Bitácora de Héctor Acebo, poeta, periodista cultural y doctor en Periodismo

Bitácora de Héctor Acebo, poeta, periodista cultural y doctor en Periodismo.
-Correo: acebobello@gmail.com
-Instagram: @hectoracebo
-Twitter: @HectorAcebo

miércoles, 30 de enero de 2008

100 canciones para la eternidad: 42.- «The wole of the moon» (The Waterboys)


«The wole of the moon» es un himno extraído de This is the sea (1985).

Ibáñez salve a Mortadelo


(A propósito de Mortadelo y Filemón. Misión: salvar la Tierra)

“(…) Aquel verdor de luna / de febrero, con nieve, entre vagones, / no es más que una viñeta (…)”. Estos versos del Libro de las alucinaciones de Pepe Hierro podrían resumir a la perfección el último filme de Miguel Bardem. En Mortadelo y Filemón. Misión: salvar la tierra, como ya hiciera Javier Fesser con la anterior adaptación (La gran aventura de Mortadelo y Filemón, 2003), se intenta plasmar el universo expresionista del cómic de Francisco Ibáñez. Es precisamente ahí donde reside el mayor peligro: convertir, sin la inestimable ayuda de la máquina de copias de personajes (que no personas) diseñada por el Profesor Bacterio, las viñetas en escenas del séptimo arte.

Como ya hiciera Fesser con Mentxu (la hasta entonces desconocida madre de Filemón), Bardem se permite la licencia (o sacrilegio, según cuentan algunos fans del cómic) de parir a Toribia (¡la hermana de Mortadelo!, Carmen Ruiz), en un intento de perfeccionar la estructura argumental. Pero el director de Incautos (2003) peca en un exceso de producción que no concuerda con la atmósfera cañí de Ibáñez (¿dónde están los gags artesanales de Fesser?). De modo que un perro digital que dice llamarse como el Presidente de EEUU (“¡Bush no es una persona, sino un animal!”, anoten esta frase de Mortadelo –Edu Soto–) es, cuando menos, anacrónico. Lo que no podemos reprocharle a Bardem es el intento de abordar temas de actualidad (el Rey se equivoca, con el “orgullo” y la “satisfacción” a flor de piel, de discurso; los guiños al calentamiento global…) que trata Ibáñez (nadie como él para salvar la Tierra) en cada entrega. Claro que la gracia (o la substancia, si preferís llamarla de este modo) está en que Mortadelo siga sorprendiéndonos con sus disfraces (¿por qué ya no se disfraza de fuente?). O en que Rompetechos confunda esta nariz con un jugoso chorizo de cantimpalo, oiga.

En efecto, la sensación que me ha producido la segunda adaptación cinematográfica de Ibáñez es una notable impotencia a la hora de recuperar aquel paraíso perdido. Como en la vida misma, vamos. Tal vez sea demasiado romántico, pero me parece imposible conseguir, con la ¿ayuda? de grandes artificios, el impacto que una viñeta (¿recordáis los insultos del Súper, que se representaban, en aquellas páginas polvorientas, con serpientes, retretes y otras genialidades?) produce en nuestra mente. Pepe Hierro, como siempre, lo expresa mejor: “(…) Aquella luna / de agosto, sobre el mar y las montañas, / se ha apagado. Es vulgar. Y tantas cosas / que fueron mías, nunca vuestras, / y hoy ni siquiera son ya mías.”

HÉCTOR ACEBO

lunes, 28 de enero de 2008

Príncipe di Montenevoso


Soy de los que ardientemente detestan la injusticia,
de los que creen que es indigno casi cualquier privilegio;
y al tiempo soy clasista y amo la diferencia.
Creo en el pueblo y me llena de rabia la pobreza,
mas soy también feroz individualista, singular extremo.
Amo al amor sobre todas las cosas, detesto la ternura.
Soy altivo, intolerante, fuerte; pero débil como niño pequeño.
Aplaudo al que lo mata, mas me uno con el Zar y su destino.
Creo en la bondad como en un bien supremo,
mas haciendo daño - hay días - experimento júbilo.
Vivo en soledad la plenitud más alta,
aunque el mundo me llame y su halago me encienda.
La vida me gusta toda, fervor de mis sentidos,
pero a su vez la muerte me tienta serenísima.
Soy de los que viven y quieren ya estar muertos.
Me gusta el sol y el infinito placer de los crepúsculos.

