Bitácora de Héctor Acebo, poeta, periodista cultural y doctor en Periodismo

Bitácora de Héctor Acebo, poeta, periodista cultural y doctor en Periodismo.
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domingo, 23 de octubre de 2022

VOLVER A BERRIO

En la música, uno más uno no es igual a dos, por eso solo algunos compositores se complementan. Entre Mikel Erentxun y Rafael Berrio fallecido en 2020 sí había mucha química. Al tándem donostiarra le debemos siete chispeantes canciones (‘Tu nombre en los labios’, ‘Rara vez’, ‘Versus rocanrol’, ‘A veces te quiero siempre’, ‘Veneno’, ‘Intacto’ y ‘Sé libre, sé mía’) que fueron grabadas por el exintegrante de Duncan Dhu durante el periodo 1998-2021. En casi todas esas colaboraciones, Erentxun le entregó a Berrio las maquetas con las respectivas melodías, para que este incorporara los versos. El autor de ‘Niño futuro’ (2019) reflexionó de este modo sobre su rol en el trabajo conjunto: “Un letrista tiene que ceñirse a la melodía, y cuanto más se ciña mejor. Y claro, ceñirse a la melodía puede ser complicado, sobre todo si está planteada en términos anglosajones: ahí es muy difícil meter con calzador el español, hay que tener mucho oficio”.

Afirmaba Gaudí que para hacer las cosas bien, son necesarios, por este orden, el amor y la técnica. Pues bien, la dupla vasca se nutría no solo de la amistad, sino también de la admiración mutua. Erentxun siempre ha encomiado la capacidad poética de Berrio, y este consideraba que su socio era un “grandísimo melodista”. Ese sentimiento tan noble, unido a un nivel de exigencia alto, produjo joyas como ‘Intacto’, donde los versos se ajustan magníficamente a la evocadora melodía: “Sigue intacto cuanto amé de ti:/ el ave fénix que te anida,/ el derroche sin medida/ de tu risa, tu perfil,/ el salto mortal de tus manos,/ tus formas de cumbres y llanos,/ cada gesto,/ cada quiebro,/ todo cuanto amé de ti”.

Acaba de salir al mercado, con el sello de Warner, el sugerente álbum ‘La vida que amo’, donde Mikel Erentxun, Diego Vasallo, Quique González, Tulsa o José Ignacio Lapido rinden tributo al maestro Berrio. El disco repasa la obra solista del rockero y su participación en las bandas Deriva y Amor a Traición. ‘La vida que amo’ no contiene ninguna de las fascinantes composiciones del tándem Berrio/Erentxun, pero muchos de los temas versionados (‘Simulacro’, ‘Cómo iba yo a saber’, ‘La misma mujer distinta’, ‘No pienso bajar más al centro’…) certifican la magnitud del malogrado autor, que hoy tendría 58 años.

Cuando no trabajaba a sueldo para otros artistas, Berrio primero escribía las letras; y luego, las melodías: de ese modo, no se sentía constreñido. Ya en el proceso de musicalización, alteraba muchas veces el orden de las palabras, atendiendo a los acentos, hasta dar con la secuencia apropiada. Inconformista, el cantautor donostiarra empleaba métricas complejas para el rock, como los largos versos endecasílabos: así se explica ese fraseo escarpado, tan expresivo, que por momentos recordaba a Bob Dylan, a Rodrigo García (Cánovas, Rodrigo, Adolfo y Guzmán), a Lou Reed, a Georges Brassens e, incluso, a los punks.


Las canciones de Rafael Berrio jamás resultarían creíbles en la voz de un artista complaciente, y no solo por sus hechuras abigarradas, sino también por su actitud de francotirador existencialista. Ávido lector de Baroja, Pessoa, Cioran o Gil de Biedma, el músico vasco denunciaba la alienación y la carencia de valores. Incluso en varios de sus temas amorosos se percibe la decadencia de nuestro tiempo: “Yo, que he sido una crisálida indiferente hasta ayer…/ Yo, que en el fondo he amado siempre la rutina de los días en serie…/ Dime tú, amor mío, cómo iba yo a saber”.

Berrio inauguró su carrera solista, en 2010, con el lanzamiento de ‘1971’, un trabajo de orfebrería fina. Si bien en esta fecunda etapa atrajo a un público fiel, el maestro nunca conoció el éxito masivo; tampoco lo buscó, pero no le faltaba razón en su lamento: “Ser autor de culto solo da para arroz integral y vino corriente”. Sus colegas y la crítica lo veneraban; verbigracia, Sabino Méndez, en El País (19/01/2013), destacó la atmósfera, el misterio y la comunicación tan franca de sus canciones. Incluso el cineasta Jonás Trueba le escribió un papel a medida en su largometraje ‘La reconquista’ (2016). Ellos saben que Berrio era “el hijo ingobernable de la luz del sol”, como cantaba en uno de sus temas.


