Bitácora de Héctor Acebo, poeta, periodista cultural y doctor en Periodismo

Bitácora de Héctor Acebo, poeta, periodista cultural y doctor en Periodismo.
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jueves, 17 de diciembre de 2009

Esquirlas de emoción


Siempre he creído que los amantes más impetuosos se conjugan en la voz de Sam Cooke, Ray Charles o Jackie Wilson. Morrocotudos soulmen que emplean la práctica totalidad de sus cuerpos en los fraseos. Que otorgan a cada espacio del dormitorio –el lugar cotidiano más exótico– una sílaba (y pienso en “el-ám-bar-gris-de-un-ca-cha-lo-te” que cantaba Cristina Lliso, voz de Esclarecidos, en “Arponera”), distinguiéndola de las demás por un tono más alto o más grave. Además, tras tantos vaivenes excitantes, estos elásticos cantantes frecuentemente consiguen reposar la frase al final de cada estrofa, equilibrando lo más delicado y lo más ardiente.

Divisando el mediocre panorama musical patrio de la última década, estas obviedades se antojan absolutamente anacrónicas. Porque, si de algo carecen las voces académicas de “Operación Triunfo” y demás sucedáneos, es de la capacidad de interacción o seducción (y no hablo del físico). Decía José Agustín Goytisolo que el poeta (y el cantante, añadiría yo) no es aquel que se emociona, sino aquel que logra emocionar a los demás. Exactamente. Tanta frialdad, tantos gorgoritos, tanta perfección autómata, intenta esconder las carencias anteriormente citadas. ¿Por qué no ha de escucharse el gorjeo, el gemido, el suspiro, el grito –tan bien controlado por Charles–, cualquier suerte de impulso o imperfección humana (perdón por la redundancia) que demande la cadencia? ¿Por qué ignorar el sudor, los lunares, la piel arañada? ¿Por qué revestir el gozo, la dolencia, el miedo, la ira?

Tales sentimientos exigen, eso sí, un pulso fornido, a fin de no caer en el desbordamiento –como les ocurre de vez en cuando en nuestro país a cantantes dotados como Bunbury– y en la cursilería. Lo mismo sucede con cualquier otro género artístico que se resuelva en las distancias cortas. Que exija soltar esquirlas (sí, eso es) de emoción.









Por HÉCTOR ACEBO (La Huella Digital, 17/12/09)

lunes, 14 de diciembre de 2009

Unas "Esquirlas" de Martínez Sarrión


Glorieta de Atocha. Madrid. Una del mediodía. Un tipo enjuto y moreno, con bigotillo y gastada chupa de cuero cuyo negocio (o uno de ellos) debe de consistir en la miserable y escasa venta, sobre un trapo extendido en la acera, de cuatro revistas porno y media docena de libros deplorables, da fin al diálogo con un colega o amigo: “Sí, lo que tú quieras, pero en este momento el problema gordo que hay que resolver es cómo acabar con estos hijoputas de moros”. Sé que no es culpa suya, que esa mentalidad es inducida y alentada, que está en el aire, pero no puedo dejar de sentir un desprecio sin límites, que se expresa al pararme, volver la cabeza y mirarle con algo que se me antoja ahora severidad y que él, sin duda, ni ha detectado. Un ejemplar del célebre “populacho” del cual escribía más arriba. Y de pronto, otra vez la vieja convicción de que, sin salvar un punto a los que lo mantienen (o mantenemos) en tal grado subzoológico, no hay cosa más desconsoladora que un pobre de derechas. Cualquier apelación y en cualquier tiempo a candor, inocencia, cualquier juego que se haga con la “decadencia del analfabetismo”, que no es sino permanencia en la sumisión, es pura y simple cochinada. Hoy menos que nunca, el “pueblo sano”, en la ciudad o en el campo, es una noción esgrimida sólo por los cínicos.

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Es preciso tomarse la política relativamente en serio, si no queremos que ella nos tome, a la gente del común, absolutamente en broma.

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La autoridad sorprende a una pareja desnuda o semivestida –hace buen tiempo– copulando en el extremo de la madrileña estación de Atocha, vía muerta, la cual se pondría, quizás, al borde mismo de la resurrección sin que hubiera llegado el Juicio Final. Los fornicadores son conminados a vestirse y largarse de inmediato. Vuelven los agentes y comprueban que prosigue el dúo amoroso al máximo nivel. Ante sus aspavientos los amantes, que siempre según el poeta “saltan el tiempo y son invulnerables”, les responden de esta soberana forma: “Tenemos todo el derecho a hacerlo, porque esto es un espacio público”.

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“Lo que no mata engorda.” Y algo bastante más preocupante: insensibiliza.

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Absoluta conjunción astral, epifanía al cubo, oceánico goce el de esos momentos en que “se nos va el santo al cielo”. La permanencia en ese trance resultaría tediosa si se prolongara, si fuera posible la dilatación. ¡Pero esa pura permanencia en el aire, la sensación de llegar, de haber rozado con el ser entero algo que linda con la beatitud! ¡Qué silencioso y suave trance! Porque el estado de ensoñación, la rêverie, de la que tanto y tan bien nos ilustrara Bachelard, constituye ya otra cosa. No ese transporte, ese cuasi orgasmo suavísimo, anulador del espacio y, sobre todo, de la conciencia del tiempo, nuestra maldición mayor.

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La civilización se vino abajo en el mismo momento en que las criadas dejaron de cantar cuplés a voz en grito por los patios interiores de las casas.


MARTÍNEZ SARRIÓN, Antonio (2000), Esquirlas, Alfaguara, Madrid.

domingo, 13 de diciembre de 2009

AIESEC elegirá a su futuro Presidente Nacional


La vasta red global de jóvenes universitarios y recién graduados organizará el próximo 20 de diciembre una cena de gala de sus alumnos.

AIESEC (la red global de jóvenes universitarios y recién graduados más grande del mundo) organizará entre los días 18 y 20 de este mes el congreso “National Presidents Meeting”, al cual asistirán los actuales presidentes, vicepresidentes y comités ejecutivos de sus oficinas locales en España. El fin no es otro que elegir, un año más, al futuro Presidente Nacional de dicha red global.

En palabras de Roxana Fratila (Responsable de Relaciones Externas de AIESEC Madrid), “National Presidents Meeting 2009″ constituye no sólo un evento de coordinación de las actividades a nivel local, sino también “todo un ritual electoral de gran importancia para AIESEC en España, puesto que se juntan alrededor de cincuenta jóvenes líderes que podrán votar a nuestro futuro Presidente Nacional”.

Por otra parte, el mentado congreso generará, según Roxana Fratila, la oportunidad de que esos jóvenes “puedan crear una sólida red de contactos para su futuro profesional y personal”. La ocasión –añade Fratila– es también evidente “para esas empresas que quieren promocionarse y/o posicionarse entre los jóvenes”. Unas empresas que actúan como sponsors del congreso.

Este año, además, el “Nacional Presidents Meeting” organizará el 20 de diciembre un evento especial: la cena de gala de los alumnos, que reunirá a algunos de los más importantes antiguos miembros de AIESEC en España, hoy en día empresarios de gran reconocimiento en el panorama económico y social. La gala será, según Fratila, "una ocasión más en donde los jóvenes delegados tendrán la oportunidad de conocer tanto a esos grandes empresarios como a los sponsors".

Desarrollar a la juventud
AIESEC, hoy convertida en la mayor asociación de estudiantes del mundo (cuenta con más de 40000 miembros en 107 países), se creó en 1948, tras la Segunda Guerra Mundial, con el fin de desarrollar a la juventud “de hoy” hasta convertirla en los grandes líderes “del mañana”, según cuenta María Palla Valiente (Responsable de Comunicación de la asociación). AIESEC pretende que los estudiantes consigan su objetivo “a partir de una formación internacional y polifacética, complementaria a la estrictamente académica”, añade Palla Valiente.

Por HÉCTOR ACEBO (La Huella Digital, 13/12/09)

lunes, 7 de diciembre de 2009

El estado insensible

Según la RAE, el estado, en su primera acepción, hace alusión a la “situación en que se encuentra alguien o algo, y en especial cada uno de sus sucesivos modos de ser o estar”. En el otro terreno, el de las nuevas tecnologías (Messenger; Facebook, Tuenti y demás redes sociales), el estado conserva su auténtico significado. Y se representa con un casilla o un espacio (el relleno es voluntario) al lado del nick (alias), pseudónimo o nombre del contacto correspondiente.