(LUIS ANTONIO DE VILLENA, La muerte únicamente, 1984)

jueves, 24 de enero de 2008

viernes, 18 de enero de 2008

Lo conocí antes de conocerlo


...Y, por fin, mi pequeño homenaje al gran Ángel González. Este artículo, "Lo conocí antes de conocerlo", ha salido publicado hoy en la revista digital La República Cultural:

Conocí a Ángel González hace dos años y medio. Los hombres aleccionaban a las cigarras. La mañana –“ese tigre de papel de periódico”– rugía entre mis manos. Yo acudía, en compañía de mis dos queridos profesores Arturo Peralta y Ramón Fernández Fuentes, a un recital que el poeta ofrecía en la Casa de Cultura de Vegadeo. A escasos días de tutear al monstruo de la PAU, yo no dudaba, por muy increíble que pudiese parecer a mis compañeros de entonces, en subir al tren (¿o a la trenza?) que nos llevaba “a una extraña región de la que nunca volveríamos”. Y así ha sido.

Anunciaba que conocí a Ángel González aquella tarde en Vegadeo (¡y tuve la suerte de tomar con él un refresco!). Pero quizás esté mintiendo… Quiero decir que antes de conocer al poeta yo ya había experimentado, por ejemplo, aquella excitante sensación: “Escribir un poema es algo así como un orgasmo: / mancha la tinta tanto como el semen, / empreña también más en ocasiones”… Si echo la vista atrás, quizás me resulte ridículo este argumento, pero por aquel entonces yo todavía no era consciente de que, como descubriera Octavio Paz, la mejor biografía de un poeta es su obra. En ese sentido, no me extraña que el Ángel González de hoy haya tenido remordimientos a la hora de aceptar el Honoris Causa por parte de la Universidad de Oviedo. “Miro hacia atrás y me asombro de cuántos rostros, cuántas máscaras, cuántas figuras, cuántos trajes, cuántos uniformes, he sido”. Y tiene razón: el honor que recibe se otorga al autor de algunos poemas que escribió alguien que quizás ya no es él.

El poema (o el profeta) me ha ayudado a sostener la mayoría de edad, anticipándome experiencias que no tardarían en sucederme: así pues, desde que vivo en Madrid, “las cucarachas de mi casa protestan porque leo por las noches”, lo cual, para qué vamos a negarlo, demuestra lo mucho que hemos evolucionado… en Bravo Murillo y en O Chao (capital de mi querido San Tirso de Abres). El pasado año, en la Feria del Libro de la capital, estuve a punto de desvelarle mi trágica experiencia, pero preferí seguir corriéndome –¡sólo Vallejo lo disimulaba, ni siquiera el propio González…!– en silencio. Sí, es cierto, lo conocí antes de conocerlo: que Dios bendiga, pues, el onanismo.

A propósito de El orfanato


A propósito de la criba preselectiva de los Oscar, y el consiguiente fracaso de El orfanato (J. A. Bayona, 2007), ha salido publicada hoy una de mis crítica de cine en la revista digital La República Cultural:

La escena del escondite inglés que ilustra el comienzo de la historia, y que se vuelve a repetir, de un modo escalofriante, al término de la misma cuando Laura (Belén Rueda) resucita a sus viejos amigos, podría servir como el contraste definitivo y definitorio de la filosofía de El orfanato. En la ópera prima de J. A. Bayona conviven, con resentimiento por ambas partes, la infancia robada y la madurez temeraria que transmite, con una simple mirada, Belén (¡qué bien Rueda!). Porque, como decía Leopoldo María Panero en El desencanto (Jaime Chávarri, 1976), "En la infancia, vivimos; después, sobrevivimos".

¿Qué es lo que más me llama la atención en este apasionante viaje sin retorno a las entrañas del Nunca Jamás? La amalgama de influencias que utiliza Bayona, sin concesiones a la señora urticaria, para describir todo tipo de situaciones escatológicas (¿cómo olvidar a aquella rubia capaz de esnifar polvo cadavérico?) y terroríficas, que se concentran a modo de metáfora en los retales de la lynchiana máscara del hijo de nuestra heroína.

