótesis… ¿Sería descabellado imaginar cómo se movería Borges en la distancia larga?
R.- Borges pensó en más de una ocasión en hacer una novela, por ejemplo cuando proyectó “El congreso”, que luego fue un cuento largo incluido en El libro de arena, pero, en cualquier caso, su novelística nunca abusaría del tedio o de la trivialidad de los detalles, sino que seguramente se parecería a la de su admirado Kafka. Prueba de ello es la kafkiana película de largometraje titulada Invasión, de la que hizo el guión junto a su amigo Adolfo Bioy Casares y al director Hugo Santiago Muchnick.

P.- Destacaré una similitud que Borges encontraba entre el cuento y el poema corto: uno y otro —decía— pueden darnos “una sensación de plenitud continuamente”, porque, al contrario que la novela, son ideales para leerse de una sola sentada. Tratándose de algún otro literato, yo probablemente te preguntaría: ¿en qué medida está el poeta presente en sus cuentos, y en qué medida el narrador está presente en su lírica? Pero el americano es un creador integral y rebasa los cánones…
R.- Desde luego, hay muchos temas, como el del laberinto cósmico, y muchas técnicas, como la de la enumeración caótica, que se encuentran por igual en la poesía y en la prosa e Borges, y, dentro de esta, tanto en el cuento como en el ensayo. Toda obra, incluso si es científica, como toda vida, tiende a la plenitud y por tanto a la poesía, tal como explicó el propio Borges: “Buscamos la poesía; buscamos la vida. Y la vida está, estoy seguro, hecha de poesía. La poesía no es algo extraño: está acechando, como veremos, a la vuelta de la esquina. Puede surgir ante nosotros en cualquier momento”. Pues bien, a mi ver, en su obra, la poesía y la vida surgen continuamente.

P.- Al hilo de esa condición de escritor integral, en el último de los ensayos reunidos en Borges y todo, dado a conocer electrónicamente el pasado año en la revista Jot Down, escribes algo que también apreció Valente y que yo, desde luego, suscribo: el creador de El oro de los tigres derrocha genialidad no sólo en el cuerpo central de sus libros, sino también en los prólogos, en los epílogos ¡e, incluso, en las dedicatorias! Difícilmente se puede ser más integral… 
R.- En efecto, el escritor, el poeta, el genio, lo es por igual en sus obras mayores y en los paratextos de las mismas, así que se pueden hacer excelentes antologías de prólogos, epílogos o dedicatorias de Borges. De hecho, ya existen volúmenes compilatorios como los titulados Prólogos con un prólogo de prólogosBiblioteca personal o Prólogos de La Biblioteca de Babel, que contienen auténticas delicias.

Son muchos los paratextos borgeanos que ejemplifican la tesis de Rodríguez Fer. Destacaré estas visionarias líneas extraídas del epílogo de El hacedor: “Un hombre se propone la tarea de dibujar el mundo. A lo largo de los años puebla un espacio con imágenes de provincias, de reinos, de montañas, de bahías, de naves, de islas, de peces, de habitaciones, de instrumentos, de astros, de caballos y de personas. Poco antes de morir, descubre que ese paciente laberinto de líneas traza la imagen de su cara”.

P.- Hablábamos antes de tus ensayos dedicados a Borges. Pero en tu obra creativa, también has homenajeado (de forma directa u oblicua) al autor de La rosa profunda. De hecho, este mago ya aparece citado en tu primer libro, Poemas de amor sen morte (Poemas de amor sin muerte), publicado en 1979. Y uno de tus Meta-relatos se titula significativamente “A biblioteca de Borges” (“La biblioteca de Borges”). Pondré otro ejemplo más reciente: en Viaxes a ti (Viajes a ti), este micropoema tuyo (se titula “Borges”) es casi una traducción de una frase de El Aleph: “Eu tamén vin / en Inverness / unha muller / que non esquecerei” (“Yo también vi / en Inverness / una mujer / que no olvidaré”).
R.- En efecto, Borges es uno de esos autores con los que establecí contacto desde mi primer libro y con los que he mantenido diálogo permanente. De hecho, la primera cita del primer poema de mi primera obra es precisamente de Borges: “Yo, que tantos hombres he sido…”. El más reciente poema “Borges” surgió, como epifanía erótica y borgeana a un tiempo, cuando visité las Tierras Altas de Escocia, pues allí sentí el maravilloso abismo de estar viviendo la frase alusiva a Inverness de la enumeración caótica de El Aleph.