(Publicado en El Progreso de Lugo, 22/10/2002).

miércoles, 21 de septiembre de 2022

LA ÚLTIMA PELÍCULA DE GODARD

Tres corrientes renovaron sustancialmente el lenguaje del cine: el expresionismo alemán, el neorrealismo italiano y la Nouvelle Vague francesa, que tuvo como máximos exponentes a los directores François Truffaut y al recientemente desaparecido Jean-Luc Godard. Su película ‘Al final de la escapada’ (1960) contribuyó enormemente a sentar las bases del celuloide moderno, en el que, tanto o más que la trama argumental, importarán el punto de vista del director, la naturalidad diálogos coloquiales, rodaje en interiores reales, uso de la cámara en mano... y la imbricación entre la cultura y la vida.

En su etapa como crítico de la prestigiosa revista Cahiers du Cinéma, siendo un veinteañero, Godard ya asombraba por su gran conocimiento del séptimo arte y su perspicacia. De Hitchcock aprendió que la puesta en escena es la traslación de la mirada del cineasta. Ford y Lang le contagiaron el gusto por la sentencia. Bergman le transmitió que los detalles íntimos marcan la diferencia, y más aún cuando se cargan de lirismo. Bresson le hizo ver que, a través del montaje, la noción del tiempo prevalece sobre la del espacio. Preminger le descubrió el rostro expresivo de Jean Seberg, quien acabaría protagonizando precisamente ‘Al final de la escapada’.

En sus películas juveniles, Godard no huía de los tópicos ni de las estructuras más fértiles: los adaptaba a su tiempo. Como hicieran Cézanne en la pintura y Pound en la poesía, el director franco-suizo ponía la tradición al servicio de la modernidad, rebelándose, eso sí, contra el tono academicista. “Una película debe tener planteamiento, nudo y desenlace, pero no necesariamente en ese orden”, sentenciaría.

Luego, desnortado y petulante, Godard quiso incorporar la causa maoísta a su obra y le salieron panfletos: ‘Week-end’ (1967), ‘La chinoise’ (1967), ‘Todo va bien’ (1972)… Aparatosas y llenas de consignas, esas películas parecían rodadas por un político queriendo hacer cine, más que por un cineasta queriendo hacer política.

Pero hoy prefiero detenerme en la época (1960-1966) que ocupa la plenitud de su talento. Sus filmes de entonces no solamente eran dramas o policíacos, sino también documentales sobre la belleza de las actrices Jean Seberg, Brigitte Bardot y, sobre todo, Anna Karina, con quien contraería matrimonio. “Ella tenía sombras profundas bajo sus ojos; eran gris-Velázquez”, escuchamos en ‘El soldadito’ (1963).

Algo que siempre me ha maravillado de la colaboración Godard/Karina es el uso de la música popular. Los bailes de ‘Vivir su vida’ (1962) o ‘Banda aparte’ (1964), que tanta huella dejarían en Tarantino, rompen la narración en beneficio de la poesía. Vemos a unos jóvenes que se dejan llevar por los sentimientos, trascendiendo una realidad hostil. La lúdica los cualifica; ya no serán marionetas al servicio del poder o del guion. Este estilo tan renovador sitúa el nombre de nuestro autor en uno de los capítulos fundamentales de la historia del séptimo arte.


Heterodoxo guionista, Godard escribió también el final de su vida. Y lo llevó a la práctica: a los 91 años, murió por suicidio asistido en su domicilio suizo.

(Publicado en El Progreso de Lugo, 20/09/2022).

martes, 13 de septiembre de 2022

JAVIER MARÍAS, EL NOVELISTA PENSADOR

El teatro de Shakespeare; la prosa de Faulkner; la traducción, que practicó con esmero; la poesía de Eliot; el fútbol, que definía como «la recuperación semanal de la infancia»… Todas las pasiones de Javier Marías —fallecido el pasado domingo a los 70 años— atraviesan su portentosa escritura. Pero acaso sean la filosofía y el cine los ingredientes que dejan un sabor más intenso en sus libros. Lógico: su padre era el filósofo Julián Marías, discípulo de Ortega y Gasset; y su tío materno, el cineasta Jesús Franco. Además, su hermano mayor, Miguel Marías, es crítico de cine; y su primo Ricardo Franco dirigió ‘Pascual Duarte’ (1976) o ‘La buena estrella’ (1997).


Vayamos por partes. Sería justo definir a Javier Marías, que aprendió tanto de su amigo Juan Benet, como «el novelista pensador» de las últimas cuatro décadas. La mayor parte de sus protagonistas necesita encajar las piezas del puzle de su pasado. Eso les lleva a afrontar diversos dilemas morales: la verdad y la mentira, la fidelidad y la traición, el secreto y lo que se saca a la luz… Los personajes reflejan esas dudas a través de abundantes pero fragmentadas digresiones. Narran y reflexionan a un tiempo.

