Bitácora de Héctor Acebo, poeta, periodista cultural y doctor en Periodismo

Bitácora de Héctor Acebo, poeta, periodista cultural y doctor en Periodismo.
-Correo: acebobello@gmail.com
-Instagram: @hectoracebo
-Twitter: @HectorAcebo

viernes, 31 de diciembre de 2010

Llega la noche...



¡Ah, el estallido incontrolable de Morrison en It's too late to stop now, admirable fusión –y confusión– de géneros (no se puede hablar como tal de rock, de blues, de soul o de gospel, sino de MÚSICA)! Una versión muy parecida de la canción del vídeo está incluida en el citado álbum. A uno le gusta escucharla para cerrar el año, para demostrar a las altas esferas que no todos actuamos al dictado de las modas y de la fama.

Here comes the night! La noche, los sueños, el viaje...

jueves, 30 de diciembre de 2010

Octavio Paz y el erotismo


El erotismo es la dimensión humana de la sexualidad, aquello que la imaginación añade a la naturaleza. Un ejemplo: la copulación frente a frente, en la que los dos participantes se miran a los ojos, es una invención humana y no es practicada por ninguno de los otros mamíferos.

Octavio Paz, La llama doble, Ed. Seix Barral, Madrid, 2001

martes, 28 de diciembre de 2010

"Louro de Salceda": Otra historia de don Álvaro Cunqueiro


Louro vivía en Salceda, en una soledad montañosa, en lo alto de la sierra de la Corda, y su casa, siempre muy encalada, asomaba por encima de los nogales, con su gran chimenea siempre humeando. Louro era de mediana estatura, moreno, flaco, los ojos grandes inquietos, las manos muy vivas, acompañando el discurso, la colilla del pitillo de picadura siempre pegada al labio inferior, moviéndose y vertiendo ceniza y tabaco mientras Louro hablaba. Louro siempre hablaba de tesoros. Tenía un Ciprianillo y un mapa del ayuntamiento de Parga. Louro sabía de un tesoro en Fontela, cerca de Parga capital, que estaba solo, sin moro ni hada. Lo había encontrado ya hacía años un vecino de allí, un tal Cándido, que era componedor de huesos. El tesoro habló con Cándido:

–¡Don Cándido, por favor, déjeme quedar en mi casa! Si me lleva, me ha de gastar, y si me gasta ¿qué figura hago yo delante de los otros tesoros?

Cándido dedujo que los tesoros se reunían, o visitaban, con lo cual, estando atento, podía, en vez de un tesoro, hacerse con cuatro o cinco. Se dejó, pues, convencer por el tesoro, y no lo tocó. Eso sí, varias veces al año iba a echarle un vistazo al tesoro, y por San Bartolomé le pedía que le pagase los réditos. El tesoro le pagaba religiosamente. Con los réditos, Cándido se pagaba una cura de aguas en Guitiriz, en el balneario, todos los días comiendo pollo asado, y de postre, melocotones en almíbar. Yo le preguntaba a Louro qué figura tenía el tesoro de Cándido.

–Creo que era un montón de oro que estaba sentado de espaldas a la puerta de la cueva.

Louro estaba empeñado en aprender a leer de derecha a izquierda, para poder hablar con los tesoros que encontrase, a los que le había asegurado Cándido que hay que dirigirse en lengua gallega, con las palabras al revés.

–Verbigracia –me decía Louro–, roñes por señor, oruo por ouro, y oñiv por viño.
–¿No le parecerá mal a un tesoro que lo trates de roñes?
–¿Por qué? ¡Cada lengua tiene su natural!

Louro me contaba de un cura que hubo en Betanzos y que encontró un tesoro. El tesoro le dijo al cura que se pusiese de espaldas, que iba a vestirse de gala, que cuando lo encontró estaba con ropa de diario. El cura, con un espejito de mano que sacó a disimulo, vio el tocado del tesoro. Se quitó una capa parda y se puso una mitra blanca, y después cogió con sus dos manos su sombra y la comió, y con ella la de un árbol que estaba allí cerca. Entonces se mostró resplandeciente, rojo, rojo, en el crepúsculo vespertino, entre las rocas.

–Era un tesoro que se llamaba Paris.

El cura lo llevó para su casa y lo metió en una caja de cristal. El tesoro era una boca de oro, con siete dientes. El tesoro le dijo al cura que se alimentaba de palabras. El cura, todos los días de Dios, le metía al tesoro entre los dientes una página del diccionario latino-castellano de don Raimundo de Miguel, o de una “guía” de teléfonos, que la robó en un café en La Coruña, que a lo mejor el tesoro también quería saber de la gente. El cura tuvo que hacer un viaje a Madrid, y dejó el tesoro escondido en la cuadra. Cuando regresó de la capital, el tesoro había desaparecido.

–¡Es que a un caballero principal no se le puede dejar una semana debajo del estiércol, coño! –comentaba Louro.

Álvaro Cunqueiro, Xente de aquí e de acolá (traducido al castellano como La otra gente)

lunes, 27 de diciembre de 2010

Políticos

(...) o que clama ao ceo é que os señores parlamentarios, que tanto se devanan os miolos para pontificar sobre o que deben facer os votantes que os puxeron aí –no Congreso ou nesa cámara absolutamente inútil que éo o Senado–, teñan o privilexio de percibir a máxima pensión tras quentar o seu escano durante dúas ou tres lexislaturas (oito ou doce anos). E aínda se queixan de que os políticos están desprestixiados.

ELÍAS FERREIRO (El Progreso, 24/12/2010)

martes, 21 de diciembre de 2010

La vocinglería


Mientras nuestro mejor canal informativo, CNN+, está a punto de desaparecer de la parrilla, la telebasura sigue alcanzando enormes cotas de audiencia. He aquí un reflejo de esta sociedad, de nuestras demandas e intereses. El espectáculo barato frente a la profundidad y a la interpretación. El insulto y la vocinglería en lugar de la cultura del esfuerzo. «O curas hominum! O quantum est in rebus inane!» (¡Oh, afanes de los hombres! ¡Oh, cuán vacías son todas las cosas!), decía aquella sátira de Persio.

lunes, 20 de diciembre de 2010

Homenaje a Luis Rosales (1910-1992)


Este año hemos tenido la ocasión de homenajear por todo lo alto al poeta universal Miguel Hernández, pero no debemos olvidar que también han pasado cien años desde el nacimiento de otro buen vate de su generación (la del 36), Luis Rosales. Es de recibo recordar al autor de La casa encendida a través de su obra:

AUTOBIOGRAFÍA

Como el náufrago metódico que contase las olas que le bastan para morir,
y las contase, y las volviese a contar, para evitar errores,
hasta la última,
hasta aquella que tiene la estatura de un niño y le cubre la frente,
así he vivido yo con una prudencia de caballo de cartón en el baño,
sabiendo que jamás me he equivocado en nada,
sino en las cosas que yo más quería.

***

SIEMPRE MAÑANA Y NUNCA MAÑANAMOS

Al día siguiente,
–hoy–
al llegar a mi casa –Altamirano, 34– era de noche,
y ¿quién te cuida?, dime; no llovía;
el cielo estaba limpio;
–Buenas noches, don Luis –dice el sereno,
y al mirar hacia arriba,
vi iluminadas, obradoras, radiantes, estelares,
las ventanas,
–sí, todas las ventanas–.
Gracias, Señor, la casa está encendida.

Luis Rosales, La casa encendida / Rimas, Ed. Vitruvio, Madrid, 2010

sábado, 18 de diciembre de 2010

Las cartas de Molina Foix


Escribía, en buena lógica, Molina Foix (novelista, cineasta y uno de mis críticos de cine de cabecera) en la edición madrileña de El País de ayer:

La carta real sigue existiendo en cualquier caso, pues cartas son a mi juicio los correos electrónicos que nos cruzamos, sobre todo si se pone un poco de esmero en su redacción; hay que reconocer, sin embargo, que personas cultas que se cartean de tal forma no corrigen su ortografía cibernética, como si el modo de comunicarse a través de la Red diera bula a los usuarios para descuidar el idioma, cometiendo faltas garrafales.

Lean el artículo completo, que lleva por título "La carta robada" (como el relato de Poe), pinchando aquí: no tiene desperdicio.

martes, 7 de diciembre de 2010

Un 'twist' para la musa de Godard



Apreciado Godard: Te olvidaste de incluir este twist de Sam Cooke en alguno de tus primeros filmes (tan dinámicos), cuando todavía no hacías cine intelectual. Tengo para mí que Anna Karina (a la sazón tu esposa y musa) se hubiese deleitado bailando la canción. Las nacaradas piernas desnudas, el sombrero borsalino, la mirada entre desvaída y penetrante...


***

El fotograma corresponde a Lemmy contra Alphaville (1965), del propio Godard.

Karina. La alienada muchedumbre, en blanco y negro. Los dolorosos vacíos de la poesía de Paul Éluard: "Tus ojos han vuelto de un país arbitrario / en el que nadie supo lo que es una mirada". Godard. Llegar tan lejos por la Belleza...

sábado, 4 de diciembre de 2010

Rajoy, al lado de los controladores

Rajoy (el hombre que pretende gobernarnos) se pone al lado de los controladores aréreos. Él hubiera cedido al chantaje, faltaría más: todavía no se ha dado cuenta de que gobernar no consiste en esconderse debajo de la cama ni en llevar la contraria a Zapatero. Aquí tienen toda una alternativa al Gobierno.

