Bitácora de Héctor Acebo, poeta, periodista cultural y doctor en Periodismo

Bitácora de Héctor Acebo, poeta, periodista cultural y doctor en Periodismo.
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lunes, 31 de diciembre de 2007

Qué hace una chica como tú ...

A propósito del concierto de los legendarios Burning en Piedras Blancas (29/12/07), escribí «Qué hace una chica como tú ...», un artículo que se ha publicado hoy en el diario asturiano La Nueva España:

Los macarras que normalizaron el uso del castellano en el entonces analfabeto rock and roll patrio (por género y por calidad), los románticos que chulearon a tu piba con versos cuando menos sugerentes («De rodillas, por detrás, / es como te gusta más»), los bandidos que sintonizaron a su queridísimo Eric Burdon en medio de un atraco (iluso de ti si creías aquello de «ya no ocurrirá jamás»), están de enhorabuena: la multinacional Warner Music acaba de reeditar «Dulces dieciséis» (qué atrevimiento), un disco acústico de grandes éxitos que la modesta Music Bus publicó hace un par de años. Confieso que no me esperaba semejante acto de misericordia en un país que odia lo auténtico, donde escribir es, como hubiera dicho Panero, «beber la rabia del que no se resigna / a morir en las esquinas».

Tras este autocomplaciente prefacio, el avispado «fotologger» se preguntará: «¿De quién coño está hablando este tío?». Vale, ya sé, debo desvelar, por mucho que me duela, algún dato biográfico: viven en el madrileño barrio de La Elipa, visten de negro y se hacen llamar, qué feliz contraste, «Burning». Con un poco de suerte, Johnny Cifuentes (el líder de la banda) se presentó este sábado en Piedras Blancas así: «Tú no sabes quién soy, / pero has oído mi nombre, / que suena en todas partes / como un huracán». Y es que «Jim Dinamita» (no se podía llamar de otra forma el alter ego de Johnny) no canta, sino que desnuda, chulea y arrastra las palabras. Como el «bardeo» y la «recortá».

En ese sentido, el último trabajo de «Burning» demuestra que un «stripped» no tiene por qué envidiar la energía del enchufe (recordemos, por ejemplo la dylaniana «All along the watchtower», que, con un solo estridente de armónica y una guitarra acústica de fondo, tiene más fuerza que la mayoría de canciones heavys). Además, los punteos acústicos y los pianillos de terciopelo desnudan más, si cabe, el lado romántico del grupo madrileño («Una noche sin ti», «Como un huracán»...). No obstante, haciendo gala de esta rockera sinceridad, debo reconocer, entre las «Dulces dieciséis», la existencia de canciones que, por su descaro, son inevitablemente eléctricas («Esto es un atraco», con la acertada colaboración de Quique González, pero sin los necesarios solos de saxo, es el ejemplo más notorio).

A finales de los setenta, Pepe Risi (el popular guitarrista de «Burning», fallecido hace diez años) se extrañaba al ver a aquella «mujer fatal» frecuentando el «Drugstore». Hoy, paradojas de la vida, alguna de esas chicas que sueñan con Morfeo (y dan, por ende, bastante «Pereza») tal vez se atreva a tararear ante los abuelos de La Elipa aquella canción que los hizo famosos. Pero un grupo salvaje, por muchas muertes que arrastre, nunca se rinde si tiene historias que contar. Y es que, como espetaba Billy the Kid a Patt Garrett en el bello filme de Peckinpah, «Los tiempos habrán cambiado, pero yo no». La canción, pues, pertenece a Toño, a Risi, a Johnny y a tantos otros que nos resistimos a cantar en play-back.

HÉCTOR ACEBO - La Nueva España, 31/12/07

domingo, 30 de diciembre de 2007

sábado, 29 de diciembre de 2007

jueves, 27 de diciembre de 2007

martes, 25 de diciembre de 2007

«Maribel» no quiere viajar a Soria

A propósito de Enjoy, el último disco de Jaime Urrutia, que presentó este sábado en Gijón, escribí una crítica titulada «"Maribel" no quiere viajar a Soria» que ha salido publicada hoy en la sección «TV y Espectáculos», de La Nueva España, que coordina Tino Pertierra:

Que Jaime Urrutia es un artista personal nadie lo discute. Desde el principio de su carrera, con «Ejecutivos Agresivos», nadaba al margen de las corrientes británicas (lo suyo siempre ha sido la cultura castiza, no en vano su padre era un crítico taurino) que algunos quisieron adoptar como propias. En tiempos de la movida madrileña, nació precisamente el grupo que le hizo famoso, «Gabinete Caligari». Ya en su primer concierto hicieron gala de una personalidad cuando menos alternativa («Somos Gabinete Caligari y somos fascistas», llegó a afirmar Jaime con atrevimiento) que les ayudó, para bien o para mal, a hacerse conocidos.

En efecto, la personalidad que desgrana Urrutia en su música es equiparable al conocido incidente. Quiero decir que, a partir de la primera escucha de «Enjoy» (su actual trabajo), el adolescente que comienza a conocer a este hombre (recordemos que Dani, de «El Canto del Loco», o «Pereza», entre otros, se suman, para variar, a semejante acontecimiento) se dará cuenta de que la voz del autor de «Patente de corso» (2002) resulta, cuando menos, empalagosa. De ahí que Jorge Drexler coja las riendas de «Pitusa» para reinventar, de algún modo, la cansina interpretación del «rockero torero», como han denominado algunos a Urrutia.

Pero no nos engañemos. Canciones como «Camino Soria» (es vibrante la interpretación de Eva Amaral -por fin la música adolescente aporta algo significativo más allá de los «Fotologs»-), tanto por su originalidad -no se habla del «Penta», sino de Bécquer y de Machado- como por su cadencia (¿es una melodía o un viaje?), forma parte del mejor pop-rock patrio. Lástima que «Maribel» y «Mari Pili» piensen lo contrario...

HÉCTOR ACEBO - La Nueva España, 27/12/07

sábado, 22 de diciembre de 2007

100 canciones para la eternidad: 16.- «Cantares» (Joan Manuel Serrat)



«Al andar se hace camino, / y al volver la vista atrás / se ve la senda que nunca / se ha de volver a pisar....». Con estos versos machadianos en voz de Serrat, terminaba el capítulo de este jueves de Cuéntame cómo pasó. En fin, como decía el Carlitos adulto (Carlos Hipólito): «Conocimos a un poeta en vez de despedirnos de un dictador».

lunes, 17 de diciembre de 2007

La brújula es de latón, no de oro


(A propósito de La brújula dorada)

La brújula que posee Lyra (Dakota Blue Richards) incendia a aquellos que pretenden extirpar el alma (un “dimon” metamórfico con forma de animal) de los niños. Y es que la verdad es otorgada a aquellos seres capaces de organizar a un ejército, con rey oso incluido, a fin de luchar por el bien común. No sé si se tratará de un argumento anticlerical, como sostienen algunos ultraconservadores norteamericanos, pero lo cierto es que, a juzgar por las impresiones del bando que las inicia, todas las guerras son salvadoras. ¿Acaso Franco no entraba bajo palio en las catedrales?