Por otro lado, el cine negro de los años 40 (Fritz Lang, Otto Preminger…) deja su marca en los potentes arranques de las novelas de Marías. Es ahí cuando las palabras y la puesta en escena —lo que equivale a la mirada del cineasta— crecen de consuno. Así comienza ‘Corazón tan blanco’ (1992): «No he querido saber, pero he sabido que una de las niñas, cuando ya no era niña y no hacía mucho que había regresado de su viaje de bodas, entró en el cuarto de baño, se puso frente al espejo, se abrió la blusa, se quitó el sostén y se buscó el corazón con la punta de la pistola...». 

Hubo una época (no tan lejana) en que las series televisivas juveniles incluían referencias a literatos de fuste. Digo esto porque yo descubrí a Marías en una de las últimas temporadas de ‘Compañeros’ (Antena 3). Si mal no recuerdo, dos de los personajes leían, a través del recurso de la voz en off, unos fragmentos de ‘Corazón tan blanco’. A mis 13 años, quedé prendado del ‘estilo Marías’: esas oraciones que, siendo largas y ricas en matices, resultan de una fluidez asombrosa…

El literato madrileño era alérgico a las florituras; jamás buscaba el halago del lector, pese a poseer una cultura tan fecunda. En su obra, sientes el nervio e, incluso, el hueso. Palpas algo esencial que no lograrían disolver toneladas de ácido. En una entrevista, Marías confesó que, a veces, prefería tumbarse en el suelo a recostarse en el sofá, del mismo modo que escribía a máquina —no a ordenador— todos sus textos. Estas imágenes, propias de alguien que odiaba las convenciones, se adaptan perfectamente al tono de su prosa.

El columnista

Desde hace casi dos décadas, Marías era el columnista estrella de El País. En el periodismo, empleaba un estilo casi conversacional, sin que se resintiese la calidad de sus argumentaciones. Unas veces expresaba sutilmente ternura y melancolía, como en la semblanza ‘Mayor que Lolita’, que dedicó a su madre, la traductora y profesora Dolores Franco. Otras veces Marías lanzaba dardos contra los pusilánimes, los hipócritas o los políticos arribistas; una recopilación de sus columnas se titula significativamente ‘Cuando los tontos mandan’ (2018).

Nuestro protagonista también era muy crítico con el infantilismo y la consecuente irresponsabilidad social; por ejemplo, el año pasado, a propósito del paso de la borrasca ‘Filomena’ por Madrid, escribió estas líneas tan elocuentes: «…saltaba a la vista que había peligros, y fueron advertidos: pueden caer árboles enteros, cornisas, bloques de hielo, las aceras son pistas de patinaje (centenares de fracturas por hacer caso omiso). A demasiadas personas les dio igual: había que salir; no a verla, sino a fotografiarla para enviar las imágenes a las amistades o a las cretinas redes de las que tantos son esclavos (recuérdense los muertos por selfies al borde de un precipicio o corriendo ante un toro o en coche a 200 por hora)».

Era Marías contra el mundo. Y, por mucho que le llamasen «gruñón», ganaba Marías.

(Publicado en El Progreso de Lugo, 13/09/2022).

miércoles, 20 de abril de 2022

CRISTINA PERI ROSSI, LA INSUMISA

Lo siento de verdad, sobre todo por el motivo. Cristina Peri Rossi no podrá estar presente este viernes en la entrega del premio Cervantes. La gran poeta y narradora uruguaya atraviesa un delicado cuadro de salud respiratorio que le impedirá viajar a Alcalá de Henares y pronunciar su discurso de aceptación ante los reyes. En representación de Peri Rossi, recogerá el galardón la actriz argentina Cecilia Roth.

El mejor comentario sobre la autora de ‘Estrategias de deseo’ (2004) se lo debemos a su colega Elena Poniatowksa: “Leer a Cristina Peri Rossi siempre me da ganas de hacer el amor”. Desde una perspectiva lésbica, la montevideana presenta el amor como una fuerza trascendente y subversiva (a veces, se rebela incluso contra lo que, convencionalmente, entendemos por ‘rebeldía’). Cómo olvidar su poema ‘Bar gay’: “Y aquella adolescente feúcha / de cortos cabellos rubios / que en el bar gay / pasaba un papelito / con una invitación: / ‘Orgía’, y una dirección. / La miraste con extraordinaria dulzura / y dijiste: ‘Esta noche no’. / Esa noche tú / y yo teníamos una cita”.