Bardem, un creador de personajes

Por si alguien aún tenía dudas, Javier Bardem deja claro en Biutiful que no es un actor, sino un autor: es decir, el creador de sus complejos personajes. En esta ocasión, Bardem, premiado en el pasado Festival de Cannes, da vida a Uxbal, un antiguo camello que carga a cuestas con sus dos niños y con su bipolar esposa. El personaje, extraña mezcla, es etéreo (posee poderes para hablar con los muertos), pragmático y piadoso. Estas dos últimas actitudes se avienen en Uxbal cuando éste siente compasión por decenas de inmigrantes ilegales hacinados en una planta baja. Unas criaturas que consiguen por medio del propio Uxbal –el cual recibe la debida comisión– sus trabajos inhumanos. Jornadas maratonianas en condiciones insalubres…

Tras esta introducción, considero conveniente profundizar, sin salirme de los contornos de la película, en la capacidad compositiva de Javier Bardem. Desprovisto de esos ademanes y de esos tics con los que suelen adornarse los actores principales (vanos intentos de pasar a la posteridad), Bardem se apoya en su cuerpo, en su presencia desvanecida –la metástasis está devorando a Uxbal–, para expresar, con una precisión de cirujano o de heroinómano (maravillosa la escena en que encuentra rápidamente su vena, tras los intentos fallidos de la enfermera), las frustraciones, los arrepentimientos y los miedos de su personaje. Es un placer contemplar el minado mapa de su rostro, es un goce oír sus quejidos y sus gruñidos (contenidos, para que sus hijos no sufran la verdad) cuando orina sangre. Ese realismo, esa humanidad tan alejada de lo que entendemos comúnmente por declamación, emparenta a Bardem con los mejores actores argentinos (mi tocayo Héctor Alterio, Ricardo Darín, Cecilia Roth…).


Dicho lo cual, uno no sabe cómo trabaja habitualmente el protagonista de Mar adentro. Desconozco si acumula –a la manera de Marlon Brando, Jack Nicholson, Robert de Niro y demás actores metódicos– la máxima información de su personaje (está claro que eso hizo con el tetrapléjico Ramón Sampedro en el citado filme de Amenábar), para componerlo con seguridad. También es posible que Bardem, como el pasional Gérard Depardieu –por poner un ejemplo opuesto a Brando y compañía–, se encuentre con el personaje al interiorizar las emociones que desprenden los diálogos... Probablemente este Bardem no descarte ninguno de los citados métodos de trabajo. Lo fundamental, en cualquier caso, es que el cuerpo y la mente de este autor son lo suficientemente amplios como para dotar de credibilidad a los más complejos personajes (víctimas y al tiempo sanguijuelas), ofreciendo una inmensa gama de recursos, de detalles, de miradas, de respiraciones, de fraseos…

El director de Biutiful, Iñárritu, opta por reducir su mundo, prolongando la mirada de Bardem. Lo cual es arriesgado: sin ir más lejos, aquí uno tiene la impresión de que la narración y el montaje (un tanto atropellado) no crecen de consuno con la interpretación. Hay recursos, como la cámara en mano, que pretenden reflejar con veracidad las desventuras de los marginados, pero a Iñárritu le falta ritmo y nervio. Así, sale mal parado de la combinación de escenas estáticas y dinámicas, utilizando una misma cadencia musical (secos arpegios de guitarra) en momentos tan dispares como una rutinaria caminata del enfermo protagonista o una trascendental intervención policial. Cuando Iñárritu aminora el sonido ambiente en una escena dramática, aísla de la historia al espectador, en lugar de subrayar la tensión.

Aun sin la colaboración de su ex guionista Guillermo Arriaga, Iñárritu no ceja en su empeño de escarbar en las ruinas de nuestra sociedad capitalista (en este caso, una Barcelona corroída por la droga y la explotación), pero sus propuestas resultan planas. Muy lejos parecen haber quedado aquellos complejos y potentes dramas firmados por el citado guionista (21 gramos, Amores perros…), aquellos verdaderos ensayos de las relaciones humanas en donde el tiempo y el espacio retrocedían y avanzaban constantemente, sin que por ello se notasen las costuras de las vestimentas artísticas. Donde se aprecian las costuras es en Biutiful, una historia sencilla, si atendemos a su estructura narrativa, pero mal escrita (como su inocente título), cuyas pretensiones líricas –las referencias constantes, mal dosificadas, al rumor del violento mar– sólo funcionan en el preámbulo, que en realidad es el epílogo: la nieve como metáfora de la muerte, del dudoso alivio…

Biutiful, en fin, me deja la sensación de lo que pudo haber sido. Hay ideas, muchas ideas de calado emocional, que no tienen su correspondencia en las imágenes, en el guión y en los sonidos. Lo cual en el lenguaje cinematográfico es un naufragio.

(La Noche Americana, 4/12/2010)

viernes, 3 de diciembre de 2010

Aznar, el salvador


"Si veo a España desesperada, quizá tendría que volver a la política", dijo Aznar (el hombre que convirtió a nuestro país en objeto del terrorismo islamista) en 2007 al embajador de EE UU. ¿Qué he hecho yo para merecer esto?

jueves, 2 de diciembre de 2010

Un amor de fantasía


A mi madre, que hoy cumple años

Tantas veces recé para convertirme
en una niña, que ahora luzco
–como ella– lunares, sortijas
y un foulard azul celeste

encima de la camisa.

A veces, nos acostábamos juntos,
y lo que más me gustaba era pedirle
(cuando la madrugada arreciaba)
un vaso de leche con cacao.

Bien calentito.

No éramos novios: Yo tenía
–de puntillas– 10 años;
y ella tal vez 30, recostada.
Aida se llamaba

aquel amor de fantasía.

***
(La Huella Digital, 2/12/2010)

lunes, 29 de noviembre de 2010

Benedicto XVI 'se confiesa'


Benedicto XVI se confiesa ante el periodista alemán Peter Seewald: "Si se separan los conceptos de sexualidad y fertilidad, entonces la sexualidad pasa a ser cualquier cosa". ¿Cualquier cosa? ¡Hombre, Santidad, si me permite el arrojo, digo yo que todo dependerá de la intensidad (y de las mañas) de los correspondientes amantes!

domingo, 28 de noviembre de 2010

César Antonio Molina también critica la prevalencia de la información sobre el conocimiento


Me alegra toparme con un artículo de César Antonio Molina (El País, 25/11/2010) que incide en las tesis que yo mantuve en mi texto "Internet, la creencia pararreligiosa", publicado un día antes. Merece la pena resaltar este párrafo escrito por el literato y ex ministro de Cultura:

La cultura humanista está hoy abandonada por jóvenes entregados al becerro de oro de las redes de comunicación. Cualquier respuesta la obtienen -o creen obtenerla- allí, en el poder cada vez mayor de la información sobre el conocimiento. O, si se prefiere, en el poder cada vez mayor de la economía sobre la cultura. Las industrias de lo imaginario, del entretenimiento, se alzan sobre los valores del espíritu, la meditación, la reflexión. Lo útil sobre lo inútil. La cultura se convierte en industria, en la forma de un complejo mediático-comercial que es el motor del crecimiento de las naciones desarrolladas.

miércoles, 24 de noviembre de 2010

Internet, la creencia pararreligiosa


Muchos de mis amigos y conocidos saben que uno tiene la sana costumbre de enviar –vía e-mail– textos literarios (artículos, relatos, poemas…) propios o ajenos. Huelga decir que valoro la posibilidad de la actualización informativa, del intercambio instantáneo de sentimientos o sensaciones, del debate a cientos de kilómetros de distancia, que ofrece la Red: no en vano, he colaborado y colaboro en varios medios digitales, y soy uno de los editores de La Huella Digital. Sin embargo, uno utiliza –no sólo profesionalmente– este instrumento como un complemento del papel impreso, no como un sustituto. No es mi intención enviar mandobles o saetas ponzoñosas a quienes considero fuera de mi ortodoxia ética y estética, pero me asusta ese discurso atroz de la tecnología por la tecnología, esa actitud destructiva hacia el medio impreso (al que debemos tantos aprendizajes y tantas horas de entretenimiento). En efecto, desconfío, como Giovanni di Lorenzo (director del semanario alemán Die Zeit, una publicación impresa más rentable que la mayor parte de portales digitales), de esas “creencias pararreligiosas en Internet”. Unas creencias que se han convertido ya en una ideología con muchos seguidores.

Ciertos periodistas y, sobre todo, ciertos licenciados en Periodismo (este oficio rara vez se aprende en la Facultad: no es lo mismo memorizar cuatro definiciones ridículas que interpretar los hechos), ciertos licenciados, decía, presentan a la Red como la única esperanza, como la única salida. Pongo como ejemplo este tweet (así se denomina cada uno de los comentarios publicados en la red social Twitter) de un estudiante de 5º de Periodismo: “Se admiten sugerencias sobre blogs interesantes (me vale cualquier tema), para dar un poco de comer a mi Google Reader, que lo tengo abandonado”. Uno piensa, en buena lógica, que para esta persona, y para tantas otras, lo importante es única y exclusivamente el fin en sí mismo (no el medio para conseguir un fin): o sea, navegar por la Red (descargar compulsivamente cientos de podcasts que probablemente sólo sirvan para “dar de comer” al disco externo, repasar los vídeos más vistos de Youtube, actualizar la red social –con cualquier comentario intrascendente– en medio de una tertulia amistosa…). Lo de menos es el contenido: “Si me quitan este programa –dirán algunos–, ya encontraré otro que se le parezca, y, si el nuevo hallazgo no me gusta, haré lo posible para adaptarme al mismo cambiando mis hábitos, mis filias, mis fobias…”.