En los últimos tiempos, he recopilado (¿para qué ocultar el tedio?) algunos de los estados más groseros de contactos varios. Tras haber adecentado la ortografía, me permito el lujo de reproducirles una muestra que no tiene precio:

Si tuviera polla, vendrías a chupármela.
Vais a comerme todos el pollo.
Los ritmos son como las mujeres: o las pillas rápido y les das caña… o corres el riesgo de ser su amigo.
Hoy es noche de sexo: voy a devorarte, nena linda.

Dando por hecho que estas frases (sean elaboradas, plagiadas o citadas: poco me importa) representan el pensamiento o los “sucesivos modos de ser o estar” de sus individuos, a uno se le cae el mundo encima. Y más teniendo en cuenta que las tres primeras expresiones, terriblemente machistas, están escritas por sendas féminas. Si la igualdad consiste actualmente en dar la vuelta a la tortilla hasta caer –como los machos ibéricos– en la vulgarización más abyecta, yo me he quedado anclado en una época aparte.

Y, acaso por culpa de ese anclaje, a una gran parte de mis coetáneos les rechinan (o no entienden, ni hacen ningún esfuerzo por entender) los musculosos versos ajenos que utilizo en las redes sociales para embellecer el ancestral don del lenguaje, para huir del terrorismo cotidiano que preconizan la prensa rosa y esa pugna –nótese que no digo comunión– entre penes y vaginas llamada perreo o reggaeton:

Estamos en derrota, nunca en doma (Claudio Rodríguez).
Como el sentimiento es lo primero / quien preste atención / a la sintaxis de las cosas / nunca te besará completamente (e.e. cummings).
Contemplé tanto la belleza, / que mi visión le pertenece (Kavafis).
Tiempo en profundidad: está en jardines (Jorge Guillén).
Tengo una gran distracción animada (Pessoa).

Si me permiten la osadía, un trabajo voluntario como el mío debería merecer al menos una caricia de muchacha trigueña. Desgraciadamente, la realidad me dice que cada vez está más en desuso ese término (caricia: qué dulce suena al oído) entre el paupérrimo vocabulario de las nuevas generaciones…





Por HÉCTOR ACEBO (La Huella Digital, 7/12/09)

lunes, 30 de noviembre de 2009

Ángel Rubio y la industria de los videojuegos, de paso

Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid. 20 de noviembre de 2009. Celebración del seminario internacional “Sociedad de la Información e Industrias Culturales en los Países Nórdicos”. Tras una serie de ponencias que versaban sobre temas decididamente académicos (a saber: “Las industrias no-creativas. Pasado, presente y futuro de los derechos de autor y la comunidad”, “Industria del libro, bibliotecas y archivo digitales nórdicos en Internet”, “Análisis económico de contenidos online. Cine en la Red en España y en los Países Nórdicos con especial referencia a Suecia”…), irrumpió en la Sala de Conferencias un Ángel Rubio decidido a deleitar a las nuevas generaciones. “La industria de videojuegos con especial referencia a Internet”, el tema elegido para abordar su ponencia, indudablemente lúdica (por la perfecta imbricación entre la forma –no disimuló el profesor sus pasiones alimentadas en la infancia, una etapa de la que confiesa, a sus 35 años, no haber salido– y el contenido), jugó a su favor.

En la segunda mitad de los 70, cuando se fraguó en nuestro país la deseada rotura de un paradigma, cantaba Luis Eduardo Aute en boca de Ana Belén: “¡Que no, que no, que el pensamiento no puede tomar asiento…!”. El sector de los videojuegos también está “de paso”, en continuo crecimiento y evolución, gracias al desarrollo de nuevos dispositivos y plataformas (videoconsolas, telefonía móvil, ordenadores…). Y Rubio –director de LA HUELLA DIGITAL y estupendo profesor, en la mentada Facultad, de asignaturas tan volubles y voluminosas como Historia del Periodismo Universal o Historia del Periodismo Español– demostró que no se duerme en los laureles al aseverar: “No hay mejor forma de aprender que hacerlo jugando”.

Pues el videojuego –que nació, dedicado al tenis, en 1958– ya no cumple hoy únicamente –pese a ser claramente un medio de masas– ese vilipendiado cometido llamado evasión. A pocos nos extraña hoy que en más de una asignatura (Educación Física es el caso más notorio) el videojuego se haya convertido en un recurso educativo de vital importancia. Incluso en el ámbito universitario podemos encontrar útiles aplicaciones de este dispositivo electrónico: no hay más que pensar en una carrera científica como la Economía, y, por extensión, en la ardua situación actual (crisis mundial). ¡Cuántas nuevas vías se abren para experimentar sin riesgos añadidos!

Se ha hablado mucho del tratamiento explícito, en el sector, de contenidos inapropiados (violencia, sexo, maltrato…), así como de otras dificultades ineludibles, tales como los problemas de integración social ocasionados por el exceso de uso. Pero no es menos cierta la importancia que posee el videojuego en la (incesante) formación del personal médico. No en vano –como recordó Rubio basándose en los “Archives of Surgery” (2007)–, los cirujanos que utilizan videojuegos frecuentemente son un 27% más rápidos y cometen un 37% menos de errores que los que no juegan. Del mismo modo, la videoconsola (creada, por cierto, en 1974) y el ordenador son útiles para superar trastornos psicológicos, adicciones y accidentes (rehabilitación), entre otros traumas. Así las cosas, la edad media de los usuarios ha aumentado a los 35 años, algo impensable en la década pasada.

Este feliz contraste (el videojuego visto como una poderosa herramienta en el área real) también se materializa en la empresa (donde se crean actualmente no pocos espacios de ocio) y, evidentemente, en la familia. En ese sentido, el 35% de padres juegan con sus hijos al videojuego. Un pretexto ideal para comprobar los contenidos que alimentan las mentes infantiles. Para solucionar sus dudas. Para enseñarles –y para aprender– divirtiéndose.

En fin, como diría Aute (esta vez en boca de un lúdico –que no ludópata– Ángel Rubio), “Quien pone reglas al juego, / se engaña si dice que es jugador: / lo que le mueve es el miedo / de que se sepa que nunca jugó”.



Por HÉCTOR ACEBO (La Huella Digital, 30/11/09)

domingo, 22 de noviembre de 2009

Novia de nadie


Pero, ¡cómo voy a perder
yo el tiempo escribiendo
para camelarte!
Mi intención única
es que, al verte pasar,
algunos de tus profesores
exclamen
(a medio camino
entre la excitación
y la pavura):
¡Ahí va Alba,
la novia de nadie!

Por HÉCTOR ACEBO (La Huella Digital, 22/11/09)

sábado, 21 de noviembre de 2009

«San Tirso del Eo» premia al gaitero Clemente Díaz

La asociación cultural San Tirso del Eo, de San Tirso de Abres, ha premiado con el galardón «Terra viva» a Clemente Díaz, gaitero ibiense de 93 años. El premio se otorga cada año a una persona, institución o grupo civil que destaque por su apoyo a la cultura tradicional propia de la comarca Eo-Navia, informa H. A.

(La Nueva España, 21/11/09)

viernes, 6 de noviembre de 2009

Godard, el creador que nunca dejó de ser crítico

Un eminente profesor de la Facultad de Ciencias de la Información me recriminó en cierta ocasión los “saltos abruptos de plano” y los “consecuentes cambios de sonido” derivados de la humilde grabación (tan sólo poseía mi cámara digital –de fotos con opción para grabar vídeo, entiéndase– y alguna que otra idea formal y pasional) de un espontáneo cortometraje. Yo, como admirador de ese cineasta antiacadémico –y deudor de la mejor serie “B”– llamado Jean-Luc Godard (París, 1930) que soy, me tomé, evidentemente, aquel reproche como un halago. Cuarenta y nueve años han pasado (quién lo diría) desde el estreno del asombroso filme godardiano Al final de la escapada (À bout de souffle)… Y, como ven, a ciertos sectores de la crítica más académica todavía les cuesta reconocer la valía innovadora de un cineasta tan poco respetuoso (sería injusto obviarlo) con los ilustres modelos de prestigio.