De todos modos, la poesía perirossiana está lejos de ser un mero juego de provocación. Sus personajes reivindican —sutilmente— la idea de que solo aprendemos de la diversidad, ya que la diferencia es una invitación a ponernos en el lugar del otro, ejercicio que nos libera de corsés mentales. La creadora de ‘Solitario de amor’ (1988) es, en fin, una rebelde, pero una rebelde con causa. En una entrevista, Peri Rossi comentó que “un ‘país rico’ es el que no tiene pobres”. Así, basándose únicamente en el sentido común, la uruguaya derribó de un plumazo sesudos informes económicos. En efecto, existen países ‘más’ o ‘menos’ pobres, pero, por desgracia, no hay ninguno que sea realmente rico…

Cristina Peri Rossi nació, en Montevideo, en 1941. Treinta y un años después, huyendo de la dictadura militar de su país, llegó a Barcelona, y ahí sigue. “Creo que por amarte / voy a amar tu geografía”, escribió en el poema ‘Barnanit’. Es encomiable esa permanencia, porque el clima de la hermosa ciudad condal le sienta mal a sus pulmones y porque, como periodista, se considera “víctima de la persecución lingüística” del independentismo (recordemos que, en 2007, ‘Catalunya Ràdio’ despidió a la uruguaya, alegando que no se podía pagar a nadie que se expresase en castellano; un mes más tarde, por presión mediática, el director de la emisora se disculpó y la readmitió). 

Igual que una cantante de éxito a la que no se le caen los anillos por actuar en cafés, Peri Rossi publicó sus últimos siete libros en dos pequeñas editoriales de Palencia: Menoscuarto y Cálamo. ¿Quién olvidó a quién? ¿Cristina a la gran industria o viceversa? Hay un poco de ambas cosas. La escritora confesó recientemente que detesta los grandes grupos editoriales, pues “solo van a ganar dinero”. Pero también es cierto que, durante la última década, los grandes sellos no parecían demasiado interesados en seguir engrosando sus catálogos con novelas o cuentos de Peri Rossi. Es bien clarificador este hecho: la rioplatense había ganado, en 2010, el premio ‘Mario Vargas Llosa NH’ de relato con ‘Habitaciones privadas’, pero el libro permanecía inédito más de un año después. José Ángel Zapatero —responsable de las mencionadas editoriales palantinas— se dirigió a Peri Rossi para proponerle la publicación de la obra en Menoscuarto, y ella aceptó encantada, tras haber comprobado que aún hay editores que tratan sus creaciones con delicadeza. “Los que todavía amamos la literatura más que el dinero cometemos un acto de rebeldía publicando con estos sellos”, confesaría la literata, refiriéndose a las editoriales independientes.

Peri Rossi obtuvo el premio Cervantes el pasado 10 de noviembre. Apuesto a que ese día más de un gigante editorial se rasgó las vestiduras al pensar que no pasaron por sus manos títulos como el citado ‘Habitaciones privadas’ (2012), ‘Los amores equivocados’ (2015), ‘Las replicantes’ (2016) o ‘La insumisa’ (2020). Un dato revelador: en febrero, solo tres meses después de que Peri Rossi alcanzase el máximo galardón de las letras hispanas, Visor Libros lanzó la ‘Poesía completa’ de la uruguaya. Ciertamente, la lírica es un género minoritario, pero estamos hablando de la editorial española más prestigiosa en ese ámbito…

Pocas autoras tan frescas, insumisas y sensitivas como Cristina Peri Rossi. Tiene 81 años, pero cuando lees una de sus últimas obras, sientes que estás conversando (y haciendo el amor) con una chica de 25. Una chica lúcida, por supuesto.

(Publicado en El Progreso de Lugo, 20/04/2022).

martes, 19 de abril de 2022

FACULTADES DEL ALMA

Es lamentable constatar que cada vez más personas con estudios escriben y hablan de manera atropellada. No estructuran sus oraciones de acuerdo a la sintaxis, porque sus ideas carecen de lógica. Asimismo, les es indiferente emplear el término justo, la metáfora más clarificadora… Cómo no pensar en el “hombre-masa” sobre el que escribió, con tanto acierto, Ortega y Gasset. El filósofo madrileño incluía en esa categoría social a todas las personas que no tienen afán de superación y que, carentes de criterio propio, se sienten orgullosas de saberse idénticas a los demás: mediocridad al cuadrado.

La gramática es mucho más que un envoltorio; no se puede reducir a una cuestión superficial. Escribir correctamente significa que eres detallista, exigente, “ubicado” (como dicen aquí, en Bolivia, cuando alguien tiene buen juicio) y respetuoso con el lector, que, a fin de cuentas, te entrega su tiempo.

Si encontramos la expresión precisa, no nos engañamos a nosotros mismos. Y si no nos engañamos a nosotros mismos, existe menos riesgo de que engañemos a los demás. El poeta francés Paul Valéry sostenía que la sintaxis “es una facultad del alma”; yo también aplicaría esa magnífica frase a la retórica, el arte de escribir y hablar con elocuencia.