Esta ideología extrema puede degenerar –como apunta Di Lorenzo– en violencia, en fantasías totalitarias y guerras contra la verdad. Como los tertulianos de la telebasura, como los fascistas, como los estalinistas, muchos acérrimos de la Red no perdonan disidencia a su credo: repasen algunos insultos –muchos de ellos anónimos– que contaminan las bitácoras o los periódicos digitales. Uno entiende, por tanto, que la libertad de expresión se confunde hoy con la posibilidad de ser soez y despótico. ¡Qué dolorosa contradicción: la lectura siempre ha sido infalible a la hora de constatar que el mundo puede verse de diversas miradas! Sin profundizar en asuntos filosóficos y psicológicos, sólo diré –a modo de epítome– que no hemos cambiado mucho, pese a los incontables inventos tecnológicos, desde que Marx acuñara (refiriéndose a las relaciones de trabajo capitalistas) el terrible término alienación, esto es, el estado mental caracterizado por una merma del sentimiento de la propia identidad. El hombre, oprimido por un sistema dictatorial o por la publicidad consumista, deja de tener opiniones propias y actúa (tilde más, tilde menos) como un robot: al dictado de los poderosos.

También le preocupa a uno hoy la total confusión de los términos información y conocimiento. Conviene recordar que Internet, al igual que los libros, nos da la posibilidad de acceder a la información, no al conocimiento. Este conocimiento sólo adquiere su verdadero sentido cuando el lector, en el papel o en la pantalla, transforma, cuestiona, asimila, interpreta y, en definitiva, procesa los contenidos. Quiero decir: sin un aprendizaje, sin un esfuerzo previo, Internet sólo es un instrumento –muy válido, desde luego–, no un milagro pararreligioso (uno, sin ser católico, no ve más transparencia de oblea que una prosa de Azorín o Cunqueiro). La misma tesis –tan vetusta– puedo extrapolarla al señorito que adorna las estanterías con libros que no leerá jamás, a fin de propagar su elitismo. También es aplicable esa tesis al estudiante de Humanidades que en la Universidad cumple un mero trámite, y no bebe, paralelamente, la plural belleza que nos han legado los escritores, cineastas, músicos y artistas. Ya digo que no importa tanto el soporte como la intención o el esfuerzo…

A propósito de esa plural belleza, uno, cuando escribe, siempre intenta ponerse en el lugar –pues la literatura es una continuación, una revitalización– de sus maestros desaparecidos. ¿Qué pensarían ellos al respecto? ¿Con qué palabra precisa expresarían el desafecto ante esta creencia pararreligiosa de la que habla el periodista Di Lorenzo? Don Antonio Machado dejó escrito un poemita que hoy adquiere mucha vigencia, entre otras cosas porque su época también se caracterizó –salvando, claro, las distancias– por el fanatismo de las ideologías: “¡Qué difícil es / cuando todo baja / no bajar también!”. Un alumno aventajado de Machado, José Agustín Goytisolo, construyó hace tiempo “La mejor escuela”, a fin de criticar el automatismo, la indiferencia y la ignorancia de algunos estudiantes y docentes: “No aprendas sólo cosas / piensa en ellas / y construye a tu antojo situaciones e imágenes / que rompan la barrera que aseguran existe / entre la realidad y la utopía: / (…) / Después sal a la calle y observa: / es la mejor escuela de tu vida.”

Desgraciadamente, es difícil que algunas de las personas de mi generación (nací en el 87) asistan a esa escuela que funde la lectura con la vida: la tecnología (entendida, repitámoslo, como la única esperanza) ya comienza a sustituir las conductas humanas más elementales: el beso por el icono de unos labios, la caricia por el tecleo, la sencillez por la simpleza del lenguaje, la voz entrecortada por las abreviaturas… Y, qué quieren que les diga, si uno no tiene la posibilidad de dedicar –con su puño y su letra– un libro a un ser querido, si uno no tiene la posibilidad de personalizar –o de subrayar– un sentimiento universal, ¿de qué sirven los gigas de un e-book? Los humanistas –hay que repetirlo una vez más– tenemos el deber de preservar el lenguaje, renovándolo, y de cultivar la sensibilidad. Para lograr tales fines, no es necesario suprimir ningún instrumento o soporte. Todo lo contrario: las cartas y los e-mails son –ya lo dije– complementarios. Como la película y el libro. La plural belleza se construye a partir de síncopas, de notas aparentemente disonantes…

Por H. ACEBO
La Huella Digital, 24/11/2010

martes, 23 de noviembre de 2010

La "sociedad basura"

Uno piensa, en buena lógica, que una sociedad como la nuestra que ha perdido el miedo y el asco al concepto 'basura' hasta el extremo de divertirse y gozarse con él, no puede ser -mayoritariamente- sino una 'sociedad basura', una sociedad en que los emblemas de la excelencia no sólo se han perdido sino que han sido sustituidos por sus contrarios, una sociedad de la bajura y la falta de calidad, de gusto y de formación cívica e intelectual. ¡Qué manjar para los políticos mediocres!

LUIS ANTONIO DE VILLENA (El Mundo, 5/11/2010)

viernes, 19 de noviembre de 2010

Las canciones

La mayor parte de sucesos y hechos fundamentales de mi vida están ligados a una canción, que sirve como telón de fondo o complementa –las más de las veces– un diálogo, una sensación, una mirada, una descubierta, una suerte de creación... Sam Cooke (el inventor, junto a Ray Charles, del soul) ha musicalizado muchos de mis capítulos madrileños. Es de recibo recordarlo a través de su desgarradora voz.

viernes, 12 de noviembre de 2010

Los actores

Falta interés en muchos de nuestros actores jóvenes. Sin entrar en la dicción, en las voces atropelladas y opacas, a veces uno tiene la sensación de que esos intérpretes están ausentes –como si hubieran concluido sus trabajos– cuando sus compañeros de reparto hablan. Y saber escuchar es tan importante como dar la réplica. ¿Quiénes relevarán algún día a Ángela Molina, a José Sacristán, a Miguel Rellán, a Tina Sainz, a Carlos Hipólito, a Emilio y a Julia Gutiérrez Caba, a Manuel Galiana…?



Rellán es uno de nuestros mejores actores, una presencia que humaniza los mitos (ahí está el alma en pena de Fiz de Cotovelo, en El bosque animado) y que contiene como nadie a los personajes excéntricos (locos, humanistas maniáticos, sacerdotes impetuosos...). En el vídeo que adjunto, falta, eso sí, una de las mejores interpretaciones del actor: el falangista de la Tata mía de Borau. El primer Goya para un intérprete.

martes, 9 de noviembre de 2010

Valente


En el jeroglífico había un ave, pero no se podía saber si volaba o estaba clavada por un eje de luz en el cielo vacío. Durante centenares de años leí inútilmente la escritura. Hacia el fin de mis días, cuando ya nadie podía creer que nada hubiese sido descifrado, comprendí que el ave a su vez me leía sin saber si en el roto jeroglífico la figura volaba o estaba clavada por un eje de luz en el cielo vacío.

JOSÉ ÁNGEL VALENTE, “De la luminosa opacidad de los signos”, Treinta y siete fragmentos, 1971

sábado, 6 de noviembre de 2010

Gijón



En Volver a empezar (Oscar a la mejor película de habla no inglesa en 1982 y un fracaso de taquilla en España tan solo unos meses antes), un nostálgico Garci se apoyó en la prodigiosa melodía de Pachelbel para presentarnos la ciudad donde uno pasó todos los veranos de su infancia, Gijón. ¡El internacional escritor Antonio Miguel Albajara (interpretado por Ferrandis) rememorando el cine de su mocedad, paseando por la playa de San Lorenzo, pisando suavemente la regada hierba de El Molinón...! Esta manera de mirar, de fundir la memoria con la imaginación, a mí me eriza –por enésima vez– el vello de la piel.

jueves, 4 de noviembre de 2010

Rajoy: la minoría absoluta


A Jesús Ferreiro, mi alcalde

Está dando mucho que hablar la entrevista de Mariano Rajoy con Javier Moreno (director de El País), aparecida el pasado domingo 31 de octubre. Hasta entonces el presidente del PP y los suyos parecían tener un plan oculto para salir de la crisis. O no lo tenían o no pretendían detallar sus propuestas de ajuste hasta que se acercaran las elecciones, para evitar el desgaste. Lo cual, en términos de responsabilidad social, decía muy poco a favor de unos señores que pretenden gobernar un país debilitado. Tras la reciente remodelación del Gobierno, Rajoy (el señor que debía de confiar en la coyuntura económica adversa para ganar las elecciones de 2012, el grisáceo registrador de la Propiedad que, en lugar de ofrecer alternativas, se dedicó a impugnar prácticamente todos los Presupuestos del Estado desde que Zapatero entró en La Moncloa) se ha visto obligado a mover ficha, aclarando ciertas ambigüedades.

