Libertas virorum fortium pectora acuit.

(La libertad estimula el espíritu de los hombres fuertes).

miércoles 8 de julio de 2009

Un artículo de Álvaro Cunqueiro

Volando con el trueno*


Estatua de Álvaro Cunqueiro sita en su Mondoñedo (Lugo) natal

Hace exactamente dos años que me senté a esta misma máquina, en la redacción de «Faro de Vigo», a escribir mi primer artículo de esta ya quizás excesiva serie de «El envés». Y lo titulaba así: «Volando con el trueno». No lo quiero releer. Supongo que hablaría de Cuchulain, y del arcángel Izrail, y del enano secreto del Basileo, y del mago Virgilio, tan famoso en la Edad Media romana, leyenda del Virgilio latino de la melancolía geórgica y de los viajes de Eneas, el último nostos de la diáspora troyana. Escribí aquel artículo porque aquel día abría sus rayos una tormenta en el fondo de saco de la ría, sobre la isla de San Simón y el Berdugo, bajo la puente militar de Sampaio -escribíamos Berdugo con B, que es lo propio-, y sonaba el trueno solemnemente, lo mismo que hoy, en que me cogió la tronada en las afueras, sentado entre boticarios, comiendo honestamente en honor de su presidente provincial, Domingo Fernández del Riego, bajo una parra de alicante morisco, que por cierto abre muy bellamente y es la tal para una sombra de mayo. Estábamos en la segunda queimada cuando comenzaron a caer sobre nuestras cabezas, deslizadas de las amplias hojas de la parra, gruesas gotas. Esto le hubiera gustado a esos eruditos y poetas chinos que yo cito tantas veces, los cuales consideraban que unas gotas caídas de las ramas de los árboles, en verano, tras la tormenta, eran una caricia perfecta para la cabeza de un hombre feliz.

Cuchulain mandaba con su dedo índice de la mano derecha los rayos a ahogarse en el océano. Era el príncipe de los nubeiros entre los gaélicos, de esos humanos que arriendan el rayo, o como Emil, el sobrino de Diterico de Berna, lo saben transformar en rutilante espada o en larga lanza. No sé dónde leí -que ya van olvidados los más de los libros, compañeros de mocedad- que en Zelanda, en las aldeas, los labriegos y pescadores cebaban a una mujer, la cual, engordando, con sus mantecas ahuyentaba la chispa. He sido una vez, en el País Vascongado, dueño de una piedra serpentina, de una ofita, que procedía de cabaña de pastor pirenaico, en la cual hacía oficio de espantarrayos en los días tormentosos, y en las horas calmas servía para, calentada en las brasas y metida luego en la olla de barro, ayudar a hervir presto a la leche, a la que daba un sabor peculiar. Los vascones le llaman a la piedra serpentina cincunegui, que vale por «piedra de la cigüeña». También la Ciconia alba, en las altas torres donde anida, preserva del rayo...

Digo todo esto para que se vea que soy el ser menos imaginativo que ande por ahí, y que lo más propio mío es sumar noticias que muestren lo vario que es el mundo, y lo ricamente, y con cuántas sorpresas, se puede almacenar la memoria humana. Yo, que no desconozco los grandes temas del siglo, y estoy atento a eso que llaman la coyuntura histórica, y acepto la gran patética de mi tiempo y quiero ayudar, en lo que me sea posible y aún bastante más, al hombre de estos días, tantas veces puesto en el filo de la navaja, no me dejo asustar por los profesionales de la angustia, y busco en la gran peripecia humana, tantas veces mágica aventura, tantas veces sueños espléndidos y mitos trágicos, la razón de continuar.

De continuar contra la miseria, contra la violencia, contra el terror, contra la mentira. Es el hombre el animal más extraño, que decía el Estagirita, pero también la hierba más débil. Resiste porque sueña, y porque el amor hace olvidar el hambre. Yo no me evado ni ayudo a nadie a evadirse: me enfrento, simplemente, con los tristes, porque creo que la tristeza traiciona la condición humana. Dante encontró a los tristes en el Infierno. Le decían al gibelino: «Tristes fuimos en el dulce aire que del sol se alegra...». El gibelino y yo vamos, al borde la tiniebla, creyendo que toda hora es alba.