(Publicado en El Progreso de Lugo, 13/04/2022)

miércoles, 19 de enero de 2022

ENCUENTRO EN EL LABERINTO

Cada año, cuando viajo de Bolivia a Galicia (y viceversa), hago escala en Madrid. En esos periodos de espera, siempre que pueden, vienen a verme a Barajas dos buenos amigos —el periodista Abel España y el economista José Manuel Muñoz— con los que viví en la capital. Con casi 940.000 metros cuadrados y cinco terminales, el mencionado aeropuerto es uno de los más grandes del mundo. El viajero, que arrastra cansancio físico y mental, tiene que armarse de paciencia para atravesar terminales y poder salir de la zona exclusiva de pasajeros, tras haber realizado el debido control policial. En Barajas, por mor de la pandemia, se cerraron algunos accesos, con lo que el caos alcanza ahora su máxima expresión. La pasada semana Abel España y yo estuvimos tratando de vernos, durante más de una hora, en el laberinto de Barajas. A través de WhatsApp, nos llamábamos, nos escribíamos, nos enviábamos fotos, yo le compartía mi ‘ubicación en tiempo real’… Siendo honestos, en el accidentado encuentro influyó también el hecho de que yo, solo unas horas antes, me hubiese despedido de mis padres; la melancolía minaba mi concentración. Pero, finalmente, pude fundirme en un abrazo con mi querido Abel, después de un año sin vernos.

Al día siguiente, nos reímos bastante relatándole a nuestro amigo José Manuel Muñoz con quien me reencontré en el viaje de ida la patética peripecia de Barajas. “21.000 pasos di ayer, cuando lo habitual suelen ser 10.000, no más de 12.000”, confesaba Abel. “Lo gracioso”, añadía, “es que, según el GPS, en varios momentos estuvimos bien cerca el uno del otro, ¡pero, claro, tú te encontrabas al otro lado, en la zona de pasajeros!”. Con zumba melancólica, le contesté: “Yo siempre estoy al otro lado. Al otro lado del charco, ahora mismo. Tal vez me iría bien aquello que Valente dijo sobre su maestro Cernuda: ‘Señor de la distancia y lo imposible”.

(Publicado en El Progreso de Lugo, 18/01/2022).

miércoles, 22 de diciembre de 2021

UN ALMA ENCADENADA A UNA CHALINA

El más ambicioso de mis proyectos profesionales es, sin duda, ‘Alma desnuda’, una serie sociojuvenil que denuncia la violencia de género y que emitió la red televisiva nacional ‘ATB’ durante las últimas semanas. Armar una obra de 75 minutos requiere esfuerzo y pasión a partes iguales; pero tuve la fortuna de rodearme de un estupendo equipo, Univalle Films, y todo salió adelante. El grueso de Univalle Films lo componen estudiantes y recién titulados de Comunicación y Medios Digitales; y Comunicación y Periodismo, carreras pertenecientes a la Universidad Privada del Valle. Me siento orgulloso del talento y el compromiso de mis discípulos veinteañeros; durante los rodajes, fue hermoso comprobar que todos navegábamos en la misma dirección, buscando un equilibrio entre la denuncia social y la belleza estética inherente al cine.



‘Alma desnuda’ es una serie dramática, no documental, que, sin embargo, está muy documentada. En el cochabambino colegio San Rafael, Sergio Céspedes (mi compañero en las labores de guionización y dirección) trabajó con dos grupos focales en aula —40 alumnos—, mediante un modelo de estructura participativa. El análisis de datos reflejó lo arraigada que está la discriminación de género en la juventud boliviana. La violencia sexual muestra a la mujer como víctima, pues los varones adolescentes (70%) tienden a exigir tener relaciones sexuales como prueba de amor con sus novias; y si estas no aceptan, ellos se enojan (80%). Este trabajo investigativo nos sirvió de base para elaborar el guion de la serie.