En la entrevista de El País, el presidente del PP manifiesta su admiración hacia David Cameron. De hecho, si llega a La Moncloa, a Rajoy le gustaría hacer en España algo similar al plan de ajuste decidido por el primer ministro de Reino Unido: “Por una razón: transmite ideas claras, transmite que lo que hace, lo hace porque se lo cree y, por tanto, genera confianza”. Esta opinión, pese a su claridad (o quizás por ello), no deja de ser preocupante: el ajuste presentado por el también conservador Cameron es –como sostiene Javier Moreno– el mayor plan de recorte del estado de bienestar desde la II Guerra Mundial en el Reino Unido. Para reducir el déficit público del país, Cameron ha optado, entre otras cosas, por recortar las prestaciones sociales (conseguir una vivienda social va a ser, en efecto, mucho más caro), por reducir el presupuesto de los ministerios a un 19% de media y por multiplicar las tasas universitarias. Además, según una investigación publicada por Financial Times (30/10/2010), dos tercios de las escuelas británicas verán reducidos sus presupuestos, lo cual no se corresponde con la promesa electoral de Cameron: mantener el gasto en un gran servicio público fundamental como la Educación.

El director de El País estuvo muy lúcido al recordar que Cameron se ha propuesto suprimir medio millón de empleos en el sector público. Ahí Rajoy fue más cauto: “No he entrado en el detalle de cuáles son los empleos públicos que quiere suprimir”. Y añadió: “Yo aquí no hubiera suprimido 500.000 empleos públicos, pero las circunstancias de Reino Unido son muy distintas a las de España; y yo creo que en esa situación lo habría apoyado”. En ese momento de la conversación, Moreno, una vez más, se valió de un titular interpretativo –como decimos en la jerga periodística– que puso contra las cuerdas a Rajoy, recordándole que, medido en puntos de PIB de reducción de déficit, en el Reino Unido “el esfuerzo sí es similar a España”.

En El País del pasado 2 de noviembre, Cristóbal Montoro (responsable de Economía del PP) dilucidó las escasas dudas que algunos españoles tenían, al afirmar que su partido pretende privatizar –si llega a La Moncloa– servicios sociales básicos como la Sanidad, la Educación o la Dependencia, a fin de reducir el gasto público. Rajoy denomina a esas privatizaciones “liberalizaciones”, que es una palabra menos agresiva. Pero el significado es el mismo. La defensa de la propiedad privada es inherente a la derecha, y en el PP actual el terreno ya estaba sembrado: tanto en la Comunidad Valenciana como en Madrid los Gobiernos autonómicos de tal partido ya habían puesto en marcha la cesión de servicios sociales –como la Sanidad– a empresas privadas.

“Las conquistas sociales han quedado obsoletas, os las vamos a quitar para modernizarlas”, decía el humorista El Roto –siempre tan punzante– en su viñeta del 3 de noviembre, como si leyese el pensamiento de Rajoy. Pues bien, esa supresión de los servicios sociales básicos que tiene en mente el PP, acaso movilice al electorado del PSOE, animado por la reciente reestructuración del Gobierno (con un convincente Rubalcaba al frente del barco, eclipsando a un desgastado Zapatero). Y es que no podemos obviar lo siguiente: el PSOE, al contrario que el PP, siempre tiene en su contra la desmovilización de sus votos. El electorado de centro-izquierda –históricamente pasivo– es tentado por la abstención cuando el viento le sopla a favor (“No hace falta que vote: está claro que vamos a ganar”, dirían algunos) o, por el contrario, cuando la coyuntura económica es especialmente adversa e incierta, teniendo los trabajadores que pagar, ¡ay!, los platos rotos por las altas esferas. Eso es lo que sucede hoy. Pero faltan dos años para las elecciones, y es imposible esclarecer el desenlace.

Los derechos civiles

En cuanto a los derechos civiles, a día de hoy Rajoy es absolutamente diáfano. Pese a que hace sólo dos años –antes de las últimas elecciones– el líder del PP optaba por refugiarse en la ambigüedad a la hora de tratar la ley del matrimonio homosexual, ahora, si gana en 2012, no se compromete a mantener tal ley (cree que “no es constitucional” y le disgusta que se llame matrimonio a la unión entre personas del mismo sexo), ¡incluso aunque la avale el Tribunal Constitucional! Del mismo modo, el presidente del PP declaró al director de El País que propondrá a su partido reformar la ley del aborto –según él, “no protege suficientemente el derecho a la vida, porque permite libertad total en las primeras 14 semanas”– y a suprimir la posibilidad de que, en casos de conflicto familiar, las chicas de 16 años puedan abortar sin que sus padres lo sepan. Rajoy, cómo no, tiene recurridas ante el Constitucional las dos leyes comentadas, junto a otras ocho (la de igualdad, la del suelo, la reforma de la ley orgánica que regula el propio Tribunal Constitucional…).

Una vez más, los actuales políticos derechistas de este país dan muestras de que sólo son –o serían– capaces de gobernar pensando en sus votantes, es decir, en una minoría. Se olvidan de que un presidente (estatal o regional) rige a una comunidad, a miles de personas con intereses y gustos distintos, no a un partido. Ahí está el machismo de León de la Riva (alcalde de Valladolid), quien descalificó recientemente a la ministra Leire Pajín haciendo alusión a su físico: “Cada vez que veo esa cara y esos morritos pienso lo mismo, pero no lo voy a decir”. ¿Qué ejemplo puede dar a los ciudadanos una persona que denigra a las mujeres o que descalifica a una persona por su físico? ¿Y qué responsabilidad política puede tener Rajoy, quien no ha censurado en público a León de la Riva? ¿Cómo va a gobernar una persona que mira con recelo a un colectivo como los homosexuales? ¿Acaso las minorías no deben disfrutar de los mismos derechos y privilegios, máxime cuando una ley ya está aprobada porque contó con una mayoría parlamentaria, social y política?

¿Y qué decir de la postura de Rajoy hacia el aborto? Es inconcebible que esa ley se utilice como arma política, cuando este país no está en condiciones de dejar de fomentar la educación sexual: muchos niños, adolescentes e, incluso, adultos –uno, que sólo tiene 23 años, da fe de ello– sufren en las aulas el machismo, siendo torturados mental y físicamente. Algunos llegan a suicidarse o viven con el trauma el resto de sus días. La educación está –al contrario de lo que debe de creer Cameron– no sólo para prohibir, sino para saltar barreras, para proponer modelos que puedan ser útiles a los alumnos, para ofrecer valores dirigidos a la generosidad y a la tolerancia. La tarea del docente sería hacer del niño un hombre capaz de vivir una vida completa, como dijera el filósofo Spencer. Y ahí entran en juego, evidentemente, leyes como la del matrimonio homosexual. Leyes que fomentan la cultura democrática, que benefician a toda la sociedad y que hacen felices (o, mejor dicho, que realizan) a un colectivo, por muy minoritario que éste sea.

Dicho de otro modo: el verdadero regidor jamás crispa el ambiente y quiere –sin fomentar los odios ni excluir a nadie– lo mejor para su ciudadanía. Así es como gobernaba Jesús Ferreiro, alcalde socialista de mi San Tirso natal durante veinte años (1979-1999), por eso hoy he querido dedicarle estas humildes líneas. ¡Ojalá más de un autoritario político nacional siga su ejemplo: y trate de escuchar al pueblo, más que a su partido! Treinta y cinco años después de la muerte del dictador, queda mucho camino por recorrer. Todavía.

Por HÉCTOR ACEBO (La Huella Digital, 4/11/2010)

martes, 2 de noviembre de 2010

"Pedro Corto": Un relato de don Álvaro Cunqueiro


Todos lo conocíamos por Pedro Corto, o Pedro de Antón, pero se llamaba Pedro Regueira García. Fue compañero mío en la escuela de Riotorto, un año en el que hubo tifus en Mondoñedo, y a mí me mandaron a la aldea, a casa de mi tío Sergio Moirón. Yo tenía ocho años, y él, once o doce. Era un calígrafo lento, como un chino de los días de los Tang y de los Sung, que yo llegué, pasando los años, a conocer y admirar tanto. Pedro daba de todas las muestras Itzurzaeta unas planas limpísimas. Yo tenía una letra muy mala, unos mosquitos caídos a voleo sobre el papel, y le envidiaba a Pedro Corto la clara escritura solemne tomada de José Francisco Itzurzaeta, quien seguía la tradición de los vascos de buena letra que fueron secretarios de los Austria. Pedro Corto llegaba a la escuela con sus grandes zuecos, la chaqueta de pana verde que le quedaba corta y unos pantalones de pana negra que le quedaban estrechos con remontes en las rodillas; una enorme bufanda a rayas rojas y negras le envolvía la cabeza, tapándole las orejas, donde un invierno le florecían los sabañones. Siempre tenía frío, y media hora antes de la sesión de caligrafía paseaba con las manos en los bolsillos, con permiso del señor maestro. Pedro Corto sabía hacer globos de papel, que subían alegres y se perdían tras los oscuros montes. Pedro Corto nos decía:

–¡Los globos siempre van al mar!

Él no viera nunca el mar, y esperaba el día de verlo, el día en que tuviese que ir a tomar baños a Foz con receta de médico, en la primera semana de septiembre que es medicinalmente la indicada. Pero el arte de Pedro, el arte mayor, era la domesticación de saltamontes. Pedro, cuando en mayo comenzaban a verse, cazaba media docena, los metía en una cajita con tapa la mitad de rejilla y la otra mitad de cristal, y se disponía a la doma del saltón. Era tan difícil como puede serlo el arte búlgaro o siríaco de domar pulgas. Los saltamontes de Pedro Corto terminaban por usar el columpio que les ponía en la caja, y pasando al través de un aro doble, hecho con una horquilla de pelo, y saltando una barrera de papel colorado, como caballitos. Cuando a los trece años marchó a Buenos Aires, con unos zapatos nuevos, pero, eso sí, con la misma bufanda de la escuela, le dije a su tío Felipe de Anteiro:

–Pedro se va a hacer rico en Buenos Aires, en los teatros, con los saltamontes.