*CUNQUEIRO, Álvaro: Viajes imaginarios y reales, Tusquets Editores, Barcelona, 1986, págs. 16-7.

jueves 18 de junio de 2009

84.- «Fare thee well, Miss Carousel» (Van Zandt)

miércoles 17 de junio de 2009

«En esta década podremos saber si hay otros mundos como el nuestro»

«Confío en que los adolescentes de ahora resuelvan los problemas fundamentales a los que nos enfrentamos»

«Cada vez que vengo a Vegadeo me siento en casa y muy bien tratado por el cariño de los veigueños»


CARLOS PEÑA GARAY (Físico, natural de Vegadeo)


Vegadeo, Héctor ACEBO

Más de cien alumnos de Primaria de Vegadeo le expusieron dudas, misterios y obsesiones sobre los agujeros negros, las explosiones de supernovas, la velocidad de neutrinos solares, el fin del sol... Carlos Peña Garay, físico veigueño de 41 años con gran proyección internacional, ha sido cariñosamente apodado, tras su paso por el colegio local Jovellanos, en el cual estudió, como «El Mensajero de las estrellas». Tanto éxito cosechó en su villa Peña Garay que, al término de la conferencia, en vez de correr camino del autobús, no pocos niños hicieron cola para que les firmase el tríptico de una jornada que celebraba el Año Internacional de la Astronomía.

-¿Es difícil explicar a un niño de Primaria el tamaño del universo?

-Hay conceptos que son difíciles de hacer comprender si no tenemos experiencia directa. Por ejemplo, distinguir «muy grande» de «muy muy grande». Pero no espero que lo comprendan en toda su profundidad, porque esto es algo que seguirán haciendo constantemente si tienen interés. Lo realmente importante es hacer despertar su curiosidad e interés por hacerse preguntas y tratar de responderlas con la razón. La astronomía es una de las áreas de la ciencia más cercana a los niños, porque presentamos algo que pueden observar directamente.

-¿Qué es lo que más le sorprendió de los alumnos veigueños?

-El interés por los misterios y por los nombres misteriosos. Su gran curiosidad por varias cuestiones fundamentales de la astronomía y, generalizando, de la física moderna. La jornada en Vegadeo ha sido muy estimulante.

-¿Guarda un buen recuerdo del su paso por el Jovellanos?

-Excelente. Tengo varios recuerdos imborrables. En el contexto de las jornadas, en este colegio nació mi interés por la ciencia. Recuerdo mi curiosidad por la naturaleza del átomo en el curso impartido por el profesor Eugenio Castaño (Don Eugenio, decíamos). A la parte práctica de formular en química, le unió unas notas sobre física cuántica y algunos de los actores principales. Me impresionó. He vuelto a ver a dos de mis antiguas profesoras, con las cuales me he fotografiado. He vuelto a un lugar familiar, en el que ahora soy un extraño. La primera característica que cambia tus recuerdos es el tamaño de las salas.

-También se trasladó, durante la misma jornada, al instituto local Elisa y Luis Villamil. Dijo de ellos (los adolescentes) que estaban en una edad extraordinaria, porque podían equivocarse y volver a empezar sin temores... ¿Confía en que lleven nuestro planeta a buen fin?

-La ciencia nos muestra que en muchos casos el camino no se recorre en línea recta y que hay muchas sorpresas, muchos giros, que llevan al éxito de descubrimientos fundamentales. En estos momentos, un bachiller tiene cierta tensión sobre si está tomando la decisión correcta. He intentado ilustrar con ejemplos en la ciencia y con mi propia carrera cómo no se va en línea recta en muchos casos. Sí, confío en que resuelvan algunos de los problemas fundamentales a los que nos enfrentamos.