Contaré una anécdota ligada al proceso creativo de ‘Alma desnuda’. Una tarde Céspedes y yo estábamos trabajando en mi oficina. Convencidos de que nuestra serie debía trascender el lenguaje denotativo, nos propusimos buscar un objeto que simbolizase la posesión de Roberto hacia Alma. Yo traje a colación un símbolo que siempre me ha parecido muy expresivo: la camisa que el filósofo José Ortega y Gasset le regaló, en 1949, al actor Gary Cooper. Ambos se admiraban, y, en una carta, el autor de ‘La rebelión de las masas’ le explicaba al protagonista de ‘Bola de fuego’: “Mi vida ha sido muy dura, pero a despecho de eso he sido capaz de convivir con lo que podríamos llamar una felicidad permanente. Que esa camisa sea como un amuleto que le quite la melancolía si alguna vez ésta se apodera de usted”. Después de haberle leído esas líneas al codirector, ambos comenzamos a reparar en nuestras vestimentas. Aquella tarde hacía frío y yo llevaba puesta una chalina; nos concentramos en ella y nos preguntamos qué podría simbolizar en el contexto de la serie; entonces, imaginamos al chico maltratador (Roberto, interpretado por Jhoseph Elías) poniéndole esa prenda a su novia (Alma, encarnada por Luana Arce): fue ahí cuando encontramos el ansiado símbolo de la opresión, eje vertebrador de la serie. Inmediatamente, nacieron estas líneas de diálogo: “Quiero que esta chalina sea tu amuleto, que te quite el miedo a volar cuando viajes a Buenos Aires, y que, cuando la pongas, te acuerdes de mí”. En efecto, la anécdota de Ortega y Cooper nos inspiró harto. Paradójicamente, aquella camisa expresaba un significado positivo la felicidad, mientras que nuestra chalina presenta connotaciones negativas, pero necesitábamos un referente simbólico de gran alcance.


De ese modo, utilizando los recursos expresivos del cine y alejándonos del tono panfletario, pretendimos conectar de un modo más ameno con la juventud.

(Gracias, Raize, por el título de este artículo).

[Publicado en Opinión, 22/12/2021].

viernes, 22 de octubre de 2021

AS SUTILEZAS DE CUNQUEIRO

Toda a gran literatura concrétase nos detalles. Sutilezas que poden pasar desapercibidas nunha primeira lectura, pero que, semántica e fonoloxicamente, enriquecen o texto. Así sucede na obra de Álvaro Cunqueiro, onde se reconcilian a realidade e a fantasía. Hoxe quixera salientar a riqueza de matices coa que o mindoniense describía as súas personaxes —sobre todo, as de cabelos loiros—, provocando no lector un intenso placer que disolve as rutinas. Poñerei dous exemplos ben elocuentes. En ‘Melle de Loboso’, semblanza incluída en ‘Escola de menciñeiros’ (1960), achamos esta metafórica frase: «A xente de Loboso é alta e roiba, e o pelo dourado das mozas é a única flor en toda aquela soidade». En ‘Rosa Martiño’, retrato pertencente a ‘Os outros feirantes’ (1979), o narrador omnisciente non pode precisar se a reloxeira protagonista naceu en Noia ou en Betanzos, pero lembra perfectamente, como non, que ós 12 anos era «unha mociña roiba, espigada, mui lucida de pernas, e sempre sorrindo». É a mesma Rosa que un tempo despois, en Bos Aires, xa feita toda unha muller, entoaría cantigas galegas, enfeitizando ós seus compañeiros de traballo.

Por certo, nun artigo recompilado en ‘Por el camino de las peregrinaciones’ (2004), Cunqueiro contou que os seus primeiros versos —«doloridos cantos de amor»— foron inspirados por unha nena roiba de Palas de Rei. Quizabes esa cativa de ollos celestes só existise na ficción, ou quizabes sexa en verdade o dano fecundante da obra de Cunqueiro… En calquera caso, a verba do mindoniense expande o noso maxín e acaríñanos o ouvido.

domingo, 19 de septiembre de 2021

LAS ENSEÑANZAS DE SARRIÓN

El pasado martes falleció, víctima de un infarto, el gran poeta Antonio Martínez Sarrión (Albacete, 1939), maestro y amigo de quien escribe estas líneas. Nos veíamos cada semana cuando yo vivía en Madrid. Hombre generoso, Martínez Sarrión me abrió las puertas de su casa, me dio valiosos consejos e, incluso, corrigió los poemas que acabarían formando parte de mi primer poemario, ‘Camas de hierba’ (2011); por todas estas razones y por el cariño que le tenía, Antonio figura en la dedicatoria del libro, junto a mis padres.  


De Martínez Sarrión aprendí, entre otras muchas cosas, que en la poesía las pausas deben ser más elocuentes incluso que las palabras, pues la naturaleza de este género es fragmentaria (se basa en el ritmo y la métrica, elementos que desplazan a la lógica, a la sintaxis). Como el erotismo, la lírica sugiere, no muestra, y eso estimula la imaginación del lector. Aún conservo algunas hojas con las correcciones que Antonio hacía a mis vetustos poemas: “Debes aumentar la tensión verbal por vía de la elipsis…”. Todo escrito a mano, por supuesto, con aquella letra de trazos alargados: una letra arborescente, tan propia de un hombre temperamental que, asimismo, atesoraba argumentos muy hondos.  