–Allá –me dijo el señor Felipe, mirándome gravemente y perdonándome mi ignorancia– no hay saltamontes en el campo. Allá en La Pampa sólo saltan la langosta de oro y la rana guajanera, que no son dominables.

Callé, y bajé la cabeza. Años más tarde me enteré de que no había tal langosta de oro ni tal rana guajanera, que ambas fueran invención de Felipe de Anteiro, invención poética. Ignoro qué habrá sido de Pedro Corto. Cuando por mayo y junio veo saltamontes en los campos gallegos, siempre lo recuerdo.

Á. CUNQUEIRO, Xente de aquí e de acolá (traducido al castellano como La otra gente)

sábado, 30 de octubre de 2010

Hernández: a través de tu cuerpo


Recién venido del homenaje que tributamos al gran poeta Miguel Hernández en el día de su centenario.

Son míos, ¡ay!, son míos
los bellos cuerpos muertos,
los bellos cuerpos vivos,
los cuerpos venideros.

Son míos, ¡ay!, son míos
a través de tu cuerpo.

(MIGUEL HERNÁNDEZ, Cancionero y romancero de ausencias)


La ternura y la sensualidad, la canción y la memoria, luchando contra tanto horror. Contra tanta ignorancia franquista.

jueves, 28 de octubre de 2010

Este sábado homenajearemos a Miguel Hernández en La Casa del Libro de Alcalá, 96


Este sábado (30 de octubre) participaré como poeta en un homenaje a Miguel Hernández (Orihuela, 1910 – Alicante, 1942) en el día de su centenario. El acto está organizado por Ediciones Vitruvio y La Casa del Libro de Alcalá, 96 (Madrid).

Los poetas participantes leeremos varios textos de Hernández. Además, los asistentes también tendrán la oportunidad de escuchar la voz del malogrado poeta de Orihuela.

Os espero a las 19,30 horas en La Casa del Libro de Alcalá, 96, a fin de homenajear a Hernández, a quien Dámaso Alonso definió como “el genial epígono” de la generación del 27.

Ésta es una muestra de su poesía:

Menos tu vientre
todo es confuso.
Menos tu vientre
todo es futuro
fugaz, pasado
baldío, turbio.

Menos tu vientre
todo es oculto,
menos tu vientre
todo inseguro,
todo postrero,
polvo sin mundo.

Menos tu vientre
todo es oscuro,
menos tu vientre
claro y profundo.

M. HERNÁNDEZ, Cancionero y romancero de ausencias




Si pincháis aquí, podéis leer la nota sobre el homenaje a Hernández que se ha publicado hoy en La Huella Digital.

sábado, 23 de octubre de 2010

La lectura del cine


‎Las películas deben verse con paciencia, algo que el espectador está perdiendo a pasos agigantados. Claro: las nuevas generaciones no leen. Como no leen, no saben seguir una historia. Como no saben seguirla, se impacientan y se aburren.
(MIGUEL MARÍAS, crítico de cine)

jueves, 21 de octubre de 2010

Un bochornoso ejemplo

Cada vez que veo esa cara y esos morritos pienso lo mismo, pero no lo voy a decir.


Indecentes las palabras de León de la Riva (alcalde de Valladolid) sobre la ministra Leire Pajín. Está claro que todavía queda mucho por mejorar, pasadas tres décadas, en esta democracia. Meterse con el físico de alguien dice muy poco a favor de una persona que rige una CIUDAD. ¡Qué bochornoso ejemplo! Habla León de la Riva, jocosamente, de la alta preparación de Pajín. Pero se le olvida subrayar que la educación no se aprueba en la Facultad.

31.- "M" (Los Piratas)



La música es "un pasatiempo más", según algunos individuos, pero a mí esta combinación de ritmo, melodía y armonía me vuelve fuerte y a la vez vulnerable, me excita, me devuelve a no pocos seres queridos y me incita a soñar o a escribir de un modo u otro, dependiendo de los sentimientos (o de los vaivenes) que me produzca tal canción.

domingo, 17 de octubre de 2010

Cummings y el cine



Recostada en la cama, la actriz Barbara Hershey recitó dulcemente, en el filme Hannah y sus hermanas (Woody Allen, 1986), dos estrofas de un poema de e.e. cummings. Mucho me acuerdo de aquella dulce mañana en que el también poeta Martínez Sarrión y yo tratábamos de recordar, mientras paseábamos por El Retiro, la citada composición del escritor estadounidense. Sorprendentemente, tanto Sarrión como servidor recitamos al unísono el mismo verso. El cual siempre suena delicioso al oído, pese a que nuestras voces –tan graves– están desprovistas de la dulzura de Hershey:

nadie,ni siquiera la lluvia,tiene unas manos tan pequeñas


Dicho lo cual, podría el lector suponer que la poesía de cummings es cinematográfica. Desde luego que lo es, pero no tanto por la temática:

de repente-las Luces se!encienden,a la hora justa


como por la manera en que brota –nerviosa y lúdicamente– todo su imaginario:

tío Frank no ha hecho nada durante muchos
años salvo volar cometas y
cuando la
cuerda se rompe(o algo)mi tío Frank rompe a
llorar. mi tío Tom

hace punto y es una kewpie¹ por encima de las orejas(pero

mi tío Ed
que está muerto de cuello

para arriba es conducido a lo largo de toda
Battle Street por un perrillo castrado


Los versos de cummings parecen encuadrados y montados, más que escritos: acotan una escena o una imagen a través de la mirada. Se diría que la realidad palpable –al igual que el lenguaje representativo– es insuficiente. De ahí que la oscilación entre la jerga callejera, el refinamiento de la propia poesía y el ritmo de una canción rock provoque jadeos métricos, intencionados y fortísimos quiebros sintácticos que abrazan la agramaticalidad. Como el cineasta que parpadea al encadenar una escena con otra.

Del inconformismo tipográfico de e.e. cummings no se salva, en efecto, ni su propio nombre, que él escribía en minúsculas y sin el debido espacio entre sus dos iniciales. "Era tan libre que su curiosidad parecía indecente", dijo el filólogo y poeta Antonio M. Figueras (ABC, 21/10/2006), uno de los responsables de la selección y edición de Buffalo Bill ha muerto (1996), la estupenda antología que Hiperión dedicó al poeta estadounidense. Y tiene razón Figueras: el atrevimiento de cummings es propio del curioso niño que está aprendiendo a escribir.



Ya dije en otro lugar que uno empezó a desconfiar del lenguaje estándar (estupendamente reflejado en los manuales de instrucciones y en el discurso de algunos docentes) a partir de los cuatro años: el colegio fue el principal culpable de que comenzase a desarrollar paralelamente mi faceta poética, primero componiendo canciones satíricas y luego –ya en la adolescencia– poemas líricos. Quería soñar, huir de un artefacto aséptico y fútil, ofrecer una respuesta alternativa, explorar (sin saber muy bien cómo hacerlo) expresivos caminos que me permitieran contemplar las piedras y pensar, al tiempo, en las estrellas... A cummings probablemente le ocurriese algo parecido, y por eso siempre he creído que le iría como anillo al dedo aquella frase atribuida –creo– a Picasso: "Tardé cuatro años en pintar como un maestro y toda una vida para pintar como un niño".

El atrevimiento de e.e. cummings está justificado, de la misma manera que está justificada la propia poesía, que es, a fin de cuentas, una rotura lingüística (ahí están las metáforas, las metonimias, el ritmo, las hipérboles, la rima y otros recursos más cercanos al habla que al lenguaje académico). La justificación, decía, es sencilla: cummings atiende al contenido de las palabras, no al continente:

como el sentimiento es lo primero
quien presta atención
a la sintaxis de las cosas
nunca te besará completamente;




Y ya se ha dicho que la fuerza del autor de Buffalo Bill ha muerto sobrepasa a veces el lenguaje. Sus poemas, no cabe duda, nacieron para ser leídos en voz alta: cantan el gozo de una piel como pradera libre. Así, a través de la declamación, las medidas dosis de cinismo, de ironía, de ingenuo lirismo y de romanticismo forman un cóctel explosivo: y el contenido emocional del poema cobra vida. Del mismo modo, no exagero al decir que algunas de sus oraciones –escritas sin respeto a los renglones, entrecortadas por puntos y comas...– no parecen tener sentido hasta que son leídas en voz alta:

(...) mientras tanto yo

mismo etcétera estaba tranquilamente tumbado
en el profundo barro et

cétera
(soñando,
et
cétera,con
Tu sonrisa
ojos rodillas y con tu Etcétera)


Para terminar, he de confesar que me encanta el dibujo de la portada de la antología de Hiperión: el público de una sala cinematográfica contemplando, en un primer plano, un hermoso y clásico rostro femenino. Es esa una buena forma de reflejar la concepción visual de su obra. No obstante, creo que la mejor imagen correlativa para ilustrar la poesía de cummings sería una muchacha jugando –indiferente y magnífica– en el río, a la caída de una tarde de verano. El bañador rosa –un tanto cursi, más bien propio de una niña– apretaría casi violentamente su cintura joven (a la que uno querría enzarzarse), su trasero de cera virgen, sus agudos pezones... En su teléfono móvil de última generación, la nerviosa y elástica voz de Lindsey Buckingham (líder del grupo Fleetwood Mac en la segunda mitad de los 70) cantaría "What Makes You Think You're The One?" (¿Qué te hace pensar que eres tú?) o "Never Going Back Again" (Nunca volveré). No busquen razones: la coherencia de la poesía está hecha de ritmos, como diría Octavio Paz. Ritmos y emociones.