El desvergonzado Godard (a quien es capital enmarcar en la Nouvelle vague –Nueva ola–, ese movimiento surgido entre grupos de jóvenes y descontentos cineastas –Truffaut, Rohmer, Chabrol…– en Francia hacia 1960: todo un preludio de la Revolución de 1968) comenzó su carrera cinéfila dedicándose a la crítica en la prestigiosa revista francesa Cahiers du cinéma. En sus escritos, en sus miradas encendidas, tomaba (a fin de dinamitar la estructura formal más anquilosada y aséptica del cine francés de entonces) como referentes a Nicholas Ray, a Bergman o al Siegel de La invasión de los ladrones de cuerpos. Artesanos elegantes e inquietos que dominaban el montaje.

A Godard le debemos algunas de las técnicas hoy consideradas estándares (pero que en aquella época destilaron, en efecto, heterodoxia), como el rodaje de secuencias cámara en mano, sin iluminación especial, con planos acrobáticos (que derivaban no pocas veces en los temidos saltos), así como el uso de diálogos tan espontáneos y reales que parecían improvisados. Un rodaje tan personal, ligero y económico (en Al final de la escapada, el director de fotografía forjó los bulliciosos travellings valiéndose de una silla de ruedas que reemplazaba los clásicos raíles) venía a demostrar algo obvio: las ideas están por encima de cualquier efecto afectado. De eso también sabían mucho el propio Siegel o mi amado Boetticher.

De Godard lo mejor que puede decirse (para suscitar la curiosidad en el joven espectador) es su autodefinición: “Como crítico, ya me consideraba un cineasta. Hoy sigo considerándome un crítico y, en cierto sentido, lo soy aún más que antes” (Cahiers du cinéma, nº 138, diciembre de 1962). Ciertamente el articulista Godard, aun cuando no había rodado ningún filme, era un auténtico cineasta, porque, como diría Octavio Paz refiriéndose al poeta, al enfrentarse con el lenguaje, se enfrentaba con los fundamentos mismos del mundo. Asimismo, Godard, cámara en mano, siguió siendo un crítico, pues rodaba ensayos con forma de novela o novelas con forma de ensayo: “Simplemente –precisaba el propio Godard–, los ruedo en vez de escribirlos”.

Analítico y emocionante, elegante e irreverente, inocente (un artista jamás debe perder la capacidad de asombro) y sesudo, vitalista y melancólico, este paradójico creador-crítico jamás tuvo reparos en combinar la ficción con algunas partes prácticamente documentales (irrumpiendo, a veces, en la historia mediante sus propios comentarios), en revitalizar las facultades del collage y de la cita, en pasar de un concierto de Bach a un concierto de cláxones, en celebrar deliberadamente los más extremos cambios de tonalidad en una misma secuencia (dinamitando la tradicional concepción del raccord), en liberar a sus personajes para entregarlos –detenida la acción– al juego, a la charla, al baile, a la voluptuosidad… ¿El resultado? Un inquietante “híbrido entre el retrato íntimo de la pareja en su trabajo y la elaboración de un pensamiento sobre la historia”, escribe acertadamente Jacques Mandelbaum, crítico cinematográfico de Le Monde.

Y es que Godard fue ante todo un romántico plenamente consciente de su anacronismo. Al final de la escapada expresa magníficamente (incluso de manera más explícita que la fundacional Los cuatrocientos golpes, 1959, de Truffaut: estoy de acuerdo con Mandelbaum) ese sentimiento tan melancólico de haber llegado demasiado tarde a su labor. Una labor creadora y crítica que, de emplearse el montaje adecuado, podría haber cambiado –según él– el curso de la Historia. Así concebía el cine Godard, llevando hasta el extremo sus tesis a partir de la segunda mitad de los 60, cuando forjó (aun a costa de sacrificar buena parte de su público) una serie de películas con pronunciados tintes maoístas y marxistas-leninistas (pese a la indiscutible calidad y a la premonición acertada que auguraban, confieso que me resultan un tanto pedantes, al igual que Pierrot, el loco, filme de transición), ideologías muy en boga de la juventud e intelectualidad parisina en aquellos años.

Utopías aparte, este controvertido cineasta cambió para siempre nuestra manera de mirar. Lo cual no es moco de pavo, si aquel eminente profesor me permite la espontaneidad.

Filmografía recomendada: Al final de la escapada (1960); Vivir su vida (1962); Banda aparte (1964); Lemmy contra Alphaville (1965); Pierrot, el loco (1965) y Week-end (1967).







Por HÉCTOR ACEBO (La Huella Digital, 6/11/09)

miércoles, 4 de noviembre de 2009

Una "historia gallega" de Cunqueiro

Jenaro Pedreiras

Por ÁLVARO CUNQUEIRO[i]

Vivía en una pequeña ciudad gallega, no recuerdo si en Tuy o en Betanzos, o quizás viviese en una villa antigua como Noya o Ribadavia. Salía a pasear por las estrechas calles o la plaza, muy saludador de los vecinos. Y de pronto subiendo o bajando por una rúa, o cruzando bajo unos soportales, se daba cuenta de que detrás de él venía don Fulano o el Señor Mengano. No es que le hubiese visto, ni oído hablar ni reconocido por los pasos. No. Era un sentido especial que Jenaro Pedreiras tenía y que le hacía saber que unos metros más atrás de él caminaba don Fulano o el señor Mengano. Eran antiguos. Se saludaban, conversaban del tiempo o discurrían sobre las noticias del mundo que venían en el periódico. Jenaro Pedreiras no decía nada a nadie de este sentido suyo tan especial que le delataba sus seguidores. Esa era la palabra justa: seguidores. Porque, ahora se daba cuenta de que esos que él advertía que seguían sus pasos, y lo seguían verdaderamente. Es decir, lo vigilaban, o aun más concretamente, lo espiaban. ¿Había hecho algo Jenaro que exigía que fuese vigilado, espiado, por sus convecinos? No, no tenía nada que reprocharse. Ni de política, ni de asuntos de dinero, ni de amores clandestinos. Su sexto o séptimo sentido llegaba a advertirle cuando se despertaba por las mañanas:

–Hoy vas a ir por la calle de San Martín, y te va a ir siguiendo el sastre Donato.

Y Jenaro Pedreiras se vestía y calzaba, desayunaba y salía a la calle, y bajaba hasta San Martín. Saludaba a la señora Mercedes que estaba poniendo a la puerta de su tienda las manos de grelos y los repollos, y media docena de quesos, y al dependiente de la ferretería, que sacaba los tableros del escaparate. Nadie subía ni bajaba por la calle. Doblaba la esquina de la plaza, y esperaba. Y efectivamente, saludando también a la señora Mercedes y al dependiente de la ferretería, aparecía el sastre Donato… Habiendo realizado varias experiencias de este tipo, Jenaro Pedreiras decidió burlar a sus seguidores. Se escondía en este o en aquel portal, echaba a correr y entraba en una iglesia, o se ocultaba tras el grueso tronco de los negrillos de la alameda. Pero, quizás no fuese bastante lo que hacía para despistar a sus seguidores. Tenía que disfrazarse. Adquirió barbas postizas y un bigote a lo káiser, gafas negras, y buscó en un armario ropa de mujer, que fuera de sus madre. Y así salió a la calle de barbudo, y no lo seguía nadie, y otro día de bigotudo y con gafas, y tampoco. El barrendero municipal lo miró con alguna extrañeza, pero no lo saludó ni dijo nada. Otro día se decidió a salir vestido de mujer. Vistió ropas de su madre, que era de su misma talla, y se puso, bajo un pañuelo de seda negro, la peluca que comprara en Santiago. Y salió de medio tacón a la calle, medio embozado en una toquilla. Paseó por dos o tres calles. Era mirado con curiosidad, pero nadie lo seguía. “Me miran porque me encuentran forastera”, se decía a sí mismo Jenaro. Cruzó la plaza y regresó a su casa. Y cuando entraba en ella se le acercó el carpintero que tenía su taller enfrente:

–¡Nunca creí que tuviese tanto humor, don Jenaro! ¡Mire que a sus años disfrazarse de señora viuda un martes de Carnaval! ¡Y muy apropiado, con sus medias caladas y su zapato de medio tacón!

A Jenaro Pedreiras, con tanta preocupación por el espionaje de que era objeto, se le había pasado que estábamos en Carnavales.

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[i] CUNQUEIRO, Álvaro: Las historias gallegas, Paréntesis, Sevilla, 2009.

jueves, 22 de octubre de 2009

Desafío

Para mi amigo el poeta Antonio Martínez Sarrión

Se quejan los críticos cítricos
porque abuso del grado superlativo.
Ellos dicen que aquel cuerpo era pequeño,
pues no saben que en la cama crecía.
No, ninguno de ellos sería capaz de llevar,
como mi abuelo, los mismos calzoncillos
de lunes a domingo.