Como explicó sagazmente el crítico Prieto de Paula, la lírica de Martínez Sarrión se caracteriza por su sincretismo. En 1970, el creador albaceteño fue incluido por Castellet (prestigioso teórico) en su antología ‘Nueve novísimos poetas españoles’, la cual dio nombre a una generación, la de los Novísimos, que se opuso a la estética socialrealista, imperante hasta entonces en España. El joven Sarrión, muy influido por el surrealismo, aspiraba a romper el discurso lógico mediante procedimientos como el ‘collage’ o la desarticulación tipográfica. Fue en esa época cuando algunos de sus maestros —Benet, García Hortelano, Barral…— comenzaron a llamarle “el Moderno”. Fue también por aquellas calendas cuando Gil de Biedma, después de leer sus poemas, sorprendido, le preguntó: “¿Cómo coño puedes ser tan decadente, habiendo nacido en Albacete?”. En 1981, con la publicación de ‘El centro inaccesible’, se produce un punto de inflexión en la obra sarrioniana; a partir de ahí, nuestro protagonista empleará una dicción más transitiva y convertirá al amor en uno de sus ejes temáticos fundamentales. No obstante, los dos polos modernidad y tradición se complementan a lo largo de toda su trayectoria. Aunque los expresase de forma hermética, ya había sarcasmo y crítica social en su etapa juvenil, del mismo modo que no eliminó el culturalismo (solo lo atenuó) en su producción de madurez. Debido a ese sincretismo tan rico en matices, Sarrión me parece un autor esencial en la poesía española de las últimas cinco décadas. Es por eso que —amistad aparte— estudié su estilo en mi tesis doctoral.


Mi maestro también incursionó en la traducción (suya es una de las mejores adaptaciones al castellano de ‘Las flores del mal’, de Baudelaire), el memorialismo o el ensayismo. Yo tengo especial debilidad por sus diarios, que están llenos de aforismos clarividentes; citaré uno perteneciente a ‘Esquirlas’ (2000): “Es preferible tomarse la política relativamente en serio, si no queremos que ella nos tome, a la gente del común, absolutamente en broma”. 


Claro que la contundencia y la precisión verbal de Sarrión ya se reflejan magníficamente en los títulos de sus libros: ‘Una tromba mortal para los balleneros’ (1975), ‘La cera que arde’ (1990), ‘Infancia y corrupciones’ (1993), ‘Jazz y días de lluvia’ (2002)… Afinaba muchísimo. Y si no encontraba el título apropiado, se dejaba aconsejar por colegas queridos; a Molina Foix le debe el hallazgo de ‘Teatro de operaciones’ (1967).


Hoy me acuerdo de las participaciones del Moderno en ‘Qué grande es el cine’ el programa televisivo de Garci, donde, con porte de senador romano, descodificaba obras maestras del séptimo arte, como ‘Juntos hasta la muerte’ (Walsh), ‘Te querré siempre’ (Rossellini) o ‘Lawrence de Arabia’ (Lean). Pero, sobre todo, recuerdo cuando me recibía en su piso de la calle Alfonso XII; yo lo saludaba de este modo: “¡El novísimo!”, y él me respondía: “¡No, no, ahora ya soy arqueológico!”. Tras las risas, nos fundíamos en un cálido abrazo. Me acuerdo también de nuestros paseos por El Retiro, como cuando me confesó que le parecía deleznable la actitud de ciertos intelectuales que, autodefiniéndose de izquierdas, se enorgullecían de no hacer uso del voto. “Así siempre ganará la derecha”. Me lo decía con aquella voz cavernosa que no dejaba indiferente a nadie.


En la última década nos alejamos. Un día, telefónicamente, me dijo que daba por clausurada nuestra amistad, sin más explicaciones. Desconozco si la causa fue algún malentendido o si su salud (entonces ya maltrecha) tuvo algo que ver en ese distanciamiento, que para mí fue doloroso. En cualquier caso, siempre le estaré agradecido; son muchas las enseñanzas que le debo.


¡Hasta siempre, querido Antonio! De todos mis amigos, tú siempre serás —vital e intelectualmente— el más inconformista. 



(Publicado en El Progreso de Lugo, 18/09/2021)

lunes, 13 de septiembre de 2021

SAFO, LA INSUPERABLE

        Leo en un fragmento de Safo, la primera poetisa del mundo occidental: “No está permitido quejarse en la Casa / de las Servidoras de las Musas; / las quejas no son dignas de nosotras”. La Casa de las Servidoras de las Musas era el nombre de la academia femenina donde Safo instruía, en oratoria, canto, baile, literatura, costura o protocolo, a selectas muchachas de la isla griega de Lesbos. También les enseñaba a confeccionar coronas y colgantes de flores, objetos que en la lírica sáfica adquieren valores simbólicos (léase el poema ‘Dones de la memoria’). Y todas ellas, maestra y discípulas, rendían tributo a Afrodita, la diosa de la belleza, la sensualidad y el amor.