¹“Pequeña muñeca de grandes mofletes y con un moño en la cabeza”.

Por H. ACEBO (La Noche Americana, 17/10/2010)

jueves, 14 de octubre de 2010

Política

Es preciso tomarse la política relativamente en serio, si no queremos que ella nos tome, a la gente del común, absolutamente en broma.


La atinada frase es del vate Martínez Sarrión. ¡Y luego dicen que los poetas no bajamos de la nube...!

jueves, 7 de octubre de 2010

Arroz amargo



¡Qué goce ver a una jovencísima Silvana Mangano –tenía 19 añitos– en Arroz amargo (Giuseppe de Santis, 1949)! Esta mujer –ya se dijo– tenía los pies en el agua y los senos en el horizonte.

Mondoñedo


Anteayer pasé una tarde fabulosa, en compañía de dos seres queridos, en la ciudad episcopal de Mondoñedo (Lugo). En la imagen pueden ver uno de los símbolos del concejo: la Fonte Vella, construida en 1548 y situada frente al Palacio Episcopal. "Si viniera a las San Lucas un perfumista de París, yo le llevaría a la Fuente Vieja, para que aspirase lentamente el aroma a heno de hierba recién cortada, y partiendo de él inventase un perfume de otoño...", escribió el gran escritor mindoniense Álvaro Cunqueiro.

lunes, 4 de octubre de 2010

El carro delante de las mulas

El estupendo poeta estadounidense e.e. cummings decía que la "económica seguridad" es "una curiosa excusa (en uso entre jóvenes ambiciosos) para poner el carro delante de las mulas".

sábado, 2 de octubre de 2010

La abuela Remedios


Mi bisabuela Remedios de Rochiña, fallecida hace casi siete años en el concejo vecino de Vegadeo, se cuela últimamente en mis sueños (y en los de mi madre). Muy saludadora, de mirada limpia, cabello centelleante y piel ligeramente dorada, era la abuela Remedios –como le decíamos la mayoría de familiares– toda una señora. Sí, una señora, esa es la palabra adecuada. Pues, aunque no tenía estudios y había nacido en una humilde casa de labriegos –en Pacios, parroquia de Sante (Trabada)–, destacaba por su educación, por su elegancia innata y por su verbo fluido, pudiendo charlar de un modo natural con las gentes más cultas y estudiadas. Incluso, se dio el caso, con políticos regionales.

Es recordada, entre los familiares de mi San Tirso natal, la réplica que dio la abuela Remedios a un doctor del Principado de Andorra (donde viven, todavía hoy, dos de sus cinco hijos). En su consulta, el médico, asombrado por la estupenda salud física y mental de la octogenaria señora, quiso advertir a ésta de los males de la senectud:

–De todas formas, vaya con cuidado, que tampoco tiene edad para hacer ciertas cosas…

Y mi bisabuela rápidamente, con mucha propiedad, sentenció la conversación:

–Doctor, usted también llegará, quiera Dios, a mis años. Y se dará cuenta de cómo funciona el cuerpo: no va a hacer falta que nadie, ni siquiera ninguno de sus compañeros de profesión, se lo recuerde.

El médico, sonrojado, esbozó una sonrisa forzada y se quedó sin saber qué decir ante la lúcida contestación de la abuela Remedios, quien modulaba la voz en los momentos de euforia o dolor, enfatizando las frases más significativas y guardando los silencios. En sus sosegadas caminatas santirseñas, nunca necesitó levantar el bastón o pararse en seco, que yo recuerde, para dramatizar una conversación: siempre resultaba cadenciosa. ¿Dónde aprendió esta señora a declamar de un modo tan efectivo y elegante? Nunca lo he sabido: ella –repito– no pudo estudiar una carrera, y su hogar no era precisamente una mansión, estando en la mocedad a punto de fallecer a causa del tifus, según me contó en más de una ocasión. ¡Pero ya podían seguir su ejemplo muchos locutores televisivos, licenciados y con maestrías, de voz campanuda y atropellada dicción, que confunden el énfasis con el exceso, el ritmo con la retahíla, la sentencia con el panfleto…!

Porque conocía bien a mi bisabuela, pude (re)crearla en un fastuoso sueño. La abuela Remedios, a sus 80 años, convertida en una tardía pero carismática actriz de teatro, regresaba a su hogar de Robaín (San Tirso), una vez concluida la gira de su tercera obra.

Vénche cargada coma unha abella, meu fillo: ben sei que ven pra quedarse! (¡Viene cargada como una abeja, hijo mío: seguro que viene para quedarse!) –me decía la reidora abuela Aida, es decir, su hija.

Y lo cierto es que la señora Remedios traía varias maletas repletas de vestimentas (en la realidad, era muy coqueta) y de libros (Lorca, Machado, Valle-Inclán, Cunqueiro…). Tanto es así que mi abuela Aida contó con la ayuda de la prima Edelmira (de O Castro de Abaixo, el pueblo más cercano al caserío de Robaín) para subir el equipaje al desván.

Sé que a la abuela Remedios le hubiera gustado saber de aquel sueño, donde todo concordaba. Su espíritu aventurero. El don de gentes. Su camisón blanco impoluto. Su profundo sentido –absolutamente lorquiano– de la muerte, de las fuerzas de la vida y de la naturaleza. El intenso suspiro a altas horas de la madrugada, anunciando el fin de un sueño. Su admirable poder de síntesis y su facultad natural para captar una gran suma de anécdotas, noticias, canciones, historias con resonancias mitológicas y poéticas… La naturalidad de quien desconoce sus dones. ¡Todo concordaba en aquel sueño! Incluso su voz casi grave, que creaba silencios a su alrededor, al decir:

–Que un hijo vea morir al padre es ley de vida: hay que aceptarlo. Pero un padre jamás debería ver morir a su hijo.

Ya que no pudo representar ninguna obra teatral en vida, a la abuela Remedios habría que recordarla, en fin, de ese modo: siendo la protagonista de un maravilloso sueño cuyos diálogos eran –como toda la trama– verdaderos, pues estaban previamente interiorizados por este soñador. Su vida, como la de tantas otras personas que sufrieron gran parte de los horrores del siglo pasado (ella nació en 1911), estaba incompleta y desordenada. Algo de esto queda plasmado en un poema escrito por ella misma, que concluye de esta forma:

Se a min me quitaran anos
ou eu volvera a nacer,
xúroche polo meu nome
que a Galicia había volver.


(Si a mí me quitaran años
o yo volviera a nacer,
te juro por mi nombre
que a Galicia iba a volver.)


La vida de Remedios –decía– estaba desordenada e incompleta. Y mi magín, en el sueño, se limitó a ordenar el riquísimo legado de la señora, salpicando las conversaciones de gracejos, puliendo incluso el humor –a veces demasiado recalcitrante– de sus paisanos gallegos. Como ella misma hacía al renovar (a la manera de un literato moderno) la tradición oral de un pueblo, reasumiendo –sin esfuerzo aparente– muchos tópicos, trayéndolos de nuevo, combinándolos, adaptándolos a las circunstancias de la charla, con lo que, sin perder su añejo sabor, los refranes, las moralejas, los romances…, se volvían nuevos al oído.

¡Que la literatura escrita esté a la altura: y certifique, ahora, la verdad del expresivo gesto de la abuela Remedios en aquellas dulces tardes de septiembre, cuando paseábamos juntos, en compañía del can de palleiro, por las veredas sentirseñas! ¡Que el Señor tenga su alma!

Por HÉCTOR ACEBO (La Comarca del Eo, 2/10/2010)

viernes, 1 de octubre de 2010

30.- "Andar" (Cecilia)



Cecilia posee "el atractivo de la mujer a la que nunca se le ha pasado por la cabeza la idea de estar diciendo la última palabra", escribió el periodista cultural Eduardo Chamorro en la revista Triunfo (20/01/1973).

Don Siegel



El crítico Tino Pertierra me ha hecho recordar el espléndido final de la película The killers o Código del hampa (así se tituló en español), de Don Siegel. Este Siegel era tan sobrio y tan conciso como las balas de sus protagonistas. El autor de La invasión de los ladrones de cuerpos y Harry, el sucio fue el eslabón perfecto entre el cine clásico y el cine moderno, entre la cuidada puesta en escena y los diálogos llanos, urbanos, punzantes...

miércoles, 29 de septiembre de 2010

La tozuda realidad

Ni los ministerios, ni las declaraciones de intenciones, pueden con la tozuda realidad. No deja de ser chocante esa defensa de los derechos civiles, encomiable sin duda, frente a la restricción de los derechos sociales de quienes no tienen la culpa de la crisis económica. Muchos se quejan de la inseguridad laboral, ahondada por una injusta reforma, pero aún es más duro pensar en la falta de oportunidades de futuro para los jóvenes, las generaciones más formadas, cuyo poder adquisitivo se ve cada vez más deteriorado.