-En algún momento de la charla, dijo que había vuelto a España desde Princeton (a donde le llevó su tesis doctoral sobre los neutrinos solares), porque quería devolver a su país lo que le había dado. Explíquese.

-Fueron varias las consideraciones a evaluar a la hora de decidir dónde establecerme, además de existir la posibilidad real de elegir. Además de la ayuda familiar, yo he disfrutado de las ayudas públicas en la segunda mitad de los años 80, con la gran expansión del sistema de becas, que permitió a muchos (o al menos disminuyó las dificultades) poder acceder a la Universidad. La Universidad sirvió para cribar a aquellos con más talento para la investigación. Si todo ese talento se va a países más desarrollados, como EE.UU., a ellos les sale muy barato pero a nuestro país les sale bastante caro. Es bien cierto que aún estando fuera de tu país se puede contribuir a su desarrollo. Pero me parece más cierto, que se contribuye más desde dentro.

-En 2007, obtuvo el galardón de Veigueño del Año. ¿Motivo de orgullo? ¿Se siente bien tratado en su tierra?

-Sí, es un gran orgullo. Lo es especialmente porque lo recibo en nombre de mi madre. Celia Garay Cotarelo es la merecedora del premio, por liderar una familia de quince hijos en una vida con muchas dificultades. Cuando vengo a Vegadeo, me siento en mi casa, con mi familia, con mis recuerdos de infancia. Me siento muy bien tratado por el cariño de los veigueños.

-Miembro del IFIC, científico titular del CSIC, profesor titular en la Universidad de Física Teórica de la Universidad de Valencia, Premio Novel de la Real Sociedad Española de Física... ¿Qué le falta por conseguir en su carrera científica?

-Lo realmente apasionante es comprender una nueva idea, generar una explicación, explorar un nuevo territorio en el conocimiento. Saber formular la pregunta correcta y descubrir la respuesta. Cuando esto ocurre, y es bastante frecuente en los pequeños pasos que tenemos que dar para afrontar las cuestiones importantes, has conseguido un nuevo éxito. Desde el punto de vista del reconocimiento exterior, todavía quedan muchos logros que alcanzar.

-Una de sus líneas de investigación gira en torno a la pregunta: ¿Existen más planetas en otros sistemas solares? Sáquenos de la duda.

-Un área de investigación fuente de nuevas noticias diariamente es la identificación de planetas fuera del sistema solar. Ya se han identificado más de 300, aunque en general son grandes y cercanos a la estrella porque así se les ve más fácilmente. Un objetivo de la humanidad es poder ver planetas (con tamaño parecido a la Tierra) separados de la estrella a la distancia Tierra-Sol, para encontrar posibles mundos como el nuestro. Además, el estudio espectroscópico de estos planetas permitirá descubrir si tienen estructuras similares a nuestra Tierra: roca, agua, vegetación... Veremos los resultados en esta década.

-Actualmente está inmerso, junto con otros científicos del mundo, en un proyecto que tiene como fin la construcción de un telescopio que permitirá observar lejanas galaxias y estrellas. ¿Puede contarnos algo al respecto?

-Sabemos desde hace casi un siglo que el Universo está creciendo en tamaño. La nueva sorpresa, descubierta recientemente, es que crece aceleradamente, cada vez más rápido. Esto no era lo esperado, porque la materia que ejerce una fuerza atractiva neta a grandes distancias, la gravedad, debería hacer que la expansión fuese reduciéndose. Necesitamos entender este fenómeno, porque nos muestra que no conocemos los componentes de nuestro Universo que lo generan. Entre las posibles técnicas para estudiar este fenómeno, se encuentra catalogar millones de galaxias lejanas. Esta es una de las áreas más activas de investigación y en la que un grupo español al que me he unido se está consolidando. Si conocemos la posición de estas galaxias lejanas, podremos caracterizar cómo ha comenzado esta expansión acelerada del Universo.