La feroz pelea entre dos enormes osos polares podría servir como metáfora del film de Chris Weitz: los artificios intentan ocultar una pésima adaptación de La materia oscura de Phillip Pullman. En efecto, resulta cuanto menos paradójico que una obra pensada por y para los niños se sitúe en un lugar del tiempo indeterminado por donde desfilan, en muy pocos minutos, cantidad de nombres y conceptos (aleliómetro, tribu de los Giptianos, “dimons”…) con los que se extravía hasta el adulto más navideño. Tanto en el Polo Norte como en el dichoso Magisterio.

Por otra parte, la banda sonora resulta empalagosa y, en consonancia con las imágenes (que revelan unas poses retocadas con Photoshop), da la impresión de que todo ya está inventando. Hasta ahí todo bien (o no del todo mal)... Pero en La brújula dorada, por qué no decirlo, todo ha empeorado. Se echa en falta, pues, la frescura de otros inventos consumistas recientes (pienso en Las crónicas de Narnia) que, aunque puedan parecer inútiles estuches dorados, resultan dignos para ver (y soñar) con nuestros hijos.

Llegados a este punto, da la impresión de que se han querido condensar muchas páginas en poco metraje. De ahí ese oportunista final anticlimax que intenta mantener abierta la tensión (por llamarla de algún modo) de una historia cuyo envoltorio está recubierto de latón, no de oro. Dudo mucho que los niños atormentados (entre los que me incluyo) estén dispuestos a continuar la saga…

100 canciones para la eternidad: 7.- «Venus» (Television)


domingo, 16 de diciembre de 2007

100 canciones para la eternidad: 6.- «Povo que lavas no rio» (Amália Rodrigues)

100 canciones para la eternidad: 5.- «Heroin» (The Velvet Underground & Nico)


Es necesario

Para que surja un artista es necesario
que concurran algunas circunstancias como éstas:

que su familia esté bien avenida
que la madre no cuente sus desastres
que el padre deje de comportarse como un bestia
que el tirano de turno ame los libros
que los periodistas sean misericordiosos
que nadie defraude las esperanzas
que no se hable de derechos humanos
que cierren los colegios y las cárceles
que todo el mundo pueda pisar el césped
que ningún hombre quiera salvar a los demás.

Y en fin para que surja un artista se precisa
que nazca un niño y luego no muera del disgusto.

(JOSÉ AGUSTÍN GOYTISOLO: Sobre las circunstancias, ed. Lumen, 1983)

miércoles, 12 de diciembre de 2007

Depositarios de la cultura tradicional


La Nueva España, 12/12/2007

San Tirso de Abres,
Héctor ACEBO BELLO

La asociación cultural San Tirso del Eo, de San Tirso de Abres, entregó el pasado sábado, en la capital del concejo, el galardón «Terra viva 2007» a un matrimonio local, el formado por los intérpretes musicales Eugenio García Freije y María Bouza Acevedo. La entrega se celebró en el marco de la III Esfolla do maíz, un acto que forma parte del programa de recuperación de la cultura tradicional que desarrolla el colectivo santirseño desde 2002.

La esfolla comenzó alrededor de las seis de la tarde y en ella participaron tres generaciones distintas de vecinos de la comarca Oscos-Eo. A las nueve se sirvió un menú típico formado por zorza (picadillo) y fillogas de trigo con miel. El éxito fue rotundo: unas 200 personas compartieron mesa en el polideportivo municipal.



Posteriormente el presidente de la asociación, Ángel Prieto, dio paso a la entrega del premio, que el colectivo concede desde hace tres años «a una persona o institución con una trayectoria relevante en la preservación y exaltación de la cultura tradicional propia de la comarca Eo-Navia». Prieto, en su discurso, destacó la «contribución a la pervivencia de la música tradicional y de la literatura oral» de Bouza y García Freije. Los galardonados, visiblemente emocionados, interpretaron varias canciones de gaita y canto, así como el conocido «Romance del mozo arriero», que relata un pasaje de la guerra de la independencia. El grupo «Os Folkgazais», de Vegadeo, amenizó la noche con música tradicional.
En ediciones anteriores fueron galardonados Eberardo Fernández, «por toda una vida entregada al teatro costumbrista dirigiendo el grupo "Pico Faro de La Roda" (Tapia)», y Cándido Sanjurjo, «por su entrega en la defensa los valores culturales de la comarca y su investigación histórica».

martes, 11 de diciembre de 2007

Escenas memorables de Peckinpah (II)


PATT GARRET: Es como si los tiempos hubiesen cambiado...
BILLY: Los tiempos quizás, pero yo no.

En Patt Garrett and Billy The Kid (Sam Peckinpah,), Dylan ejerce de trovador, lo cual da a la película un aire romántico: a pesar de que la sociedad nos intente convertir en máquinas, los valores más arcaicos perviven dentro de nosotros. Eso lo sabía Billy, e incluso Patt Garrett, que intenta romper su propio reflejo (memorable la escena del final) porque sabe que la muerte de Billy será también su muerte: el fin de una época en la que él no tiene cabida.

Escenas memorables de Peckinpah (I)


En Grupo salvaje (qué gran final), late un excepcional diálogo entre Tector (Ben Jonson) y Pike (William Holden) que resume a la perfección la filosofía peckinpahniana:


-Eso sí que se me hace difícil de creer.
-No tan difícil. Todos soñamos con volver a ser niños, incluso los peores de nosotros. Tal vez los peores más que nadie.

lunes, 10 de diciembre de 2007

Así parece


Acusado por los críticos literarios de realista,
mis parientes en cambio me atribuyen
el defecto contrario;
afirman que no tengo
sentido alguno de la realidad.
Soy para ellos, sin duda, un funesto espectáculo:
analistas de textos, parientes de provincias,
he defraudado a todos, por lo visto;
¡qué le vamos a hacer!

Citaré algunos casos:

Ciertas tías devotas no pueden contenerse,
y lloran al mirarme.
Otras mucho más tímidas me hacen arroz con leche,
como cuando era niño,
y sonríen contritas, y me dicen:
qué alto,
si te viese tu padre...,
y se quedan suspensas, sin saber qué añadir.

Sin embargo, no ignoro
que sus ambiguos gestos
disimulan
una sincera compasión irremediable
que brilla húmedamente en sus miradas
y en sus piadosos dientes postizos de conejo.

Y no sólo son ellas.

En las noches,
mi anciana tía Clotilde regresa de la tumba
para agitar mi rostro sus manos sarmentosas
y repetir con tono admonitorio:
¡Con la belleza no se come! ¿Qué piensas que es la vida?

Por su parte,
mi madre ya difunta, con voz delgada y triste,
augura un lamentable final de mi existencia:
manicomios, asilos, calvicie, blenorragia.

Yo no sé qué decirles, y ellas
vuelven a su silencio.
Lo mismo, igual que entonces.
Como cuando era niño.
Parece
que no ha pasado la muerte por nosotros.