(JAVIER RIVERA, El Progreso, 25/9/2010)

martes, 28 de septiembre de 2010

domingo, 26 de septiembre de 2010

Fleetwood Mac

Me gustan las armonías vocales de Fleetwood Mac. Qué distintas eran las voces de los tres cantantes y qué bien se complementaban. Stevie Nicks era áspera y rebelde, sonaba cascada y sensual. La elegante Christine McVie cantaba como un hombre en frágil falsete, pero su dicción no resultaba forzada. Y Lindsey Buckingham aportaba, con su timbre agudo y elástico, el punto más colorido, experimental e inocente. Comprueben el resultado en el estribillo de esta canción de McVie:



Así sonaba la voz de Nicks:



Ésta es la nerviosa voz de Buckingham, quien aportó al grupo un sólido sonido de guitarra y pulió muchas de las piezas de McVie y Nicks, trabajando las voces hasta lograr ligar a dos mentalidades tan distintas como las de esas dos solistas:



La gente estaba acostumbrada a un Buckingham convencional (a un artesano del pop, como suele decirse), y cuando el bueno de Lindsey irrumpió con esta canción, "Tusk", y con el disco homónimo (en el que puso tanto empeño), algunos sólo vieron atrevimiento. Tengo para mí que aquí sigue habiendo sentido de la melodía (el inicio de la canción, cantada a dos voces, marca de la casa) y, al mismo tiempo, fuerza y renovación.

sábado, 25 de septiembre de 2010

Periodistas

No es lo mismo un licenciado en Periodismo que un periodista: no es lo mismo empollar cuatro definiciones ridículas que profundizar en los hechos. Admiro a algunos PERIODISTAS estupendos que no poseen el título o que han estudiado otra carrera. Este oficio rara vez se aprende en la Facultad.

martes, 21 de septiembre de 2010

Escuela de mujeres

Era la fiesta de disfraces de 1994.
Ibas vestida de gato; y yo, de pirata.
Tengo que sacarme —dijiste— los leotardos:
me debe de haber picado una araña
o algún bicho.

Yo me quedé mirándote
—admirándote— en silencio
durante el tiempo
que tardaste en pasar la ropa
de la cama a la silla.
Para curarte, extendí
—a la manera de un albéitar—
polvos de regaliz
sobre tu colorada rodilla.
Y me vi envuelto en un montaje
de tramas, artimañas, azares,
placeres, curvas, secretos…
Sí, me vi envuelto —sin quererlo—
en una escuela de mujeres,
mientras tú sonreías.

(La Huella Digital, 21/09/2010)

sábado, 18 de septiembre de 2010

28.- "El día de la mujer mundial" (Andrés Calamaro)



"No entendí si ibas a ser / libre o esclava. / No entendí si fui tu dueño / o un borracho que pasaba. / Soy grande, pero tengo / algo que aprender".

viernes, 17 de septiembre de 2010

Robar el fuego

No me canso de releer este pequeño poema en prosa de Andrade:

No me gustaría insistir, pero la belleza de los jóvenes que se aman es melancólica. No saben todavía que el deseo de muerte es el más perverso, que sólo una cosa los tornaría puros: robar el fuego e incendiar la ciudad.

EUGÉNIO DE ANDRADE, Vertientes de la mirada y otros poemas en prosa

jueves, 2 de septiembre de 2010

Esta tierra con luz es cielo mío


Los cuatro primeros versos de este desgarrador soneto de Blas de Otero introducirán mi primer poemario, Camas de hierba (Ediciones Vitruvio), que publicaré a comienzos de 2011:

Cuerpo tuyo
BLAS DE OTERO

Esa tierra con luz es cielo mío.
Alba de Dios, estremecidamente
subirá por mi sangre. Y un relente
de llama, me dará tu escalofrío.

Puente de dos columnas, y yo río.
Tú, río derrumbado, y yo su puente
abrazando, cercando su corriente
de luz, de amor, de sangre en desvarío.

Ahora, brisa en la brisa. Seda suave.
Ahora, puerta plegada, frágil llave.
Muro de luz. Leve, sellado, ileso.

Luego, fronda de Dios y sima mía.
Ahora. Luego. Por tanto. Sí, por eso
deseada y sin sombra todavía.

¿Qué os sugiere este poema (o, mejor dicho, este muro de luz)? A mí me duele, me inquieta y me excita tanto como esta pieza del aeropuerto de Brian Eno:

jueves, 26 de agosto de 2010

En San Tirso separan el grano de la paja

La «Festa da malla» da toda una lección de cómo se trabajaba antaño durante las cosechas del trigo


La máquina trilladora, con un motor Diter diésel de los años 40.

San Tirso de Abres,
Héctor ACEBO

En la cultura agraria del Noroeste peninsular de mediados del siglo pasado, las tareas más sacrificadas guardaban un esplendor hoy esfumado, deviniendo, una vez terminada con éxito la jornada correspondiente, dilatadas comidas, tertulias y bailes. Ese carácter lúdico rompía, por un día, las estrictas reglas de la época, absolviendo a los niños de ir a la cama temprano. Algunos de los jóvenes de entonces se reunieron el fin de semana a la orilla del Eo, en la vasta era que hoy constituye el área recreativa de San Tirso de Abres, para rememorar hazañas o cortejos y para representar la VIII «Festa da malla», dedicada a la ancestral separación del grano de la paja en la cosecha del trigo, que se enmarcó en la XXII Semana cultural -ya concluida- del concejo, transmitiendo a diferentes generaciones la memoria de un pueblo.

Todo comenzó hace ocho años, cuando la asociación local «San Tirso del Eo» se propuso recuperar, a través de la reunión de una veintena de vecinos que hoy constituyen el homónimo Grupo de Portadores de la Tradicional Oral, los principales valores que entrañaba en aquella época una dura jornada de trabajo popular. «Nosotros valoramos especialmente el trabajo comunitario, el vínculo social y cultural, alejando la malla del aspecto estrictamente festivo», explica Ángel Prieto Souto, presidente del colectivo.

La representación de la malla santirseña constó, un año más, de dos realidades anacrónicas bien diferenciadas: el motor y los «malles» o mayales. Y es que hasta principios del siglo XX en todo el Noroeste peninsular se golpeaba el trigo en la era con el malle, un vetusto instrumento compuesto por dos palos (uno más corto, la «moca», y otro más largo, la «pértiga») unidos con un sistema de correas de cuero que les permitía, sin separarse, una total independencia de movimientos. Por aquel entonces, la tarea podía prolongarse durante varios días.

Con la llegada de la industrialización, las máquinas de mallar simplificaron enormemente el proceso al permitir recoger la paja y limpiar el grano simultáneamente.

La Nueva España, 25/8/2010

sábado, 21 de agosto de 2010

César Álvarez Cabo: "Fomento nos empujó a la huelga al entorpecer las negociaciones"

El pasado miércoles 18 de agosto se publicó en El Progreso de Lugo una entrevista que hice a César Cabo, el portavoz de los controladores aéreos, quien está convencido de que el Ministerio de Fomento "empujó a la huelga" a su colectivo "al entorpecer las negociaciones".

Pinchen en la imagen para leer la entrevista completa:

San Tirso de Abres celebra la 8.ª «Festa da malla do trigo» a orillas del Eo

Las Vegas (San Tirso de Abres),

Héctor ACEBO

Tras seis días repletos de actos enmarcados en la XXII Semana cultural, que organiza la asociación «San Tirso del Eo» en San Tirso de Abres, los vecinos y los veraneantes podrán desplazarse cien años atrás en el tiempo a través de la representación de la tradicional cosecha del trigo. Ayer le tocó el turno a la celebración del Día de la meda. El acto comenzó a los 8 de la tarde en el área recreativa del concejo. Se sirvieron chorizos y torreznos (a 5 euros la ración).

Y hoy llega el momento clave de las jornadas culturales: la VIII «Festa da malla do trigo», todo un referente en la comarca. A la vera del Eo, a partir de las 12 de la mañana, se hará una muestra de la separación del grano y la paja con motores y con unos antiguos instrumentos -formados por dos palos- que responden al nombre de «malles» (en gallego), «manales» o «mayales». En esta jornada, los amantes del buen comer también podrán disfrutar de un cocido tradicional a cambio de 12 euros. Todo sin salir de San Tirso de Abres.

La Nueva España, 21/8/2010

viernes, 20 de agosto de 2010

Mutis, de mar y tierra


Una muestra del realismo mágico de Álvaro Mutis:

La muchacha

La muchacha fue la víctima. Tenía diecisiete años y llegó una tarde a la mansión en bicicleta. El primero en verla y quien la recibió en la casa fue el guardián. Se llamaba Ángela.

Tenía el papel principal en un corto cinematográfico que se estaba filmando en un vasto hotel de veraneo, cuyos accionistas estaban interesados en promover la venta de lotes en una urbanización aledaña a los terrenos del establecimiento. El documental mostraba a una rubia adolescente, con el pelo suelto y un aire de Alicia en el País de las Maravillas que recorría en bicicleta todos los lugares de interés y paseaba por entre las avenidas que bordeaban los cafetales. Se bañaba pudorosamente en el río, a cuya orilla había bancas de parque pasadas de moda y quioscos para picnic.

La filmación había terminado y sólo permanecían en el hotel el fotógrafo de la película con sus dos hijos y algunos empleados de la producción. Ella se había quedado también y se dedicó a visitar en su bicicleta todos aquellos lugares que no estaban en el guión y que atraían su curiosidad. Uno de estos sitios era una gran casona de hacienda dedicada al cultivo de los cítricos y a la cría de faisanes y gansos. Era la mansión.