La Nueva España, 17/06/2009

miércoles 10 de junio de 2009

De repente, la poesía


Por mucho que un artista avance (y ha de ser así), siempre acabaremos reteniendo en la memoria (o en el oído) algunas sensaciones impagables que van ligadas a nuestra propia calentura, madurez o decadencia. En 2004, el que escribe no era más que un adolescente rebelde. Pero no un rebelde al uso: en esas edades tan crueles y superficiales, me parece mucho más meritorio luchar por hallar tu voz (sea melancólica, pasional o jaranera) que fomentar el odio al otro, al diferente, en la clase. ¿Un rebelde tedioso? En fin, a lo que iba: cuando llegó a mis manos Leopoldo María Panero (el libro-disco de poemas del autor madrileño musicados por Carlos Ann y Bunbury e interpretados, además, por el poeta y crítico musical Bruno Galindo y el cineasta pornográfico José María Ponce) me sentí comprendido.

Yo, que siempre había refutado el lenguaje autómata (e incluso el más académico, con tantos cerrojos), vislumbré en la poesía paneriana nuevas formas de expresión. De repente, se podía escribir, exquisitamente, sobre el acto del amor sin caer en los tópicos más típicos de la leche y de la miel. “No es tu sexo lo que en tu sexo busco / sino ensuciar tu alma: / desflorar / con todo el barro de la vida / lo que aún no ha vivido”, reza un poema de Panero incluido en el libro-disco. La atmósfera musical (una fortísima electrónica de vanguardia ideada por Ann) se imbricaba perfectamente entre los perturbadores textos de Panero. Las voces (cantadas, recitadas o alucinadas) daban otra dimensión a la ya de por sí espaciosa obra de un poeta que habla, sin tapujos, sobre “ángeles y cosas que cuestan la vida al ojo humano”. Y yo, por qué no decirlo, me sentía mucho más cerca de algunos docentes (recuerdo que di a descubrir el libro-disco a mi querido profesor de Latín y Cultura Clásica, Arturo Peralta) que de los soeces compañeros –incluyo aquí también a la mayor parte de chicas– de mi instituto…


Todas estas cosas se las comentaba yo a Carlos Ann y a Bruno Galindo (un tipo curtido, ocupado y creativo que sabe escuchar con atención a un periodista novel, lo cual se agradece) al término del concierto que Santa N (el dúo formado por Ann y Mariona Aupí) ofreció en la sala madrileña Boite el pasado 4 de junio. Ann, agradecido, me confesó que a él también le costó mucho aparcar el jugoso y absorbente disco de Panero: “Pese a que el proceso de realización ocupó unos tres años de mi vida, una vez grabado el disco, ¡también lo escuchaba –como tú– antes de irme a dormir…!”. Se diría, a la manera del crítico y semiólogo estructuralista Roland Barthes, que la actividad de leer conduce, inexorablemente, a la de escribir. O que el creador es, por encima de todo, una persona que se asombra. He ahí el auténtico germen de cualquier forma de expresión artística.

Y yo, que tenía pensado centrarme hoy en el concierto de Santa N, retorno (y eso que casi nunca he sentido nostalgia de la cruenta adolescencia) al pasado… Habida cuenta de que escribí hace no mucho en esta misma revista una crítica del disco de Ann y Aupí (lo definí como una unión entre la limpísima canción francesa y la fanfarria), espero que ustedes, estimados lectores, disculpen mis digresiones… El concierto, en fin, fue muy acogedor. Y no sólo porque no hubiera demasiada gente (el aforo de la sala Boite es limitado): cabe destacar la heterogeneidad (y la familiaridad) del ambiente. Además, Ann (bullicioso y expresionista) solicitaba constantemente nuestra participación. Mariona Aupí, por su parte, demostró que sus elegantes (y sosegadas) cualidades vocales no son producto del estudio de grabación.