(ÁNGEL GONZÁLEZ: Poemas)

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  • Texto: ÁNGEL GONZÁLEZ
  • Imagen: E. MUNCH, Calle en Aasgaardstrand

viernes, 7 de diciembre de 2007

San Tirso del Eo premia con el «Terra Viva» a Eugenio García y a María Bouza


El matrimonio recibe el galardón por contribuir a conservar la música tradicional

O Piñeiro (San Tirso de Abres),
Héctor ACEBO BELLO

La asociación cultural San Tirso del Eo, de San Tirso de Abres, entrega hoy el galardón «Terra Viva 2007» a un matrimonio del concejo, el formado por Eugenio García Freije y María Bouza Acevedo, por su «contribución a la no extinción de la música tradicional y de la literatura oral». Así lo explicó Ángel Prieto, presidente del colectivo. El acto, que comenzará a las seis de la tarde, se celebra con motivo de la III Esfolla do maíz, que organiza la asociación San Tirso del Eo a fin de recuperar la tradición cultural de la comarca.

Eugenio García Freije y María Bouza Acevedo, vecinos de O Piñeiro (San Tirso de Abres), ya forman parte del legado cultural del noreste peninsular como intérpretes de cantares, romances, canciones y coplas. De ahí la entrega del galardón «Terra Viva», que desde hace tres años otorga el colectivo santirseño «a una persona o institución con una trayectoria relevante en la preservación y exaltación de la cultura tradicional propia de la comarca Eo-Navia», en palabras de Ángel Prieto. Una de las últimas actuaciones de Bouza tuvo lugar hace apenas unas semanas, con motivo de un programa especial que una cadena de televisión dedicó al cancionero popular asturiano.

Esfolla

Por otra parte, la asociación cultural San Tirso del Eo celebra esta tarde en O Chao, capital del concejo santirseño, la III Esfolla do maíz a fin de recuperar la tradición ancestral de la cosecha. A las seis de la tarde se procederá a la entrega del galardón «Terra Viva» a Eugenio García Freije y a María Bouza Acevedo. Siguiendo con el programa previsto, a las nueve y media de la noche los amantes del buen comer podrán disfrutar, a cambio de 9 euros, de un menú compuesto por zorza (picadillo de cerdo), fillogas y bebida. El conjunto «Folgazais», de Vegadeo, y el Coro «San Tirso del Eo», de San Tirso de Abres, amenizarán el evento. Según cuenta Ángel Prieto, presidente de la asociación San Tirso del Eo, también habrá interpretaciones musicales de un colectivo de ancianos de la residencia de Vegadeo.

martes, 4 de diciembre de 2007

A propósito de Mi hermano es hijo único (D. Luchetti, 2007)


Peleas que dicen te quiero
HÉCTOR ACEBO BELLO

No resulta extraño que dos hermanos se peleen. Sobre todo, como en el caso que nos atañe, si están enfrentados ideológicamente. Pero la energía que desprenden Azzio (Elio Germano) y Manrico (Ricardo Scarmacio) no es el producto de la lucha italiana entre el fascismo y el comunismo, sino más bien todo lo contrario: la impotencia a la hora de reflejar el amor entre dos hermanos. No sorprende la excusa si nos situamos en la Italia polarizada de los años 60, en donde lo normal era “democratizar” el “Himno a la Alegría” añadiéndole una letra con vivas a Mao y a Stalin. O reivindicar la figura de Mussolini como abogado para la paz. ¿De veras que cualquier tiempo pasado fue mejor?

Dejando a un lado crónicas amarillentas, lo realmente llamativo reside, sin duda, en la intensidad con la que dotan Petraglia y Rulli (guionistas, también, de otro film de Luchetti, La voz de su amo) a los hermanos. ¿Cómo lo consiguen? Mezclando la comedia con los sentimientos. Luchetti, por su parte, espía cualquier movimiento del callejón. Y, como un alumno aventajado de la escuela neorrealista, no se posiciona políticamente, sino que deja que las imágenes que capta su ojo hablen con voz propia.

¿Cuál es el error que comete el director? Creer, en ciertos momentos, que está rodando una serie televisiva (la influencia de Cuéntame como pasó –voz en off incluida– es enorme) en lugar de un largometraje de tal calibre. Y no me refiero solamente a las manidas escenas de violencia callejera, sino también a unas charlas costumbristas que se alargan, como las ideas de la época, más de lo previsto. ¿Qué se echa en falta para compensar el supuesto vacío? Profundizar, por ejemplo, en problemas sociales tan básicos como el terrorismo.

De todas formas, el emotivo final compensa las carencias de la adaptación de la novela (El fasciocomunista) de Pennachi. Me refiero, claro está, a la pasión que estalla cuando Azzio se cuela en la mente de su hermano, a fin de otorgar al proletariado las llaves de una vivienda digna que el corrupto gobierno les había prometido años atrás. “Nunca había tenido un balcón: metía las macetas en las bañeras”, dice, emocionada, al abandonar su choza, la madre de los hermanos.

Manrico ya está muerto. La revolución, también. Pero, más allá de la confusión política, hay un hijo único que es capaz de poner voz a las peleas (que se tornan en abrazos) de dos hermanos.

domingo, 2 de diciembre de 2007

Paradojas

Siempre lo he dicho: los extremos, independientemente del color en el que se camuflen, acaban tocándose. En ese sentido, comunistas exacerbados como Fidel Castro o Hugo Chávez están próximos al fascismo. No, no hay demasiada diferencia entre las diversas clases de totalitarimos (recordemos el pacto germano-soviético entre Hitler y Stalin), tal y como nos recuerda el escritor venezolano Ibsen Martínez en "No es de izquierdas, es fascista" (en alusión a Chávez), un artículo de opinión publicado ayer en El País.

jueves, 29 de noviembre de 2007

Asombro


mari pili en casa de manolo

mari pili cubierta de pomada
muy triste aquella niña muy abrigada
y ya ves ahora con cuatro chiquillos
mari pili poniéndose los guantes
jugando a los papás y a las mamás
en el invierno del cuarenta y nueve
era el cine aquel cuarto de la plancha
y el pasillo un eterno tobogán
mari pili jugando a las cocinas
en una fiesta con mucha merienda
y de pronto las luces que se encienden
y la pantalla rota y el asombro

(ANTONIO MARTÍNEZ SARRIÓN, Teatro de operaciones, 1968)

A propósito de Verano fatal (Limbo Starr, 2007)


HÉCTOR ACEBO BELLO

La primera de las siete canciones que forman «Verano fatal» (Limbo Starr, 2007), el actual trabajo de Nacho Vegas y Christina Rosenvinge, anuncia una altura lírica y musical de principio a fin sólo comparable, en los últimos tiempos de nuestro rock patrio, a «El hombre que casi conoció a Michi Panero», aquel temazo incluido en el último disco de estudio del cantautor gijonés («Desaparezca aquí», Limbo Starr, 2005). En efecto, «Me he perdido» nos presenta a un Nacho tan sensual como cordial, sin la afectación vocal de antaño, que se desnuda, impotente, «sin quitarse el traje» ante los dulces coros de una sirena llamada Christina. Es precisamente en el siguiente tema, «Humo», cuando la solista entra en escena para disminuir el tempo musical en aras de una logradísima atmósfera lúbrica con perlas y consonantes incluidas. La tercera pista, que da título al disco, marca la primera parada del trayecto y comienza con un riff de guitarra que promete mucho, pero que se queda en una canción bien sostenida musicalmente (muy lograda, por cierto, la distorsión de Rosenvinge), que muestra, sin embargo, las prisas de los solistas a la hora de escribirla. En ese sentido, «la mujer del tiempo», que dice Nacho al final del tema, quizá pretenda ser un guiño, pero no llega a la altura, ni por asomo, de aquella otra fémina «que anuncia el vendaval» en la belleza solitaria de la «Canción de palacio #7».