Siempre dicen
que he de buscar, cuando termine la carrera,
una mujer que me cuide y me comprenda:
¡qué atrevimiento! Pero tan sólo
yo sé que en aquel trasero nace el Eo.
Que pasa por A Pontenova, que se detiene
en Santiso y que desemboca
en el Mar de Sus Senos formando
la ría de Ribadeo.

Se quejan los críticos cítricos
porque abuso del grado superlativo.
Pretenden que regrese a la Edad Media:
¿sería justo decir que aquellos muslos
solamente eran claros?
Cuando las lombrices
devoren sus nalgas,
tal vez entienda ese empeño.
Mientras tanto…

¡ay, mientras…

TANTO!




(Poema mío publicado en La Huella Digital, 22/10/09)

martes, 13 de octubre de 2009

Amália, mi cuerpo en movimiento

Se cumplen diez años de la muerte de la insigne cantante, que dignificó –en una época fascista– a la mujer como extraordinaria portadora de ondulantes sentimientos.

Su repertorio nunca figura en las selectas páginas de la Rolling Stone o la Rockdelux. Mejor así: las crónicas pasionales (que no rosas) de un pueblo ancestral se leen con la imaginación: intensamente. La vocalista Amália Rodrigues (Lisboa, 23 de julio de 1920, según la partida de nacimiento – Lisboa, 6 de octubre de 1999) atesoró, en palabras de Carlos Cano –quien escribió para ella el formidable tema “María, la portuguesa”–, “los graves más hermosos de mujer de toda la península Ibérica”. Yo aún iría más lejos: su voz fue la liberación, el triunfo –en una sociedad espeluznantemente machista– de la mujer como infatigable portadora de sentimientos.

Amália, hija de padres pobres, educada en el muelle y en la calle –donde vendía limones con su hermana–, renovó e internacionalizó un género popular como el fado (cuya estructura melódica es, en efecto, bastante simple y cerrada) introduciendo en su repertorio (apto para grandes palcos) enjundiosas letras de poetas portugueses. Cantaba como seguramente hacía el amor: sin freno, en primera persona, con una energía desaforada, haciendo temblar desde la primera nota su propia garganta. Recordaba o soñaba sus aventuras fatalistas, las interacciones en las tabernas, la pobreza de su tierra, con una saudade que inunda, todavía hoy, la alcoba de cualquier emigrante medianamente sensitivo.

Muy pocos comunicadores habrán expresado mejor que Amália esa miscelánea (soledad, nostalgia y añoranza) característica del vecino portugués: “Pueblo que lavas en el río, / que cortas con tu hacha / las tablas de mi ataúd. / Puede haber quien te defienda, / quien compre tu suelo sagrado, / pero tu vida no”. Con tal grabación (fechada en 1963) se diría que Amália predijo la perfidia de algunos de sus compatriotas izquierdistas, quienes, tras la Revolución de los claveles (1974), la relegaron al olvido acusándola de haber apoyado el derrocado gobierno fascista (ciertamente, sus primeras letras eran un tanto reaccionarias) que personificó, durante más de cuarenta años, Salazar. Amália falleció en 1999, y parece ser que fue entonces cuando se supo que había colaborado económicamente, en la clandestinidad, con el Partido Comunista Portugués. No en vano, este joven crítico se ha dado cuenta de que no pocos madrileños progresistas recuerdan en la actualidad la poderosa interpretación que hizo Amália del tema “Grândola Vila Morena”, usado como himno de la liberación de un pueblo, de esa pacífica y lírica revolución que nació en el interior del propio ejército y fue apoyada masivamente por los ciudadanos…

Es sabido que el fado experimentó un impulso impresionante con el regreso de la Corte a Portugal desde Río de Janeiro en 1821. Sin embargo, los musicólogos e historiadores siguen sin tener claro cuál es el verdadero origen de este popular género. ¿Nació en los barrios habitados por la población negra en la época de la abolición de la esclavitud? ¿O estamos ante un invento árabe que trajeron los musulmanes a raíz de la invasión de la península Ibérica en 711? ¿Y, me pregunto yo, a qué se debe la ondulante voz de Amália? ¿Estuvo enamorada de algún marinero alevoso de Cabo Verde? “Los rizos de tu cabello / son rubios y perfumados, / son redes a las que se prenden / las almas apasionadas”, canta con fruición en el conocido “Fadinho da tia Maria Benta”. Aunque yo me quedo con estos otros precisos y preciosos versos que no necesitan traducción: “Meu amor, meu amor: / meu corpo em movimento…”. ¡Ay, ay, señoras como Amália ya no hay!










Por HÉCTOR ACEBO (La Huella Digital, 13/10/09)

lunes, 12 de octubre de 2009

El 'caso Gürtel': un test de calidad democrática

Tras el levantamiento del secreto del sumario con imputación de 71 personas, el caso Gürtel con sus distintas ramificaciones ha entrado en una nueva fase judicial, de consecuencias políticas hoy por hoy impredecibles. Por una parte, aparece la trama de corrupción que afectó a grandes municipios madrileños (Pozuelo, Majadahonda, Boadilla, Arganda, etc.), políticamente neutralizada de momento gracias a las fulminantes dimisiones exigidas por Esperanza Aguirre.
Pero luego está el caso Camps, el presidente del Gobierno valenciano cuya imputación por cohecho fue polémicamente sobreseída, pero contra quien la fiscalía del Supremo ha pedido la reapertura del caso, dada la aparición de nuevas evidencias de corrupción. Y por encima de todo esto sobrevuelan los indicios de financiación ilegal que afectan a la sede central del PP, y ello tanto en la anterior época de Aznar como en la actual etapa de Rajoy, cuyo tesorero Bárcenas está imputado por cohecho en el sumario principal. Un complicado macroproceso de corrupción política que podría significar para el PP algo equivalente pero de mayor dimensión a lo que supuso el caso Filesa para el PSOE en los años noventa.
Resulta aventurado especular con el futuro del caso Gürtel, pero con independencia de los avatares judiciales y de las repercusiones políticas que sobrevengan en su tramitación, es evidente que este caso se va a convertir en un test evaluador de la calidad de nuestra democracia. ¿Sobrepasaremos con éxito esta prueba crucial? ¿Sabrán estar nuestras instituciones a la altura de las circunstancias? En este sentido, también el caso Filesa supuso un test de calidad, una prueba de consistencia y fortaleza que, por razones que veremos después, y pese al malestar colectivo que causó en su día, nuestra democracia superó con claridad, saliendo reforzada de ella. ¿Sucederá lo mismo esta vez?
Basaré mis argumentos en un texto cuya traducción acaba de publicarse, resumiendo la literatura sobre el análisis comparado de las democracias. Me refiero al libro Democracia y democratizaciones (CIS, 2009) del célebre politólogo italiano Leonardo Morlino, autor que distingue cinco dimensiones determinantes de la buena o mala calidad democrática. De esas cinco variables, dos son procedimentales: el imperio de la ley (rule of law) y la rendición de cuentas (accountability). Otras dos son sustantivas, pues afectan a los contenidos de la democracia: la libertad y la igualdad. Y la última se refiere a los resultados de las políticas públicas: es la satisfacción ciudadana, de la que depende la legitimidad de las democracias.
Pues bien, al aplicar su matriz al caso español, las dos variables en que salimos mejor librados son las sustantivas, pues ni la libertad ni la igualdad están aquí amenazadas (aunque esto debería matizarse, dada la injusta segregación de los inmigrantes).
Pero no ocurre lo mismo con las otras tres (rule of law, accountability y legitimidad), cuya aplicación es bastante más dudosa, y el caso Gürtel es una prueba muy significativa. Por lo que respecta al imperio de la ley, es evidente que los elevados niveles de corrupción política cuyos indicios están aflorando en los sumarios demuestran un incumplimiento de la legalidad vigente prácticamente generalizado. Y en esto llueve sobre mojado, pues el caso Gürtel sólo es el último de una larga lista donde también aparecen los casos de Marbella, Estepona, Mallorca, etc. En este sentido, a las democracias con alto nivel de corrupción, donde se incumplen sistemáticamente las leyes, Morlino las denomina democracias ineficientes o defectivas.
Pasemos al segundo indicador: la rendición de cuentas. Aquí Morlino hace suya la distinción de O'Donnell entre accountability vertical, que se ventila en los comicios electorales cuando los ciudadanos juzgan retrospectivamente los incumplimientos de sus gobernantes sancionándolos mediante la alternancia, y la accountability horizontal: la exigencia de responsabilidades ejercida por los tribunales, las instituciones reguladoras independientes y la sociedad civil.
Pues bien, es evidente que ninguna de ambas accountabilities está funcionando en el caso Gürtel: el cohecho de Camps y los suyos ha sido sobreseído por un tribunal amigo (si es que no presuntamente prevaricador), y los indulgentes electores han premiado con mayor cosecha de votos a los imputados por corrupción, en lugar de castigarlos o al menos suspenderlos como se merecían, dicho sea en términos de ética ciudadana. Luego volveré sobre esto. En cualquier caso, a las democracias en las que la accountability no funciona, o funciona mal, Morlino las denomina irresponsables o delegativas (populistas) en el sentido de O'Donnell.
Queda por ver la cuestión de la legitimidad o grado de satisfacción con los resultados de la democracia (no con la democracia misma, que no se discute en cuanto tal). Pues bien, también aquí parece evidente que hay fracciones crecientes de ciudadanos que no se sienten legítimamente representados por sus gobernantes, ni tampoco por los candidatos de la oposición (lo que explica la ausencia de alternancia), expresando su rechazo sobre todo mediante la abstención. Es verdad que la polarización reinante produce abultados apoyos electorales al partido en el poder (el PSOE en el Gobierno central, el PP en los Gobiernos de Madrid o Valencia), pero semejante sostén debe ser interpretado no tanto como aval, ni mucho menos como adhesión, sino sobre todo como mal menor: si se vota a los propios candidatos es con las narices tapadas y para castigar a sus todavía más odiosos adversarios, a los que se rechaza por ilegítimos. Una desafección política tipificada por Morlino como democracia no legítima (o mejor, deslegitimada).
En cualquier caso, bien podría pensarse que esta pérdida de calidad fuera sólo pasajera o episódica, y que la democracia española recuperará su normalidad cuando el caso Gürtel supere su tramitación judicial. Pero no cabe abrigar esperanzas que podrían revelarse infundadas, pues también podría ocurrir lo contrario si el caso se archiva o anula, sentando un aciago precedente destinado a reproducirse.
Y aún queda la posibilidad intermedia: que el proceso se alargue indefinidamente dando tiempo a que el PP recupere el poder en 2012, obteniendo así la victoria y con ella la impunidad política. Lo cual podría significar la puntilla para la democracia española, condenándola para siempre a la persistencia de la irresponsabilidad en el sentido de Morlino.
Hasta ahora, exceptuando el caso Naseiro, el PP estaba limpio de corrupción, y sólo el PSOE había caído en la vergüenza del caso Filesa y demás asuntos aledaños. Pero este partido lo pagó perdiendo el poder y manteniéndose alejado de él durante ocho años (sólo lo recuperó gracias a los errores y las culpas de Aznar), quedando vacunado contra la corrupción para mucho tiempo.
Mientras que si el Partido Popular volviera al poder en el año 2012 (lo que resulta incluso probable, dada la impotencia de Zapatero ante la deriva de la crisis), sin haber pagado ningún precio por el caso Gürtel, semejante recompensa supondría en la práctica un incentivo a la corrupción y una patente de impunidad, desmintiendo el programa radiofónico de mi infancia que se titulaba: El criminal nunca gana.
De ahí la crucial importancia de este test, que la justicia española debería sancionar con urgencia antes de que sea demasiado tarde.