No sé si ustedes tendrían esperanzas puestas en el filme que estamos recordando, pero a este espectador le ha sorprendido más bien poco la criba preselectiva de los Oscar… Me explico. A pesar de la elegancia que transmite El orfanato (¿o la playa de Llanes?), no debemos olvidar que los esfuerzos empleados en moldear a Laura con una psicología tan sobrecogedora como estéril olvida el tratamiento de personajes importantes. De modo que su propio marido permanece evadido durante la mayor parte del metraje.

Por otra parte, el guión es bastante previsible desde el momento en que la viejecita visita la mansión. Y, si echamos la vista atrás, hace casi cuarenta años (¡qué poco hemos evolucionado!) Ibáñez Serrador consiguió, sin ningún tipo de artificio, enclaustrarnos en una residencia que parecía una miniatura de la época. ¡Aquello sí que era terror…!

Lo que sí consigue Bayona, qué duda cabe, es un apasionante viaje sin retorno a las entrañas del Nunca Jamás. A propósito de la Ley de Memoria Histórica, no olvidemos el pasado… o arderá nuestra memoria. Como el mar.

HÉCTOR ACEBO

martes, 15 de enero de 2008

De Villena a González. Recordatorio.

"Palabras en el tiempo, corazón de justicia": así se titula el obituario que mi querido Luis Antonio de Villena escribió el pasado domingo en El Mundo. En el mismo, el autor de Los gatos príncipes destaca, por encima de todo, el rigor literario y el compromiso social que caracterizaba a este hombre de izquierdas al que muchos denominan "poeta del compromiso".

100 canciones para la eternidad: 36.- «Romeo and Juliet» (Dire Straits)


La carrera en solitario de Mark Knopfler no llegó a escribir canciones tan memorables como «Romeo and Juliet».

sábado, 12 de enero de 2008

Cómo llamarnos Ángel González

El mundo de la cultura está consternado. Pero, como me acaba de decir Martínez Sarrión, debemos pensar en que el literato ovetense ha tenido una vida (literaria y personal) cuando menos intensa. En fin, la muerte es simbólica: por encima de ella permanecerán sus versos. Entre ellos, los que conforman el magnífico poema «Para que yo me llame Ángel González».

Al poeta del compromiso


Me resulta difícil aceptar la muerte de Ángel González. A pesar de que no llegué a tratarlo, nos conocimos hace casi tres años en Vegadeo. Lo volví a ver un año más tarde en la Feria del Libro de Madrid (¡se acordaba de mí...!). No es extraño que hable de la obra del autor ovetense con algunos de sus amigos que tenemos en común, entre ellos Antonio Martínez Sarrión. Hace menos de un mes hacía lo propio, en Colón, con Luis Antonio de Villena: todos le admiraban. Bueno, todos le admirábamos. En fin, gracias por retratar a aquéllos que protestan cuando leemos por las noches, querido Ángel González. Decía Octavio Paz que "la mejor biografía de un poeta es su obra": nada mejor que recordar algunos de los mejores versos del poeta del compromiso:
ME BASTA ASÍ

Si yo fuese Dios
y tuviese el secreto,
haría un ser exacto a ti;
lo probaría
(a la manera de los panaderos
cuando prueban el pan, es decir:
con la boca),
y si ese sabor fuese
igual al tuyo, o sea
tu mismo olor, y tu manera
de sonreír,
y de guardar silencio,
y de estrechar mi mano estrictamente,
y de besarnos sin hacernos daño
—de esto sí estoy seguro: pongo
tanta atención cuando te beso—;
entonces,
si yo fuese Dios,
podría repetirte y repetirte,
siempre la misma y siempre diferente,
sin cansarme jamás del juego idéntico,
sin desdeñar tampoco la que fuiste
por la que ibas a ser dentro de nada;
ya no sé si me explico, pero quiero
aclarar que si yo fuese
Dios, haría
lo posible por ser Ángel González
para quererte tal como te quiero,
para aguardar con calma
a que te crees tú misma cada día
a que sorprendas todas las mañanas
la luz recién nacida con tu propia
luz, y corras
la cortina impalpable que separa
el sueño de la vida,
resucitándome con tu palabra,
Lázaro alegre,
yo,
mojado todavía
de sombras y pereza,
sorprendido y absorto
en la contemplación de todo aquello
que, en unión de mí mismo,
recuperas y salvas, mueves, dejas
abandonado cuando —luego— callas...
(Escucho tu silencio.
Oigo
constelaciones: existes.
Creo en ti.
Eres.
Me basta).

viernes, 11 de enero de 2008

Yo por ti, tú por mí...