«Ayer te vi» es una balada al más puro estilo indie que nos sumerge en los años gloriosos de este género en España pero que no aporta nada nuevo. El disco, un tanto decaído a estas alturas de la tarde, parece resucitar con la curtida voz de Rosenvinge en otro tópico del rock alternativo: «No pierdes lo que das». Sin embargo, no será hasta «Que nos parta el rayo» -con el susurro principal de Vegas y, de nuevo, con unos sensuales coros de la autora de «Continental 62»- cuando sintamos que funciona la química entre los dos cantautores. Lástima que la letra se quede en una simple rima de principiante, otro acto inexplicable del asturiano. El epílogo del «Verano fatal», «No lloro por ti», en la voz de Rosenvinge, es otra canción totalmente prescindible que no aporta nada nuevo a la faena (a pesar de ese «y me importas un pimiento» que pretende romper la monotonía) de este disco que se salva por los pelos gracias al espectacular prefacio.
La interesante ficción autobiográfica con la que juegan a lo largo del disco demuestra que se han aprendido de memoria la lección de Rimbaud, pero deja en evidencia, en la praxis, una falta de reposo considerable.
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Publicado en La Nueva España, 29/11/2007

sábado, 24 de noviembre de 2007

A propósito de Luz de domingo

(A propósito de «Luz de domingo»)

HÉCTOR ACEBO BELLO

La luz que ilumina los domingos de Cenciella -el pueblo asturiano inventado para la ocasión- es tan viva que mata a los que permanecen despiertos. Desde los Picos de Europa pueden verse las sombras caciquiles de los «chorizos» (la izquierda) y los «becerriles» (la derecha): bienvenidos a la España «de espíritu burlón y de alma quieta», como hubiera dicho Machado, de 1911. Desde entonces tal vez hayamos evolucionado en términos jurídicos, pero los sentimientos (el amor, el odio, el orgullo, la venganza...) que trata José Luis Garci en su última obra siguen siendo de actualidad. No se equivoca la tabernera cuando dice a Joaco (el honrado indiano interpretado por un espectacular Alfredo Landa) algo obvio: el hombre del pueblo no se alegra de su propio éxito, sino del fracaso de los demás.

Con este argumento preciso, Garci vuelve a sumergirse en el pasado para entender y vivir el presente. Y consigue su cometido mediante un gran tratamiento de la luz que culmina -no podía ser de otra manera en este relato clásico- con encadenados y fundidos de negro. Sin embargo, el autor de «Volver a empezar» (1982) deja en evidencia un sonido oportunista (cantos de pájaros desesperadamente enlatados, cohetes que se escuchan pero jamás se ven, un «Danubio azul» que no consiguen bailar al compás de la banda, etcétera). El guión, basado en un relato de Ramón Pérez de Ayala, es fluido y muestra, como de costumbre, el gusto de Garci por el costumbrismo. Pero cuando entra en escena, sin la ayuda del abuelo Joaco, el idilio entre Urbano (un Álex González no muy creíble) y la nieta Estrella (Paula Echevarría, la nueva musa de Garci) respiramos un olor a nata rancia que descabalga la historia. Mención aparte merece la durísima escena en que el abuelo manifiesta el rechazo a su futuro nieto, nacido de una violación por parte de los hijos del alcalde «becerril» (un soberbio Carlos Larrañaga). Es precisamente en la escena de la violación cuando la luz de domingo quema casi tanto como el desierto crepuscular de Sam Peckinpah. Sin embargo, al término de la misma, el filme vuelve a perder fuelle al compás de cantos que parecen más enlatados, si cabe, cuando salen de la boca de Urbano. Garci, en otro acto inexplicable, olvida el tratamiento psicológico de los personajes tras el cruento atentado. Y el mismo Landa parece darse cuenta de las cursiladas cuando espeta al futuro marido de su nieta una frase que este espectador agradece: «¡Déjate de pajaritos!».

La película se despide por la puerta grande gracias al señor Landa. Este coloso del cine español es capaz de matar, con la naturalidad que requiere la ocasión, a un cruel «becerril». Y lo entrega, en un ejercicio de intensidad increíble, a la iglesia que tantas veces se cruzó de brazos ante blasfemias, violaciones y robos. Sin duda, estamos ante un hombre capaz de calcular su propia muerte. Y la de los demás. Lástima que de nuevo los «pajaritos» se entrometiesen a bordo de un barco tan colorido que da ganas de vomitar.

Llegados a este punto, la pregunta es inevitable: ¿con qué «Luz de domingo» se quedaría Garci? ¿Con el canto enlatado de los «pajaritos» o con las fresas bergmanianas que saborean nuestros «buelos»?

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Publicado en La Nueva España, 24/11/2007

jueves, 22 de noviembre de 2007

Acerca de La Frontera


«La Frontera» de Javier Andreu y Toni Montana vuelve hoy a los escenarios asturianos, en Gijón

Oviedo, Héctor ACEBO
Veinte años y un día después, vuelven Javier Andreu y Toni Marmota. El Savoy de Gijón recibe hoy a la legendaria, superviviente, sincera y polvorienta «Frontera». Una banda que sólo se entiende echando la vista atrás.

Corría la segunda mitad de los 80, y la movida madrileña, después de haberle cantado tantas odas a la moda juvenil, tocaba a su fin. El verso rimbaudiano («Hay que ser absolutamente moderno») que había musicalizado aquella generación se tornaba en puntos hasta entonces no transitados. «Los Secretos» dejaron de hablar de amores adolescentes no correspondidos y se encontrarían a sí mismos con la publicación de la tristísima «Calle del olvido» (1989). En ese contexto, «La Frontera» apareció en escena con una evolución similar a la del grupo liderado por los hermanos Urquijo, aunque la lírica nunca llegue a estar, ni por asomo, a la altura de los tormentos de éstos.

Su ópera prima, de 1985, ya hablaba sobre «La ley de la horca», pero es sobre todo con el rotundo «Si el whisky no te arruina las mujeres lo harán», publicado un año más tarde, cuando nos descubren, al compás del banjo y el violín, el salvaje «Cielo del Sur».

Lejos de repetirse y de cansar los oídos con un efectivo pero oportunista country-rock, el grupo liderado por Javier Andreu se reinventa a sí mismo, acercándose al pop-rock comercial, sin dejar a un lado los sonidos fronterizos que les caracterizan, con «La rosa de los vientos». Este disco, que sale a la venta en el año de madurez de los Urquijo (1989), sitúa a «La Frontera», con temas como «Juan Antonio Cortés», en el «límite del bien y del mal». Y es que, a partir de este exitazo, Andreu y compañía empiezan a perder fuelle.