(ENRIQUE GIL CALVO, El País, 08/10/2009)

lunes, 28 de septiembre de 2009

Rellán, una presencia sobria y emocionante

Resulta injusto que no celebremos más a menudo el magisterio de nuestros eminentes actores secundarios

Hay en el cine patrio una prodigiosa raza de actores (los más jóvenes rozan hoy la cincuentena) que, gracias a sus infinitos recursos de naturalidad, parecen haber interpretado toda la vida un papel concreto. José Luis Garci prolongó esta tesis en su extinto programa ¡Qué grande es el cine! (La 2): “No hay un actor americano que pueda hacer lo de Miguel Rellán en El bosque animado (J. L. Cuerda, 1987)”. El personaje al que se refiere Garci es, en efecto, el benévolo fantasma de Fiz de Cotovelo, que vaga en pena por la gallega fraga de Cecebre, donde un buen día se topa con Fendetestas. Este bandido afable (encarnado soberanamente por Alfredo Landa) y el ánima entablan una de las amistades más entrañables de nuestro cine. Paradójicamente, el elogiado Rellán –tan modesto como exigente– siente “una especie de respetuoso desprecio por ese personaje unilateral que tan poco trabajo me costó interpretar”.


Humanizar el mito

“No hice de fantasma –me confiesa Rellán, de 65 años–, sino de un hombre que se cree un fantasma”. Tal vez ahí esté la clave. El talento del actor para humanizar (a través del humor, de la melancolía y de la desesperación) un personaje mitológico, sorteando la astracanada. El talento, en fin, para preservar (de la mano del magnífico guionista Rafael Azcona) ese característico sincretismo gallego (los miedos más ancestrales se mezclan con la descarnada realidad) que revolotea por la obra de Wenceslao Fernández Flórez (el autor de El bosque animado). Por otra parte, el inteligente Rellán no interpretó exactamente a un fantasma, sabedor de que, como defendiera Fernán-Gómez, el empeño del actor es metafísicamente imposible, porque no puede ser otro (y mucho menos un ánima): “Inevitablemente actúas. O, mejor dicho, haces de ti fingiendo”.


Tomar en serio la comedia

Este Rellán es –como el que escribe– un partidario absoluto de la austeridad: “En la comedia, la gracia está en la situación, como dijo Billy Wilder. No hace falta, por tanto, que hagas el payaso o pongas una cara rara. Es más preferible que te tomes en serio el desastre que está sucediendo, pongamos, en la mesa”. En ese sentido, el homérico trabajo realizado por el actor tetuaní en Tata mía (J. L. Borau, 1986), que le valió un Goya (convirtiéndose en el primer actor en ganar tal premio), debería ser visionado obligatoriamente por cualquier aprendiz de fingidor. Rellán (que interpreta, sin caer en la caricatura, a un falangista receloso) no irrumpe en el cuento de hadas: lo rompe. Este espigado actor secundario impregna la casa familiar con emanaciones de un impetuoso carácter (que es el de otra época, ya concluida), poniendo al servicio de Borau (quien no duda en exprimir los planos generales) la práctica totalidad de su cuerpo.


El milagro interpretativo

Poco importa que el rostro de Rellán no sea demasiado expresivo o donoso. De la misma forma que su presencia desprende en la pantalla un magnetismo envidiable, sus silencios y sus fraseos (el efecto de formar, enunciar y entonar las oraciones) son tan emocionantes, convincentes y sobrios que llegan a superar las deficiencias de algunos guiones parcos. “Toda mi aspiración –afirma el cómico tetuaní– pasa por conectar con uno de los espectadores”. Unas veces de forma soterrada (cuando la gracia y la ironía se aúnan bajo un poso de amargura: tomemos como ejemplos la serie de TV Compañeros; El bosque animado; las dos entregas de El crack, 1981 y 1983, de Garci; Sangre de mayo, 2008, también del mismo cineasta...) y otras con risotadas más o menos abiertas (Amanece, que no es poco, 1988, de Cuerda; El vuelo de la paloma, 1989, de García Sánchez; La vida alegre, 1987, y Bajarse al moro, 1988, ambas de Colomo...), ese “milagro interpretativo” se da en la mayor parte de sus trabajos. Qué duda cabe.