A primera vista parecía una belleza convencional del cine. Rubia, alta, bien formada, con largas piernas elásticas, talle estrecho y nalgas breves y atléticas. Los pechos firmes y el cuello largo, siempre inclinado a la izquierda con un gesto harto convencional, completaban la imagen de la muchacha que se ajustaba perfectamente a su papel en la película.

Sólo los ojos, la mirada, no se avenían al conjunto. Tenían una expresión de cansancio felino y siempre en guardia, algo levemente enfermizo y vagamente trágico flotaba en esos ojos de un verde desteñido que miraban fijos, haciendo sentir a los demás por completo ajenos e ignorados por el mundo que dejaban a veces adivinar tras su acuosa transparencia tranquila.

Su padre había sido un abogado famoso que se suicidó un día sin razón alguna aparente, aunque luego se supo que sufría de un cáncer en la garganta que había ocultado hasta cuando el dolor comenzó a traicionarlo. Su madre era una de esas bellezas de sociedad que, sin pertenecer a una familia renombrada, frecuentan el gran mundo merced a su hermosura y a cierta rutina de buenas maneras que oculta toda probable vulgaridad o aspereza de educación. Al quedar viuda, la breve fortuna que heredara se le escapó de entre las manos con esa ligereza que suele acompañar a las bellezas tradicionales. La muchacha comenzó a trabajar como modelo y empezaba ahora su carrera en el cine con papeles modestos en comedias musicales. Tenía un novio que estudiaba medicina y había sido iniciada en el sexo por uno de los electricistas de los estudios, por quien sentía esa pasión desordenada y sin amor que nos une siempre con quien nos ha develado el placer hasta entonces desconocido y lejano. Le gustaba hacer el amor, pero se sentía extraña y ajena a sí misma en el momento de gozar y, en ciertas ocasiones, llegaba a desdoblarse en forma tan completa que se observaba gimiendo en los estertores del placer y sentía por ese ser convulso una cansada y total indiferencia.

El guardián, curtido por su vida de mercenario y su familiaridad con la muerte y la violencia, se sintió, sin embargo, apresado de inmediato por los ojos de la visitante y la dejó entrar, olvidando las estrictas instrucciones que impartiera Don Graci respecto a los forasteros y la tácita norma que regía en la mansión en el sentido de que el grupo ya estaba completo y ningún extraño sería jamás recibido en él. El romper ese equilibrio fue tal vez la causa última y secreta de todas las desgracias que se precipitaron sobre la mansión en breve tiempo.

Sueño de la muchacha

Recorría en bicicleta los limonares a la orilla del río. Sabía que en la realidad era imposible hacerlo, pero en el sueño y en ese momento no encontraba dificultad alguna. La bicicleta rodaba suavemente pisando hojas secas y el húmedo suelo de las plantaciones. El aire le daba en la cara con una fuerza refrescante y tónica. Sentía todo su cuerpo invadido de una frescura que, a veces, llegaba a producirle una desagradable impresión de ultratumba. Entraba a una iglesia abandonada cuyas amplias y sonoras naves recorría velozmente en la bicicleta. Se detuvo frente a un altar con las luces encendidas. La figura del dueño, vestido con amplias ropas femeninas de virgen bizantina, estaba representada en una estatua de tamaño natural. La rodeaban multitud de lámparas veladoras que mecían suavemente sus llamitas al impulso de una breve sonrisa de otro mundo. «Es la virgen de la esperanza», le explicó un viejecito negro y enjuto, con el pelo blanco y crespo como el de los carneros. Era el abuelo del sirviente, que le hablaba con un tono de reconvención que la angustiaba y avergonzaba. «Ella te perdonará tus pecados. Y los de mi nieto. Enciéndele una veladora».

ÁLVARO MUTIS, Relatos de mar y tierra, DeBolsillo, Barcelona, 2008

miércoles, 18 de agosto de 2010

Bailes siberianos en San Tirso de Abres


Luciendo anchas y coloridas prendas, los treinta integrantes de «Zabaikalye» (grupo de baile tradicional de Siberia) amenizaron el domingo el pregón -que corrió a cargo de Enrique Rego, cofundador del complejo agro-turístico local Amaído- de la XXII Semana cultural de San Tirso de Abres, informa Héctor ACEBO. Los santirseños y los veraneantes congregados en la plaza del San Juan quedaron prendados de la agilidad de los bailarines de la friísima región rusa, en la foto.

La Nueva España, 18/8/2010

sábado, 14 de agosto de 2010

Un hada en la playa de Los Castros

Andan estos días preocupadas las bañistas de las playas de nuestra comarca, porque son incapaces de conseguir un bronceado uniforme. Han llegado a tal conclusión a través del Facebook: en el muro de mi amiga Laura (muchacha arrubiada de 18 años recién cumplidos, que luce una piel satinada y unos grandísimos ojos verdes), alguien copió el enlace a un reportaje de El País. (Las bellas bañistas no necesitan leer asiduamente los periódicos: viven en un mundo de olas y senos). El citado artículo se nutre de una investigación publicada originalmente por The Guardian, donde se asegura que no todas las partes del cuerpo se brocean por igual, al tiempo que explica los riesgos de la exposición al sol (y ahí se incluyen los cánceres de piel, como el conocido melanoma).

Ustedes, vecinos y visitantes de la comarca, me dirán que en las playas de La Mariña lucense y del occidente asturiano no está, todavía, de moda el nudismo. Y tienen razón: nuestra mentalidad (melancólica, fría) no está acostumbrada a los exotismos y a las carnalidades. Sin embargo, aunque algunas chicas –adolescentes o veinteañeras– no lo reconozcan, más de una se desnuda en su piscina o en su terracita para hacer el amor con el sol. Como ya anticipaba antes, el sueño de estas muchachas es conseguir un moreno uniforme: odian las marcas (que les impiden lucir los escotes palabra de honor) de la braguita y del sujetador.

Y mi amiga Laura no se explicaba por qué sus atléticas nalgas tardaban tanto en desprenderse de la blancura, mientras que su espalda ya estaba bastante bronceada. La muchacha ahora ha descubierto –para su daño– que las distintas partes del cuerpo se ponen morenas a diferentes velocidades, que es muy difícil tener un moreno igualado. El trasero, concretamente, requiere “un mayor tiempo de exposición solar que otras partes de a anatomía”, según dice la investigación que sacó a la luz The Guardian. Además, la parte alta de la espalda se pone, al parecer, morena antes que las piernas. Y la parte externa de los brazos –como resultaba obvio– oscurece antes que la interna. El País añade la opinión del doctor Eduardo López Bran (dermatólogo del Instituto Médico Estético de Madrid y Jefe de Servicio de Dermatología del Hospital Clínico San Carlos de Madrid), quien cree que los mecanismos de defensa de las distintas partes del cuerpo son diferentes. Acerca del trasero, el doctor opina lo siguiente: “Si te quemas esa zona supone una agresión, ya que las defensas están disminuidas. Evidentemente es la parte que se ha trabajado menos, y lo suyo sería usar una protección de 50+; es la máxima y es la más recomendable”.

A Laura, tras la lectura del reportaje, parece habérsele caído el mundo encima. Yo la animo, y le digo que ella, siendo mujer blanca y arrubiada, tan bella, no necesita quemarse para impactar al espectador. Le explico que en una época no muy lejana la gente de piel nívea era sinónimo de pureza, de elegancia, y que las personas demasiado morenas se asociaban con las clases más bajas (campesinos, criados...). Le leo un relato de Álvaro Cunqueiro que habla sobre un hada:

Felipe fue enseñado por su tía abuela de manera que si un día iba al monte y daba la casualidad que el hada estaba con su tienda de sol, y le preguntaba qué prefería, si la tienda o a ella, que a lo mejor, siendo como era muy hermosa, blanca y rubia, estaba disfrazada de fea y de morena.

Llegados a este punto, Laura sonríe con picardía. Sólo intento –le digo– que seas consciente de tus atributos. En efecto, hay muchísimas morenas preciosas (tantas como blancas), ardientes, pasionales, pero las más nacen con ese color de piel, sólo lo acentúan. Y, que yo sepa, ninguna de ellas querría volverse blanca de repente. ¿Por qué ese empeño de las blancas en maquillar, en camuflar, su nacarada piel? Una persona quemada por el sol (como se sabe, los blancos –especialmente aquellos que lucimos lunares o pecas– tendemos a quemarnos, si no utilizamos la protección adecuada) tiene bien poco de atractiva y mucho de excesiva: acaso eso era a lo que se refería Cunqueiro. Hay, en fin, más de un canon de belleza, pese a que la tele nos venda únicamente el prototipo de famoso de Hollywood bronceado, entregado al vicio, ajeno a lo que ocurre a su alrededor…

Mientras yo desgrano este improvisado discurso romántico –muy propio de alguien que desea lo que ha perdido, como diría Petronio–, Laura me mira con los ojos encendidos como faros. Parece creerme, pero reconoce tener miedo a no gustar lo suficiente a sus colegas, si no trata, “como todo el mundo”, de ponerse morena. Y, acto seguido, me comenta: “Claro que si los bikinis se hubieran inventado en la juventud de Cunqueiro, hasta las hadas querrían lucirlos, sin miedo a apagar su blancura…”.

Cae la tarde en la abrigada playa de Los Castros. Laura apoya su cabeza en mi regazo. Yo miro sus blancas (ahora no tan blancas) piernas: esplenden al sol. Las acaricio, y pienso: Ésta es la ocupación más alta que puede alcanzar un hombre.

Por HÉCTOR ACEBO. La Comarca del Eo (El Progreso), 14/8/2010