Claro que el repertorio de Santa N –lo diré una vez más– se hace bastante monótono. Es cortito (tocaron las trece canciones del disco, y en los bises repitieron una: deberían haber adaptado algún tema del Ann solista al formato, un cuarteto acústico sin batería) y el andamiaje de no pocas canciones peca de previsibilidad. No obstante, hay en Santa N varios momentos notables: “Todo para mí” (que en el concierto echó en falta el acordeón), “No me quejo” (definido por Ann como un “alegato de la vida”) o el tema más aplaudido de la noche, “Labios” (cuya letrista estaba en primera fila, a mi lado), interpretado por una Mariona muy dócil. Aparte de esas piernas infinitas, de esa voz susurrante y de esos ojos reptilianos, tiene un no sé qué esta chica… Ahora entiendo por qué Ann decía que algunas musas también son, al adoptar un papel tan elevado, artistas. No me explico, en fin, por qué no hablé con Mariona…

Por cierto, Carlos Ann también me comentó que ya estaba terminado su disco (a dúo, de nuevo, con Mariona Aupí) de poemas musicados de Juan Gelman. Estoy ansioso por comprobar el resultado. Por dar otra dimensión a algunos versos que conozco. Ese es el motivo de la musicalización. Escuchar lo que pide el texto. Vestirlo. Acariciarlo. Volver a desnudarlo. Hasta que, por fin, descubramos (y con eso es más que suficiente: ¿se puede mejorar al mejor Panero o a Gelman?) una sensación distinta. E impagable. “Cómo será pregunto. / Cómo será tocarte a mi costado. / Ando de loco por el aire / que ando que no ando.” (J. Gelman).

Por HÉCTOR ACEBO (La Huella Digital,10/06/09)





miércoles 3 de junio de 2009

Príncipes de la ternura

Lucas 15 es una épica (¡y fresca!) revisión del cancionero tradicional asturiano en clave folk-rock


Tino Pertierra, clarividente crítico cinematográfico de La Nueva España (diario asturiano en el cual tengo la suerte de escribir), me dijo en una ocasión: “Sólo deberíamos consentir las florituras al artista que es capaz de contar una historia sencilla con precisión”. El (a priori) insondable Nacho Vegas demuestra esta premisa, junto a su fiel escudero Xel Pereda y otros tres notables músicos asturianos, en Lucas 15 (Lloría Discos, 2008), una original adaptación en clave folk-rock del rico (y, sin embargo, olvidado) cancionero asturiano. Un principado de pasión y rudeza, en donde los labradores buscan a Cristo y a su andarina (golondrina, en bable), mientras el temido sacaúntos –hombre del saco– gallego asesina “sin cuchillo ni navaja” a su propio hijo.

Lejos de caer en los tétricos arreglos de viento, Xel Pereda, Nacho Vegas y compañía se revelan, durante los 50 minutos de Lucas 15 (nombre del grupo y del álbum), tan fieles a la frescura como a la épica –es bastante difícil conseguir ese amasijo de contrastes sin que chirríe la versión– del cancionero de mi tierra. Claro que Vegas ya había hecho incursiones tradicionales en sus discos en solitario (“La canción de la duermevela”, de sus Cajas de música difíciles de parar, 2003, es una buena muestra), con lo cual no me sorprende que haga suya la bellísima y cruel “historia de los príncipes de España” que lleva por nombre “Teresina”.

Pereda es quizás un músico más curtido en el folk (además de ser la mano derecha de Vegas en solitario, forma parte, también como guitarra solista, de un grupo del género, Llan de Cubel). En Lucas 15 Pereda aporta su tibia voz en dos temas imprescindibles: “Los fayeos de mayo” (buena versión del temazo de Felpeyu) y la añada final “Con tomillo y romero”, toda una súplica a los paxarinos (pajaritos) de la enramada: “Nun despertéis al neñu, / que ya apigaza”. (Apigazar significa, en bable, dormir).