Con escaso apoyo promocional y unas melodías sin la fuerza deseada, «La Frontera» no conseguiría en esta década el apego recibido antaño, aunque seguiría con sus intensos y sinceros conciertos.

Y así llegan a nuestros días cumpliendo veinte años encima del escenario y celebrándolo con un merecido resumen de su carrera («Veinte años y un día», 2005) al lado de colaboradores de lujo (Calamaro, Coque Malla...). Seguro que Andreu y compañía demostrarán hoy en el Savoy (Gijón, 22.00 horas, 8 euros anticipada, 10 taquilla) todas estas credenciales. Enrique Urquijo, con sus «Ojos de gata», los juzgará.
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miércoles, 21 de noviembre de 2007

Fernando Fernán-Gómez, sé feliz en tu "viaje a ninguna parte"


GORRIÓN: Cuando uno se muere... ¿se muere o no se muere?
DON GREGORIO: ¿En su casa qué dicen?
G: Mi madre dice que los buenos van al cielo y los malos al infierno.
D. G.: ¿Y su padre?
G.: Mi padre dice que de haber juicio final los ricos irían con sus abogados, pero a mi madre no le hace gracia.
D. G: ¿Y usted que piensa?
G: Yo tengo miedo...
D. G.: ¿Es usted capaz de guardar un secreto?
G: (Asiente con la cabeza)
D. G.: Pues en secreto... Ese infierno del más allá no existe... El odio, la crueldad... eso es el infierno... A veces, el infierno somos nosotros mismos.

(De la película de J. L. CUERDA La lengua de las mariposas, en donde Fernán-Gómez interpreta al entrañable maestro republicano don Gregorio)

domingo, 18 de noviembre de 2007

¿Convivir?


Convivir durante unos minutos en un estadio de fútbol resulta ser algo así como palpar una miniatura de la sociedad. Los gritos que desgarran la garganta de los machos ("¡Oleguer, rojo de mierda, tú a las manifestaciones okupas!") demuestran la escasa cooperación que ofrecen a aquellos que, afortunadamente, no piensan como ellos. "Vale, soy facha, lo reconozco", afirmaba otro, asumiendo, orgulloso, su culpabilidad.
Por otro lado, están los aficionados que disfrutan viendo jugar a las estrellas, que te piden la hora para entablar conversación y que discrepan de los comentarios xenófobos que lanza el proyecto de cerebro que está detrás de nosotros. Qué razón tiene Benjamín Prado cuando nos recuerda aquellos versos de Valéry: "Sólo estoy seguro de haber comprendido una cosa cuando tengo la impresión de que hubiera podido inventarla". Yo tampoco puedo inventar ciertos insultos. Y eso que me pongo, no como ellos, en la carne del otro...

Claro que luego están la magia, la belleza y la precisión que desgranan Xavi Hernández, Cesc Fábregas y Andrés Iniesta. En el partido de clasificación para la Eurocopa que se disputó ayer en el Bernabéu (España 3 - Suecia 0), los alumnos aventajados de Guardiola volvieron a demostrar algo obvio que no parecen entender, como tantas otras cosas, los protagonistas del prefacio: cuando tres jugadores desbordan calidad a raudales, por muy parecidos que parezcan (valga la redundancia), pueden (y deben) jugar juntos. De la Peña tiene las puertas abiertas. Y Xavi debe tirar siempre las faltas (con permiso de Villa, que en los últimos metros no perdona) para demostrar que, a pesar de la sombra de Ronaldinho, sus parábolas destilan sabiduría.
Que aprendan de la selección algunos de sus aficionados.

Machadiano


"¿Qué es amor?", me preguntaba
una niña. Contesté:
"Verte una vez y pensar
haberte visto otra vez."
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  • Texto: A. MACHADO
  • Imagen: O. MUELLER

viernes, 16 de noviembre de 2007

Malos tiempos


¿Por qué viva Franco?

BENJAMÍN PRADO - El País, 15/11/2007

Después de leer el periódico, Juan Urbano se acordó una vez más de una supuesta crítica de cinco o seis líneas que la leyenda atribuía a Eduardo Haro Tecglen y que decía algo así como: "Ayer se estrenó en el teatro equis la obra equis, dirigida e interpretada por tal y tal: ¿por qué?" ¿No iba a ser el abominable Valle de los Caídos un centro de estudios del franquismo?
Si esa reseña existió de verdad, es probable que aunque hoy sea divertida, entonces fuese arbitraria, despótica o injusta, quién lo puede saber ya; pero lo que a él le importaba es que siempre la había servido de plantilla para otro millón de cosas y ahora volvía a serle útil después de leer que la Delegación del Gobierno había autorizado tres manifestaciones ultraderechistas para este fin de semana cuyo único fin era jalear la figura de los golpistas de 1936, enaltecer a los ideólogos de la masacre que desencadenó la Guerra Civil y glorificar al dictador y a sus secuaces por lo civil, lo militar y lo eclesiástico. ¿Por qué?

Juan Urbano, que esta semana, por primera vez en su vida, había sido monárquico diez minutos, gracias al porquenotecallas del rey al presidente de Venezuela, que es un personaje que le viene como anillo al dedo a esta historia porque, a fin de cuentas, también tiene un pasado de golpista y un presente de actor cómico, se preguntó por qué en nuestro país es delito quemar una foto del jefe del Estado pero no hacer apología del Funeralísimo, como lo llamaba Rafael Alberti, siempre tan exacto a la hora de asignar un adjetivo.

Tal vez es que uno de los agujeros en el barco de la futura Ley de Memoria Histórica sea ése: que no nos hemos atrevido a convertir en un delito contemplado por el Código Penal el ensalzamiento de la dictadura, como ocurre en otros países de Europa que han sufrido lacras semejantes.

¿Por qué? ¿Por qué tenemos que aguantar los madrileños que los nostálgicos del horror, esa gente que no cree en la democracia y suspira por el regreso de la tiranía, se reúnan el domingo en la Plaza de Oriente, igual que en los viejos tiempos, a gritar contra la inmigración, contra las libertades que tanta sangre y tanto sufrimiento nos han costado, a favor de los criminales de ayer y los locos de hoy?

¿Por qué tenemos que soportar el martes, que es otro infame 20 de noviembre, una marcha que vaya desde Moncloa hasta el Valle de los Caídos a honrar a los mismos cuyas estatuas estamos quitando de nuestras plazas, y que, da miedo decirlo, se parece tanto a aquella de noviembre de 1939 en que los falangistas llevaron a hombros el ataúd de José Antonio Primo de Rivera desde Alicante hasta El Escorial, vestidos con su uniforme paramilitar, desfilando con una pistola al cinto y una antorcha en la mano? ¿Por qué?

