Bitácora de Héctor Acebo, poeta, periodista cultural y doctor en Periodismo

Bitácora de Héctor Acebo, poeta, periodista cultural y doctor en Periodismo.
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domingo, 14 de enero de 2007

Comentario de la obra de teatro Así es (si así os parece) de Luigi Pirandello. (Dirección: Miguel Narros).


La imagen que anuncia la obra del Premio Nobel italiano Luigi Pirandello (1867-1936) es una réplica del cuadro Reproducción prohibida del pintor surrealista belga René Magritte. Esta imagen ya nos anticipa el tema principal que se desarrollará en el escenario: el problema de la verdad: cómo se ven las cosas dependiendo de quien mire, una de las cuestiones existenciales de mayor importancia.

El propio título también refleja las dos partes contradictorias que envuelven el problema de la verdad. Por un lado, el Así es… muestra el supuesto orden constituido de una familia burguesa de provincia: la “razón” de unos seres que rozan la caricatura. Por otro lado, la segunda parte del título …(Si así os parece) nos avisa de todo lo que se esconde bajo ese falso orden: el desorden, la locura, un profundo dolor que ignoramos… Es decir, todo aquello que estalla, porque está dentro de nosotros, cuando alguien o algo nos provoca. El montaje no hace otra cosa que reflexionar sobre las dobleces de lo que se ve: esas dos partes que todos poseemos. Recordemos las sabias palabras de San Agustín: “Yo soy dos y estoy en cada uno de los dos por completo” –el “yo” grande sería el personaje de Laudisi, especie de alter ego con el que el autor maneja los hilos; y el “yo” pequeño serían el resto de los personajes–.

Los personajes que Pirandello puso en escena están sacados de la narrativa e intentan buscar su lugar en el teatro, por eso podemos decir que en esta obra está el teatro dentro del teatro, tal y como podemos ver al principio y al final, cuando los actores leen su propio guión en el escenario. Esto, a la vez, viene a ser una metáfora de la sociedad provinciana, tan criticada por Pirandello. Hablo de esa burguesía cuya máscara desborda “razón”, que actúa representando ese papel conservador que les han asignado, que tienen miedo a la locura, pero que no dudan, en cambio, en llevar a cabo esa odiosa sinrazón: la crítica desmedida del prójimo. Los personajes de la obra intentan con insistencia descubrir la verdad ajena y, en su fallido intento, se desesperan, porque no entienden que cada uno de nosotros es distinto para los demás (véase el cuadro de Magritte). Por eso escribió Pessoa:

Tengo pena y no respondo.
Mas no me siento culpado
porque en mí no correspondo
al otro que en mí has soñado.

Cada uno es mucha gente.
Para mí soy quien me pienso,
para otros – cada cual siente
lo que cree, y es yerro inmenso.

Ah, dejadme sosegar.
No otro yo me sueñen otros.
Si no me quiero encontrar,
¿querré que me halléis vosotros?

Esto justifica que un individuo no posee una personalidad definida, sino muchas, dependiendo de cómo es juzgado por los que entran en contacto con él. De esta manera, también podemos afirmar que las acciones concretas no son ni buenas ni malas, sino que lo son según el modo en que se les mire, por tanto, no debemos aferrarnos a una verdad absoluta.

En fin, tanta palabra sólo pretendía justificar el hallazgo, por cierto, sorpresivo, de que los géneros literarios, al igual que la Verdad, son inútiles: sólo sirven para los críticos. En uno de sus internamientos manicomiales, Antonin Artaud clamaba: “¡Que me digan a qué genero pertenece la Divina Comedia! ¡Que me lo digan!...” El éxito de Así es (si así os parece) quizá resida en que es, ante todo, una rica coctelera. Así pues, a la hora de catalogar la obra, tan sólo podemos afirmar, en palabras del propio autor, que es una “farsa filosófica”. Farsa porque aborda de forma irónica el problema existencialista de la verdad. Ese equilibrio entre el drama de lo desconocido y la comedia de la curiosidad es difícil de conseguir, ya que camina sobre una línea muy fina que puede caer hacia uno o hacia otro, pero la puesta en escena se encuentra bastante lograda.

Esta puesta en escena es bastante simple, amplia y abstracta (tal vez demasiado amplia y abstracta), una especie de salón-teatro en donde la gente entra y sale y donde se llega a realizar una representación. La iluminación, que ayuda a que se resulten más reales o más difusos los personajes, contribuye a la buena factura de un trabajo sólido no exento de algún problema de ritmo. No obstante, el mayor problema de la obra lo encuentro en la puesta en escena de Laudisi, un personaje clave, que debido a sus características (conduce la acción y cuestiona de las creencias de los demás) no está dotado –tanto a nivel de dirección como de interpretación– de la densidad que necesita. Teniendo en cuenta que Pirandello utiliza a Laudisi como cómplice del público, la interpretación de éste resulta un tanto forzada a la hora de relacionarse con el espectador. A pesar de todo, terminamos participando –no tanto por méritos de Narros como de Pirandello– en la angustia coral de los personajes en busca de la “verdad”.

Pero lo verdaderamente importante es que estamos ante una obra, a pesar de tener ya casi un siglo –se publicó en 1917– muy actual, pues en ella se plasma el poco respeto que solemos tener hacia las diversas culturas (qué poco hemos evolucionado), la insumisión que presentamos frente a las leyes del actual paradigma social: que todos tengamos la “obligación” de comulgar con un pensamiento único que no tiene porque ser válido, sino que está ahí posiblemente porque, como dijo Foucault, “la verdad científica no tiene que ver con el conocimiento, sino con el poder”.

Para terminar, la moraleja de este cuento, a cargo de Solón: “Aprende a gobernarte a ti mismo antes que gobernar a los otros”. Es decir, debemos conocernos intrínsecamente antes de criticar, juzgar o no aceptar la vida de los demás. Hay que tener paciencia, observar distintos puntos de vista y aprender a contrastar, ya que, en palabras de Virginia Woolf, “cuando un tema se presta mucho a controversia (…) uno no puede esperar decir la verdad. Sólo puede explicar cómo llegó a profesar tal o cual opinión”.
HÉCTOR ACEBO BELLO

1 comentario:

Luci dijo...

Al leer este comentario me viene a la cabeza una conversación que tuvimos hace tiempo (no mucho) acerca de la necesidad de "reinventarse" uno mismo ante el riesgo de ser "reinventado" por extraños... como siemrpe me dejas sin palabras... me gusta este punto de vista... un besín

"Cuando el hombre se mira mucho a sí mismo..., llega a no saber cuál es su cara y cuál su careta." Pío Baroja.
...." el hombre vive en riesgo permanente de deshumanizarse."J.Ortega y Gasset.