Y luego está la magnífica colaboración de los gijoneses Coro Voces de Cimadevilla, quienes añaden el punto épico adecuado –no hay recargamiento– en esta revisión de nanas, cantares de ciego y romances.

Me consta que en su momento sorprendió a no pocos seguidores de Vegas el hecho de que Lucas 15 se publicase casi a la par que el fallido álbum a dúo con Christina Rosenvinge (Verano fatal, 2007). Eugénio de Andrade, uno de los poetas más líricos de los últimos tiempos, decía que los versos deben leerse “con la naturalidad que tienen el correr del agua y el ritmo del habla.” Creo que esa es la milagrosa poción que emplearon Vegas, Xel y compañía en su proyecto, domesticando las guitarras eléctricas, estimulando los pianos y cuidando las armonías vocales: “Cantaben los ruiseñores: / y pensé que me llamabes…”. Como si el viejo Neil Young acampase en los Picos de Europa. Como si los siglos pasasen en un momento…



Por HÉCTOR ACEBO (La Huella Digital, 03/06/09)

jueves 28 de mayo de 2009

El científico veigueño Peña Garay visitará mañana el colegio de la villa

Vegadeo,

Héctor ACEBO (La Nueva España, 28/05/09)

El científico y profesor veigueño Carlos Peña Garay compartirá mañana una jornada con el alumnado del Colegio Público Jovellanos, de Vegadeo, a fin de celebrar el Año Internacional de la Astronomía.

Este proyecto, que sirve de acercamiento a la figura del investigador internacional Peña Garay, comenzó a gestarse el pasado enero gracias al empeño de la maestra y escritora Belén Rico Prieto. «Mis alumnos han aprendido a hacer una biografía, a conocer los planetas y el universo, a situarnos en la esfera terrestre, a calcular la edad de una persona a partir de la fecha de nacimiento o a redactar las preguntas para el coloquio de este viernes», apunta Prieto.

El alumnado de segundo de primaria del colegio también divulgará la figura de Peña Garay, que en su día fue alumno del Jovellanos, al instituto Elisa y Luis Villamil, también afincado en Vegadeo.

domingo 24 de mayo de 2009

83.- «Slim slow rider» (Van Morrison)

sábado 23 de mayo de 2009

¡Hasta los guapos son vulnerables!

Revolutionary road parece haber nacido para el lucimiento interpretativo de la famosa pareja, descuidando el desencadenamiento argumental y las relaciones extramatrimoniales, que deberían servir de parapeto.


Muchos cineastas que comenzaron sus carreras en el teatro tienden a explorar los sueños rotos, los dobles significados, la violencia reprimida, los gritos y susurros, la resignación, el silencio, las mentiras, de las parejas (aparentemente) felices o especiales. Dicho esto, podría pensarse que cualquier director de cine lleva el serrín teatral en las venas: maticemos. Hay, por ejemplo, en los filmes del maestro Ingmar Bergman una pulsión que sostiene las expresiones del actor con un cuidado sumo, poniendo la cámara a su servicio (abundan los primerísimos planos: la boca y los ojos hablan al unísono, algo de lo que, obviamente, no puede beneficiarse el teatro) y huyendo de los movimientos extremos.

Sam Mendes, que comenzó su andadura en el teatro, muestra en el caleidoscopio dramático de Revolutionary road algunas de las mejores evidencias surgidas en el escenario. Parece haber nacido esta película para el lucimiento interpretativo de (¿no debería decir entre?) Kate Winslet (¡inmensa, deslumbrante, magnética, desgarrada…!) y un esforzado (cumple bien, pero a veces habría que exigirle una transición más visible en los cambios de humor) Leonardo DiCaprio. Es tan notoria la búsqueda de la tensión entre el joven matrimonio de este filme ambientado en la sociedad norteamericana de los 50 (opulenta pero castradora, más o menos como la nuestra) que Mendes parece olvidar la atención que requieren las vidas por separado. Así, la relación laboral del marido resulta tremendamente superficial, lo mismo que el brote sexual (que funciona de parapeto frente a la realidad, sí, pero cuesta percibir el supuesto deseo) entre la mujer y un vecino pazguato.