¿No iba a ser el abominable Valle de los Caídos un centro de estudios del franquismo, o algo así, y acaso no se iban a prohibir allí los actos que supusieran una alabanza del déspota? ¿Por qué los magistrados del Tribunal Superior de Justicia de Madrid permiten esa demostración anticonstitucional y afirman que "no existe riesgo de alteración del orden público con peligro para personas o bienes"?

¿La democracia no es un bien? ¿Invadir la ciudad para amedrentar a los ciudadanos o hacer que se marchen a otra parte por miedo a los fanáticos no es alterar el orden público?
Desde luego, Juan Urbano pensaba hacer justo eso, pedir dos días de permiso, marcharse de Madrid el sábado y no volver hasta el miércoles, con tal de no tener que cruzarse en una calle cualquiera del centro con esas personas, ni oír sus consignas, ni ver sus banderas llenas de águilas y sus camisas azules.

Eso es, su chica maravillosa y él se subirían a un tren con destino a cualquier otro lugar en el que los políticos que lo gobiernen no estén dispuestos a caminar hacia atrás mientras otros se calzan las botas estrepitosas de los bandidos; a retroceder hasta el comienzo del espanto, a la época en que todo era tan ilegal, tan viscoso, tan todo lo contrario de lo que ahora tenemos, mal que les pese a algunos, a esos que, por fortuna, aunque son los peores, también son los menos. Ya, pero ¿por qué?

Juan Urbano regresó a su casa y después de mirar a su chica capicúa hasta que los ojos se le volvieron islas, regresó al libro que estaba leyendo, los Cuadernos de Paul Valéry, y el poeta francés le dijo: "Sólo estoy seguro de haber comprendido una cosa cuando tengo la impresión de que hubiera podido inventarla".

Y Juan pensó que por mucha imaginación que tuvieran, él nunca podría comprender ni a la gente que estos días saldrá a la calle a darle vivas a un dictador, ni a los políticos que les permiten llenar a estos manifestantes el aire de la ciudad de ese odio antiguo.

miércoles, 7 de noviembre de 2007

Formación del colectivo femenino


El telecentro de San Tirso enseña a usar la red a las madres con hijos a punto de llegar a la adolescencia

Usuarios del telecentro de San Tirso de Abres.

San Tirso de Abres,
Héctor ACEBO BELLO

El telecentro de San Tirso de Abres, en colaboración con el AMPA del colegio santirseño, está llevando a cabo todos los martes (desde las 17 hasta las 18.30 horas) diversos talleres de ofimática e internet dirigidos a las madres con hijos en edad escolar. El fin no es otro que «darles a conocer los servicios más importantes que nos ofrece la red», cuenta Aida Bello, técnica del telecentro santirseño.

En esa misma línea, y de acuerdo con el proyecto «Internet y familia», desarrollado por el Gobierno del Principado (que tiene como fin fomentar el uso correcto y adecuado de internet entre los más jóvenes), la semana pasada se llevó a cabo en el telecentro santirseño una charla de «internet y familia». Se trataba de explicar a las madres de los alumnos del Colegio de San Tirso «la importancia que tiene el garantizar un uso seguro de internet a los más jóvenes», en palabras de Aida Bello.

Aida Bello se muestra satisfecha con la presencia de nueve de las madres de los alumnos del Colegio de San Tirso de Abres, a las que incorporó esta semana, gracias a la «charla de internet y familia», a un taller de iniciación a la informática. La técnica del telecentro de San Tirso espera que, en un futuro próximo, «todas las madres de los alumnos del colegio santirseño hagan uso de las nuevas tecnologías», a fin de incorporarlas «a diferentes talleres formativos del telecentro».

El telecentro de San Tirso de Abres (apenas 600 habitantes), que cuenta en su haber con más de un centenar de talleres de ofimática e internet y la participación de casi 600 usuarios, se distingue desde su apertura, en 2003, por considerar al femenino como uno de sus colectivos prioritarios.

En esa misma línea, Aida Bello participó, en setiembre, en las Jornadas de la Oficina de Igualdad de Oportunidades de Salas como representante de la red de telecentros del Principado de Asturias, a fin de ofrecer «todas las ventajas que suponen, para la formación de la mujer rural, las nuevas tecnologías». Y es que, en palabras de la técnica del telecentro santirseño, «los telecentros dan a la mujer rural la posibilidad de formarse».

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  • Texto: H. A. B. - La Nueva España, 07/11/2007
  • Imagen: Archivo del telecentro de San Tirso de Abres.

martes, 6 de noviembre de 2007

Al pasar


W. B. YEATS,

Los viejos admirándose en el agua


Oí decir a los muy, muy viejos:
"Todo cambia
y uno a uno vamos cayendo".
Tenían las manos como garras, y sus rodillas
torcidas como los viejos espinos
junto a las aguas.
Oí decir a los muy, muy viejos:
"Todo lo bello se pierde al pasar
como las aguas".

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  • Texto: W. B. YEATS
  • Imagen: KIRCHNER, El regreso de los animales, 1919

lunes, 5 de noviembre de 2007

Manuel Rivas


"O poeta é um fingidor. / Finge tão completamente / que chega a fingir que é dor / a dor que deveras sente"(*). Estos versos, escritos por el maestro Pessoa en un idioma muy cercano al suyo, podrían describir a la perfección la personalidad periodística-literaria de Manuel Rivas. Y es que desde el comienzo de su carrera como corresponsal de Galicia para el diario El País, allá por los años 80, el autor coruñés se ha valido de la metáfora y la metonimia para moldear con mimo un sinfín de personajes que lloran, sienten, ama y odian como nosotros.

El cabello revuelto de Manuel Rivas representa la rebeldía y la fugacidad de las olas gallegas, que domestica, con calma, su lápiz de carpintero. Sobre sus ojos verdes ya lo dijo todo José Hierro a través de aquellos versos que dedicó al amor de Lope de Vega: "Abre tus ojos verdes, Marta, que quiero oír el mar".

Luego viene, al hilo de su rebeldía, la parte política, siempre latente en sus novelas y artículos periodísticos. Diríase que sólo leen a Rivas los progresistas, pero su pueblo sabe bien que él no sólo prueba La lengua de las mariposas para criticar la filosofía del Partido Popular, sino también para reivindicar la lengua, el pensamiento y las costumbres de los suyos: es decir, de todos nosotros.

Es por eso que Manuel Rivas trata a las palabras como si fueran muslos: las palpa, las besa, las viste y las desnuda. Pero lo más importante es que "...os que lêem o que escreve, / na dor lida sentem bem, / não as duas que ele teve, / mas só a que eles não têm." (**) En un cuento, un poema o un reportaje. Tanto da. Y es que, como él dice, "cuando el periodismo y la literatura tienen valor, nos conducen al lado oculto de la verdad".


H. A. B.
Madrid, Facultad de CC de la Información,
octubre de 2007.


(*) "El poeta es un fingidor. / Finge tan completamente / que llega a fingir que es dolor / el dolor que de veras siente".