Están multiplicando las niñas en alta voz,
yo por ti, tú por mí, los dos
por los que ya no pueden ni con el alma,
cantan las niñas en alta voz
a ver si consiguen que de una vez las oiga Dios.

Yo por ti, tú por mí, todos
por una tierra en paz y una patria mejor.
Las niñas de las escuelas públicas ponen el grito en el cielo,
pero parece que el cielo no quiere nada con los pobres,
no lo puedo creer. Debe haber algún error
en el multiplicando o en el multiplicador.

Las que tengan trenzas, que se las suelten,
las que traigan braguitas, que se las bajen rápidamente,
y las que no tengan otra cosa que un pequeño caracol,
que lo saquen al sol,
y todas a la vez entonen en alta voz
yo por ti, tú por mí, los dos
por todos los que sufren en la tierra
sin que le haga caso Dios.

(BLAS DE OTERO)

100 canciones para la eternidad: 35.- «Te recuerdo, Amanda» (Víctor Jara)

El chileno Víctor Jara sabía que no hay mayor pecado que quitar los sueños a un obrero. El autor de «Te recuerdo, Amanda», asesinado por el fascismo, cometió un único delito: soñar una vida mejor. Recordemos, pues, su canción.

jueves, 10 de enero de 2008

Benditos

Ayer fue un día bastante movido. Juan Luis Cebrián, en un artículo de opinión publicado en El País, afirmaba que «el laicismo sólo puede ser radical, pues ha de garantizar la total separación entre el Estado y cualquier tipo de confesión religiosa, incluida la mayoritaria». Enric Sopena, por su parte, manchó, en el programa 59'' (TVE), las sábanas la Real Iglesia: «No recen por mí, controlen la Cope». Después de haber apoyado una sangrienta dictadura durante casi cuarenta años, Rouco Varela y compañía deberían quedarse en sus casitas a rezar por todos aquellos que murieron en el acto humanitario de Irak. Ellos, los reales, siguen insistiendo en que el Papa se opuso, en su momento, al imperialismo aznarista. Pero cabe hacerse, siguiendo el ejemplo de algunos de los contertulios del programa de ayer, la siguiente pregunta: «¿Por qué nuestra Iglesia nunca se manifestó en contra de una guerra que se oponía al ideal del Papa». Quizás hace cuatro años no estuviesen de moda las manifestaciones... Ahora, benditos angelitos, se han enamorado...

100 canciones para la ternidad: 34.- «Mother» (John Lennon)

Cuando Lennon cantó a su «Mother» se olvidó de las dulces melodías de los Beatles, renegando incluso de ellos en otras canciones del Plastic Ono Band (¿quién no recuerda «God»?). Es la resurrección del niño.

martes, 8 de enero de 2008

100 canciones para la ternidad: 33.- «The river» (Bruce Springsteen)

Springsteen bebió del maestro Dylan para componer, lejos de los típicos tópicos de otros hits que vendrían después («Brilliant disguise», la pegadiza «Dancing in the dark»...) su letra más lograda: «The river», extraída del álbum homónimo. Y logró, qué duda cabe, musicalizar las frustraciones de la clase obrera.

Gracias a ti también, Boss. Por entendernos.

Vengo de la parte baja del valle,

donde cuando eres niño

te enseñan a hacer las cosas

de la misma forma que las hacía tu padre...

(SPRINGSTEEN)

Río Eo (San Tirso de Abres)

100 canciones para la eternidad: 32.- "Rain dogs" (Tom Waits)


Según la RAE, el teatro sería:

7. m. Arte de componer obras dramáticas, o de representarlas. (...)
8. m. Acción fingida y exagerada. Arturo le echa mucho teatro a sus intervenciones.
Tom Waits representa a la perfección en su música ambas acepciones. Ruge, canta, bebe, vive, finge... Y exagera. Porque toda historia debe poseer un tinte dramático para ser creída. Como "Rain dogs".
Bendito seas, Tom.

viernes, 4 de enero de 2008