Al contrario de lo que sostenía en esta misma revista otro cinéfilo (mi apreciado Daniel Lobato), creo que el desencadenamiento de Revolutionary road es bastante tópico, forzado y oportunista: un tipo esquizofrénico (y, por ende, sin ninguna clase de inhibición) echa sobre la mesa las verdades que se resiste a escuchar cualquier matrimonio civilizado. Y digo que resulta forzado el recurso de un tercer portavoz loco porque muchas de esas reprimendas y represiones sociales ya tendrían que haberse resuelto, explícita o implícitamente (no olvidemos que las elipsis en el cine son tan importantes como los diálogos, pues sirven para avanzar y para ver lo que hay detrás de la pantalla) a lo largo de la trama, no de manera alborotada en el mismo ecuador. Queda para la posteridad el final, brutalmente bergmaniano, en donde el silencio se escucha más que cualquier grito, en donde incluso los guapos son vulnerables…

Por HÉCTOR ACEBO (La Huella Digital, 22/05/09)

sábado 16 de mayo de 2009

«Quiero que la Escuela de Música de San Tirso sea un referente comarcal»

«Tenemos que trabajar en cuanto a difusión y captación de alumnos que garanticen la viabilidad del centro»

ABEL PÉREZ, Director de la Escuela de Música Tradicional «San Tirso del Eo», en San Tirso de Abres


San Tirso de Abres,
Héctor ACEBO
(La Nueva España, 16/05/09)



Necesita estar en continuo movimiento, llegando a implicarse en los más diversos proyectos de la comarca Eo-Navia (musicalización de poemas, docencia, bandas folk...), siempre arriesgados pero necesarios y originales. Abel Pérez (Vegadeo, 1976), licenciado en Historia y Ciencias de la Música, lleva patillas anchas, calada la boina y pasea por las calles santirseñas con su sempiterno acordeón a cuestas. No deja indiferente a nadie. Lo suyo sí que es una apuesta por el rock and roll. O, como él dice, «¡diversión y color frente a la tan nombrada crisis!».

-La Escuela de Música Tradicional «San Tirso del Eo» abrió sus puertas en el pasado mes de enero. ¿Satisfecho con el resultado?

-La verdad es que sí, aunque tenemos que seguir trabajando mucho en la línea de difusión y captación de alumnado para garantizar la viabilidad económica del proyecto. Todos los demás aspectos están respaldados.

-¿Ha supuesto un precedente esta escuela en el occidente asturiano?

-No sé si un precedente, pero me gustaría que fuese un referente en el panorama educativo-social-musical del Occidente asturiano. Somos pioneros en la impartición de un instrumento tradicional como la zanfona. También impartimos, además de otras materias (gaita, percusión tradicional, acordeón, canto y pandereta, solfeo y folklore), la disciplina de baile tradicional, nada instaurada en los concejos limítrofes, así como una visión lo más integral posible a los alumnos entre 5 y 7 años, con toma de contacto con el lenguaje musical, el canto, el baile y el ritmo. Todas estas materias son impartidas por el profesorado especialista de la escuela de música.

-¿En qué momento se ve involucrado en el proyecto?

-La voluntad de creación de la escuela sale del presidente de «San Tirso del Eo» (el colectivo que se encarga de su gestión), Ángel Prieto Souto. Se trata de un trabajo conjunto entre él y yo, más la aportación del resto del profesorado; todos juntos hemos ido diseñando lo que hoy tenemos en marcha y en eso estamos.

-¿Cuántos alumnos hay matriculados? ¿La mayoría son del concejo?

-El número está en torno a los 45 alumnos, desde los 5 años de edad hasta superados los 65. Efectivamente, la mayoría son del propio concejo, pero también tenemos gente de Vegadeo, Abres, Taramundi, A Pontenova, etc.