(**) "Y los que leen lo que escribe / en el dolor leído sienten bien, / no los dos que él tuvo, / más sólo el que ellos no tienen".

jueves, 1 de noviembre de 2007

A propósito de la Ley de Memoria Histórica (II)

Memorias históricas

ANTONIO ELORZA - El País, 20-10-2007


Hay que leer una, dos, tres, cinco veces el proyecto de ley llamado "de la memoria histórica" para encontrar algo que explique la enorme irritación que está produciendo en medios conservadores. Y tal vez la única causa se encuentre en el título del proyecto: "...por la que se reconocen y amplían derechos y se establecen medidas a favor de quienes padecieron persecución y violencia durante la Guerra Civil y la dictadura". Es decir, se trata ante todo de una ley de reparación de una situación de inferioridad en que se encontraron durante décadas los que perdieron la guerra, y con la suficiente sensibilidad para no convertirla en una norma maniquea, ya que su campo de aplicación abarca a las víctimas franquistas. Sólo que en este caso su régimen ya les proporcionó cumplida satisfacción. Parte de la devastación, del dolor, y propone simplemente el reconocimiento de una injusticia.

Rosa Díez ha citado acertadamente el ejemplo de Carrillo y Fraga en el Club Siglo XXI, en 1977, el uno olvidando a Grimau y el otro a Paracuellos. Pero es que entonces había otras prioridades en una transición insegura. Ahora la concordia debe venir de reconocer que hubo Paracuellos y que hubo Grimau, y Andrés Nin, y Lluís Companys, y Juan Peiró. Sin olvidar al mismo tiempo que entre "los bandos" no cabe la simetría: la legalidad estaba inequívocamente del lado de la democracia republicana; quienes se sublevaron fueron los militares y, a la hora de comparar las represiones, la "operación quirúrgica" puesta en marcha por los generales alzados respondió a un propósito deliberado y tuvo en la guerra y más allá de la guerra una intensidad muy superior. Y sobre todo, en lo tocante a la ley, que hasta ese punto mantiene un encomiable equilibrio, cuidándose de no ser un texto de exaltación de la República, es justo que la misma insista en la situación de radical inferioridad sufrida por quienes perdieron la guerra y muchas veces la vida, aunque no fueran fusilados, en defensa de la democracia. Es una cuestión de hecho, a pesar de la derogación de leyes anteriores por la Constitución: hay suficientes sentencias que muestran la necesidad de esa declaración de ilegitimidad de unos órganos judiciales que tanto daño causaron. Y aunque pueda doler la no anulación de las sentencias, el camino queda abierto para su revisión.

En el plano de los símbolos habrá sin duda problemas, pero al menos esperemos librarnos de las plazas de Arriba España, o de las que llevan nombre de generales y políticos implicados en la represión franquista, mientras siguen en la sombra, o en la penumbra, los grandes nombres de nuestra tradición republicana y socialista, de Pi i Margall y Manuel Azaña a Juan Negrín, Vicente Rojo o Dolores Ibarruri, sin olvidar a los pensadores "heterodoxos". No es revancha: los prohombres conservadores ya están ahí, en los lugares de memoria.

Es lo que no perciben deliberadamente los airados críticos del PP y aledaños. Evocar los aspectos positivos de la Segunda República o de la resistencia popular en la guerra y la clandestina durante el franquismo, reparar las injusticias sufridas por vencidos y perseguidos, no significa dar la vuelta al resultado de la Guerra Civil. Sólo descubrir la cara oculta de la luna, cosa que no se logra sólo acumulando libros de historia, sino haciendo además visible a toda la sociedad, con criterios de riguroso análisis y ponderación, el legado democrático y con él, porque existió y fue terrible, el legado de sufrimiento. Resulta lamentable que políticos templados como Mayor Oreja puedan hacer manifestaciones, en el marco de la campaña del PP, que les convierten en nostálgicos de la dictadura de Franco. Dar motivos para ser acusados de neofranquistas no es nada bueno para los populares.

Análisis y ponderación son criterios aplicables también a la eterna polémica en torno al Che. Fue el último revolucionario romántico, dispuesto a jugarse la vida por un ideal de emancipación de la humanidad: nada de extraño, pues, que en medio de un bosque de sectarios, traidores o criminales de despacho, tipo Stalin, Guevara se convirtiera en el icono del Redentor. Pero su actuación represiva en 1959 y los desastres causados a la población cubana por su concepción voluntarista de la economía están ahí. La memoria histórica debe ser en este caso dual.

A propósito de la Ley de Memoria Histórica (I)

La derecha y la memoria del franquismo
MANUEL RICO - El País, 30/10/2007


Los dirigentes del PP, ante la Ley de Memoria Histórica, que mañana se debate en el Congreso, preconizan el olvido afirmando que en la Guerra Civil hubo excesos en ambos bandos. Con ello, ocultan la raíz del drama: un golpe de Estado contra un gobierno legítimo. Pero siendo inadmisible ese argumento, que justifica y "comprende" la dictadura, lo es aún más cuando la ley se evalúa a la luz de la persistencia del régimen de Franco durante cuarenta años.

Con esta ley no se trata de resucitar el fantasma de las dos Españas, sino de algo tan elemental como restablecer, sin afán vindicativo, la prevalencia de los principios democráticos por encima de la legislación que, construida sobre un golpe de Estado y amparada por los regímenes totalitarios que asolaron Europa, los vulneró durante cuatro décadas.

¿Por qué una derecha que se proclama democrática se niega a la recuperación de la memoria de los demócratas condenados con leyes dictatoriales? ¿Por qué el PP no se homologa con los partidos conservadores alemanes, italianos o franceses? ¿Cuál es la razón de esa resistencia casi setenta años después del final de la Guerra Civil y a casi tres décadas de la aprobación de la Constitución? La respuesta que sus líderes dan es que las deudas de la Guerra Civil quedaron saldadas con la Transición y que la ley reabre viejas heridas. Sin embargo, de su letra y de su espíritu se desprende justo lo contrario. Profundiza en los valores constitucionales y cierra algunos agujeros negros que las fuerzas democráticas, recién salidas de la clandestinidad o del exilio, con inteligencia y generosidad dejaron abiertos en 1978 con el fin de consolidar una democracia frágil, demasiado precaria y amenazada. Es decir: la ley completa la transición, la hace más sólida y no al contrario. Es más: lo que podría romper el espíritu de la transición sería, precisamente, su inexistencia.

Tres razones pueden explicar la dura oposición del PP y afirmaciones tan preocupantes como las de Mayor Oreja: el casi nulo papel de sus líderes en el cambio político antes e inmediatamente después de la muerte de Franco, una percepción "comprensiva" con la dictadura y la carencia de una memoria de oposición a ella. La gravedad de esa percepción se acrecienta cuando nos alejamos de la guerra y ampliamos el campo de análisis hasta los años más próximos a la muerte de Franco. En 1975 había en las cárceles españolas casi un millar de presos políticos. Ese mismo año, el Tribunal de Orden Público abrió 4.317 causas, de ellas sólo 72 por terrorismo. Todas las demás, lo fueron por el ejercicio de derechos democráticos elementales. Esa actuación se producía junto a la Europa del Mercado Común, a treinta años de la Declaración Universal de Derechos Humanos y a más de un cuarto de siglo de la derrota de Hitler y Mussolini. Todas las condenas de 1975, más las cinco penas de muerte de septiembre de ese año, junto a la aplicación sistemática de la tortura, del despido, de la privación de cátedras o de la expulsión de la universidad, ¿no deben ser consideradas ilegítimas mediante una ley?