Una metodología teatral para el cine y la televisión

“¿No resulta injusto que no celebremos su magisterio, que no les convoquemos para nuestras reuniones de sociedad, que no les llamemos para nuestras películas, que no premiemos su experiencia?”, escribió hace un tiempo en El Mundo Méndez-Leite. El realizador y crítico se refería a nuestros eminentes actores maduros, secundarios en su mayoría, como Emilio Gutiérrez Caba o el propio Rellán. Si bien es cierto que en el celuloide la carrera del tetuaní es vasta (unas setenta películas alumbran su currículum), siendo dirigido por algunos de los más grandes cineastas españoles (Fernán-Gómez, Saura, García Berlanga…), a mí también me indigna verlo haciendo algunos papeles insignificantes (y pienso, por ejemplo, en Tasio, 1984, de Armendáriz; en Sé infiel y no mires con quién, 1985, de Trueba; o en Cómo ser mujer y no morir en el intento, 1991, de Ana Belén…), muy por debajo de sus posibilidades. Lo cual demuestra, en su reverso, la asombrosa capacidad de este intérprete para (re)crear un personaje, al cual otorga –en un tiempo muy reducido– infinitud de matices. Y es ahí donde interviene la metodología aprendida en el teatro, ese noble arte que ensalza el estudio interior (“La dificultad radica en saber cómo es tu personaje; si bosteza, si llora, si se ríe, si se cabrea…, es secundario”, confiesa Rellán), el perfil, la réplica, la escucha… ¿El resultado de tanto trabajo? Los actores protagonistas se sienten escoltados: y la historia avanza.

“Nosotros, la generación del teatro independiente y clandestino –me confirma Rellán, parafraseando a su colega Santiago Ramos–, nos promocionamos fatal. Claro que nos metimos en este oficio para cambiar el mundo, no para ser actores famosos. La idea del grupo, del proyecto, de la función, siempre estará en nuestra mente por encima de cualquier individualidad.” Ojalá el presente artículo sirva para poner de una vez por todas en su lugar a este fabuloso guardaespaldas, sobre quien se edifica la solidez de muchos repartos; a este profesor de funámbulos que contiene (y dota de credibilidad) como nadie a los personajes excéntricos; a este Rellán cuyo discurso cadencioso siempre desprende autoridad. Y embelesa. En el escenario o en la cafetería.





Por HÉCTOR ACEBO (La Huella Digital, 28/9/09)

Abre la matrícula la Escuela de Música de San Tirso de Abres

La Escuela de Música Tradicional de San Tirso de Abres ha abierto el plazo de matrícula para este curso. Habrá clases de gaita, acordeón, percusión, canto-pandereta, baile tradicional, zanfona, música y movimiento (para menores de 7 años), y solfeo-folclore (común a todas las edades). Las clases individuales tendrán un coste de 30 euros mensuales, y las colectivas de 20. La escuela está gestionada por la asociación cultural «San Tirso del Eo», informa H. A.

La Nueva España, 28/9/09

viernes, 18 de septiembre de 2009

93.- «And it stoned me» (Van Morrison)



«And it stoned me» es el tema que abre el LP Moondance (1970) de Van Morrison. El cantante irlandés cuenta que a la hora de componer esta canción se inspiró en una experiencia de su infancia: «Creo que tenía sobre doce años. Solíamos ir a un sitio llamado Ballystockart a pescar. Parábamos en el pueblo cuando íbamos de camino a este lugar e iba a una pequeña casa de piedra, y había un hombre viejo, y le preguntamos si tenía agua. Nos dio agua que dijo era del arroyo. Bebimos un poco y todo pareció pararse. El tiempo parecía estar parado. Durante cinco minutos todo estuvo tranquilo y yo estaba como en otra dimensión. Eso es de lo que trata la canción.» Uh, the water!

martes, 15 de septiembre de 2009

El grupo «San Tirso del Eo» estrena con éxito «Ruidos en la casa»


«Sala principal de una casa en pleno campo, de construcción ultramodernísima, un capricho de arquitecto con exceso de imaginación. Fue elegida «Casa del año» por la popular revista «Nuestro Hogar». Desgraciadamente, eso ocurrió en 1965 y la casa sigue sin venderse (...)». Así comienza «Ruidos en la casa», la disparatada comedia de Anthony Marriott y Anthony Foot que el grupo de teatro «San Tirso del Eo» llevó a escena por vez primera el pasado viernes en San Tirso de Abres, informa Héctor ACEBO. Unas 150 personas de todas las edades se troncharon de risa esa noche en la reducida Casa de Cultura municipal.

(La Nueva España, 15/9/09)

jueves, 10 de septiembre de 2009

La Virgen de Covadonga, también en San Tirso de Abres


Los vecinos de San Tirso de Abres han celebrado el Día de Asturias con una jornada muy ecléctica. En la Iglesia de San Salvador hubo misa, seguida de procesión con la Virgen de Covadonga por la calle principal de O Chao (capital del concejo). La magnífica talla de madera de castaño de la Virgen, que preside desde hace dos años el templo, lleva la impronta del artesano local José María Bouza, informa Héctor ACEBO. Muchos fueron los vecinos que, tras la jubilosa procesión (en la imagen), se acercaron a una tasca móvil donde se repartieron gratuitamente productos artesanos cocidos en horno de leña y amasados con la harina de trigo procedente de la Festa da Malla celebrada días atrás.
(La Nueva España, 10/0/09)

miércoles, 9 de septiembre de 2009

Kramer Vs Kramer: ¿Qué les pasa a los hombres?

Olvidable desde el principio
Por DANIEL LOBATO

Si lo que buscas es pasar un rato de total intrascendencia que roce el aburrimiento, ¿Qué les pasa a los hombres? es tu película. Empapándose de convencionalismos y clichés, el film ofrece una imagen de la mujer –en un intento de hacer una comedia– con unos valores muy anticuados y machistas, de mujeres cuya única ambición en la vida es cazar un buen hombre con el que casarse y formar una familia.

El director Ken Kwapis presenta varias historias acerca de las relaciones entre hombres y mujeres que pretenden abordar la mayor parte de las posibilidades que se dan, pero realmente lo que tienen en común todas ellas es su falta de interés, son historias vacías y carentes de fuerza.

La película cuenta con muchas caras bonitas y algunos actores con más nombre que talento para llamar la atención, pero el estar tan estereotipada, con unos personajes muy planos y un humor que se queda en las intenciones, la cinta pierde su gancho mucho antes de cumplirse las dos –largas– horas que dura.

Las interpretaciones, discretas ellas, no dan mucha opción a entrar en valoraciones. El ejemplo lo tenemos en Ben Affleck, que lejos de actuaciones como las de La sombra del poder o Hollywoodland, nos ofrece el mismo registro que tanto se le ha criticado en cintas como Pearl Harbor: mucha pose y poca alma en el personaje. Más de lo mismo se puede decir del resto.


La señorita Scarlett Johansson, para alegría de muchos, está para mostrar sus atributos, pero poco más… y francamente, por lo que cuesta una entrada de cine hoy día, es de recibo ofrecer algo más.

No todo podía ser negativo. La trama protagonizada por Ginnifer Goodwin y Justin Long es la que, con menos pretensiones, logra esbozar más de una sonrisa en el espectador. Y cómo no… Jennifer Connelly. Los años le están sentando como a nadie a la neoyorquina, en todos los aspectos.

Con un atractivo que lo inunda todo a su alrededor y una mayor verdad en sus ojos, se cree sus personajes transmitiéndolo a través de la pantalla. Lástima que lo demás no la acompañe como se merece.


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Realismo posmoderno
Por HÉCTOR ACEBO

No suele el formato de las actuales series televisivas (tan dadas al discurso moralizante chanflón, a la voz en off remachada por musiquitas de videojuegos, a las líneas narrativas conectadas a partir de últimas frases, poses o tics), no suele el formato de las series, decía, ajustarse al séptimo arte, deudor de una fórmula literaria llamada elipsis que obliga a contar sólo lo estrictamente necesario. Ni un plano de más, ni un plano de menos.

El guión de Qué les pasa a los hombres (cuyo título original, He’s just not that into you, viene a decir Él no está interesado en ti) está basado en una obra de Grez Behrendet y Liz Tuccillo (guionistas de la serie Sexo en Nueva York). Al parecer, se trata de uno de esos vulgares best-seller de auto-ayuda que tanto gustan a los treintañeros (de la clase media-alta, en este caso) emocionalmente escasos.


A ese estereotipo responden en el filme los protagonistas, encarnados por rostros donosos y conocidos (Scarlett Johansson –a años luz de Match point o Lost in translation–, Jennifer Connelly, Jennifer Aniston, Drew Barrymore…). Son personajes sin matices, mal dirigidos, como tantos otros de la vida misma. Pensándolo bien, tan realista es el filme que se permite el lujo de introducir entrevistas a la gente de la calle con el fin –imagino– de objetivar lo que se está viendo. Para que todos ustedes se reconforten en las desgracias ajenas, en la igualdad de caracteres…, pese a que una semana más tarde probablemente hayan olvidado (¡como en la vida!) el título y el argumento.