-¿Cuál es la materia con más adeptos?

-Sin lugar a dudas, canto y pandereta.

-¿Sigue abierto el plazo de matrículas?

-Nunca sobran alumnos: uno se puede apuntar en cualquier momento, enviando un mail a acsantirsodeleo@hotmail.com. Se está sujeto, eso sí, a unos horarios de presencia del profesorado que se fijan al comienzo del curso.

-Compagina su labor, como director y profesor en la Escuela «San Tirso del Eo» con la presidencia de «Polavila» (asociación cultural veigueña de reciente fundación). ¿Cuál de esas dos labores le roba más tiempo?

-Las cosas, para hacerlas lo mejor que uno sabe y puede, llevan su tiempo. No obstante, me considero un afortunado por trabajar en lo que me gusta y en mi entorno, así como por poder contribuir en un proyecto asociativo y de ocio como «Polavila».

-¿Aprovechará el filón para realizar algún proyecto conjunto entre santirseños y veigueños?

-Tanto por mi parte como creo que por parte de ambas asociaciones hay intención de colaborar en la realización de cuestiones que así lo requieran.

-¿Algún plan a corto plazo que tenga en mente?

-Seguir intentando que la gente que me rodea en mi vida me siga ayudando, matizando y tolerando en mis decisiones y proyectos.

-¿Y algo más concreto?

-Avanzar en el proyecto músico-poético-gráfico de «¡María, hai lume!» para poder realizarlo a finales de este año ya terminado ¡Ojalá en el futuro podamos editarlo!

-También lidera el conjunto musical «Os Folkgazais». Es un nombre original.

-Es mi faceta más cómica, pero a la vez acaso la más seria en cuanto a proyecto. Intentamos volver a recuperar el sonido, la estética, la sencillez y la ilusión de los cuartetos y quintetos tradicionales, así como de las pequeñas orquestas de baile de los años 50 y 60. Una apuesta personal pero respaldada por jóvenes músicos de los concejos limítrofes de Asturias y Galicia. ¡Diversión y color ante la tan nombrada crisis!

jueves 14 de mayo de 2009

De nieve, huracán y abismos



Guitarras desnudas y limpias como vientres. Metáforas que asocian la ciencia con los precipicios. Soledades que ayudan a conocerse, a ser fiel con uno mismo. ¿Era Antonio Vega un cantautor, como se viene diciendo póstumamente, al uso? Si bien es cierto que componía melodías intimistas, nunca ocultó el madrileño su gusto por el pop-rock americano más elegante y vocal (Jackson Browne, Eagles, Byrds...). En ese sentido, estaría muchísimo mucho más emparentado con otro buque insignia de la «movida», su querido Enrique Urquijo, que con los cansinos acordes de Tontxu o Ismael Serrano. No obstante, acaso en su primer disco en solitario ( «No me iré mañana», 1991) sea más llamativa la confluencia entre las melodías pegadizas heredadas de «Nacha Pop» («Háblame a los ojos» o «Esperando nada») y el aludido intimismo («Se dejaba llevar por ti», «Tesoros»...).

Tras haber publicado un recopilatorio (supongo que sufragó su delicada salud con las excesivas colaboraciones y los «remakes»), Vega reclama en 1994 al ex Roxy Music Phil Manzaneda para producir «Océano de sol». El resultado, un tanto frío (tal vez fuera la frialdad -no el hermetismo- su principal defecto), no convencería al propio cantante, despojándose de cualquier intento de sobreproducción en el acústico «Anatomía de una ola» (1998). Tres años más tarde publicaría la que para mí es su obra cumbre, «De un lugar perdido», en donde expone como nadie la inmensa fragilidad de las vidas cotidianas. ¿A cuántas «Estaciones» misteriosas y disonantes dio voz el lánguido Vega? ¡A esto se le llama, como poco, reinventar los tópicos! O, mejor, recrearse.

Por HÉCTOR ACEBO (La Nueva España, 15/05/09)