¿Cómo es posible afirmar que una propuesta alejada de todo rencor y dirigida a completar la biografía de miles de ciudadanos españoles aplicando principios que desde 1945 son una realidad en la Europa democrática, supone resucitar "las dos Españas"? ¿Acaso hemos de considerar intocable la condena, en el Proceso 1001, a diez sindicalistas a la friolera de 161 años de cárcel en 1973? ¿Y los larguísimos períodos de cárcel que sufrieron el poeta Marcos Ana o los dirigentes políticos Simón Sánchez Montero o Ramón Rubial, entre otros muchos? ¿Y las penas que cumplieron los miles de españoles que en los años 50, 60 y 70 llenaron las cárceles o los caminos del exilio por el único delito de ejercer unos derechos que todos los organismos internacionales reconocían?

¿Por qué el PP se opone a la deslegitimación de esas condenas? ¿No será que, en el fondo, justifica la actuación del régimen franquista y de sus tribunales, que no se atreve a afirmarlo abiertamente y, al negar la ley, elude el pronunciamiento sobre la ilegitimidad de la dictadura y sus normas?

La Ley de la Memoria Histórica homologa, de manera plena, la democracia española con las democracias europeas que sufrieron el fascismo. Sólo concibiendo la dictadura como un mal menor que fue necesario y sobre el que hay que pasar con sigilo se puede entender la actitud del PP. Pero la memoria histórica es la memoria de la democracia violentada y enterrada. Es decir, la memoria de todos los demócratas: españoles y europeos. ¿Por qué, entonces, el principal partido de la oposición se excluye de ella?

martes, 30 de octubre de 2007

"Hay un malentendido con Narciso"

En un artículo en forma de carta publicado el mes pasado en El Correo, Arcadi Espada critica un atentado a la libertad de expresión que se produjo recientemente cuando la poeta Cristina Peri Rossi fue despedida de la emisora pública por no hablar en catalán.

El autor pone en entredicho estos treinta años de democracia, ya que las élites españolas que dirigieron la Transición son los culpables del "amormamiento" con el que juegan los gobiernos autonómicos. Y es que el Estatuto, al igual que la televisión o la escuela, "no describía la realidad, sino que indicaba cuál iba a ser a partir de entonces, obligatoriamente, la realidad".

En ese sentido, todos los periódicos y emisoras públicas, excepto El Mundo, silenciaron en un principio el hecho. Pero la insistencia del diario dirigido por Pedro J. Ramírez, y la valentía de muchos bloggers (entre ellos famosos) que apoyaron a Peri Rossi, obligó a que las autoridades políticas tomaran parte en el asunto. Así pues, los directivos de la cadena, en última instancia, reconocieron su error y llamaron a la poeta a fin de solucionar el asunto.

La moraleja que desgrana Arcadi Espada al final del texto es contundente: "Los medios ignoran la realidad, pero la realidad regresa en forma de decadencia". Es decir, la tergiversación termina siendo aclarada, en muchas ocasiones, por los propios ciudadanos. Y es ahí donde el articulista compara al poder con un Narciso "que nunca se miró al espejo".

Para terminar, Arcadi Espada subraya que "el catalán es la lengua propia de la Generalitat de Cataluña". Lo que en otras palabras quiere decir que la sociedad es capaz de olvidar el derecho a la información de la ciudadanía a fin de que "triunfa la lengua" y el Estatuto que ellos mismos refrendaron.

H. A. B.

jueves, 25 de octubre de 2007

A propósito de El orfanato (J. A. Bayona, 2007)

Arde el mar
HÉCTOR ACEBO BELLO

La mirada temeraria de Laura (Belén Rueda)


La escena del escondite inglés que ilustra el comienzo de la película, y que se vuelve a repetir, de un modo escalofriante al término de la misma cuando Laura -Belén Rueda- resucita a sus viejos amigos, podría servir como el contraste definitivo y definitorio de la filosofía de El orfanato. Y es que en la ópera prima de J. A. Bayona conviven, con resentimiento por ambas partes, la infancia robada y la madurez temeraria que transmite, con una simple mirada, Belén Rueda. Pero el tema principal no es tanto el miedo a hacerse mayor como la ceguera que produce el paso del tiempo. Porque, como decía Leopoldo María Panero en El desencanto (Jaime Chávarri, 1976), "en la infancia, vivimos; después, sobrevivimos". En ese sentido, los diálogos de Simón con su amigo imaginario de la cueva (es decir, su propio "yo") asombran a su madre, quien pretende rescatar tan sólo lo bueno de su paso por el orfanato. Así pues, sólo llegará a sumergirse en la mente alucinatoria de un niño -Rascowski se refería a la visión prenatal, aunque no estaría de más volver a hablar de dementia praecox- cuando le arrebatan lo que un día, acaso en un sueño, fue suyo. Para muestra, la violentísima escena en que, a través de un travelling circular, la madre desesperada lucha entre las olas en el intento de arrancar la máscara de su hijo.

Laura (Belén Rueda) persiste en el empeño de arrancar la máscara de su hijo.



Pero si algo llama la atención en El orfanato, es la amalgama de influencias que utiliza Bayona para describir todo tipo de situaciones escatológicas y terrorifícas, que se concentran, a modo de metáfora, en los retales de la máscara de Tomás, el amigo imaginario (?) de Simón. El tratamiento simbólico de las deformidades muestra, en efecto, la admiración por El hombre elefante (1980) del siempre polémico David Lynch. Incluso Blue velvet (1986) deja su huella macabra en la escena en que Belén Rueda acaba tirada en el suelo del refugio de sus amigos, sudada y barnizada con polvo cadavérico, en un intento por salvar la originalidad del guión, tan previsible desde el momento en que la viejecita visita la mansión: esto es, el ecuador del film. Otro personaje clave -ahora para bien- es el médium que encarna Geraldine Chaplin con un claro referente: Poltergeist (Tobe Hopper, 1982) a la hora de poner en práctica el contacto de la Vida con la Muerte.

Eso sí, a pesar de la elegancia que transmite -en parte, gracias a la belleza salvaje de la playa de Llanes (Asturias)- la estética de El orfanato, no debemos olvidar que la idea (conseguida con creces, por cierto) de moldear a Laura (Belén Rueda) con una psicología tan sobrecogedora como estéril, olvida el tratamiento de personajes importantes (dejando a un lado ya a la mentada viejecita) como, por ejemplo, su propio marido, que permanece preocupado/evadido en todo momento, como si le resultase enorme el papel que representa la heroína. Qué duda cabe de que lo que sí consigue Bayona, al menos ante los ojos de este espectador, es un apasionante viaje sin retorno a las entrañas del Nunca Jamás. A propósito de la Ley de Memoria Histórica, no olvidemos el pasado o arderá nuestra memoria. Como el mar.

H. A. B.
Madrid, 24/10/07