Tan realista es esta comedia –decía– que la cámara del director Ken Kwapis apenas se mueve sola durante los 129 minutos del metraje, salvo en una escena final (jugando con unos espejos). Porque la puesta de escena es la vida misma. Un pub novísimo, una oficina confidencial, una calle de diseño, un salón amenizado por los teléfonos móviles (tan traicioneros). Para qué forjar un travelling, si pueden marearse, y las palomitas cada vez están más caras… Para qué interrumpir con una elipsis el discurso, si aquí vienen, en fin, a entretenerse. Como cuando espían (o ponen a parir) al vecino.


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Qué les pasa a los hombres
Dirección: Ken Kwapis.
Intérpretes: Ginnifer Goodwin, Scarlett Johansson, Bradley Cooper, Jennifer Aniston, Jennifer Connelly.
Género: comedia. EE UU, 2009.
Duración: 129 minutos.



(La Huella Digital, 9/9/09)

«Ser Pueblo Ejemplar sería un reconocimiento a la gente de San Tirso de Abres»

«Hay que superar la xenofobia regionalista, nuestra cultura tradicional interesa más allá de las fronteras administrativas»

ÁNGEL PRIETO SOUTO Presidente de la asociación cultural «San Tirso del Eo»


San Tirso de Abres,
Héctor ACEBO

Cuando los vecinos o los periodistas le preguntan acerca del incalculable tiempo que dedica a la asociación cultural que preside desde hace siete años, explica: «No hago más de lo que puede hacer el presidente de una peña de fútbol». Pero cuesta creerle porque Ángel Prieto, presidente de la asociación «San Tirso del Eo», de 30 años, empuña el mayal en las representaciones de la cosecha del trigo, interviene en conferencias y debates, colabora en los programas de radio locales... E incluso el año pasado se subió al escenario junto al resto de miembros del grupo de teatro que gestiona su colectivo. Recién terminada la XXI Semana cultural santirseña, hace balance.

-La Sociedad Humanitarios, de San Martín de Moreda (Aller), otorgó el galardón «Espiga de Escanda de Oro» al colectivo que preside. ¿Se lo esperaba?

-Para nada. Nuestro querido Luis Felipe Fernández nos presentó a la candidatura. Es una doble satisfacción: por una parte, un colectivo del occidente recibe un galardón de la zona de las Cuencas; por otra, el galardón en sí es un referente de reconocimiento en el ámbito de la cultura tradicional.

-Ustedes hacen tantos intercambios culturales con los pueblos de Asturias como de Galicia.

-¿Por qué no relacionarse en los 360 grados? No entiendo que haya que mirar sólo en 180 grados. La xenofobia regionalista hay que superarla. Nuestra cultura tradicional, tal y como la mostramos con el Grupo de Portadores de Tradición Oral, interesa más allá de las fronteras administrativas.

-¿San Tirso de Abres tendrá el reto de ser, por segundo año consecutivo, Pueblo Ejemplar de la mano de «San Tirso del Eo»?

-Sí, nuestra asociación ha vuelto a presentar a la Comunidad Vecinal de San Tirso de Abres al premio que mencionas. Es un proyecto, un reto, con cierto toque utópico y cierta parte de realismo. El premio sería, sin duda, un reconocimiento a estas gentes que, alejadas del centro de la región, supieron salir adelante gracias a su forma de organizar la vida.

-¿Satisfecho con el resultado de la XXI Semana cultural?

-Por supuesto. Un año más, desde la junta directiva nos esforzamos en apostar por actos históricos y de actualidad. El Foro de Educación, el Encuentro de Asociaciones, la VII Festa da malla, el concierto didáctico de la Escuela de Música Tradicional «San Tirso del Eo», gestionada por nuestro colectivo, la entrevista radiofónica al economista José Manuel Muñoz Puigcerver, dan fe de todo el esfuerzo llevado a cabo.

-Jesús Ferreiro ha sido el primer pregonero de la Semana Cultural que se dedicó a la política.

-Todos conocen a Ferreiro (primer alcalde demócrata local, expirado el franquismo) y sus magníficas obras. Hacerle pregonero fue un acto de justicia: el lema de esta Semana Cultural no era otro que el trigésimo aniversario de la democracia local, sin la cual no tendríamos cabida las asociaciones. Ferreiro transformó el pueblo, y en la faceta cultural impulsó proyectos varios de interés relevante. El pueblo le acogió magníficamente.

«Los habitantes de la zona, alejados del centro, supieron salir adelante gracias a su organización»

«Hacer pregonero este año al ex alcalde Jesús Ferreiro fue un acto de justicia; transformó el pueblo»

«En la Semana Cultural nos esforzamos en apostar por actos históricos y de actualidad»

(La Nueva España, 9/9/09)

El grupo «San Tirso del Eo» lleva a escena el viernes «Ruidos en la casa»

San Tirso de Abres,

Héctor ACEBO

El grupo de teatro «San Tirso del Eo» (gestionado por la asociación santirseña homónima) estrenará este viernes en San Tirso de Abres la obra «Ruidos en la casa», de los autores Anthony Marriott y Foot. La representación tendrá lugar a las diez de la noche en la Casa de Cultura municipal.

Según cuenta Juan Carlos Parapar (coordinador del Grupo de Teatro «San Tirso del Eo»), «"Ruidos en la casa" representa a personas extravagantes que, sin quererlo, pasan en un hogar moderno e inhóspito la noche más disparatada de sus vidas».

También anuncia Parapar que dicho grupo de teatro, constituido en 1987, da por finalizada la exitosa representación de «Tres sombreros de copa» (comedia de Miguel Mihura), que desde comienzos del verano pasado les llevó a actuar en diversos puntos de la geografía asturiana y gallega.

(La Nueva España, 9/9/09)

viernes, 4 de septiembre de 2009

Una sensualidad perdida


En mi penúltimo artículo publicado en esta misma revista decía, parafraseando al Che, algo así: ¡Qué tiempos estos en los que hay que luchar por lo evidente! Sea o no éste un espacio de opinión (que lo es), aspiro de nuevo a cribar la realidad, a ser lo más preciso posible en la apasionante búsqueda del decir. Manifestar con las palabras adecuadas el pensamiento: he ahí la verdadera misión del periodista o el escritor.

Leía yo hace no mucho en la Red una entrevista a la exuberante (tanto que me da grima, lo cual no es ningún óbice para indagar) cantante portorriqueña Noelia. Tras la lectura de unas declaraciones pueriles (“El clímax es el punto más alto que puedes lograr después de una relación sexual, el momento en que se desborda el placer”) y endebles (“Lo he hecho en un avión privado, en un vuelo de Los Ángeles a Las Vegas… Fue excitante, pero me puse muy nerviosa”), me topé con una aserción cuando menos paradójica: “Me siento una mujer extremadamente sensual”. Tal calificativo creo que constituye el súmmum de la falta de rigor y precisión terminológica. Según la RAE, sensualidad es la “propensión excesiva a los placeres de los sentidos”. Sexualidad, en cambio, hace alusión al “conjunto de condiciones anatómicas y fisiológicas que caracterizan a cada sexo”. Otra acepción del mismo vocablo es la siguiente: “Apetito sexual, propensión al placer carnal”.

Esta Noelia (mundialmente conocida por haber protagonizado un vídeo pornográfico casero) podrá ser sexual o carnal, pero dudo mucho que desprenda algún tipo de sensualidad, que sugiera, que explore las fronteras de su cuerpo… Todo lo contrario: hablando o posando (el verbo sustituye aquí al gesto, y viceversa) siempre muestra. En el erotismo, se necesitan, en efecto, no pocas gotas de elegancia, imaginación, juego, seducción y misterio, a fin de alcanzar la voluptuosidad. ¿Un ejemplo literario? “Lúbrica polinesia de lunares / en la pulida mar de tu cadera.” (Ángel González). En la pornografía, por el contrario, vale lo chabacano, lo insulso, lo exagerado… Y ahí es donde se mueve Noelia, quien tal vez sea disléxica (es evidente la paronomasia que brota entre los vocablos sensual y sexual), inculta… o simplemente tenga mal gusto.

A propósito, Valle-Inclán prefería la incultura al mal gusto. En las páginas de la revista La Esfera (1905), el autor de Luces de bohemia se justificaba de la siguiente manera: “(…) Un público inculto tiene la posibilidad de educarse y ésa es la misión del artista. Pero un público corrompido (…) es cosa perdida”. Tan cierto como terrible.