        Así, en aquel contexto de la Antigua Grecia, Safo refinaba a sus pupilas y las convertía en mujeres activas, con voz propia. Como explica la poeta y filóloga clásica Aurora Luque, que tradujo con tino la poesía de Safo, los vínculos entre la maestra y sus discípulas “presentan una gran riqueza de matices”; no solo son vínculos pedagógicos, culturales y religiosos, sino también amistosos y, en algunas ocasiones, hasta eróticos y amorosos, como queda reflejado en su lírica. Atis, Gónguila, Mica, Gurina, Albantis o Iranna son los radiantes nombres de algunas de las musas y amadas de Safo. A ellas les dedicó versos memorables, desde los sabores de la plenitud, la melancolía o los celos, como en este ejemplo: “No es justo, Mica, de tu parte. / Pero a ti yo no voy a renunciar. / Has elegido el amor de las Pentílidas, / niña de mal carácter. / Mas nosotras / ...un dulce canto... / ...de sonido de miel... / ...silbadores vientos... / ...húmeda de rocío...”. Algunas de aquellas muchachas —hoy podríamos llamarles ladies, debido a su refinamiento— terminarían casándose en la ciudad de Sardes, desde donde enviarían cariñosas palabras a sus compañeras y a la maestra, añorando las intensas experiencias vividas en la academia. Por cierto, tan famosa fue Safo en la antigüedad, que el término ‘lesbianismo’ se debe a su lugar de procedencia. Safo de Lesbos.

        Pero Safo no fue solamente una mujer tierna y propensa a enamorarse; de fuerte carácter, se implicó en las luchas contra el dictador Pitaco, lo que le obligó a exiliarse en Sicilia, cuna de la oratoria. Más de un lustro después, volvería a Lesbos y fundaría la prestigiosa Casa de las Servidoras de las Musas.

        Esas convicciones firmes dejan en su poesía un poso de ética que admiró Aristóteles, quien cita en su ‘Retórica’ uno de los más rotundos fragmentos sáficos, explicando que todas las cosas que son nobles deben expresarse con valentía, mientras que las palabras y acciones que nos dan vergüenza son, en el fondo, vergonzosas: “Quiero decirte algo, / pero la vergüenza me lo impide… // Si desearas algo bueno o bello / y no tuvieras nada malo / en la punta de la lengua, / la vergüenza no te haría bajar los ojos / y hablarías con justicia”.

        Safo escribía poesía para ser cantada con el acompañamiento de la lira. Pero de su intensa obra no se conserva casi ningún texto completo, por eso he hablado de “fragmentos”. Lo poco que queda ha llegado a nosotros gracias a las citas de autores tardíos que la admiraban (como el propio Aristóteles, Horacio o Séneca) y a deteriorados papiros. Su obra —nueve libros— estaba compilada en la biblioteca de Alejandría y se utilizaba en la enseñanza, pero el papa Gregorio VII, en 1073, ordenó quemar los manuscritos, al considerarlos obscenos y pecaminosos. El cristianismo medieval, summum de la intolerancia, no podía consentir que una mujer cantase al amor entre iguales… Pero el legado de la “décima musa” —como la denominó Platón— es inmarcesible. Su belleza podría compararse a la de la Venus de Milo: incluso amputada, te estremece, te corta el aliento…

       Tras la apertura moral que trajo consigo el Renacimiento, Safo fue reivindicada por poetas como Petrarca, Ronsard, Lord Byron, Leopardi, Gertrudis Gómez de Avellaneda, Carolina Coronado, Rilke, mi admiradísimo Ezra Pound —quien la consideraba dentro del “meollo” de la poesía, al lado de Catulo o Villón—, Alfonsina Storni, etcétera. En la actualidad, la huella de Safo puede percibirse claramente en Clara Janés o Luis Alberto de Cuenca. Además, hoy Safo es celebrada incluso por un público que no ha profundizado en el ámbito lírico. Su estilo llega porque es directo y, a la vez, delicado: como un beso en la frente. Yo recomendaría las versiones al español de la ya mencionada Aurora Luque (‘Poemas y testimonios’, Acantilado, 2020) y de Pau Sabaté (‘No creo poder tocar el cielo con las manos’, Penguin Random House, 2017). El primer libro reúne la poesía completa conservada de Safo; el segundo es una pequeña antología muy sugerente. El pasado año le descubrí a una veinteañera amiga la obra de la genia griega; y hace unos días, parafraseando el título que Luque puso a un fragmento sáfico, me confesó: “Safo es mi insuperable”. De haber coincidido en tiempo y espacio, esta lady boliviana —extremadamente sensible— hubiera sido una de las aventajadas discípulas de la fundadora de la Casa de las Servidoras de las Musas. No me cabe duda.


(Publicado en El Progreso de Lugo, 13/09/2021)