P.- Amor, humor, teología, literatura, ciencia, filosofía, política, arte, geografía, historia, astronomía… En las páginas de Borges, laten prácticamente todas las inquietudes del hombre (de ahí que el título de tu último libro sea tan oportuno), pero ahora que hablas de tu “epifanía erótica y borgeana”, sería injusto obviar que el erotismo es un tema apenas cultivado por el autor de La cifra
R.- En la poesía y en la narrativa de Borges aparece muchas veces el amor, pero muy pocas su manifestación erótica explícita, entre otras razones porque este autor fue formado como una especie de pudoroso caballero victoriano y le desagradaba mostrar abiertamente tal dimensión. No obstante, el erotismo aparece en la obra de Borges de una manera sutil y simbólica no exenta tampoco de sensualidad. Por ejemplo, en el precioso cuento “Ulrica”, que sucede en la histórica ciudad de York, los enamorados, un maduro colombiano y una feminista noruega, se acuestan juntos en un cuarto con las paredes empapeladas de un rojo muy profundo, a la manera del diseñador utopista William Morris, lleno de frutos y pájaros entrelazados. Y, en este contexto tan estéticamente erótico, desaparece la espada simbólica de la Saga nórdica de la que habían hablado y que invisiblemente había entre los dos, sugiriéndose a continuación bella y fluidamente la aliteración que brota de la unión sexual: “Secular en la sombra fluyó el amor”.

P.- Volvamos a las enseñanzas que recibiste de Borges. En una ocasión, me dijiste que debes al mago “la apertura sin límites a los más variados temas, mundos y autores”. Ciertamente, en tus creaciones no es difícil percibir el gusto por el exotismo borgeano. Verbigracia: el universo imaginario del argentino está poblado de tigres, y tú titulas significativamente tu segundo poemario Tigres de ternura (Premio Nacional de la Crítica de 1982), tomando como fuente de inspiración a Cansinos Assens (“Yo seré como un tigre de ternura”), quien a su vez era un maestro para el propio Borges. Un hermoso triángulo…
R.- Cuenta Borges que cuando iba de pequeño a contemplar el tigre al zoo, a todos los niños les parecía sanguinario y hermoso, pero a su inocente hermana Norah le parecía que estaba hecho para el amor. Luego Borges asoció esta observación al verso de su maestro judío-español Rafael Cansinos Assens, quien en efecto había escrito “Yo seré como un tigre de ternura”. Por todo esto, yo mismo, admirador desde niño de los tigres y lector desde muy joven de Borges y, gracias a Borges, también de los tigréfilos Blake, Chesterton, Kipling y Cansinos, no podía sino titular Tigres de ternuraaquel libro lleno de referencias al tigre. Además, al reunir dos elementos aparentemente antagónicos, este título reflejaba muy bien la pasión amorosa, que me parecía que debía reunir la fiereza de lo felino y la dulzura de lo tierno. En este sentido, tanto en el libro como en el título había una dimensión reivindicativa, porque, como es obvio, en la tradición patriarcal de la época en la que yo fui formado, la ternura era vista como un sentimiento más bien femenino e impropio del varón, que se entendía más acorde, en cambio, con la agresiva fortaleza del tigre o del león, cuando no con la del gorila. Y yo pensaba entonces, como por supuesto sigo pensando ahora, que el hombre no es menos ni más hombre por sentir o manifestar ternura, solo, eso sí, es más persona, o sea, es un ser humano más completo y no mutilado o amputado de una dimensión tan necesaria para dar y recibir lo más importante que puede darse y recibirse en la vida, que, naturalmente, es el amor.

P.- ¿Fabulaste alguna vez con la posibilidad de conocer en persona al fabuloso Borges, fallecido en 1986?
R.- Después de leer y releer a un autor muy admirado o simplemente muy próximo aunque no se haya conocido en persona, Borges decía que uno acababa considerándolo como a un amigo. Así lo dijo de Oscar Wilde, por ejemplo: “Pensar en él es pensar en un amigo íntimo, que no hemos visto nunca pero cuya voz conocemos, y que extrañamos cada día”. Al final de “Borges y los regalos del universo”, sin desdecir de mi admiración por muchos grandes escritores, yo digo que a lo largo de mi vida sentí, incluso desde niño o desde adolescente, algo parecido con respecto a narradores como Verne, Cervantes y Tolstoi, o a poetas como Whitman, Rosalía y Dickinson, para concluir que desde muy joven lo sentí siempre respecto a Borges. Ahora bien, en este caso, como en el de otros autores coetáneos, no podemos decir que no los hayamos visto u oído nunca, porque seguramente los hemos visionado y escuchado muchas veces a través de grabaciones audiovisuales, que dan una proximidad todavía mayor, más directa, más personal y más íntima. Así que, en realidad, yo tengo la misma o mayor sensación de haber conocido a Borges o a Cortázar, de quienes leí, vi y oí casi todo, que a otros autores que conocí o que incluso traté personalmente. Como decía Quevedo, otro gran maestro de Borges, a propósito de la lectura, al menos en estos dos casos: “vivo en conversación con los difuntos / y escucho con mis ojos a los muertos”.
(Esta entrevista mía se publicó el 20 de septiembre de 2013 en La Huella Digital.