Por HÉCTOR ACEBO (La Huella Digital, 4/9/09)

miércoles, 2 de septiembre de 2009

91.- «Help me» (Sonny Boy Williamson)


La versión que hizo Morrison de este tema en It's too late to stop now (y también en A night in San Francisco) es colosal.

San Tirso de Abres lleva la «malla do trigo» a Santa Eufemia


El Grupo de Portadores de Tradición Oral de San Tirso de Abres se desplazó el domingo, bajo la batuta de la asociación «San Tirso del Eo» y en colaboración con el Ayuntamiento de Villanueva de Oscos, a Santa Eufemia, el entorno idóneo para recrear una «malla do trigo». Entre aplausos, los santirseños hicieron la exhibición (en la foto) con el tradicional «malle», un instrumento que, según explicó el presidente de la asociación, Ángel Prieto, se utilizó hasta la segunda década del siglo pasado. El «malle» está formado por dos palos (uno de los cuales golpea el trigo) unidos por una correa de cuero. Tres portadores santirseños y un vecino de Villanueva fueron los encargados de la muestra, informa H. ACEBO.
(La Nueva España, 2/9/09)

domingo, 30 de agosto de 2009

Exhibición de malla de trigo en el ecomuseo del pan de Villanueva de Oscos

Villanueva de Oscos / San Tirso de Abres,

Héctor ACEBO

Pese a que la XXI Semana cultural santirseña ha concluido, la asociación «San Tirso del Eo» no ceja en su empeño por transmitir los valores más tradicionales de la cultura del noreste peninsular.

Así, bajo la batuta de dicho colectivo, el Grupo de Portadores de Tradición Oral de San Tirso de Abres desarrollará hoy una representación de la «malla do trigo» en el ecomuseo del pan de Villanueva de Oscos, en colaboración con el Ayuntamiento de dicha localidad.

(La Nueva España, 30/8/09)

sábado, 29 de agosto de 2009

Canon


Estaba arriba, en su estudio, escuchando a Pachelbel. Si sus amigos conocieran su indiferencia ante la música moderna, le habrían colgado la etiqueta de friki de la pandilla. A sus 16 años recién cumplidos, Inés lleva en su mochila una educación sentimental que ya quisieran muchos cuarentones. Su padre, un político socialista, y su madre, licenciada en Historia, le inculcaban el amor por la literatura y por la buena música. Nunca había ocultado Inés sus clases de solfeo o su pasión lorquiana (se sabía de memoria casi todo el Romancero gitano). Pero delante de sus amigos bailaba y bebía al compás de grupos que detestaba: El Canto del Loco, El Sueño de Morfeo, La Oreja de Van Gogh… Siempre había tenido temor a la soledad y a la marginación. Por eso vestía bastante provocativa. Su cuerpo, ligeramente sinuoso y con un soplo infantil, era cada sábado el espejo de negras miradas. No le gustaban los chicos de su generación, pero se enrollaba con más de uno cuando el cuerpo se lo pedía. Hacía una semana que empezó a salir con Jaime, un chaval de 18 años bien parecido (desde el vientre hasta el pecho), pero con escaso cerebro. En él había estado pensando anoche. Se dio cuenta de que sus músculos no encajaban con las frágiles curvas de Pachelbel. “Pero ya es tarde”, pensaba. Nunca ha sabido enfrentarse a los sueños. Prefería el deseo a la soledad. Y la borrachera a la catalogación. Por eso, como la mayor parte de chicas de su edad, llevaba al día su Fotolog. Comentarios atrevidos (“¡Esa Ine enseñando las tetorris! ¡Qué guapa!”), posturas que complacen a los onanistas y, de vez en cuando, algún verso romántico adornaban esa página. Su rutina diaria era un poco aburrida: sacar al perro antes de ir al instituto, aprobar los exámenes… Pero, cuando llegaba el sábado, se pasaba la tarde viendo alguna película de Woody Allen antes de salir de marcha con su pandilla. “De nada sirve el talento si no tienes un poco de suerte”.

Estaba abajo, en la salita, viendo a “Los Simpson” (uno de los pocos negocios que liberaba a su generación). Víctima de un tiempo vil y mediocre, Inés veía complicado su sueño de ser artista. “Si la gente de mi edad, odia la música clásica, ¿quién me va a escuchar?”. Recibió un mensaje de texto: “Hace tiempo que no te veo, niña. ¿Qué es de tu vida? Últimamente me acuerdo mucho de ti. ¿Quieres que nos veamos?”. (Pablo –el autor del sms– es uno de los escasos adolescentes que escribía sin faltas de ortografía). La alegría de Inés estaba servida. No sería Pablo tan atractivo (desde el vientre hasta el pecho) como Jaime, pero tenía una conversación mucho más asentada. (No puede negarlo: le encantan los chicos). “Yo también me acuerdo de ti, Pablete. ¿Qué te parece si nos vemos esta noche? Tenemos una cita pendiente”. Sus ojos encendían la pecera que tenía enfrente. “¡Mi salvador!”. Corrió hacia el baño (su refugio en los días oportunos) y se metió en la ducha. El cabello sumergido, los níveos hombros, las sortijas afiladas, los pies huyendo en su propia casa… Parecía caminar cantando y pensó deprisa. En ese momento, sonó en su móvil el “Canon” de Pachelbel. “Perfecto. ¿Qué te parece si nos vemos en mi casa a las 10? Te esperaré impaciente, guapísima”. Era el segundo mensaje que recibía esa tarde sin faltas de ortografía. Salió de la ducha apresurada. Ante de secarse, se detuvo en el espejo de su habitación. Realmente era una muchacha bella. El gel de flores blancas parecía confundirse con sus pequeños senos. Más que secarse los pies, parecía que estuviese bailando una danza que sólo ella conocía. La persiana estaba subida, pero en ese instante no le importó que nadie conociese el secreto de su rutina.


Estaba más abajo, en el Metro, contando las estaciones para no perder la calma. “¡Valdeacederas!”. Tras un improvisado monólogo con su mp3, había llegado a su cita. Subió las escaleras de la estación sin prisa, pero con decisión. Llevaba una minifalda vaquera que alargaba la curva de sus muslos en cada escalón. Los veinteañeros hacían cola para presenciar aquel espectáculo. Estaba acostumbrada a la composición, así que pareció no importarle. Tan sólo había estado una vez en el piso de su amigo, pero no se perdió en el corto trayecto. “¡Hola, Pablo! Soy Yo, ¿me abres?”. Era Ella, sin duda. Estaba tan pletórica como su cuerpo. Pablo abrió rápidamente la puerta. Tragó los besos y le dio la saliva. No ocultó su asombro: Inés se había vestido para él. Estaba rebosante. “Pasa, pasa, por favor”. Prefirieron tomarse en el mismo vaso un Absolut con naranja. A Pablo le costaba vocalizar, así que se centró en la música: Calamaro. No era la “Flaca” el estilo de Inés, pero, ¿qué importaba? Sus piernas levantaron aquel blanquísimo cuerpo con atrevimiento. Se abalanzó sobre Pablo: ¡no llevaba sujetador en sus flores blancas! Los muslos de la niña y las caderas de la mujer en un primerísimo plano: era Ella, sin duda. Y un delicado chico debajo. Comenzó a besarlo con ternura, pero no encontró ninguna respuesta. ¿Imposible amor en nuestro tiempo? Los dos eran vírgenes. Por temor al matemático catálogo, ninguno de ellos lo había reconocido en público. Ahora tenían la oportunidad de ser ellos. Una mirada afeitaba el vello del pecho de Pablo. Y las espinillas de su espalda, más que un desafío, eran su respuesta al mundo. La boca de Inés recorrió el cobre de su vientre antes de depositar su fe en las lejanas rodillas. El disco había concluido. Todos se habían rendido al amor adolescente. “Te quiero, Pablo”, susurraba Ella con dulzura. ¿Qué hubieran dicho sus amigas? ¿Y Jaime? ¿Llevaría su gimnasio a cuestas? ¿Sería necesario un hombre para comenzar a crear este canon indescifrable? “Si Pablo tiembla, es porque desea tanto como yo este momento”. Y los latinoamericanos llevan banderas de España en el coche. Por ti, Inés. Y por Ella.

(Este relato está extraído de la antología colectiva Cuentos y reencuentros, coordinada por el escritor Tino Pertierra y editada recientemente por Laria en Oviedo).



Por HÉCTOR ACEBO (La Huella Digital, 29/8/09)